domingo, 26 de septiembre de 2010

MEDIA MARATON DE GUADIX 2010 (26/09/2010)





Excelente temperatura para correr, me dije. Guadix está cerca de Granada. Mucho más si vas con Mario, con el que siempre conversas de múltiples temas. Sus comentarios son lacónicos y acertados. En el tercer o cuarto tema ya se atisban las altas torres barrocas de la Catedral de Guadix. Junto a sus muros se halla la Plaza de las Palomas, centro neurálgico de la ciudad, construida en los siglos XVI y XVII, que igual vale para albergar la sede del Ayuntamiento, que se transforma en escenario de grandes conciertos o bien -como es el caso de la Media Maratón de Guadix- se convierte en salida y meta de esta prueba dedicada al melocotón, fruto por excelencia de la comarca. El ayuntamiento publicita orgulloso sus símbolos. Hace bien.

Aparcamos bien y rápido. Calentamos bien y rápido. No salimos tan puntuales ni tan rápido dado que las características de la salida no lo permiten. Pronto despido a Mario porque yo me quedo. Y me dedico a correr turísticamente. Pasamos y contemplo excelentes palacios barrocos, renacentistas y neoclásicos y me place lo que veo. Pasamos cerca de la Alcazaba árabe construida en el Siglo XI, la cual contemplo y me place. Pasamos por el barrio de las cuevas, que contemplo y me place. Voy cómodo. Voy a gusto. El gemelo, muy bromista en su alarma en los días anteriores, decide colaborar. Escucho su bromista risa. No me duele en absoluto. Tercer kilómetro. Muy cómodo. Cuarto kilómetro. Muy cómodo. Se baja un poco la pantorrillera izquierda Medilast. Me extraña porque nunca me ha pasado. Me detengo trece segundos y la ajusto. Kilómetro cinco. Muy cómodo. Demasiado cómodo. Observo que la se aflojan el cordón izquierdo de la ya ajada Asics Kayano. Me detengo seis segundos y lo vuelvo a atar. Kilómetro seis. Muy cómodo (¿cuándo comenzarás a correr, lechón?). No lo sé, voy cómodo. He venido a acabarla. A entrenar. Ya hace que salimos de Guadix. Vamos hacia Purullena. Pero antes estará esa terrible cuesta a decir de muchos. En el kilómetro ocho. No tiene más de setecientos metros. No me parece tan terrible. Vas fresco y no la notas apenas. Llegas a Purullena. Un pequeño grupo de "trogloditas" te aplaude. Un cartel anuncia el "Museo Troglodita". Y piensas: que mal "suena" el término troglodita en español, pero que bien "suena" en alemán: Höhlhen. Qué gran nombre para un grupo metálico. Si pienso en todo eso es porque no voy nada mal. Tampoco estoy haciendo méritos para merecerlo. Atraviesas unas calles de Purullena y otra vez campo. Pasas por encima de la A-92 y pasan grandes motocicletas haciendo un gran ruido. Van a lo suyo. Nosotros vamos a lo nuestro. A todo esto, ya hemos pasado el kilómetro diez. Y vas bien, muy bien. Pero reconócelo pichón vas pisando huevos desde que te ha dado por hacer turismo corriendo, qué te importará a ti cómo se escribe troglodita en alemán, por qué no te centras en la carrera. Casi me ruborizo cuando mi interior me arroja a la cara todo eso. Pero ya estás en Bejarín y ya has atravesado el ecuador de la carrera; de hecho, ya estamos en el kilómetro doce largo. Hay una pequeña cuesta que atraviesa esta pequeña localidad, que supongo pertenecerá a Guadix. O tal vez a Purullena. Sales de la población y divisas la inconfundible figura animosa de Roberto. Va con unos compañeros del activo club de Armilla. Con ellos también va Eduardo, de la Zubia. Me uno a ellos bromeando que no sé si quedarme en ese grupo dado el ritmo que lleva. Roberto dice que no hay dolor y anima a sus compañeros a llegar al catorce en una hora diez. Un compañero va trazando el ritmo y lo relevo, pero voy bien y ya he decidido comenzar a correr más fuerte. Así que me he ido de Roberto, de Eduardo, de ese pequeño grupo. Me uno a dos corredores de Los Trotanoches. Uno de ellos es Paco, según reza detrás de su camiseta, con el que he hablado un poco antes de salir de Guadix. Me dice que hay unas vistas increibles subiendo a un cerro que me señala con su dedo: desde allí se aprecia los tres Guadix: el troglodita, el antiguo y el moderno. Está orgulloso de su pueblo. Como debe ser. Tengo que subir allí algún día le digo, que los Trotanoches además de correr son unos excelentes guías de su pueblo. Pero en fin, decía, que me había ido de Roberto, de Eduardo, de ese pequeño grupo y ahora ya voy camino del catorce, al que llego en una hora y nueve, un minuto menos del que planeaba Roberto (en ese punto kilométrico está la localidad de Benalúa, pero no pasamos por su centro). Así que me animo y abro algo más el ritmo. A pesar de los rompe piernas en que se convierte la carretera hasta llegar a meta. Voy pasando bastantes corredores porque la gente ya va algo tocada. Pero yo, aunque más cansado que antes, siento buenas sensaciones. No olvidemos que he estado vegetando más de la mitad de la prueba. Sin embargo, algunos corredores -pocos- me pasan. Pero también se les ve tocados. Desde Benalúa hasta Guadix hay un gran trecho de campo y carretera. Pero lo que vemos es bonito. Es una zona de la pequeña Vega de Guadix. Y pienso que en esa latitud deben de recogerse bastantes buenos melocotones. Es probable que hasta los que integran la bolsa del corredor, como cada año.


