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28 julio 2020

¿ESTÁ ALGUIEN GIRANDO LA RUEDA DEL MUNDO A SU ANTOJO?

Teorías de la conspiración asociadas a la pandemia - Periodismo de ...

Ayer hube de acudir a una zona cercana al centro de la ciudad durante un par de horas y tuve sensaciones contradictorias. No visitaba esas calles desde bastante antes del comienzo de la epidemia que aún nos atrapa. 
Por una parte agradecí volver porque afloraron buenos recuerdos vividos en diferentes épocas y por motivos diferentes, pero al mismo tiempo sufrí desazón al comprobar cómo había cambiado todo. No se trataba solo del panorama aún apocalíptico –al que no llego a acostumbrarme– que muestran las mascarillas de toda la gente con la que me crucé –bastante, a pesar de ser julio–, sino por el aluvión de persianas de locales echadas, no por mor de las vacaciones, sino acompañadas del siempre dantesco cartel de se alquila, se vende, se traspasa. Pensaba que eso solo ocurría en una zona mucho más comercial, en una zona del centro más neurálgico de la ciudad, pero no, parece habitual en toda la ciudad, de hecho, parece habitual en todas las ciudades de España, según nos informan.
No sabemos exactamente cuáles serán los resultados económicos de esta pandemia y su consecuente Estado de Alarma, pero a tenor de lo visto, el sector del pequeño comercio los hace evidentes. Es probable que este pequeño comercio ya acusara la crisis que arrastra este país desde que pinchó la burbuja del ladrillo, artificiosamente inflada, y que esto no haya sido más que la puntilla para que se fuera al traste, pero el caso es que, efectivamente, se ha ido al traste. Los locales que parecen haber aguantado más han sido los bares o, tal vez, eran los más numerosos, pero también vi muchos con ese fatídico cartel. 
Es probable que la cosa no pinte tan mal como parece y que lo que haya pasado es que la mayoría del consumo haya derivado hacía el comercio on-line (excepto para el caso de los bares, porque aún no se ha inventado acudir a un bar on-line), al que fuimos obligados los consumidores en parte por mor del confinamiento y al que ya nos hemos acostumbrado y que por eso hemos dado la espalda al comercio físico. Es una posibilidad, pero no creo que pueda ser completamente la única ni mucho menos constatable. Sin embargo, fuere lo que fuere, el panorama que ofrece el pequeño comercio es altamente desolador. 
No obstante, aún estamos en un periodo de letargo debido al verano y las consecuentes vacaciones de la mayoría. La realidad, sobre todo la económica, se conocerá en el próximo otoño, que es cuando se darán los datos reales de despidos reales, de ERTES transformados en ERES, de engrosamiento de las listas del paro de la población activa real, amenazando como lo está el recrudecimiento de los brotes de casos de COVID-19 en casi todos los rincones de España, y por lo tanto, la amenaza cierta y real de una nueva situación, quizá no de confinamiento similar al de los meses de marzo y abril sino a un proceso similar al mes de mayo y junio. Todo es posible mientras no exista un antídoto real contra el virus, que parece podría llegar a finales de año.
O eso o es que alguien anónimo y con mucho poder está girando la rueda del mundo a su antojo. Sí es así, ya no se tratará tan solo de un virus que no extraordinariamente mortal sino más bien que éste ha sido la excusa para seguir girándola. Daría igual que fuera este virus ahora u otro en el futuro porque casi siempre la causa no siempre tiene mucho que ver con los motivos. Como también podría darse un colapso informático provocado y los efectos podrían ser aún más devastadores. Virus hay millones y las posibilidades de boicotear el mecanismo informático hiperconectado es tan viable como provocar un colapso en una autovía en plena operación salida o regreso de vacaciones. Lo importante es saber si ese o esos que mueven la rueda del mundo a su antojo pueden ser controlados o detenidos por los poderes constituyentes o si son estos mismos cómplices o, incluso, responsables de estos giros. 
No lo sabemos y mucho me temo que no lo vamos a saber jamás. 

23 septiembre 2018

PERCEPCIÓN DEL FRACASO

Con ocasión de una reflexión en mi muro de Facebook de Antoine de Flové sobre el fracaso, consideré que es un asunto que da para un buen puñado de palabras, qué digo puñado, una novela río si hiciera falta, porque ¿qué no ha movido al mundo con más dinamismo que el fracaso? O al menos la percepción de él.
Pero, ¿qué es el fracaso? Me pregunto. De Flové dice que debe ser tu amigo, como la muerte. O sea, si es posible, el amigo con el que te vas de cañas y con el que te ríes de cualquier musaraña que pasa cerca, que es lo que hacen los buenos amigos cuando no tienen nada serio de qué hablar. Dicho así no suena tan terrible, pero puede serlo. No obstante, con el tiempo he llegado a considerar muy seriamente que el fracaso no existe sino la idea o percepción que tengamos de él, porque ¿qué es en realidad fracasar? No, no es fácil definir el concepto. 
Es posible que existan tantos conceptos de fracaso como de personas en el mundo. Para una persona que desee atesorar una fortuna antes de morir, fracasar será no atesorarla sino tener tan solo  lo suficiente para vivir, pero para una persona que desee tener lo suficiente para vivir, el fracaso se le representará como no tener lo suficiente. Más ejemplos: 
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Para un maratoniano de élite, fracasar será no correr la final olímpica de la especialidad, mientras que para un corredor aficionado, fracasar será no haber corrido jamás un maratón popular. Podríamos escribir aquí sobre millones de ejemplos, pero no creo que sea necesario. Sin embargo, este tipo de fracaso o percepción del mismo es más del tipo exterior, es decir, de algo que queramos conseguir de puertas afuera. Pero hay otro fracaso interior, el que puede llegar a sentir cualquier persona que considere que no ha hecho con su vida lo que deseaba hacer, sin necesidad de atesorar una fortuna o correr un maratón. Ese tipo de fracaso, al ser más interior, es mucho más difícil de captar, sobre todo porque se vive en el fuero interno, si bien podría proyectarse hacia el exterior fácilmente. Y ahí entra otro elemento fundamental: la percepción que tengamos de las cosas, incluso, la percepción que tengamos del fracaso mismo. Triunfar o no hacerlo en lo que sea que se emprenda puede considerarse fracaso o no, todo depende del nivel de autoexigencia que tengamos y de la idea que tengamos del triunfo en sí. 
Dicho todo esto, lo fundamental es cómo interpretemos esa percepción. Una percepción integral de algo, con toda seguridad, nos llevará a sentirnos fracasados. Me explico. Una persona que desee que su libro, su coche, su forma de ser, su físico o lo que sea, guste a todo el mundo, con toda seguridad se sentirá fracasada o parcialmente fracasada si alguien manifiesta que no le gusta; por contra, alguien que considere que es imposible que sus cosas gusten a todo el mundo, jamás se sentirá fracasada, sencillamente, interpretará como es debido, sin que una opinión o varias le hagan sentir fracasado. Si lo pensamos bien, en esta última frase está la clave de todo: en la percepción de las cosas que puedan considerarse fracaso o no. De hecho, yo no me sentiré fracasado si esta entrada no gusta a todo el mundo, diré, tan solo, que a alguien no le ha gustado. Tampoco consideraré que sea un éxito si le ha gustado a alguien. Ahí debe radicar el equilibro. Creo yo.      

04 junio 2018

UN GORRIÓN EN LA FAMILIA Y OTRAS REFLEXIONES

Resultado de imagen de GORRION PEQUEÑOAdquirí la costumbre este pasado invierno -muy duro en Granada- de alimentar en mi amplia terraza a gorriones. Eran mayoría de éstos los que venían, pero también llegó alguna que otra paloma y algún que otro tipo de pájaro de mayor tamaño. Y esa costumbre diaria hizo que alguna hembra de gorrión se quedara a anidar en un tejado pequeño que cubre uno de los elementos de la terraza. Lo advertí por el inarmónico piar del o los guacharros, que iban aumentando su sonido y su armonía a medida que crecían con gran rapidez. Desconozco si sobreviven todos los que nacieron aunque me temo que eso es difícil que ocurra, pero sí pude ver a alguno de ellos ya crecidito que ha hecho del pequeño tejado su hogar y de vez en cuando sale de su nido o espacio habilitado para comprobar si puede volar. Desconozco también si el que veo es siempre el mismo o son distintos, pero también le he dispensado alimento. El resultado final es que ahí siguen buscando la forma de alimentarse o buscando la forma para atreverse a echar a volar, a pesar de la altura considerable que hay. Como es lógico, no seré yo el que les meta prisa. Esta es su casa y lo saben. 
Lo curioso es que he faltado unos días de casa y al regresar lo primero que escuché es su anárquico piar. Esbocé una sonrisa porque no me acordaba que los dejé ahí cuando partí. Algo similar a cuando uno o varios miembros de una familia se van una temporada de casa pero quedan uno o varios miembros en el hogar. De ahí que no haya tenido la sensación que la casa haya quedado vacía y sola.

