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18 junio 2021

ACERCA DEL PRIMER BORRADOR DE UNA NUEVA NOVELA DE TÍTULO PROVISIONAL: UN MENSAJE DESCONOCIDO

Ayer, día 17 de junio, escribí la mágica palabra «FIN» a una de las novelas en las que estoy trabajando, de título aún provisional Un mensaje desconocido.

Esta novela comenzó a fraguarse hace algunos años y pretendía ser una novela corta continuadora del relato de mismo título publicado en mi libro Conversación en la taberna y 41 relatos. Fue creciendo, extralimitando los muros de lo que podría considerarse una novela corta, para convertirse en una de tamaño medio: cuenta en su primera redacción con cerca de 72.000 palabras, que para un libro de tamaño estándar supondría unas 350 páginas. 

Se trata de una novela que aborda elementos sobrenaturales y misteriosos, impregnados de la cotidianidad normal de que me gusta impregnar mis relatos y novelas.

Como es preceptivo, ahora reposará algún tiempo antes de comenzar el trabajo, desde mi punto de vista más importante: la reescritura. 

Me considero un autor que suele ser bastante fiel a la redacción original de un texto literario, pero es inevitable que sufra modificaciones, muchas de las cuales serán importantes. En una primera escritura no es conveniente detenerse demasiado en estructura y posibles incoherencias, así como en un desarrollo no completo de los personajes, entre otras muchas cosas. Todas estos elementos quedan para esa reescritura, que sufrirá una segunda antes de ser enviada a un grupo selecto de escritores cero y, posteriormente, a revisión profesional. Si, finalmente, acaba en una editorial es inevitable que pase por el matiz y filtro de ésta; de lo contrario, si se publica en Amazon de manera independiente, que es como estoy publicando mis últimos libros, ese filtro se detendrá, además de lo que se admita como válido de las sugerencias de los escritores cero, en la revisión profesional a la que será sometida. Un proceso arduo que suelo asumir con bastante tranquilidad. Son pasos muy estrictos y delicados que hay que dar para que el producto literario cuente con la calidad suficiente en el mercado literario. 

Por lo pronto, queda el disfrute de haberla escrito y del que vendrá, junto a grandes rasgos de sufrimiento, en la reescritura. 


10 enero 2021

LIBROS: PATRIA (ESPAÑA, 2016)




