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05 febrero 2026

DOS EBOOKS GRATIS EN AMAZON

   Te informo sobre los dos eBooks que         actualmente podrá descargar gratis en Amazon: 



                                                Pérdida y Olvido. Relatos cortos y                             microrrelatos

                                                Estará gratis del 5 al 9 de febrero. 

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                                 Idea breve sobre el libro

                Se trata de un libro integrado con un buen puñado de relatos y microrrelatos de muy distinto género. Los relatos cortos cuentan con la virtud de contar una historia breve conclusiva por lo general que se puede leer en cualquier lugar. Por su lado los microrrelatos son microhistorias también conclusivas, que siempre harán pensar al lector. Su lectura es hiperbreve.


    

                                      Corriendo entre líneas. El corredor y su                      mundo como jamás te han contado

                                            Estará gratis del 5 al 9 de febrero.  

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                             Idea breve sobre el libro: 

                             Se trata que partiendo a la ficción (vivencias del autor como corredor) penetra en un mundo de ficción, ofreciendo una visión sobre el running que pocas veces se aborda. En este libro se parte de la idea del running como un deporte más espiritual y mental que físico (aunque también se aborda lo que ocurre físicamente cuando se culmina un buen entrenamiento o se acaba una competición) dando a pie a penetrar en otras facetas del conocimiento humano, como puede ser la literatura y el cine, entre otras. Muy apto para quienes jamás han corrido, a decir de muchos lectores que sin ser corredores han disfrutado de su lectura. En suma, te resultará una lectura muy amena y, probablemente, te aficione a correr, si aún no eres corredor.

29 junio 2025

CORRIENDO CON CALOR




 Siempre me gustó correr con calor. En caminos polvorientos de la Vega de Granada, vigilados en ambas orillas por acequías milenarias de origen musulmán y hazas también milenarias. Caminos en los que elevas la vista y solo ves horizonte en lontananza, en el que adivinas ciudades antiquísimas y batallas épicas; y si la bajas podrías ver un reptil cruzar cerca de tus zapatillas Brooks.
Pero correr con calor en el sur de España, tal y como están las temperaturas aupadas por olas es peligroso y hay que tener cautela y precaución. En mi caso, la precaución viene configurada por mi propio historicismo como corredor, bregado en muchas batallas de carreras programadas en julio y agosto, eso me hizo ser precavido y hacer las cosas bien. He corrido entre olivos a las una del mediodía en agosto, pero he sabido hacerlo. He sabido hidratarme y detenerme en sombra cuando era necesario. Y sobre todo, he sabido escuchar a mi cuerpo, que te habla, que te implora. Hay que saber escuchar al cuerpo, eso es fundamental. Cuesta hacerlo, y pasan los años y no aprendes, pero una vez has aprendido a escucharlo no habrá lesión a la que no te anticipes, ni golpe de calor que no puedas evitar. 

El cuerpo es una máquina, que no es perfecta. Casi lo es, pero no es perfecta. El coche más caro del mundo se detendrá si no tiene carburante, pero el cuerpo humano no. Seguirá adelante aun sin carburante (comida ingerida); buscará energía en la grasa, incluso en los músculos, en los huesos, en la piel si fuera necesario, pero eso es peligroso y hay que saber controlarlo. Siempre verás a un corredor que verdaderamente lo sea delgado porque cuando corre come de su cuerpo. A ese pocas veces le va a ocurrir nada, pero sí al que su cuerpo no le permite ser comida. Cuidado con esos casos. Es necesario muchos kilómetros para hacerse como corredor; y no dejarlo nunca.

Bueno, decía, que me gusta correr con calor. Nada más estimulante que pasar por un camino estrecho y solitario y correr en soledad con el sol encima de ti. Solo tus piernas, tu corazón y tus pulmones... y tu cabeza, que es la que rige, que es la que anima a los demás órganos a seguir funcionando.

Podría renunciar a muchas cosas, a casi todo, pero no a correr con calor o con frío o con lluvia o con nieve... Con aire lo llevo peor, mucho peor. 

Dediqué un libro a estas cosas, a reflexiones sobre correr, a historias sobre correr, en los entrenamientos en la competición, a correr como sentido vital más allá del mero ejercicio. Ese libro se llama Corriendo entre líneas y un amigo  me dijo una vez que todo corredor debería leerlo. Y lo han leído muchos, pero me gustaría que lo leyeran más, las nuevas generaciones, los que aún no han decidido correr pero están en el camino para comenzar, a esos me gustaría que les llegara el libro. No va a defraudar. No porque yo quiera convencer de que se trata de un libro de gran literatura, no. Literatura procuré que la hubiera, pero en un libro de este género no conviene que vaya tan cargado de literatura, pero la hay porque es mi forma de escribir, no sé hacerlo de otra forma. 

Puedes saber más en este reportaje que me hizo el buen periodista Antonio Arenas para Ideal con motivo de la presentación del libro. Puedes leerlo aquí. Una presentación, por cierto, que se llevó a cabo en un lugar hermanado con la historia: El Cuarto Real de Santo Domingo, construcción de época almohade, o sea, antiquísimo. Fue un éxito de público. Un libro que fue editado en papel por la Editorial Leibros y que está agotado. Actualmente puedes descargarte la versión eBook en Amazon, en este enlace.

No olvides correr siempre, hasta que ya no puedas no más que arrastrarte, pero inténtalo siempre. Es el mejor recuerdo que te puedes llevar cuando ya no puedas hacerlo. Palabra.

