domingo, 29 de octubre de 2017

COMO DORIAN GRAY (TEXTO INCLUIDO EN CORRIENDO ENTRE LINEAS -EDITORIAL LEIBROS. 2017-)



     Tras la cuarta salida a los caminos después de la última lesión, parece que mi faceta como corredor se está normalizando. Después de la última salida del mes de octubre, el pasado viernes, primer día de noviembre, volvía a hacer treinta minutos por los caminos y carril─bici paralelos a la circunvalación de Granada.
     Al día siguiente, pasadas las dos de la tarde del día dos de noviembre, me atrevía con una ruta más dura y más larga que transcurre desde el pantano del Cubillas a Caparacena, para volver por el mismo camino. Nueve kilómetros que han supuesto una prueba de fuego a mis dolencias, siendo éstas, por ventura, inexistentes. De ahí que ya pueda ir entonando una nueva victoria contra las lesiones, sin que aún deba entonar la canción demasiado alta.
     Otras facetas del correr están ausentes, lógicamente: la falta de ritmo, la irregular respiración.... Todas esas cosas que se pierden fácilmente tras meses de inactividad. Pero es placentero volver a trazarse una nueva meta y seguir avanzando. Lo peor que le puede pasar a un corredor es lesionarse. Todo lo demás: la falta de forma, la falta de tiempo, la falta de ganas, la climatología, el ajuste de comidas... Todos esos aspectos mundanos no importan ni impiden poder correr. En cambio, las lesiones te dejan completamente seco y vacío.
     Yo podría firmar ahora mismo un hipotético pacto con el diablo, y erigirme en un nuevo Dorian Gray, en el que renunciaría a competir o a no hacer tiradas kilométricas largas, a cambio de que se me permitiera correr casi a diario ¿No creéis que sería un buen pacto?
     Porque poder correr, poder hacer deporte, para muchos de nosotros, es un antídoto contra muchas cosas que nos rodean. Y si nos eliminan ese antídoto, nos hallamos inermes. Todos los que corremos sabemos que correr es sinónimo de libertad. Desplazarse a través de senderos, de caminos, de calles, es un privilegio en los tiempos que vivimos.
     Muchos otros preferirán lucrarse, corromperse, castigarse el hígado o los pulmones, amasar fortuna por mero placer. En cambio, para nosotros lo importante es que no nos falte ese antídoto. Cuestión de gustos.


miércoles, 25 de octubre de 2017

LIBRO: NOVELA DE AJEDREZ (1941). AUTOR: STEFAN ZWEIG.

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     Stefan Zweig (Viena, 28 de noviembre de 1981- Petrópolis -Brasil-, 22 de febrero de 1942) fue un escritor e intelectual judío nacido en Austria. En la Austria que ocuparon las tropas nazis de Hitler. Por tanto, ni que decir tiene que hubo de salir por piernas, dado que ya es conocido que los regímenes dictatoriales procuran atenazar en primer término a intelectuales, escritores, artístas y otras personas de alma y expresión libre, las cuales -como es lógico- son las más críticas y contrarias al régimen opresor. Por tanto, nuestro buen escritor hubo de coger las maletas, por su doble condición de intelectual y judío. Por aquel entonces ya contaba con un enorme prestigio en Europa y el continente americano, que  fue donde acabó, curiosamente en Brasil, lugar en el que se suicidó, al parecer, al comprender que no había salida para Europa tras la invasión nazi, aunque sí la hubo, como todos sabemos. 

    Su obra es amplia, no ingente, pero sí amplia, dado que como buen intelectual no solo se dedicó a escribir sino también a arengar con conferencias e intervenciones públicas. Una de sus novelas más famosas es la que vengo a glosar aquí "Novela de ajedrez", una novela corta de no más de cien páginas que escribió un año antes de fallecer, que he devorado en un par de tardes y que en consonancia con la crítica es merecedora de elogios por mi parte. Una técnica narrativa muy depurada y un asunto, con el ajedrez de fondo, que engarzar con dos mundos opuestos: el del un campeón mundial en la ficción llamado Mirko Czentovicz, negado para toda actividad intelectual que no sea el ajedrez, y el misterioso Señor B., un tipo curioso, perteneciente a una alta estirpe familiar austriaca perseguida por la GESTAPO y que arrastra una relación con el ajedrez neurótica harto curiosa. Relación que el buen escritor austriaco desarrolla muy pormenorizadamente en esta breve novela que responde a la máxima que la calidad literaria nada tiene que ver con la extensión. Por tanto, si estáis interesados en la literatura europea de la primera mitad del siglo XX, no debe faltar entre vuestras lecturas esta novela, que a mí a nivel personal me ha parecido muy interesante, además de ilustrativa sobre un periodo histórico concreto que hay que superar, pero no olvidar.  

martes, 24 de octubre de 2017

LA DESPEDIDA (RELATO INCLUIDO EN EL LIBRO CONVERSACIÓN EN LA TABERNA Y 41 RELATOS)

LA DESPEDIDA 

     Cuando Roberto miró para atrás comprendió que no tenía que haberlo hecho. Fueron tantos los recuerdos que se agolparon de pronto en su mente que tendría que haber evitado que afloraran. Pero no pudo evitarlo. Se dijo que tan sólo lo haría una vez: echaría un pequeño vistazo y, luego, no volvería a mirar de nuevo. Pero bastó con esa sola mirada breve para que el torrente salvaje de los recuerdos se le agolpara de pronto en las sienes y las hicieran casi estallar. En ese momento no quiso mostrar ningún tipo de debilidad porque siempre había odiado mostrar sus sentimientos en público. No por el hecho de haber nacido hombre, nada de eso. Tan sólo se trataba de una simple convicción estética. Cuando era pequeño había visto a mucha gente exponer ridículamente sus emociones en público y siempre había visto todo eso con desagrado. Principalmente, siempre le había parecido poco estético mostrar esos sentimientos en los cementerios. Era comprensible llorar a lo que se marcha, a lo que se marchita, a lo que ya jamás se va a volver a ver, pero de ahí a montar un espectáculo delante de conocidos y desconocidos había un abismo. Y él, precisamente, se encontraba en ese momento en un cementerio; y fue en ese lugar, cuando ya salía hacia el exterior, en el que había osado mirar atrás,no pudiendo evitar soltar alguna lágrima. Habían sido tantas las horas juntos, tantas las aventuras y las desventuras,tantos los viajes realizados en su compañía,tantas las visitas al taller...,para acabar siendo desguazado en aquel triste cementerio de coches a la salida de la ciudad.

domingo, 22 de octubre de 2017

CORRIENDO ENTRE LÍNEAS (EDITORIAL LEIBROS, 2017): PRIMER CAPÍTULO ÍNTEGRO



Amigos, es para mi un placer poner a vuestra disposición lectora el capítulo I íntegro de Corriendo Entre Líneas", el cual está dividido en CINCO textos independientes:
         ·         No hay tiempo para el deporte
         ·     Soy corredor
         ·         Hasta donde el correr te lleve (o la magia de correr)
         ·         El “oficio” de corredor
        ·         El correr y su grandeza

               ¡ Espero que sea de vuestro interés!