El hecho cierto que «Patria», la novela del escritor vasco Fernando Aramburu, haya sido, no solo un éxito editorial, sino un fenómeno sociológico de lectura tanto en España como fuera de nuestras fronteras, pero sobre todo en España, hace que este lector habitual tuviera sus más que serias dudas para hincarle el diente. Me animaron algo algunas de la críticas literarias serias que leí y la opinión de un amigo de la infancia, muy lector y buen juzgador literario (de hecho, él leyó e hizo sugerencias y propuso correcciones de mi novela «Equis quería correr» antes de lanzarla a la aventura editorial en Amazon). Así que ya decidido, un buen día di un largo paseo de nueve kilómetros (ida y vuelta) desde mi domicilio a la librería Picasso de Granada, aprovechando que era un buen momento para pasear y reflexionar tras el periodo de confinamiento debido al Covid19; porque hacía una buena tarde de sábado, silente y nublada; porque era necesario apoyar a las librerías, grandes damnificadas del periodo pandémico; y porque yo estaba lesionado y necesitaba andar al no poder correr. Había muchos porqués, así que me lancé a la calle y compré el libro del que ahora comento y «La larga marcha», de Rafael Chirbes, uno de los escritores de referencia que tengo. Estaba por entonces leyendo «Alegría», del que comenté hace poco aquí y acabando el proceso de edición de mi último libro de relatos y microrrelatos «Pérdida y olvido»; así que cuando acabé el libro de Manuel Vilas y terminé el proceso de edición de mi libro, ya colgado en Amazon, comencé a leer «Patria», con la premisa siempre en mente de que se trataba de una novela de 646 (la edición de bolsillo de Tusquet) y que si era un fiasco debía de no perder demasiado tiempo y dejarla porque, además, siempre me han surgido dudas de los libros que son leídos de manera masificada.
   Pero tanto la vida como la literatura no cesan de dar sorpresas y a medida que leía (qué digo, devoraba) la literatura ágil de Fernando Aramburu no paraba de exclamar mentalmente que se trataba de un escritor valiente y ajeno a modas y cuestiones políticamente correctas. Y no me refiero a la temática que trata el libro, ya sobradamente conocida por todo el mundo y en la que no voy a entrar apenas, sino tan solo para decir con voz clara que las únicas víctimas reales son las que pierden la vida; me refiero a la técnica del veterano escritor, ya totalmente consolidado como tal, pero no demasiado conocido por el gran público (ahora lo es tanto como Ken Follett). Una técnica arriesgada, de esas que vuelve loco a un corrector estrecho de miras y con mirada fija en el bien construido edificio de la RAE, porque Aramburu es todo un valiente a la hora de establecer su lenguaje literario, tanto en el sentido narrativo en primera, segunda o tercera persona, que mezcla sin aviso y sin piedad, como en los cuantiosos y riquísimos diálogos de los protagonistas.        Dígamos que ha conseguido lo que pocos autores consiguen: meter en su mente y en su capacidad literaria todo el espectro de personajes, que son abundantes, y situaciones que también lo son de esta magna novela que, sin embargo, en mi más que humilde y desautorizada opinión no es perfecta, como casi ninguna porque no todos los días no se escribe un «Cien años de soledad» o una saga como «En busca del tiempo perdido». Pero se trata de una gran novela que lejos de quedarse en el asunto social y político del problema vasco que teñió muchas calles de sangre en los ochenta y los noventa, principalmente, ahonda en un ejercicio literario para mí desconocido hasta el momento, yo que soy tan dado a descubrir y emocionarme como buen letraherido con nuevos estilos literarios alejados a lo convencional. 
   A medida que leía me preguntaba por qué ha gustado esta novela a tantos lectores. La respuesta aún no la sé, aunque sí sé que no todo el mundo ha reparado en lo que yo he reparado, tal vez, por mi faceta de juntar letras en mi tiempo libre. Entiendo que la mayoría ha visto, como yo también he visto, una trama ágil y enganchadora, con perfil sicológico muy acertado de cada uno de los personajes, sobre todo de los esenciales. Quienes conozcan el país vasco, estarán conmigo que esos personajes esenciales destilan un carácter vasco hasta la médula y que la vida social y política en este país nos ha sido transmitida por Fernando Aramburu de manera brillantísima.  Y quizá sea ese elemento el que ha hecho que esta novela triunfe de la manera que ha triunfado. Ahora bien, no todo es perfecto en ella. Vislumbré que el autor ya estaba agotado (¡son 646 palabras, Dios¡) y que tal vez por eso el final no es el que yo hubiera preferido. No me refiero ya al que yo hubiera preferido en coherencia con la trama, sino al que yo hubiera preferido desde el punto de vista literario. No hubiera venido nada mal que se eliminara alguno que otro de los 125 minicapítulos y con ese material haber desarrollado más (literariamente) ese final. Aún así, ponerle pegas a una obra monumental, valiente, bien escrita y con un estilo literario únicos, sería de cretinos. 
   Por tanto, mi aprobación más que decidida a favor de la lectura de esta peculiar novela porque serán muchísimas horas de placer las que el lector se echará a la buchaca. 



27 diciembre 2020

NOVELA: «ALEGRÍA», DE MANUEL VILAS (FINALISTA DEL PREMIO PLANETA 2019)

 


Lo diré desde ya: la novela «Alegría», de Manuel Vilas, me ha parecido una obra excelente. Posee rasgos de alta literatura y en muchas de sus frases, auténticas perlas literarias. Pero también he de decir que puedo comprender que no sea una novela para todo el mundo, que todo el mundo no disfrute con este tipo de literatura. Lo digo porque el lector podrá encontrar en Amazon comentarios del tipo: novela aburrida, plasma, no he podido acabarla, repetitiva... Y otras por el estilo.

Pero a un servidor le ha gustado. Y mucho. 