04 julio 2021

EL RETO DE LLEGAR A ONCE KILÓMETROS

Mi reinvención como corredor apasionado y habitual comenzó hace muy poco. Una lesión de esas paralizantes me dijo al oído que iba a acabar con mis días como corredor. Pero no la escuché. E hice bien porque de haberlo hecho ahora estaría lastrado y probablemente deprimido, aunque uno no es muy dado ni a una cosa ni a la otra. El caso es que, como ya he contado, desde enero, tras varios intentos fallidos de fisioterapia en fisioterapia, encontré la adecuada (profesional, Cristina) y la lesión comenzó a remitir aunque no a curar del todo porque pocas lesiones serias se curan del todo. Lo importante es que aproximadamente sobre el mes de febrero comencé a dar los primeros pasos tras muchos meses sin darlos.
   Los primeros entrenos no fueron de más de seis u siete kilómetros hasta comprobar al poco que podía asumir alrededor de ocho. Llegaba a casa y aunque parecía que el dolor (se trata de una tendinosis aquilea crónica) no aparecía, a la mañana siguiente nada más salir de la cama sí aparecía, pero ya no se trataba de aquel de unos meses atrás que me impedía casi andar; se trataba de una molestia permanente más que de dolor en sí. Por tanto, me atreví a seguir sumando kilómetros, que se iba calmando con el paso del día. En los ocho estuve durante bastante tiempo porque, hay que decirlo, el estado de forma había caído lo suyo y me costaba llegar a más. Comprobaba que la lesión seguía ahí, claro que sí, pero por entonces ya había incorporado una rutina exigente de estiramiento diario (estirar, siempre estirar, aunque no haya lesión alguna), ejercicios específicos y me había hecho con una pistola de masaje. Todas estas cosas juntas comenzaron a ayudarme de manera espectacular tras las seis o siete sesiones de ondas de choque en fisioterapia.
Al poco ya no eran ocho los kilómetros acumulados por sesión (no más de dos a la semana), sino que podía asumir perfectamente nueve y diez kilómetros. Al mismo tiempo, con sorpresa para mí, ya podía hacer tres sesiones a la semana y lo que es más importante dos sesiones en dos días continuados, algo que era casi imposible meses atrás.
Hasta que ayer conseguí llegar a los once kilómetros, sin dificultad aeróbica y a un ritmo ya algo superior de cinco minutos y cuarenta segundos el kilómetros (en mis sesiones anteriores era difícil bajar de seis minutos el kilómetro). El resultado ha sido que esta mañana tenía la zona del Aquiles inflamada como suele ocurrir siempre, pero es algo normal porque a medida que pasa el día e inicio estiramientos y automasaje, comienza a bajar la inflamación. Lo importante es que aunque aún exista inflamación el dolor postsesión de entrenamiento ya no es paralizante. Por supuesto sé que aumentar a doce kilómetros o más aún no es posible, pero llegar a los once (que antes de la lesión era bastante rutinario para mí) ha sido un reto conseguido importante. Y en esa distancia seguiré, alternando con nueve y diez kilómetros.
Las lesiones son muy jodidas, amigos, pero si se consigue gestionarlas con cabeza, paciencia y sentido común son superables.


14 junio 2021

«ESO ES MUY MALO SUDANDO»

-¡Eso es muy malo sudando!
Yo dejaba caer el agua de la fuente sobre mi cabeza, mientras escuchaba esa frase de advertencia. Siempre lo hago con temperaturas altas. Nada hay más placentero que estar en la mitad de una ruta de entrenamiento y poder sentir cómo el agua fresca recorre tu cabeza y se desliza a través del cuello apagando el fuego de la alta temperatura. Ese agua se va fundiendo con el sudor y los primeros metros tras reanudar la ruta son también deliciosos al percibir el frescor del agua. 


Estaba en algún punto de la vega y me faltaban unos tres kilómetros para acabar mi entrenamiento y llevaba ya recorridos casi el triple de esa cifra. Eran más de las doce del mediodía y el termómetro en plena ola de calor debía estar en los treinta y cuatro grados, sino más. Por tanto, tenía sentido lo que me decía ese hombre de campo, de edad avanzada y con una sabiduría popular muy certera. Le expliqué que lo era, pero no si se hacía bien: refrescando los centros de refrigeración del cuerpo: nuca, frente y muñecas, y bebiendo poca agua y a pequeños sorbos. Se tranquilizó. «Una vez vi a un corredor que bebió agua y se mareó», me dijo a modo de título de  la explicación. Posteriormente se detuvo y fue más detalloso: iba el hombre por un camino y vio cómo un corredor iba perdiendo el conocimiento, y con esa pérdida el equilibrio, tras beber agua en abundancia en una fuente. La bonhomía del hombre hizo que se acordara de aquel suceso y me quiso advertir. Podía haber hecho caso omiso, seguir su ruta sin más, pero decidió prevenirme. E hizo bien, porque cuando un corredor es novato, cuando hemos sido novatos, cometemos esas imprudencias y, quizá por eso, dejamos de cometerlas cuando somos veteranos. Y así se lo expliqué, asintiendo el hombre con la tranquilidad de a quien se le ha aclarado muy bien alguna duda que albergaba. 
Correr tiene este tipo de cosas; correr cuenta con estas anécdotas humanas y especiales. Es una de las facetas que siempre más he admirado cuando me han ocurrido y es por ello, tal vez, por lo que me empujé a escribir mi libro Corriendo entre líneas, el cual está plagado de ellas, y así las conté (la mayoría de ellas) en este blog con anterioridad a plasmarlas en el libro.
¿Y me preguntáis por qué me gusta correr? Entre otras muchas cosas, por las grandezas que se viven en ruta.

24 mayo 2021

CORRER BAJO LA LLUVIA PARA CURARME

 Los dos última ocasiones en las que el agua ha caído casi torrencialmente en Granada he salido a correr. No se trata de que la lluvia me haya cogido desprevenido corriendo en algún punto remoto de esos caminos de vega que frecuento, sino que he optado por correr con la lluvia ya comenzada. He de reconocer que es mucho más agradable que la lluvia te coja ya en ruta, mucho más que dar el primer paso y que un reguero de agua penetre en tu cuello (porque jamás uso gorro), pero una vez superado ese primer momento incierto e incómodo todo son parabienes y poco a poco te vas mezclando con la lluvia que cae del cielo y con la que pisas en el suelo.

La última vez que lo hice fue ayer domingo, 23 de mayo. Cuando acababa de pasear a mi perro Odín comenzaron a caer las primeras gotas, de las que huimos porque mi perro no es un perro que se lleve bien con el agua en ningún sentido, a otros los ves pasear bajo la lluvia como si nada pasara, pero el mío, no; el mío huye de la lluvia. Así que fue en esos momentos cuando forjé la decisión de correr, cambiarme rápidamente y vestirme con malla técnica larga (porque también era baja la temperatura) y chubasquero. La idea era acumular tan solo ocho kilómetros porque el día anterior había acumulado diez y medio; y aunque estoy saliendo del bache de la lesión aquilea, no es conveniente jugar con el diablo en estas cosas.

Planeé un recorrido en el que había ciudad, asfalto y camino. Sabía que el camino estaría embarrado porque la lluvia era cada vez más intensa, pero aún así, nada me detuvo. Ya no me importaba esquivar los charcos que sí esquivaba en los primeros kilómetros. Ya daba igual, lo importante era sumergirme en ese mundo mágico de la lluvia bajo la épica de los kilómetros. La lluvia fue arreciando poco a poco y es obvio decir que no me encontré a ningún corredor. 

Eso hizo más especial mi gesta, que no es una gesta de héroe, sino una gesta personal. Una opción nacida del libre albedrío que me sirve para congraciarme con el mundo, la naturaleza y conmigo mismo.

Además, ayer era un día que necesitaba resetear la mente porque lo que ahora me interesa no es otra cosa que ir alejándome poco a poco del mundanal ruído, de las cosas que antes tenían un sentido, pero ya no.

