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25 noviembre 2013

CINCO REFLEXIONES PRENAVIDEÑAS

I
   La Navidad, esa entelequia. Esa frase corta me asaltó cuando presencié las voluminosas y cegadoras luces de Navidad en el Corte Inglés del centro de Granada. Un espectáculo visual, sin duda, que incita al consumo.  Supongo que debe ser así, me dije. Porque la ilusión vende. La de los niños, por supuesto, esa que hace que los padres se arrasquen el bolsillo; pero también la de los mayores que, al menos, se retrotraen en el tiempo y se ven niños.  
   Luces solitarias, que a estas alturas de noviembre aún no vienen acompañadas por las públicas, las propias del ayuntamiento. Éste las conectará dos semanas más tarde. En tiempos de crisis unos necesitan que la luz propicie mayor consume y otros necesitan que la factura de la luz sea menor.     En realidad es triste suponer que las luces van a cambiar algo la perspectiva de la gente en tiempo de crisis. O, al menos, de la mayoría de la gente, la que padece los estragos violentos de recortes de nóminas o la sencilla eliminación de ésta. Sin embargo, otros siguen paseándose en su suntuoso coche por el centro de la ciudad, dejando que las abrasadoras luces se reflejen en los impolutos brillos del capó, como si se tratara de un fiel espejo. Es así como funciona el mundo. Supongo. 

II

    Sin embargo, hubo un tiempo -hace pocos años- en el que todo era distinto: nadie se sentía víctima de crisis alguna. La ciudad poblada de grúas y las hormigoneras móviles sin detenerse durante las veinticuatro horas. Caras rebosantes de felicidad fatua y pieles de zorro o de visón en los nada elegantes cuellos de señoras de mediana edad, no hechos para estos menesteres. Grandes puros, grandes y suntuosos coches, grandes barrigas repletas de codillo, grandes de todo. Era otro tiempo. Pero ya pasó. 
    Recuerdo aquellos años con inquietud. Me asfixiaba en la calle ante tanta estulticia, ante tanta exhibición vacua. Había algo que no comprendía, pero años después lo comprendí -todos lo comprendimos- cuando se desmontaron esas grúas y se detuvieron esas hormigoneras móviles.

III

   ¿Dónde está ese dinero? ¿A dónde se fue? Pareciera que haya desaparecido por el arte de birlibirloque, como eliminado por un fuerte ácido sulfúrico altamente corrosivo, mucho más fuerte que el utilizado por Walter White en Breaking Bad. 
    Debió irse hacia alguna parte. Al parecer, los bancos no lo tienen o lo tienen y lo han desviado a otros lugares emergentes; tampoco, los constructores -o al menos eso mantienen-; tampoco, el gobierno. Parafraseando a lo que dijera Guillermo de Baskerville (¿Dónde están los libros? ): ¿Dónde está el dinero? 

IV

    El Corte Inglés tiene clara nostalgia de esa época de gasto descontrolado. El paradigma de las clases medias y medias altas tiene nostalgia. Es lógico. Y, quizá, por eso conecta sus luces, fiel y puntual, como siempre. Para que parezca que nada ocurre, que todo sigue igual. Pero nada sigue igual. 

V

Cuando llegó el día anunciado y el mayor y más conocido centro comercial de la ciudad no encendió sus luces navideñas, casi todo el mundo sintió indiferencia. No hubiera sido así en años anteriores, pero ese año que ya se iba evaporando no había sido en absoluto el mejor de todos".
Así es como comienza un cuento de Navidad que escribí. Un presagio de lo que podría pasar pero que, finalmente, no ha pasado. Quizá, por suerte.
  

20 noviembre 2013

IMAGINAOS QUE NOS OFRECEN IRNOS A UN PAÍS QUE.....

Imaginemos que somos apátridas y nos ofrecen irnos a un país que tiene estos 'nimios' inconvenientes:

