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20 marzo 2014

EL GRANADA C.F. UN GIGANTE CON LOS PIES DE BARRO (UNA ENTRADA DE FÚTBOL)

El equipo de nuestra ciudad, el Granada C.F., es un gigante con los pies de barro. Se bate cada domingo en descomunal batalla con gigantes pero sus pies son débiles. Y si es cierto lo que dijo  el rey Alfonso X, apodado “el sabio”, acerca de que una gran batalla puede perderse por la ausencia de una herradura en una de las patas de un caballo, aquí nos encontramos con un problema: un equipo en la élite que no cuenta con patrimonio propio, nos posee ni campo propio, ni tan siquiera una mínima ciudad deportiva y aunque al parecer bien gestionado no lo está por gentes de estas tierras y ni tan siquiera cuenta con una masa social solvente que le apoye. Todo lo más una garantía de veinte mil espectadores cada domingo, que tampoco da para mucho de acuerdo con los desbordados  presupuestos del fútbol español. Es decir, que puede estar faltando más de una herradura.
Por indicar un solo dato más de esta situación cadavérica: su segundo equipo, el Granada B, al contrario de lo que ocurre con los segundos equipos de la mayoría de los equipos de primera división, se encuentra en una categoría en la que aún muchos de sus integrantes tienen campos de tierra, que es algo muy sangrante y grave en  esta época de césped artificial sin límites. Por tanto, todo pende de un hilo. Pende de la decisión de unos inversores que se encuentran lejos, en la transalpina Italia y que seguramente actúan de buenísima fe, pero son inversores, viven del fútbol, éste es su negocio.
            Pero está claro que no hay muchas más opciones como se ha podido ver en los últimos treinta años. O ésta o volver a naufragar en los paroxísticos pozos de la segunda B o, incluso, de la tercera, que también el equipo ha mordido el polvo en esos campos donde la venta a precio de saldo de la dignidad y la historia se ponía a precio de saldo.  
            Y es que el fútbol es así. O lo tomas o lo dejas. Funciona con grandes sumas de dinero y es una opción de negocio como otro cualquiera, si bien aquí se mezclan negocio con pasión  y esas mezcla no siempre aconsejable, aunque en ocasiones sí.
            Ocurre que cuando el Granada se mantenía estable en primera hace ya más de treinta y cinco años el fútbol no era sólo negocio; o al menos, no existían esas cifras mareantes que ahora existen. Luego, la ciudad, su masa social y sus socios podían mantener sin demasiados problemas un club en la primera división. Pero el presupuesto del fútbol creció en proporción inversa a la riqueza de esta ciudad y ese hecho puso al club en el sitio económico que le correspondía. No había para nada más.

            Ahora es probable que se viva un espejismo, porque ya sabemos lo que ocurre con los inversores: van donde está el negocio. De ahí, que la Granada futbolera, la que suspira cada domingo por el equipo deba de pensar en soluciones sólidas siendo, quizá, la primera dotarse de una ciudad deportiva, de una cantera, en definitiva, de un patrimonio y un futuro, que probablemente sean los mejores antídotos para tiempos de vacas flacas, que vendrán. 

20 marzo 2012

NO HA GANADO EL BARCELONA AL GRANADA, LE HA GANADO MESSI

( Imagen de "El Mundo Deportivo")