Por un mundo más respetuoso con los animales

En este mundo en el que vivimos, los humanos solemos ignorar demasiado a las distintas especies de animales que nos rodean. No se trata de que las ignoremos en el sentido de dejarlas vivir, que sería lo justo, sino que esa ignorancia viene referida a un desdén mayúsculo hacia ellas que se convierte en el germen del uso violento que ejercemos contra éstas, ya sea para utilizarlas como comida, diversión, usar sus pieles o sus plumas o, sencillamente, despreciándolas por considerarlas inferiores. No existe una empatía humana generalizada hacia esas muchas especies que conviven con y entre nosotros, en la mayoría de los casos ofreciéndonos múltiples opciones que mejoran nuestra calidad de vida porque son aún más necesarias que nosotros mismos para el equilibrio medioambental. En realidad, vemos a las demás especies como seres vivos que están a nuestro servicio, actitud que adquirimos culturalmente desde la infancia porque así está asentado en nuestra sociedad e, incluso, en nuestras religiones. Sin embargo, a poco que observemos encontraremos en todas y cada una de ellas virtudes y habilidades plausibles que nosotros no poseemos. Nosotros poseemos una supuesta inteligencia, no siempre bien empleada, pero en otros aspectos somos inferiores. No tenemos la visión del águila ni el oído del perro ni la agilidad de los felinos ni la audacia de los reptiles ni la fuerza del elefante o del caballo, pero eso lo pasamos por alto porque consideramos que con tener una inteligencia superior ya es más que suficiente.
Hemos de cambiar nuestra mentalidad y tender a una línea antiespecista que sirva para igualar las virtudes y también los defectos que tenemos entre sí las distintas especies. Es la única forma de llegar al respeto hacia todos los animales que pueblan el planeta.              

22 marzo 2018

EL BLOG, LA CASA LITERARIA DEL ESCRITOR.

Resultado de imagen de BLOG LITERARIO    La base de mi producción literaria siempre ha sido el blog. Es algo que intuía como fundamental, más que saberlo con certeza. Comencé a administrar el primer blog (Diario de un corredor) allá por el año dos mil cinco, si no recuerdo mal, una época en la que los más puristas, los más contrarios a todo lo que fuera digital, lo calificaban como algo parecido a la seudoescritura (por cierto, también lo decían cuando irrumpieron los procesadores de texto). Una época en la que no existían las redes sociales tales como Facebook o Twitter, y ni mucho menos LinkedIn, Pinterest o Instagram. 
    Aquel primer blog, que partía de un planteamiento lo más literario posible relacionado con las sensaciones que yo experimentaba cuando corría -y que después se convirtió en la génesis de mi libro Corriendo Entre Líneas-, fue introduciendo poco a poco todo lo que me gustaba, ya fuera cine, música,  libros y series (apenas había series por entonces, pero las pocas que habían eran extraordinarias, por ejemplo, Dr. en Alaska), pero también escribía mucho sobre política. No en vano yo fui concejal hasta dos mil tres y aún la tenía en el mi torrente sanguíneo. Eran otros tiempos. Poco a poco fui escribiendo ahí relatos, poesía, artículos y otras cosas que luego he aprovechado y sigo aprovechando para mis libros. 
    Y hago esta reflexión porque últimamente estoy muy en contacto con comunidades de escritores y escritoras interesados en muchos aspectos del marketing digital y los más especializados, algunos de ellos con plataformas profesionales de formación, aluden a la importancia de que el escritor tenga un blog propio (si es posible con un dominio exclusivo), que es la base de su creación, su plataforma de autor, su casa literaria, lo denomino yo. Y lo dicen, precisamente, en una época en la que las redes sociales ya parecen haberse comido por completo al blog, algo que no es cierto en absoluto, todo lo contrario, está saliendo cada vez más reforzado, sobre todo gracias a la especialización y a la extensión con la que se puede escribir en él. Digamos que en un plano real imaginario, las redes sociales son el bar a donde vas a tomar unas cañas y hablas de todo sin apenas profundidad ni compromiso, mientras que el blog es la biblioteca, la librería, el lugar donde se presentan libros, la sala de exposiciones...Todos esos sitios a los que acudes de manera voluntaria y porque te interesa lo que allí se cuece. Así de fácil. 
     La reflexión también viene a cuento de la extraña y perversa vorágine que se está produciendo en torno al autobombo en las redes sociales de los cientos de escritores que se autopublican o no, hoy en día. Lo puedo entender porque yo soy uno de ellos y también las utilizo (cada vez con más cautela y seriedad, eso sí), pero gracias a que soy un tipo que intenta reflexionar y recular, he caído en la cuenta que ese autobombo es cansino y rechazado (¡compra mi libro, compra mi libro!) si no viene acompañado de contenidos de calidad y propuestas literarias y editoriales serias e interesantes, lo que ya no sería en sí autobombo sino toda una muestra del trabajo que tiene que exponer todo escritor (o todo el que se dedique a la creación) que se precie. Una herramienta muy valiosa, perfectamente adaptada a los nuevos tiempos, que está acabando con el elitismo literario propio de publicaciones especializadas en las que solamente tenían cabida los escritores y críticos vinculados a la editoriales más potentes, casi siempre con un interés comercial concreto. Digamos que con el blog se ha logrado que pueda escribir más gente, que realmente le interese escribir y lo haga de forma habitual, y que de otra forma no hubiera podido mostrar su trabajo. También es extensivo a otras facetas creativas. Ahora bien, otra cosa distinta es trasladar todo ese trabajo literario a un libro exitoso o, al menos, publicable. No todo aquel que administra un blog acaba publicando un libro, pero sí todo aquel que acaba publicando un libro tiene -o debería- administrar un blog. Es un asunto muy importante. De hecho, ya he estructurado un futuro libro breve sobre el tránsito o traspaso del contenido del blog al libro, basándome en mi propia experiencia.             

15 noviembre 2017

CORRER Y CORRER, COMO CONCEPTO EXISTENCIAL


Comenzaba esta tarde el rito anual de "recuperar" la ropa técnica de invierno y guardar la de verano. Este rito, observo, lo llevo a cabo en los últimos años mucho más tarde. Recuerdo cuando lo iniciaba recién comenzado octubre, pero ahora hay que entrar casi en diciembre. Otro dato empírico que demuestra lo cierto del cambio climático. Y, sin embargo, aún no significa que deba utilizar mallas y chubasqueros u otras prendas que abriguen del frío. Puedo juraros que el otro día tuve la ocasión de cruzarme con un corredor que iba enfundado en ropa de invierno avanzado y casi me dio calor al verlo. Yo, en cambio, vestía el mismo pantalón corto técnico de verano y tan solo una primera capa de manga larga, y aún así me sobraban las mangas. O el caso del del primer domingo de noviembre, con motivo de la celebración del Medio Maratón de Motril, en el que pude correr cómodo con la misma ropa técnica que he utilizado en julio y agosto. Y de eso quería hablar en esta entrada -no de la ropa, que tan solo ha servido como introducción- sino de ese medio maratón y la importancia que tuvo para mi fuero interno haber participado en él y haberlo acabado con buenas sensaciones, aún a sabiendas de que mi marca iba a estar muy por encima de la habitual -como así fue-, pero eso no importaba en absoluto.
   Importancia que años atrás no vislumbraba y eso es así porque el correr no es solo una actividad deportiva, sino un concepto de vida que se te pega a la misma allá donde vayas, casi como el respirar. O si no como el respirar sí como una aseveración que forma parte de tu psicología y la percepción que tienes del mundo, es decir, de tu filosofía ante el mismo. De ahí que fuera tan importante que estuviera en esa carrera. Algo así como si te hubieran entregado hace años varios boletos, sin los cuales no podrías sobrevivir, y observas de pronto que se te van agotando y necesitas ir a por más. Así que yo fui a por más a esa carrera y, sí, me traje conmigo un buen puñado que si bien no me servirán eternamente, sí para seguir sobreviviendo otro tiempo. Hubo un tiempo en el que me sobraban boletos. Es más, los regalaba de tantos que tenía, pero últimamente no puede tener esa prodigalidad.     
     Podría parecer que necesitara demostrarme a mí mismo que necesitaba acabar un medio maratón tras haber corrido en lo que llevamos de año -y ya está finalizando- tan solo uno allá por el mes de marzo, pero no se trataba de eso, entre otras cosas porque a estas alturas es absurdo que deba demostrarme a mí mismo que puedo acabar bien físicamente tras veintiún kilómetros. No, el asunto era mucho más complejo. Más espiritual. Más filosófico, como venía a decir antes.
   Algo así como quien siendo bailarín toda su vida, necesitará saltar a la pista de baile para volver a reencontrarse. Porque hemos de saber que lo que se consiguió no se hizo para siempre y que la vida no es otra cosa que una constante pérdida. De ahí que cuando la organización colgó mi foto de la entrada a meta optara por mirarla una y otra vez casi con ternura y emoción en la mirada, cuando años atrás eso no era más que una cursilería egocéntrica y rutinaria.     