Porque la vida es demasiada ingrata; y demasiada corta para desperdiciarla con malos rollos. 

Y correr es el antídoto verdadero. Al menos, lo es para mí.

Tal y como sospechaba, cuando acabé mi ruta, mientras estiraba en la puerta de casa, ya bajo techado, no recordaba cuáles eran esos malos rollos: correr bajo la lluvia me había curado.

¡Gracias, de nuevo, correr!

¡Gracias, de nuevo, correr bajo la lluvia!




19 mayo 2021

SOY CORREDOR (DEL LIBRO CORRIENDO ENTRE LÍNEAS)





Comentaba en algún sitio que lo importante es que llegue el día en el que digas sin fisuras y con convicción espartana: soy corredor. Pero ese momento no llega ni de manera automática, ni como resultado de una metamorfosis mental inmediata. Ese día llega porque así lo has experimentado y así lo sientes como consecuencia de un proceso continuado. Antes de eso, todos hemos jugueteado en alguna ocasión con esa presunción, afirmando en la primera ocasión que se nos ha presentado: 'soy corredor'; probablemente porque haciéndoselo saber a nuestros interlocutores nos reafirmamos más en ese papel que anhelamos. En otras ocasiones, cuando aún estamos en esa fase indiciaria previa a ser corredor, nos hemos acercado a alguna tienda especializada y nos ha elevado sobremanera vernos inmersos en viva charla con otros corredores que sí lo son. Hemos preguntado por una marca y modelo de zapatilla técnica y cuando nos ha sido entregada, nuestras cejas se han enarcado como queriendo transmitir criterio y conocimiento acerca de la mercancía solicitada. Incluso, es posible que a la primera de cambio nos hayamos sorprendido intercambiando opiniones sobre carreras que, en algunos casos, no hemos corrido pero que pretendemos hacerlo en breve. Hemos escuchado a dos corredores hablar de la última maratón en la que han participado y en nuestro fuero interno nos hemos sincerado con nosotros mismos diciéndonos que aún estamos lejos de esas metas.
En otras ocasiones hemos acudido a comprar algún producto idóneo a algún herbolario, de esos que a veces solemos comprar los corredores, y no hemos dudado un segundo en decir al dependiente o dependienta que nos dedicamos a correr. O, incluso, en ese afán de convertirnos en corredores rápidamente hemos sido presuntuosos con nuestra delgadez cuando alguien nos ha comentado que nos ve más delgado. 'Es porque soy corredor', solemos responder. Son fanfarronadas inocentes e útiles que ayudan a crecer, como siempre mantengo.
Y qué decir cuando nos hemos ido apartando de manera voluntaria de fastos y farras, ante la extrañeza de nuestros amigos o pareja por nuestra decisión de prescindir de aquella fiesta o esta boda, esbozando una sonrisa, al tiempo que diciendo aquello de que 'no voy a ir porque no bebo y, además, me es muy molesto el humo del tabaco. Es más, mañana tengo que entrenar'. Y eso no es ficción, ya que a todos los corredores (o a casi todos) tarde o temprano nos ocurre. Un conocido mío, gran corredor, incluso pactó con una hermana si habría sala de no fumadores en un evento familiar.
Y también ocurre otro tanto con las comidas. Lo perciben tus compañeros de trabajo en los desayunos o en las cervezas del mediodía. Del suizo mixto que pedías habitualmente pasas a la media tostada de pan integral con aceite; y del tubo de cerveza pasas a la cerveza sin alcohol. Y claro, ellos que aún no saben que corres de manera cada vez más regular acaban por preguntarte el porqué de tus nuevos hábitos alimenticios.
Y toda esa travesía del desierto es la que, sin tu saberlo, paso a paso, te va convirtiendo en corredor, así que cuando ya lo eres todos esos hábitos inusuales, que quienes te rodean a veces censuran, son tu mejor carta de presentación. 
Es con el movimiento, la dedicación y el ejemplo cuando todos comprenden y acaban por respetar que eres corredor, con todo lo que eso conlleva.

ESTE LIBRO ESTÁ DISPONIBLE EN VERSIÓN DIGITAL EN AMAZÓN EN EL SIGUIENTE ENLACE: 






13 septiembre 2020

CUANDO LA MENTE PARLOTEA

 Ayer fue uno de esos días en los que lo fácil, lo cómodo, quizá, lo aconsejable hubiera salido no salir a correr. Los que llevamos años haciéndolo sabemos, justo desde el momento en el que nos calzamos las zapatillas, que el cuerpo en ocasiones prefiere otra cosa. Tal vez un paseo, leer un buen libro, mirar el cielo o el paisaje en lontananza, todo sería válido para un cuerpo que no desea correr y que transmite ese deseo a la mente, que perezosa secunda su veredicto.

Pero son muchas ya las trampas sufridas por el cuerpo y por la mente en este ser corredor como para sucumbir. 

En estos momentos, siempre recurro al resto del día. ¿Qué quiero decir con el resto del día? Muy fácil: un resto del día quejándome por las esquinas por no haber vencido esa pereza o esa falta de predisposición, esa falta fe voluntad que, al final, es de lo que se trata. Por tanto, hago oídos sordos al parloteo de la mente, que no es más que la portavoz de lo que le transmite el cuerpo, y voy vistiéndome con la ropa técnica adecuada y calzándome las zapatillas con la profesionalidad del que aun sabiendo que no lo es actúa como tal. El parloteo no cesará durante el primer kilómetro, es posible que tampoco durante el segundo, pero guardando silencio y aquiescencia la zona más vulnerable, ese talón dañado que refleja su daño al tendón de Aquiles, quién va a escuchar a quien no llevar razón y solo parlotea.

En el kilómetro tres o tal vez antes, el parloteo se detiene y ya parece que la mente ha comprendido que lo que quería el cuerpo no era otra cosa que engañarla, hacerle ver que había una agonía orgánica que es posible que ni existiera.

Pero sí existía. Lo comprobé a lo largo de los once kilómetros en los que no me fue posible bajar de cinco minutos y medio el mil; o mejor dicho, no es que no me fuera posible sino que en estos casos siempre conecto el piloto automático, que solo es posible poseerlo (advierto) cuando ya se llevan muchos kilómetros en las piernas, porque que jamás viene de serie. 

Y de esa forma completé un entrenamiento que siempre resulta delicioso por una vega no demasiado calurosa pero con una luz clarísima. Solo cuando dejé que la fuente de fresquísima agua en algún lugar del camino bañara toda mi cabeza, comprendí que siempre hay que salir a correr a pesar de todo. Siempre que no exista una lesión física paralizante que no lo permita. 

Y en esta ocasión ninguna lesión lo impedía.

