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14 febrero 2009

PREPARADO PARA LOS 42 KILÓMETROS.



Con la macrotirada del pasado domingo, dí por finalizada mi preparación para afrontar mi segunda maratón, que espero acabar.
Pero nadie debe pensar que la intensa dedicación a correr ocupa un lugar obsesivo en mi mente. Nunca lo fue y ahora lo es menos.
Tras decenas de carreras y miles de kilómetros de entrenamiento, para mi el correr es algo más de mi existencia. No podría situar esta actividad por encima de la lectura o el cine, ni tampoco por debajo. Tan sólo ocupa su lugar.
Dije hace bastante tiempo que correr es una forma de vida, pero cada vez valoro más el correr por el correr, al margen de la competición. No niego que me gusta la competición, pero no soy especialmente competitivo, porque me motiva el correr y no la marca. Eso cada vez lo tengo más claro.
Verdaderamente he intentado buscarle un hueco más especial a la maratón, pero he encontrado que esos huecos especiales siguen estando habitados por la lectura, el escribir, el cine y la música, principalmente. Simplemente es un objetivo, que afronto con ilusión.

MARATÓN DE SEVILLA

Cuando terminé el maratón de Madrid de 2007, hojeé un folleto del maratón de Sevilla, y supe que sería mi segunda maratón. Probablemente no haga ninguna otra, pero reconozco que el periodo de entrenamiento te catapulta a un lugar muy distinto al que te ofrece la vida cotidiana. Aunque sea por ese motivo, podría merecer la pena plantearse seguir corriendo esta prueba.
A Sevilla voy sin pretensiones. Mi motivación es terminar. Como referencia he situado el crono en 3 horas 25 minutos, pero eso es tan sólo una referencia. Si son más los minutos que deba emplear me sentiré igualmente satisfecho.
Cuando acabe esos 42 kilómetros y 195 metros, seguiré corriendo, mojándome bajo la lluvia o fundiéndome bajo el sol, pero corriendo. Toda parafernalia distinta a lo básico, que es correr, no tendrá apenas importancia.

06 febrero 2009

ENTRENANDO, A PESAR DE TODO


Este entorno ha servido para cumplir el entrenamiento
esta tarde. FOTO DE LUIS MARTÍN.



Amigos-as, siguiendo con la iniciativa de esta especie de bitácora de entrenamiento maratoniano, me apetece contaros el entrenamiento de hoy y los planificados para el fin de semana - únicos días en los que he podido entrenar estas dos últimas semanas- así como anhelos, sensaciones, dudas...en fin toda esa onerosa carga que ha de arrastrar un modesto corredor que está a punto de afrontar su segunda maratón.
El escenario elegido hoy ha sido el Pantano del Cubillas.
Os aseguro que no me apetece nada pisar asfalto porque se están rebelando mis piernas y esos pequeños dolores están consiguiendo preocuparme. Quizá se deba a un excesivo contacto con el asfalto, pero lo cierto es que he rotado las cuatro zapatillas de las que dispongo y alterno y el dolor está apareciendo, incluso, con las más nuevas. Sin embargo, parece contenerse cuando calzo las Asics 2100.
De hecho, esta tarde he calzado por segunda vez -la primera vez que las calcé fue en la subida que hicimos al Castillo de Moclín- las Brooks que compramos Javi y yo en USA a través de Internet, y se ha reproducido de nuevo el dolor de los pies, porque he de especificar que el dolor está más centrado en pies que en piernas. Espero que no sea importante.

