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14 agosto 2015

NUEVAS REFLEXIONES EN TORNO A ILURCO Y LOS RESTOS ROMANOS DE LA VEGA DE PINOS PUENTE

Cuando entreno por la Vega, en todo momento tengo a la vista el Cerro de los Infantes e intento mirar con los ojos de hace más de dos mil años. Y cada vez que lo observo más convencido estoy que es un 'Oppidum' perfecto para los esquemas de los antiguos 'bastetani', que poblaron el mismo. El 'Oppidum' es un término latino que designa un lugar elevado, una colina o meseta, que habitualmente cuenta con defensas naturales, pero también con las que aporta la mano del hombre. Un lugar desde el que se puede controlar los cultivos y la corriente fluvial, así como lugar de vigilancias de incursiones enemigas. Además, solían contar con una corona plana, tipo meseta. 
De acuerdo con estas características, el Cerro de los Infantes, cumple con todos esos requisitos. Un vasto dominio sobre los cultivos de la vega que explotaban y a sus faldas un río, que por entonces, debió ser mucho más amplio y más dotado de fauna acuífera. 
Lógicamente, el acceso al 'Oppidum' no era nada fácil para los hipotéticos enemigos. No muchos, hasta la llegada de Roma. 

Un ejemplo de 'Oppidum'
Los pueblos que vivían en Iberia, por lo general, circunscribían su actuación a su propio territorio. Actuaban como ciudades-estado se podría decir, y a pesar de que se caracterizaban por ser buenos guerreros, raras veces invadían fronteras de los otros. Es más, de lo poco que se conoce sobre el 'modus vivendi' de estos pueblos, toda vez que no solían dejar nada escrito sobre su existencia, se sabe que solían nacer y morir en su propio poblado y pocas noticias tenían de sus pueblos hermanos, por cerca que estuvieran. Las pocas noticias que tenían, casi siempre eran portadas por comerciantes griegos y fenicios que se aventuraran a penetrar en el interior, ya que por lo general eran pueblos que solían comerciar sus mercancías en las ciudades de la costa, mucho más importantes, caso de Gádir, Abdera, Malaka o Sexi. No obstante, había ciudades importantes en el interior -no sabemos si lo era Ilurco-, tales como Orisia, cuyas ruinas se han encontrado cerca de la población de Vílchez, en la provincia de Jaén, o bien Cástulo, cerca de Linares y Obulco, la actual Porcuna, también en Jaén, entre algunas otras. También se podría considerar una ciudad importante -más que nada por la impronta que tuvo esta ciudad para pueblos posteriores-, Iliberis, cerca de Atarfe, pero también con parte en el término municipal de Pinos Puente. Sobre el pasado ibérico de esta ciudad hay dos versiones. Gómez Moreno la ubicó inicialmente en Atarfe, pero posteriormente rectificó y afirmó que era el origen de la actual Granada, en la zona del Albaicín.
Pero volviendo a Ilurco, decía al principio que ese 'oppidum' es perfecto, de libro. Y así debió ser como lo vieron los primeros invasores romanos. 
Con ocasión de la aparición de los restos romanos junto al puente de Alitaje, a un kilómetro de Pinos Puente -y sobre los que escribí aquí hace poco-, he reflexionado sobre la impronta de Roma en esta zona. 
Restos hallados junto al Puente de Alitaje, en la Vega de
Pinos Puente (Foto de J.A. Flores)
 Estos restos, junto a los hallados hace años a tres kilómetros, en Ánzola, demuestra que Roma perpetró su mecanismo habitual desde que decidió venir a Hispania -como le llamaron- para ver qué podían sacar por aquí. Y su mecanismo habitual no era otro que 'civilizar' a su forma las ciudades prerromanas que fueran encontrando a su paso. Lo tuvieron más o menos fácil en toda la península, pero no tanto en la cordillera cantábrica, tierra de astures, cántabros y vascones. Esta zona del norte les costó algo más.
