27 diciembre 2020

NOVELA: «ALEGRÍA», DE MANUEL VILAS (FINALISTA DEL PREMIO PLANETA 2019)

 


Lo diré desde ya: la novela «Alegría», de Manuel Vilas, me ha parecido una obra excelente. Posee rasgos de alta literatura y en muchas de sus frases, auténticas perlas literarias. Pero también he de decir que puedo comprender que no sea una novela para todo el mundo, que todo el mundo no disfrute con este tipo de literatura. Lo digo porque el lector podrá encontrar en Amazon comentarios del tipo: novela aburrida, plasma, no he podido acabarla, repetitiva... Y otras por el estilo.

Pero a un servidor le ha gustado. Y mucho. 

Es probable que tengan razón aquellos que afirman que es un poco repetitiva, pero es perdonable porque el escritor desea centrar casi toda la trama (aunque, en puridad, trama no hay) en sus padres, es decir en la relación que él tuvo con sus padres y cómo los ve ahora, ya muertos, en ese ejercicio de autoficción. Y, claro, eso puede ser repetitivo, pero a mí no me lo ha parecido, principalmente por una cuestión: cada vez que alude a ellos es por pensamientos, sentimientos, sensaciones, vivencias nuevas. Y eso jamás puede ser repetitivo.

Se aprecia en el texto del escritor de Barbastro que es poeta ante todo, pero que también domina el lenguaje narrativo, del que se aleja formalmente las más de las veces porque es una novela que no necesita una formalidad. Es otra cosa.

Y como otra cosa que es, no será una novela que guste a todo el mundo. Por supuesto, no quiero aparentar pedantería, pero esta novela está escrita para que la lean quienes realmente aman la literatura y no solo novela histórica, negra o de otro tipo, que las más de las veces tienen muy poco de literatura, aunque hay mucha de ese género que la tiene a raudales.

La literatura es contar, por supuesto, pero sobre todo es saber trasladar a palabras sentimientos más que reflexiones, situaciones más que historias objetivas. De ahí que existan diversas formas de novelar las cosas. Y lo que hace Manuel Vilas en esta novela es saber plasmar sentimientos y también plasmar situaciones. No es necesario que cuente historias, aunque también lo haga, al menos para engarzar con el sentimiento y la situación que quiere describir...Casi siempre centrada en sus padres, pero también en sus hijos o, más bien, en cómo se intenta ver él como padre también. 

No he leído aún Ordesa, que fue un fenómeno literario hace unos pocos años, por lo que he comenzado la casa por el tejado, pero Ordesa me espera impaciente.

Pero antes tendré que acabar Patria, de Fernando Aramburu, de la que también escribiré aquí. 

22 diciembre 2020

EL HÉROE DE LA NAVIDAD: UNA REFLEXIÓN AMENA SOBRE LA NAVIDAD DE LA PANDEMIA

EL HÉROE DE LA NAVIDAD 


Uno tiene sus filias cinematográficas, a veces de vocación inconfesable, pero en esta ocasión he de confesarlo porque es el momento: me gusta el cine de género navideño; no es sinónimo de que me guste la Navidad o, al menos la que hemos montado entre todos a base de chequera (sería más contemporáneo decir tarjeta) y consumismo. 

Llevo tiempo sospechando que me gusta este tipo de cine porque, quizá, encuentre en él otro tipo de Navidad, en el que el verdadero héroe (quítenle al cine de Hollywood el héroe y se queda en nada) no es el triunfador de Wall Strett ni el chico guapo y deportista del instituto, sino el que reivindica el espíritu navideño y lo va contagiando a los demás, a pesar de las dificultades, de la poca predisposición de los demás, del cenizo que no hace más que susurrarte al oído que para qué tanto esfuerzo, si al final todo va a salir mal; pese a la incomprensión de todo el universo. Sí, ese es el verdadero héroe de este tipo de cine, aseveración que confirmaría el mismísimo Christopher Vogler. Y es que hasta ahora lo hemos tenido fácil: llegaba la víspera de la Navidad, luego esta, y bastaba con salir a ver las luces de la ciudad, comprar, comer en un restaurante, adquirir un par de regalos para los más queridos, consumir en definitiva, y ya está. Claro, nadie se esperaba que un virus que comenzó a dar topetazos allá por marzo haya decidido quedarse el resto del año. No, nadie lo esperaba. Y como lo que no se espera está exento de planificación, nada hemos planificado. Por tanto, no queda otra que convertirnos en héroes, tanto quienes consumismo como quienes proveen para que lo hagamos. Todos tenemos que ser héroes. Como en esas películas navideñas, donde el protagonista, de la nada, sin planificarlo, sin pensar en ello ni tan siquiera, decide emprender un viaje (o las circunstancias hacen que lo emprenda) y le da un giro copernicano a su vida, dejando atrás todo aquello de lo que le parecía imposible prescindir: un buen trabajo, un sueldo con muchos ceros, un gran apartamento, un gran coche, varios viajes exóticos al año, una vida social rica de fiesta en fiesta… para acabar sus días de nuevo en la casa de sus padres, en aquel recóndito pueblecillo casi siempre nevado de donde salió por piernas porque aquello no era vida ni futuro para una persona tan joven y con hambre de mundo.

Pero vuelve al lugar que un día abandonó, precisamente, porque las circunstancias han cambiado o ha cambiado él y lo que le parecía cutre y poca cosa, ahora se convierte en lo más importante de todo; y lo que le parecía muy importante y sofisticado, ahora se convierte en algo liliputiense y exento de interés. Porque quizá sea tiempo de introspección, de disfrutar de un buen paseo al aire libre, de alejarse de grandes multitudes, de no hacer cola en la paquetería; tiempo de volver a lo ancestral, a aquella época en la que bastaba con un polvorón y una copa de anís junto a una chimenea cuyo rumor crepitante de los maderos quemados era la mejor canción. Tal vez, un momento para resetear, y como aquel héroe de la Navidad regresar de nuevo a aquello de lo que huimos, sin sospechar que huíamos de nosotros mismos.  



07 diciembre 2020

NUEVO LIBRO PUBLICADO EN AMAZON: PÉRDIDA Y OLVIDO (RELATOS CORTOS Y MICRORRELATOS)



Os presento el contenido de mi reciente libro publicado, Pérdida y olvido. Está disponible tanto en papel como en digital en Amazon 




RELATOS


PÉRDIDA Y OLVIDO

 UN EXTRAÑO A SUS OJOS

ENCUENTRO EN EL BULEVAR 

LAS CUATRO ESQUINAS

 NO UNA NOCHE MÁS

TODO ES DESORDEN

 MELANCOLÍA DEL PERRO VAGABUNDO

TU PUEBLO SOLO ESTÁ EN TU MENTE 

VARIAS VIDAS

VIDA DE PALOMA

LA PRESENCIA

TANATOPRAXIA 

NAVIDADES EN MARTE 

UN ENCUENTRO MISTERIOSO

EL PEOR DÍA DE SU VIDA

PAISAJE DE INVIERNO 

SANTA CLAUS, NO MÁS QUE DOS

 YA SOY RICO

EL TEMPLO ROMÁNICO 


MICRORRELATOS


EXORBITANTES PRIVILEGIOS

 CAMINOS OPUESTOS

 HIJO PREDILECTO

ANCIANA CORAJE

UN MAL DÍA 

CONVERSACIÓN FORTUITA

VOCACIÓN LITERARIA

SIN VOCACIÓN

DERECHO DIGITAL

 CONFUSIÓN DIPLOMÁTICA

 ALEGATO FINAL

 TODOS LOS SANTOS

LA SONRISA DEL HÉROE 

YO SOY UN ASESINO 

CREER NO ES TAN DIFÍCIL (MICRORRELATO NAVIDEÑO)

