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26 febrero 2026

¿CÓMO SURGIÓ MI NOVELA LA CORRUPCIÓN NO ERA ESTO?

El proceso creativo de las novelas es muy distinto al de los relatos cortos. Estos surgen casi como un torrente. La idea argumental va prácticamente unida al desarrollo, dado el poco espacio que suele tener el género. Se pueden comparar, en paralelismo atlético, con una prueba de velocidad. Sin embargo, la novela es una prueba de fondo, que bien podría ser un maratón, en algunos casos. La novela también surge de una -o varias- idea argumental, pero necesita un desarrollo que trasciende a esa idea, si bien esta debe de estar presente en todo momento. Todo en literatura exige trabajo y desarrollo, pero la novela exigirá mucho trabajo y mucho desarrollo, una constancia que no es siempre es fácil de encontrar en los escritores.




Hecha esta pequeña introducción, pasaré a explicar cómo surgió a groso modo la idea de mi penúltima novela publicada: La corrupción no era esto. Fue la segunda publicada, pero comenzó a instalarse en mi cabeza con anterioridad a la primera, Equis quería correr. España atravesaba un vendaval excepcional de corrupción (un vendaval que no ha aminorado). La mayoría de las noticias se referían a esta lacra, pero pronto comprendí que la inmensa mayoría de la corrupción era económica, por lo que me planteé (al principio con poca decisión intelectual) la posibilidad de escribir sobre otro tipo de corrupción, la que no busca fines económicos sino otros más nobles, aunque deban de saquearse cajas para conseguirlos. Al principio no pensaba ni en que se tratara de una novela. Escribía relatos, por lo que lo más probable es que pensara en escribir un relato más o menos largo. Pensar en escribir una novela por entonces suponía para mí todo un reto, así que fui postergando la idea y antes de ponerme a ello me puse a escribir relatos y otras publicaciones, sobre todo las dedicadas a mi pasión, que aún continúa: correr. Se trató de un gran aprendizaje.

Fue tras escribir mi primera novela, Equis quería correr, cuando me planteé ya en serio sentarme a escribir La corrupción no era esto, la escribí en primera persona, pero pronto opté por incluir al narrador omnisciente porque había fases de la novela que no funcionaba en primera persona, sobre todo cuando había escenas en las que no estaba presente el principal protagonista, el narrador en primera persona Isaac Croser.

A esta novela le dediqué muchas, muchísimas horas, porque no era fácil encontrar el tono y el ritmo que quería darle, pero decidí dedicarle todo mi tiempo (dejé de escribir artículos para un periódico regional con el que colaboraba de vez en cuando), dedicarme a ella, como se suele decir, en cuerpo y alma. 

Decidí ubicar la mayoría de su desarrollo en Granada, ciudad en la que vivo, pero también consideré como muy necesario que el desarrollo argumental la fuera llevando a otros lugares de España, incluso de Francia. Asimismo, fueron entrando poco a poco personajes que, en principio, no estaban previstos, dando la razón una vez más a quienes afirman que la historia, los personajes, el ritmo de la novela, en general, te suelen llevar de la mano a lugares, situaciones, desenlaces, subtramas y un largo etcétera que, inicialmente, no pensabas incluir. 

El resultado fue una novela de cuatrocientas treinta y dos páginas, que es fácil adquirir en cualquier plataforma y más de setenta librerías de todo el país en catálogo. Hubo ejemplares físicos en varias librerías, pero a día de hoy desconozco si aún los habrá. 


13 febrero 2026

MI PROCESO CREATIVO: ALGUNOS APUNTES (I)



En ocasiones me han preguntado en la presentación de alguno de mis libros o en una charla impartida (la última vez, en un colegio de Granada) acerca de qué me suelo nutrir para construir historias. Se trata de una buena pregunta, que para mí no siempre es fácil de responder. Comenzaré por el primero de mis libros publicados, Conversación en la taberna y 41 relatos, un volumen integrado por 42 relatos cortos de muy distinta temática. Lógicamente, al tratarse de relatos tan distintos opté por clasificarlos en ocho libros o bloques, idea que gustó a los lectores. No haré aquí un repaso exhaustivo a lo que inspiró cada relato ni cada bloque, pero, por ejemplo, los relatos góticos tomaron referencias de viejas historias contadas por mi abuela paterna cuando yo era niño, pero también de conversaciones góticas o de terror que he escuchado a otras personas o, incluso, relatos completamente inventados, como aquel en el que el protagonista es devorado por su sombra, que surgió cuando observé mi propia sombra bajo la luz de una farola en una noche oscura. Esas historias las conservé en mi mente y muchas de ellas las utilicé, con los aditivos necesarios que todo escritor suele utilizar, para crear varios relatos cortos de esta temática. Es probable que fueran los preferidos de muchos lectores, según me comunicaban. Otro ejemplo: los relatos relacionados con una de mis aficiones favoritas: correr por los caminos, el campo y la vega. Muchos de estos relatos surgieron mientras corría. Correr y crear se llevan bien, porque vas en piloto automático y la mente inventa historias. Siempre ha sido para mí una buena opción para crear historias. Los otros diversos bloques surgieron de maneras diferentes, pero casi todos obedecen a un patrón creativo concreto. Obviamente, con posterioridad, hay que ponerse a escribirlos y es habitual que cuando estás ante una página en blanco salgan cosas muy distintas a como las tienes concebidas en la mente. Sin embargo, mi manera de escribir relatos cortos siempre ha necesitado alguna idea previa antes de sentarme ante al ordenador. Me ocurría igual con los muchos artículos que publiqué en prensa. Sin embargo, la mecánica para escribir novela es distinta, en mi caso. Para estas lo que me va mejor es sentarme previamente a escribirla sin tener un plan demasiado preconcebido, pero eso es ya otra historia que contaré en próximas entradas de este blog. 

09 septiembre 2025

CUANTO UN TEXTO YA SE VA PARECIENDO A UNA NARRACIÓN

 


Cuando acabas una novela no tienes ni idea de qué escribirás después. Mejor dicho: no quieres ni pensar en escribir nada. Necesitas regresar a los cuarteles de invierno y aguardar a que broten los primeros brotes verdes de la imaginación. Pero, curiosamente, no he tenido necesidad de encerrarme durante mucho tiempo desde que publiqué Mi lugar en estos mundos, y unos meses antes, La corrupción no era esto, novelas que han ido de la mano a nivel creativo durante bastantes meses. 

Ya llevaba algún tiempo dando vueltas en la cabeza sobre un argumento novelado que surgió de pronto, de manera inopinada. Y lo que hice es lo que suelo hacer siempre que se me ocurre algo: anotarlo en la libreta que siempre va conmigo. Algún tiempo antes había comenzado varias cosas, pero aquellas cosas no veían la luz con facilidad y decidí dejarlas hibernar en el disco duro. Sin embargo, el argumento novelado que surgió de pronto sí fue tomando cuerpo poco a poco, hasta el punto de escribir casi a diario y casi al dictado y convertirse poco a poco en una novela corta, yendo ya camino de novela de recorrido medio. Pero no quiero limitarme en cuanto a espacio y palabras: tendrá el espacio y las palabras que tenga que tener, ni más ni menos. 

Permitidme que no revele la temática del argumento, pero sí os diré que tiene mucho que ver con la literatura, escritores y mundo editorial. Lo más importante, que es lo que siempre mantengo por encima de todas las cosas, es que estoy disfrutando en la escritura de ese proyecto de novela, que de seguir ese ritmo (luego vendrá todo el trabajo sucio de añadir, suprimir, arreglar, corregir, pulir y un largo etcétera), podría estar acabada a final de año y publicada en los primeros meses de 2026, o bien, esperar a que se abra plazo para el premio literario de Amazon, que jamás pretendo presentarme para ganar, pero sí para  estar ahí.