Sin embargo, hay que decir que las formas con las que intentaban conquistar eran más o menos educadas. Eso era así si había aquiescencia del pueblo candidato a conquistar. De lo contrario, no dudaban entrar a cuchillo e invadir por la fuerza. Ese fue el caso de Numancia, a cinco kilómetros de Soría, poblado arévaco que tardaron en conquistar quince años y cuando lo consiguieron se encontraron a un pueblo que se había lapidado, autodestruido, antes de verse conquistado. También fue el caso de Astapa -la actual Estepa- y Calagurris -la actual Calahorra-, si bien estas dos ciudades en menor número de años que la primera.
Por tanto, se supone, que por aquí, por el sur, como era habitual. tanto en la turdetania como en la bastetania, e incluso la oretania, la conquista era rápida. Si había acuerdo con los reyerzuelos locales -a cambio de prebendas, claro está- y si la ciudad era importante, no dudaban en darles el apelativo jurídico de 'municipium'. Es eso lo que pasó con Ilurco al que denominaron 'Municipium Ilurconense'. Por tanto, superado ya ese fácil trámite, no pensemos que Roma se asentó en el 'Oppidum', es decir, en el Cerro de los Infantes. 
Es posible que dentro del 'Oppidum', residieran la mayor parte de los antiguos pobladores de Ilurco, aunque, en mi opinión, también debía de haber casas desperdigadas en torno al Cerro. Sin embargo, el pueblo romano no tenía necesidad de vivir en lugares de difícil acceso, por la sencilla razón de que no tenían enemigos. Sí, existía una potencia amenazante, Cartago, pero ésta ya fue liquidada en la Segunda Guerra Púnica (218-201 antes de la era cristiana). Por tanto, su lugar ideal para vivir es en zona llana a la que gracias a su ingeniería avanzada llevaban agua y mercancias, dada su buena red de calzadas.  De hecho, pensemos en las grandes ciudades españolas sedes de su Imperio: Córdoba (Córduba), Santiponce (Itálica), Emérita Augusta (Mérida), Tarraco (Tarragona), Cesaraugusta (Zaragoza),...todas ellas en lugares llanos, sin necesidad subir grandes cuestas o caminos inaccesibles. 
Eso nos lleva a la posibilidad más que real que tras tomar Ilurco buscaran construir sus casas y palacios en el entorno de la Vega más cercana al Cerro de los Infantes. 
Si el observador curioso pasea por la zona de la Vega cercana a Pinos Puente verá como la franja que hay entre Ánzola y el lugar en el que han aparecido los últimos restos está en línea recta y siempre se tiene a la vista el Cerro de los Infantes. Eso nos puede llevara a la conclusión -y estoy seguro que los arqueológicos lo saben- que en esa franja de tres kilómetros aproximados de longitud se encuentren aún bajos los campos fértiles muchas y más importantes ruinas romanas. De hecho, siempre han aparecido trozos de tejas -que bien podrían ser tégulas romanas- cuando se araban esos campos.
Claro, es tan sólo una opinión, basada en la observación, contrastándola con lo que se conoce sobre las costumbres de estos pueblos.  

Por José Antonio Flores Vera

27 julio 2015

RESTOS ROMANOS EN LA VEGA DE PINOS PUENTE

Q
  














Que el pueblo romano tenía querencia por la Vega de Pinos Puente parece demostrado. A los restos que en su día se encontraron en el Cortijo de Ánzola -o Ánsola-, cerca de Casanueva, hay que sumar los que han aparecido estos días junto al  puente de Alitaje, a menos de un kilómetro de las últimas viviendas de Pinos Puente. Los restos han aparecido con ocasión de la construcción del tramo de autovía que conectará Granada con Córdoba, es posible que necesaria, pero que acabará con una parte importante de este vergel (me pregunto que a quién beneficia tanto progreso a un plazo largo). 

Los restos que vemos en las fotografías que hice esta misma mañana demuestran la importancia que dio Roma a esta zona, que lejos de conformarse con la posesión de  la antigua ciudad íbera de Ilurco, a la que concedió el título jurídico de municipio romano (Municipium Ilurconensis), se expandió por la Vega, construyendo si no ciudades, sí varias villas, según se está descubriendo con el hallazgo de los restos. 