La tarde, en Granada, no era la más adecuada para correr y ni siquiera para salir, pero había que hacerlo. Así que como estaba previsto, salté el almuerzo, confiado en los efectos benéficos de la pizza tomada la noche anterior y enfilé hacia el Pantano del Cubillas, como decía.
Quiso el destino que nada más salir del coche para disponerme a correr, comenzara una copiosa nevada, que por suerte apenas duró unos minutos, pero comprendí que era el preludio de una tarde horrible. Dudé si sería buena idea comenzar el entrenamiento. Pero lo cierto es que no había más opción. Cuando sólo dispones de tres días semanales para entrenar, se convierte en un lujo renunciar a un entrenamiento.
Finalmente opté por la idea de rodear en dos ocasiones el Pantano, lo que ha supuesto un total de 21 kilómetros a un ritmo muy relajado, típico del propio de rodaje acumulativo, totalmente alejado de la calidad. El ritmo ha estado unos segundos por encima de cinco minutos el mil, pero también es cierto que la ruta no era totalmente llana.
A lo largo del trayecto, he sido testigo de copiosa nieve, lluvia, viento y frío, mucho frío; de manera que la pregunta: ¿Que hago aquí? , carecía de sentido en tales circunstancias. Sencillamente debía estar allí.
Ha sido un entrenamiento duro, pero la evolución aeróbica ha ido correctamente, aunque -como decía- el dolor de los pies apareció sobre el kilómetro 13 del recorrido.
Mañana no será prudente hacer muchos kilómetros, pero sí hay que hacer algunos.
La opción de correr en tierra no parece posible, así que buscaré la ruta más benigna posible, y no serán más de 12 kilómetros los que recorra.
Pero llegará el domingo, y será innegociable la tirada de 31 o 32 kilómetros. Creedme si os digo que no sé en qué condiciones estaré y si podré cumplirlo, pero en esta ocasión el querer nada tiene que ver con el deber.

31 enero 2009

HOMBRE EN EL BARRO


Actualmente entreno con cuatro pares de zapatillas. Y todas, excepto las Brooks, que son las más recientes, ya conocen lo que es travestirse con una capa marrón oscura y en ocasiones negruzca. Y es que el barro me persigue de una manera avasalladora en estos días.
Inicialmente conferí el título de "Asics Émbarras" a las 2100, por aquello de ser las más veteranas del grupo y las primeras que tuvieron ese honor, aunque son las que mejores sensaciones dan en cada pisada. Pero ocurre que hay que salir de nuevo a correr y las titulares se encuentran en el pabellón de reposo, desmaquillándose para mejor ocasión. De manera que es inevitable que debuten en este terreno sus hermanas mayores, las Asics Kayano y sus primas, muy lejanas, las Saucony Triump. Estos tres pares ya conocen lo que es penetrar sin piedad en charcos, hundirse sin remedio en barro, o sencillamente, lodo.
Porque no existe apenas un entrenamiento en el que no tenga que sufrir esos barros del ayer, que serán los lodos de hoy.

Esta tarde de sábado era muy desapacible para correr y mi horario de entrenamiento no está siendo del todo ortodoxo. Pero a estas alturas uno que es corredor, ya no se plantea mirar al cielo ni al suelo, porque estando de lleno en este menester preparatorio, no hay otra que salir, acumular kilómetros, sin plantear otras cuestiones ni avanzar en otras pesquisas.
Si ayer fueron 13 los kilómetros hechos, con más chispa, al ser una distancia menor, hoy la idea era llevar a cabo 25.

EL BARRO COMO ALIADO

Lo negativo de las tiradas kilométricas son dos cosas básicas: es conveniente alejarse con frecuencia del asfalto, muy agresivo para los miembros inferiores, lumbares y espalda; en consecuencia, ello implica buscar caminos de tierra, mucho menos agresivos. Pero está el barro.
Estamos atravesando un periodo de lluvias y los caminos no evacúan con la rapidez deseada. Si además, se da la circunstancia que pasan vehículos - tractores mayormente - y hay abiertas determinadas obras de canalización o paso del AVE por la Vega de Pinos Puente, el resultado es encontrar zonas totalmente impracticables.
Decía el otro día que localicé barro en el flequillo, y es cierto; de hecho, hoy lo he localizado cerca del hombro derecho, y la malla negra ha competido esta tarde con otro color: un marrón negruzco.
Es normal que eso sea molesto, pero si el camino es un sólo charco de nada servirá ir esquivándolos. Muchos afirmarán que se disfruta como un chiquillo, pero no, es molesto, porque el agua entra hasta convivir con el pie y la percepción es desagradable, aunque hay que continuar moviendo las piernas.
Así que no he tenido otra opción que dejar el entrenamiento en 21 kilómetros, hechos a cinco minutos el mil, si bien lo previsto inicialmente era hacer 25.