-Una monarquía en continúa sospecha, con miembros imputados o a punto de estarlo (y si no lo están ya es por son quienes son y no hay güevos), mientras que la clase política, la judicial y la prensa los siguen protegiendo contra viento y marea.   
-Una clase política dotada de enormes privilegios y exenta de control. 
-Una clase empresarial que, por lo general, cuenta con una caja b más grande que la a.
-Unos partidos políticos que ajenos al artículo 6 de la Constitución se pasan la democracia interna por el forro.
-Unos sindicatos mayoritarios que ajenos al artículo 7 de la Constitución ni se molestan en defender los defender los intereses económicos y sociales que le son propios (los de los trabajadores) y viven instalados en las subvenciones gubernamentales.   
-17 Comunidades Autónomas y 2 ciudades autónomas que, no sólo van a su bola, sino que cada vez necesitan más financiación para seguir protegiendo sus intereses particulares (las de sus gobernantes, claro está), y cuyos casos de corrupción institucional no está ni en los manuales de Ciencia Política. 
-Un Poder Legislativo inexistente y entregado al Ejecutivo.
-Un Poder Judicial cada vez menos independiente.
-Una Fiscalía General que manda en todos los fiscales de carrera del país y cuyo Fiscal General es nombrado por el Gobierno.
-Un Tribunal Constitucional que es cada vez más político y cada vez menos intérprete de la Constitución.
-Una Constitución obsoleta y retrógrada, que nadie parece tener interés en reformar.
-Un sistema electoral pensado para que sólo favorezca a los dos partidos que se alternan en el poder y que, lógicamente, ninguno de ellos está interesado en reforma.
-Un Tribunal Supremo que cada vez dicta resoluciones judiciales más incomprensibles.
-Un gobierno y un legislativo que no dictan normas para evitar que tribunales exógenos puedan meternos los dedos en la nariz.
-Una tasa de empleo galopante que va camino de cargarse -si no lo ha hecho ya- a las clases medias y está provocando que los jóvenes más preparados tengan que emigrar cada vez más a Europa, Asia y América.
-Unas eléctricas que se comen con sus recibos la mitad de la nómina de los españoles ante la inactividad del gobierno que, eso sí, es donde se jubilan sus miembros con enormes emolumentos.
-Unos ayuntamientos que cada vez imponen más tasas a los ciudadanos porque alegan que el gobierno y las comunidades autónomas (que por lo general gobiernan sus propios partidos) no les envían el suficiente dinero para asumir sus competencias.  
-Un país al que llegan cada año miles emigrantes para ser favorecidos por los despojos del sistema de bienestar social que una vez parece ser que hubo y que danzan a sus anchas sin control. 
-Un país en el que el sistema educativo público cada vez es más privado, a pesar de que cuesta un pico mantenerlo.
-Uno de los países con más carga impositiva de Europa, pero con menos servicios públicos. 
-Un país con nacionalistas que se levantan cada mañana con la amenaza de convocar un referéndum ídem pero que jamás lo hacen porque lo que pretenden es más pasta para alimentar a sus burguesías rampantes. 
-Un país cuyo gobierno rescata a la banca pero no a los ciudadanos.
-Un país que permite que la banca rescatada eché a la gente de sus casas y que además le siga pagando una deuda que ellos mismos inflaron. 
-Un país en el que más ganan los futbolistas de todo el mundo, a pesar de que a los clubes no se les mete en cintura en cuanto a deudas con la Hacienda Pública y la Seguridad Social.
-Un país en el que la función pública cada es más denostada, cuando debería ser la garante del servicio público.
-Un país cuya ciudadanía, en gran parte, parece estar cómoda con la corrupción.  
-En definitiva, un país que una vez creyó ser rico y que se desangra por los cuatro costados por mor de la bestial deuda galopante.

Y a cambio nos ofrecen: 

-Sol.
-Playas.
-Tapas y paella. 
-Una selección de fútbol que te cagas.

¿Te irías a ese país? 

18 noviembre 2013

ONÍRICO

 
    Vengo de lejos y he visto cosas que nada tienen que ver con la distancia. Allí donde las flores son grandes y los cerdos diminutos. He visto grietas en el cielo y nubes en el suelo, pero el sol lucía como siempre y aguardaba a la luna a que tomara el relevo. Nada de otro mundo.
  He andado por caminos transparentes, a cuyos lados las acequias rumoreaban el agua negra, pero el otoño seguía siendo igual de hermoso como en todas partes. Y las hojas caían con ese estrépito de sordo silencio con que nos acostumbra esta estación misteriosa del tiempo. Y las hojas eran libros, como una biblioteca salvaje.
               No recuerdo haber bebido en fuentes diáfanas. Agua. Agua por doquier que no manaba de las fuentes sino de los árboles. Árboles. De ensueño. Árboles de libros.
               He buscado un sitio en el que detenerme para recobrar el aliento, pero no lo he encontrado. Tan solo caminos de origen desconocido que atravesaban campos de maíz abandonados.