09 junio 2017

COMIDA ANIMAL VERSUS COMIDA VEGETARIANA-VEGANA

Resultado de imagen de comida animal, comida vegetarianaResultado de imagen de comida animal, comida vegetariana     Cuando en mayo de 2015 decidí no comer más animales muertos -que es en definitiva lo que supone ser vegetariano o vegano- me hice la siguiente pregunta: ¿cuántas de las personas que deciden dar ese paso lo hacen por ética animal y cuántas por motivos de salud u otras? No he accedido a estadísticas que lo aseveren, si es que las hay, aunque sí lo tuve claro en mi caso: mi opción era la primera, aprovechándome también la segunda, porque conocía que no todo alimento animal es bueno para la salud. Y cuando dí ese paso, sabía que no bastaría con él sino que tendría que dar otros muchos más difíciles que la mera decisión, que en definitiva no es nada sino viene apoyada por una acción coherente con la decisión misma. 
     Porque somos resultado de una cultura. Vivimos imbuidos en ella, hasta el punto que es muy difícil discernir qué es lo correcto de lo que no lo es. Comer carne en nuestra sociedad occidental está casi en nuestros genes (no tanto en otras) y ese ha sido el factor principal que generación tras generación pocos se cuestionen si es legítimo alimentarse de animales que son sacrificados -brutalmente, en muchos casos-, para ese fin. La sociedad, la industria, el gobierno o nosotros mismos, siempre han sabido "ocultar" todo ese sufrimiento y centrar el objetivo tan solo en ese plato condimentado de carne. De hecho, a mucha gente que come carne de manera habitual le produce rechazo ver un animal muerto colgado en un matadero o una carnicería y aún así lo come  con fruición cuando sale del horno sin dudarlo.
     Yo era una de esas personas. Una de los que creía pensar -más que pensaba- que era horrible que mataran animales para que yo me los coma, pero que no era otra cosa que un mal necesario para poder alimentarme, dando por sentado que no podría hacerlo sino era así. Es el primer error y la primera puerta que se cierra cuando decidimos salir de esa dinámica. Pero hay salida, si bien no todo el mundo la interpreta de igual forma. Todo dependerá de qué signifiquen para nosotros los animales; de qué nivel de sensibilidad tengamos. Como en todo, hay personas que cuentan con un nivel de sensibilidad muy alto y otras que tienen ese nivel por los suelos. A estos últimos les será muy difícil 'abrir los ojos' y, por lo general, tampoco serán críticos con las corridas de toros, la caza o los festejos en los que se maltratan a animales de todo tipo. No obstante, es posible que los veas cuidando a su perro como si se tratara de uno de los miembros más importantes de su familia. Sin embargo, los que están en el grupo de "altamente sensibles" acabarán, tarde o temprano, por adoptar una alimentación lo menos dañina posible contra los animales y muchos de ellos acabarán haciéndose vegetarianos o veganos. Puedo afirmar casi con total seguridad que me hallo en ese grupo, a pesar de que mi cultura y educación desde niño -como nos ocurre a la mayoría- no me haya ofrecido oportunidades apenas discernir.
     No obstante, la gran batalla -por llamarle de alguna manera- está en esas personas sensibles 'a secas' con los animales. Esas personas que gustan de todos, más allá de su mascota. Es quizá en ellos en los que radique una esperanza futura para que acaben por apartar de su dieta animales. Viven en un difícil equilibrio y les falta ese empujón, que hoy día vienen dando Internet y las Redes Sociales, con información a raudales sobre ese maltrato y la alternativa de la comida vegetariana. Pero por encima de todo esto, está la educación, esos mataderos de cristal que deberían de existir en palabras del Nobel de Literatura Coetze que permita conocer a las personas cómo sacrifican a los animales que luego irán troceados a su mesa. Estoy convencido de que si existieran, tres cuartas partes de la humanidad abrazaría en serio la posibilidad de apartar animales muertos de su plato. Y lo que considero definitivo es que exista esa opción en los primeros ciclos educativos, desde la más tierna infancia, pero mucho me temo que los gobiernos, la potente industria cárnica y la sociedad misma no lo van a permitir jamás porque hay otros intereses en juego.    

13 diciembre 2015

ACERCA DE LA UTILIZACIÓN DE LAS PALABRAS EN LAS REDES SOCIALES (UNA REFLEXIÓN A VUELAPLUMA)

Es muy importante cómo se dicen las cosas, pero mucho más cómo se escriben. Principalmente en este momento histórico en el que las redes sociales protagonizan a diario nuestras vidas (en muchos casos con más protagonismo aún que en la vida real). He conocido casos de gente que ha querido comentar algo en un blog, en Twitter o en Facebook, y le ha salido completamente lo contrario de lo que quería decir. Una coma mal puesta, una interjección a destiempo, un adjetivo mal empleado, una preposición que sobra, un verbo mal conjugado, un artículo que falta...en fin, que es tremendamente peligroso esto de juntar palabras, sobre todo si se hace con la premura y precipitación que imponen las redes.
Y lo digo porque hay mucha gente que es crítica en éstas con colectivos, situaciones sociales políticas o económicas o culturales, crítica con un sin fin de cosas (y yo me cuento entre ellos), pero en más ocasiones de las normales se hace una mala utilización de la crítica, ya que ésta jamás debe ser personal, pero sí es lícito criticar a colectivos, sin individualizar. Yo lo hago con frecuencia. Si digo, como hace poco, que 'los políticos lo enmierdan todo', me refiero al colectivo, pero en absoluto a ningún político en concreto; o al menos, a ninguno en concreto que conozca o que, incluso sea amigo o conocido. Defiendo que se pueda criticar al colectivo y personaje, pero no a la persona, sobre todo cuando se trata de personajes con cargos muy importantes y mediáticos (por ejemplo, un presidente de un gobierno de un país). En en ese sentido, recuerdo cuando yo era un modesto concejal de cultura de un modesto pueblo (Pinos Puente) y cada dos por tres le leía a Pérez Reverte que los concejales de cultura eran unos analfabetos. No sólo lo compartía, sino que me reía con esas ocurrencias, porque sabía que en el colectivo había muchos que respondían a ese calificativo, pero jamás me daba por aludido. Distinto hubiera sido que Pérez Reverte hubiera dicho 'José Antonio Flores Vera, Concejal de Cultura de Pinos Puente es un analfabeto'.  Llevo muchos años escribiendo en prensa y sé lo que me digo; he publicado y sé lo que me digo. Creo saber dónde está la frontera de la crítica personal y de la crítica general. 
Me ocurre igual con otros colectivos a los que critico ferozmente porque soy defensor de los animales. Dos ejemplos: los toreros y los cazadores. Por suerte, no tengo ningún amigo torero, pero sí muchos conocidos y es posible que amigos que le gustan las corridas de toros. Ese dato no me frena para criticar esta práctica e, incluso, podré decir cosas no agradables de los seguidores de esta barbaridad. Podré criticar esa afición parcial, pero jamás menospreciaré a nadie en concreto. Parecido ocurre con los cazadores, algunos de los cuales conozco. 
Porque resulta que en este mundo asimétrico y tan dimensional, nadie es nada en concreto, sino muchas cosas buenas y malas al mismo tiempo; y esas cosas buenas y malas, no lo serán para todo el mundo por igual. De ahí que jamás haya apostado por la inmovilidad de ideas u opiniones. Todo es cambiante. Lo que hoy es negro, mañana es blanco. Para ejemplo yo mismo, que es el caso más cercano que conozco. Ahora soy vegetariano y no comparto -y tampoco comprendo ya- que la gente coma carne, pero no puedo obviar que hasta hace siete meses yo mismo era carnívoro, pero eso sí, siempre comprendí y acepte las críticas de los vegetarianos a quienes comíamos carnes.
En ese sentido, leí hace tiempo un opúsculo escrito por Mao Zedong, el famoso dirigente chino. Se llamaba 'Las contradicciones' y hacía alusión a cómo hay personas con las que coincidimos en muchas cosas y con las que no coincidimos en otras muchas. De hecho, escribí un artículo en Ideal sobre este asunto (artículo que está incluido en el libro de próxima aparición 'Opiniones intempestivas' -aprovecho para hacerme publicidad-). Y es sorprendente que podamos coincidir con un mismo individuo, que es nuestro amigo, en muchas cosas y ser totalmente contrarios en otras. Igual ocurre con los miembros de tu propia familia.     
Amigos y amigas, todo es muy complejo y muy dinámico en este mundo que nos ha tocado vivir. Y si ya era complejo en la realidad física, la realidad virtual ha incrementado aún más esa complejidad.           