Lo que sí podría ser destacable es el estilo que estoy adoptando para esta novela, sobre todo en cuanto a los diálogos, que estarán integrados en el texto (los diálogos integrados en el texto en una novela, la hacen más novela y menos obra de teatro), pero no sé cómo resultará. Eso habrá que verlo con los correctores, en su día.

Cuando escribo esta entrada, la novela está a punto de entrar en las cuarenta mil palabras, lo que ya rebasaría el margen de novela corta, y aún hay mucho que contar. Espero tener imaginación, fuerza, motivación y salud para que así sea. 

15 julio 2025

¿QUÉ HA DE OCURRIR PARA QUE SURJA UNA NOVELA DE TU CABEZA?

 


¿Qué elementos se tienen que dar para que una novela surja de tu cabeza? Supongo que cada cual tendrá su propio método, su propia fuente de inspiración, sus propias motivaciones. Se dice que existen dos tipos de escritores: los que trabajan con la técnica del mapa, es decir, aquellos que se documentan hasta el último detalle antes de escribir una línea; los que utilizan la técnica de la brújula, es decir, aquellos que comienzan a escribir en la hoja en blanco sin tener un plan demasiado preconcebido. Por supuesto que tienen una plan mínimo, una idea, un argumento en la cabeza y tan solo necesitan esa chispa de motivación e inspiración para ponerse cada día un rato a desarrollar esa historia que, de manera abstracta, no definida, tienen en la cabeza. Confieso que yo soy de los últimos. No concibo escribir de otra forma. Necesito estos elementos básicos: una idea (que puede surgir en cualquier momento del día o de la noche, incluso cuando estoy corriendo por un camino solitario), una motivación media (para muchos lo es que sus anteriores libros se lean, vayan bien, pero yo creo que la motivación debe ser más interior), una ilusión por ver cómo las palabras que van poblando la hoja en blanco van cogiendo forma. Pero hay un requisito, en mi caso, que es fundamental: divertirme con lo hago, pasarlo bien mientras escribo, como se suele decir, del tirón. Posteriormente llegarán los momentos de incertidumbre, cierta ansiedad y algo de tedio cuando haya que ponerse a reescribir, documentarse cuando haya que hacerlo, hacer fichas argumentales, elaborar perfiles de personajes, revisar, corregir, cortar, añadir... Esto ya formaría parte de la cuestión técnica que entronca con la cuestión de la edición, que es diferente a inventar, a enhebrar la historia. Por tanto mis credos para asumir la creación de una novela son para mí muy claros y son los que me han permitido publicar tres novelas y cientos de relatos.
Por ejemplo, en la actualidad estoy sumergido en varios proyectos de novela. No todos llegarán a puerto seguramente, de ahí que se trate de proyectos. Es fundamental que no me cueste nada ponerme a escribir cada día o casi cada día. Si me costara para mí sería una obligación y no un divertimento. En la actualidad, me dedico más a una novela cuya idea de la historia surgió sin buscarla y de esa idea mínima han surgido ya casi trece mil palabras. Pretendo que no sea una novela larga, pero casi nunca lo cumplo. Las dos anteriores nacieron con vocación de novelas cortas y una de ellas (La corrupción no era esto) alcanzó las 113 000 palabras y la otra, la última publicada (Mi lugar en estos mundos) llegó a las 85 000. Por ello, no quiero ser yo quien me limite a mí mismo. Prefiero que sea el ritmo de la historia quien ponga punto y final. 
   Para escribir una novela imagino mucho, pero también bebo de mi historia, de hechos que he vivido, de lugares en los que he estado (tengo memoria para eso), de cosas que me han ocurrido, de reflexiones que he madurado... Tampoco descarto introducir historias de otras personas que conozco, pero trastocando datos y hechos, por supuesto. Esa técnica, si es que se puede llamar técnica, me da muchos frutos. Por ejemplo, en la última novela el personaje principal viaja a un pueblo de la Sierra de Cazorla, Segura y Las Villas, y me inspiro en mi propia estancia en ese pueblo, lo que me resultó agradable de esa visita y considero que dá para argumentar lo introduzco sin duda, mezclando ficción con no ficción. Hemos de considerar que para escribir con la brújula en la mano no hay que descartar nada. Por supuesto que en las novelas siempre creamos personajes con elementos nuestros, pero también de muchas más personas, cualidades que hemos querido tener y cualidades que jamás hemos deseado poseer, todo se puede mezclar en la creación de personajes. Lo importantes es que el lector imagine al personaje cuando penetre en la novela sin necesidad de que exista una detallada descripción física del mismo, técnica que jamás uso porque no me gusta ni la veo necesaria. He hablado con lectores y le he preguntado con mucho interés cómo imagina, incluso físicamente, a tal y cual personaje y cuando me lo han descrito casi siempre ha respondido a lo que he querido transmitir. Eso es muy satisfactorio. Imaginar, incluso físicamente, a un personaje depende mucho del perfil que le des, de su psicología, de sus hechos, de su forma de pensar, de proceder, de sus amistades, de sus sentimientos, etc., etc...
   Hay otro elemento que siempre se incluye en mis novelas o, tal vez, varios elementos: me gusta partir de situaciones corrientes, de personas corrientes, para que poco a poco la historia se vaya convirtiendo en algo más allá de lo ordinario. Podría ser una profunda transformación de la forma de pensar del personaje, algo que le suceda que ni en sus más delirantes sueños pudiera imaginar, algún misterio en el cual verse inmerso o algo imaginado que jamás llegar a ocurrir. En todo caso, el personaje ha de ser otro al final de la historia. Ahí conecto con la tradición más clásica del guión de película de Hollywood, ese viaje del Héroe (con mayúsculas), que tan bien describió Christopher Vogler en su imprescindible ensayo El viaje del escritor. Y, por supuesto, siempre intento trabajar el lenguaje para que surja lo más literario posible. Eso no significa utilizar palabras que haya que buscar constantemente en el diccionario para intentar impresionar al lector, nada de eso. Yo suelo trabajar con palabras vivas, usadas habitualmente, pero procuro que siempre sean lo más literarias posible, para lo cual siempre busco un sentido último de la historia, es decir, que la historia se pueda leer desde varias lecturas: una, la historia en sí, que, de alguna manera, no permita al lector dejarla a medias (no siempre se consigue eso); la otra, la historia escondida que hay en esa historia, que no siempre ven todos los lectores, aunque en conversaciones con algunos de ellos sí logran vislumbrarla la mayoría de los lectores. Otro elemento para mí fundamental son los diálogos, que deben de estar muy trabajados. Soy de la opinión que los diálogos deben de ser coherentes con la trama y que cada personaje adopte el discurso que le corresponde de acuerdo con su rol. Sé que eso no es nada fácil de conseguir, pero lo intento porque para mí es fundamental. Finalmente, me gusta, siempre que puedo y la historia me lo permite, cambiar de registro, es decir, que cada novela sea distinta, pero es irremediable que siempre aparezca el sello propio del escritor, su propio estilo, el cual advertiran quienes sean lectores habituales de mis obras. 


21 agosto 2024

NUEVOS PROYECTOS LITERARIOS YA CONSOLIDADOS

 Me refiero a nuevos proyectos literarios ya consolidados, porque por su propia naturaleza un proyecto no es otra cosa que una intención que podrá culminarse o no. Y, aunque nada es certero hasta que no se culmina por completo, en estos, que ahora contaré, no habrá apenas otra disfunción que la que pueda acarrear el mero azar o las circunstancias ajenas a la voluntad de uno. 

