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02 julio 2017

SONIDO DE ALTA RESOLUCIÓN PORTATIL

   
Llevaba ya tiempo con la idea en la mente de "conectar" con la reproducción digital portátil en alta resolución. Así que tras un riguroso estudio del mercado me decidí por la marca FiiO, eligiendo un modelo de entrada, el sucesor del mítico FiiO X1. El que he adquirido es el de segunda generación (el X1-II) que incluye bluetooth avanzado 4.0, que aunque no tenga, en principio, la fidelidad del cable, si lo utilizas con unos buenos auriculares como los Monster que poseo, va francamente bien. Porque aquí la clave ya sea en cable o en bluetooth está en la calidad de los auriculares, que posea una impedancia adecuada para el aparato y no los que ofrecen en los trenes y los aviones. Para ese tipo de auriculares te basta con un MP3 de los chinos. Aquí hablamos de la máxima calidad  posible, sin que tampoco sea necesario penetrar en el High-End, que es otra historia. Este aparato que muestro en la fotografía cuenta con la virtud de poseer una tarjeta de sonido de primerísima calidad y un DAC profesional que nos permitirá transformar la señal digital en analógica. Además, es capaz de reproducir archivos de alta calidad sonora, ya sea comprimidos como el famoso FLAC, sin apenas pérdida o bien sin pérdidas, como el WAV a 16 bit, que es como me gusta escuchar la música, a pesar de que ocupe mucho más espacio, aspecto que no supone demasiado problema, toda vez que el aparato -que no tiene memoria interna- es capaz de procesar una tarjeta SD de hasta 256 GB, lo cual es una barbaridad para tan menguado tamaño. Ahora bien, a pesar de que poseas una Sd de ese tamaño no podrás portar tanta música como con el formato FLAC, por lo que, teniendo en cuenta, que no habrá apenas pérdidas (el oído humano apenas las percibe y Mozart ya murió), lo suyo es almacenar en FLAC, sobre todo si quieres llevar a todas partes tu discoteca.  
Estoy en fase probatoria (por lo que esta especie de rewiew no es más que una introducción inicial) y escuchando en varios formatos y con varios auriculares y lo primero que me ha sorprendido es que se porta mucho mejor con mis queridos auriculares portátiles Koss Porta Pro, que con los míticos y afamados Grado SR80 (me he quedado de piedra), pensados, quizá, para equipos de alta fidelidad, donde se mueven con una soltura y emoción alucinantes.  La batería es casi eterna. Bueno, me explicaré, no eterna, pero como resulta que no soporta imágines (es es sonido cien por cien), con sus 1800 mAh, capacida que hoy día no tiene ni los smartphones más cutres, tiene para una eternidad musical. Además, como decía soporta rangos de impedancia para auriculares entre 16  y 100 ohm, lo que significa que admite gran cantidad de auriculares, incluso los de impedancia muy baja. Su interfaz es adecuada, pero nada del otro mundo. Aporta la famosa ruedecita de los Ipods clásicos, que a mí tanto me gustaban, si bien mucho más imprecisa. Nada de imágenes ni tontunas por el estilo, tan solo las carátulas del disco que escuchas si aporta el mínimo jpeg necesario. Un gran modelo de entrada con cuya calidad y prestaciones nada tienen que hacer los Ipods ni demás familias pijas de moda.    
    Escuchando a Riverside y su "New Generation Slave", la profundidad y nitidez del sonido es enorme, así como cualquiera de los sugestivos temas de Porcupine Tree, que me he asegurado de escucharlos en formato FLAC, existiendo una armonía impresionante entre guitarras y bajo. Asimismo, los directos de Medina Azahara, sobre todo "A toda esa gente", adquieren la emoción propia de estar en la sala de conciertos. Me queda pendiente -mucho por escuchar- escuchar cómo mueve el aparato los riff de Metallica o la música electrónica con alma de Jarre....Mucho, mucho por escuchar. Por lo pronto, barrunto y sospecho toda una gama de sonidos deliciosos portados en un cuerpo de aluminio muy transportable. Como llevar tu Hi-FI a todas partes.  
      