08 septiembre 2015

UNA REFLEXIÓN PROBABLEMENTE HETERODOXA SOBRE LOS REFUGIADOS SIRIOS Y OCCIDENTE

Asunto complejo tienen en sus manos los dirigentes comunitarios. Pero sobre todo los ciudadanos que, al final, siempre serán los perjudicados más que benefactores de las políticas que llevan a cabo sus dirigentes.
Decir que el mundo es asimétrico en todos los aspectos no aporta apenas nada a lo que ya sabemos. Hemos construido una sociedad desigual, en la que determinados países han prosperado y alcanzado un bienestar más que aceptable, mientras que otros siempre están en el furgón de cola, sin posibilidad de salir del catastrófico agujero en el que están instalados, bien por la injusticia de la historia o el abuso de sus sátrapas, normalmente apoyados por Occidente.
A estas alturas ya tenemos claro que la pobreza de muchos es la razón de la riqueza de unos pocos. Ocurre con las personas, pero también con los estados. Pero también ocurre que en cuestiones de economía casi nunca hay mecanismos de equilibrio que consigan buscar una solución para que los ciento noventa y cinco países soberanos que conforman el mundo convivan como buenos vecinos sin necesidad de entrar en la propiedad del otro. Y si a todo eso hay que sumar violentas guerras, genocidios, guerras de religión, segregaciones étnicas o cualquiera de las diferentes formas de crear el caos, la solución no es que no sea fácil, es casi imposible.
Por tanto, es propio y un derecho natural que las personas busquen refugio allí donde puedan si en su propia tierra peligran sus vidas. Y también es propio que a la hora de buscarlo dirijan la vista hacia países prósperos, los cuales estarán en mejores condiciones económicas, políticas y sociales para albergar a las personas refugiadas. Se trata de un orden propio del derecho natural, pero también es una cuestión económica, porque nada se mueve en el mundo sin la economía. 
La foto del niño sirio yaciendo ahogado en una playa de Turquía, para más morbo, cerca de un lugar turístico para gente pudiente, ha abofeteado aún más las mejillas de los países ricos, que remisos y dudosos a la hora de aceptar contingentes de refugiados de Siria y otros países, no han tenido más remedio que dar su brazo a torcer, empujados por la opinión pública, que ha sido aún más sensible a esa realidad que muestra la fotografía. Hay un clamor a favor de acoger refugiados. En un orden lógico, los países ricos deben ayudarles, pero también es obligación de los gobiernos y de los ciudadanos decidir con responsabilidad en cuanto a lo que esto conlleva. No se trata de que deban ejercer un liberalismo a ultranza en el que el hombre no cuenta, sino tener claras las consecuencias, tanto económicas como sociales. Por desgracia hoy día las buenas intenciones y las ideas humanitarias tienen un coste económico, social y político sobre el que hay que reflexionar con la mayor imparcialidad y seriedad posible.   
España, remisa a acoger refugiados hasta el final, ha hecho unas cuentas aproximadas y ha calculado que la acogida de 15.000 ciudadanos sirios refugiados costaría a las arcas públicas 150 millones de euros. Pues bien, en una sociedad moderna, en un Estado de Derecho en el que los números es la razón fundamental de las políticas públicas, eso debe estar presupuestado de manera conveniente. No se trata de un apunte cínico, sino de una realidad que hay que afrontar. Como hay que afrontar el hecho del mayor coste subterfugio pero real que hay que asumir por la permanencia de todos estos seres humanos, ya que a plazo medio no estarán en situación de producir para la sociedad que les acoge, es decir, desarrollar una profesión. O sea, contribuir a la sociedad que les acoge. 
Muchos ponen el ejemplo de que España ha sido un país emigrante, pero hay que distinguir una emigración laboral con una emigración forzada por una guerra. Es cierto que tras la Guerra Civil española muchos españoles se vieron forzados a irse y fueron acogidos por otros países, pero no olvidemos que la mayoría de esa gente eran intelectuales y políticos del bando vencido que aportaron mucho a las sociedades que les acogieron, como profesores, escritores, artistas o, sencillamente, gente muy preparada. Por supuesto -seamos serios-, no será el caso de los 15.000 ciudadanos sirios, o al menos, no será el caso en su mayoría. De hecho, ya se están dando cifras de lo que costaría acogerlos, asunto que no sucedería si fueran ciudadanos que llegaran con una profesión bajo el brazo. Mucho menos en España, país que expulsa del mercado laboral a muchos españoles. En pocas palabras, todo este contingente humano habrá de ser auspiciado a través de los presupuestos públicos, es decir -no nos engañemos- del dinero de los impuestos de los ciudadanos. No lo digo como crítica, ya que soy de los que opinan que refugiarse en otro país es lo lógico y normal (yo sería el primero que lo haría si de lo que se tratara es salvar mi vida y la de mi familia y amigos), lo digo como razón pragmática que hay que asumir desde el primer minuto. Y lo que defiendo en este artículo es que eso me parece lo lógico y lo correcto. Y postulo porque los gobiernos eliminen partidas de gastos suntuarios e innecesarios para poder dotar presupuestariamente ese coste sin que tenga que salir del bolsillo de los ciudadanos. Eso es perfectamente posible. Otra vía es que la ciudadanía admita la subida de impuestos para esa acogida, pero me pregunto ¿será eso admitido, incluso por los santones más progres favorables a la acogida, esos que dicen que todo lo pague el Estado pero luego se quejan de la cantidad de impuestos que hay que asumir; o que sencillamente invaden impuestos cuando le es posible? Es más, muchos de los que deciden por nosotros, los ciudadanos, no pagan impuestos o, sencillamente, evaden capitales por las noticias que hemos conocido en los últimos años. En ese sentido, ¿asumirían los políticos una bajada de sueldo y la Casa Real una bajada sustancial de sus asignaciones para dedicarlo a la acogida de refugiados? No. Sinceramente, creo que no, ya que nuestros políticos no se llaman José Mújica (Presidente Uruguayo).  
No son reflexiones cómodas, ya lo sé, pero hay que mojarse. Poca gente lo hace. 
En estos días, estoy visitando foros y hay una clara disposición a la acogida, cosa que me parece lógica en un mundo tan desigual, pero también muchos ciudadanos están preocupados por el coste económico, quejándose que deberían ser 'refugiados', en primer lugar los ciudadanos propios que subsisten sin empleo ni prestaciones. 
Todo esto suscita un amplio debate que hay que afrontar. Y lo debe de afrontar Occidente desde la premisa de saber que su riqueza y el bienestar económico y social de sus ciudadanos es posible que se deba al deterioro de la vida en países subdesarrollados, por lo que acogiendo a individuos desfavorecidos, de alguna manera se devuelve la moneda, ya que nada es gratis ni fácil de conseguir en este dispar mundo, supuestamente civilizado.           
Por su parte, los ciudadanos del primer mundo deberíamos de estar dispuestos a asumir que las cosas no podrán seguir como hasta ahora; que no será posible no abrir la puerta a los ciudadanos del llamado tercer mundo; que no será posible seguir manteniendo el mismo estatus ante un mundo tan desigual; que si Occidente no se ha preocupado de crear riqueza y bienestar en los países pobres de Asia, África y América (todo lo contrario, siempre los ha explotado), ahora ya es tarde para ello y no habrá más remedio que abrir las puertas de sus casas para acoger a quien de una manera u otra acabará entrando. Así de complejo y de real el mundo en el que vivimos.
Los gobiernos occidentales deben saber que el gasto público tras la acogida de cada vez más ciudadanos de la parte del mundo más desfavorecida será más amplio. Insisto, deberán ponerse las pilas y dejarse ya de gastar en gastos innecesarios. En prebendas, en fastuosos gastos oficiales, en boato, en inversiones estúpidas. Deberán derivar el gastos superfluo hacia partidas sociales, educativas o sanitarias. O eso, o seguir con el mismo nivel de gasto, lo que conllevaría subir los impuestos de los ciudadanos residentes. ¿Se bajará la casta del burro cómodo en el que están instalados? 
Por otra parte, los países occidentales han demostrado torpeza histórica al creer que podrían cerrar sus fronteras de oro. El mundo es global y no hay fronteras que impidan la entrada del sufrimiento, del hambre, de las guerras, del genocidio. En realidad, todos haríamos lo mismo si nos encontráramos en la situación de los sirios. Pero poco se han preocupado las potencias mundiales de crear riqueza y forzar la paz en los países a los que no les ha podido extraer nada material, ya sea petróleo u otros recursos naturales valiosos. Lo lógico y conveniente siempre es crear riqueza en todos los países de la orbe mundial para que los ciudadanos puedan seguir viviendo en su tierra que, en última instancia, es lo que pretende todo el mundo, ya que nadie emigra por voluntad propia. España es un ejemplo de ello por los muchos emigrantes que siempre ha tenido.   

Ante todo este asunto es obligatorio hacerse estas preguntas: 

¿Estarán dispuestos los países occidentales a asumir presupuestariamente la entrada de refugiados, eliminando partidas suntuosas que favorecen siempre a la casta? 

¿Estarán dispuestos los ciudadanos, en su caso, a pagar más impuestos para acoger a más refugiados? 

¿Están preparadas los países occidentales a cada vez más gente del tercer mundo? 

¿Habrá conflictos étnicos, religiosos, sociales, económicos?

¿Habrá acabado el estatuto social y económico de Occidente?

Muchos interrogantes que hacerse ante la realidad que se le viene encima a Europa y a los países occidentales.   

04 septiembre 2014

REFLEXIONES POS 'HUELLA DEL BÚHO'.