Llegada. Gentileza de Paqui y Roberto.

Llega el kilómetro quince y siento que los kilómetros se van sucediendo con rapidez. Y me siento algo más cansado por dos motivos: la acumulación de kilómetros y el mayor ritmo impuesto. Pero no demasiado. Esa es la verdad. Veo el dieciséis. Veo el diecisiete. Y me siento bien, bastante bien. Pero hay que reconocer que el terreno no es fácil para coger ritmo. La carretera igual sube que baja e, igualmente, de pronto, irrumpe el terreno llano. Es la fiel fotografía de la orografía de esta original y extraña tierra del norte de Granada, antiquísima, milenaria. En el kilómetro dieciocho -el que no veo porque probablemente hay algún coche aparcado delante de la señal- ya se observan aún lejanos algunos edificios de Guadix. Pero, lógicamente, aún no se aprecia la Catedral ¿Cómo voy ya a estas alturas? Bien. A un ritmo casi siempre inferior a cinco el mil e incluso muy cercano a los cuatro treinta. En el diecinueve ya podríamos decir que estamos en Guadix. Al menos ya se aprecian a tiro de piedra las primeras viviendas en el margen derecho. Y al poco las naves industriales, grandes tiendas y supermercados que suelen anunciar la llegada a una población mediana o grande. Esa larga avenida que desembocará en el kilómetro veinte la conozco bien. Porque siempre se ha entrado por ahí; incluso cuando la prueba de Guadix no era Media Maratón. Se llama Avenida de Medina Olmos. Miro el Forer y voy a cuatro treinta. Pero no es mi propósito. Probablemente el estar ya en la ciudad, verse animado por el público y la ilusión de la llegada hace que las piernas vuelen. Nos pasa a todos siempre y cuando se vaya razonablemente bien. Y sí, yo llevo la mente lúcida y puedo observar la entrada a la ciudad, a la gente -muchos de ellos animando a sus propios familiares que hoy corren-, y por supuesto las torres barrocas de la Catedral, que preside toda esa zona alta de Guadix. Si ya veo los matices barrocos de la Catedral es porque ya estamos muy cerca y porque mi vista no está nublada. En línea recta no habría más de trescientos metros, pero no, hay que dar otra pequeña vuelta. Bajar como si fuéramos a las instalaciones deportivas, para rodear por su lado oeste el entorno de la catedral y -ya sí- entrar de nuevo en la animosa Plaza de las Palomas ¿El tiempo? ya lo dije al principio: ¡excelente para correr!



4 comentarios:

  1. Como siempre excelente la cronica, aderezada con datos culturales y arquitectonicos de la ciudad de guadix, asi como con pinceladas de los pueblos limitrofes por donde transcurre la prueba. te vi bien y recuperado y un poco o mucho conservador,hasta los dos primeros tercios de laprueba ya que en el ultimo si fuistes a tus ritmos acostumbrados. saludos p, d. te envio foto

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  2. te estás volviendo muy conservador Jose Antonio, casi diría que te estás aburguesando como corredor...terminarás votando PP en las próximas elecciones.
    Muy descriptiva tu crónica.
    SaludoSS.

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  3. El tiempo acompaño ayer paisano, el del viaje, el meteorologico y el del cronometro, y eso que acudimos isn motivación temporal... prefiero trogolodita.

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  4. Roberto, verte capitaneando con tu ánimo ese pequeño grupo fue algo estimulante. Además ibas con otro buen amigo de fina ironía, el amigo Eduardo de La Zubia.
    Nadie vive este deporte como tú.
    Saludos y gracias.

    Alfredo, que dejas de competir y se te olvida. Nunca se sabe lo que acabará votando uno. Marias, al que tanto admiras dijo: "harán de mí un asesino"; yo podría: harán de mi un antisistema o algo peor".

    Mario, lo pasamos muy bien, a pesar de la brevedad de ese tercer tiempo que siempre nos gusta saborear en alguna tasca de la localidad.

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Sin tu comentario, todo esto tiene mucho menos sentido. Es cómo escribir en el desierto.

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