15 agosto 2020

EL RITO DEL QUINCE DE AGOSTO

Anoche, mientras veía un reportaje dedicado a la trayectoria de Martín Fiz, tal vez el mejor maratoniano patrio, junto a Abel Antón, no tenía nada claro que pudiera cumplir el rito de correr –siempre el quince de agosto, como cumplo el de correr en Nochebuena y en Nochevieja. Estaba aún semipostrado por decisión propia para esperar que bajara el dolor y alguna inflamación de mi Talón de Aquiles (valga el doble sentido del término), por lo que había decidido un parón de tres semanas, porque sé que es suficiente para volver a iniciar la actividad atlética. Pero la mala fortuna, o la buena, hizo que estuviera de por medio en ese parón voluntario el quince de agosto o, tal vez, el subconsciente fue acumulando las imágenes del documental de Martín Fiz y poco a poco se fue creando en el lugar en el que se genera la voluntad la idea de ir a correr. Aún así, no hice preparativos algunos, que es lo que hago habitualmente cuando tengo programado correr a la mañana siguiente. Decidí sin más dedicarme a leer en mi terraza y el frío de las noches agosteñas del sur aconsejó que me fuera a la cama, donde continué leyendo. Hasta ese momento, la fabrica de la voluntad aún no había acabado su producto y me dormí sin la advertencia subconsciente de que tenía que irme a correr.

Pero llegó la luz de la mañana y di el primer paso en el suelo al saltar de la cama. Comprobé que, como todas las mañanas, al estar la sangre de la zona dañada aún dormida, el dolor afloró, pero no tanto como para que desdeñara salir a correr. Además, me encontraba muy bien. Se supone que había descansado lo suficiente. 

Así que hice lo que siempre hago: tomarme un café solo con cuatro almendras naturales, que tan bien me van para las fuerzas de la carrera y nada impiden la digestión. Busqué un pantalón muy corto, de competición y –curiosamente– al meter la mano en la balda del armario donde tengo sin orden toda la ropa técnica apareció la camiseta técnica de tirantes Joma que me obsequiaron en el Maratón de Sevilla de 2009 en el que pudimos ver a Abel Antón corriendo porque él ganó allí su segundo campeonato del mundo de Maratón. Es posible que el destino, en ocasiones, sea así de juguetón.

Por lo tanto, complacido por mi buen estado y por la casualidad, me fui a correr diez deliciosos kilómetros, para lo cual elegí camino blando –aunque pedregoso– de vega y zapatilla Scott Kinabalu, ultrarreforzada, de trail. No me apetecía jugar a los dados.

Comprobé enseguida que, a pesar de ser aún las diez de la mañana,  no se trataba de una mañana agosteña. El calor no golpeaba como si lo ha hecho hace unos días. Supe enseguida que se trataría de un entrenamiento de quince de agosto muy atípico porque el calor no me azotaría con tanto descaro la cara ni las piernas, a pesar de que calor hacía, cómo no, me dije, si estamos en agosto. Comprobé también que a pesar del parón de dos semanas no había perdido ritmo; en todo caso, apareció un pequeño atisbo de debilidad muscular en las piernas, pero es algo normal, porque es de común conocimiento entre nosotros que el músculo es fuerte, sí, pero también dado a comodidades y se suele desinflar a la menor oportunidad que se lo permites.


Por lo tanto, cuando enfilé este maravilloso camino de vega, cuya vista parcial se aprecia en la fotografía, rodeado de silencio, paz y naturaleza, además de esa presencia permanente de la historia del lugar, junto a la Acequia Gorda, tan dada a épicas históricas en esta tierra granadina, comprendí que todo se confabuló para que pudiera cumplir ese rito del quince de agosto. 

Porque pasan los años y cada vez es menos posible hacer apuestas con el destino, pero reconforta que pasen pudiéndolo cumplir. 


03 agosto 2020

EL CANAL DE YOUTUBE DE PACO MONTORO. UNA MAGNIFICA IDEA MUY NECESARIA.

Cuando mi amigo Paco Montoro, el vocacional corredor malagueño, amante del cine, de los libros, de la música y, obviamente, del correr, y de tantas cosas más, me comunicó que iba a crear un canal en Youtube en el que incluiría, entre otras cosas, reflexiones del gran filósofo de este deporte, el prestigioso Dr. Sheehan, del gran Toni Lastra, otro filósofo español del correr que vivió toda su vida apasionado por este deporte, practicándolo y escribiendo sobre él, y que también incluiría reflexiones de servidor, no pude más que sentirme abrumado a la par que de dichoso. Y como sé que Paco es persona de principios y hacedor de ideas –como ya demostró en su muy seguido blog Correr para vivir mejor dedicado al mundo de correr– coetáneo a este o bien al que antecedió a este, sabía que pronto tendríamos una primera reflexión de un servidor, incluida en el libro Corriendo Entre Líneas, iniciativa de la que estoy sumamente agradecido. 
Sobre todo porque la conexión de lo que uno escribe con lo que escribe y piensa Paco siempre ha sido muy estrecha, y esa misma conexión se intercala como si tratara de un puzzle universal con las de los grandes escritores citados ya desaparecidos, cuyas obras siempre perdurarán entre nosotros. 

Conocí a Paco virtualmente en la época de los blogs, no recuerdo bien en qué primeros años de la década del dos mil. Como era habitual, quienes corríamos y escribíamos sobre ello lo hacíamos en nuestras bitácoras porque aún las redes sociales no existían. Ambos de la misma generación, posteriormente, tuvimos la ocasión de conocernos físicamente, lógicamente, en una de las carreras a las que ambos acudimos, no recuerdo si en la durísima Media Maratón de Montaña de Calahorra-La Ragua o, si por el contrario, ya nos habíamos saludado antes en Órgiva o, tal vez, en alguna otra carrera. Pero bastaron esos breves encuentros para sellar una gran amistad, que aún perdura, a pesar de que tenemos pendiente esa gran charla con unas cervezas tras devorar unos lúdicos kilómetros que mucho me gustaría pudieran ser en la Vega granadina o, tal vez, en Los Montes malagueños, lugares tocados por la naturaleza que, respectivamente, ambos adoramos y por los que han transcurrido muchos de nuestros entrenamientos y nuestras reflexiones. De hecho, ya me referí a él y a su blog en una entrada de mi blog titulada El correr como vida,  el día 17 de noviembre de 2010. Pero no fue la única que hablé de él, hubo más ocasiones en mi blog y en las redes sociales.
Era muy necesario que la gran orbe virtual contara con un canal en el que tuvieran encuentro estas reflexiones, que no son tan habituales en nuestro mundo como corredores, aunque una cosa es cierta: todos los corredores y no corredores las disfrutamos por una sencilla razón: están escritas desde la experiencia y desde la emoción que nos ofrecen las zancadas que damos por caminos, carreteras y veredas, casi siempre en solitario, porque es muy necesaria la soledad como corredor para que surjan reflexiones que nacen necesariamente de la introspección. 
¡Larga vida a este canal de Paco Montoro! Del que soy seguidor desde el primer minuto de su creación. 