Sorprende de estos últimos restos encontrados, tanto la su ubicación como su volumen. Hallados casi en la superficie de una haza a pocos metros de la orilla del río Cubillas. Se trata de varias calles en las que se encuentran alienadas de manera bastante ordenada los cimientos de varias casas. Lógicamente, eso es sólo el principio, porque en el radio de unos tres kilómetros que es la distancia que hay entre esta zona y Ánzola, podrían aparecer muchos más restos, que podrían ir también en dirección al Cerro de los Infantes, cuya zona está atravesada por la Carretera N-432, que une Granada con Córdoba. Insisto que sería muy difícil mantener que existiera en este perímetro una magna ciudad romana, a pesar de que existen las condiciones adecuadas (vega fértil y agua en abundancia y clima equilibrado), pero sí deben de aparecen más villas de importancia, lugares de recreo que bien pudieran utilizar la clase patricia de la floreciente ciudad de Ilurco, que debió de elevarse como ciudad una vez adoptada por Roma, aunque no debemos de desdeñar que ya lo fuera como íbera, por la sencilla razón que Roma sólo daba carácter de Municipium a ciudades íberas que ya tuvieran importancia y que, lógicamente, se dejarán someter al poder romano.

Muchos interrogantes que obviamente ayudarán a conocer los restos que vayan apareciendo

25 julio 2015

EL CASTILLO DE BELILLOS -O VELILLOS- DE PINOS PUENTE



            El Cerro de los Infantes ha sido a lo largo de la historia un crisol de culturas, restos arqueológicos, hechos y acontecimientos importantes. Al margen de su procedencia -que deriva de la Edad del Cobre y llega hasta la época medieval, pasando por el periódico pre-ibérico, ibérico y Romano Imperial-, cuenta con un hecho histórico, quizá el más conocido, y que fue el que dio  nombre al Cerro. Está constatado que el 25 de junio de 1319 se produjo el hecho conocido como Desastre de la Vega, en el que murieron los Infantes Juan y Pedro, ambos de Castilla, en su guerrear contra las tropas del potente ejército del rey nazarí Ismail I. Estos Infantes pertenecían a la élite de la familia real castellana; de hecho eran los tutores de Alfonso XI, bisnieto del poderoso rey Alfonso X, conocido como El Sabio, por sus muchas contribuciones a la ciencia, literatura y traducción. De manera que muy importante debió ser esta batalla para que el ejército castellano estuviera capitaneado por estas dos altas autoridades en persona. No obstante, las hostilidades castellanas no cesaron, pero hubieron de transcurrir otros 173 años para que Granada fuera tomada por la descendiente de aquellos antiguos reyes castellanos, Isabel, Reina de Castilla, unida en matrimonio con Fernando, heredero del Reino de Aragón, que por aquel entonces pasaba por ser uno de los reinos más potentes de la península ibérica, con importantes posesiones territoriales tanto en España como en Italia.
            Volviendo al Cerro, hay que decir que existe datación arqueológica e histórica de restos de lienzos de muralla que se han datado como del Bronce Pleno, aunque en tiempos de íberos y romanos se yuxtapusieron construcciones, descubriéndose éstas sobre todo en el entorno de la Corona del Cerro. Incluso, en la Corona, se puede observar como una especie de foso, que al parecer podría ser una cisterna, o bien un horno para cocer cerámica. La cerámica no era un aspecto fuerte en la civilización íbera, por lo que debió de haber existido influencia probablemente griega que, al parecer, se movieron por el interior del  territorio andaluz. 
            Pero, quizá, uno los episodios más desconocidos es la existencia de un fastuoso castillo construido a finales del siglo XI, casi tres siglos antes de la muerte de esos dos Infantes castellanos.