              Pero por fin he regresado y ahora todo parece un inquieto sueño. Pero fue real como son los sueños.  Según dicen los que mucho han soñado. Los que se han sumido en una especie de vigilia repleta de imágenes. Y sentidos.
            Y ahora en la distancia todo es más cierto, tanto como se quiera asumir. Nada escapa al alma humana. 

           Por José Antonio Flores Vera
            


26 octubre 2013

NO SOPORTO EL CARETO DEL PRÍNCIPE Y OTRAS REFLEXIONES SIMILARES

El viernes conecté la televisión -cosa que pocas veces hago a no ser que sea para ver cine o series en DVD o BD- a ver si podía escuchar el discurso de Antonio Muñoz Molina en los premios Príncipe de Asturias y me topé con que estaba hablando el príncipe ídem. Quite la voz a la tele pero, finalmente, acabé por desconectar la tele toda. 
Y es que como creo haber escrito ya en alguna ocasión, pero no me importa escribirlo una vez más, que para eso están también los blogs, para echar la pota: no soporto ver el careto del príncipe de Asturias. No ya por lo que representa -que también- sino al margen del dichoso cargo, como persona. Intento evitarlo en televisión y en las fotos de los periódicos pero, inevitablemente, quieras o no, acabas encontrando su careto por alguna parte. Entonces, con ansiedad busco el mando a distancia del televisor o paso rápidamente página en el periódico; pero lo peor es el mal humor que experimento de golpe. 
Es algo irracional, lo sé, pero no puedo evitarlo. Por ejemplo, no me gusta ver a una anaconda devorando un ciervo -¡vaya ejemplo!- pero no acabo odiando a la anaconda por ello. Se supone que cumple su función biológica, pero ¿Qué misión cumple este tío que ha vivido toda su vida a costa de nosotros y que además es presuntuoso y pagada de sí mismo? En fin.   
Seguramente, queridos e hipotéticos lectores, os habrá pasado en alguna ocasión: descubrir que alguien con quien no habéis cruzado palabra alguna os cae rematadamente mal. No os gusta su careto, su forma de andar, sus gestos, su sonrisa, su voz, sus modales, su chulería, su falsa modestia, su soberbia, su vanidad, o yo que sé, simplemente hay algo en esa persona que no os gusta y por eso os cae rematadamente mal. Pues eso es lo que a mí me ocurre con este tipo. Y, curiosamente, también me ocurre con su pretenciosa mujer. Ocurre con frecuencia con los personajes públicos, pero también con la gente de la calle.  
Sin embargo -por ejemplo-, y eso me parece preocupante -también por lo que representa- no me cae mal el príncipe Carlos de Inglaterra, a pesar de vivir también del cuento. Es algo que no eliges. 
Igual que con el príncipe británico, me ocurría con Zapatero. Me parecía un político nefasto, ineficaz, poco preparado, infantil, bipolar, o sea, un peligro en toda regla para dirigir un país e, incluso, una comunidad de propietarios. Pero me caía bien. Y volviendo al otro polo -al del principito español-, igual me pasa con otra reata de personajes públicos. Por ejemplo: no soporto el careto de Chaves -no sólo por su antiestético rostro-. Es más, no soporto nada de este tipo que, además, me parece un tipo mediocre, aprovechado, producto de una Andalucía -Andazulía- inculta, paniaguada y subdesarrollada y digno mandatario de un partido hecho a la medida de Andalucía o al revés. Y qué decir de la Maleni, esa tipa que dijo, como si estuviera en un estado de embriaguez, que el aeropuerto de Barajas era muy grande, delante de toda España -y que fue el hazmerreir de tirios y troyanos-,   para justificar su deficiente gestión como ministra de Fomento. También me cae rematadamente mal. La lista es larga, pero esto sería interminable.
Igual ocurre con futbolistas, cantantes, escritores, periodistas y con vecinos. Es algo irracional supongo, pero que está ahí. Por tanto, he de admitir que, por una mera estadística de probalidades,  ese mismo sentimiento lo han de tener otras personas hacia mí. O hacia vosotros estimados lectores; otra cosa muy distinta es que nos guste escucharlo.  No obstante, en ocasiones ocurre que si algún día acabamos hablando con esas personas. Se pueden producir, entonces, sorpresas en el sentido de que nos comienzan a caer bien o nos caen, aún, rematadamente peor. Porque en esto, como en todas las cosas, las apariencias, en más ocasiones de las necesarias, engañan.