Bien mirado, pensar en tan sólo participar en la 'Huella del Búho', el Trail Running de Colomera a través de varias localidades de dos municipios de la comarca de Los Montes Orientales, es un descoco. Principalmente para un corredor que viene del running puro, ese que hace deslizar los pies por asfalto, caminos, calles y todo lo más alguna vereda empedrada. Con cuestas, sí, pero cuestas integradas dentro de las rutas habituales de las ciudades, de los caminos...Unas más duras, otras menos, pero siempre al alcance del corredor, que con tan sólo ir adecuando el ritmo a la pendiente va superando sin problemas.
Pero nos gustan los retos. 
Pero, ¿qué hay detrás del reto? Eso dependerá de cada uno. Me aventuraría a sostener que, a excepción de quien participa en estas pruebas para ganar, para abrirse camino en este deporte, el que entrena más de cinco horas diarias para hacer la mejor marca posible o acceder a otro tipo de pruebas más duras y en las que se exige una marca mínima; a excepción de ésos, decía, los que allí estábamos a las seis de la tarde en Colomera, nos movían otro tipo de pasiones y motivaciones. 
Tal vez, la más común a todos fuera el sentirse haciendo algo distinto. Eres corredor -o senderista- y te gusta la montaña. Disfrutas andando o corriendo por veredas recónditas, lugares salvajes en los que apenas se aprecia un atisbo de civilización. Todo naturaleza. Ese móvil y saberte que eres capaz de aguantar treinta kilómetros es más que suficiente para inscribirte en este prueba que, además, al ser en agosto y acabar -para la mayoría- en noche cerrada, le confiere un plus épico. 
Para otros podrá haber otras motivaciones, otras pasiones. 
Dicho esto, he de decir que mi caso no es exactamente ninguno de los descritos. Y digo exactamente porque algo de esos también ahí, aunque sea en pequeñas dosis. Soy corredor y me gustan las grande distancias. Es más, ya he participado en pruebas largas y duras y sé que estoy entrenado para esas distancias y puedo resistir. Sin embargo, aunque me gusta la montaña, no soy el clásico tipo que pierde las mañanas del domingo andando por rutas de montaña. Es más, ni tan siquiera sentí la necesidad de entrenar por ese terreno cuando ya había tomado la decisión de correr en Colomera. Todo lo más, había planificado entrenamientos entre carriles de olivos, la parte más benigna de la prueba de la 'Huella del Búho', precisamente. 
Luego, ¿qué me movió a correr por estas latitudes? Haciendo abstracción que -como decía en la entrada de la crónica- me unen con Colomera lazos afectivos y que la zona de Los Montes Orientales es por mi conocida al ser fronteriza con mi municipio de nacimiento, que es de Vega (algo del municipio tiene elementos comunes con los de los Montes), lugares por los que, incluso, he entrenado, haciendo abstracción de todo eso, decía, había como una especie de llamada en mi interior. Una parte de mi mente decía que no debía hacerla y otra que sí. La que decía que no, razonaba con sensatez: no es tu terreno, no conoces el trail, no se te ha ocurrido entrenar por ningún monte, no sabes subir, no sabes bajar, no tienes unas zapas adecuadas (ahí se equivocó algo la parte de la mente que decía que no: las Brooks Cascadia cumplieron sobradamente, si bien no son las mas adecuadas del todo). La que decía sí no razonaba tanto. De hecho, no razonaba nada. Más que pensar se dejaba atrapar por el impulso, por la ilusión infundada de hacer la prueba. Sin contemplaciones ni consecuencias futuras.
Y como siempre ocurre, ganó la parte mala, la que decía sí.
Pero hube de darle las gracias al final. No me gusta darle las gracias a los malos, pero en esta ocasión tuve que hacerlo. Porque de no haberme guiado por sus cínicos consejos no habría experimentado la sensación que sigo experimentado a cuatro días ya de terminada la prueba. Es más, le estoy dando tanto la razón a la parte de la mente que decía sí que ya casi he decidido participar el año que viene, ¿Qué locura, no? Obviamente, tendré que escuchar aunque sea tan sólo una vez a la parte buena, la que dice no. 
En otras condiciones, en las pruebas de running en las que me prodigo, estaría dándole vueltas a la más que discreta marca que hice, pensando por qué no tiré más en determinada zona o porque fuí tan conservador en otra, pero no ha sido así en este caso. Es más, cuando ya había agotado todas las expectativas de terminar en el tiempo en que terminé (ahora me sonrío ante mi ingenuidad, al haber calculado los tiempos de manera muy similar a cuando los calculo en, por ejemplo, un maratón), es cuando realmente comencé a disfrutar de verás de la prueba. De cada uno de sus tramos e, incluso, de sus avituallamientos en los que no miraba el reloj mientras ingería y comía. Eso fue más o menos a la altura de Moclín. Me encontré con un animoso grupo de corredores conocedores de esta disciplina, pero con una visión de la misma la mar de positiva y gracias a ellos comprendí que si no vas a ganar, lo ideal es disfrutar lo máximo de este tipo de prueba, de sus paisajes, de sus gentes, de todo lo que la rodea. Además, en honor a la verdad, estaba completamente destrozado: los cuádriceps a punto de estallar, las ampollas de ambos pulgares de los pies pugnando en tamaño con los dedos mismos, el estómago con una movimiento similar a un volcán en inminente erupción...Así que lo inteligente en tales condiciones y sabiendo que estaba en un terreno que no era el mío era disfrutar. Y así lo hice.
Me han preguntado familiares, amigos, conocidos y compañeros de trabajo que qué tal. Se han admirado de la 'locura y valentía' de correr en esta prueba, es más, algunos más cercanos han mostrado preocupación (sobre todo mi pareja cuando me vio aparecer por casa con la cara lívida), pero todo eso me ha ratificado aún más en que hice lo correcto, lo que me ilusionaba hacer, lo que decía la parte de la mente que decía sí.
Porque seamos francos, a este tipo de pruebas no te inscribes por gloria, fama, ni para que te admiren más, claro que no, nada de eso es importante. 
Lo que es importante es saber que tu lado de la mente insensata ha ganado a la sensata y que gracias a eso has conseguido rebelarte contra lo razonable y establecido, aunque tan sólo haya sido durante una calurosa tarde de agosto.     

31 agosto 2014

CUATRO REYES, CUATRO CABEZAS

Leo con asombro y mucha indignación que el rey viene a pasearse y de camino ver gratis total al partido inaugural de la selección española de baloncesto. Viene a Granada, que es una ciudad a la que siempre gustar venir y mucho más si te traen gratis -gratis para él, sí, pero con los impuestos de todos los españoles- y de camino comes a cuerpo de ídem y acabados los fastos, tan ricamente te devuelven a tu palacio o donde diablos viva ahora el rey.
Porque se no se trata del rey actual, sino del rey padre. 
Pero en qué quedamos, ¿en que ahora tenemos dos reyes y dos reinas? O sea, que somos el país pobre de la Europa rica con monarquías con mas reyes, a excepción de la muy monárquica Gran Bretaña. Es decir, cuatro presupuestos distintos y diferenciados. O sea, en palabras más llanas: mucho más gasto que con anterioridad. 
Más gasto, sí, sí hacemos pequeñas aritméticas: los reyes viejos mantienen sus sueldos como antes y todos los gastos de representación y nadie nos ha dicho que se hayan ido de Zarzuela (al menos yo no lo sé); los reyes nuevos doblan su sueldo y asignación, más gastos de representación al pasar de la categoría de príncipes a reyes; y para colmo sus descendientes -o alguna de ellas, no lo sé- pasan a la categoría de princesitas, con las asignaciones correspondientes. Mucho trabajo de guillotina para los revolucionarios franceses si estuviéramos en 'La France' de 1789. 
Qué tomadura de pelo para este paupérrimo país, exento ya no sólo de riqueza y recursos económicos sino de moral y ética alguna. Qué manera de abusar del pueblo llano, que obviamente alguna parte de culpa tendrá cuando admite a bocanadas todo este tipo de abuso y atropellos. Qué vergonzosa forma de ofrecer privilegios a quien no se los merece porque levita sobre ellos la sombra de la corrupción y la opacidad y para colmo no han sido votados.
Me pregunto cómo podremos librarnos de tanto parásito. Porque cuando más parece que se inician nuevas iniciativas para descolgar de la poltrona a tanto vividor, más se ahonda en proporcionarle privilegios. Pasamos de tener dos reyes  a cuatro y todo se hace sin el más mínimo pudor, además de con el cinismo bien diseñado por el gobierno y los medios de comunicación rastreros de hacernos creer que todo eso es para diseñar unas instituciones más modernas, flexibles y que conlleven menos gasto. Pero ¿a quién creen que engañan con tantas monsergas? Lo único que tienen es el poder, no la razón ni la verdad.  
Es tanta la vergüenza que da todo esto que sospecho que la única de combatir este abuso continuado sólo deja margen para dos posibilidades, a lo sumo tres: 

1) Irse para siempre de este país de mierda.
2) Votar a opciones totalmente contrarias a las actuales.
3) Utilizar la vía de la violencia, totalmente justificada cuando se trata de derribar abusos y componendas lesivas para la ciudadanía. De hecho, esa violencia dada en las grandes revoluciones es la que permitió que a día de hoy el orden mundial no sea tan perverso como lo hubiera sido de no haberse producidos éstas, principalmente la Francesa.