NO HAY TIEMPO PARA EL DEPORTE

     Cuando llega el momento de los reconocimientos médicos en mi centro de trabajo, en ocasiones, aparece el pánico, la decepción o la frustración. En esos días todo el mundo sale algo tocado e, invariablemente, los médicos aconsejan ejercicio, dieta hipocalórica y vida sana en general. No estoy rodeado de obesos o dilapidadores de salud ─aunque alguno que otro hay─ pero, sí, en muchos casos ésta deja mucho que desear. Y es, entonces, cuando llegan las inquietudes, las propuestas e intenciones de hacer más ejercicio y llevar una vida más saludable, aunque, lamentablemente ese impulso no dura más de una o dos semanas. Y, claro, al año siguiente vuelven las malas noticias, aderezadas además de más alarmismo porque se es un año mayor y, en ocasiones, se está algo más ancho.
     Al poco tiempo de iniciar un plan sano, casi todo el mundo vuelve a su rutina diaria y si se anduvo durante unos días o se nadó e, incluso, ─en el menor de los casos─ corrió, todo eso pasa pronto al olvido, justificando la mayoría no tener tiempo para hacer deporte. Es decir, ¡que no se dispone de media hora diaria y una hora los fines de semana! Ésa es una frase preconcebida que cada día creo menos. Todo el mundo dispone de tiempo para hacer deporte si su motivación es alta y su hábito estable, pero ocurre que siempre se posterga ese rato dedicado al mismo y, en cambio, se da prioridad a lo más ínfimo, entre lo que se incluye estar haciendo zapping durante más de media hora o lo que es peor, incluso, deteniéndose un rato en Tele5, por aludir tan sólo a los casos más extremos.
     Se piensa ─o al menos a mí me lo dicen─ que los que corremos por afición lo hacemos porque estamos dedicados a ello. Pero no es verdad. Ni estamos dedicados a ello por obligación o profesión alguna, ni nadie nos obliga. Nos obligamos nosotros mismos. Es más, en ocasiones, ─suelo decir─, en mi caso, para poder sacar una hora para correr tengo que salir a horas intempestivas o no habituales y renunciar a otras cosas importantes. De hecho, sin ir más lejos, hace poco, sabedor de la complicación de la agenda, corrí durante once kilómetros a las tres de la tarde, no bajando el termómetro de los treinta grados. Pero lo más curioso es que corriera esa distancia en menos tiempo del previsto, a pesar del fuerte calor. Si yo puedo, todo el mundo puede hacerlo o al menos intentarlo, aunque me temo que eso debe formar parte del libre albedrío de cada persona, de su debate interior. Es lo que siempre me decía cuando me encontraba en los albores atléticos. 

SOY CORREDOR
     Comentaba en algún sitio que lo importante es que llegue el día en el que digas sin fisuras y con convicción espartana: soy corredor. Pero ese momento no llega ni de manera automática, ni como resultado de una metamorfosis mental inmediata. Ese día llega porque así lo has experimentado y así lo sientes como consecuencia de un proceso continuado. Antes de eso, todos hemos jugueteado en alguna ocasión con esa presunción, afirmando en la primera ocasión que se nos ha presentado: “soy corredor”; probablemente porque haciéndoselo saber a nuestros interlocutores nos reafirmamos más en ese papel que anhelamos. En otras ocasiones, cuando aún estamos en esa fase indiciaria previa a ser corredor, nos hemos acercado a alguna tienda especializada y nos ha elevado sobremanera vernos inmersos en viva charla con otros corredores que sí lo son. Hemos preguntado por una marca y modelo de zapatilla técnica y cuando nos ha sido entregada, nuestras cejas se han enarcado como queriendo transmitir criterio y conocimiento acerca de la mercancía solicitada. Incluso, es posible que a la primera de cambio nos hayamos sorprendido intercambiando opiniones sobre carreras que, en algunos casos, no hemos corrido pero que pretendemos hacerlo en breve. Hemos escuchado a dos corredores hablar de la última maratón en la que han participado y en nuestro fuero interno nos hemos sincerado con nosotros mismos diciendo que aún estamos lejos de esas metas.
     En otras ocasiones hemos acudido a comprar algún producto idóneo a algún herbolario, de esos que a veces solemos comprar los corredores, y no hemos dudado un segundo en decir al dependiente o dependienta que nos dedicamos a correr. O, incluso, en ese afán de convertirnos en corredores rápidamente hemos sido presuntuosos con nuestra delgadez cuando alguien nos ha comentado que nos ve más delgado. “Es porque soy corredor”, solemos responder. Son fanfarronadas inocentes e útiles que ayudan a crecer, como siempre mantengo.
     Y qué decir cuando nos hemos ido apartando de manera voluntaria de fastos y farras, ante la extrañeza de nuestros amigos o pareja por nuestra decisión de prescindir de aquella fiesta o esta boda, esbozando una sonrisa, al tiempo que diciendo aquello de que “no voy a ir porque no bebo y, además, me es muy molesto el humo del tabaco. Es más, mañana tengo que entrenar”. Y eso no es ficción, ya que a todos los corredores (o a casi todos) tarde o temprano nos ocurre. Un conocido mío, gran corredor, incluso pactó con una hermana si habría sala de no fumadores en un evento familiar.
       Y también ocurre otro tanto con las comidas. Lo perciben tus compañeros de trabajo en los desayunos o en las cervezas del mediodía. Del suizo mixto que pedías habitualmente pasas a la media tostada de pan integral con aceite; y del tubo de cerveza pasas a la cerveza sin alcohol. Y claro, ellos que aún no saben que corres de manera cada vez más regular acaban por preguntarte el porqué de tus nuevos hábitos alimenticios.
      Y toda esa travesía del desierto es la que, sin tu saberlo, paso a paso, te va convirtiendo en corredor, así que cuando ya lo eres todos esos hábitos inusuales, que quienes te rodean a veces censuran, son tu mejor carta de presentación.
     Es con el movimiento, la dedicación y el ejemplo cuando todos comprenden y acaban por respetar que eres corredor, con todo lo que eso conlleva. 