UNA TIPA HORTERA VESTIDA DE NEGRO

AMOR EN CAÍDA LIBRE


25 noviembre 2020

CUENTO NAVIDEÑO: UN ENCUENTRO MISTERIOSO (AMAZON, 2019)

 



Más de setecientas descargas ha obtenido este cuento navideño en Amazon (que lamentablemente no siempre está gratuito, eso depende de la plataforma) a lo largo de once meses, desde que se publicó a finales de noviembre del año pasado. España, por supuesto, es el país donde más se ha descargado; en segundo lugar, en México, con un buen número de descargas, así como en Estados Unidos. También se ha descargado en otros países como Italia, Canadá o Alemania y algún otro que no recuerdo. Su mes fuerte es diciembre, es lógico. La primera versión contaba con un final que no me satisfacía (y a otra gente que opinó, tampoco) y en la segunda, que es la actual, el final fue muy otro. A qué esperas para descargarlo. Antes, asegúrate de que está gratuito si no quieres pagar 0,99 € por un cuento, cosa que no te aconsejo. A quien le guste leer en papel más que en digital, anunciaros que está incluido en mi próximo libro de relatos Pérdida y olvido, que será publicado en los primeros diez días de diciembre.

08 noviembre 2020

ARTÍCULO PUBLICADO EN DIARIO IDEAL DE GRANADA: NADA NOS PERTENECE (6/11/2020)

NADA NOS PERTENECE


                                                                                                        Por José Antonio Flores Vera



En momentos como los que ahora vivimos, las cosas más cotidianas y espontáneas se convierten en raras y complicadas. Comprar una barra de pan, comprar un diario o tomarse una cerveza en un bar, actos simples que ya formaban parte de nuestra idiosincrasia, casi de nuestros genes, son ahora asuntos más complicados. Acostumbrados como estábamos a creer que éramos dueños de nuestro destino o, al menos, de esos pequeños gestos cotidianos inherentes a nuestra libertad personal, no habíamos caído en la cuenta de que nada de eso nos pertenece, que todo es una especie de otorgamiento graciable de uso y disfrute y que nosotros no somos más que los usufructuarios con un derecho a goce, pero nada más. Un derecho a goce que puede ser arrebatado en el momento en el que el verdadero propietario disponga de la propiedad o bien ésta sea destruida o, sencillamente, desaparezca.

Todo de lo que no se es propietario nos puede ser arrebatado, pero incluso de lo que se es propietario. Tan solo variará la intensidad o las circunstancias. Es entonces cuando comprendemos que, en realidad, vivimos en una burbuja siempre presta a estallar, que todo pende de un hilo. Son necesarios tiempos difíciles para poder comprenderlo, porque se necesita la perspectiva suficiente. Y no ignorar que las burbujas siempre acaban estallando, esa es su verdadera vocación.

Por ejemplo, escuchaba decir a alguien hace unos días que no era posible que nos usurparan la Navidad. Me sorprendió escuchar eso porque tamaña aseveración solo puede llevar a equívocos. Podría interpretarse como que no era posible que nos prohibieran consumir y celebrar comidas navideñas, que es lo que entiende la mayoría por Navidad, pero eso no es más que una entelequia. Nada de eso es, en sí, un derecho propio, ni mucho menos personal. Nada es permanente ni estable. Y la prueba está en lo que está ocurriendo en el mundo desde marzo. Lo que habíamos entendido hasta el momento como derechos propios o personales no son más que ficciones, simulaciones de una supuesta realidad, que es posible que no exista más que en nuestra imaginación. Poder acudir a un concierto, a un restaurante, a un evento deportivo, celebrar la Navidad, la Semana Santa, poder viajar, pasar un día de playa o, sencillamente, poder pasear sin estar pendientes de límites municipales u otras limitaciones legales, no es más estable que un castillo de naipes, cosas que hacemos habitualmente porque unas reglas lo han permitido, pero que queda supeditado a otras más severas y trascendentes, que es lo que tiene vivir en sociedad. 

Porque es posible que de todo lo sorprendente y novedoso que nos está ofreciendo esta pandemia la revelación de que nada nos pertenece, en realidad, sea lo más inquietante. 


30 septiembre 2020

PÉRDIDA Y OLVIDO (NUEVA COLECCIÓN RELATOS CORTOS Y MICRORRELATOS DE PRÓXIMA PUBLICACIÓN EN AMAZON)

 Ilusionado con el nuevo proyecto editorial independiente que está a punto de ser publicado en Amazon, por lo pronto en formato eBook, aunque no descarto el formato papel. Finalmente, se tratará de una selección de 17 relatos cortos y 17 microrrelatos, todos de muy variada temática. 

El título elegido es el del primer relato Pérdida y olvido, un relato corto de estrato histórico que fue publicado en una antología a nivel de Andalucía en un precioso y cuidado libro. Hay otros (tanto relato corto como microrrelato) también publicados en antologías y en prensa y muchos otros totalmente inéditos.

Esta que muestro será la portada de la versión eBook: 







18 septiembre 2020

NUEVA SELECCIÓN DE RELATOS

 Ante el panorama desolador de la cultura, de la que forman parte los libros, el antídoto es la creatividad; y seguir publicando lo creado. Mi opción, como ya he manifestado en varias ocasiones, seguirá siendo Amazon. Sí, es cierto que a Amazon se le apunta como uno de los culpables del panorama de los libros por su afán acaparador, y es posible que no falte razón en esa acusación, sin embargo, se trata de una plataforma gran divulgadora que ayuda a autores independientes, como es mi caso en la actualidad; una ayuda que sin esta plataforma sería muy difícil de conseguir. No soy ni de lejos un autor best-seller (ni creo que lo sea nunca, entre otros muchos motivos, porque mi literatura va por otro camino), pero con Amazon consigo llegar a más lectores y a lugares más lejanos. Y si eso pasa de vez en cuando, creedme que la satisfacción es enorme.

  Además, pocas o ninguna editorial pierde la oportunidad de colocar sus libros en la plataforma sabedores de que es una opción muy interesante.

Por tanto, he decidido publicar de nuevo en esta plataforma, tras haber publicado hace muy poco 99 días que podrían cambiar el mundo, el cual ya tenéis desde hace algún tiempo a vuestra disposición al precio mínimo que Amazon permite.

La próxima publicación, ya anunciada en alguna ocasión, será una colección de entre diecinueve y veinte relatos cortos y microrrelatos, inéditos; o al menos inéditos por mí, ya que algunos de ellos ya han sido publicados en libros de antologías, así como en prensa, como indicaré a continuación. 

La relación provisional de la selección de relatos cortos y micorrelatos que estará publicada en Amazon, probablemente, para comienzos de otoño son  los siguientes: 


I. Pérdida y olvido. Relato publicado en la antología de los relatos seleccionados del concurso de relatos convocado por la Consejería de Presidencia de la Junta de Andalucía.