18 julio 2020

UNA RUTA POR CAMINOS PEDREGOSOS Y CON FUERTE CALOR

Hoy he comenzado mi ruta sabatina a las diez de la mañana, una hora ya peligrosa para hacer cualquier actividad en la calle, mucho más para correr, sobre todo teniendo en cuenta que el termómetro pronto superaría los 35º. Pero aún así, me sentí bien, aunque no fuerte como en otras ocasiones.
Scott ZAPATILLA KINABALU Zapatillas de running hombre Opté por una ruta pedregosa por caminos solitarios y calurosos de la Vega granadina, por lo que la mejor opción era elegir las zapatillas de trail Scott Kinabalu, que apenas han conocido las piedras, a excepción de dos entrenos, uno de ellos por la Sierra de Huétor. Al poco de adquirirlas llegó el obligatorio confinamiento y con posterioridad, a partir del día dos de mayo, cuando ya se podía correr en la calle, los circuitos eran urbanos. Y aunque es una zapatilla que no se desenvuelve mal en asfalto, no es el terreno para la que ha sido concebida.
Pero hoy sí ha disfrutado, y yo con ella.
A más de las once de la mañana cuando el sol estaba ya casi en todo lo alto, me adentraba por un camino de vega sin salida para cumplir con la distancia de once kilómetros que me había propuesto y volvieron a surgir las buenas sensaciones, toda esa mezcla de épica, calor y soledad que tanto me gusta experimentar cuando corro. Me detuve a orinar durante unos minutos bajo una frondosa moreda, junto a una acequia que lanzaba al viento su constante y relajante rumor de agua y oteé el paisaje a mi alrededor. Podía ver los picachos de Sierra Elvira, con su torreón nazarí, un lugar con historia, y me encontraba en el lugar en el que transcurrió la gran Batalla de la Higueruela que enfrentó a los reinos cristianos y al nazarí, cada vez más amenazado, y todo me parecía mágico. Tenía por delante cinco kilómetros y medio y el calor iba en aumento pero eso no me preocupaba lo más absoluto en ese momento.
Espero que las perneras, que llevaba tiempo sin utilizar, ayuden a que a que la pertinaz tendinitis del talón de Aquiles no me impida correr mañana. Por lo pronto, mientras escribo esta entrada, no está nada mal a falta de otra sesión de hielo antes de ir a la cama.  

03 junio 2018

UNA CUESTIÓN DE PESO



Para los corredores siempre hay una cuestión de peso en su mente. Al peso físico me refiero. Es lógico que sea así. No sólo porque les parece más estético estar delgados —que quizá sea la cuestión más superficial— si se dedican a correr habitualmente, sino porque un menor peso siempre posibilitará que puedan correr mejor y castigar menos la musculatura de sus miembros inferiores. Pero no todo el mundo tiene una predisposición genética a perder peso con facilidad y a estar siempre delgado, ni siquiera los corredores habituales. Por lo general, la mayoría de la gente aumenta de peso con la edad por una razón muy sencilla: por poco que se coma, siempre se ingieren más calorías que las que realmente gastamos al necesitar el organismo menos energía para subsistir y existir un mayor número de aparatos eléctricos y electrónicos, así como artilugios de todo tipo que, sí, hacen nuestra existencia más cómoda, pero también contribuyen a que nos movamos menos. Todo lo positivo también tiene algo de negativo. Un ejemplo muy sencillo: el mando a distancia que tienen todos los aparatos del tipo que sean hace muy cómoda nuestra vida, pero tiene el inconveniente de evitar la movilidad necesaria para conectar, desconectar o graduar el aparato que controla. Podrá parecer poco significativo, pero sí lo es, sobre todo si consideramos que se trata de una actividad —inactividad en este caso— diaria. Además, se da la circunstancia que la comida que consumimos cada vez está menos elaborada y es más insana, así como provista de elementos químicos y grasas saturadas o transgénicas que no convienen nada a nuestro organismo. Es innegable que con el paso de los años alcanzamos un mayor estatus económico “o al menos era lo habitual antes de la pertinaz crisis”, y eso hace que nuestra vida sea más hedonista, sedentaria y cómoda. Y esa vida hedonista, invariablemente, siempre tiene un fiel aliado: el cuerno de la abundancia, repleto de viandas y bebida; más de las que podemos y debemos permitirnos. Así que todo esto sumado produce consecuencias catastróficas. Hay que añadir también un factor nutricional, porque no se trata solo de lo mucho o poco que se coma sino del tipo de productos que se consuman, ya que todas las calorías no son iguales. De hecho, las más caloríficas suelen estar más unidas al placer culinario y los menos a la vida más ascética y ordenada, que suele exigir sacrificios añadidos. Los corredores, a pesar de que gastan más calorías que la media, no son de otro planeta —bueno, algunos sí— y sucumben también a esa vida cómoda, a esa comida basura y a esa bebida azucarada que se encuentra por todas partes, hasta el punto de que tienen que hacer un verdadero esfuerzo para abstenerse. El corredor en ciernes, ese que va adquiriendo el hábito de correr, no es consciente al principio de los hábitos culinarios que ha tenido antes de iniciarse en el deporte. Comprueba —y comprueban— que va perdiendo peso, pero aún no es capaz de asimilar por completo si se debe a esa afición de devorar kilómetros por caminos o al cambio de hábito alimenticio; o a ambas cosas. Sabe que se siente mejor y que cada vez ignora más esa comida basura que antes le encandilaba. Se podría decir que es un proceso casi natural, como si fuera el propio organismo el que rechazara comer ese tipo de alimentos que nada le aportan. Comprueba asimismo que, si por alguna circunstancia deja de correr durante cierto tiempo, es posible que vuelva otra vez a ese picoteo tan peligroso y, en consecuencia, se dispare de nuevo la báscula. Eso hace que decida volver a correr si cabe con más intensidad. Es como una especie de círculo vicioso. Sí, es cierto que para la población en general está delgado, pero es posible que no lo suficiente para el intramundo que gira en torno al corredor. Lee y se documenta, para acabar llegando a la conclusión que la única manera de poder acercarse a su peso forma es controlar también la alimentación. No hay fórmulas mágicas. Particularmente, mucha gente me pregunta si los corredores hacemos dietas específicas y les contesto que por lo general no; es más, no es conveniente porque, en mi opinión, todas las dietas adolecen de defectos y evitan que ingieras algún alimento básico para nuestro organismo. Lo que hacemos —les digo— es comer de manera sana, evitando atiborrarse y, sobre todo, evitando determinados tipos de alimentos “frituras, grasas saturadas y transgénicas, golosinas, frutos secos en abundancia, alcohol en cantidades altas, bollería industrial, comida basura, el tapeo... etc.”. Lógicamente, cuando les enumeras toda esa retahíla de alimentos prohibitivos la mayoría considera que, en su caso, es misión imposible; pero yo les digo que en absoluto es necesario el consumo de todos esos alimentos perjudiciales, que lo único que provocan es mal alimentarte y hacer que ganes peso. He de decir al hilo de esto, que casi me escandaliza los alimentos que habitualmente comen algunas personas que, además, no hacen ejercicio físico alguno. Por lo que respecta a mi caso particular —que en absoluto soy un purista de la alimentación—, no me supone ningún esfuerzo añadido apartarme de estos productos, pero he decir que tampoco los desdeño si se tercian en determinadas ocasiones. No hay que hacer tabú de ellos. Conviene pecar un poco para no pecar siempre. Por ejemplo, nunca los desdeño cuando viajo por placer porque siempre me intereso por la gastronomía del lugar, sea la que sea, y si ésta incluye alimentos de los denominados “no deseados”, jamás los rechazo porque sé que no me voy a atiborrar ni van a estar presentes en mi dieta diaria, a lo sumo unos cuantos días. Hay que admitir que no siempre se coge peso porque se tenga más grasa. Puede ser que sea porque se tenga más músculo, pero la sensación de delgadez siempre pasa por tener la menor grasa posible. Así que me dije que había que ponerse manos a la obra y fue el pasado junio “de hace unos cuantos años” cuando comencé a reflexionar y a documentarme. Comprendí que había un principio muy básico —exageradamente básico diría yo— al que se referían desde grandes maestros de la nutrición académica, como es el caso de Grande Covián, hasta grandes atletas profesionales, como es el caso del campeón mundial de maratón Martín Fiz: hay que gastar más calorías que las que se ingieren. Pero, a pesar de ser un axioma de fácil construcción, no es tan fácil llevarlo a la práctica, ya que es muy importante que los corredores ingieran los nutrientes y los oligoelementos necesarios para que su dura actividad física no acabe por enfermarles. Así que creí haber dado con la tecla para bajar de peso: disminuir más la ingesta de hidratos de carbono, principalmente, en la cena; alejarme, por completo del tapeo a mediodía los siete día de la semana —lógicamente, advirtiéndoselo antes a los amigos y compas de oficina—, estabilizar el consumo de proteínas —sin que sea necesario llegar a la, en mi opinión, malsana dieta Dukan, como después indicaré—, aumentar el consumo de fruta, eliminar carnes que no sean magras (escrito con anterioridad a que el autor se hiciera vegetariano),  eliminar todo el alcohol de las bebidas espirituosas y no atiborrarme de ninguna comida por poco calórica que sea. Por suerte, hace años, había eliminado de la dieta normal todos esos alimentos basura que antes enumeraba. Lo que he decidido no hacer, porque por ahora no es necesario, es eliminar la cerveza. Cada día proliferan más estudios rigurosos en los que se deduce que la relación entre el correr y la cerveza es amigable ¿Llegaré a ese menor peso propuesto con este plan? Estimo que sí. Al menos voy camino de ello. Pero, aconsejo, que cada uno adapte y adopte su propio sistema, el que le vaya bien, sin agobios ni obsesiones. No olvidemos que cada cual es dueño de una genética, una fisonomía y unas necesidades distintas. Y, si es posible, siempre es conveniente estar bien aconsejado por profesionales, tanto endocrinos como dietistas, si se trata de llevar a cabo algún cambio serio en la alimentación.  