HASTA DONDE EL CORRER TE LLEVE (O LA MAGIA DE CORRER)


Hasta donde el correr te lleve. Esa es la frase que mi mente buscó la otra tarde cuando me disponía a recorrer mi ruta de diez kilómetros. Y no es porque haya leído ─ni creo vaya a leer─ la exitosa novela de Susana Tamaro: “Donde el corazón te lleve”, sino porque hay días en los que correr se convierte en algo extraño y misterioso. Es como si un hipotético disco duro interno perdiera de pronto su memoria y se pusiera a cero. Tal vez una siesta demasiado extensa, una noche corta por mor del buen cine y la buena lectura o el calor propio del duro verano, que te golpea como un mazo. Fuere el motivo que fuere, lo cierto es que correr en condiciones tan adversas se convierte en un duelo titánico. En estas circunstancias, corres porque debes, no porque quieres. Las piernas pesan casi tanto como el alma, duelen las rodillas ─algo que en mi caso pocas veces ocurre─, sientes pinchazos en los gemelos ─algo que en mí caso sí es frecuente─, duele hasta el cuello y, probablemente, hasta las cejas. Es entonces cuando pongo el piloto automático (piloto automático: dícese cuando eres consciente de que tu cuerpo y tu mente no funcionan y dejas llevarte con voluntad nula por un mecanismo invisible) y delegas en el camino para que él guíe tus pasos (delegar que el camino guíe tus pasos: dícese cuando consciente de que tu voluntad es nula y ya has accionado el piloto automático, dejas que el camino sea el que te lleve a su manera). Y es eso lo que hice. O eso o detenerme y dar la vuelta, porque en estos días te sientes el corredor en ciernes que fuiste y como el disco duro se ha reseteado ya no recuerdas ni lo que has corrido ni durante cuántos años lo llevas haciendo. Y, claro, correr en estas circunstancias donde el olvido se apodera de todo es una tarea casi imposible. 
     En días así, mis pasos son torpes y no alzo apenas las piernas; de hecho, voy arrastrando cualquier piedra del camino por poco protuberante que sea y comienzo a comprender que el paso de los kilómetros no va a solucionar nada, mientras que el Forer[1], que tienes programado para que emita un agudo sonido cuando vas por encima de los cinco minutos y cuarenta segundos el mil[2], comienza su particular banda sonora. Definitivamente, te sientes el corredor más miserable sobre la tierra. Hasta que movido por una necesidad fisiológica ─en verano siempre me detengo a hacerla a los dos o tres kilómetros de iniciada la ruta, porque me atiborro de isotónico para hidratarme cuando no llevo correa de hidratación─, te detienes en la mitad de la nada, con más ánimo de reflexionar que de cumplir con la necesidad fisiológica. Observas el paisaje a tu alrededor, en el que las altas alamedas y los campos de cultivo de la Vega[3]  se arremolinan en torno a las frescas y correosas acequias de trazado nazarí, y saciada la necesidad fisiológica vuelves al camino. Detectas entonces que la mente ya va rigiendo y que las piernas se van alzando. Van desapareciendo los micro dolores de rodillas y gemelos y el piloto automático se desconecta por su cuenta; y la tarde que es oscura porque el sol ya casi ha perdido el pulso con el ocaso, de pronto se vuelve resplandeciente. Llegan las buenas sensaciones y con ellas la reconciliación. El sonido agudo del GPS desaparece de pronto y pareciera que ya no existieran piedras en el camino. Ya no pesan las cejas ni el alma. Quedan tan sólo cuatro kilómetros de ruta, pero éstos se convierten en deliciosos. Una vez más la magia de correr se ha impuesto. Y renuevas tu pacto con este deporte.
  
EL “OFICIO” DE CORREDOR

     Llega un momento en la vida del corredor en el que la actividad de correr casi forma parte de su ADN y lleva a cabo su cometido de manera tan espontánea como cepillarse los dientes. En mis inicios, tuve la ocasión de entrenar algunas veces con un corredor que atesoraba mucho oficio en sus piernas. Mientras corría llevaba a cabo varios ritos simultáneos: sacaba un pañuelo para enjugarse la nariz, conectaba su aparato de audio portátil como lo haría estando cómodamente sentado en un transporte público, se ajustaba la cintilla del pantalón técnico; y todo ello al mismo tiempo que hablaba conmigo, como si estuviera dando un plácido paseo, de manera que mientras yo iba algo más que tocado tras ocho o diez kilómetros recorridos, él estaba tan fresco que pareciera comenzara a rodar. Así que me pregunté con sinceridad descarnada si algún día podría yo llegar a interpretar esa forma de correr, que es muy similar a una forma determinada de interpretar la vida.
     Y pensaba en ello en la tarde de ayer por las circunstancias que ahora me dispongo a contar. La idea era llevar a cabo entre quince y dieciséis rocosos kilómetros en una ruta previamente elegida, pero lo cierto es que me encontraba bastante cansado y me quedé dormido como un lirón tras comer frugalmente, de manera que cuando desperté a las seis menos cuarto de la tarde constaté que ya no sería posible hacer esa ruta porque mientras me preparaba e iba desde mi domicilio en Granada hasta Pinos Puente[4] transcurriría más de media hora. Así que, casi vistiéndome por el camino, opté por hacer otra más corta, la que transcurre entre Pinos Puente y Caparacena[5], con una distancia entre ida y vuelta de nueve duros kilómetros. Posteriormente, sí aún clareaba el día, podría añadir un par de kilómetros más, incluyendo un irregular y roto camino entre olivos. Y fue en esas circunstancias cuando comprobé que ya este corredor va atesorando algo de oficio porque sin él es muy difícil soportar la presión psicológica de pasar de la nada más absoluta, y aún adormilado, a hacer casi once kilómetros, teniendo en cuenta que ya sería de noche alrededor de las siete horas y diez minutos de la tarde en esa época del año. Probablemente sería por ese motivo por el que sentía las piernas livianas y la energía intacta, a pesar de que la digestión no había acabado de hacerse por completo. Así que cuando volvía de Caparacena, en el kilómetro cinco, aún veía en el horizonte los últimos rayos de sol porfiando con su brillo y remisos a abandonar el día, valoré que con suerte aún podría añadir esos dos kilómetros por entre medio de los olivos que tantas satisfacciones me dieron en su día cuando los descubrí y aún creía que correr consistía en rodar algo más de cuatro o cinco kilómetros, dos o tres veces por semana.
     Por lo tanto, al comprobar que la tarde había sido provechosa, a pesar que pintaba mal al principio, me sumí en una amalgama de excelentes sensaciones y disfruté enormemente de esta faceta que supone correr, y a pesar de que rodaba a un ritmo bastante vivo, incluso, por debajo de cuatro minutos treinta segundos el kilómetro en muchos tramos, agradecí la visión que me ofrecía la puesta de sol, por detrás de las casas más altas de Pinos Puente, al tiempo que pensaba en aquella milenaria tierra que se abría ante mi paso. Desde luego que ayudó y estimuló el excelente trabajo del grupo español de heavy metal, Avalanch, que en ese momento tronaba en el iPod.
     Y así se lo conté a mi amigo Paco[6]  ─que su afición futbolera le está apartando por ahora de las carreras dominicales─, sabedor que estas sensaciones y estos lugares que elegimos para correr le son tan próximos y queridos como a mí.
     Cuando volvía en coche hasta Granada, mientras escuchaba la BSO de la tercera película de la trilogía de “El Señor de los Anillos”, pensaba que los corredores contamos con un preciado don, que estando tan al alcance de la mano de todos nosotros resulta increíble que la mayoría de la gente no lo aprecie, por desconocimiento o por inanición.
     Mañana estaré en Loja[7] y será una carrera dura de unos trece kilómetros, si bien a estas alturas de la tarde tengo dudas de cómo la plantearé. Lo más importante es que sirva para el entrenamiento planificado que estoy llevando a cabo para el Maratón de Madrid, pero qué duda cabe que si percibo buenas sensaciones la abordaré competitivamente, intentando bajar algo la marca de la edición anterior, si bien las cuestiones sobre marca y crono están siempre en un segundo plano cuando hay tanto disfrute de por medio. 