Cuando salía esta tarde a las cinco menos cuarto, supe desde el primer kilómetro que no sentía buenas sensaciones: la respiración no era sosegada y me faltaba un punto de energía. Para colmo, comenzaron a caer grandes gotas que pronto se tornaron en pequeños granizos. No fue más de tres o cuatro minutos, pero a la vez el frío era muy intenso.
Esas sensaciones malas quería combatirlas con sorbos breves al "Camelback", que contenía casi un litro de isotónico, pero pronto advertí que probablemente iba muy rápido y no había recuperado como creía tras los 13 kilómetros fuertes de ayer: sencillamente la mente memorizó el mismo ritmo de la tarde anterior y eso pude percibirlo en el kilómetro siete, donde reparé que rodaba a 4,35 el mil. La solución: bajar el ritmo. Eso posibilitó que las sensaciones fueran mejores y la respiración más regular.
No obstante, ese punto de fuerza de ayer hoy seguía completamente desaparecido, y la subida larga, pero no dura, de Zujaira poco iba a contribuir a la recuperación de esas sensaciones, que no llegaron del todo, pero ya no eran tan malas a la salida de Casanueva, en el kilómetro trece del recorrido.
Hasta entonces, aún no había sufrido en exceso el barro porque no había llegado el camino. Pero llegó a partir de Ánzola, faltando 8 kilómetros para completar el entrenamiento.
Comenzó de la manera más cruel: el pequeño vado de Ánzola se vio sorprendido por el pequeño desbordamiento del río Cubillas y no era posible ver la profundidad que en ese momento se alcanzaba. Probablemente no fuera mucha, pero cauto inicié un ejercicio de acrobacia por un "macho" orillado. Finalmente no hubo otra opción que arrojarme a ese pequeño río provisional, pero ya sí, percibiendo el fondo.
Con las zapatillas técnicas contamos con una ventaja: la configuración y el tejido de rejilla provocan un secado rápido. Ese baño las dejaron limpidas, pero enseguida llegó el barro, que no desapareció en los 8 últimos kilómetros.
La tarde ahora era más desapacible, pero ya hacía rato que me había desprovisto de guantes y gorro de lana. Me seguía faltando ese punto de fuerza y por eso necesitaba que el frío ahora fuera percibido por el rostro, pero el barro ralentizaba y carga las piernas.
Y para colmo, realmente, hoy me encontraba algo cansado.


30 enero 2009

CARGA DE KILÓMETROS EN FÍN DE SEMANA


Una semana en la que las zapas han estado ausentes.
Desde la tirada de 31 kilómetros del domingo, bajo un inmenso manto de agua, no he tenido más opción que dejar cuatro días huérfanos de kilómetros, algo no muy prudente de cara a la preparación de una prueba de cuarenta y dos kilómetros.
Así que no hay más opción que intentar dignificar la semana kilométrica en los escasos tres días del fin de semana.
El inicio no ha sido nada deslumbrantes La tarde del viernes serviría para poner el contador a cero e intentar que éste marcara al menos 25 kilómetros. Pero, finalmente, han sido 13 los marcados.
Con el físico destemplado tras la jornada laboral a las tres de la tarde, no encontraba demasiadas fuerzas para rodar 25 kilómetros. Así que opté por no almorzar, para que la digestión no se convirtiera en un problema y descansar una hora. De manera que con esos apoyos, no me fue tan complicado comenzar a entrenar a las cinco y cuarto de la tarde.
Serían sólo 13 kilómetros, pero imprimiendo un ritmo algo más alto serían aprovechables. Y así ha sido.
Opté por el circuito de Fuente Vaqueros, que es llano, muy aconsejable para rodajes rápidos, y me encontré con fuerza desde el primer kilómetro. La media de rodaje ha sido de 4,35 el mil, que ayudarán a que las fibras sensibles no se adormezcan por mor de tiradas multikilométricas.
Pero mañana será otra cosa. Creo que no he cansado en exceso las piernas, y por tanto buscaré la tirada larga. En torno a los 30 kilómetros por similar escenario.
El domingo comienza el circuito de Diputación de Granada. La primera prueba será la clásica Industrial de Armilla, lugar al que he sido convocado por mi club, para entrega de dorsales. Pero también correré allí. No lo tenía previsto en absoluto, dado que la tirada de 30 kilómetros será llevada a cabo menos de veinticuatro horas antes. Así que no serán más que diez kilómetros, parte de un entrenamiento, que espero sea de dos sesiones, pudiendo ser la segunda - según fuerzas- de otros diez o doce kilómetros, por la tarde. Lógicamente el ritmo deberá ser bajo.
La suma total de kilómetros, a pesar de todo, no superará los sesenta, dígitos bastante pobres para la preparación de un maratón, pero al menos entre éstos habrá una tirada larga, que es lo importante.