            Y es que gracias a sus memorias, escritas (un manuscrito denominado Al-Tibyan) en su destierro por Abd Allah, último rey ziri de la taifa de Granada que reinó entre los años 1073-1090, se pudo conocer de la existencia del Castillo de Belillos -o Velillos, como le llamamos ahora-. El término antiguo Ballilus, según varios expertos, proviene del latino vallis, valle, pero más propiamente de su diminutivo, en plural, velillox, o bien, vallecillos (ese vallecillo no podía ser otra cosa que la amplia Vega, la cual se domina de manera extraordinaria desde lo alto del Cerro). La razón de la construcción de este Castillo, que estuvo ubicado en el Cerro de los Infantes y del que no hay apenas vestigios -se especula que fuera organizadamente desmontado unos siglos más tarde- es la negativa del rey granadino de pagar tributos a Alfonso VI de Castilla. Esto propició una alianza entre el rey cristiano y el rey de Sevilla Al-Mu'tamid de Sevilla, enemigo del rey granadino (pensemos que las taifas eran como países independientes entre ellos, aunque compartieran religión y procedencia). La idea no era otra que acercarse a la capital granadina para ejercer su control y apoderarse de sus muchos tesoros. Alfonso VI y Al-Mu'tamid acordaron edificar el Castillo de Belillos en el año 1073, justo el año en el que se erigió rey de Granada, Abdallah, si bien las hostilidades ya derivaban de los tiempos de reinado de su abuelo Badis, al que sucedió Abdallah.
            El propio Abdallah escribe textualmente: 'Estuvieron conformes en que había que edificar contra Granada un castillo, que la pusiera en aprieto, en tanto caía en sus manos....'; 'Él mismo -Adhá rey de Sevilla- fue quien, con este objeto, les indicó el lugar donde edificar el castillo de Belillos'. Más adelante, continúa escribiendo el rey granadino: 'Para reforzar la fábrica de este castillo alquiló Ibn'Ammar los servicios de un ejército de Alfonso y aprestó grandes sumas de dinero..(...). El mismo Al-Mu'tamid vino en persona para vigilar cómo iban los trabajos y, durante todo el tiempo que estuvo allí, hizo continuos desfiles militares por las cercanías de Granada, con la esperanza de que los habitantes de la ciudad se sublevarían en su favor ', continúa diciendo. Finalmente, reconoce Abd Allah, que acaba por prometer a Alfonso el pago de las sumas que antes le había pedido para evitar que la guarnición de Belillos -que debía ser bastante salvaje, como es común en los mercenarios- siguiera devastando y hostigando la Vega de Granada.

            Como decía, el Castillo desapareció, pero quedaron restos de muros, tal y como podemos ver en las fotografías del Cortijo de los Ángeles (cualquiera puede ir hasta allí y observar los restos), en la que se incluye un dibujo de lo quedaba del Castillo, tal y como lo presenció y dibujo F. Heylán, un viajero extranjero, hacía el año 1614. (Clickear en las imágenes para ver mejor). En ese sentido, quedé impresionado por la semejanza de estos muros-contrafuertes con los dibujados por Heylán.
            Muy  importante sería profundizar y explotar en favor de Pinos este hecho histórico y, como dije en la presentación de mi libro, destacar la presencia en el Cerro de los Infantes de Pinos Puente -tal y como sostiene en sus memorias Abd Allah-  de unos de los reyes musulmanes más importante de la España musulmán, el rey  de Sevilla, gran gobernante según las crónicas y enorme poeta, Al-Mu'tamid.

            Hay mucho más material sobre este asunto, pero como sabemos no es este el sitio más adecuado para extenderse. 