II. Un extraño a mis ojos. Relato publicado en la antología sobre la violencia doméstica publicada por la editorial madrileña Leibros. 

III. Melancolía del perro vagabundo. Relato seleccionado en el especial de Nochebuena del periódico Ideal.

IV. Tu pueblo solo está en tu mente. Relato seleccionado en el especial de Nochebuena del diario Ideal.

V. La presencia. Relato publicado en una antología de relatos de terror de una editorial española.

VI. Caminos opuestos. Microrrelato seleccionado en el concurso de Microrrelatos de la Abogacía española.

VII. Exhorbitantes privilegios. Micorrelato incluido seleccionado para la antología anual de la Abogacía española. Libro publicado por Editorial Aranzadi. 

VIII. Encuentro en el bulevar. Inédito.

IX. El templo románico. Inédito.

X.  Ismael y  Roberto. Inédito.

XI. Navidades en Marte. Inédito.

XII. No una noche más. Inédito.

XIII. Paisaje de invierno. Inédito.

XIV. Las Cuatro Esquinas. Inédito. 

XV. Santa Claus no más que uno. Inédito. 

XVI. Tanatopraxia. Inédito.

XVII. Todo es desorden. Inédito.

XVIII. Vida de paloma. Inédito. 

XIX. Varías vidas. Inédito. 


Espero que los títulos, a la espera de un mejor veredicto final, sean de vuestro interés. 



15 septiembre 2020

UN PROYECTO DE NOVELA QUE AVANZA

 Con 60 000 palabras iniciales doy por concluida la primera redacción de mi novela de título provisional Un mensaje desconocido, que es la continuación (una continuación atípica) del relato de igual título publicado en mi libro de relatos. 

No suelo terminar el borrador sin un final definitivo, pero en este caso era necesario porque a lo largo y ancho de esas 60 000 palabras iniciales la novela da giros diversos que podrían no conectar demasiado bien con un final incoherente con ellos. Por tanto, he decidido emprender ya la ardua labor de la reescritura (segunda escritura) del borrador con el fin de evitar entrar en más giros y vericuetos que pudieran desnaturalizar la idea argumental iniciar. 

Este segundo proceso será mucho más lento porque, en teoría, debería de marcar los tempos verdaderos del argumento de la novela, así como los giros definitivos, desarrollo de los personajes, afinación de los diálogos y todo lo conlleva crear un cuerpo narrativo lo más sólido posible. 

Posteriormente será entregada a unos pocos lectores cero que me darán sus sugerencias y opiniones; y de ahí pasará al corrector profesional, sin aun pensar en cómo publicarla. Eso será decidido posteriormente. Será una decisión que no tomaré hasta que totalmente concluida y ese día aún está por llegar. Y no llegará pronto. Me temo. 

Seamos sinceros: hoy el mercado está saturado de novelas y la posibilidad de que una novela sea visible no es fácil, con independencia de que se autopublique o sea haga con una editorial grande (mucho más difícil si es autopublicada). Sobre todo si no se trata de una novela de crímenes, romanticismo/sexo o histórica, que son los gustos lectores hoy día.

Y de nada de eso trata.

Luego, ¿de qué trata? Mis novelas siempre se refieren a individuos anónimos y cuentan su proceso vital, sus grandes dudas y decisiones. Pero nunca la expongo de manera directa, sino que las, digamos, maquillo a través de otras historias paralelas o argumentos enmarcados en esas historias. En Equis quería correr, la historia que enmarca es la actividad y el anhelo de correr y en ésta en la que ahora trabajo hay cuestiones un tanto misteriosas, distópicas y misteriosas, pero siempre la razón vital del ser es el trasfondo.

Es lo que intento, pero siempre será la soberanía inalienable del lector la que tenga la última palabra.



13 septiembre 2020

CUANDO LA MENTE PARLOTEA

 Ayer fue uno de esos días en los que lo fácil, lo cómodo, quizá, lo aconsejable hubiera salido no salir a correr. Los que llevamos años haciéndolo sabemos, justo desde el momento en el que nos calzamos las zapatillas, que el cuerpo en ocasiones prefiere otra cosa. Tal vez un paseo, leer un buen libro, mirar el cielo o el paisaje en lontananza, todo sería válido para un cuerpo que no desea correr y que transmite ese deseo a la mente, que perezosa secunda su veredicto.

Pero son muchas ya las trampas sufridas por el cuerpo y por la mente en este ser corredor como para sucumbir. 

En estos momentos, siempre recurro al resto del día. ¿Qué quiero decir con el resto del día? Muy fácil: un resto del día quejándome por las esquinas por no haber vencido esa pereza o esa falta de predisposición, esa falta fe voluntad que, al final, es de lo que se trata. Por tanto, hago oídos sordos al parloteo de la mente, que no es más que la portavoz de lo que le transmite el cuerpo, y voy vistiéndome con la ropa técnica adecuada y calzándome las zapatillas con la profesionalidad del que aun sabiendo que no lo es actúa como tal. El parloteo no cesará durante el primer kilómetro, es posible que tampoco durante el segundo, pero guardando silencio y aquiescencia la zona más vulnerable, ese talón dañado que refleja su daño al tendón de Aquiles, quién va a escuchar a quien no llevar razón y solo parlotea.

En el kilómetro tres o tal vez antes, el parloteo se detiene y ya parece que la mente ha comprendido que lo que quería el cuerpo no era otra cosa que engañarla, hacerle ver que había una agonía orgánica que es posible que ni existiera.

Pero sí existía. Lo comprobé a lo largo de los once kilómetros en los que no me fue posible bajar de cinco minutos y medio el mil; o mejor dicho, no es que no me fuera posible sino que en estos casos siempre conecto el piloto automático, que solo es posible poseerlo (advierto) cuando ya se llevan muchos kilómetros en las piernas, porque que jamás viene de serie. 

Y de esa forma completé un entrenamiento que siempre resulta delicioso por una vega no demasiado calurosa pero con una luz clarísima. Solo cuando dejé que la fuente de fresquísima agua en algún lugar del camino bañara toda mi cabeza, comprendí que siempre hay que salir a correr a pesar de todo. Siempre que no exista una lesión física paralizante que no lo permita. 

Y en esta ocasión ninguna lesión lo impedía.

09 septiembre 2020

CINE: SILVIO (Y LOS OTROS) –ITALIA, 2018–

 Silvio (y los otros) 

No es la mejor película de Sorrentino porque, probablemente, este admirador de su obra siempre tiene presente en su retina La gran belleza (2013) o la primera temporada (aún no he visto la segunda) de la serie corta El joven papa (2016), pero se aprecia de lejos su sello, su peculiar forma de concebir el cine. Paolo Sorrentino, como director, es una gloria viviente del cine italiano actual, mientras que su actor fetiche Toni Servillo lo es como actor, potentísimo actor con mil y un registros. El cine del director italiano no sería igual sin el gran actor, pero ha demostrado dirigir muy bien también sin él, como ya ocurrió en 2016 con El joven papa, una de las mejores series que servidor ha visto jamás.