Pues bien, paso a contarlos, que para eso han sido (aún lo están siendo) muchas las horas, los días y los años de trabajo. 

El primero, será la novela de título definitivo, si el editor no lo cuestiona, La corrupción no era esto, cuyo título anterior fue Donde los hombres íntegros. Esta novela lleva mucho tiempo en mi cabeza y en manuscrito, y tras años de trabajo, de tiras y aflojas, de cambios argumentales, de utilización de distintas voces narrativas, de correcciones y un largo etcétera, ya está acabada y cuenta con una propuesta editorial. Por tanto, si nada se tuerce, verá la luz en el último trimestre de 2025. Así de largos son los plazos editoriales. Lo tomas o lo dejas. Cuando el contrato esté firmado, que espero sea en breve, revelaré la editorial que se encargará de este libro.

El segundo, será una novela posterior, pero que deseo sea publicada pronto, incluso antes de que se agote este extraño año (ya todos los años son extraños). Y para que eso ocurra no tendré otra vía que responsabilizarme por completo de la edición. Ya he dicho en más de una ocasión que no me gusta trabajar con editoriales y sí erigirme en escritor indi que es como mejor me encuentro. Lo he hecho, claro que sí, es decir, publicar con editoriales, y por eso sé lo que dijo. Lo que ocurre es que, en ocasiones, la propuesta no es mala y hay que meter la cabeza entre las alas. Esta última novela tiene por título Mi lugar en estos mundos y es una continuación muy extensa de un relato que publiqué en Conversación en la taberna y 41 relatos titulado Un mensaje desconocido. La idea de que se publique antes que la anterior, siendo más joven, se debe a que entre una novela quiero dejar transcurrir un año aproximádamente, tiempo que considero mínimo para que se digiera y porque hoy día, con un mercado editorial atorado, no es conveniente cansar a los pocos lectores que tengan a bien leer mis historias. ¿Cómo la publicaré? Aún no lo sé, porque dado su particular argumento debo de cuidar muy bien cómo hacerlo para que no se convierta en un proyecto fallido, como creo que fue Equis quería correr, a pesar de que siempre le vi mucho potencial a esa primera novela. También lo vio alguna gente, pero poca, eso es cierto. 

Por tanto, me afano en atorar aún más el ya más que repleto panorama literario, porque cuando uno cree en sus cosas hay que dejarlos partir, como esa cometa que levanta vuelo y acaba por desaparecer ante tus narices. Porque como pasa con la cometa, cuando un libro coge vuelo ya no es tanto problema de uno. Uno lo ha disfrutado y lo ha sufrido escribiéndolo y lo que venga después ya no es tanto un problema del autor porque los lectores son los que siempre tienen la última palabra. Digo lectores, aunque uno es consciente que no lo serán tantos por las enormes dificultades que hay para hacerte notar en el mercado editorial, y aquí viene muy bien aquello que dijo Juan Marsé acerca de que siempre se escribe para una persona. Para mí tengo que se refería a sí mismo. Coincido. 

06 noviembre 2023

UN NUEVO PROYECTO ARRIESGADO

 



Tras acabar mis dos últimas novelas, Donde los hombres íntegros y Mi lugar en estos mundos, procesos ambos que me han llevado años, si entendemos que comienza la cuenta desde el momento en el que se escribe la primera palabra, me he quedado un poco huérfano. Acostumbrado a teclear todos los días (pocos he fallado, y casi siempre por asuntos ajenos a mi voluntad), a lo largo de los últimos meses, y a la espera de que el mecanismo de publicación busque su ritmo y opte por la opción más ventajosa, decía, me sentía huérfano. No obstante, siempre dispongo de proyectos en marcha. De hecho, hay uno muy avanzado de alrededor de 20.000 palabras ya escritas, que versa sobre la visión de alguien que comía carne y luego dejó de comerla. Sin embargo, he decidido dejar  este proyecto, que quiero enfocar como novela (aunque también tendrá algo de ensayo), un poco apartado, para sumergirme en uno de alto riesgo, sobre todo porque exige mucha documentación: se trata de una novela histórica, de la que tenía escritas alrededor de 4.000 palabras y que he decidido retomar. Apasionado como siempre he sido por el pueblo íbero y teniendo muy cerca de mi lugar de nacimiento dos poblados que lo fueron, he decidido que la historia de la novela viaje a antes de la invasión romana, a esos fantásticos y casi desconocidos pueblos que habitaban nuestro solar hispano y que vieron cómo dos potencias de alto nivel, Cártago y Roma, los anexionaron a su civilización en distintos momentos históricos, civilizaciones mucho más potentes militarmente. Como fondo estará la construcción de un puente y, lógicamente, varias historias que contar, buscando las fuentes de estos dos poblados íberos, que no son abundantes, dado que se trataba de un pueblo (en este caso turdetano y bastetano, depende de la opinión de diversos estudiosos), que no dejó apenas nada escrito, todo lo más, las fuentes epigráficas encontradas, casi siempre bajo las ruinas romanas, pero también en convivencia con éstas. De hecho, a día de hoy nadie ha logrado descifrar el idioma y las fuentes escritas del mismo que utilizaban. Es un reto y como tal lo asumiré, sin esperar otra cosa que trabajo y algo de inspiración, si es posible.

20 octubre 2023

SOBRE MI TERCERA NOVELA: MI LUGAR EN ESTOS MUNDOS

 



La que será mi tercera novela escrita -que no publicada: publicada está sólo una: Equis quería correr (Amazon, 2019, en papel y digital)-, de título ya definitivo Mi lugar en estos mundos, ya está muy cercana a conclusión, sin perjuicio de que suelo reescribir con bastante frecuencia mis trabajos con el fin de pulir todo lo posible. 
Se trata de una novela distinta a las otras dos anteriores, si bien siempre está presente la transformación operada por el héroe, en el concepto del personaje principal de una narración. Alguien corriente que comienza una historia de manera casual y no sabe cómo acabará, si bien transformará su existencia o la visión de su mundo. 
Mi lugar en estos mundos, curiosamente, surge de un relato incluido en mi primer libro Conversación en la taberna y 41 relatos (Editorial Luhu, 2015, Editorial Estratega, 2017, Amazon -formato eBook, 2018). Releyendo este relato, titulado un Mensaje desconocido consideré que su final era muy abierto (como muchos de los que escribo y publico) y daba juego para continuar la historia. En principio, consideré que podría alargarse hasta completar una novela corta (en torno a las 35 000-40 000 palabras), pero disfrutaba escribiendo la historia, que se iba multiplicando y de la que surgían personajes por doquier, y acabará con una extensión doblada a la prevista, es decir, unas 80 000 palabras. 
En la segunda reescritura, que es la que estoy culminando en estos días, sigo disfrutando con la historia, y eso es lo importante. 
Daré más detalles más adelante, pero decir que en esta historia se mezclan hechos normales y paranormales, los cuales tendrán como fin que nuestro héroe experimente un cambio profundo y que su visión del mundo (al menos del mundo tal y como lo percibía) cambie en el transcurso de unos pocos meses. Siempre intento en mis novelas y relatos que el lector disfrute de las primeras páginas y que la historia que lee le permita seguir haciéndolo hasta el final, si bien soy consciente que eso es muy difícil conseguirlo en todos los casos. 
Seguiré hablando en próximos post sobre esta obra.

08 octubre 2023

LA ESENCIA DE LA NOVELA Y ALGUNOS APUNTES SOBRE MI NOVELA DONDE LOS HOMBRES ÍNTEGROS.