15 septiembre 2014

EL TEATRO ROMANO DE CARTAGENA

Foto de J.A. Flores

















Si hubiera que destacar algo extraordinario en los últimos lustros en materia de arqueología, ese algo sería el caso del Teatro Romano de Cartagena. 
La ciudad portuaria vivió hasta 1988 sin nociones concretas de la existencia del teatro, a pesar de que estudiosos de la historia de Roma y la arqueología antigua barruntaban la posibilidad que existiera al ser Carthago Nova una de las ciudades más importantes de la España romana en el periodo anterior y posterior a la supuesta irrupción en el mundo de Jesucristo. Existía mucha lógica para pensar de esa forma, básicamente porque esta ciudad de antecedentes íberos fue la elegida por las huestes de la civilización púnica para implantar en la antigua Hispania la capital de su imperio ubicado inicialmente en el norte de África -actual Túnez-, el cual fue destruido por el más avanzado y poderoso ejército romano dirigido por Escipión, llamado el Africano, dando lugar a lo que se conoció como las Segundas Guerras Púnicas. Pero, en fin, esa es otra historia, si bien no ajena a lo que ocurrió con este majestuoso Teatro Romano de Cartagena. 
Decía, que la ciudad vivió hasta 1988 sin nociones de su existencia. Ese mismo año, unas prospecciones arqueológicas en el solar de la Casa-Palacio de la Condesa Peralta pusieron sobre la pista a los arqueólogos, gracias a la existencia de estructuras arqueológicas divididas en capas que sugerían mucha importancia. Dos años más tarde, se encontraron los primeros restos del Teatro Romano, el cual pudimos recorrer hace unos días.
La gran pregunta que se hicieron los expertos y que nos hacemos todos es cómo un elemento arqueológico tan enorme -tenía capacidad para 7000 espectadores- y en lugar tan céntrico y alto del centro de la ciudad ha podido estar escondido durante tantos siglos. La razón, una vez explicada y leída, es más fácil de comprender. 
Foto de J.A. Flores
Construido a finales del Siglo I a. C., fue abandonado a medida que las sucesivas civilizaciones fueron apoderándose de la antigua ciudad de Cartagena. Ni bizantinos, ni visigodos, ni árabes, ni cristianos hicieron gran cosa para mantenerlo a vista de todos, más bien al contrario. Bizancio construyó en su solar un mercado y los árabes un barrio. Y una vez expulsados éstos y tomado el control por los cristianos, el Teatro Romano sirvió de solar parcial para la construcción de la conocida como Catedral Vieja. Bajo sus muros y bajo las humildes casas de un barrio de casas pequeñas y modestas estuvo durante siglos sumergido esta gran obra arquitectónica y así ha sido hasta hace poco. ¿Curioso, no?
Por suerte, a día de hoy se ha podido recuperar y restaurar casi por completo, aprovechándose asimismo el Palacio Pascual de Riquelme y un corredor arqueológico bajo la Iglesia de Santa María -la Catedral Vieja- para unir el Museo del Teatro Romano, diseñado por Rafael Moneo, y el Teatro en sí. 
Todo un descubrimiento que no pudimos disfrutar en nuestra primera visita en 2007 a esta magnífica ciudad portuaria de la Comunidad murciana. Por aquel entonces, el Teatro estaba en pleno proceso de restauración y el Museo aún no estaba construido y por eso mismo la ciudad era muy distinta a la que hemos descubierto. Tendrán que decirlo sus moradores, pero la ciudad ha evolucionado gracias, entre otros aspectos, a la apertura del Teatro Romano, al que acompañan maravilllas arqueológicas romanas y púnicas, como son, entre otras, el fastuoso barrio del foro romano molinete y el resto de la muralla púnica, respectivamente. 

Curiosamente, tenía muchas ganas de visitar este Teatro Romano desde que vi hace un par de años la película de Alex de la Iglesia -una de las peores que el buen director vasco ha dirigido-, 'La chispa de la vida'. Y es que ésta se filmó durante la construcción del Museo del Teatro y la restauración del Teatro Romano, debiendo de hacerlo de noche y de madrugada para no entorpecer las obras. 
¿Recordáis al humorista José Mota unido a una tabla por la cabeza por medio de un clavo, sin poderse mover, robando todo el protagonismo de la inauguración al encolerizado alcalde, protagonizado por el desaparecido Juan Luis Galiardo?       