    

16 agosto 2014

BUEN ENÉSIMO CONCIERTO DE MEDINA AZAHARA

Foto de J.A. Flores
El pasado miércoles, trece de agosto, el grupo Medina Azahara actuó en la ciudad de Maracena con motivo de sus fiestas patronales. Me enteré de casualidad, leyendo Ideal, y me dije que no debía desaprovechar la oportunidad de volver a ver a la veterana banda cordobesa, sobre todo cuando no iba a tardar más de veinte minutos andando desde mi domicilio. Sin embargo, sabía que al ser una actuación gratuita para los habitantes de Maracena y muy barata para los que no lo eran y en plenas fiestas de una ciudad que está ya en casi veinticinco mil habitantes iba a ser una tarea algo estresante. Porque para mí siempre lo es acudir a citar multitudinarias, pero ésta lo sería aún más, supuse.
Es un grupo que ya había visto ya en varias ocasiones -incluso lo contraté cuando yo era Concejal de estas cosas en mi pueblo- y presuponía que nada iba a cambiar demasiado con respecto a actuaciones anteriores. En su contra, los sempiternos temas de siempre, con algunas incorporaciones nuevas lógicamente. A su favor: el buen directo, el emocionante directo, gracias a que atesora buenos músicos solventes, muchos de ellos premiados. Así que saqué fuerzas de flaqueza y me dirigí al buen anfiteatro de esta localidad -un acierto, oye- sitio en el que ya había visto con mis buenos amigos concejales de corporaciones anteriores a célebres artistas, algunos de ellos ya tristemente desaparecidos como es el caso de Carlos Cano.
La sorpresa fue comprobar que la entrada al recinto -con aforo para mas de cuatro mil quinientas personas, rezaba un cartel- no estaba franqueada por taquilla alguna; es decir, que era libre incluso para los foráneos. Luego, pensé, aquí se va a concentrar todo tipo de gente, al ser una actividad gratis total en el primer día de fiestas de la ciudad: personas mayores, que siempre conocen con antelación suficiente la gratuidad de los sitios, olfatos que se afinan cuando se posee una pensión ridícula y, además, se tienen a su cargo un buen número de parentela, que es algo muy común por estas tierras, dado el fuerte paro, la desintegración, etc., etc.; ésos, decía, ya estarían allí desde la puesta de sol. Pugnando en número le iría a rebufo las familias con hijos pequeños, muy abundantes, con sus carrillos de bebé cuatro por cuatro y toda la parafernalia; de cerca, les seguiría grupos de animosos amigos del pueblo que, aunque no les interesara demasiado el grupo, no iban a desaprovechar pasar un buen rato, porque a nadie la amarga un dulce y son las fiestas de mi pueblo y tal; y ya en buen número también, los verdaderos seguidores del grupo, gente venida de otros sitios de la provincia de Granada dispuesta a abonar su entrada, que importándoles un bledo lo que allí se cocía con anterioridad al concierto de su banda favorito, se iban situando en foso del anfiteatro, justo enfrente del escenario, que es donde mejor se escucha el sonido, al tener los altavoces de frente y no haber apenar distorsión. En fin, que entre unos y otros, el aforo estaba al límite, si no superado.
Lógicamente antes, que para eso eran sus fiestas, este foráneo, debió contemplar con un ojo al menos, todo un cuadro flamenco de la escuela de la localidad, supongo; pero lo que ya no esperaba -y juro que tuve que hacer de tripas corazón- era el pregón, pasadas las doce de la noche, que en teoría es cuando debía comenzar su actuación Medina Azahara. Como tampoco esperaba que antes el alcalde socialista de la localidad, con la excusa de presentar al pregonero, una persona mayor que había sido concejal de cultura y que yo conocí hacía ya bastantes años, no tuvo problema alguno en lanzar allí una arenga-mitin: que si esto ya no es pueblo, sino una ciudad; que si estamos acometiendo tal cosa y las de más allá; que todo esto es por vosotros; que disfrutéis de vuestras fiestas, en fin, yo pensé que a esas alturas ya se iba a olvidar de presentar al pregonero. Pero al final lo hizo, porque seguramente su concejal de fiestas ya le estaban dando toquecillos.
Pero, en fin, me dije, debía de admitirlo, yo allí era un foráneo al que habían posibilitado ver gratis total al grupo Medina Azahara, pagado con los impuestos de toda aquella gente que se congregaba allí. Así que me fui a por una 1925 y un pinchito, a la espera de que se fuera preparando el escenario para los cordobeses. Sin embargo, cuando regresé, el pregonero aún estaba ante el micro entonando unas coplillas y recordando cómo eran las fiestas del pueblo en su infancia, que es a lo que aluden casi siempre los pregoneros -eso sí, si son de allí, porque si no lo son siempre dirán que esas fiestas eran sus preferidas-. Me pregunté que qué diría yo si alguna vez -caso harto improbable- me llamaran y yo aceptara -cosa que dudo- dar un pregón en mi pueblo (cuando yo era concejal recuerdo no haber designado jamás a pregonero alguno; lo hacía el alcalde o alguien de la comisión). Posiblemente también hablaría de cómo eran las fiestas de mi pueblo cuando yo era niño, no me iba a poner hablar de la novela 'Los detectives salvajes' de Roberto Bolaño que estoy acabando.
En fin, entretenido como estaba con esos pensamientos tan extraños que a veces me asaltan - y que luego tengo la desfachatez de escribir aquí-, el pregonero se despidió de golpe, tras entonar una última cancioncilla y antes de lo que yo ya creía -mentalizado a que el concierto comenzaría mucho más tarde-, a eso de las doce y media de la noche pasadas, se apagaron las luces del escenario e hizo aparición Medina Azahara. Contemple algunos rostros de la gente mayor que allí permanecía estoicamente sentada con su Fanta de limón en la mesa -ellas- y su cubatilla -ellos, a pesar de tu tensión alta, Paco- y no sé por qué leí en su expresión que les hubiera gustado que hubiera seguido hablando el pregonero, que ahora iban a tener que aguantar a esos melenudos -aunque ya más que maduritos- con esa música estruendosa y tal -¿qué hubiera pasado si el grupo hubiera sido , no sé, Obús?-. Sin embargo, los rostros de los fans del grupo eran todo lo contrario, rostros iluminados e ilusionados.