Es probable que tengan razón aquellos que afirman que es un poco repetitiva, pero es perdonable porque el escritor desea centrar casi toda la trama (aunque, en puridad, trama no hay) en sus padres, es decir en la relación que él tuvo con sus padres y cómo los ve ahora, ya muertos, en ese ejercicio de autoficción. Y, claro, eso puede ser repetitivo, pero a mí no me lo ha parecido, principalmente por una cuestión: cada vez que alude a ellos es por pensamientos, sentimientos, sensaciones, vivencias nuevas. Y eso jamás puede ser repetitivo.

Se aprecia en el texto del escritor de Barbastro que es poeta ante todo, pero que también domina el lenguaje narrativo, del que se aleja formalmente las más de las veces porque es una novela que no necesita una formalidad. Es otra cosa.

Y como otra cosa que es, no será una novela que guste a todo el mundo. Por supuesto, no quiero aparentar pedantería, pero esta novela está escrita para que la lean quienes realmente aman la literatura y no solo novela histórica, negra o de otro tipo, que las más de las veces tienen muy poco de literatura, aunque hay mucha de ese género que la tiene a raudales.

La literatura es contar, por supuesto, pero sobre todo es saber trasladar a palabras sentimientos más que reflexiones, situaciones más que historias objetivas. De ahí que existan diversas formas de novelar las cosas. Y lo que hace Manuel Vilas en esta novela es saber plasmar sentimientos y también plasmar situaciones. No es necesario que cuente historias, aunque también lo haga, al menos para engarzar con el sentimiento y la situación que quiere describir...Casi siempre centrada en sus padres, pero también en sus hijos o, más bien, en cómo se intenta ver él como padre también. 

No he leído aún Ordesa, que fue un fenómeno literario hace unos pocos años, por lo que he comenzado la casa por el tejado, pero Ordesa me espera impaciente.

Pero antes tendré que acabar Patria, de Fernando Aramburu, de la que también escribiré aquí. 

15 septiembre 2020

UN PROYECTO DE NOVELA QUE AVANZA

 Con 60 000 palabras iniciales doy por concluida la primera redacción de mi novela de título provisional Un mensaje desconocido, que es la continuación (una continuación atípica) del relato de igual título publicado en mi libro de relatos. 

No suelo terminar el borrador sin un final definitivo, pero en este caso era necesario porque a lo largo y ancho de esas 60 000 palabras iniciales la novela da giros diversos que podrían no conectar demasiado bien con un final incoherente con ellos. Por tanto, he decidido emprender ya la ardua labor de la reescritura (segunda escritura) del borrador con el fin de evitar entrar en más giros y vericuetos que pudieran desnaturalizar la idea argumental iniciar. 

Este segundo proceso será mucho más lento porque, en teoría, debería de marcar los tempos verdaderos del argumento de la novela, así como los giros definitivos, desarrollo de los personajes, afinación de los diálogos y todo lo conlleva crear un cuerpo narrativo lo más sólido posible. 

Posteriormente será entregada a unos pocos lectores cero que me darán sus sugerencias y opiniones; y de ahí pasará al corrector profesional, sin aun pensar en cómo publicarla. Eso será decidido posteriormente. Será una decisión que no tomaré hasta que totalmente concluida y ese día aún está por llegar. Y no llegará pronto. Me temo. 

Seamos sinceros: hoy el mercado está saturado de novelas y la posibilidad de que una novela sea visible no es fácil, con independencia de que se autopublique o sea haga con una editorial grande (mucho más difícil si es autopublicada). Sobre todo si no se trata de una novela de crímenes, romanticismo/sexo o histórica, que son los gustos lectores hoy día.

Y de nada de eso trata.

Luego, ¿de qué trata? Mis novelas siempre se refieren a individuos anónimos y cuentan su proceso vital, sus grandes dudas y decisiones. Pero nunca la expongo de manera directa, sino que las, digamos, maquillo a través de otras historias paralelas o argumentos enmarcados en esas historias. En Equis quería correr, la historia que enmarca es la actividad y el anhelo de correr y en ésta en la que ahora trabajo hay cuestiones un tanto misteriosas, distópicas y misteriosas, pero siempre la razón vital del ser es el trasfondo.