Son muchos los equipos que salen del Camp Nou con cinco goles -entre ellos el Madrid- pero pocos son los que hacen tres al Barcelona en su campo. Y es eso lo que ha hecho el Granada esta noche. Un gol magnifico de Diego Mainz de cabeza en una ya acostumbrada excelente falta lanzada por el portugués Martins y dos goles del cada vez destacado Siqueira en dos penaltíes justos.  
El Granada acarició las estrellas y soñó con el empate, pero todos sabemos que en pocos minutos el Barcelona resuelve, a pesar de que el tercer gol de Messi llegó en un claro fuera de juego. 
Hoy ha habido ocasión de ver a dos "Granadas". El de la primera parte y el de la segunda. Una primera parte sin ambición y con muchas lagunas en defensa y en el centro del campo y una segunda más propia de este equipo, férreo en defensa -con algunas lagunas aún- y contundente en el contragolpe (probablemente es uno de los equipos de primera que mejor saca el balón desde la defensa). 
El Granada, hay que decirlo, se asustó en el primer cuarto de hora. Se asustó ante quien tenía enfrente, y asustarse ante el Barcelona supone recibir dos goles en los primeros diez minutos. Otro cantar hubiera sido haber jugado en los primeros cuarenta y cinco minutos como lo hizo en los siguientes.
Pero no ganó el Barcelona, ganó Messi. Este equipo sin el jugador argentino sería un excelente equipo, pero no tendría la pegada que tiene ni ganaría con tanta facilidad. 
En definitiva que hay que estar orgullosos de marcar tres goles en todo un Camp Nou, porque habría que remontarse muy atrás en la estadística para encontrar otro equipo que lo haya hecho, ni siquiera los llamados grandes. Orgullosos de contar con un equipo de bajo presupuesto que da la cara en la mejor liga del mundo y que a pesar de estar naufragando en la zona baja, podría con un poco de suerte estar entre los diez primeros.
Hoy en la segunda parte se ha demostrado casta y principios. Y eso es lo más importante en fútbol. Por tanto, hay que venirse con la cabeza muy alta de la Ciudad Condal y con la seguridad que el equipo local esta noche se irá a la cama con el susto en el cuerpo y la amargura de esos tres goles en campo propio marcados, además, por uno de los llamados equipos modestos.          

13 marzo 2012

UNA IMAGEN PARA LA HISTORIA



(Foto del autor de este blog)

Ver esta imagen causa satisfacción. Y asombro. Porque es inédita y no ha sido habitual en los últimos lustros.
Son cerca de las 12 de la mañana de un domingo primaveral y la multitud de banderas rojiblancas –unas verticales, las más; y otras horizontales, las menos- presagian que el ambiente en los alrededores del Vicente Calderón va a ir en aumento. Alguien de fuera, ajeno a todo esto, podría suponer que, dado el tremendo colorido en los alrededores del magno y vetusto estadio, dentro de pocos minutos, el equipo local se enfrentaría a un Madrid o un Barcelona o un Valencia. Pero no, no se trataba de uno de esos grandes equipos míticos acostumbrados a pasearse por canchas de medio mundo, sino de un equipo acostumbrado años atrás a pasearse por los farragosos y humildes campos embarrados de lugares recónditos de Andalucía, de Extremadura, de Murcia.
Y es por eso por lo que sobrecoge esta imagen del autobús y sus letras grabadas con el nombre de la ciudad a la que representa el equipo. Letras rojas y grandes que ocupan gran parte del cuerpo del vehículo. Blindado ahora por un buen número de agentes y vehículos de la Policía Nacional cuando unos cuantos años atrás, el autobús convencional y sin nombre, ni tan siquiera era mirado de soslayo por un par de policías locales del humilde municipio de turno. Ahí reside la grandeza de esta instantánea. Y la grandeza del deporte.


14 febrero 2012

JULO CÉSAR: UN PORTERO CON ASPECTO DE SEMINARISTA

El nombre de Julio César Jacobi poco nos dirá -incluso a los más futboleros-, pero si decimos: es el portero suplente del Granada C.F, probablemente ya nos diga algo, a pesar de que mucha gente aún se preguntará quién es. 
Y sale aquí debido a una reflexión que me surgió cuando leía el lunes por la mañana el artículo que a él aludía a raíz de sus luces y sus sombras firmado por la fina pluma de mi buen amigo Manolo Pedreira, redactor de Ideal. 
Venía a decir Manolo que Julio César no tenía aspecto de portero sino más bien de seminarista. Y, efectivamente, este joven de 25 años, natural de Brasil, atesora un rostro beatífico que poca impresión de feracidad debe de dar en el área cuando se disponga a atrapar balones con más rápidez y destreza que sus naturales enemigos los "killers" delanteros del equipo rival. 