 Existen muchos tipos de novela, pero en todas ha de existir un desarrollo argumental y varios personajes. Además, conviene que exista una introducción, un nudo y un desenlace, pero no todo tiene que ser en un orden preciso, porque las hay que a partir del desenlace se cuenta la historia anterior, es decir, la introducción y el nudo. 
Una novela puede ser de muy diverso tipo, desde aventuras hasta fantástica, pasando por la novela realista, psicológica, filosófica, romántica, contemporánea, histórica, policial y un largo etcétera, porque el género siempre se está reinventando. En mi primera novela, Equis quería correr, hay una mezcla de diversos géneros. Siendo contemporánea, penetra en el realismo, en lo psicológico, en lo existencial, en lo romántico, para acabar con un personaje principal (Equis) que comienza de una forma y acaba de otra muy distinta, porque eso es también muy propio de la novela. 
La siguiente, ya acabada, y en fase de pulido y probable publicación, Donde los hombres íntegros, no es fácil de clasificar, pero conecta con la novela de aventuras -en el sentido del trayecto vital del personaje, como ya ocurrió en la anterior, pero también con lo realista, con lo psicológico, con lo existencial y filosófico, con lo histórico, por la parte que le toca, y con lo contemporáneo, porque es la base de la novela: la época actual en la que vivimos. Pero, de todo, me gusta destacar que el personaje que narra en primera persona es alguien que se transforma a lo largo de la historia; una transformación no buscada a nivel consciente, pero sí probablemente a nivel subconsciente, porque en la novela es fundamental que exista una transformación, sobre todo del personaje principal. 
Los personajes que lo acompañan, podrán ayudar o no a esa transformación, que es algo que el lector deberá de averiguar poco a poco a lo largo de argumento, el cual virará en varias ocasiones o contará con subargumentos paralelos u opuestos, para llegar a un final inesperado para todos, incluso para el personaje principal. Es ese camino argumental el que hará que el lector se anime a seguir leyendo hasta el final, como ya ocurrió con mi novela anterior. 
Finalmente, hay una transformación del personaje, que es lo que se busca por lo general en la novela como género, pero esa transformación podrá ser eficaz o fallida, y eso se deja al propio criterio del lector, porque, en mi caso, siempre prefiero dejar los finales, si no abiertos, al menos, no absolutamente cerrados, como ya me solía ocurrir con los relatos.

 

02 octubre 2023

MIS DOS ÚLTIMAS OBRAS ACABADAS O CASI Y OTRAS REFLEXIONES NECESARIAS

   Se suele referir el escritor de manera habitual a la necesidad que tiene de escribir, que lo necesita como respirar. En realidad, como respirar no se necesita apenas nada, pero es comprensible que a quienes nos gusta escribir tengamos alguna necesidad, aunque fuera remota, de escribir cada día o casi cada día. Es algo que yo, en particular, he ido apreciando con los años; es decir, que me ha ido ocurriendo poco a poco. 
   En mi caso, el placer de escribir cada día si me es posible está por encima de otras muchas cosas de la existencia e, incluso (es algo que observo cada vez más), el hecho de escribir sin estar pensando permanentemente en circunstancias posteriores, como puede ser la publicación y todo ese mecanismo editorial tan estresante y arriesgado. En ese sentido, me siento bastante afortunado. Afortunado por tener esa tendencia a imaginar y escribir historias y penetrar con facilidad en ellas desde la pantalla del ordenador. Sí, eso es un privilegio, que a mi me ofrece muy buenas sensaciones, casi idénticas a las que me ofrece correr, mi otra gran pasión. 
   Y por eso escribo cada (o casi) cada día. Ese suele ser mi rato de soledad que comparto con trotar por los caminos, que también es un rato de soledad placentero. 
    Así que ese cada día da mucho juego para crear historias. Y es de esa manera, que no es nada milagrosa, sino persistente, como he podido acabar mi novela Donde los hombres íntegros, bastante larga, la cual comencé a escribir hace ya muchos años y que luego abandoné centrándome en otros proyectos. Y, también, gracias a esa dedicación ya está prácticamente terminada la primera reescritura de una novela comenzada mucho más tarde: Mi lugar en estos mundos, que es la continuación larguísima de un relato integrado en mi libro Conversación en la taberna y 41 relatos. Y, por qué no decirlo, ya hay esbozos más o menos importantes de tres novelas más y algún que otro proyecto literario de no ficción, lo que da juego para ocupar el tiempo en los próximos tres o cuatro años, siempre que el ritmo de escritura no decaiga y lo permitan los dioses. 
    Pero como decía más arriba, eso no tiene mucho que ver con publicar. Se ve mucho mejor cuando observamos la labor de un pintor. Coge su caballete y se va a la mitad del campo, alejado de la ciudad, y allí se pasa horas, días, semanas, meses, años... Posteriormente, podrá exponer o no esas pinturas, pero no es lo que piensa cuando deja volar su imaginación y sus ojos para posarlos enseguida en su lienzo. Bueno, pues así es como concibo escribir. Y muchos diréis con razón que si la opción no es, necesariamente, publicar, si no se va a compartir con otras personas las historias que inventas, para qué escribir. Bueno, yo lo veo como procesos independientes. Me parece mucho más puro escribir por el placer de escribir, que escribir con el fin exclusivo de publicar. Se aprecia mucho en los textos que lees quién lo hace por un motivo y por otro. Hoy  día, lamentablemente, la opción principal es la segunda. Hay demasiadas prisas por publicar y así sale lo que sale. Publicar un libro es hoy día lo más fácil del mundo si puedes pagarlo. Hay miles de empresas que se dedican a esto sin que les interese lo más mínimo el contenido del libro. Por tanto, cualquiera que garabatee algunas palabras puede publicar un libro. Pero otra cosa distinta, es publicar algo publicable, con independencia de que se publique en editorial tradicional o se autoedite. Al contrario de lo que se cree hay libros publicados con editorial tradicional con mucho menos calidad literaria y de edición que otros publicados mediante autoedición. Cuando ésta es de calidad iguala o supera a una buena edición tradicional, si bien hay que reconocer que todavía existe la idea que autoedita quien no consigue publicar con editorial tradicional. Eso es cierto en parte, pero no hay que olvidar que hay gente que ha regresado a la autoedición desde la edición tradicional y otra que prefiere asumir por su cuenta el proceso de edición de su obra por completo, además de no perder el control sobre ella. Me encuadro bastante en ese grupo, a lo que hay unir que me produce una pereza enorme publicar con una editorial tradicional, donde los problemas siempre crecen. Lo sé porque lo he vivido en una editorial tradicional pequeña y me costaría volver a pasar por ahí. 
    Pero no pretendo irme por las ramas y retomo el asunto de las dos novelas que ya están o casi preparadas para publicar, aunque no sea mi opción prioritaria en este momento. Es normal que cuando comienzas a publicar cometas errores por la precipitación y la emoción de ver tu libro publicado, pero cuando ya llevas varias obras publicadas la opción es esperar todo lo que sea necesario para publicar con garantías y la máxima calidad posible; de lo contrario, nada mejor que dejar la obra en un cajón y esperar que llegue su oportunidad. Como solía referirse Alfred Hitchcock aplicado a las películas: ha nacido muerta. Exacto, hay que intentar evitar que un libro ya nazca muerto. Ya tendrá tiempo de morir por su cuenta con el paso del tiempo (aunque hay libros que siempre están vivos, nunca mueren).
   Por tanto, para no hacer demasiada larga esta entrada, posteriores hablaré de manera más extendida de cada una de estas dos obras que he citado más arriba: Donde los hombres íntegros y Mi lugar en estos mundos. 
   