Es lo que intento, pero siempre será la soberanía inalienable del lector la que tenga la última palabra.



22 febrero 2018

EL CUENTO DE LA CRIADA (NOVELA Y SERIE)

Margaret Atwood Eden Mills Writers Festival 2006.jpg
Hay un mar de series. Todas distintas y algunas de ellas de calidad, de mucha calidad. Desde que Hollywood decidió no pagar bien a los guionistas más brillantes, éstos buscaron su nicho en las series y fue ahí donde se encontraron a gusto y creativos. Los hay muchos y magníficos. En ocasiones son ideas originales, pero en otras son guiones de libros con temática diferenciada. Uno de esos libros diferenciados y distintos es el que ha generado esta inquietante serie de la que ahora esbozaré algunas líneas asépticas y alejadas de espoileo malvado. 
    Se trata de la novela The Handmaid's Tale de la autora canadiense Margaret Atwood, que no es ninguna desconocida; de hecho, es Príncipe de Asturias de las Letras. Un libro que fue escrito en 1985 y que ha servido para hacer una de las mejores series actuales. Como decía, una serie inquietante que, como el libro, retrata una sociedad distópica que gira en torno al tratamiento cruel hacia la mujer por parte de un grupo de fanáticos políticos y religiosos que consiguen impone su credo en Estados Unidos tras acabar con el poder constituyente. 

El cuento de la criada (The Handmaid's Tale) (Serie de TV)
     Cuando comencé a ver esta serie, me dije que era posible que no pasara del primer capítulo. No lograría creer lo que me contaban, pero siempre -por experiencia y hábito- doy margen para ver uno o dos capítulos más. Y, sí, ahí estaba la clave y el enganche; el mecanismo por el cual una serie es distinta a otras. Me ocurrió algo parecido con Lost, la famosa serie de los perdidos en una isla remota e incomunicada. No podía creer a priori que eso pudiera ocurrir en los tiempos actuales, en los cuáles es casi imposible que nadie se pueda perder, a no ser que desee perderse o no deseen encontrarlo. Pero en seguida comprendí que esa incomunicación y esa isla robinsoncrusoeiana no era más que una excusa para poner en escena cosas muchas más hondas que tenían que ver con la psicología, la sociología, la antropología, las relaciones personales y de poder, y un largo etcétera. Al final, la serie la cagó en sus últimas temporadas y el polémico final fue horrible a mi entender, pero eso ya es otra historia. 

Y aludo a Lost porque con El cuento de la criada ha estado a punto de ocurrirme lo mismo. Por suerte di margen a ese segundo capítulo y luego al tercero, cuarto...y en poco devoré toda la primera temporada que es la que se ha emitido en España a la espera de una segunda. Comprendí que toda esa parafernalia distópica en la que la se retrata a la mujer con menos derechos que en la época de las cavernas nos estaba comunicando algo más hondo y preocupante: el fundamentalismo ideológico y religioso al que se puede llegar si la mujer deja de procrear o, bien, tan solo unas pocas pueden y esa teórica virtud se convierte en su propia tumba. O bien, que nos descuidemos todos y acaben arrebatándonos los derechos que tanto ha costado conseguir, camino que ya se ha iniciado hace tiempo. El telón de fondo de la serie es tremendo. Sin embargo, ese argumento, por muy hondo, distópico y preocupante que sea no queda ahí ya que hay toda ingeniería argumental detrás, utilizándose la técnica del desarrollo parcial de los principales personajes con un atrás y adelante verdaderamente meritorio. El resultado final de toda esa técnica por la que transita el argumento de manera rigurosa convierten a la serie en magnífica, a lo que ayuda sobremanera las enormes interpretaciones, con Elisabeth Moss a la cabeza, como protagonista principal, y que tanto prometía ya en su papel de secretaria y después publicista en la muy machista Mad Men, otra de las mejores series que servidor ha visto en los últimos años junto a la intocable Breaking Bad. 
         