Sorrentino es un tipo muy crítico, pero su crítica es elegante, sin que por ello deje de ser corrosiva. Solamente puede ser crítico con algo quien lo ama mucho y no cabe duda que el cineasta ama mucho a su país, a Italia. De ahí que ensalce su decadencia y sus defectos, normalmente, a través de personajes reales o ficticios. En La gran belleza jugó con las sombras e historias paralelas anónimas para descubrirnos una Roma bellísima y decadente, pasos que yo intenté seguir, como si se tratara de un tour cultural, en mi visita a la capital otrora republicana e imperial. Otras veces, sus dardos han sido lanzados directamente al Vaticano, que es una prolongación de Roma, sino Roma en versión más religiosa (y digo más, porque la Roma real está ya de por sí plagada de símbolos religiosos), y en esta ocasión no podía dejar la oportunidad de lanzarse en picado sobre el, quizá, más controvertido, amado y odiado personaje en cuya mediocre cabeza ha estado el destino de los italianos en varias legislaturas. Solo en Italia podrá reinar alguien así, nos podríamos decir, y tal vez sea cierto. Italia es distinta también en esto. Como ya demostró Roma hace cientos de años, es capaz de construir y destruir con la misma eficacia un imperio. Esa impronta aún queda en Italia y, sobre todo, en Roma.

Silvio Berlusconi es un personaje real, pero también es una caricatura de sí mismo y, en mi opinión, ambos elementos los ha conjugado muy bien el director italiano con la inestimable ayuda de Toni Servillo. Qué duda cabe que todo lo que refleja esta larguísima película es real al mismo tiempo que es ficción; y también es ficción al mismo tiempo que es real. No importa la alteración de los conceptos, porque todo es posible en la vida, el dinero y el poder de este personaje de ojos diminutos, que canta boleros hasta extenuar a sus invitados en sus opulentas y desmedidas fiestas.

Que la película ensalce sobre todo la capacidad hortera del personaje y su gusto por los lujos prohibitivos y las jovencitas de ambición sin límites y cabeza huera no significa que no cuente muchas cosas más relacionadas con su condición política, que no hombre de estado, que eso no llega, así como condición de empresario y esposo.  

Quizá la mejor definición provenga de Javier Marías, locución que se cita en el filme: dado al esperpento por su fuerte complejo de inferioridad. 

Seguramente os estaréis preguntando si merece la pena ver las dos horas y medio de metraje. Sí, merece la pena, sobre todo si ya conocéis el cine del director transalpino. 

06 septiembre 2020

ACTUALMENTE TRABAJO EN TRES NOVELAS Y OTROS PROSAICOS ASUNTOS

Actualmente trabajo de  manera desigual en tres novelas, algo que es una enorme contradicción porque, por su propia naturaleza, no es posible trabajar en tres novelas al mismo tiempo cuando hacerlo en una sola ya es sumamente arriesgado y complicado. Por tanto, enmendemos la aseveración: tengo comenzadas tres novelas, dos de ellas muy avanzadas. Me pregunto por qué vuelvo a la novela tras la dureza que supuso para mí escribir Equis quería correr y los pocos resultados que ha cosechado. Seguramente será por algo relacionado con el masoquismo.
Además, antes de que acabe el año tengo la intención de subir a Amazon una nueva recopilación de relatos cortos inéditos, si bien es cierto que algunos ya han sido publicado en libros de antologías y concursos, algunos de ellos de cierta importancia. Incluso me estoy planteando una publicación independiente de relatos navideños (algunos de ellos inéditos) para esta próxima Navidad, que intentaré ponga gratis Amazon, si bien eso no depende de mí. Es lo mágico que tiene para un autor independiente como yo publicar en Amazon: de vez en cuando alguien a miles de kilómetros valora tu obra y a la vuelta de la esquina no la valora nadie. Es más, no sabe que escribes y si lo saben guardan silencio. De ahí que esta plataforma nos encante a autores que como yo han decidido no publicar, por ahora, con editoriales, aunque es cierto que tampoco es que llamen a mi puerta las importantes, aunque sí he tenido la opción de publicar en otras más pequeñas y es posible que de relativa importancia, no esto seguro. El caso es que me da mucha pereza el asunto de los editoriales porque suponiendo que quieran publicarte, hacerlo efectivo pasa por una serie de filtros, condiciones, tijeretazos a la obra y otras cosas que no van con mi carácter independiente y es posible que hasta indómito. Muchos dirán que es una excusa la mar de ocurrente para justificar la no publicación de mi obra en editoriales de gran calado. Sí, es posible, pero para eso siempre es fundamental enviar la obra para que la valoren. Y nunca lo hago.
Así que todo lo que publique, por ahora, será en Amazon o no será. Y publicando en la enorme plataforma, que es el futuro, si no el presente, pueden pasar dos cosas: una: la más probable, que nadie encuentre tu libros dentro de la selva o bien que los encuentren y no les interese; dos: que por las causas que sean se descargue mucho, aunque eso exige otras cosas que también me dan pereza. Así que lo único que hago es subir los libros a la plataforma y que Dios provea. Es un dicho cristiano en el que no creo, pero viene bien decirlo en este caso. Que es lo he hecho y hago con todos mis libros más grandes y más pequeños subidos a Amazon, un total de diez ya.
Por tanto, volviendo al asunto de las tres novelas, esbozaré muy brevemente para no aburrir la situación de cada una. Todas tienen títulos provisionales, pero de alguna forma hay que llamarles hasta que se publiquen con el definitivo: 

1. Donde los hombres íntegros. 

Es la más antigua de las tres y consta ahora de unas 80 000 palabras, porque también es la más larga. No sé muy bien por qué no la he acabado aún, a pesar de que ya dispongo de un final (más o menos). Seguramente porque la quiero hacer demasiado perfecta. Y eso es siempre un error paralizante.

2. Un mensaje desconocido.

Es la continuación de un relato de igual título incluido en Conversación en la taberna y 41 relatos. Contando con lo escrito ayer mismo, el número de palabras, hasta ahora, se eleva a 55 000. Me divierto mucho escribiéndola y no sé hasta dónde llegará, si es que llega a algún sitio.

3. Cuando fui carnívoro. 

La comencé en la pereza de agosto y no estoy seguro si llamarle novela o novela-ensayo. La técnica que he decidido es la narración en primera persona. y alterna lo que recuerdo de la infancia y juventud en cuanto a la relación con la comida procedente de animales y la relación con estos en general con lo que pienso en la actualidad. Adquiere un contenido crítico en contra de la comida y el maltrato de animales, como buen vegetariano que soy, por lo que el hipotético lector que tendrá, si algún día se publica, será sectorial, aunque yo siempre aconsejaré que la lea todo el mundo. Actualmente es la menos avanzada, contando con algo más de ocho mil palabras.
Y es que escribir y poder hacerlo en libertad sin ataduras de editoriales ni presiones para poder comer de ello es lo que realmente me ofrece estímulo para poder hacerlo. Es posible que no pudiera hacerlo de otra forma.
Y porque me divierte hacerlo a la vez que me transporta a otra realidad que casi siempre me gusta más que la actual.


29 agosto 2020

99 DÍAS QUE PODRÍAN CAMBIAR EL MUNDO: PRÓLOGO (AMAZON, 2020)


Amigos, ya está disponible en Amazon mi último libro, en formato eBook: 99 días que podrían cambiar el mundo.