Y es que este portero de procedencia portuguesa -al parecer también fue suplente en el Benfica-, cedido al Granada, está en boca del mundillo futbolístico, incluso, allende de Granada, debido a sus grandes paradas y sus muy sonadas pifias. Y como resulta que la memoria es selectiva, traicionera y anárquica, no sé por qué me ha venido alguien a la mente que poseía -guardando las distancias- similares virtudes y similares defectos. Caprichos del destino. Y ese alguien no es otro que el suscribe, que también anduvo bastantes años en la ingrata tarea de arquero en las ligas provinciales. 
Cuando Julio César se automarcó el tercer gol ante el Villarreal, en una jugada inofensiva, fijé mi mirada en sus ojos cuando la cámara de televisión ofreció un plano corto. Y fue entonces cuando intenté averiguar qué pasaría por su cabeza, que podría albergar en ese momento un torbellino de desolación y desesperanza. Llevaba cuatro partidos como titular por mor de la lesión de espalda del titular y muy querido por la afición, Roberto Fernández; había cuajado una gran actuación ante el Málaga y el Betis, pero ante el equipo sevillano había errado también en el gol bético; sabía que todas las miradas estaban puestas en él; él se sabía observado y para colmo no contaba con prestigio, buena fama ni pasado glorioso, un perfecto desconocido. Y, ahora, de pronto, cuando el Granada podía incluso empatar y tras hacer un par de meritorias paradas, va y la pifia. Tierra trágame. Reconozco que me sentí mal por él y en parte también por mí, por mi pasado errático en esa demarcación. Para colmo su aspecto es pulcro, educado, casi débil y allí se encontraba sólo, en tierra hostil, alejado de su hogar, cedido por su equipo, automarcándose un gol que le podía apartar de la titularidad. 
Al día siguiente leí el artículo de Manolo e, insisto, sin saber porqué pensé en ese otro portero modesto que también solía liarla parda de vez en cuando; aquel que en opinión de gente sabia del fútbol podía llegar lejos si se le ofrecían las oportunidades adecuadas; aquel que fue valorado por jugadores  que fueron de la élite del fútbol nacional como son el caso de Emilio Baena -padre de mi amigo Emilio- y por Joaquín Calera, ambos jugadores del Granada en distintas épocas. Pero a aquel joven no se le dio la oportunidad de oro y acabó sucumbiendo. 
Probablemente no sea el caso de Julio César porque llegar a Primera División ya es triunfar pero mucho me temo que si su técnico, Abel Resino, no le tiende ahora la mano, como portero que él también fue, este chico con cara de seminarista acabe sus días haciendo bolos en equipos poco serios, porque no me cabe duda que existe un enorme potencial en este portero, tan sólo alguien debe de enseñarle a enmendar sus pifias y, tal vez, a hincar puñales con su mirada.                   
   