07 septiembre 2014

LIBROS: 'LOS DETECTIVES SALVAJES' DE ROBERTO BOLAÑO

Este verano ha sido -está siendo- muy intenso en cuanto a lecturas. Y entre ellas, algunas asignaturas pendientes, esas que sabes que no has de demorar más para sumergirte en sus páginas. 
En ese sentido, mucho escuché y leí sobre la calidad de 'Los detectives salvajes' del desaparecido Roberto Bolaño, así que me dije que, a pesar de sus más de seiscientas páginas, era hora de comenzar por la primera. 
Cuando me enfrento a un libro o a una película, intento no leer demasiado sobre lo que les ha parecido a otros, por tanto, quienes consideren que leyendo esta entrada se verán influenciados por la futura lectura de esta obra, pueden optar por no continuar leyendo, aunque diré en mi descargo -como ya saben los más antiguos del lugar- que jamás destripo un libro o espoleo el argumento de una película, todo lo más comento y opino sin intentar entrar en argumento alguno -alguno no siempre lo consigo-. Pero eso sí, daré mi opinión. 
Y mi opinión sobre 'Los detectives salvajes' es ambigua, porque ambigua es la obra. En principio, hay que decir que escapa a la concepción argumental de lo que entendemos por novela moderna, algo que jamás se ha superado desde 'Madame Bovay'. No encontramos 'En los detectives salvajes' los mismos esquemas y tópicos de una novela moderna. Existe una estructura original, que yo no había leído hasta ahora. Y probablemente en esa estructura tan original radique la fama y aprecio que tiene esta novela tanto en el mundo hispano como en el anglosajón de Estados Unidos. 
Ahora bien, hay que decir que a quien guste de la novela bien estructurada, esa que conlleva un encabezado, un cuerpo y una culminación, 'Los detectives..' le sabrá a algo distinto, ya que no se trata de una historia propiamente dicha, sino de muchas historias que penetran en lo más hondo de lo existencial literario si es que se me permite acuñar ese término. Pero esas historias son siempre una. O mejor dicho, historias en una en torno a unos cuantos personajes del mundillo literario de México D.F.
He de decir que no estoy muy seguro de afirmar si me ha gustado o no esta obra de Bolaño. La he disfrutado en ocasiones y en otras no tanto, aunque a decir verdad, no me ha aburrido nunca. 
Gente que se mueve por el terreno literario poético de México D.F., y que describe una época y unos paisajes concretos. Vida de poetas y gente bohemia que se prodiga desde la capital mexicana a otras ciudades de distintos países, siguiendo un movimiento poético ficticio denominado 'real visceralismo', cuya creadora en la novela es Cesárea Tinajero, una búsqueda que adquiere elementos surealistas y también muy realistas en ocasiones, pero no estoy seguro de saber en qué dirección nos quiere llevar el escritor chileno. 
Supongo que nos quiere mostrar vivencias propias y de su generación, algo muy encorsetado en una época y en unos lugares concretos, pero que difícilmente puede extenderse hacia la universalidad, entre otras cosas, porque se tratan presumiblemente de sus vivencias personales. Por tanto, el sustrato que saqué de la lectura es literario en parte, pero no demasiado más. Eso no significa que no considere interesante la novela, pero me hubiera conformado con menos páginas que me dejaran más tiempo para leer otras cosas que me parecen más interesantes. Por ejemplo, las más de mil páginas de que se compone la trilogía de Torrente Ballester 'Los gozos y las sombras', magna obra a la que estoy ahora dedicando mi tiempo en alternancia con la 'Justicia desahuciada' del expedientado juez del caso Blesa y Banco de Miami, el granadino Elpidio José Silva, que no es que sea una lectura con la que uno disfrute, como se hace con una buena novela, pero que cuenta algo muy turbio de la última turbia realidad española.       