    


07 septiembre 2023

NOVELA: DONDE LOS HOMBRES ÍNTEGROS

  Acabo de terminar mi segunda novela, a la que he titulado (título que ya será definitivo, a no ser que un hipotético editor me dé sobradas razones para cambiarlo) Donde los hombres íntegros. Hablaré un poco de esta obra, sin destriparla, por supuesto. 
  Comencé a escribir Donde los hombres íntegros, hace ya mucho tiempo. Comenzaba su recorrido a buen ritmo y se detenía de pronto; y de por medio surgían otros proyectos, algunos de ellos también comenzados y otros totalmente novedosos. A Donde los hombres íntegros se le adelantaron muchos proyectos, incluido el de la novela anterior Equis quería correr, ya publicada. Soy de los que piensan que cada proyecto tiene su tempo y no hay que forzarlo. Así que no lo forcé, dejé que la novela quisiera llamar a la puerta para retomarla. Y eso lo hice no hará muchos meses, si bien ha sido el último agosto cuando he sudado la gota gorda (no solamente dicho en sentido figurado), para acabar de poner el punto y final a la reescritura, tal vez, el último día de este tórrido mes. 
    Realmente una novela nunca deja de escribirse. Siempre que acudas a ella -incluso cuando ya esté leída por los lectores 0 y corregida profesionalmente- habrá algo que quieras cambiar, alguna historia que quieras trastocar, algún personaje que quieras desarrollar algo más... Sin embargo, hay un momento para todo, e igual que el sol ha de dejar paso a la luna y la luna al sol, llegar el momento en el que debes de poner el punto final definitivo y olvidarte del libro escrito. 
    Esta novela surge en una época en la que la corrupción en España ocupaba cada día todas las portadas, si es que no sigue siendo así. Harto de leer tantos casos de corrupción, pensé en la posibilidad de escribir sobre gente que se corrompe por unas causas nobles o bien por motivos alejados de lo meramente material, que siempre me parecido terriblemente vulgar y nada original. A ello uní mi interés por la Revolución francesa. Había leído bastante sobre este periodo que, en mi opinión, cambió la forma de entender el Estado, la Política, la Justicia, la Moral y la Ética. Sabía que los revolucionarios querían ser reconocidos por su incorruptibilidad, competían por ello, pero no siempre fue así. Por tanto, unir casos de corrupción excepcionales con algo que tuviera que ver con la Revolución francesa me pareció una idea buena, así como la de crear una sociedad secreta que surgiera en los albores de esta Revolución, cuyo principal fin fuera estudiar los casos de corrupción para intentar erradicarlos. Y esa idea quería vincularla al mundo del derecho, por lo que decidí que sus principales protagonistas pertenecieran a este mundo; de hecho, Isaac Croser, el principal protagonista es un abogado aún joven que ejerce en la ciudad de Granada, porque quería, también, ubicar el hilo argumental en la ciudad donde resido, porque es una ciudad muy literaria, y que aparecieran en las novela lugares reales que conozco, tanto de la capital como de la provincia. Posteriormente, la novela fue creciendo (hasta llegar a las 108.000 palabras) y fueron apareciendo muchos más personajes principales y secundarios y muchos más lugares geográficos. 
    Por tanto, una vez escrita, debe reposar. En estos momentos está en poder de dos lectores 0 y cuando escrute el mercado editorial, complicadísimo, cada vez más, le buscaré un lugar para que vea la luz. 

27 diciembre 2022

18 junio 2021

ACERCA DEL PRIMER BORRADOR DE UNA NUEVA NOVELA DE TÍTULO PROVISIONAL: UN MENSAJE DESCONOCIDO

Ayer, día 17 de junio, escribí la mágica palabra «FIN» a una de las novelas en las que estoy trabajando, de título aún provisional Un mensaje desconocido.

Esta novela comenzó a fraguarse hace algunos años y pretendía ser una novela corta continuadora del relato de mismo título publicado en mi libro Conversación en la taberna y 41 relatos. Fue creciendo, extralimitando los muros de lo que podría considerarse una novela corta, para convertirse en una de tamaño medio: cuenta en su primera redacción con cerca de 72.000 palabras, que para un libro de tamaño estándar supondría unas 350 páginas. 

Se trata de una novela que aborda elementos sobrenaturales y misteriosos, impregnados de la cotidianidad normal de que me gusta impregnar mis relatos y novelas.

Como es preceptivo, ahora reposará algún tiempo antes de comenzar el trabajo, desde mi punto de vista más importante: la reescritura. 

Me considero un autor que suele ser bastante fiel a la redacción original de un texto literario, pero es inevitable que sufra modificaciones, muchas de las cuales serán importantes. En una primera escritura no es conveniente detenerse demasiado en estructura y posibles incoherencias, así como en un desarrollo no completo de los personajes, entre otras muchas cosas. Todas estos elementos quedan para esa reescritura, que sufrirá una segunda antes de ser enviada a un grupo selecto de escritores cero y, posteriormente, a revisión profesional. Si, finalmente, acaba en una editorial es inevitable que pase por el matiz y filtro de ésta; de lo contrario, si se publica en Amazon de manera independiente, que es como estoy publicando mis últimos libros, ese filtro se detendrá, además de lo que se admita como válido de las sugerencias de los escritores cero, en la revisión profesional a la que será sometida. Un proceso arduo que suelo asumir con bastante tranquilidad. Son pasos muy estrictos y delicados que hay que dar para que el producto literario cuente con la calidad suficiente en el mercado literario. 

Por lo pronto, queda el disfrute de haberla escrito y del que vendrá, junto a grandes rasgos de sufrimiento, en la reescritura. 


17 junio 2021

RELATO: LAS CUATRO ESQUINAS (INCLUIDO EN EL LIBRO PÉRDIDA Y OLVIDO)

Siempre suelo decir que mi creación literaria no bebe de la memoria, y esto es cierto por lo general, aunque no siempre. Por ejemplo este relato sí bebe de aquélla o, al menos, de lo que mi memoria actual conserva. Este relato se titula: 

LAS CUATRO ESQUINAS*


Aunque la taberna Las Cuatro Esquinas no abría hasta las cinco y media de la madrugada, era habitual que Andrés ya tuviera amarrada su vieja mula en la fuerte argolla de hierro incrustada en la fachada encalada, a las cinco. Encendía el tercer celtas cortos y ordenaba mientras abría el zurrón, en el que portaba los aperos de labranza y el almuerzo, que no era más que un trozo de tortilla de patatas que había sobrado de la cena, que su mujer le guardaba, añadiendo si acaso unos trozos de queso en aceite y pan. Sabía que era dado a la comida frugal porque, Andrés, siempre había preferido beber. Es por eso por lo que estaba ansioso y comenzaba a mirar el reloj, cada vez con más insistencia, porque era raro que Manuel abriera la taberna después de las cinco y media. Manuel ya sabía quién le estaba esperando, tras repetirse esa escena casi todos los días, hasta el punto de preocuparse si algún día llegaba a la calle solitaria para abrir su establecimiento, pero no estaba Andrés esperándolo. Por suerte, llegaba a los pocos minutos, mientras él encendía las luces, conectaba la cafetera y abría la otra puerta que daba a la calle más ancha. En varias ocasiones, Andrés no apareció, pero era su mujer, Rosario, la que, sin entrar, asomaba la cabeza a la puerta de la taberna, aún casi vacía, y anunciaba a Manuel que su esposo había pillado la gripe, pero aun en esos días febriles, Andrés sacaba fuerzas de aquel cuerpo pequeño y brioso y acudía a la taberna, a eso de las ocho de la mañana, una hora intempestiva para él. No obstante, eso ocurría muy poco; acaso, un par de veces cada dos o tres años, porque lo habitual era que ya estuviera tomándose su primera copa de anís fuerte a las cinco y media de la mañana, que él mismo se servía, casi siempre, mientras Manuel llevaba a cabo todos esos preparativos para poner el negocio en marcha.