22 abril 2013

UNA VISITA A LOS RESTOS ARQUEOLÓGICOS DE 'EL CERRO DE LOS INFANTES' -PINOS PUENTE-


La visita a las muy escasas ruinas de lo que se documenta como  necrópois y -posteriormente- municipium 'ibero-romano' de Ilurco se ha hecho esperar, pero al final se ha producido. 
Era una 'excursión' que le tenía prometida al profesor y escritor granadino José Luis Serrano -autor de Zawí- y que por fin tras diversos aplazamientos hemos podido llevar a cabo este domingo pasado. 
Poca gente que haya nacido en Pinos Puente no conoce, física o a través de testimonio indirecto, lo que guarda el conocido como 'Cerro de los Infantes' (ver mi entrada sobre esta zona), y son muchas las personas que han encontrado monedas, restos de cerámica e incluso algún exvoto íbero que otro. Pero era necesario visitar la zona con cierto conocimiento de lo que podríamos encontrarnos allí, de acuerdo con las prospecciones arqueológicas -pocas e incompletas- que han llevado a cabo arqueólogos en épocas pasadas. 
Probablemente no era la mejor época, porque ha llovido mucho este pasado invierno y en el comienzo de la primavera, de manera que el follaje era inmenso, pero aún así, ambos hemos conseguido ascender a lo conocido como 'corona', lugar en el que se estima podía estar construida la fortaleza militar, el 'oppidum' ibérico, el cual pudo servir para que Roma pusiera allí su impronta en forma de fortaleza  y posteriormente la civilización islámica en forma de alcazaba. Que se sepa, nunca fue fortaleza cristiana. 



Hemos podido ver tenues restos de murallas y unos escalones bien construidos sobre los restos en roca de la misma, que según las inscripciones (1937) debieron ser utilizados por los soldados de la zona republicana durante la Guerra Civil española.



Ya en la meseta que conforma la 'corona' -con unas impresionantes vistas a la Vega y a los Montes Orientales- hemos podido ver lo que se estima una poza grande utilizada para tintar tejidos de posible estructura fenicia, según los expertos. 
En la zona de bajada, en una especie de valle pequeño es posible ver restos de muralla (de posible procedencia íbera), la cual ha sido prácticamente destruida por una antigua construcción vulgar de una vivienda de una sola planta. 


Como comentábamos José Luis y yo, seguramente habría mucho por descubrir si existiera la voluntad de iniciar nuevas prospecciones arqueológicas, algo que es factible que se haga en cualquier momento gracias a que la zona está legalmente protegida y reconocida. 


Desde lo alto de la 'corona' es fácil otear todo el horizonte en un ángulo de 360 grados sin problema alguno, que es el fin que se pretendía cuando se construyó el 'oppidum'. Incluso, sería posible visualizar la probable fortaleza en alto que seguramente presidía la probable antigua ciudad de Ilibiris, junto a la población de Atarfe, dato que podría ser nada relevante para los poblados íberos, ya que éstos extendían su 'soberanía' tan sólo a su población. No había concepto de Estado. 
En los momentos en el que follaje nos llegaba hasta la cintura, no pude evitar pensar en la presencia de la víbora hocicuda, comunes en esta zona (en toda España, excepto en el norte) según los testimonios que siempre he escuchado y que ambos hemos comentado. Además, en primavera comienzan su ciclo de celo y es cuando se ciernen más peligrosas, a pesar de que su veneno, al parecer, no es tan tóxico como el del resto de las víboras. Por suerte no nos hemos topado con ninguna. He preferido alejar ese pensamiento y centrarme en los restos, como es fácil deducir.    