Prólogo del autor

 

 

Tal vez, la función de escribir y la del escritor sea crear un testimonio directo sobre sucesos extraordinarios, bien personales, bien colectivos o, tal vez, una mezcla de ambos. El ser humano ha sentido, desde siempre, esa pulsión de dejar testimonio directo de lo vivido, mucho más si ha entendido que ha sido algo extraordinario. No siempre ha podido o ha sabido utilizar la palabra escrita, pero desde que dominó esa técnica siempre ha sido el medio más utilizado y, por qué no decirlo, el más expresivo, quizás por encima de las imágenes y otras formas expresivas distintas a la palabra.

            El catorce de marzo de 2020, así como los días previos, ya se sospechaba que algo estaba pasando en el mundo. Hubo un revuelo mediático impresionante y tan solo nos dijeron que se trataba de un virus que, al parecer, derivaba de China y que, como la pólvora, se estaba propagando a través de todo el mundo porque tenía la cualidad de ser muy contagioso y letal.

            El mundo que hemos creado, basada en la movilidad sin límites, era el espacio idóneo para que un virus de esas características pudiera extenderse a sus anchas y pronto muchos comenzaron a interpretar que, además de la existencia del virus, alguien poderoso estaba moviendo los hilos para que el orden mundial cambiara. No había mucha más información que ésa y ante la falta de información siempre es dable que comiencen las especulaciones, sobre todo porque ni los propios gobiernos sabían (o no querían) dar respuestas. Entonces, de repente, todo comenzó a ir muy rápido. Se cerraron fronteras en medio mundo, pero sobre todo en los países occidentales, se decretaron estados de alarma y de alerta, se comenzaron a elaborar normas de confinamiento… Muchas generaciones no habían visto nada igual hasta el momento.

            El virus -al que denominaron COVID-19, como acepción más técnica, pero Coronavirus, como denominación más vulgar por tener una especie de corona alrededor de su microscópica masa-, comenzó a azotar con fuerza en algunos países, entre ellos España, que es el lugar desde donde he escrito este diario que se expone a continuación de este prólogo. De hecho, España, junto a Italia y unos cuantos países más, fue el sitio en el que más repercusión contagiosa tuvo el Coronavirus. Con la extensión increíblemente rápida de los contagios en todo el país, comenzaron a llegar las primeras muertes y el gobierno no tuvo más opción que tomar medidas drásticas, siendo la principal decretar el Estado de Alarma, a partir de las cero horas del día 15 de marzo, sobre todo al comprobar que la histeria colectiva exteriorizada a través de la compra masiva en supermercados, era cada vez más preocupante, así como el temor al colapso del sistema sanitario público.

            Entonces, comencé a escribir este diario, cuyas primeras palabras subí a Facebook. Me movía la necesidad de plasmar y comunicar cómo veía esta situación novedosa, sobre todo para poder explicarme a mí mismo qué estaba ocurriendo. Con el paso de los días, y sin saber -porque nadie lo sabía- cuánto duraría esta situación, comprendí que necesitaba elaborar un diario en el que intentar plasmar mis sensaciones al tiempo que plasmar también los hechos objetivos que considerara más importantes cada día con relación a la pandemia, concepto que ya se había exteriorizado oficialmente. Poco a poco comprendí que ya no podía dejar de escribir cada día, con independencia del tiempo que durara la situación, así como mostrar una óptica personal. De manera inopinada me había sumergido en un diario.

            Y un diario es un instrumento que conecta con la sinceridad mostrada a través de las palabras de quien lo escribe en ese justo momento, que siempre tiene una vocación privada. Esa es precisamente su esencia: plasmar las inquietudes, sensaciones, reflexiones y emociones del momento, sin que esas palabras escritas, digamos, en caliente, sufran modificación alguna. De lo contrario, se convertiría en una obra de no ficción (o incluso de ficción)  fría y aséptica. De ahí, que en la revisión en profundidad que he llevado a cabo para su publicación no haya alterado ni un ápice de lo escrito cada, centrándome tan solo en la mejora estilística, ortográfica y gramatical.

            No sé si lo habré conseguido, pero apreciados e hipotéticos lectores, puedo aseguraros de que ese ha sido el propósito.

            El título que he decidido darle, Noventa y nueve días que podrían cambiar el mundo, es el cómputo de los noventa y nueve días oficiales del Estado de Alarma inicial y sus sucesivas prórrogas en España, es decir desde el quince de marzo al veintiuno de junio de 2020. No obstante, también incluyo el diario del día previo, el catorce de marzo, que a partir de una determinada hora vespertina se travistió de preliminar Estado de Alarma, a pesar de que éste aún no estaba en vigor. Esta situación fue muy similar en la mayoría de los países de la Tierra por lo que he considerado que la suma general de tan extraordinaria situación en todo el planeta ofrece argumentos sólidos para que pudiera cambiar el mundo.  

 

            Granada, surcando la canícula de agosto de 2020      

 

25 agosto 2020

LOS ANIMALES, ASIGNATURA PENDIENTE (DIARIO IDEAL, 24 DE AGOSTO DE 2020)

 



No queda otro consuelo que considerar al perro vagabundo Timple como una especie de mártir que expíe la culpa de esta sociedad que abomina hasta de sus animales más cercanos. No creo que sea necesario recordar aquí cómo ha sido asesinado en Lanzarote este animal, que no es más que un triste titular anticipatorio de lo que ocurre con frecuencia en nuestro país con otros seres de su especie o de especies distintas, porque si vamos a hablar de derechos de los animales no podemos –ni debemos– excluir a ninguno, doméstico o salvaje. Y para hablar de derechos debemos de hablar de leyes, las cuales van entrando en el Código Penal español a través de un embudo estrechísimo, hasta el punto, las más de las veces, que se interrumpe el débil goteo y eso permite que dos individuos no solo hayan sacrificado sin motivo a este inocente animal, sino que lo hayan hecho, además, con premeditación, alevosía y usando una saña pocas veces vista, con grabación de imágenes incluida. Un martirio intolerable que tan solo podría servir para lo que decía más arriba: considerar a este perro vagabundo como una especie de mártir que al fin provoque un severo repaso legal de índole penal y un verdadero rechazo de la sociedad en general a este tipo de actos e individuos, que bien podríamos llamar monstruos sin temor a equivocarnos. El Código Penal español introduce el tipo penal en cuanto al maltrato de animales domésticos y amansados en el artículo 337, estableciendo un tipo básico y un tipo agravado. En mi opinión, la pena para ambos tipos, sobre todo para el agravado, es insuficiente. El agravado (artículo 337.3) prevé una pena de seis a dieciocho meses de prisión e inhabilitación especial de dos a cuatro años, pero hay que considerar que con esos periodos de pena tan mínimos, difícilmente, un maltratador va a ingresar en prisión, a no ser que se trate de un delincuente reincidente. Cuando se trata de maltrato a otros seres más débiles el legislador no puede ir tan atrás con respecto a lo que ocurre en la sociedad.