17 agosto 2014

DEL CIVISMO Y LA EDUCACIÓN

España, como sabemos, es una país donde la educación y civismo están a niveles bajísimos. Escribo esto mientras que por la ventana de mi estudio entra un ruido ensordecedor de los cuatro parquecitos -vaya invento del demonio- que el ayuntamiento o las constructoras han colocado en mi calle aglutinados en un espacio corto, a pesar de que la calle es larga y podrían haberse colocado de manera más salpicada. Pero en fin, pedir sensatez a esta alturas es inútil.  Justo enfrente, al lado de uno de ellos, hay un bar que tiene varias mesas en la puerta. Los padres se toman su bebida mientras que sus hijos se desgañitan el gaznate gritando lo más fuerte posible, sin que reciban ni la más mínima reprimenda y sin importar que haya personas que quieren estar tranquilos en sus casas o tengan que madrugar para trabajar (¡por Dios es que ninguna de esta gente le apetece llevar a cabo una actividad silenciosa y satisfactoria como, por ejemplo, leer un buen libro!) . Total es la calle y ésta no es de nadie, como dijo del dinero público aquella política analfabeta. 
El pasado fin de semana estaba en un chalet de unos familiares, en una bucólica urbanización a las afueras de Granada y dos casas más abajo había unos individuos con una verdadera discoteca montada que impedía que se pudiera ni tan siquiera hablar. Me ofrecí a hablar con ellos y, sí, desconectaron la música, pero me cuentan que hoy han vuelto a ponerla más alta si cabe.
Hace algún tiempo, le recriminé a un conductor su incorrecta maniobra -a mí también me la recriminan cuando la hago, lógicamente- y el individuo se ofendió tanto por mi llamada de atención que estuvo un buen rato echándome sapos y culebras con su claxon y, seguramente con su boca. Me pregunté que hubiera ocurrido si la maniobra incorrecta la hago yo.
Esta mañana me encontraba en Fonelas, tras correr su segundo trail y un individuo literalmente nos arrolló a unos cuantos al abalanzarse a coger un refresco o agua o lo que fuera. 
En fin, son sólo cuatro casos vivenciales, pero podría tirar de neuronas y encontrar muchos más recientes, que esto es una plaga. Y me temo que de esa vorágine incívica se salva poca gente porque pareciera que se tratara de una enfermedad contagiosa.
¿A qué se debe, pues, que seamos tan mal educados en este país? ¿A la escuela? ¿A la telebasura? ¿A la falta de cultura? ¿A la deficiente educación de determinados padres para con sus hijos? ¿La falta de respeto hacia los semejantes? Puede ser que se deba a un poco de cada cosa. Pero ocurre que cuando ese hábito se implanta en un país es muy difícil erradicarlo. Lógicamente, no quiero decir que todos los individuos sean o seamos unos mal educados, que esto, como sabemos, va por barrios, niveles educativos, expectativas y no funciona igual en todos los lugares de España. 
He viajado por todo el país y no todas las regiones y ciudades tienen el mismo nivel de mala educación. Por ejemplo, en Granada, que es donde habito, cuesta Dios y ayuda a que un coche se detenga en paso cebra; sin embargo, en otros lugares de Andalucía, como es la ciudad de Cádiz, me sorprendió en su día que se detuvieran hasta los carricoches cuando una persona pisa la raya blanca o amarilla de un paso de cebra.
En el País Vasco, detecté que los padres están mucho más pendientes del comportamiento de sus hijos, más pendientes de que no molesten a los demás. Lógicamente, no se puede generalizar, pero sí fue una impresión contrastada. En cambio, en Andalucía, existe mucha más permisividad en ese aspecto. Lógicamente, lo que unas regiones tienen a favor otras lo tienen en contra. Y viceversa.
Constaté también, ya que me refiero a niveles de educación por regiones, que en Castilla-León se habla bajo en los restaurantes y bares, pero no en otras regiones. O que en los restaurantes asturianos sus dueños y empleados son mucho más francos que en otros lugares de España. Por ejemplo, no te hacen esperar si saben que no habrá una mesa libre en un buen rato (y si la va a haber tampoco te mienten). Diez minutos allí, son diez minutos; en Andalucía, por ejemplo, esos diez minutos puede ser hasta una hora. 
Detecté en Valencia que la gente, a pesar de ser servicial, habla muy fuerte en la calle y nos le importa gritar si es necesario (¡Oye, nens!), pero en otros sitios como Galicia casi te cuesta escuchar lo que te dicen cuando preguntas por una dirección. 
Y si saltamos nuestras fronteras (lo de saltar es una decir, que no está ahora el horno para bollos en Ceuta y Melilla), me sorprendió la extrema educación que demuestran los habitantes de Londres. El 'excuse me' y el 'I'am sorry' surge de sus labios de una manera tan espontánea que cuesta comprenderlo, sobre todo, cuando provienes de España. Un pequeño roce, una indecisión de por dónde tirar en una acera, lo más mínimo, se contempla como una obligación de pedir disculpas o perdón, aunque también conlleva el mensaje subliminal de guardar las distancias, que es algo muy británico. Aún así, esa actitud me parece adecuada.
Recuerdo que en un mismo día, en el aeropuerto de Gatwick, a pesar de su caos y su enorme gentío, todo el mundo respetaba el paso de los otros; al llegar a Málaga, sin embargo, me sentí arrollado, incluso, por esos turistas británicos que se tuestan en la Costa del Sol. 
En Dublín, advertí que no existe especial cuidado de hablar bajo por las calles. Y sí es en fin de semana, siempre escucharás los alaridos de los muchos alcohólicos desenfrenados que encuentras por las calles. Sin embargo, son verdaderamente cálidos y educados en sus pintorescos pubs y es habitual que se dirijan a ti si entienden que pueden ayudarte.
En Portugal, por ejemplo, se conduce como el culo, pero con el tiempo observas que no se hace por fastidiar al otro, simplemente, conducen mal. En ese sentido recuerdo una anécdota. Nos habíamos perdido en Lisboa y preguntamos por la salida a la autovía que conducía a Oporto. El individuo al que preguntamos, lejos de indicarnos, nos dijo que le siguiéramos, que él iba a salir a la autovía. Una vez encontrada la autovía le di las gracias con la mano y descubrí casi conmocionado que ese mismo individuo me estaba adelantando en la misma pista de salida a la autovía, de un sólo carril. Había sido amable en indicarme la salida y grosero en la maniobra automovilística.                               

11 mayo 2014

¿VOTAR EN EUROPA?

En esta ficción que nos hemos dado los ciudadanos del mundo (iba a escribir primer mundo, pero, ¿qué significa eso?) más o menos rico, optamos por crearnos para nosotros mismos todo un cúmulo de instituciones, organizaciones, entidades, organismos, entes, fundaciones, y no sé yo qué cosas más, con la única y básica idea de crear un armazón que por sí sólo sostenga esta llamada democracia, que es algo que van imitando poco a poco esos países que cada vez son menos pobres para integrar con paso firme la nómina de los más ricos (curiosamente, a más rico es un país más democrático parece, a excepción de China, claro está). Ya llegará su turno -se dicen a sí mismos los padres de todo- para los países emergentes, esos que hacen los deberes y cumplen con las normas de la riqueza y el libre mercado. De los pobres de solemnidad ni hablamos. Total -se dicen-, si sus ciudadanos ya están cruzando nuestras fronteras, ¿qué sentido tiene que fomentemos la riqueza en sus propios países?. 
Y todo ese armazón lo intentamos estructurar a lo largo y ancho de los cinco continentes, con la particularidad de que ni todos somos igual de ricos, ni existe una riqueza homogénea dentro de cada continente. Por tanto, el resultado que va a salir de todo eso siempre será un tira y afloja. Es decir, tirarán y exigirán los ricos y aflojarán y se dejan arrastrar los pobres, que es algo que pone mucho a la Merkel en Europa y seguramente que a otros líderes en otros continentes.
Pues bien, toda esa ficción que nos hemos montado se va a renovar ahora en Europa, el día veinticinco de este mes sin ir más lejos. Y, claro, los políticos de toda esta Europa de los veintiocho están de los nervios. En primer lugar, porque saben que el ciudadano medio europeo, ese que paga todo ese armazón, está cada vez más desanimado. Entre otras cosas, porque por muy poco atento que esté y por poco que esté pendiente de las noticias que se arrojan desde esos lugares tan untuosos y enmoquetados, entre otras cosas , decía, sabe que algo no es cómo le cuentan. Observa que es cada vez más pobre, mientras que otros cada vez son más ricos. No lo digo sólo por Grecia, Portugal o España, también lo digo por la totalidad de las clases medias de cada uno de los veintiocho países. 
Y, entonces, ese ciudadano medio europeo se pregunta: ¿yo quiero seguir así? ¿Yo quiero seguir fomentando con mi voto cada cuatro años que sea cada vez más pobre, mientras otros son cada vez más rico? ¿Yo puedo detener esta sangría económica con mi voto? 
Y, claro, cuando se hace esa pregunta, las privilegiadas castas que integran todo ese armazón comienzan a acojonarse y a la vez se preguntan: ¿se estará preguntando el ciudadano medio para qué sirve su voto? ¿Habrá advertido que con su voto está contribuyendo a que yo tenga el estatus que tengo? Es lo que tiene preguntarse mucho.