15 enero 2012

CUANDO EL DEPORTE ES, TAMBIÉN, UN REGALO PARA LA VISTA

Como todo en la vida, en el deporte, lo importante es la acción, la constancia, la aseveración, ponerse en marcha, en definitiva. 
Si en la anterior entrada escribía que había sido cuestión de justicia poética volver a la MTB, nada podía más corroborar esa afirmación que pedalear de nuevo al día siguiente y volver a montar a lomos de ese vehículo de fina estructura que te lleva lejos, por lugares recónditos y, a veces, inaccesibles. 
Interesante esto de la bicicleta. Me lo pareció hace ya lustros cuando mi deporte -compartido con el fútbol- era el ciclismo de carretera. Con este tuve mis mejores sensaciones que tan sólo he recuperado, en ocasiones, con la carrera a pie. Y, seguramente, que en algún lugar de la mente ahí se conservan a pesar de los muchos años sin pedalear. Si no fuera así, no hubiera recuperado esas buenas sensaciones en esta ruta que gráficamente os dejo; una ruta que no es demasiado larga, pero sí intensa y original ya que transcurre gran parte de ella entre olivos y se adentra en cortijos y pequeñas poblaciones como es el caso de Los Olivares -cuyo nombre no podía ser otro-, pedanía de Moclín, no lejos de Pinos Puente. Así que me pareció tan bella, a pesar del día gris y frío que opté por fotografiar con el móvil algunos detalles de la misma. 
Y una idea que repetidamente me aborda: percibo que la bici podría quitarle terreno a correr en este 2012 que recién empieza. De hecho, ya comienzo a mirar en algunas páginas web la posibilidad de mejorar algunas piezas de la Specialized. El tiempo, que como sabemos es gran escultor, lo dirá.


PREPARADO Y "PREPARADA" PARA INICIAR LA RUTA. EL DÍA ES ALGO FRÍO POR LO QUE HAY QUE IR BIEN ABRIGADO.
ESTE SERÁ EL CAMINO QUE VERÉ EN LOS PRIMEROS DIEZ KILÓMETROS. SIEMPRE ME HA GUSTADO RODAR -EN BICI O CORRIENDO- ENTRE OLIVOS. EL CAMINO ES DURO Y ROTO, PERO TIENE MUCHOS ENCANTOS. ADEMÁS, NOS ENCONTRAMOS EN ÉPOCA DE RECOLECTA, POR LO QUE PARECIERA QUE LOS OLIVOS ESTÉN PLETÓRICOS DE FELICIDAD.  

REALMENTE NO SABÍA CON EXACTITUD DÓNDE ME ENCONTRABA, ASÍ QUE TUVE QUE HACER UNA LLAMADA A QUIEN YO SABÍA QUE LO SABÍA. ESTE CORTIJO PERTENECE AL TÉRMINO DE COLOMERA Y SU DUEÑO ME DIJO QUE ESTABA A UNOS CINCO KILÓMETROS DEL PUEBLO Y A UNOS DOS O TRES DE OLIVARES. OPTÉ SEGUIR HASTA OLIVARES.
LAS VISTAS DESDE EL CORTIJO "BERBE BAJO" SON EXCELENTES. SE CONTEMPLA TODO ESE MAR DE OLIVOS QUE MINUTOS ANTES HUBE DE ATRAVESAR.


LOS OLIVARES ES UN PEQUEÑO PUEBLO ENCANTADOR. HUNDIDO EN LA FALDA DE LA SIERRA DE MOCLÍN Y ATRAVESADO POR EL RÍO VELILLOS -TAMBIÉN LLAMADO COLOMERA- ES UN REMANSO DE PAZ Y NATURALEZA. 
UNOS SIETE KILÓMETROS PARA ACABAR ESTA BONITA RUTA.

LA CARRETERA QUE UNE OLIVARES -Y TIENA- CON PINOS PUENTE ES VIEJA CONOCIDA PORQUE POR ELLA SUELO CORRER DE VEZ EN CUANDO. AL FONDO SE DIVISA EL PIORNO Y SIERRA ELVIRA. EN LA FALDA ESTÁ PINOS PUENTE.  

LA ALDEA DE BÚCOR SIEMPRE ES UN REGALO PARA LA VISTA. SU CAPILLA DEMUESTRA QUE EN SU ÉPOCA FUE BASTANTE POBLADA Y ACTIVA. MORADA DE MIS ASCENDIENTES DURANTE BASTANTES AÑOS.  ES LUGAR DE HISTORIA PORQUE ES COLINDANTE AL CERRO DE LOS INFANTES, SOLAR QUE FUERA MORADA DE LA CIUDAD IBERO-ROMANA DE ILURCO.  UN PASADO GLORIOSO DEL QUE POCO SE CONOCE A PESAR DE LOS MUCHOS RESTOS ARQUEOLÓGICOS ALLÍ ENCONTRADOS.