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08 mayo 2013

PROGRAMA DE CUESTAS

Las buenas sensaciones en la subida al Torreón de Albolote de la tarde del miércoles, ha sido motivo más que suficiente para pensar en un programa de cuestas para estos próximos meses. 
La actitud y aptitud ante las cuestas son distintas en cada corredor, pero son necesarias para mejorar o, simplemente, para transitar mejor en este terreno en competición y entrenos. Y, como decía en la entrada anterior, si se hacen correctamente se convierten en un entrenamiento excelente y que todo corredor acaba agradeciendo a nivel psicológico y físico.  
Hablábamos de ello Juan Carlos y yo esta tarde en la subida al Torreón. Le comentaba que al igual que en las series, las cuestas no han de convertirse en un sufrimiento personal. Está claro que debe de haber sufrimiento épico-deportivo, pero no tiene por qué ser personal. No corremos para odiar a este deporte; corremos para apreciarlo cada vez más y si hacemos de él un sufrimiento personal jamás llegaremos a apreciarlo.Todo lo contrario, lo acabaremos odiando. 
Por eso hay que subir cuestas de acuerdo con el criterio de cada uno. Ir todo lo lento que se quiera ir; detenerse cuando sea preciso o cuando las pulsaciones estén demasiado altas; cuando no se pueda respirar; cuando las piernas no respondan. La mejora llegará con el tiempo, no hay que preocuparse por ello. 
Yo no soy un experto en cuestas. No soy un corredor menudo (mido 187 centímetros y estoy entre los 81 y los 85 kgrs.) y, por tanto, no soy el mejor candidato para correr en cuestas. Sin embargo, por el motivo que sea, no se me dan nada mal y con el paso del tiempo y gracias a que me he aventurado a correr pruebas duras en alta montaña (Veleta, La Ragua), he ido aprendiendo algo sobre este terreno. 
Lo primero que aprendí es que el primer contacto con las cuestas debe ser en soledad. No significa que no podamos correr con otra gente, pero si lo hacemos podemos dejarnos llevarnos por su plan de entrenamiento propio y nunca tendremos el nuestro. Por tanto, lo que ha de hacer un corredor que encare por primera vez las cuestas es buscar un terreno adecuado que le guste y comenzar a subir, sin que la abrume responsabilidad ninguna. Es decir, detenerse cuando sea necesario o bien andar si lo considera necesario. Particularmente también me vino bien realizar ejercicios complementarios relacionados con las gomas o lastres para fortalecer los pies y los abdominales. Muy importante es también incluir alguna competición que se caracterice por tener un buen nivel de subida, con la idea de ir probando cómo está resultando nuestro entrenamiento. 
Por tanto, a partir de ahora, y con independencia de que no debamos apuntarnos a todos los retos, como viene a decir Rafa Bootello, integraré diversos entrenamientos en cuestas: El Llano de la Perdiz, como sugiere Javi, que es un lugar ciertamente paradisiaco, ubicado en la Dehesa de la Alhambra, la imponente y preciosa subida al Castillo de Moclín y cuando llegue el mejor tiempo, como cada año, entrenamiento en Sierra Nevada. El entrenamiento y el tiempo irá aconsejando a qué pruebas de fuerte desnivel me iré apuntando, aunque no descarto nada a priori porque me siento bien y con las fuerzas necesarias para afrontar nuevos o antiguos retos.        

07 mayo 2013

HAY QUE EMPLEARSE EN LAS CUESTAS

Las dos últimas pruebas en llano realizadas en las dos últimas semanas -Padre Marcelino y Salobreña-, me han convencido que no estoy tan mal como creía tras la lesión y el retiro de dos meses de los caminos y las carreteras. De hecho, estoy corriendo a ritmos similares a antes de la lesión. Por tanto, ningún momento más idóneo para comenzar a subir cuestas, toda vez que las pruebas que vienen a partir de ahora están repletas de ellas.  


Las cuestas nos gustan a unos corredores más que otros, pero son completamente necesarias y hay que programarlas en algún momento de la temporada. Particularmente, con el paso del tiempo he aprendido a tolerarlas. La grandeza de entrenar en ellas estriba en poder ir más sobrado y fresco en pruebas de competición que integren cuestas. No obstante, yo no aconsejo las cuestas todo el año porque a pesar de que ofrecen muchos beneficios, también pueden ser nocivas si se abusa de ellas. Pensemos que los grupos musculares que se activan en las piernas son distintos a los que se activan cuando se corre sobre llano. Por ejemplo, el isquiotibial y el gemelo trabajan mucho más, sin olvidar que la rodilla en la inevitable bajada también sufre lo suyo. 
Ahora bien, es un ejercicio de calidad y mejora del nivel aeróbico excelente si se hacen bien y con mesura. Yo, como todos los corredores, con el paso de los años he aprendido bastante a subir cuestas y sé que lo importante es ir lo más cómodo posible, dentro del esfuerzo que suponen. Y también he aprendido que es el terreno que necesita más adaptación y ejercicios complementarios, ya que tanto los abdominales como la zona de glúteos y espalda son fundamentales para subir con garantías; por tanto, son zonas que se deben de reforzar y tonificar. Tampoco viene nada mal el fortalecimiento de todos los grupos musculares del tren inferior, ya que éste va a tener que trabajar mucho. Dentro de la musculatura del tren inferior, es muy importante reforzar la zona de los abductores, algo que descuide en mi participación en la Subida al Veleta en 2011 y lo acabé pagando. 
Por tanto, tomemos nota de lo que viene ahora en la provincia de Granada para convencernos de que hay que subir cuestas. Seguramente, no participemos en todas las pruebas, pero con que hagamos algunas ya está más justificado trabajar este terreno. Veamos:
1. Prueba de Las Dos Colinas (Carrera de las Fuerzas Armadas).
2. Prueba de Fondo de Órgiva, que como sabéis tiene bastante subida y bastante bajada.
3. Prueba de Fondo de Dílar, que siempre transcurre por terreno difícil. 
4. Media Maratón de Montaña de La Calahorra-La Ragua. 