10 enero 2012

LIBRO: NO VUELVAS A DECIR QUE ES IMPOSIBLE, de Fernando Valverde

En estas últimas fechas recibí de regalo un libro cuyo título es: "No vuelvas a decir que es imposible" y que contiene una especie de segundo título o, tal vez, subtitulo que reza: Tragedia y milagro del Granada Club de Fútbol. Lógicamente, pensé, títulos tan sugestivos sólo se le puede ocurrir a un poeta. Y, efectivamente, su autor lo es. Se trata de un joven poeta granadino, de nombre Fernando Valverde y que ha sabido plasmar con un lenguaje poético, precisamente eso que rezaba el segundo título: la tragedia y el milagro de un club, tributario de una ciudad también un tanto trágica y milagrosa. 
El libro está muy bien prologado por otro poeta granadino ya consolidado y que no es otro que el conocido Luis García Montero, del que conservo en la memoria su trato afable y su afán por escuchar más que por hablar. 
Quien me regala el libro es de mi circulo familiar pero probablemente no sepa que ese libro refleja de alguna manera mi infancia, cuando algunos domingos era llevado por mi padre o los amigos de mi padre al antiguo Estadio de Los Cármenes y podía soñar, bajo aquel inconfundible olor de la hierba del estado, con los ídolos que defendían los colores del equipo de tu tierra. También como Fernando Varlverde, éste años después; o como Luis García Montero, éste años antes, también decía, entrecrucé mis dedos entre la fina alambrada que separaban las gradas del terreno de juego y soñaba al tiempo que me enaltecía de aquéllos héroes que entre el barro o bajo el sol defendían una causa, que también era la mía. Fijaba mi mirada en el portero y comprendí que esa soledad también quería yo sufrirla en el arco, que es lo que hice años más tarde.
Por eso la lectura de este libro ha sido como un homenaje al recuerdo, porque evoca poéticamente algo que el lenguaje deportivo por sí sólo no podría. 
Da la casualidad que comencé este libro justo después de la injusta goleada del Granada (porque no mereció salir de allí con tantos goles) en el Santiago Bernabéu y durante los días siguientes no pude dejar de impresionarme ante las repetidas imágenes que escupía el tubo catódico al ver al Granada con sus camiseta de rayas blancas y rojas horizontales en uno de los Olimpos del fútbol, cuando unos cuantos años antes se había arrastrado por pastizales de la Segunda División B e incluso pocos años antes, incluso, por verdaderos patatales de la Tercera División enfrentándose a equipos de pueblos de no más de 5000 habitantes en muchos casos, todo debido a la nefasta gestión de gente ajena al fútbol. 
En esos campos el histórico Granada fue ultrajado e incluso perdió partidos, pero de todo supo reponerse y de ahí la impresión de verlo jugar en todo un Santiago Bernabéu. Sin duda, eso marca.


De ahí que este libro lo haya recibido como un bálsamo porque su autor ha sabido contar con sentimiento y emoción la intrahistoria de un club que como la ciudad que representa tiene una vocación trágica y a la vez milagrosa, aspectos que si se trasladan al fútbol desembocan en algo épico.  

01 noviembre 2011

GANAR EN SEVILLA TUVO SU IMPORTANCIA



Como casi siempre hago, el lunes por la noche volví a ver jugar al Granada a través de la pantalla. En esta ocasión se enfrentaba a otro rival de nivel -en primera casi todos lo son, no hay forma de relajarse como sí ocurría en segunda-. Además, se trataba de un rival en muchos aspectos; rival deportivo, en primer lugar, pero también rival en el aspecto geopolítico porque quienes vivimos en esta parte del sur sabemos perfectamente que las geodistancias políticas con Sevilla son abismales. Granada apenas cuenta, Sevilla, sí cuenta. Y mucho. Es así de descarado.
Sevilla, como capital andaluza, es la niña de los ojos de la Junta de Andalucía, que no se corta un pelo en promocionar a través de inversiones y otras regalías, por no citar que es allí donde están las principales sedes institucionales de la Comunidad Autónoma: el Parlamento, el Gobierno, las consejerías... Granada tan solo se arroga dos o tres asuntillos de mayor o menor importancia: el Consejo Consultivo, el Consejo Escolar (¿qué será eso? ¿Para qué servirá?) y la Biblioteca de Andalucía, muy diezmada y de importancia raquítica. Luego, ganar en Sevilla se convertía en algo que iba más allá de lo deportivo. Y eso tiene su importancia.
No odio Sevilla. Es más, es una ciudad bellísima y sus gentes se comportan por lo que he podido comprobar en muchas de mis visitas profesionales o de ocio. En su ciudad, en su habitat, en sus autobuses urbanos, en sus comercios, en sus bares... los naturales no ejercen tanto se sevillanos como sí lo hacen fuera de su entorno natural. Por tanto, no me gusta el sevillanismo. Es decir, esa forma de vida que hace del esperpento y de la exageración el motor principal; esa forma de ver la vida que tan alejada parece de todo lo profundo e importante. Esa forma vana y vacua, ociosa. Pero en fin, es sólo una opinión.
Por tanto, ganar en Sevilla ha tenido su importancia. Y ganar de la forma que se ganó le confiere mayor mérito al asunto. Es probable que no tenga más importancia que la que tiene, pero se ganó en Sevilla y eso ha henchido los pechos de los granadino en esta mañana de Santos y Tumbas (visité esta tarde la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión y ojeé libros en un puesto sevillano. Pensé en comentarle algo del partido, pero me contuve. No soy ningún fanfarrón).
Se ganó, cuando el Sevilla "lo hizo todo para ganar y...perdió".
Entrecomillo esta última frase porque es cómo termina su crónica Manolo Pedreira en Ideal -al cual he felicitado por SMS, porque coincido con todo su diagnóstico-. Y es que Manolo, escribiendo tan bien como acostumbra, le dice a las cosas por su nombre y el nombre que se podría dar a la gesta del Granada en Sevilla no es otra que épica. Un equipo que juega mejor cuando va perdiendo y cuando lo hace con los poderosos.
En fin, un estilo muy granadino. Muy de aquí, donde todo es posible.