No puedo afirmar que, comparativamente, España sea un país especialmente violento con sus animales, pero sí que es uno de los pocos que disfruta torturándolos ya sea en una plaza redonda o en esas fiestas dantescas y medievales aderezadas con buenas dosis de ignorancia y de alcohol.  También puedo afirmar que, en general, y no solo en España, nos comportamos de manera violenta con las demás especies, siempre más indefensas y vulnerables. Y lo hacemos desde el plato. No recuerdo si fue Ghandi quien dijo que la violencia contra los animales comenzaba en el tenedor, porque también es violencia legalizada y consentida todo ese crimen diario sordo e invisible infligida a los millones de seres vivos que pasan por los mataderos industriales para calmar nuestros apetitos, que no es más que un eufemismo. Creo que fue el Nobel de Literatura Coetzee quien aludía a la necesidad de mataderos de cristal, que haría visible los horrores que dentro ocurren para comprender por qué algo troceado que se vende en los supermercados y carnicerías no es más que la parte de un todo que un día tuvo vida y si hay vida hay felicidad, tristeza y miedo.

Desde hace miles de años el ser humano decidió que el animal no estaba ahí para otra cosa que para ser utilizado en cualquiera de las manifestaciones que le fuera posible aprovechar. Lo ha utilizado para trabajar, para vestirse, para divertirse, para comer, para desplazarse...Sin embargo, pocas veces le atribuyó un rol distinto a ésos. Apenas ha cambiado nada desde entonces; es más, en ciertos sectores la violencia se ha incrementado. Consiguió, en parte, cambiar esos roles el perro, pero aún en nuestros días este fiel animal sigue siendo utilizado para todos esos quehaceres que enumero, sin excluirse el de alimentar, algo común en algunos países asiáticos, si bien esa cercanía no ha evitado que el resto de los animales sigan adscritos a esos roles nada agradables que se le asignaron, porque el ser humano suele tener mucha capacidad para dejar de ver lo que es evidente. Y la evidencia actual no es otra que la humanidad aún sigue ejerciendo la violencia contra los animales, algo mitigada por las leyes y actitudes individuales personales de, todavía, pocas personas que han podido ver la realidad que está más allá de la presencia del animal entre nosotros.

Soy de la opinión que una sociedad evoluciona en la medida que va dejando atrás fórmulas anacrónicas y tradiciones arcaicas y violentas, y sobre todo protegiendo a sus seres más débiles, más susceptibles de ser aniquilados por el propio hombre, pero siempre será un fracaso de la sociedad que asesinatos como el que ha sufrido Timple sigan ocurriendo. Una sociedad que suele mirar hacia otro lado o sencillamente no mirar ante el sufrimiento del animal, que se autoengaña pensando que su paso por esos campos de concentración modernos que son los mataderos industriales es un tránsito sin sufrimiento ni tortura o que ha nacido para morir en una plaza, o cualquier otro espectáculo público, o para ser herramienta de carga o para utilizar su piel para vestirnos, en definitiva, para aprovechar todo lo que sea posible de él, porque para todo eso ha nacido. Pensar así es negar la vida, negar a un ser vivo, que en absoluto ha nacido para nada de eso. Pensar así –insisto– es un rotundo fracaso de la sociedad. Y este fracaso es de todos, de quienes no quieren mirar y conocer la realidad, y de quienes no quieren educar y legislar.         


23 agosto 2020

99 DÍAS QUE PODRÍAN CAMBIAR EL MUNDO (DE PRÓXIMA PUBLICACIÓN): OCTOGÉSIMO OCTAVO DÍA


Amigos, inserto aquí el aparece en mi diario como octogésimo octavo día de mi libro 99 días que podrían cambiar el mundo. Espero que lo disfrutéis:



Veo una película y consigo no ver los anuncios gracias a la facilidad que ofrecen las modernas plataformas de televisión a través de la red. Pero en un intermedio me descuido y comienza un avance informativo y todo me parece de otra realidad distinta a la mía. Veo al presidente del Gobierno de España hablando con una mascarilla y la impronta distópica de estos meses que creía ya olvidada vuelve a surgir. No sé de qué está hablando porque he suprimido el sonido, pero parece estar convenciendo a sus colegas en el Congreso. Me cuesta comprender todo lo que me rodea, tal vez porque he perdido el hábito de seguir las noticias, incluso de leer los periódicos. No sé a qué ritmo va el mundo, tan solo percibo el ritmo de las cosas que hago cada día sin necesidad de asomarme apenas a la calle. Este periodo me ha enseñado muchas cosas o, al menos, yo he intentado aprender, y lo que he aprendido sobre el comportamiento de las personas no es nada positivo, en general. He asistido o he conocido casos muy puntuales de gente honestísima que ha sabido ver con sentido común las cosas y ha actuado en consecuencia, pero me sorprende que sean tan pocos. Por el contrario, he visto hordas en los supermercados en los primeros días de confinamiento y personas ansiosas haciendo cola para coger una mesa en alguna terraza de un bar como si se tratara de algo imprescindible en sus vidas, u otros incumpliendo las distintas normas que dictaban las autoridades en las distintas etapas. Nada de eso me ha gustado. Todo lo contrario, ha creado en mí un fuerte desánimo sobre la condición humana al haber comprendido que estamos mal diseñados como seres humanos o simplemente como seres vivos. Sin lugar a duda el reino animal se ha comportando con mucha más sensatez: han ocupado espacios que no ocupaban en años por la presencia humana; han poblado los campos compenetrándose con el medio ambiente; han llegado desde altar mar para pasearse junto a puertos y playas; han bajado elevados riscos para conocer cómo vivimos en nuestras cómodas ciudades; han volado desde grandes distancias para posarse en nuestros árboles urbanos…Son tantas las cosas sensatas que han hecho los animales durante nuestro confinamiento que solo de ellos he aprendido.

18 agosto 2020

NOVELA EQUIS QUERÍA CORRER: PRIMERA PARTE DEL CAPÍTULO I

 

UN TIPO GORDO

 1.