EL CORRER Y SU GRANDEZA

     No sé si somos de otra pasta, como decía Rafa Bootello[8]. Pero, sí, es cierto que no somos demasiado normales. Una persona normal ─que también lo somos en esencia en casi todo lo demás─, por lo general, no suele madrugar un domingo, haga calor o frío, y coger el coche para desplazarse a otra ciudad o pueblo con el fin de correr a lo largo y ancho de cuarenta y dos, veintiún, quince o diez kilómetros. De hecho, tampoco es muy común hacer esos kilómetros sin que ni siquiera exista la necesidad de desplazarse. 
     Cuando compraba pan y unas tortas en Guadix[9] tras recuperarme de su exigente Medio Maratón del Melocotón, recién acabada, la dependienta que me atendía reconoció en mí que venía de correr y se interesó por la carrera. “¿Cuántos kilómetros son?”, fue la pregunta que me hizo desde el mostrador de su tranquilo comercio. “Veintiuno” le contesté. “Desde El Bejarín[10] al cruce de Benalúa,[11] debe ser duro”, aseveró la dependienta. “Sí, en esta prueba y en estas fechas aún calurosas de mediados de septiembre todo es duro, pero entrenamos para esto”, ratifiqué finalmente. No era más que una breve conversación entre una persona que no se dedica a correr y otra que sí, aunque sea por mera afición. 
     Paseé un rato por la bella ciudad de la Alcazaba[12] de origen musulmán, de la Catedral[13] barroca, del recuperado teatro romano, del buen pan y de los buenos churros, y pensé en aquella breve conversación; una ciudad que apenas acababa de despertarse, una panadera que vende su pan aún caliente y unos cientos de corredores y corredoras que corren veintiún duros kilómetros. Pero no todos habían acabado aún de hacerlo. Mientras me dirigía al coche a dejar la bolsa de pan y las tortas caseras que había comprado, se daba el hecho casual que junto a donde estaba aparcado mi vehículo se ubicaba el kilómetro veinte de la prueba y que por él aún pasaban con cuentagotas algunos corredores. Eran los que iban a acabar en torno a las dos horas y quince minutos o treinta minutos. Lógicamente, se les veía cansados, muy cansados, pero ilusionados por llegar, ajenos al dios Cronos y a otras cuestiones menores. Animé a cada uno de ellos, y cada uno de ellos me lo agradeció. En particular, recuerdo a una chica bastante gruesa. La observé dando sus agónicos pasos, sin apenas levantar las piernas del suelo y le dije que ni tan siquiera le faltaba un kilómetro ─ocultándole que era uno de los más duros─. Esa chica, con bastante sobrepeso, pero consciente de ello ─de hecho, estaba allí corriendo, tal vez por ese poderoso motivo─, me inspiró heroicidad y convicción, pero también ternura. A esa hora, casi las doce y media de una mañana de domingo y con más de treinta grados, la mayoría de la gente estaba recién levantada, probablemente acicalándose para desayunar tardíamente, o bien, tomarse las primeras cañas, coger relajadamente la prensa del día y sentarse en una vistosa terraza de un bar y ver pasar la mañana dominical. Sin embargo, ella ya llevaba levantada varias horas y allí estaba luchando contra la onerosidad de su cuerpo y su durísimo último kilómetro. Me pareció algo entrañable. Al poco, reconocía a un corredor que vestía la equipación de mi club Esquí-Atletismo Caja Rural de Granada[14]. Se trataba de un conocido, con una edad aproximada a los setenta años, que con paso firme y estiloso se dirigía a culminar su enésimo medio maratón. El crono no importaba. Le saludé y me devolvió el saludo alegremente. A lo lejos les vi a ambos. La chica ya subía en dirección a la Catedral y el compañero de mi club iniciaba la curva hacía la derecha para enfilar los últimos ochocientos metros. Dos héroes silenciosos, que en una calurosa mañana de domingo y por un terreno duro estaban a punto de culminar una gesta.  
     Mientras tanto, en algún lugar, alguien sin mérito alguno ─un político, un monarca o algún otro parásito del sistema─, probablemente a esa hora, ante una cámara de televisión, se bañaba en multitudes a cambio de contar mentiras y hundir aún más el país. Y pensé con tristeza lo injusta que es, en ocasiones, la vida.









[1] Dispositivo GPS denominado Forerunner de la marca Garmin.
[2] En el mundo del corredor es muy habitual utilizar estos parámetros, tipo: cinco minutos, cuarenta segundos el mil. Significa que es el promedio de tiempo necesario para correr a lo largo de un kilómetro dentro de una ruta establecida.  
[3] La Vega de Granada es una amplia comarca de la provincia de Granada. Limita al norte con otra comarca denominada Los Montes Orientales, al este con la comarca de Guadix, al sureste con la Alpujarra granadina, al sur con la comarca del Valle de Lecrín, al suroeste con la comarca de Alhama de Granada y al oeste con la comarca de Loja. Está formada por 41 municipios, incluido el de Granada capital. La mayoría de ellos forman parte de la concentración urbana de Granada (futura área metropolitana).
     En el plano agrícola, se trata de una zona de regadío en la que se ha cultivado tradicionalmente tabaco, lino y cáñamo, si bien sus fértiles tierras han sido válidas para cultivos de patatas, ajos, cebollas, y una amplia variedad de legumbres y frutales.   

[4] Pinos Puente es un municipio de la provincia de Granada de 10.605 (Datos del Instituto de Estadística de Andalucía. Año 2015) habitantes, con una extensión superficial de 92,9 kilómetros cuadrados y con una altitud sobre el nivel del mar de 576 metros. Ubicado a 16 kilómetros al Noroeste de la capital. Su término municipal se encuentra en la comarca de la Vega de Granada, justo en el límite con la comarca de los Montes Orientales. La localidad principal -Pinos Puente- es la capitalidad del municipio y además cuenta con los siguientes núcleos de población: Casanueva, Zujaira, Fuensanta, Trasmulas, Ánzola, Cantarrana-Buenaviesta, Alitaje, Torrehueca-Torreabeca y Búcor. En 2014, el antiguo anejo de Valderrubio, que poseía el estatus de Entidad Local Autónoma, se convirtió en municipio, dejando así de formar parte del término municipal de Pinos Puente.  Su patrimonio arqueológico es antiguo y se concreta en los escasos restos de la ciudad y necrópolis ibero-romana de Ilurco, ubicada en el Cerro de los Infantes, en algunos restos prehistóricos aparecidos en el hoy denominado Polígono Industrial La Molaina y los distintos restos de origen romano y árabe aparecidos en distintos puntos de su término municipal. Lo más reciente ha sido el descubrimiento de, al parecer, un taller de alfarería del Siglo IV o V de nuestra era (en el momento de escribir esta nota aún no hay datos concretos), descubierto con ocasión de la construcción de la conexión de la autovía de Córdoba, en plena vega, junto al conocido como Puente de Alitaje.  
                En el Cerro de Los Infantes, tuvo lugar en el año 1319, la batalla entre las tropas castellanas de Alfonso XI de Castilla y las del rey musulmán de Granada, Ismail I.
                El monumento más importante de la ciudad es el puente árabe sobre el río Cubillas, el cual podría tener origen visigodo y romano. Este lugar también entra en la historia debido al encuentro en este sitio de un emisario de los Reyes Católicos con el navegante Cristóbal Colón. El emisario tenía como misión comunicar al descubridor que Isabel de Castilla y Fernando de Aragón (los cuáles se encontraban a pocos kilómetros, en el lugar que hoy ocupa la localidad de Santafé,  apostados junto a sus tropas a la espera de la rendición y entrega del Reino de Granada por parte de Boabdil, último rey nazarí, también conocido  como el Rey Chico), habían reconsiderado su negativa inicial a capitular en cuanto al viaje que el navegante tenía proyectado hacer para llevar a cabo el descubrimiento de un nuevo mundo que, como sabemos, consistió en el descubrimiento y colonización del continente americano.   
                Es en este pueblo donde nace y vive durante bastantes años el autor de este libro.
[5] Caparacena es un núcleo de población pequeño, dependiente del municipio de Atarfe. A lo largo de su historia ha sido municipio independiente y también ha pertenecido al de Pinos Puente del que dista tan sólo cuatro kilómetros. También a cuatro kilómetros, en dirección norte se encuentra el Embalse del Cubillas.
                Caparacena ha sido un lugar relevante a lo largo de su historia, tanto por tomar el nombre de un título nobiliario, el Vizcondado de Caparacena, otorgado por el Rey Felipe IV en el año 1624 a Antonio Álvarez de Bohórquez y Girón como por su estratégica situación en la Guerra Civil española al estar junto a las elevaciones que forman parte de Sierra Elvira (Cordillera Bética), situada en la comarca de la Vega de Granada. También existen referencias de la existencia de un caudillo árabe de nombre Sawwár h. Hamdún al-Muháribí, natural de esta población durante el auge de la antigua Madinat Elvira (S. VII-X), capital de la Cora de Elvira, cuyos restos arqueológicos se han hallado en los términos municipales de Atarfe y Pinos Puente, no lejos de la propia Caparacena. 
[6] Francisco Cid Alcalá, amigo personal del autor, también natural de Pinos Puente, con el que comenzó a rodar en los comienzos y con el que ha compartido, comparte y compartirá multitud de cosas, ésas que sólo se comparten con los mejores amigos. Aparecerá en varias ocasiones, porque este libro se sustenta en la memoria y es en ésta donde están presentes las personas que rodean al que evoca.
[7] Municipio de la comarca del Poniente granadino. Su amplio término municipal cuenta con más de 20.000 personas censadas y es una de las ciudades más históricas de la provincia de Granada. Patria chica del intelectual e historiador musulmán del Siglo XIV Ibn-Al- Jatib. Localidad ubicada, a mitad de camino de las ciudades de Granada y Málaga. Su prueba de fondo, que es organizada cada año, es de las más apreciadas por los corredores de Granada y provincias limítrofes, pero también una de las más exigentes.
[8] Corredor veterano granadino enamorado de este deporte, a la par que del Granada C. de F.  Buen amigo del autor.
[9] Municipio granadino de 18.928 habitantes (datos del Instituto de Estadística de Andalucía de 2015), ubicado en la parte centro-norte de la provincia de Granada, en la comarca Accitana. Se trata de un enclave con un enorme protagonismo en la historia ya que ha sido lugar habitado por diversos pueblos antiguos a lo largo de la historia. En su suelo se han hallado restos de distintas civilizaciones, siendo de vital importancia la recuperación del Teatro Romano. Posee una enorme riqueza monumental, destacando su Catedral Barroca y su Alcazaba de origen musulmán, además del recuperado teatro romano.   
[10]  Localidad perteneciente al municipio de Purullena (Granada) por la que cual transcurre la prueba.
[11]  Municipio de Granada, a escasos kilómetros Guadix, enclavado en la Hoya del mismo nombre y en la confluencia del Río Fardes.
[12]  Alcazaba de Guadix, construida en torno al S.XI, en pleno periodo de dominio musulmán.
[13] Catedral de Guadix, cuya construcción se inició en el S.XVI y se culminó a mediados del S. XVIII. Estilo barroco.
[14] Club al que perteneció el autor de este libro durante bastantes temporadas. 


El libro está disponible en bastantes sitios. Algunos de ellos son: 


LIBRERIAS PICASSO

CARREFOUR ONLINE

AGAPEA

Y si vives en Granada lo tienes en las siguientes librerías:  

NUEVA GALA

LIBRERÍAS PICASSO

LIBRERÍAS BABEL 




jueves, 19 de octubre de 2017

COMENTARIO SOBRE LA PRESENTACIÓN DE UN LIBRO EN LA QUE INTERVINE (GRANADA, 19/10/2017)

La imagen puede contener: texto    En la tarde de hoy, a petición de la editorial de mi último libro en papel, "Corriendo entre Lineas", acudí a presentar un libro de un escritor novel, que ha resultado muy interesante. Se podría decir que iba con lo puesto, toda vez que apenas he tenido unas cuantas horas para hacerme una idea de qué libro y autor iba a presentar. Así que mientras devoraba un menú vegetariano en uno de los pocos bares de Granada que lo sirven, repasaba la presentación que hacía el autor en el libro y el prólogo del mismo, así como algunas notas que me había pasado mi editora, que también lo es del libro que presentaba. Su autor, José Ruiz Almendros, un escritor de cierta edad, pero del tipo de persona que ha sido culta toda su vida y ha tenido siempre querencia por los libros como lector y escritor, que estaba rodeado de amigos de similares características, aspecto que siempre he soñado: envejecer con amigos que piensen como tú y tú como ellos y que se pueda crear esa comunidad intelectual y artística que haga más llevadera la vida y los años. Llegué tarde, y me sorprendí de encontrar el espacio que ha habilitado la librería Nueva Gala de Granada lleno de amigos y familia del escritor, algo que ya me había comentado Ginés, el propietario de la librería, por teléfono, el cual me llamó en un par de ocasiones porque comenzaba el acto y yo no aparecía (así soy de impuntual, sí). Cuando llegué, parecía que ya todo el mundo esperaba, a pesar de que el autor situado en pie ya hablaba con los amigos. 
    No llevaba nada escrito, pero sí en la cabeza, por lo que me puse a hablar casi de inmediato pidiendo disculpas (ya sabéis, el tráfico de Granada. También le eché la culpa al metro). No sabía cómo iba a resultar, porque no conocía al autor ni había leído el libro. Ocurre que en ocasiones has leído el libro y conoces al autor y eso no es garantía de que todo salga como la seda, pero en este caso no se daba el caso, así que dejé que fluyeran las palabras (tengo ya algunas tablas), sinceras y muy laudatorias hacia el autor, porque a pesar de que apenas había leído nada, sí percibí su buen oficio, buen escribir y sensibilidad, y tras ellas habló el propio autor sobre un asunto en el que me sentí cómodo y que me ayudaría a enlazar con lo que iba a decir a continuación. Ya había leído que era un escritor cercano a la observación de la naturaleza, la lógica del cosmos, el orden establecido, las dimensiones que no conocemos... todo aquello en lo que en la actualidad estoy enfrascado. Eso me gustó. Por tanto, cuando llegó de nuevo mi turno, seguí esa pauta temática que él mismo comenzó y me fui encontrando cada vez más cómodo. Hablé de la importancia de observar la naturaleza, de lo que nos hemos alejado de ella, del orden establecido en el universo..., hable, incluso, hasta de las ondas gravitacionales que acaban de entrar en el debate científico y que están en relación con el espacio-tiempo y, por tanto, con la física cuántica. Fue interesante pero, claro, cuando uno presenta a un autor, el protagonismo no debes ser tu, sino de él, a pesar de que yo veía por los rostros de los asistentes y el cabeceo de sus cabezas que les estaba interesando el tema.
    Al finalizar el acto, que acabó muy bien y con buena sintonía y empatía, se dirigió a mi un asistente, amigo íntimo del autor, con el que había trabajado en una composición poética-musical, felicitándome por mi intervención (aún hay gente educada). Un señor de edad similar a la del protagonista, que es músico -lo sé porque allí se dijo- y que se presentó también como físico. Me volvió a felicitar por tocar el asunto de las ondas gravitacionales a mí, que siempre he sido un negado en esa materia. Y es que en cualquier ocasión, lugar y tiempo, cuando menos lo sospechas, se puede dar una sintonía interesante con los libros, el arte y la cultura. Y ese ha sido el caso de esta tarde.            

domingo, 15 de octubre de 2017

CAPÍTULO I: ¿DESEAS CORRER? DE MI EBOOK "TÚ PUEDES CORRER. COMIENZA A CORRER DESDE CERO"

CAPÍTULO I: ¿DESEAS CORRER?

1.    ¿Te ha picado la curiosidad o, tal vez, quieres mejorar tu forma física?

Sea por el motivo que sea, lo importante es que te has interesando por correr. Es posible que hayas visto a cada vez más gente corriendo por la calle y por los caminos de las afueras de tu ciudad o pueblo. O, incluso, que alguien de tus amigos o familia ya corra de manera habitual. Te han hablado de la bondad de este deporte y quieres probar por ti mismo esa bondad. Es probable que tu decisión haya sido para bajar de peso y elevar tu forma física o porque estás harto de postergar una decisión que hace tiempo ya casi habías tomado. Fuere por el motivo que fuere, lo importante es que en tu pensamiento ya existe esa opción. Ya está sembrada la semilla. Por tanto, no la dejes escapar porque estás en el buen camino.
Si algún día llegas a ser corredor o corredora —ese es mi propósito—, seguramente no recordarás con exactitud cuál fue el motivo que te lanzó a correr. Eso será lo de menos. Lo importante es que ya habrás desarrollado el hábito y correr será ya una de las cosas más importantes de tu vida, dando gracias a los dioses cada día por haberte convertido en corredor. Todo esto que te cuento, lo he experimentado. Es más, he lamentado muchas veces no haber comenzado antes, es decir, no haber comenzado antes a correr de manera habitual. Pero, como siempre digo a quien me pide consejo, nunca es tarde; no existe la edad ni la condición física. Solo existe la determinación de dar el primer paso, todo lo demás llegará poco a poco.  

2.    Vas a dar un paso importante: piénsalo bien, ¡que los sueños, suelen cumplirse!

Será por aquello de que los sueños hay que dosificarlos porque suelen cumplirse, es muy importante que tengas muy claro que quieres dar el paso. Porque una vez dado, cambiarán muchas cosas en tu vida. Sencillamente, por el cambio de hábitos y por el tiempo necesario que deberás dedicar a esta tu nueva faceta deportiva. Te advierto que es adictiva. Sobre todo, al principio. Con el tiempo esa adicción se atempera y se integra en tu vida de una manera natural. Es un proceso necesario.
También cambiarán tus relaciones personales en mayor o menor medida. Mucha de la gente que te rodea, ya sean familia o amigos, no comprenderán inicialmente tu cambio de hábito —y de vida— y eso, en ocasiones, ha creado algunas tensiones en corredores que he conocido. Incluso, puedo hablar en primera persona de esos desajustes. Piensa, por ejemplo, que, si tienes el hábito de tomar unas cañas con tus compañeros de trabajo tras la jornada laboral y eso lo has hecho a lo largo de los últimos años, es probable que debas desistir de algunas de esas agradables reuniones de amigos y compañeros porque tengas que entrenar esa tarde. No todo el mundo tiene el mismo nivel de comprensión. O bien, ya no te interese o no te venga bien trasnochar si lo hacías habitualmente. Por eso es muy importante que una vez hayas decidido dedicarte a esto de manera habitual lo hables con tus seres queridos y amigos más cercanos. Lo comprenderán, sin lugar a duda, si te respetan y quieren lo mejor para ti. Los más interesados, egoístas, desleales y demás adjetivos, no te entenderán o no querrán entenderte. Les mueve más perder al amigo de cañas (hábito que tampoco es necesario perder, sino moderar y organizar) que ganar al amigo que se preocupa por su salud y su estado físico y mental. Pues bien, esos probablemente no sean los amigos que necesitas. Da el paso sin miedo.  
Posteriormente encontrarás otros obstáculos, pero los irás superando si ya has tomado una decisión y ésta es firme. Por tanto, si ya estás decidido, comienza ya.   
Has de tener en cuenta, no obstante, que lo que se cuece en la mente necesita ser refrendado con la actividad, sobre todo si se trata de una actividad que requiere un hábito. Porque si hay alguna acción que esté relacionada directamente con el hábito esa es la de correr. Y como todos los hábitos, cuesta al principio, pero con el paso del tiempo, si porfiamos, cada vez será más fácil. Por tanto, si ya estás decidido…. ¡Adelante!     
Todo lo que te cuento acerca de los amigos y familia y su comprensión o incomprensión lo he vivido de manera directa, pero siempre lo tuve muy claro. Es más, no tuve reparo alguno en cortar una seudoamistad si ésta me imponía unos límites, porque la amistad verdadera no debe imponerlos. Te diré que comencé historias independientes pero conexas sobre un personaje que un buen día decide correr, tras haberse pasado su vida encorsetado en un trabajo aburrido y mecánico y un tiempo perdido con colegas, que solo tenían la ambición de beber hasta derrumbarse y trasnochar cada día. A esa historia le denominé “X quería correr”, la cual publicaba en mi blog. Tuvo sus buenos seguidores y es posible que algún día la retome y se llegue a publicar como novela.