La semana próxima será similar a ésta. La carga de kilómetros tendrá que venir desde el viernes, algo que convierte en más complicada la preparación pre-maratoniana. No obstante, en ese empeño seguimos, y la inscripción ya está hecha.


25 enero 2009

AVE NOCTURNA, AUNQUE SIN SALIR DE MI NIDO




Nada mejor que este extracto del comentario que envié a Las Verdes para comenzar a plantear una especie de "bitácora de Maratón", que así figurará en las etiquetas. Una bitácora que mostrará de una manera particular el cómo y el por qué de una preparación, que siempre es dura y desafía muy mucho nuestro ritmo cotidiano.
Escribía "ave nocturna, aunque sin salir de mi nido" en clave metafórica - y no sólo porque el búho sea uno de mis animales preferidos, y así lo atestigua mi colección-, para excusar mi probable inasistencia al entrenamiento que se había planeado con algunos miembros del gupo de Las Verdes la mañana del domingo 25 de enero.
Para mí supone una gran noticia y aconteci
miento poder entrenar con mi grupo, porque es una magnífica compañía y porque el entrenamiento en común siempre es más llevadero. Pero me puede el otro lado oscuro y nocturno. Ese en el que me erijo en ave nocturna y abro un libro en el silencio de la noche o navego por Internet.
Tal y como decía mi Álter Ego, Jesús Lens en su entrada que aconsejo no se pierdan, uno madruga de lunes a viernes porque no hay más remedio, pero no por elección personal. Ahora bien, no se ha de entender que no vaya conmigo madrugar. En absoluto. Es una práctica que siempre me ha satisfecho y lo he hecho durante más de dos años seguidos para acudir a carreras de competición, por poner un sólo ejemplo, y lo seguiré haciendo. Pero ocurre que el otro lado, el oscuro, es el que realmente me satisface. Cenar, ver una buena película y cuando ya todo se queda en silencio, abrir un buen libro, servirme una copa, comenzar una tableta de chocolate negro o unos bombones y disfrutar de lo lindo (el ritual del ave nocturna en su nido). Y pasar páginas del libro o rastrear páginas web o disfrutar de buena música con los auriculares bien instalados. Y en ocasiones, ver levemente en el horizonte la nueva luz que llega. Y eso, es incompatible con correr muy temprano, porque para entonces el cuerpo no habrá descansado lo suficiente y más que correr uno aullará por los caminos. Y porque queda todo el día.
Resulta que ahora en invierno, aunque los días sean cortos, la temperatura siempre acompaña, d
e manera que es factible salir a correr a cualquier hora.
Por tanto, descansado el cuer
po, celebrado el desayuno (porque para mí también es celebración) y transcurriendo todo relajado, un comienza a rebuscar en el armario de la ropa técnica para comenzar otra celebración, otro ritual: los prolegómenos del correr.



Así que así transcurrió esta mañana de domingo, en el día que escribo esto. Sobre las 13 horas comenzaron esos ritos, preparé la mochila de hidratación, el gel, las pastillas de glucosa, los guantes, el gorro, y todo lo necesario para afrontar dos horas y media de trote. Treinta podrían ser los kilómetros que haría hoy. La ruta: Pantano del Cubillas- Capara
cena- Pinos Puente- Búcor- Cortijo de Enmedio y vuelta al lugar de partida. El ritmo: sobre los cinco minutos el kilómetro.
Un recorrido duro, rocoso, el típ
ico que apenas te deja "llanear", porque cada pocos kilómetros aparece alguna rampa, por lo general no muy dura, pero que muestra la oposición de las piernas, el corazón y los pulmones, principalmente a medida que se acumulan los kilómetros. Y todo ello acompañado de una más que persistente lluvia, que jugueteaba en mi rostro, mezclándose con el sudor. No recuerdo apenas diez minutos de ruta en el que no haya llovido una gota.




