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11 diciembre 2012

CRÓNICA (GRÁFICA) DE UN POSTENTRENAMIENTO

El entrenamiento de esta mediodía de diciembre ha sido espectacular, pero no sólo por las buenas sensaciones y la fluidez que he sentido en mis piernas, sino por haber entrenado en una majestuosa y fría mediodía de otoño. 
Cuando comencé a correr, la Vega se encontraba brumosa, imperceptible casi en la lejanía, pero en la misma medida que mis piernas avanzaban, esa brumosidad se iba alzando dejando sin ruido, dejando paso a un débil sol de diciembre que aventuraba ya la entrada del invierno.
Correr en esas condiciones climatológicas y acompañando también las físicas es algo especial como sabe quien corre habitualmente, por lo que no pude resistir la tentación de arrancar unas cuantas fotografías para que podáis participar de lo que esta mediodía viví y presencie, aunque sea al terminar el entrenamiento. Qué mejor que unas imágenes para acompañar estas torpes palabras.

Llego de completar la ruta de más de 13 kilómetros y no puedo más que impresionarme ante el tapiz de hojas caídas que pisan mis zapas. Las formas de las hojas son perfectas y noto la suavidad de su textura bajo la suela, casi como si pisara un alfombrado. 

Pero alzo la mirada y me encuentro con un paisaje aún más sobrecogedor.  La pléyade de colores ocres y verdes del otoño y el día claro transforman el paisaje en una especie de cuadro al pastel. Miro el horizonte, el cual acabo de atravesar allende las alamedas y éste se pierde. La quietud es enorme.  

Es tan impresionante el paisaje que me rodea que no encuentro el momento de comenzar los estiramientos. Todo es bellísimo, pero estoy comenzando a enfriarme.

Hay que comenzar a estirar. Descubro que se puedo estirar y seguir contemplando el magno espectáculo de las hojas caídas y el paisaje otoñal de alrededor....,

....como por ejemplo esta verdadera alfombra en que se ha convertido la única calle del Cortijo de Alitaje. En ese momento todo es quietud y puedo escuchar nítidamente el lenguaje de los pájaros. Me concentró en sus sonidos y acabo comprendiendo que se están comunicando.

Esta vista, que ya he reproducido en varias ocasiones -pero que siempre es distinta-, siempre me impresiona. Así de diáfano y luminoso se encontraba esta mediodía el Piorno desde Alitaje. 


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