24 octubre 2011

LA VISITA DEL BARCELONA A GRANADA: UNA VISIÓN



Carrera del Darro (Foto propia)

Cuando escribía el título -que casi siempre lo invento antes de escribir la entrada-: La visita del Barcelona a Granada: una visión, reflexioné sobre esas dos últimas palabras: "una visión", llegando a la conclusión que podrían tener varios sentidos. Por una parte, una visión en el sentido de una forma personal de ver esta visita, que es a lo que me referiré a continuación; por otra, algo referente a lo visionario, que es como mucha gente se está tomando esta visita galáctica, estratósferica, mediática, sublime....que de todo he escuchado y leído estos días en Granada.
Granada es una ciudad provinciana matizada, eso sí, por un aluvión diario de guiris que vienen a nuestra tierra llamados por la presencia mítica de la Alhambra -también muy mediática, tanto o más que el F.C. Barcelona- y por una ingente de estudiantes pertenecientes la mayoría al programa educativo europeo "Erasmus", que se unen a los propios, conformando una magra universidad de más de 60.000 estudiantes. Esos dos aspectos se conjugan y amortiguan en parte el otro aspecto provinciano que posee Granada -a pesar de contar con más de 250.000 habitantes- algo muy común a capitales pequeñas o medias. Además, se da la circunstancia que -para quien no conozca esta tierra- que la capital está rodeada por un gran área metropolitana más propia de ciudades grandes que suman más de 250.000 mil habitantes repartidos a lo largo y ancho de más de treinta pueblos de entre cuatro mil y veinte mil habitantes. Son las llamadas ciudades dormitorio, pero que en el caso de esta zona, se trata asimismo de poblaciones con entidad propia y no meramente construidos para albergar la población que por el coste económico de las viviendas, básicamente, no puede habitar en la capital.
Por tanto, ese medio millón de habitantes aproximado que suma la capital más el área metropolitana producen el efecto de ciudad grande a los ojos del visitante que se adentra por primera vez por las atascadas arterias principales de acceso a la capital nazarí.