Que cunde el desánimo a la hora de votar es evidente. El pasado sábado veía por televisión el festival de Eurovisión, no porque me interese el tipo de música que ahí se interpreta, a pesar de que a veces sale gente que canta muy bien (la música me la busco yo por mi cuenta), sino porque me divierte y me aclara mucho lo que se maneja ahí a la hora de votarse unos países a otros, y de esa manera comprender hacía dónde van las lealtades y las deslealtades entre países, toda vez que quien vota es el ciudadano medio desde su casa.
Y desde que llevo a cabo ese ejercicio, compruebo que los países del antiguo bloque del Este son una piña, los del norte, por lo general también, pero los fundadores de la actual UE y ubicados más en la zona central y escorados al oeste, van por libre. Es más, observas como los demás ni los miran apenas, (salvando siempre la calidad artística del algún ganador que otro, como el caso de este año con la mujer barbuda, que en realidad es un señor barbudo, como tantos). Lógicamente, no se trata de un análisis que nos vaya a dar todas las claves de hacía donde va Europa, pero sí ayuda bastante. Para muestre fíjense siempre en qué lugares se quedan los países más potentes de la vieja Europa, caso de Gran Bretaña, Alemanía, Francia o Italia.

Así que, reflexionando sobre todo eso, y volviendo al hecho de preguntarnos sobre qué es lo que votamos cada cuatro años, al ciudadano europeo le asaltan infinidad de dudas acerca de sí merece la pena o no sostener todo ese armazón al que me refería.
O pongamos el caso de España. ¿Hemos ganado o no los ciudadanos desde que estamos en la UE? ¿Hemos ganado con la moneda única, con la libertad de prestación de servicios y trabajo, con la homogeneización de normas básicas en materia económica y laboral? Es la hora de preguntárnoslo.
Lógicamente, los políticos patrios de la mayoría de los partidos afirman que sí. Igual que afirma que sí el tendero cuando se le pregunta sobre la calidad de los productos que vende. Sin embargo, lo importante no es que lo digan los políticos, sino que lo digamos nosotros, los ciudadanos. Que digamos, por ejemplo, si lo que se gana es calidad de vida en nuestros respectivos países o si por el contrario lo que se gana no es otra cosa que la preservación de la cantidad de parásitos que viven a nuestra costa, que viajan gratis total por toda Europa, que se someten dócilmente a los intereses de las grandes multinacionales, que se autoimponen por ello enormes sueldos sin el más mínimo rubor (por ejemplo, la imputada por el saqueo de los ERES andaluces, Magdalena Álvarez, cobra cada mes  27.000 -sin contar dietas- € como vicepresidenta del Banco Europeo de Inversiones, que no olvidemos se trata de un Banco que sostenemos con nuestros impuestos todos los ciudadanos europeos. Por su parte un eurodiputado cobra al mes 8020,53 euros brutos más 4.299 euros de dietas, sin contar los viajes gratis y otras prebendas). 
Sí, la idea de una Europa unida es muy atractiva. Yo siempre he apostado por esa unión. Y estoy convencido de que los grandes teóricos posteriores a la Segunda Guerra mundial se hilvanaron los sesos para construir algo sólido y positivo. Pero no esta Europa que se está construyendo, que en realidad no es otra cosa que un vasto enjuague burocrático montado de espaldas a los ciudadanos. Una prueba evidente es que la Constitución hizo aguas y está ahí, apalancada.
Por tanto, ya doy las claves hacía qué deriva cogerá mi derecho al voto el próximo día veinticinco. 

15 abril 2014

LA SEMANA SANTA: UNA REFLEXIÓN HETERODOXA.

Fotograma de la película 'Nadie conoce a nadie', basada
 en la novela de Juan Bonilla de igual título.
Lo que ocurre en estas fechas es siempre lo mismo. Mires por donde mires pulula por todas partes la denominada Semana Santa. Y eso se convierte casi en insoportable par quienes no participamos de ella ni entendemos esta manifestación que, con raras excepciones, me parece harto hipócrita. Todo un desfile de lujo, ostentación, avaricia y no se sabe más qué es lo que yo veo en los desfiles procesionales -a los que no asisto, pero que inevitablemente veo en imágenes y fotografías-. Vivo en Andalucía. Respeto a quien manifiesta un sincero sentimiento religioso pero no tanto a los que se escudan en él.
Porque, me pregunto, qué tendrá que ver todo aquel supuesto episodio que comenzó con la detención del tal Jesús hace 2014 años y que le llevó hasta la crucifixión por las huestes romanas, por iniciativa de las judías, con todo este montaje que se lleva a cabo en muchos lugares de España -principalmente en Andalucía-. Yo conozco esa historia del Nuevo Testamento. La he leído, la he visto recreada en películas y considero que es una historia interesante. La redención de un hombre o un hombre-dios o un hombre-iluminado, que acaba removiendo las cimientos de dos civilizaciones en juego: la judía y la imperial Roma, así como iniciando el proceso de otra civilización, digamos, mesiánica y que a la larga se convirtió en la base de la civilización occidental, además de ser puntal básico en la guerra de religiones medievales.
Pues bien, todo eso podríamos considerarlo como algo vital en la historia de la humanidad. Una mentira muy bien contada o una verdad desconocida, no sé qué definición sería la más adecuada. Y como tal no podemos ignorarla. Sirvió para fomentar países, destruir a otros, enervar a reyes y a próceres de la nueva iglesia e, incluso, para hacer fortuna. Pero de ahí a haberse convertido en lo que se ha convertido hay un abismo. Simplificar todo eso en este espectáculo que se monta cada abril me parece verdaderamente triste. Sobre todo si consideramos que muchos de los que participan en este supuesta recreación anual de esa historia de aquel hombre-dios o lo que fuera no se han parado a reflexionar en todo lo que supone todo eso. Se conforman, supongo, con simplificarlo en estos días llamados de 'pasión'. En montar un espectáculo que nada tiene que ver con el sentimiento religioso. 
Lógicamente, no se me escapa que la Semana Santa a estas alturas es más que todo eso. Es una forma de incrementar el turismo, de llenar hoteles y bares, de hacer caja en definitiva. Además, es una forma genial que se han inventado los políticos para rastrear el voto. Lo venía a decir el otro día en un periódico local un dirigente de las cofradías de Granada. Es más, yo en determinada época de mi vida pública como concejal de mi pueblo apoyé, sin participar, que los vecinos de la localidad pudieran llevar a cabo su afición, sentimiento o lo que sea. Y aunque no me crean, jamás pensé que con ello me iba a embolsar votos algunos, entre otras cosas, porque tenía decidido que no iba a hacer de la política carrera profesional alguna. Como así fue. Me movía solamente un afán de servicio público, que tal era mi misión (incluso, de las pocas felicitaciones que recibí -la vida municipal es muy perra- una de ellas fue por ese apoyo desinteresado. Pero eso es otra historia).  
Pero claro, a quienes ni nos va ni nos viene todo eso, no tenemos más remedio que enclaustrarnos en casa, cosa que no viene mal de vez en cuando. Es un enclaustramiento voluntario, claro, y parcial. Sobre todo si lo que pretendes es pasarte por el centro de la ciudad -cualquier ciudad- para pasear, tomar algo o ir cine. Si no participas de este ritual folclórico más vale que te vayas olvidando de ello. Mucho mejor salir al exterior: al campo o yo que sé...a algún lugar donde no se les haya ocurrido sacar alguna procesión, suponiendo que exista. Es la dictadura de las masas. Supongo.
Porque le pasó a un amigo. Iba por el centro de Granada en busca de su vehículo, intentando sortear a gente y pasos. De pronto, intentó cruzar una calle y comprobó cómo un hermano mayor o algo parecido, rigurosamente vestido de traje y corbata negra y gomina le detuvo en su intento.'No puede pasar. Va a pasar dentro de un rato un paso', le dijo. Mi amigo miró a un lado y otro de la calle y no vio paso alguno. Así que hizo caso omiso y deshaciéndose del tipo, el cual ya le había cogido del brazo, le dijo que se metiera la figura de yeso donde le cupiera. Que él tenía que pasar esa calle porque es un lugar público. Algo muy similar a lo que le decía el hermano mayor de una cofradía de Triana al policía que intentaba solucionar un atraco a una entidad bancaria en esa imaginativa película sevillana de 2012, de cuyo título ahora no me acuerdo. Lo pondré cuando me venga a la memoria (si alguien se acuerda, que me lo indique, porfa)*.  
Quizá se trate de una anécdota excesiva la de mi amigo. Pero resulta que éste a los pocos días -quizá como castigo de Dios- resbaló en una calle céntrica con su moto a causa de la cera. Probablemente, la misma cera del paso que decidió no respetar.  

