25 noviembre 2020

CUENTO NAVIDEÑO: UN ENCUENTRO MISTERIOSO (AMAZON, 2019)

 



Más de setecientas descargas ha obtenido este cuento navideño en Amazon (que lamentablemente no siempre está gratuito, eso depende de la plataforma) a lo largo de once meses, desde que se publicó a finales de noviembre del año pasado. España, por supuesto, es el país donde más se ha descargado; en segundo lugar, en México, con un buen número de descargas, así como en Estados Unidos. También se ha descargado en otros países como Italia, Canadá o Alemania y algún otro que no recuerdo. Su mes fuerte es diciembre, es lógico. La primera versión contaba con un final que no me satisfacía (y a otra gente que opinó, tampoco) y en la segunda, que es la actual, el final fue muy otro. A qué esperas para descargarlo. Antes, asegúrate de que está gratuito si no quieres pagar 0,99 € por un cuento, cosa que no te aconsejo. A quien le guste leer en papel más que en digital, anunciaros que está incluido en mi próximo libro de relatos Pérdida y olvido, que será publicado en los primeros diez días de diciembre.

08 noviembre 2020

ARTÍCULO PUBLICADO EN DIARIO IDEAL DE GRANADA: NADA NOS PERTENECE (6/11/2020)

NADA NOS PERTENECE


                                                                                                        Por José Antonio Flores Vera



En momentos como los que ahora vivimos, las cosas más cotidianas y espontáneas se convierten en raras y complicadas. Comprar una barra de pan, comprar un diario o tomarse una cerveza en un bar, actos simples que ya formaban parte de nuestra idiosincrasia, casi de nuestros genes, son ahora asuntos más complicados. Acostumbrados como estábamos a creer que éramos dueños de nuestro destino o, al menos, de esos pequeños gestos cotidianos inherentes a nuestra libertad personal, no habíamos caído en la cuenta de que nada de eso nos pertenece, que todo es una especie de otorgamiento graciable de uso y disfrute y que nosotros no somos más que los usufructuarios con un derecho a goce, pero nada más. Un derecho a goce que puede ser arrebatado en el momento en el que el verdadero propietario disponga de la propiedad o bien ésta sea destruida o, sencillamente, desaparezca.

Todo de lo que no se es propietario nos puede ser arrebatado, pero incluso de lo que se es propietario. Tan solo variará la intensidad o las circunstancias. Es entonces cuando comprendemos que, en realidad, vivimos en una burbuja siempre presta a estallar, que todo pende de un hilo. Son necesarios tiempos difíciles para poder comprenderlo, porque se necesita la perspectiva suficiente. Y no ignorar que las burbujas siempre acaban estallando, esa es su verdadera vocación.

Por ejemplo, escuchaba decir a alguien hace unos días que no era posible que nos usurparan la Navidad. Me sorprendió escuchar eso porque tamaña aseveración solo puede llevar a equívocos. Podría interpretarse como que no era posible que nos prohibieran consumir y celebrar comidas navideñas, que es lo que entiende la mayoría por Navidad, pero eso no es más que una entelequia. Nada de eso es, en sí, un derecho propio, ni mucho menos personal. Nada es permanente ni estable. Y la prueba está en lo que está ocurriendo en el mundo desde marzo. Lo que habíamos entendido hasta el momento como derechos propios o personales no son más que ficciones, simulaciones de una supuesta realidad, que es posible que no exista más que en nuestra imaginación. Poder acudir a un concierto, a un restaurante, a un evento deportivo, celebrar la Navidad, la Semana Santa, poder viajar, pasar un día de playa o, sencillamente, poder pasear sin estar pendientes de límites municipales u otras limitaciones legales, no es más estable que un castillo de naipes, cosas que hacemos habitualmente porque unas reglas lo han permitido, pero que queda supeditado a otras más severas y trascendentes, que es lo que tiene vivir en sociedad. 

Porque es posible que de todo lo sorprendente y novedoso que nos está ofreciendo esta pandemia la revelación de que nada nos pertenece, en realidad, sea lo más inquietante. 


MATADEROS DE CRISTAL

                                                              Por José Antonio Flores Vera Hasta hace bien poco no solían programar en telev...