Nuevo Estadio de Los Cármenes

Y todo esto viene a cuento porque el fútbol de masas dejó hace tiempo de ser un mero deporte para convertirse más que nada en un termómetro social y económico de la ciudad, un mundo con más porcentaje económico que meramente deportivo. En el caso de Granada, hasta hace bien poco, ese termómetro social y económico del fútbol no ha funcionado. Perdidos en divisiones inferiores -casi siempre la 2ª división B- y gestionado el club de manera calamitosa y aficionada, todo el mundo -el del fútbol y el ajeno- clamaban porque el equipo estuviera en el lugar futbolero estatal que le pertenece, que durante muchos años ha sido la primera división, aunque también la segunda -en cuya división estuvo de forma efímera la temporada anterior porque ascendió contra todo pronóstico a primera- se veía con buenos ojos.
Ahora bien, lo que nadie esperaba, ni el Ayuntamiento, ni los socios, ni las empresas, ni los medios de comunicación, ni la ciudad, es que el Granada subiera en dos años de Segunda División B a Primera División. Ha sido un hecho histórico que aún no se ha acabado de digerir, produciéndose una ida de olla colectiva total en la ciudad en los partidos de ascenso para acabar en una bacanal orgiástica de alegría cuando se consiguió el ascenso en el estadio "Martinez Valero" de Elche. Esa gesta, conseguida el 18 de junio cuando ya no había fútbol de élite en España, hizo que el club granadino pasará de villano a héroe; de ser un equipo al que iban a ver hace apenas unas temporadas mil personas a llenar el estadio con un aforo de 22.000 plazas -ahora cuenta con tres mil más-.
Todavía mucha gente se está flotando los ojos y cuesta creer que este modesto equipo -reflotado por una familia empresarial italiana representada por un curioso personaje murciano, algo de lo que hablaremos algún día y de lo que tiene una mejor información mi amigo Manolo Pedreira, periodista de Ideal- que el martes, día 25 de octubre, reciba al mismísimo Barcelona, el mejor equipo del mundo, sobredimensionado de estrellas mundiales, que con independencia del resultado deportivo ya ha puesto patas arriba la ciudad y ha agotado las entradas a pesar del elevado precio de las mismas, algo que choca muy mucho con el nivel económico de la provincia, uno de los más bajos de España.
Y sin más, pronto vendrá un Madrid, -ya lo ha hecho el Atlético-, un Valencia, un Sevilla, un Bilbao...pero la ciudad aún seguirá frotándose los ojos para intentar creérselo.

20 junio 2011

UN DOMINGO DE LOS CIUDADANOS



Lo dije hace poco en uno de mis artículos de Ideal: en una sociedad avanzada la clase política debería de estar en un segundo o un tercer nivel, algo que la sociedad parece estar comprendiendo a tenor de lo que pude vivir el pasado domingo a través de tres aspectos muy poco relacionados entre sí, pero al mismo tiempo dotados de una singular explosión ciudadana.
El domingo se iniciaba con una amplísima eclosión atlética en Dúrcal, el pueblo más importante de singular Valle de Lecrín (Granada) en el que participaron casi ochocientos corredores y corredoras –no vaya a mosquearse la Pajin- que afrontamos los casi 11 kilómetros de un circuito feísimo y algo duro, principalmente por el calor que era fuerte en el Valle a lo que se sumó el hecho de no pasar por lugares de vegetación por aquello de poder resguardarse algo del sol. Mario se fue raudo desde los primeros metros y yo me quedé hablando de la situación política del país durante los tres primeros kilómetros con mi amigo Roberto a un paso tranquilo. Luego él decidió seguir ese ritmo tranquilo y yo me fui alegrando a medida que transcurrían los kilómetros, si bien en ningún momento busqué un ritmo asfixiante ya que me conformaba con acabar la carrera con las mejores sensaciones posibles, como así fue, pues desde el pasado miércoles me encontraba algo cansado.


Por la tarde, a las seis, acudí a la manifestación de los indignados que aglutinó a más de 20.000 personas en Granada. De nuevo el asfixiante calor estuvo presente pero era necesario manifestar esa indignación que no tiene porqué ser la misma en todos los casos. En particular, cada ciudadano debe de tener un catálogo de puntos de indignación y, en mi caso, la indignación comienza por los privilegios de políticos y de la monarquía pasando por la bajada de sueldo a los funcionarios, el sometimiento de los políticos al gran capital y la burda utilización mercantil que la Unión Europea está haciendo de las personas. Ya lo dijo Anguita hace lustros y nadie le hizo caso: se está construyendo una Europa de los mercaderes, no de las personas.