Solía decir a todos los clientes (en realidad, todos amigos), sin dejar la copa en la barra ni un segundo, que esa mañana tenía que regar alguna de sus hazas en la vega, quitar las malas yerbas, escaldar la tierra o abonar, en función de la época del año; y si era verano, mas valía que lo hiciera antes de las once de la mañana, porque después sería imposible, cuando el sol estuviera por encima de su cabeza, abrasándole con los casi cuarenta grados que acostumbraban a marcar los termómetros en aquella parte del sur de la Península. Pero, daban las siete de la mañana, y Andrés aún seguía asido a su enésima copa de anís, viendo cómo entraban y se marchaban raudos todos los campesinos y la- bradores, clientes habituales de Manuel, que tomaban el café de un sorbo y se llevaban dos o tres medidas de aguardiente o coñac, en botellas de cerveza de un quinto de litro. En ocasiones, les pedía a sus vecinos de predio que le fueran abriendo la compuerta de la acequia, para que se fuera regando su haza, que él llegaría en unos minutos. Pero casi nunca llegaba. Y como ya lo conocían, era habitual que sus propios vecinos de finca regaran por él. Sabían que, cuando volvieran al bar de Manuel a tomar unas cervezas o unos vinos, una vez concluidas sus tareas agrícolas, él aún estaría allí; no ya con una copa de anís en la mano, sino con un vaso de vino para el que rechazaba la tapa, y agradecido por la labor de sus vecinos en su haza, los agasajaba hasta cansarlos, no dejándoles pagar ninguna de sus consumiciones ni dejándolos marchar. Incluso, era habitual que alguno más piadoso, acarreara con la mula y la llevara al establo de Andrés, para que el pobre animal no tuviera que sufrir la penuria de las muchas horas atada, dócil y silenciosa, a la argolla de la fachada de la taberna, sobre todo, en los meses del estío. Pero eso se solucionó fácilmente, cuando Andrés cambió la anciana mula, que pasó sus últimos días en un picadero, por una mobylette, ciclomotores eficaces y útiles, que estaban comenzando a llegar al pueblo y que era como una bicicleta con motor. Entonces, ya no había razón para que no pudiera estar en la taberna de Manuel todo el tiempo que quisiera, refiriéndose sin parar, con una copa de anís o un vaso de vino perenne en la mano, a las muchas tareas que tenía que hacer en el campo esa mañana y para las cuales madrugaba cada día.


* Las cuatro esquinas está incluido en el libro de relatos cortos Pérdida y olvido, disponible en Amazon. Puedes acceder desde aquí a la página del libro. Disponible en eBook y papel.


15 septiembre 2020

UN PROYECTO DE NOVELA QUE AVANZA

 Con 60 000 palabras iniciales doy por concluida la primera redacción de mi novela de título provisional Un mensaje desconocido, que es la continuación (una continuación atípica) del relato de igual título publicado en mi libro de relatos. 

No suelo terminar el borrador sin un final definitivo, pero en este caso era necesario porque a lo largo y ancho de esas 60 000 palabras iniciales la novela da giros diversos que podrían no conectar demasiado bien con un final incoherente con ellos. Por tanto, he decidido emprender ya la ardua labor de la reescritura (segunda escritura) del borrador con el fin de evitar entrar en más giros y vericuetos que pudieran desnaturalizar la idea argumental iniciar. 

Este segundo proceso será mucho más lento porque, en teoría, debería de marcar los tempos verdaderos del argumento de la novela, así como los giros definitivos, desarrollo de los personajes, afinación de los diálogos y todo lo conlleva crear un cuerpo narrativo lo más sólido posible. 

Posteriormente será entregada a unos pocos lectores cero que me darán sus sugerencias y opiniones; y de ahí pasará al corrector profesional, sin aun pensar en cómo publicarla. Eso será decidido posteriormente. Será una decisión que no tomaré hasta que totalmente concluida y ese día aún está por llegar. Y no llegará pronto. Me temo. 

Seamos sinceros: hoy el mercado está saturado de novelas y la posibilidad de que una novela sea visible no es fácil, con independencia de que se autopublique o sea haga con una editorial grande (mucho más difícil si es autopublicada). Sobre todo si no se trata de una novela de crímenes, romanticismo/sexo o histórica, que son los gustos lectores hoy día.

Y de nada de eso trata.

Luego, ¿de qué trata? Mis novelas siempre se refieren a individuos anónimos y cuentan su proceso vital, sus grandes dudas y decisiones. Pero nunca la expongo de manera directa, sino que las, digamos, maquillo a través de otras historias paralelas o argumentos enmarcados en esas historias. En Equis quería correr, la historia que enmarca es la actividad y el anhelo de correr y en ésta en la que ahora trabajo hay cuestiones un tanto misteriosas, distópicas y misteriosas, pero siempre la razón vital del ser es el trasfondo.

Es lo que intento, pero siempre será la soberanía inalienable del lector la que tenga la última palabra.



06 septiembre 2020

ACTUALMENTE TRABAJO EN TRES NOVELAS Y OTROS PROSAICOS ASUNTOS

Actualmente trabajo de  manera desigual en tres novelas, algo que es una enorme contradicción porque, por su propia naturaleza, no es posible trabajar en tres novelas al mismo tiempo cuando hacerlo en una sola ya es sumamente arriesgado y complicado. Por tanto, enmendemos la aseveración: tengo comenzadas tres novelas, dos de ellas muy avanzadas. Me pregunto por qué vuelvo a la novela tras la dureza que supuso para mí escribir Equis quería correr y los pocos resultados que ha cosechado. Seguramente será por algo relacionado con el masoquismo.
Además, antes de que acabe el año tengo la intención de subir a Amazon una nueva recopilación de relatos cortos inéditos, si bien es cierto que algunos ya han sido publicado en libros de antologías y concursos, algunos de ellos de cierta importancia. Incluso me estoy planteando una publicación independiente de relatos navideños (algunos de ellos inéditos) para esta próxima Navidad, que intentaré ponga gratis Amazon, si bien eso no depende de mí. Es lo mágico que tiene para un autor independiente como yo publicar en Amazon: de vez en cuando alguien a miles de kilómetros valora tu obra y a la vuelta de la esquina no la valora nadie. Es más, no sabe que escribes y si lo saben guardan silencio. De ahí que esta plataforma nos encante a autores que como yo han decidido no publicar, por ahora, con editoriales, aunque es cierto que tampoco es que llamen a mi puerta las importantes, aunque sí he tenido la opción de publicar en otras más pequeñas y es posible que de relativa importancia, no esto seguro. El caso es que me da mucha pereza el asunto de los editoriales porque suponiendo que quieran publicarte, hacerlo efectivo pasa por una serie de filtros, condiciones, tijeretazos a la obra y otras cosas que no van con mi carácter independiente y es posible que hasta indómito. Muchos dirán que es una excusa la mar de ocurrente para justificar la no publicación de mi obra en editoriales de gran calado. Sí, es posible, pero para eso siempre es fundamental enviar la obra para que la valoren. Y nunca lo hago.
Así que todo lo que publique, por ahora, será en Amazon o no será. Y publicando en la enorme plataforma, que es el futuro, si no el presente, pueden pasar dos cosas: una: la más probable, que nadie encuentre tu libros dentro de la selva o bien que los encuentren y no les interese; dos: que por las causas que sean se descargue mucho, aunque eso exige otras cosas que también me dan pereza. Así que lo único que hago es subir los libros a la plataforma y que Dios provea. Es un dicho cristiano en el que no creo, pero viene bien decirlo en este caso. Que es lo he hecho y hago con todos mis libros más grandes y más pequeños subidos a Amazon, un total de diez ya.
Por tanto, volviendo al asunto de las tres novelas, esbozaré muy brevemente para no aburrir la situación de cada una. Todas tienen títulos provisionales, pero de alguna forma hay que llamarles hasta que se publiquen con el definitivo: 

1. Donde los hombres íntegros. 

Es la más antigua de las tres y consta ahora de unas 80 000 palabras, porque también es la más larga. No sé muy bien por qué no la he acabado aún, a pesar de que ya dispongo de un final (más o menos). Seguramente porque la quiero hacer demasiado perfecta. Y eso es siempre un error paralizante.