19 marzo 2018

UN REPASO A MI PROCESO CREATIVO ACTUAL

   
Mi proceso creativo es diario y no lo impide las musas. Esas malvadas las dejo para la poesía y mis reflexiones nocturnas de corredor, un sano ejercicio estilístico que estoy iniciando como ahora os contaré, si tenéis paciencia suficiente para leer esta entrada hasta el final. 

   Decía que mi proceso creativo es diario y, por lo general, solo lo impide los elementos devoradores del tiempo que pueblan la vida de todos nosotros. De ahí que me convierta en egoísta y me encierre en mi escritorio, a hurtadillas a veces (sobre todo para escamotear otras obligaciones). 
   Y en ese proceso creativo diario hay varias cosas, antiguas y nuevas. De entre las antiguas están las novelas, últimamente abandonadas porque me he encerrado en la publicación digital, sin caer en la cuenta que la opción del marketing digital es vital en ese mundo y eso es otro proceso independiente. Que sí, que se va vendiendo algo, pero que para vender mucho, además de contenidos atractivos para el lector (ya sabéis romántica, novela negra, histórica, coaching, psicología positiva, los cuales no suelen formar parte de mi 'oficio' literario) es necesario saber vender, además de saber construir tu propia marca como escritor. A ello se une que muchos de mis lectores no suelen entrar en el ámbito digital. No obstante, como lo que me gusta es escribir y el hábito ya lo tengo adquirido desde hace tiempo, sigo férreo con mis proyectos, que enumero a la vez que comento por encima el proceso creativo básico. Comenzaré por lo que espero sea de publicación más próxima: 

POEMARIO DE TÍTULO PROVISIONAL 'ME IRÉ CON EL PRIMER VIENTO' 

Le he dado muchas vueltas. No solo puliéndolo sino buscando la mejor opción para él. No me considero poeta y por tanto un poeta, tal vez, no debería de publicar los poemas que escribe en su intimidad (es un decir, porque los suelo publicar en Facebook como sabéis) pero, al mismo tiempo considero que suelen tener aceptación y mucho me apetecería que vieran alguna luz. O sea, una enorme contradicción. El enviado el poemario a un par de editoriales y se interesaron en publicarlo en coedición, una de ellas, específica en poesía, con una tirada amplia. Lógico, pensé, ¿quién va a apostar por alguien que no tiene ni un mínimo nombre en este submundo de la poesía? Luego, ¿qué ocurrirá con él? No lo sé. Por lo pronto, está ya casi preparado para lo que sea, incluso una posible publicación personal. 





NOVELA CORTA: EQUIS QUERÍA CORRER

Digamos que está al cincuenta por ciento. Y luego quedará reescribirla. Sin embargo, sí es un proyecto que veo viable y publicable en papel. El proceso creativo con esta novela es divertido y me cunde darle el desarrollo que más o menos tengo diseñado. Confío mucho en ese proyecto. Se trata de un tipo que es la antítesis de corredor, pero un buen decide que quiere comenzar a correr. Ese es el móvil de la novela, sobre el que girará la trama y el argumento. Humor, drama, enorme psicología de los personajes, acción....  