Y, posteriormente, de forma involuntaria, dada la cercanía entre la finalización de la manifestación –en la Plaza de Isabel La Católica de Granada- y la aglomeración final de la celebración por el ascenso del Granada a Primera –en la Plaza del Carmen, sede del Ayuntamiento granadino-; de forma involuntaria, decía (ya que soy ajeno a participar en este tipo de celebraciones, aunque me alegra sobremanera el ascenso del equipo de mi ciudad), me encontré en la vorágine de esta última eclosión ciudadana cuando salía con un amigo de tomar dos verdes en la Calle Navas, a unos metros de la Plaza del Carmen. Así que me quedé unos minutos para presenciar esa nueva eclosión de personas, sus cánticos, sus alegrías..
Por tanto, un domingo tomado por la ciudadanía, al margen de los políticos –por cierto, fue amplio el rechazo que produjo en los aficionados del Granada la presencia del alcalde en el balcón municipal-, lo que me da esperanzas de que la casta política se quede en un lugar muy alejado de las manifestaciones ciudadanas porque son una de las preocupaciones más importantes cuando se pregunta por ellos en las encuestas.
En fin, un domingo de las personas. Un domingo sin dar importancia alguna a la privilegiada clase política, que ya es hora de que comiencen a comprender que la sociedad está cambiando.

16 junio 2011

¡NO MÁS PENALTIES, POR FAVOR!


Dani Benitez y Geijo, dos símbolos del Granada C.F.

Granada vive en un puño por mor de su equipo de fútbol, que está desatando pasiones a aficionados y a personas ajenas al fútbol. Todo esto nos lo está contando nuestro amigo Manolo Pedreira y sus compañeros de Ideal cada mañana. Y con esa pasión desmedida me desayuno cada día.
Por si hay quien no conozca esta circunstancia -aunque lo dudo ya que está dando la vuelta al país- el Granada, recién ascendido a segunda división, está a punto de tocar la gloria: volver a primera, categoría en la que estuvo durante muchos años. Pero llegaron años de peregrinaje por el desierto. Primero en segunda división, posteriormente en segunda b, e incluso, en tercera, a la que bajó por problemas económicos.
En fin, que está a noventa minutos de retornar a la mejor liga del mundo, a pesar de Canal Sur TV, centrado en sus rocios y semanassantas no está por la labor y no ha retransmitido ni un sólo partido. Mucho me gustaría comprobar qué ocurriría si el ascenso afectara al Sevilla o al Betis.
Pero la ciudad sí está desbordada. Una ciudad bella, peculiar, distinta, atractiva para propios y extraños y sabedora de que su equipo de baloncesto ya no estará en la ACB, una ciudad que sueña con qye lo esté su equipo de fútbol, pero...nos hemos atascado en los penalties.
Contra el Celta -al que al final se le pudo vencer, precisamente, en la tanda de penalties- el bueno de Dani Benitez -que hoy me ha sorprendido gratamente en una entrevista aparecido en Ideal, e incluso, me estoy pensando en hacer un artículo, por su carácter excepcional-, gran jugador, carne de primera división, un zurdo como pocos, falló dos penalties en el partido, ejecutando uno decisivo en la tanda final. Lo que me sorprendió de su acción es ese carácter de encarar un tercer penalty a pesar de haber fallado los dos anteriores. De ahí que la entrevista de hoy y su forma de ver las cosas me hayan aclarado mucho de su peculiar personalidad.
Hoy ha tocado jugar con el Elche, en mi opinión, un equipo con mucho oficio, pero con menor calidad que el Granada. Dos postes y un penalty -¡cómo no!, fallado por partida doble - se hubo de repetir- por el bueno de Abel, con cuyo padre tuve una amena conversación hace unos días acerca de la etapa surrealista del jugador en el Steaua de Bucarest.
Sin duda, el Granada es un gran equipo, con un perfil de primera división, pero no encuentra el camino del gol desde los nueve metros, una metáfora del sufrimiento -doy fe porque he visto a gente llorar en un bar de mi barrio donde suelo ver los partidos-.
Queda el partido del Elche ante un equipo -ya digo- con mucho oficio e historia y con un estadio con más del doble de capacidad que el Nuevo Los Cármenes, con casi cuarenta mil aficionados. Es decir, un infierno.
Sin embargo, el equipo local jugará con más presión y el Granada es capaz de ganar allí sin ningún problema pero, por favor, que no haya penalties.