Foto de J.A. Flores

¿Y qué decir del enésimo concierto en directo de Medina Azahara?

Me temí lo peor; temí que a pesar de la emoción que suscita su directo me aburriera como las ostras, escuchando de nuevo las mismas cantinelas de libertad propias de los primeros años de autonomía, antes de que todos supiéramos los artistas que iban a comandarla, antes de que barruntáramos la llegada de los Chaves, los Zarrías, en fin, todos esos que ahora están encausados por el asunto del latrocinio en masa y en cadena de los ERES falsos y que espero que la jueza Alaya y la providencia descubran de una puta vez la verdadera cara de esta gente.
Pero no nos perdamos del objetivo principal de esta entrada. Tras un comienzo normalito, recurriendo a los viejos temas de siempre, comprendí que el grupo, a medida que iba sumando temas al repertorio, estaba haciendo un esfuerzo innovador.
En primer lugar, con la incorporación de un nuevo batería y un nuevo bajo, al que acompañaban la guitarra del incombustuble Paco Ventura, uno de los mejores guitarristas de España, según medios especializados, y el teclado del orondo Manuel Ibañez, seis veces proclamados mejor teclista de España. Me pareció, no obstante, que la voz de Manuel Martinez no era lo preclara y potente que le había escuchado antes, pero poco a poco ésta se fue aclarando. La razón la encontré no ya en la voz -que puede que esté ya más cascada tras tantos años y bolos- sino en el sonido, que poco a poco fue mejorando.
Pues, oye, que aquello se fue animando y ganando en calidad. Porque a pesar de que el grupo cordobés no introducía temas nuevos, sí que la forma de tocarlos y la puesta de escena era francamente atractiva, tanto en instrumentalización, luces, y multimedia. Aquello, en verdad, fue ganando enteros, por lo que me dije que la veterana banda había comprendido que no podía ir por los escenarios de España y también de latinoamérica haciendo siempre lo mismo. Se percibe sin duda la mano de algún productor con ideas modernas y renovadas porque por allí sonaron 'sólos' de todos sus instrumentalistas, alargues de notas musicales, improvisaciones, cierres de temas con elementos distintos a los ya conocidos. Sí, era otra Medina Azahara, a pesar de que seguía siendo la misma.
Por tanto, dos horas de concierto, amenísimo a partir de la última hora y la gente -no sé si los mayores y las mamis con sus hijos en el carrito cuatro por cuatro- solictando otra y otra, algo que esta banda atiende largamente.            