 Equis era un tipo gordo, eso nadie lo ponía en duda, pero sus amigos y familia apostarían su hacienda para desmentir que lo era. Y quería correr. No podía hacerlo ahora por circunstancias presentes y pasadas, aunque eso no importaba demasiado. ¿Por qué no podía correr ahora? Por su volumen, por sus pulmones mal oxigenados, por su hígado rehogado en alcohol, por sus desastrosos hábitos alimenticios. Algún día comenzaría. Estaba seguro. Se levantaría una mañana de domingo a una hora desacostumbrada y se iría a correr. No se lo diría a nadie, eso sí. Lo haría sin más, como lo hizo alguna vez en su lejana juventud o no hace tanto tiempo, aunque de eso prefiere no acordarse. Ese había sido, desde siempre, su anhelo. Todo eso lo pensó una tarde lluviosa y melancólica cuando volvía, como cada día, del bar de Javi tras acabar su jornada laboral en la construcción. Fue como una revelación, que le llenó de alegría, como si quisiera despojarse de esa vida que vivía porque dudaba que fuera la mejor posible, como si se tratara de un traje que vestía a diario y que, en algún momento, fue su preferido, si bien cada vez le satisfacía menos. La lluvia fina le rebotaba con suavidad en la cara, sin embargo a él no le molestaba. Es más, disfrutó ese momento de revelación con el mismo cosquilleo en el estómago que sentía cuando, en su lejana adolescencia, creía sentirse enamorado de la nueva chica del instituto. Incluso llegó cantarín a su casa ante la mirada escrutadora de Natalia, su mujer.  Los hábitos que había acumulado con los años suponían un enorme problema; lo sabía: una copa de brandy por la mañana, tras el café, antes de subir al andamio; las tres o cuatro cañas con su respectiva tapa mientras les preparaban el menú del almuerzo; el par de tercios de cerveza y los dos vasos de vino almorzando; el par de cubatas a la salida del trabajo con su amigo y colega Luis, las dos cervezas que siempre acompañaban su abundante cena y, ¿por qué no?, el cubata tras estar viendo tranquilamente los fogosos debates futboleros de la noche o cualquier película de serie B que dieran a altas horas de la madrugada. En fin, lo normal y cotidiano. Pero los fines de semana toda esa secuencia cambiaba de manera significativa: podrían darle las cuatro de la madrugada bebiendo ron con cola en el bar de Javi, a tan solo unos cuantos centenares de metros de su domicilio. Y en cuanto a hábitos alimenticios, pues los de toda la vida, los que había heredado de sus padres, y estos de sus abuelos, aderezados por los nuevos alimentos modernos que su pobre padre (nada más trabajar y trabajar, que siempre decía) no había conocido, aunque sí le dio tiempo a hacerse un devoto de los deliciosos sabores de las hamburguesas de McDonald’s que ingería con indisimulada ansia cuando viajaban a la ciudad; o esas deliciosas patatas fritas, al alcance de la mano en cualquier tienda, esas riquísimas salsas de roquefort, de pimienta verde, de mayonesa acaramelada, de kétchup, por no hablar de los kebab, que comenzaron a ponerse de moda cuando él ya apenas podía comer nada sólido, y otros alimentos deliciosos que habían llegado a su vida demasiado tarde. Vivía tranquilo con toda esos hábitos que había ido construyendo o le habían ido construyendo: los colegas y familia con hábitos idénticos a los suyos, las diversas ceremonias que llenaban su agenda cada fin de semana, la eliminación de la rutina diaria gracias a las continuas visitas al bar. Pero nada de eso tenía que ver con ser gordo. O al menos él no se consideraba como tal ni nadie de su círculo se lo decía en momento alguno. Gordo era su mejor amigo, Luis, que pesaba ciento veinte kilos (eso sí, repartidos a lo largo de ciento noventa centímetros de altura), y fumaba dos paquetes diarios porque adelgazaba lo suyo, solía decir; gorda era su madre y su hermana mayor, y lo había sido su padre; hasta su hermana menor, aún muy joven, también iba camino de ello. Incluso lo fueron sus cuatro abuelos. Era la genética de la familia. No había problema con eso. Para todos, él había sido  siempre el deportista, el más atlético y delgado y, por ello, aún acariciaba la idea juvenil de querer correr. Algunos de sus amigos de juventud, que ahora compartían sus hábitos, lo habían hecho con él por los caminos de esa amplia vega que circundaba el pueblo. Recordaba con orgullo que habían llegado a hacer hasta ocho kilómetros de una tacada. Eran los años deportivos, pero también los hedonistas y dispersos, años en los que se estaba forjando una de las dos opciones: o dedicarse al deporte en el tiempo libre tras una vida ordenada; o bien, dedicarse a una vida más pasiva y hedonista. No había muchas más posibilidades en el pueblo. Y la mayoría se inclinó por esta segunda opción. Ya se sabe: el curro, la mujer, los niños… Poco se podía elegir en aquel ambiente preestablecido. Si es que se quería elegir, que no parecía que existiera mucho interés en hacerlo. Pero una tarde, tras aquella revelación que tuvo días atrás, Equis, se fue del bar de Javi un poco antes de lo habitual. Y, claro, todos sus colegas se mofaron de él: que si te ha dado un toque la parienta, que si ya no aguantas, en fin, toda una batería de frases típicas y tópicas que suelen proferir en los bares al colega que se marcha el primero, precisamente para disuadirlo de que se marche. En absoluto nada de eso que decían le ocurría: se iba a correr. Le había estado dando vueltas a la idea toda la noche y también toda la mañana, mientras trabajaba. ¿Y si no lo dejara para el domingo?  ¿Y si probara hoy mismo? ¿Y si comenzaba a trotar por el camino que arranca cerca de casa y por el que se adentra en el interior de la vega? Ya era hora de retomar esa ansia juvenil, volver a intentar correr obviando lo que le ocurrió cuando probó hacerlo no hacía mucho tiempo y cuyos hechos no deseaba volver a recordar, aun sabiendo que ese verbo parecía estar proscrito en su casa, como ese objeto viejo que se deposita en el más remoto trastero, no porque ya no es útil, sino porque su mera presencia es indeseable. Claro, él había olvidado que correr con unas copas recién tomadas y, además, acompañadas por un voluminoso plato de patatas fritas, un almuerzo a base de morcilla y panceta de cerdo, junto a tres tercios de cerveza y un bocata previo a las doce de la mañana, sin contar con la copa de brandy tras el desayuno, podía ser contraproducente. También había olvidado que correr con unas ajadas zapatillas del mercadillo de los sábados pesando ciento tres kilogramos podía ser más contraproducente aún. Se las arregló para que su esposa no conociera su intención alegando un recado pendiente y se fue andando en dirección al camino, con las zapatillas escondidas en una bolsa de plástico, que para nada hacía sospechar de su verdadera intención a los ojos de su esposa. Se calzó las zapatillas en el balate de una acequia, junto a un frondoso y solitario árbol, y tras trescientos metros recorridos se refugió frente a un arbusto del camino y comprobó que toda esa ingesta era mucha para un solo día. Por un momento, confundió la indigestión con lo que le había pasado no hacía mucho, pero de aquello, una vez más, no quería acordarse, deseaba borrarlo para siempre de su mente, como si no le hubiera ocurrido jamás a él, igual que si se tratara de un mal sueño. Mientras se inclinaba para verter lo que el organismo no deseaba albergar, comprobó que sus voluminosos gemelos adquirieron de pronto un tono morado, y comenzó a sentir unas afiladas y finas agujas clavadas en estos. Se fue a casa frustrado, pensando que debería haber seguido en el bar con sus colegas. En definitiva, tenía cuarenta años y esa era su vida. De nada serviría esforzarse por cambiarla. Esas eran las reglas. Ese era el redil por el que él estaba destinado a pasar. Pero, en puridad, no debería desmoralizarse nuestro amigo por esa nimiedad; al contrario, debería sentirse contento. Si el organismo rechazó toda esa fastuosa ingesta de comida y bebida de todo un día es porque no la necesitaba. Al menos no para correr. Pero ¿y el dolor en los gemelos? ¿Y ese color violeta que iba adquiriendo una tonalidad cada vez más oscura? A medianoche, mientras veía una olvidable peli —y con el pie extendido en el sofá— ya no pudo resistir el dolor y  fue a urgencias. Lo acompañó Natalia, a la que no contó cómo se había provocado esa lesión. Le dijo que se había dado un golpe al bajar del andamio, algo muy creíble y habitual en su profesión de albañil. Si a alguien no debía contarle que había comenzado a correr era a ella, eso lo tenía muy claro. El facultativo le preguntó si había hecho algún movimiento brusco. Y fue cuando comprendió que correr lo era. O al menos, lo era si no se había corrido desde hacía tiempo. Lo negó al estar presente su esposa. Se fue desmoralizado de urgencias. A la mañana siguiente, tras una noche febril en la que se mezcló el dolor de los gemelos —parecía que ahora tuviera cuchillos, en vez de agujas, clavados en los mismos— con un apreciable cambio en su concepción del mundo, se levantó renovado. Sufrió una profunda metamorfosis por dentro, o al menos eso percibió. Había soñado que atravesaba campos en llamas y que, a cada salto que daba para esquivarlas, los gemelos se le desprendían de las piernas. Sin embargo, al despertar, tenía la mente clara y dispuesta. Soy otro hombre, se dijo.