*Me acabo de acordar: 'El mundo es nuestro' (España, 2012)   

10 diciembre 2013

ENJUAGUE DE LA MEMORIA

     Todo permanece, pero todo cambia.
     No sé por qué me asaltó esa frase mientras corría por las ignotas tierras que conducen a la comarca granadina de los Montes Orientales, en la que los ríos de cauce amplio y pobre caudal rompen los campos de olivos y pedregales. 
   Conozco esa zona. Conozco esos pueblos, en los que parece que el tiempo se haya detenido. Es tan franca la presencia inmemorial de esas tierras que perturban los sentidos.        Algo que no parece cambiar no puede ser otra cosa que extraño.
    Porque raro te sientes corriendo por allí, a pesar de la moderada frecuencia.  Porque, ya digo, extraño es el terreno. Solitario y como perdido en un lugar remoto. 
    Al pasar por una cabecera del río Velillos, en el lugar en el que se construyó hace mucho tiempo una media luna, recordé que no lejos, hace ya mucho tiempo, enterré a mi perro. Era mi amigo fiel y quise que sus restos acabaran en un lugar en el que él parecía corretear a gusto. Y recordé también que allí siempre hubo un olivo. Actualmente no sé si éste está ya o no, porque no recuerdo el sitio exacto, pero nada parece haber cambiado. 
    Recuerdo también que el capricho del destino dispusiera que cuando me disponía a cavar, torpemente, un hoyo con una ajada pala que me prestó un vecino, aparecieron por aquellos lares -venían de correr- mi amigo Paco y su hermano Antonio, a los cuales les extrañó ver por allí mi coche, aparcado en el borde de la carretera. Reconozco que aquello me supuso un alivio, no sólo por la ayuda física que ambos dispensaron sino también por la espiritual (enterrar a un amigo siempre es duro).
     Un poco más adelante, está el Cortijo de las Dos Hermanas (¿O las Tres Hermanas?). Es un cortijo que siempre me ha gustado. Posee un amplio espacio de terreno y una bonita casa, en la que se celebraban retiradas Nochebuenas, según siempre me ha contado mi amigo Manolo 'El Lobo'. Nunca fui a ninguna, pero siempre quise ir. Pero ya es tarde para ello porque he perdido el contacto con quien sí las frecuentaba, y quizá aún frecuente.
    Un poco más adelante está Búcor, de recuerdo familiar tan próximo. Fue allí donde mi amigo Emilio y yo disfrutamos de una plácida noche de romería, en pleno agosto, sumergidos en abrevadero de mulos, imaginándonos nosotros que se trataba de una piscina. Tuvo culpa el alcohol, pero también nuestra inestables jóvenes cabezas. Una aventura casi nos mete en un problema legal, pero eso es otra historia. Y ya, en breve, aparecerá el famoso Cortijo de Enmedio, famoso por los experimentos de explotación agraria que allí se llevaron a cabo. 
   A partir de ese momento, ya en pleno municipio de Moclín, a lo lejos y misteriosos aparecerán dos pequeños pueblos: Tiena y Olivares. El primero no es fácil atisbarlo porque se encuentra refugiado en la falda de una hermosa sierra y hay que acceder a él a través de una pronunciada cuesta. Pero el segundo es visible ya en algunas curvas. Anclado y misterioso en un lugar de nadie, tiene un aspecto coqueto. Partido en dos por el río Velillos y coronado por la sierra, en cuya altura se asienta el pueblo de Moclín, que da nombre al municipio. Pueblos históricos y remotos, de gran atractivo para distintas civilizaciones, que en ellos dejaron su impronta. No en vano, el Castillo de Moclín, es junto a la Alhambra y el Castillo de la Mota de Alcalá la Real, una de las fortalezas nazaríes más importantes de aquel fastuoso Reino de Granada.
    No son más de diez kilómetros los recorridos, pero pareciera que son el doble. Toca volver. Beber agua en la generosa fuente de Olivares y volver por la misma carretera. 
    Un enjuague de la memoria muy conveniente el vivido el pasado sábado, durante una deportiva mediodía otoñal dotada de una luz clarísima.                   

26 noviembre 2013

LA MELANCOLÍA DEL OTOÑO

Esta tarde-noche, mientras paseaba por el centro de Granada, me he acordado de la melancolía portuguesa. Siempre consideré que una buena forma de morir en la nostalgia es pasear por una calle de Lisboa en otoño y a una hora tardía. Nada hay más melancólico que eso. 
Y si, durante tu andar solitario, consigues ver pasar un decrépito tranvía vacío que refleje su luz mortecina de pobre neón en la acera, ya conseguirás tener el plano perfecto para que la melancolía rebase tu piel y se extienda como una hiedra por tu cuerpo hasta que consiga acabar contigo súbitamente. Sin duda, es una buena forma de dejar este mundo. Al menos, es una buena forma poética.
Pero no ocurre de ese modo en el sur de España, aunque el otoño es melancólico en cualquier lugar del mundo. De hecho, las hojas caídas que alfombran las calles y  plazas muestran un tapiz de por sí melancólico y deja una leve sensación de sueños pretéritos. Pero en absoluto es Granada una ciudad melancólica. Todo lo contrario: es una ciudad de luz, la cual rebosa, incluso en las noches oscuras. Pero el frío, los escaparates clausurados, los bares semivacios y los pasos lentos hacen que cualquier ciudad lo sea.
Por eso me ha venido Lisboa al pensamiento. Una ciudad seria y de impronta británica, en la que todo es silencio, tanto como el sordo rumor de sus tranvías y en la que la luz del Tajo es insuficiente para eliminar su melancolía. Es más, una de las pocas ciudades en la que llegó a quebrar  un Macdonal. 
Como lo es Évora, la capital del Alentejo y ciudad más importante de la antigua Lusitania romana y en la que descubrí, no sin estupor de los sentidos, que una primorosa primavera puede ser un triste otoño. 
Pero, insisto, Granada no es así. La luz se quedó para siempre desde que fuera iluminada por esforzadas antorchas de su pasado nazarí. Una ciudad que no necesita un gran río que la ilumine. Basta con el blanco lumínico de la Sierra.
Pero la melancolía es un atributo del otoño y por eso me ha venido Lisboa a la mente esta tarde, mientras paseaba -paseábamos- por una hermosa Granada.

25 noviembre 2013

CINCO REFLEXIONES PRENAVIDEÑAS

I
   La Navidad, esa entelequia. Esa frase corta me asaltó cuando presencié las voluminosas y cegadoras luces de Navidad en el Corte Inglés del centro de Granada. Un espectáculo visual, sin duda, que incita al consumo.  Supongo que debe ser así, me dije. Porque la ilusión vende. La de los niños, por supuesto, esa que hace que los padres se arrasquen el bolsillo; pero también la de los mayores que, al menos, se retrotraen en el tiempo y se ven niños.  
   Luces solitarias, que a estas alturas de noviembre aún no vienen acompañadas por las públicas, las propias del ayuntamiento. Éste las conectará dos semanas más tarde. En tiempos de crisis unos necesitan que la luz propicie mayor consume y otros necesitan que la factura de la luz sea menor.     En realidad es triste suponer que las luces van a cambiar algo la perspectiva de la gente en tiempo de crisis. O, al menos, de la mayoría de la gente, la que padece los estragos violentos de recortes de nóminas o la sencilla eliminación de ésta. Sin embargo, otros siguen paseándose en su suntuoso coche por el centro de la ciudad, dejando que las abrasadoras luces se reflejen en los impolutos brillos del capó, como si se tratara de un fiel espejo. Es así como funciona el mundo. Supongo. 

II

    Sin embargo, hubo un tiempo -hace pocos años- en el que todo era distinto: nadie se sentía víctima de crisis alguna. La ciudad poblada de grúas y las hormigoneras móviles sin detenerse durante las veinticuatro horas. Caras rebosantes de felicidad fatua y pieles de zorro o de visón en los nada elegantes cuellos de señoras de mediana edad, no hechos para estos menesteres. Grandes puros, grandes y suntuosos coches, grandes barrigas repletas de codillo, grandes de todo. Era otro tiempo. Pero ya pasó. 
    Recuerdo aquellos años con inquietud. Me asfixiaba en la calle ante tanta estulticia, ante tanta exhibición vacua. Había algo que no comprendía, pero años después lo comprendí -todos lo comprendimos- cuando se desmontaron esas grúas y se detuvieron esas hormigoneras móviles.

III

   ¿Dónde está ese dinero? ¿A dónde se fue? Pareciera que haya desaparecido por el arte de birlibirloque, como eliminado por un fuerte ácido sulfúrico altamente corrosivo, mucho más fuerte que el utilizado por Walter White en Breaking Bad. 
    Debió irse hacia alguna parte. Al parecer, los bancos no lo tienen o lo tienen y lo han desviado a otros lugares emergentes; tampoco, los constructores -o al menos eso mantienen-; tampoco, el gobierno. Parafraseando a lo que dijera Guillermo de Baskerville (¿Dónde están los libros? ): ¿Dónde está el dinero? 

IV

    El Corte Inglés tiene clara nostalgia de esa época de gasto descontrolado. El paradigma de las clases medias y medias altas tiene nostalgia. Es lógico. Y, quizá, por eso conecta sus luces, fiel y puntual, como siempre. Para que parezca que nada ocurre, que todo sigue igual. Pero nada sigue igual. 

V

Cuando llegó el día anunciado y el mayor y más conocido centro comercial de la ciudad no encendió sus luces navideñas, casi todo el mundo sintió indiferencia. No hubiera sido así en años anteriores, pero ese año que ya se iba evaporando no había sido en absoluto el mejor de todos".
Así es como comienza un cuento de Navidad que escribí. Un presagio de lo que podría pasar pero que, finalmente, no ha pasado. Quizá, por suerte.
  

ARTÍCULO DE IDEAL: MALAS ÉPOCAS (14/2/2021)

  ARTÍCULO PUBLICADO EN IDEAL EL 14 DE FEBRERO DE 2021 (DOMINGO). ESPERO QUE SEA DE VUESTRO INTERÉS.