Finalmente, la llegada al Cortijo de Enmedio la detuve en 1 hora y 8 minutos, por lo que me pareció adecuado avanzar algo más, hasta detener el kilómetro en 1, 15 minutos que con tiempo similar en la vuelta se convertiría en 2 horas y 30 minutos, aproximádamente. Por tanto, los kilómetros han podido estar entre 31 y 32 perfectamente, a espera de utilizar Geoogle Earth para hacer la pertinente medición aproximada.
Cuando vas a hacer una maratón necesitas hacer kilómetros. Eso es lo verdaderamente importante para acabar con ciertas garantías. Ahora bien, si el interés no está solamente en acabar, sino en hacerlo con el mejor tiempo posible, procederán las series, los cambios de ritmos y otros elementos que aseguren la calidad.
En mi caso, ese segundo factor no tiene apenas importancia. En Madrid, en 2007, acabé en 3 horas y 39 minutos, pero acabé, que era la intención desde el primer momento. He de reconocer que el tiempo fue mucho mejor que al que en teoría aspiraba ya que los entrenamientos fueron concienzudos y duros, pero no lo suficientes, quizá, para hacer menos de 4 horas. Sin embargo, ya llevaba varias medias maratones a mis espaldas y bastante competición, y eso posibilitó que pudiera detener el cronómetro 41 minutos antes del tiempo previsto.
Ahora en Sevilla, salvo imponderables de última hora, no espero hacer más tiempo. En primer lugar, porque el terreno de Sevilla no es el de Madrid; y en segundo lugar, porque creo que estoy haciendo más y más largas tiradas y no estoy en mal momento de forma.
Pero hay que seguir trabajando. Y mucho.

La semana acabó con un total de 76 a 78 kilómetros, una cifra no espectacular para preparar la distancia de Filípides.
Si el pasado lunes, adaptando el día a la tirada de 25 kilómetros, el cuerpo acabó "entero" y la resistencia aeróbica en perfectas condiciones, he de decir que en la superior tirada de hoy, por una ruta mucho más complicada que la de la Vega, a nivel aeróbico no ha habido problema alguno, e incluso he afrontado la última rampa de la residencia geriátrica "Entrealamos" con cierta facilidad, pero he de decir que las piernas han acabado muy tocadas, principalmente la zona en la que conviven sóleos, gemelos y algo más abajo el talón de Aquiles. En ambas piernas. A partir del kilómetro 23 o 24 bajar cualquier pequeño desnivel se ha convertido en un calvario, pero nada parecía indicar que estuviera fraguándose una lesión. Simplemente que la carga de kilómetros y la dureza del terreno han deteriorado esta zona muscular.
Sin embargo, si subía alguna rampa el dolor desaparecía casi por completo, ya que en estas circunstancias trabajan mucho más los isquiotibiales. Por tanto, cuando llegaba al punto final del recorrido, esa ha sido mi mayor inquietud, al pensar que en Sevilla aún tendría que correr entre 11 y 12 kilómetros más, y seguramente el dolor iría a más. No tendré más remedio que trabajar con gomas y estiramientos persistentes esas zonas musculares.
A día de hoy, faltando ya menos de un mes para la prueba, sé que no tendré problemas aeróbicos para acabar a un ritmo en torno a los 5 minutos el kilómetro, y me conformo con ello. No ambiciono "meter" series en estas cuatro semanas para bajar algunos segundos el kilómetro porque podría encontrarme con otros problemas más imperdonables: los musculares.

La semana que mañana comienza será complicada. Pocos días habrá para correr grandes tiradas.
Mañana recuperaré con no más de diez o doce kilómetros, pero ya nada podré hacer hasta el viernes. El fin de semana será clave para ampliar el volumen kilométrico, contando que, además, está la Media Maratón de Almería, en la que podré poner "fino" el organismo, dado que será mayor la velocidad en los 21 kilómetros, pero no será una ocasión para hacer mucho volumen kilométrico. De manera que el viernes se convertirá en el día de la tirada larga, sacrificando almuerzo y demás circunstancias que vengan con la vocación de dispersar el obligado entrenamiento.

ARTÍCULO DE IDEAL: MALAS ÉPOCAS (14/2/2021)

  ARTÍCULO PUBLICADO EN IDEAL EL 14 DE FEBRERO DE 2021 (DOMINGO). ESPERO QUE SEA DE VUESTRO INTERÉS.