2. Un mensaje desconocido.

Es la continuación de un relato de igual título incluido en Conversación en la taberna y 41 relatos. Contando con lo escrito ayer mismo, el número de palabras, hasta ahora, se eleva a 55 000. Me divierto mucho escribiéndola y no sé hasta dónde llegará, si es que llega a algún sitio.

3. Cuando fui carnívoro. 

La comencé en la pereza de agosto y no estoy seguro si llamarle novela o novela-ensayo. La técnica que he decidido es la narración en primera persona. y alterna lo que recuerdo de la infancia y juventud en cuanto a la relación con la comida procedente de animales y la relación con estos en general con lo que pienso en la actualidad. Adquiere un contenido crítico en contra de la comida y el maltrato de animales, como buen vegetariano que soy, por lo que el hipotético lector que tendrá, si algún día se publica, será sectorial, aunque yo siempre aconsejaré que la lea todo el mundo. Actualmente es la menos avanzada, contando con algo más de ocho mil palabras.
Y es que escribir y poder hacerlo en libertad sin ataduras de editoriales ni presiones para poder comer de ello es lo que realmente me ofrece estímulo para poder hacerlo. Es posible que no pudiera hacerlo de otra forma.
Y porque me divierte hacerlo a la vez que me transporta a otra realidad que casi siempre me gusta más que la actual.


04 agosto 2020

LOS BLOGS NUNCA MUEREN

He comprobado (o me he ratificado) que los blogs aún no han muerto y tienen su importancia. Es posible que aún más importancia. 
Resulta que –como muchos amigos conocéis– yo vengo del mundo del blog y que, tras la irrupción de las redes sociales, como nos pasó a muchos, lo abandoné (aunque nunca del todo). Así que hace un mes decidí retomarlo, haciendo lo contrario a lo que había hecho: dar un paso atrás en las redes sociales. Y el resultado no ha podido ser más interesante. Cuando decidí retomarlo, justo el treinta de junio, las estadísticas de visitas eran algo más de 2500 al mes, resultado de las búsquedas aleatorias en Google casi siempre de temas que el blog incluye (cine, música, reflexión, etc.). 

8574 (número), la enciclopedia de los números
Tras un mes de actividad y 17 entradas julio ha arrastrado una estadística de más de 8574 visitas, más del tiple de los datos que arrojaba hasta entonces, un dato exponencial que demuestra que cuando un blog se actualiza las visitas se disparan. Nunca fue mi fin competir en este aspecto y escribir para que las visitas se disparen (de lo contrario escribiría sobre Belén Esteban y los hermanos Matamoros) sino de intentar introducir contenidos originales e imprimirles la máxima calidad de la que sea capaz. Cuando me siento a escribir una entrada en el blog, me muestro igual de concienzudo que cuando me pongo a escribir un libro. Eso no puede ser artificioso en absoluto. O escribes en serio o no escribes, no hay otra opción. Al menos, en mi caso. Porque intento ser concienzudo, incluso, hasta para escribir un guasap. 
No obstante, dejé abierto el canal de mi página de autor en Facebook para compartir los contenidos del blog, que suelen ser del orden de dos a cuatro semanales, porque a diferencia de las redes sociales los contenidos en los blogs permanecen y suelen ser más largos y trabajados, por lo que no conviene ser demasiado prolijo en entradas, si bien es cierto que hay veces que escribo una cada día, todo depende de la temática, la extensión, la inspiración, el tiempo disponible y las ganas.
Tampoco ha sido mi fin último que los comentarios en el blog sean infinitos. Es cierto, que en esta etapa son muchos menos (aunque los que hay son extraordinarios) que en la época dorada de los blogs en la que los comentarios mismos, en ocasiones, oscurecían la entrada, creándose verdaderos debates de alto nivel, pero espero que poco a poco vayan llegando más. Es decir, ir consiguiendo atraer a amigos de las redes sociales hacia el blog porque creo, sinceramente, que a quienes nos gusta escribir y leer con mayor profundidad, el blog nos brinda verdaderas experiencias de conocimiento y comunicación. 
Por lo tanto, satisfecho por la decisión tomada ese treinta de junio pasado. 
Y muchas gracias por vuestro seguimiento.

01 agosto 2020

MÚSICA: Judas Priest (UK, 1969-Actualidad) - Nostradamus (2008)

Mientras reviso los últimos días de junio de mi diario sobre todo el periodo que ha durado el Estado de Alarma y sus sucesivas prórrogas escucho el álbum conceptual Nostradamus, de Judas Priest. 
Judas Priest es una banda británica que cultiva el heavy metal con más de cincuenta años en el escenario. Es decir, que se trata de una banda mítica del género, que en 2008 irrumpieron con este maravilloso trabajo conceptual grabado en dos cedés dedicado al visionario francés que vivió en el siglo XVI. 
     Se trata de una música que me ha servido tanto para correr como para escribir. Posee ese toque melódico que no te dispersa en la actividad que estás llevando a cabo, a pesar de las incursiones metaleras que siempre ha de tener toda banda que cultive el género y se precie y que yo celebro. Es posible que me sugestione bien para estas actividades solitarias tanto por el equilibrio de sus duras guitarras como la vitalista voz del veterano solista de la banda Rob Haldford, que cuenta con sesenta y ocho años y es fundador de la banda, a pesar de que estuvo algún tiempo alejado de ella. 
Escribir con música siempre ha sido una decisión para mí muy equilibrada y en función de lo que esté escribiendo así será el sonido elegido. Si escribo una novela, que necesite de la vitalidad necesaria para intentar que el ritmo no decaiga, siempre opto por música de fuertes decibelios, y si necesito algo más de introspección, siempre estará la música clásica o étnica suave. Pero la música aparenta muy distinta en función de en qué tipo de aparatos de reproducción la escuches. Una excelsa melodía de música clásica puede sonar como una lata rodando cuesta abajo por mor de un fuerte viento si se escucha en un aparato de reproducción barato o con unos auriculares de esos que te dan el AVE. En cambio, un sonido mediocre puede sonar a las mil maravillas si utilizas aparatos de alta precisión. Yo procuro escuchar todo lo que escucho con unos buenos auriculares concebidos para la música HI-FI, pero no siempre escribo con música reproducida en mi cadena HI-FI sino la que está en el disco duro del ordenador, cuya calidad de la tarjeta de sonido no se puede igualar al de reproductores especializados. Por suerte, el mercado cuenta con soluciones magistrales: los DAC, que son pequeños aparatos portentosos (y caros, si queremos que sea de calidad), que convierten la música digital extraída del ordenador en analógica, sonando como si estuvieras escuchando esa música en un aparato especializado concebido para la música de alta fidelidad. Es una suerte que así sea porque, en mi caso, que necesito escuchar música para escribir, la solución perfecta es escuchar la que sale del ordenador, que no solo será la que esté enlatada en el disco duro sino la proveniente de las plataformas de música en streaming, que cada vez son más y más avanzadas. 
Por supuesto, dedico otros ratos a escuchar esa música u otra en mi aparato de alta fidelidad, para lo que uso un par de auriculares también de alto nivel. En esos ratos me detengo más en las notas y en los sonidos que cuando escribo (porque ya no corro con música), que suelo estar más concentrado en el texto. 
A continuación os inserto algo del Nostradamus de Judas Priest en directo, por si no conocéis el trabajo y os pudiera interesar. 