Cito estas cuatros para circunscribirme a un periodo temporal corto. Pensad que las más duras (Las Dos Colinas, Órgiva y La Ragua) se van a hacer en un mes aproximado a contar desde hoy. Por tanto, ya no es posible dilatar más el entrenamiento en este terreno. 
Por lo pronto, ya tengo preparado un entrenamiento para mañana al Torreón de Albolote y, con toda probabilidad, programaré subidas a Tiena, al Llano de la Perdiz y si hay fuerzas, es posible que hasta Moclín. 
Que la fuerza y las ganas nos acompañen.         

26 mayo 2012

UN ENTRENAMIENTO DE ALTURA

El viernes, 25 de mayo se me presentó como un día complicado, repleto de tareas que hube de ir organizando con la precisión de un cirujano para poder acomodar este entrenamiento en altura que ahora gráficamente os muestro. Lo positivo de estas fechas es que la luz alcanza hasta altas horas de la tarde-noche y eso te permite entrenar si te organizas adecuadamente.
Así que a eso de las 19,30 del viernes, 25 de mayo, dejé el coche en este lugar:  

El Cortijo de Enmedio, a mitad de camino entre Pinos Puente y Moclín.

y me dispuse a hacer la ruta en altura que a continuación os muestro gracias a las excelentes fotos de Google Earth, que a pesar de la crítica cierta por sus múltiples atentados contra la privaticidad de las personas, nos muestran las carreteras, calles y ciudades tal como son, gracias a su permanente actualización: 

Aquí comienza la ruta de 13 kilómetros -ida y vuelta- que me posibilitará subir rampas considerables, que es lo que necesito en este momento.

Lo positivo que tiene esta ruta es que te permite, progresivamente, subir cuestas sin que te topes con la sorpresa de encontrarte rampas enormes en el primer kilómetro cuando la musculatura del tren inferior no está aún preparada.

Esta zona tuvo mucho protagonismo en la Guerra Civil española, de ahí que aún sea posible encontrar alguna trinchera o puesto de guardia como el que vemos a la izquierda de la fotografía.

Casi a los dos kilómetros y medio nos encontramos con el cruce de Tiena-Olivares. Ya comenzamos a hablar de rampas en serio. 

Esta primera parte de rampas consta de un kilómetro y medio con desigual dificultad. Los primeros 600 metros son muy duros y posteriormente se suaviza el recorrido hasta llegar a Tiena.

Es a partir de este momento cuando se produce cierta suavización de la ruta. Ya podemos contemplar Tiena.

La entrada a Tiena es agradable. Encuentras un pueblo pequeño, de 1048 habitantes -según los datos del INE de 2010), situado a 27 kilómetros al noroeste de Granada, que viven plácidamente en la falda de Moclín a cuyo municipio pertenecen.

Justo en este punto se indica la dirección a Moclín. A la izquierda se encuentra el centro del pueblo y la posibilidad de conectar con la carretera de Córdoba.

Nada más dejar las últimas casas de Tiena y sin lugar a contemplaciones comienzan las duras rampas hacía Moclín.

En este terreno no hay más remedio que dosificar las fuerzas porque ya no habrá tregua.

Cuando llegan las pruebas de competición con fuertes subidas me convierto en un corredor muy concienzudo. No lo soy para el entrenamiento de calidad, pero sí para las rampas. No con la idea de mejorar tiempos sino con la de conectar física y psicológicamente con este terreno, ya que no soy un corredor que tenga unas características interesantes para las subidas y eso psicológicamente es un retroceso. Un elemento de la alta montaña son las antiguas inscripciones de paso de pruebas ciclistas con duros puertos. 

Al kilómetro de subida ya comienzan a contemplarse excelentes vistas. Tiena en un primer plano y en un segundo el Piorno -a cuya falda se encuentra Pinos Puente-. El calor de la tarde forma una especie de bruma muy curiosa en la Vega de Pinos Puente. 

El objeto de este entrenamiento no era otro que subir unos cinco kilómetros de fuertes rampas. Por tanto, este es el punto en el que me vuelvo. Hasta Moclín quedarán unos tres kilómetros que  conozco bien y que dejaré para otro día.
Lo realmente negativo de estas subidas es la obligación de bajar durante muchos kilómetros corriendo, algo muy pernicioso para rodillas y el esqueleto del corredor ya que se producen fuertes impactos en la zancada. Siempre lo advierto cuando acabo esta ruta y los últimos kilómetros que son llanos voy corriendo con esas malas sensaciones de la continúa bajada.