NOVELA CORTA: UN MENSAJE DESCONOCIDO 

Totalmente abandonada, por lo pronto. Lo que no quiere decir que no va a ser retomada. Se trata de la continuación del relato del mismo título incluido en Conversación en la taberna y 41 relatos. Mundos paralelos, espacio, tiempo, misterio...Ahora está en el, digamos, cincuenta por ciento de elaboración. Necesito mucha documentación y tiempo, nunca mejor dicho.


NOVELA LARGA: DONDE LOS HOMBRES ÍNTEGROS

Se podría decir que es mi gran proyecto y también el más antiguo. No la he terminado aún porque lo respeto demasiado, pero, curiosamente, es el más avanzado. Solo falta una conclusión, que ya está más o menos diseñada y la tormentosa y terrible reescritura. Saldrá algún día, no me cabe duda.    


REFLEXIONES NOCTURNAS DE UN CORREDOR 

Es éste el nuevo proyecto ilusionante que os comentaba al principio. Ese que sí necesita de algunas musas. La regla es: cada noche una reflexión breve de entre cuarenta y cien palabras. Una reflexión sugestiva sobre un mundo que conozco, sobre sensaciones de las que siempre he escrito (el ejemplo de las 303 páginas de Corriendo Entre Líneas en un ejemplo de ello) como corredor aficionado, pero dedicado. La idea es que sea una publicación breve, del tamaño de un poemario, de no más de cien páginas. Cada reflexión (o cada grupo temático de reflexiones) llevará una foto propia o ajena. Esa es la idea. Por supuesto, de publicarse lo será en papel. Me ilusiona ese proyecto.



NUEVOS EBOOK EN EL HORIZONTE PARA AMAZON

Como antes he comentado, estoy trabajando casi en exclusiva en este sector, tremendamente difícil, pero muy satisfactorio, sobre todo cuando compruebas que alguien descarga tus libros (pocos, eh¡) al otro lado del charco. 
A los cuatro ya publicados (la versión digital de Conversación en la taberna y 41 relatos, Tú Puedes Correr, Relatos y Artículos de Viajes y, el último, Yo, opino, se sumaran este mismo año, tal vez dos o tres más: Uno dedicado a los comentarios de cine no espoileados que escribo en mi blog como muchos sabéis, otro dedicado a escritos y artículos exclusivamente literarios, otro que explicará el proceso creativo 'del blog a los libros' y otro sobre qué hice para correr mi primer maratón, que es como una especie de continuación de Tú Puedes correr





¿Salda todo eso en un espacio más o menos breve de tiempo? No lo sé, pero me esfuerzo cada día porque así sea. Que se lo digan a las musas.         
         

06 enero 2018

CORRER ES LA ESENCIA (O EL PRIVILEGIO DE CORRER BAJO LA NIEVE) -DE MI LIBRO "CORRIENDO ENTRE LÍNEAS" EDITORIAL, LEIBROS, 2017-


        
    El corredor hoy se ha congraciado con la naturaleza. Si alguna vez ha sido cruel con ella, arrojándole productos inorgánicos, destruyendo su flora por no poner el suficiente cuidado, vertiéndole aguas fecales o, sencillamente, no siendo sensible y exquisito en el trato, hoy se ha congraciado con ella.
            Se podría decir que ha firmado un hipotético armisticio, una carta de naturaleza -valga la redundancia- una tésera íbera de la  que cada parte se ha llevado su mitad para exigir un futuro cumplimiento de amistad eterna.
            Resulta que esta tarde, a eso de las catorce horas, a la hora anárquica acostumbrada de los domingos, el corredor salía a correr por una ruta de dieciséis kilómetros uniendo caminos entre Pinos Puente y Fuente Vaqueros. Pero presentía, más que vaticinaba, que marcando el termómetro del coche un grado Celsius sobre cero y estando el cielo completamente repleto de nubes la nieve podría hacer aparición de un momento a otro, a pesar de no ser muy habitual por estos lares.
            Mientras se enfundaba la braga en el cuello y ajustaba el gorro de lana Nike en la cabeza comenzaron a caer los primeros copos de nieve con una periodicidad discreta, casi inexistente. Sin embargo en los primeros cien metros de la ruta esos copos fueron aumentando su tamaño y vigor.
            De esa forma comenzaba el corredor su odisea en la nieve. Y créanle si les afirma que ha sido una gozada. Había corrido bajo la nieve, pero jamás había hecho una ruta de una hora y veinte minutos en la que no haya cesado ni un solo segundo de nevar. Todo lo contrario.
            En el momento en el que el corredor escribe esto -ahora ya tranquilo y descansado-  son casi las siete de la tarde del domingo diez de enero de dos mil nueve y la ciudad de Granada y gran parte de la provincia están cubiertas de nieve. La majestuosa Alhambra ha sido portada y cierre de varios noticiarios de televisión.  No es posible ver ni un sólo centímetro de acera y la terraza de su vivienda ha adquirido un color blanco precioso. Pero cuando daba los primeros pasos en su ruta de hoy aún no había ni un sólo centímetro de nieve en los amplios campos de la vega. Ese manto blanco se ha ido extendiendo a medida que sus piernas, corazón y pulmones iban acumulando kilómetros. Ha sido, por lo tanto, testigo de excepción de un fenómeno natural que se echa de menos por estas tierras, a pesar de que no lejos emerjan enormes, blancos y altivos los picos de Sierra Nevada.
            Pero comencemos por el principio.
            Tras los primeros copos a los que se refería, se detuvo en el primer kilómetro para ajustarse la malla y comprobó cómo la nieve cada vez era más copiosa. Sus ojos se fijaron en el horizonte, en la dirección que correría, y veían que una densa capa blanca iba cubriendo los cortijos y secaderos de la frondosa vega.
            Ése es un momento psicológico. El corredor perdido en mitad de la nada, sin presencia humana alguna y sabedor de tener por delante quince kilómetros por recorrer en medio de esa nevada, que iba incrementándose por minutos.
            En esos momentos la mente le dice que está a un kilómetro del coche y debería regresar, pero las piernas obedecen a otras razones y empujan hacia adelante, de manera que cuando aún no había acabado de tomar la decisión ya se encuentra corriendo en busca de esos quince kilómetros restantes.
            Comprobaba cómo la nieve, tras la primera capa de agua, ya tronchaba las ramas de los árboles y cada kilómetro recorrido coincidía con un mayor manto blanco, que cubría por completo las hazas de ambos lados de los caminos por los que avanzaba.
            A los treinta y tres minutos de recorrido ya se encontraba en las puertas de Fuente Vaqueros y tan sólo pudo contemplar en las calles por las que pasaba a una niña que se disponía a amontonar nieve en el jardín de su casa con la idea más que predecible de hacer un muñeco. Éste, de hacerse, pasaría a la historia de la localidad. Mientras tanto en los bares que circundan al paseo central del pueblo, presidido por una estatua del poeta[1], los parroquianos allí congregados apenas se asoman a las puertas de los mismos, en los que con toda probabilidad tomaban un carajillo o una copa de coñac para entrar en calor ante una amena charla entre amigos.
            En esos momentos no pasa por su mente ningún atisbo de heroicidad (posteriormente, ya en casa, recreando el entrenamiento en su mente, sí se siente algo más héroe), aunque los que le observen consideren -y él lo deduzca por sus miradas-, que están viendo correr a un tipo un tanto excéntrico. Pero lo que probablemente no sepan es que él es corredor habitual y que correr es la esencia y todo lo demás la anécdota.
            Pasado el pueblo de Fuente Vaqueros enfila la carretera que conducirá mucho más adelante a la Carretera de Córdoba y que en un par de kilómetros posibilitará desviarle por un camino casi inédito, recién descubierto. Ese camino le gusta por su silencio y quietud. Perdido como está en la mitad de la vega le transmite excelentes sensaciones. Pero hoy no importaban las buenas sensaciones; era algo más. Si las palabras fallan en su descripción, intente el lector imaginarse un extenso campo totalmente blanco y unos chopos nevados junto a los que discurre una decimonónica acequia de origen nazarí, que confunde su rumor con el silencio inenarrable de la nieve en su caída.
            Unos kilómetros más adelante, vuelve a penetrar por el Camino Real[2], que en su larga recta deja contemplar una vega ya completamente blanca y misteriosa.
            La nieve, lejos de remitir, es ahora más abundante y necesita retirar la braga de la boca y respirar abiertamente. Pero los copos ahora remansan suavemente hasta estrellarse en el camino como si allí la nieve fuera ya propia del paisaje para siempre. Todo es tan blanco que sobrecoge. Pareciera que ahora la naturaleza comenzara a congraciarse con aquel corredor que la había desafiado en su prueba más cruel. Si antes los copos se estrellaban en la cara, ahora con suavidad resbalaban por ella. Le pareció percibir un guiño de complicidad de la madre tierra.
            Su vista no dejaba de otear todo lo que podía abarcar pero sus sensaciones físicas, lamentablemente, no eran hoy las más adecuadas. Dice lamentablemente, porque unas buenas sensaciones unidas a ese espectáculo natural hubieran provocado un cataclismo emocional.
            Kilómetros más adelante un conductor conocido que pasaba con su coche le insiste para llevarle, ajeno a su disfrute. Gritó, creo que con emoción, que no le privará de ese privilegio. Sospecha que el conductor amigo no llega a comprender lo que le dice, pero sí entiende sus ostensibles gestos, por lo que continúa su camino.
            A la altura del cortijo de Alitaje[3] las dos casas que ocupan la orilla derecha del camino mostraban unos jardines tan inéditamente nevados que inspiraban ternura; y un gorrión posado en una rama baja de un árbol, con el plumaje henchido para soportar el frío, buscaba algo que echarse al pico. A esas alturas el frío era intenso y pareciera que el gorrión y el corredor fueran las únicas criaturas sobre la tierra.
            A falta de un par de kilómetros para llegar a Pinos Puente, el clima era aún más gélido y se sentía empapado. Llevaba más de una hora y cuarto luchando contra la nevada y la naturaleza ya había decidido que el armisticio pactado era sólido.
            Cuando llegó a esa meta hipotética que sólo él traspasó,  percibió el sentimiento puro de que aquello que  había vivido era un privilegio y que sin dudarlo lo volvería a repetir en cualquier momento. Siempre lo pensó: correr es la esencia y todo lo demás la anécdota.