26 julio 2020

"RECUPERAR" EL BLOG: GRAN DECISIÓN

Blog La Palabra Texto - Imagen gratis en Pixabay"Recuperar" el blog ha sido una de las mejores decisiones posconfinamiento (considerando quizá este como una nueva era). Alejarme de las redes sociales, a excepción de lo imprescindible y orgánico, ha sido otra; o tal vez, el requisito previo. Las redes sociales son una cosa y los blogs son otra, y yo siempre he optado por esto último. Es ahí donde comenzó todo, donde se fue desarrollando toda mi obra literaria y a eso jamás se le puede ser desleal. Las redes sociales no me han perjudicado, he de decir, porque siempre he sido cuidadoso en cuanto a qué amigos elegir y en qué "jardines" meterme. He conseguido llegar a gente que sin estas no hubiera conocido y mi obra ha llegado a territorios que sin estas hubieran sido inexplorados. Pero las redes sociales son más bien de usar y tirar, concebidas para otras cosas que a mí, particularmente, me interesan menos. Cumplieron su función y ahí están; y perdurarán los buenos amigos atesorados. A quienes conocía físicamente, siempre estarán ahí porque no han necesitado de nada virtual para que lo sigan siendo; a quienes no, se convirtieron en una versión muy similar a los primeros y también estarán siempre ahí. Espero.
Pero decidí volver a centrarme en el blog de toda la vida, que nunca llegó a morir, y estoy muy satisfecho por ello.
Principalmente porque lo que escribí hace cuatro, cinco, diez o trece años o más aún perdura, y aún perduran los comentarios sensatos y trabajados de toda aquella gente que me siguió durante tantos años. Con algunos sigo en contacto, con otros no, pero seguirán ahí...
La gran importancia que tienen los blogs, tal y como hoy día están concebidos –que es como siempre lo han estado, eso no ha variado–, es que aún hay gente que lee lo que escribiste hace tantos años desde cualquier lugar del mundo. El buscador de Google y otros buscadores son así de generosos. Por tanto, aprovecho yo también para leer esas lecturas que aún se hacen de entradas de años atrás. Y con las lecturas de estas entradas vuelvo a vivir lo que creía ya olvidado. Aquello que yo escribía sobre tantos asuntos fueron plasmando mi ideario. Algunas de las cosas no las comparto ya, o no las comparto de la misma forma, pero en otras me ratifico y hasta añado. Leo comentarios de gente que siempre estuvo ahí y vuelvo a agradecer la enorme dedicación que muchos mostraron hasta el punto de que en opinión de muchos la bitácora se convirtió en una herramienta vital de comunicación y exposición de ideas y puntos de vista, ya se tratara sobre correr (que fue el origen), política, música, cine, literatura o reflexión pura y dura. Es mágico que todo eso aún esté ahí, un privilegio que las redes sociales, efímeras y pasajeras, no poseen. Y por eso, entre otras razones, decidí abandonarlas. 
También es un privilegio poder exponer en el blog mi obra ya publicada o por publicar.
Como muchos autores, consideré que las redes sociales eran la única correa de transmisión entre mis obras y los lectores, pero resulta que no es así. Miro las estadísticas y datos de mis libros en Amazon cada tiempo y observo que lo poco o mucho que se puedan descargar mis libros, nada tiene que ver con una continua presencia de estos, y de yo mismo, en las redes sociales. Los libros siguen teniendo sus descargas (modestas en mis casos) y opiniones tanto en España como en otros países –sobre todo México, gran aliado de España en cuanto a permeabilidad literaria–, al margen de la promoción en redes, con la cual jamás me sentí cómodo. El resultado final es que ya no promociono nada, tan solo hablo de contenidos de mis libros en mi blog. Es suficiente para estar ahí, aunque sea mínimamente, comprobando que cada día va a más en cuanto a número de visitas. Es un nuevo trabajo de reconstrucción que asumo gustoso.
Sí, amigos, una gran decisión la que tomé a los pocos días de la terminación del Estado de Alarma; una decisión que necesitó su tiempo y su momento –que no son la misma cosa–. Pero el momento llegó cuando tuvo que llegar.  Y, por cierto, refiriéndome al Estado de Alarma en España, de más de tres meses, el diario que he escrito cada día, desde el quince de marzo hasta el treinta de junio de 2020, será mi próxima publicación en Amazon, la cual estará colgada dentro de unos quince días, a disposición de cualquier lector interesado de cualquier parte del mundo.

15 julio 2020

UNA PUBLICACIÓN PENDIENTE SOBRE UNA ÉPOCA EXCEPCIONAL

Estoy trabajando en el diario que he escrito cada día que ha durado el Estado de Alarma y sus sucesivas prórrogas. No lo hago con una ilusión torrencial como sí ha ocurrido con otras publicaciones. Me mueve más el testimonio (es posible que para mí mismo, aún no lo sé) que la publicación de esas cincuenta mil palabras de las que consta.
Lo reviso con lentitud casi desesperante, intentando no cambiar nada que modifique la impresión de cada día. Tan solo reviso incoherencias gramaticales y alguna falla ortográfica. Incluso ya he diseñado la portada y el título es completamente nuevo, mucho más impactante que el provisional.
Pero me cuesta acabarlo y sé que aún me costará algo más a medida que me vaya alejando en el tiempo. Por eso quisiera que esté preparado pronto.
Lo que leo aún me es muy familiar, sobre todo lo último. Sin embargo, me parece extraño lo que escribí los primeros días de confinamiento, como si lo hubiera escrito alguien ajeno a mí, como si esos días transcurridos no hace tanto tiempo pertenezcan a otra época lejana o los hubiera escrito alguien que nadie ha conocido.
Y por eso tiene importancia para mí esta publicación.
La situación de los libros, ya sean físicos o digitales, cada vez es más patética y no puedo evitar pensar que llegará el día en el que comprar un libro y leerlo se convierta en algo casi utópico, algo similar a lo que ahora ocurre cuando alguien compra un cedé o un vinilo. Todo el mundo lo mirará como a un extraño preguntándose por qué hace tal cosa pudiendo piratear la música o, en el peor de los casos, escucharla en streaming.
E igual que ocurre con la música, lo que se leerá será mayoritariamente de un género o un par de géneros muy concretos. El resto de lo escrito, como ocurre con el resto de la música que pasa bastante desapercibida, desaparecerá por falta de lectores, como ya está desapareciendo cierta música por falta de oyentes.
Y eso es, quizá, lo que me desanima para seguir corrigiendo este diario porque sé que agonizará en su particular travesía por el desierto, a la espera de que alguien lo encuentre de improviso y lo lea y lo guarde como un testimonio directo de una época muy concreta.


¿CÓMO SURGIÓ MI NOVELA LA CORRUPCIÓN NO ERA ESTO?

El proceso creativo de las novelas es muy distinto al de los relatos cortos. Estos surgen casi como un torrente. La idea argumental va práct...