11 agosto 2012

UNA BANDA ANDALUZA, QUE YA ES MÍTICA

Hubo un tiempo en el que te topabas con unas fiestas y allí actuaban ellos, ya fueran unas fiestas de ciudad o pueblo; ya hubiera un escenario de grandes dimensiones o un escenario de verbena. Al cabo de poco tiempo, te topabas con otras fiestas y allí volvías a encontrarlos, incombustibles, abonados a ese mal llamado rock andaluz, tributario de los primeros míticos grupos, con Triana al frente.
En los años 90 cuando los grupos de este género desaparecieron, ellos se reconvirtieron y supieron sacar petróleo de donde no lo había. El panorama musical patrio ya tenía otra estética, con nuevos grupos modernos y posmodernos, pero sorprendentemente estos cordobeses de vocación siguieron componiendo y se especializaron en un campo en el no todos los grupos daban bien: el directo. Lo hicieron potente y le dieron algo especial, una especie de elixir que enganchaba a generaciones pasadas, presentes y futuras, así que consiguieron conectar con un nuevo público, un público más joven, un público que, en muchos casos, aún andaba a gatas o, sencillamente, no había nacido cuando ellos ya había grabado su primer LP, allá en 1979 y que triunfó bajo el nombre del single "Paseando por la mezquita". 
Siempre a la sombra de Triana, junto a Alameda, la desaparición de aquellos míticos sevillanos -por la lamentable muerte de Jesús de la Rosa en accidente de tráfico cuando volvían de un festival de S.Sebastián-, les otorgó el testigo de este género y vaya que si supieron aprovecharlo, porque fueron sacando un trabajo por año y exponiéndolos en sus cientos de giras (se llegó a afirmar que era el grupo español que más conciertos ofrecía en un año) por toda la piel de toro, pero también llegaron a cruzar el charco, donde tienen un pequeño ejército de seguidores. 
Y a día de hoy, ahí continúan, inasequibles al desaliento, después de haber llevado a cabo alguna 'perfomance' y cambiar varias veces a varios miembros del grupo. De sus inicios tan sólo queda su mentor, Manolo Martinez pero también uno de los más tempranos, Paco Ventura. Una gran voz, la de su líder Manolo Martinez y una primera guitarra, quizá una de las mejores del rock patrio, la de Paco Ventura, junto a un bajo, una batería y un teclado hacen de éstos andaluces, buenos músicos, y todo eso, que no es poco ni fácil, unido a una enorme dedicación y profesionalidad hacen que este grupo, a día de hoy aún continúe grabando en estudio y ejecutando su verdadera especialidad: los directos. Lógicamente, por la crisis y porque ya la mayoría de las ciudades y pueblos españoles han visto sus actuaciones, sus giras ya no se cuentan por cientos, pero no hay semana veraniega en la que no tengan un concierto como mínimo, ya sea un pueblo turolense de 500 habitantes o un macrofestival de estos que duran dos o tres días. Ahí los tienen, con su toque ochentero y algo hortero, explotando los decibelios en los escenarios, reconocidos y valorados por todos. Hablamos de: