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10 octubre 2012

LO QUE ENSEÑA EL WESTERN

Nadie en su sano juicio debería de dejar de ver 'Centauros del desierto'. Por muchos motivos. 

Porque en los tiempos precipitados y de cartón piedra que atravesamos, los valores de la esta película de John Ford son mayúsculos. Veamos. 
El contexto. Una sociedad en ciernes, una civilización que comienza -la del hombre blanco-; y otra que se va extinguiendo -la de los pieles rojas y todas la subrazas derivadas-. Y entre medias, muchos valores puestos en juego. Todo un carrusel de valores, hoy practicamente perdidos. Personas que luchan por una vida colectiva mejor, por un progreso: personas de bien, frente a personas que sólo buscan ganancias en ese progreso y tan sólo les interesa una vida mejor, pero no colectiva, sino particular: personas de mal. Héroes que lo son sin querer serlo y quienes juegan a ser héroes sin tener madera para ello. 
Ilusiones y sueños rotos en un trasfondo de miseria y condiciones de vida muy duras. Pero lo que más me llama la atención de esta película -que es común a otras grandes del género- es el compromiso sin fisuras de unos pocos, la vocación de favorecer a la comunidad, jugándose la vida. O la perseverancia por conseguir algo que es de difícil consecución, cueste lo que cueste y se tarde lo que se tarde. 
Una simple carta recibida a lo largo de un lustro puede ser detonante de un noviazgo roto o esa misa carta, con otro contenido, el detonante de un compromiso estable. En una época en la que todo es lento, en la que se puede ir una vida entera para optar a una información o a una respuesta crucial. Mucho deberíamos de aprender de todo eso en esta época amorfa y sobredimensionada de información -la mayoría de ella inútil-. 
Por eso me gustan los western y si están dirigidos con la maestría que siempre mostró John Ford e interpretados con la credulidad y entrega de John Wayne, estamos hablando ya no de la culminación de un género, sino de obras de arte. Y de ahí, que se convierta en algo imprescindible para la existencia. Tanto como admirar en alguna ocasión el 'David' de Miguel Ángel en Florencia, leer 'El Quijote' de Miguel de Cervantes o asistir a alguna buena interpretación de la Misa de Réquiem de Mozart, por poner tan sólo tres ejemplos vivenciales -cada cual tendrá los suyos, lógicamente-.         

30 septiembre 2012

HAY QUE VOLVER AL WESTERN


Hay que volver al western porque pocas cosas se han en el cine más auténticas y que aporten tanto como los western de todos los tiempos. Un género que ha ido decayendo en los últimos años, quizá, porque lo mejor ya estaba filmado en los decenios anteriores, con la excepción de -por ejemplo- 'Sin perdón' una 'rara avis' de los años noventa -que es un grandioso homenaje al gran género- y diversos buenos 'remakes'. 
Particularmente en este género he visto la esencia del cine, pero también de la sociedad. Retratan la lucha del bien contra el mal en un joven pero muy vitalista país emergente como es Estados Unidos. Eso siempre me ha fascinado. Pero también la lucha por el poder y el territorio, donde todo es virgen, nuevo y latente. Lucha de hombres y mujeres por construir ciudades  habitables en contraposición a esa lucha opuesta de gente malvada por adueñarse de todos los recursos al margen de la ley. En realidad, esa lucha nos sigue siendo familiar y pocas cosas han cambiando en esencia, si bien, en este momento histórico pareciera que, al contrario que en el género western, el hombre que ha de velar por la ley y el orden en este momento histórico asumiera el papel del malo de la película, si consideramos los innumerables casos de corrupción en nuestras sociedades modernas avanzadas por parte de representantes de nuestros poderes. 
Si en aquellas míticas películas, un hombre es capaz de arriesgarlo todo para enfrentarse 'Sólo ante el peligro' o jugarse la vida para ajustar antiguas cuentas y, de camino, erradicar la corrupción de una ciudad llamada 'Río Lobo', en la sociedad actual pocos que formen parte de cualquier poder del Estado parecieran tener otro interés que amasar riqueza y proteger sus intereses materiales. Por tanto, todo indica que estamos dando un paso atrás. Y lo que es más grave, utilizando para ello las leyes. Justo al contrario de lo que hacían aquellos aguerridos hombres y mujeres. 
Así, que amante como soy de este género, me estoy dedicando a visionar películas para mí inéditas o ya conocidas. Y qué mejor el visionado de la excelente 'Río Lobo' de Howard Hawks, protagonizada por el sinpar John Wayne, tras haber visto hace unos días las dos -la clásica y el remake- 'Valor de ley'.

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