[1] Federico García Lorca, natural de Fuente Vaqueros.
[2] Uno de los caminos -hoy día  asfaltado- más amplios de esta zona de la comarca de la Vega que une los municipios de Pinos Puente y Fuente Vaqueros.
[3] Frondoso cortijo ubicado en plena vega a poca distancia del municipio de Pinos Puente. En su pasado fue una alquería de origen árabe y es famosa por ser sede de una de las mejores yeguadas dedicada a la raza de caballo árabe, creada en su día por Gonzalo Moreno Abril, ya fallecido. Forma parte de este municipio granadino.   

29 octubre 2017

COMO DORIAN GRAY (TEXTO INCLUIDO EN CORRIENDO ENTRE LINEAS -EDITORIAL LEIBROS. 2017-)



     Tras la cuarta salida a los caminos después de la última lesión, parece que mi faceta como corredor se está normalizando. Después de la última salida del mes de octubre, el pasado viernes, primer día de noviembre, volvía a hacer treinta minutos por los caminos y carril─bici paralelos a la circunvalación de Granada.
     Al día siguiente, pasadas las dos de la tarde del día dos de noviembre, me atrevía con una ruta más dura y más larga que transcurre desde el pantano del Cubillas a Caparacena, para volver por el mismo camino. Nueve kilómetros que han supuesto una prueba de fuego a mis dolencias, siendo éstas, por ventura, inexistentes. De ahí que ya pueda ir entonando una nueva victoria contra las lesiones, sin que aún deba entonar la canción demasiado alta.
     Otras facetas del correr están ausentes, lógicamente: la falta de ritmo, la irregular respiración.... Todas esas cosas que se pierden fácilmente tras meses de inactividad. Pero es placentero volver a trazarse una nueva meta y seguir avanzando. Lo peor que le puede pasar a un corredor es lesionarse. Todo lo demás: la falta de forma, la falta de tiempo, la falta de ganas, la climatología, el ajuste de comidas... Todos esos aspectos mundanos no importan ni impiden poder correr. En cambio, las lesiones te dejan completamente seco y vacío.
     Yo podría firmar ahora mismo un hipotético pacto con el diablo, y erigirme en un nuevo Dorian Gray, en el que renunciaría a competir o a no hacer tiradas kilométricas largas, a cambio de que se me permitiera correr casi a diario ¿No creéis que sería un buen pacto?
     Porque poder correr, poder hacer deporte, para muchos de nosotros, es un antídoto contra muchas cosas que nos rodean. Y si nos eliminan ese antídoto, nos hallamos inermes. Todos los que corremos sabemos que correr es sinónimo de libertad. Desplazarse a través de senderos, de caminos, de calles, es un privilegio en los tiempos que vivimos.
     Muchos otros preferirán lucrarse, corromperse, castigarse el hígado o los pulmones, amasar fortuna por mero placer. En cambio, para nosotros lo importante es que no nos falte ese antídoto. Cuestión de gustos.


MI PROCESO CREATIVO: ALGUNOS APUNTES (I)

En ocasiones me han preguntado en la presentación de alguno de mis libros o en una charla impartida (la última vez, en un colegio de Granada...