domingo, 8 de octubre de 2017

J.J. BENITEZ. UN AUTOR CONTROVERTIDO PERO VALIENTE.

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J.J. Benitez en su estudio. Sigue escribiendo sus libros a máquina, al
parecer.
En nuestro país contamos con un escritor muy peculiar que todos conocemos como J.J. Benitez, un personaje controvertido pero valiente, conocido por sus investigaciones sobre el asunto OVNI y temas paranormales en general. Arrinconado por el "stablishment" literario que no permite que entre en su exclusivo círculo nadie que ose escribir sobre asuntos que no sean "puramente literarios", pero adorado por millones de lectores -sobre todo gracias a su saga Caballo de Troya- en España e Hispanoamérica principalmente (sobre todo en esta región), así como por el sector literario o investigador de este tipo de temas. De ahí que sus apariciones en medios más o menos oficiales no sea muy prolija y el otro día comprendí o creí comprender por qué. Fue invitado a un programa de TV1 (lo vi en Youtube, porque no veo televisión apenas) en el que las entrevistadoras -porque eran todas mujeres, qué curioso, así como las personas del público también lo eran- con motivo de la promoción de su último libro sobre el "Ché" Guevara, titulado "Tenemos a papá", en el que el autor navarro ha investigado durante seis años sobre las últimas horas del guerrillero argentino que fue miembro activo de la Revolución cubana. Me pregunté qué hacía este autor -que es serio y reflexivo, con independencia de que no todo el mundo lo respete- en este tipo de programas. Y esta última pregunta engarza con lo que decía antes con relación a por qué no acude de manera asidua a programas, digamos, de la televisión oficial, aunque sí es posible verlo con mucha frecuencia en canales específicos de YouTube dedicados al misterio y programas de radio muy específicos sobre estas materias. El caso es que la presentadora y el resto de las acompañantes a la mesa -que debían ser, al menos, siete- no hacían más que referirse al mito sexual del guerrillero, pero él no dejaba de referirse a los falsos mitos en torno a sus virtudes y cualidades, de acuerdo con lo que deduce de la investigación emprendida. Así que, a ciertas alturas de la entrevista, en la que no era fácil mantener una línea argumental sostenida (ya sabemos cómo son este tipo de programas), los temas se desvían de un punto a otro y el bueno de J.J. Benitez comienza a sacar su mejor artillería pesada, que consiste en esencia en llevar  la contraria a posturas oficiales; así que dice: "Es que ustedes creen que el 11-M fue cometido por los yihaiddistas". Ante tal afirmación-pregunta, la presentadora le corta radicalmente y cambia de tema. Todo el mundo parece sentirse incómodo ante ello. Él sonríe, quizá acostumbrado a que esto le ocurra con frecuencia, y dice sonriendo, algo así como "¿No me dejas decirlo? Y nada, toda la conversación vuelve de nuevo al libro del "Ché". Y comprendí entonces lo que antes decía acerca de ver a este autor con tan poca frecuencia en televisión, al parecer, por decisión propia casi siempre. 
    Ocurre que estamos en una sociedad mediática muy controlada y carente de libertades. Solo es posible asistir a programas y entrevistas que ya hayan pasado por algún filtro y, a veces, ni así, a no ser que se trate de una bazofia de casar a hijos con fulanas y menesterosas. Nos hemos alejado del espíritu de la libertad de expresión en los medios, por lo que cada vez será más frecuente encontrar masas de espectadores cada vez menos informados y/o manipulados. Por tanto, apaguen la televisión, o bien, seleccionen los muy pocos programas en los que no exista esa censura si es que los encuentran.
    Yo ya lo hice hace mucho tiempo y tan solo acudo a programas, entrevistas y espacios que busco por la red (YouTube, aún, es un medio magnífico), en los que pueda escuchar con total libertad entrevistas puras y sin tapujos hechas a J.J. Benitez u a otros del estilo. Prueben y ya verán cómo cada vez comprenderán con más claridad la enorme manipulación televisiva. 
    Bien, volviendo a este autor, diré que es muy importante que -con independencia de que se sigan o no los temas sobre los que escribe- sigan existiendo existiendo este tipo de autores, los cuales basan sus libros en investigaciones de años. Se podrá estar o no de acuerdo con ellos y hasta es posible que existan kilos de manipulación en sus escritos e investigaciones, pero cuentan con una ventaja para los lectores: hay años de investigación y creen en lo que escriben, entre otras cosas porque han hecho investigaciones de campo. Además, existe una razón de peso para seguir el trabajo de éstos: nos sacan de la oficialidad, de lo establecido, de lo que hay que ver, leer o escuchar. En ese sentido, nadie le podrá negar a este veterano autor -del cual he leído algunos libros y me parece que escribe bastante bien- su ingente trabajo de más de cincuenta libros publicados y los millones de kilómetros recorridos por todo el mundo para escribirlos. Demos algún margen a la imaginación y a lo que parece irreal y descabellado. De lo contrario, la misma realidad acabará por devorarnos.                     

sábado, 7 de octubre de 2017

CINE: NEGACIÓN (UK, 2016)


Estamos ante una película harto interesante. Una de esas en las que es más importante destacar su trascendencia, el hecho real en sí, que otras cuestiones que tengan más que ver con la buena mano en en la dirección o la BSO, por poner tan solo dos ejemplos. Una de esas películas que nos muestra un hecho al que, quizá, no hubiéramos tenido acceso por otra vía. Como trasfondo el sempiterno asunto del Holocausto, pero visto, en esta ocasión, desde una óptica más academicista. Libros que describen el Holocausto contra libros que pretenden insuflar un negacionismo. 