09 abril 2014

LIBRO: EL HÉROE DISCRETO (ÚLTIMA NOVELA DE MARIO VARGAS LLOSA)

el heroe discreto-mario vargas llosa-9788420414898No estoy seguro de si el peruano Mario Vargas Llosa es el escritor total, pero sí de que es el narrador total. Podría significar lo mismo, pero no lo es. Un narrador es un escritor, pero no siempre un escritor es un narrador; o al menos, no un buen narrador. Y en ese terreno de la narrativa, el último premio Nobel de habla hispana es todo un maestro, un clásico vivo. 
No he leído todo lo que ha escrito Mario Vargas Llosa, entre otras cosas, porque ha escrito mucho, pero sí he leído bastantes de sus novelas y siempre llego a la conclusión que su maestría narrativa está muy por encima de la media de los autores consagrados en lengua hispana. Tal vez, esa su mejor divisa y la que, probablemente, le ha llevado a ganar el máximo galardón literario internacional. Y es que el autor peruano es por encima de todo un contador de historias. 
Acabo de terminar su última novela: 'El héroe discreto'. Con ella consigue llevarnos a las vidas de dos héroes anónimos, que tanto esfuerzo ha puesto en homenajear; además, también ha querido homenajear de manera muy espléndida el particular lenguaje peruano, al menos, el lenguaje de la calle, básicamente en Piura (doy fe que muchos de las palabras que aparecen en la novela no se encuentran registradas en el diccionario de la RAE).
Una novela que te adentra de manera muy directa y profunda en dos personas anónimas que, por circunstancias ajenas, convierten un determinado periodo de sus vidas en algo épico. Son los héroes anónimos que el escritor quiere remarcar. Una novela que se sitúa a caballo entre Piura -al parecer, la cuarta o quinta ciudad más grande Perú- y la capital del país, Lima, que sirve para analizar, en ocasiones de manera despiadada, el Perú de nuestros días, tanto a nivel económico, social o institucional. Nada escapa a esta aparente sencilla novela.
Porque las novelas de Vargas Llosa -ahí radica, en mi opinión, uno de los aspectos de su grandeza- aparentan una estructura sencilla, pero en realidad esconden siempre una estructura compleja. Una complejidad que se desarrolla de manera diáfana -en la novela a la que me refiero- a través de las muchas descripciones de personas, lugares y situaciones, pero sobre todo a través de los siempre presentes diálogos de los diversos personajes que van apareciendo en la novela.  
Una narración que cuenta con un desenlace imprevisto y que, de alguna manera, redondea perfectamente las dos tramas que se van tejiendo a lo largo de sus casi cuatrocientas páginas.        
    

13 febrero 2013

LIBRO: 'ABSOLUCIÓN', DE LUIS LANDERO

Los libros de Landero siempre me dejan poso. Es una literatura que destripa con bisturí preciso muchos elementos de este arte. E igual que se dedica con profusión a analizar el alma humana, de pronto surge un elemento cotidiano de por medio (el grupo Pascual, por ejemplo) y te deja perplejo al mismo tiempo que admirado. Y es que pocos autores como Landero saben ir de lo etéreo a lo material en tan poco margen de espacio. 
'Absolución' no me parece lo mejor de Landero (me sigo quedando con 'Juegos de la edad tardía', difícil de superar), pero si de las mejores y, quizá, la más peculiar. Una obra no larga, pero con una intensidad extenuante. Esas trescientas dieciocho páginas son extremadamente intensas y cada palabra, cada frase, están escritas con manos de experto cirujano. No es una novela que se pueda o se deba leer en un par de tardes.
Quizá por eso me gusta la literatura de Luis Landero, un autor consagrado en nuestras letras hispanas que se toma su tiempo entre novela y novela; y hace bien, porque su proceso de creación debe ser extenuante y exigente. 
En Landero nos podemos identificar todo el que tenga algo que preguntarse, porque no existen en sus libros personajes épicos ni irreales, sino personas que desde su normalidad buscan siempre tres pies al gato. No buscan gloria ni dinero, sino una solución definitiva a sus complejas almas. 
En 'Absolución', Lino, su protagonista, inicia una huida que no sabe si es física o interior; que no sabe si es para atrás o para adelante, pero está claro que esa huida es necesaria porque como le decía el Sr. Levin, pertenece a ese género de personas que necesitan escapar, como sea y de donde sea, aunque la contraposición a esa reflexión la tenemos en Pascal que entendió que toda desdicha radica en no saber quedarse en un mismo lugar.
¿Interesantes teorías, no?   

MATADEROS DE CRISTAL

                                                              Por José Antonio Flores Vera Hasta hace bien poco no solían programar en telev...