Es elemental que este tipo de películas, bastante corales, cuenten con buenas interpretaciones, algo que se consigue sobradamente con la intervención de una actriz con atributos interpretativos muy sólidos y potentes, Rachel Weisz, a la que acompañan un buen y selecto grupo de actores y actrices de ambos lados del "charco", al tratarse de una coproducción británica y estadounidense. 
Como elementos destacados en esta película podemos comentar la dirección correcta de la misma a cargo de Mick Jackson, conocido por dirigir la mediática y taquillera película El Guardaespaldas (1992), interpretada por la desaparecida cantante Whitney Houston y Kevin Costner, así como el evidente contraste mostrado en la misma entre el derecho estadounidense y el más solemne británico, en el que el acusador nada tiene que probar sino el acusado. Sobre ese asunto judicial se desarrolla esta película basada en hechos reales, la cual cuenta con un metraje de casi dos horas de duración (110 minutos) sin que provoque sensación de pesadez en ningún momento; no al menos en mi caso, aficionado como soy a la historial y al derecho. 
Basada en un libro de la escritora Deborah Lipstadt, que cuenta su peripecia personal y judicial en cuanto a la negación de su doctrina académica por parte de un seudohistoriador llamado David Irving, un británico muy constante en su cometido, admirador de Hitler, es evidente que se trata de una película de no demasiado presupuesto, algo no muy necesario dada su ausencia de efectismos que disparen el mismo, siempre y cuando los actores y actrices intervinientes (en este caso la estrecha Rachel Weisz) no dispare sus honorarios. No obstante, el resultado final es bastante decente y transmite muy bien lo que quiere contar. Por tanto, aconsejo su visionado, porque cuenta también con buenos momentos de buen cine.          

viernes, 6 de octubre de 2017

ESTADO, NACIONALISMO Y “MARCA ESPAÑA”

ESTADO, NACIONALISMO Y “MARCA ESPAÑA”


                                                                                        

Resultado de imagen de MARCA ESPAÑAA actor Dani Rovira le ha caído encima toda la rabia carpetovetónica de este desigual país por decir que “pertenecer a un país donde se celebra la tauromaquia da vergüenza”, opinión que, desde luego, comparto. Ni siquiera ha comentado que le avergüenza ser español, sino uno de los múltiples aspectos de este país, tan lleno de contrastes. No lo sé, probablemente se deba a todo ese sentimiento españolista que se está dando como reacción a la pretendida independencia de Cataluña, pero lo cierto es que se aprecia —sobre todo en las redes sociales y en determinados tertulianos— un ambiente reaccionario, casi como queriendo volver a lo que fue este país antes de los Tercios de Flandes. Es decir, todo lo que suene a antiespañol, sin que necesariamente lo sea, provoca una profunda ira en un determinado sector de la población, que entiende que este tipo de opiniones atentan contra el Estado, confundido la parte con el todo. Sin embargo, no es conveniente confundir una opinión con la afrenta a un sentimiento concreto y mucho menos a una construcción teórica o doctrinal. La definición de lo que significa un estado no es nada fácil, mucho menos lo que significa nacionalismo. Para ejemplo, las dificultades que encuentra la propia Real Academia Española (RAE) cuando intenta concretar el concepto estado. De hecho, hace uso nada menos que de cuatro acepciones. En la quinta establece: “País soberano, reconocido como tal en el orden internacional, asentado en un territorio determinado y dotado de órganos de gobierno propios.” Incluso admite en su octava acepción que: “En ciertos países organizados como federación, cada uno de los territorios autónomos que la componen”.  Y no menos dificultades encuentra cuando intenta enunciar el concepto nacionalismo, a pesar de que para este término tan solo utilice dos acepciones. En la primera concreta que es un “Sentimiento fervoroso de pertenencia a una nación y de identificación con su realidad y con su historia”. Por su parte en la segunda concluye que se trata de una “Ideología de un pueblo que, afirmando su naturaleza de nación, aspira a constituirse como Estado”.  Como vemos, tan solo dos acepciones, pero harto complejas, mucho más si las ponemos en relación con las dadas para el concepto estado. Es decir, que estamos ante asuntos muy complejos, usados con demasiada frivolidad y ligereza en la mayoría de los casos. Una frivolidad y ligereza que conducen a la incomprensión y animadversión hacia comentarios como los del actor malagueño. Porque si hablamos de estado y nacionalismo, nos estamos refiriendo a construcciones teóricas, a contenidos políticos y jurídicos, los cuales están sujetos a crítica y susceptibles de ser opinados. Decir que a uno le avergüenza de su país una u otra cosa no es más que mostrar una opinión legítima, ya se trate de la tauromaquia o de la corrupción, y nada tendrá que ver eso con un sentimiento de querencia hacia el país en el que se nace o se reside, del cual se valorarán otras virtudes y cosas. Y, por supuesto, mucho menos tendrá que ver con sentirse más o menos español. Pero ocurre que existen determinados conceptos que van muy unidos a la, digamos, “Marca España”, y uno de ellos es la tauromaquia, algo que a estas alturas nadie debería de considerar serio. España es un país muy diverso y dinámico, en el que tienen cabida múltiples manifestaciones y sentimientos, sin que sea acertado adscribir nada en concreto a su pretendida “marca”, que no es más que una construcción política (e, incluso, comercial) interesada, en mi opinión. Porque si fuera válida la tauromaquia como “marca” de España, también deberíamos de admitir la corrupción, por poner tan solo un ejemplo. 
            En ese sentido hay un caso que siempre me llama la atención, como es la vinculación entre el flamenco y tauromaquia, que no es más que otra conexión un tanto maltrecha e interesada, hasta que un buen día aparecen flamencos y cantaores jóvenes como el conocido como “El niño de Elche”, que es un enorme cantaor en opinión de los críticos, con premios en su haber, y al mismo tiempo es totalmente contrario a la tauromaquia y al maltrato animal. Por tanto, cuando nos referimos a arquetipos todo debe de estar en entredicho, concepto que, volviendo de nuevo a la RAE, necesita de cinco acepciones, cada cual más compleja y difícil de interpretar.      


EBOOK: RELATOS Y ARTÍCULOS DE VIAJES: ROTHENBURG

Si nadie le cuenta al hipotético lector nada sobre el pueblo de Rothenburg no habrá forma de imaginarlo a pesar de haber llegado...