(....)


(Primeros párrafos del primer capítulo de mi novela Equis quería correr. Disponible en Amazon en formatos papel y digital)

15 agosto 2020

EL RITO DEL QUINCE DE AGOSTO

Anoche, mientras veía un reportaje dedicado a la trayectoria de Martín Fiz, tal vez el mejor maratoniano patrio, junto a Abel Antón, no tenía nada claro que pudiera cumplir el rito de correr –siempre el quince de agosto, como cumplo el de correr en Nochebuena y en Nochevieja. Estaba aún semipostrado por decisión propia para esperar que bajara el dolor y alguna inflamación de mi Talón de Aquiles (valga el doble sentido del término), por lo que había decidido un parón de tres semanas, porque sé que es suficiente para volver a iniciar la actividad atlética. Pero la mala fortuna, o la buena, hizo que estuviera de por medio en ese parón voluntario el quince de agosto o, tal vez, el subconsciente fue acumulando las imágenes del documental de Martín Fiz y poco a poco se fue creando en el lugar en el que se genera la voluntad la idea de ir a correr. Aún así, no hice preparativos algunos, que es lo que hago habitualmente cuando tengo programado correr a la mañana siguiente. Decidí sin más dedicarme a leer en mi terraza y el frío de las noches agosteñas del sur aconsejó que me fuera a la cama, donde continué leyendo. Hasta ese momento, la fabrica de la voluntad aún no había acabado su producto y me dormí sin la advertencia subconsciente de que tenía que irme a correr.

Pero llegó la luz de la mañana y di el primer paso en el suelo al saltar de la cama. Comprobé que, como todas las mañanas, al estar la sangre de la zona dañada aún dormida, el dolor afloró, pero no tanto como para que desdeñara salir a correr. Además, me encontraba muy bien. Se supone que había descansado lo suficiente. 

Así que hice lo que siempre hago: tomarme un café solo con cuatro almendras naturales, que tan bien me van para las fuerzas de la carrera y nada impiden la digestión. Busqué un pantalón muy corto, de competición y –curiosamente– al meter la mano en la balda del armario donde tengo sin orden toda la ropa técnica apareció la camiseta técnica de tirantes Joma que me obsequiaron en el Maratón de Sevilla de 2009 en el que pudimos ver a Abel Antón corriendo porque él ganó allí su segundo campeonato del mundo de Maratón. Es posible que el destino, en ocasiones, sea así de juguetón.

Por lo tanto, complacido por mi buen estado y por la casualidad, me fui a correr diez deliciosos kilómetros, para lo cual elegí camino blando –aunque pedregoso– de vega y zapatilla Scott Kinabalu, ultrarreforzada, de trail. No me apetecía jugar a los dados.

Comprobé enseguida que, a pesar de ser aún las diez de la mañana,  no se trataba de una mañana agosteña. El calor no golpeaba como si lo ha hecho hace unos días. Supe enseguida que se trataría de un entrenamiento de quince de agosto muy atípico porque el calor no me azotaría con tanto descaro la cara ni las piernas, a pesar de que calor hacía, cómo no, me dije, si estamos en agosto. Comprobé también que a pesar del parón de dos semanas no había perdido ritmo; en todo caso, apareció un pequeño atisbo de debilidad muscular en las piernas, pero es algo normal, porque es de común conocimiento entre nosotros que el músculo es fuerte, sí, pero también dado a comodidades y se suele desinflar a la menor oportunidad que se lo permites.


Por lo tanto, cuando enfilé este maravilloso camino de vega, cuya vista parcial se aprecia en la fotografía, rodeado de silencio, paz y naturaleza, además de esa presencia permanente de la historia del lugar, junto a la Acequia Gorda, tan dada a épicas históricas en esta tierra granadina, comprendí que todo se confabuló para que pudiera cumplir ese rito del quince de agosto. 

Porque pasan los años y cada vez es menos posible hacer apuestas con el destino, pero reconforta que pasen pudiéndolo cumplir. 


13 agosto 2020

DOS LECTURAS ANTAGÓNICAS QUE SE LLEVAN BIEN

Leo actualmente dos libros, en principio antagónicos, pero que se leen alternativamente bien al tratarse de dos géneros distintos que nada discuten entre sí: Armas, gérmenes y acero: Breve historia de la humanidad en los últimos trece mil años, del norteamericano Jared Diamond y Viaje a Portugal, de José Saramago. Y con las dos lecturas disfruto desde puntos de vista distintos. 

 
 

El primero, se trata de un ensayo largo y denso, pero muy ameno, una investigación prolongada de su autor a lo largo de y ancho de nuestro planeta que intenta demostrar por qué somos lo que somos en la actualidad, de dónde viene la riqueza de algunos países y la pobreza de otros y, en definitiva, el reparto del poder en el mundo, entre otras muchas más explicaciones que siempre dejan en el lector una sed calmada de saber. Es un libro fundamental para entender muchas cosas de nuestro mundo y, quizás, por ello obtuvo uno de los premios internacionales más prestigioso, el Putlizer. 
    
Viaje a Portugal

El segundo, es un libro de viajes, literatura de viajes en estado puro, escrito un literato aclamado internacionalmente hasta el punto de obtener en 2004 el Premio Nobel de Literatura. Nada hay que descubrir de José Saramago a estas alturas y lo sabe cualquier que haya leído alguno de sus libros, principalmente, novelas, pero servidor sí está descubriendo en él un género que no conocía y que tanto aprecio como es la literatura de viajes. Sumergirse en las páginas de su andanza a lo largo y ancho de su país, Portugal, conociendo el lector muchos de esos lugares o comarcas que cita, es toda una delicia veraniega que se saborea con delectación, sobre todo para quienes, desde hace tiempo, el estilo literario del escritor portugués afincado en España, ya desaparecido, nos conmovió desde que leímos su primera obra, en mi caso, como en la de muchos, su claustrofóbico Ensayo sobre la ceguera. 
    ¿Aconsejo ambos libros? Queda claro por las palabras que aquí escribo que sí: encarecidamente. Son muchas horas de lectura, porque ambos son voluminosos, pero a cambio, el lector obtendrá un placer  y quién sabe si también una visión del mundo más rica y compleja. 


09 agosto 2020

LISBOA (EBOOK: RELATOS Y ARTÍCULOS DE VIAJES, -AMAZON, 2018)

RELATOS Y ARTÍCULOS DE VIAJES: Impresiones de un viajero eBook ...





En mi libro (eBook), publicado en Amazon, Relatos  y artículos de viajes, dediqué unas páginas a varias ciudades visitadas de nuestro país vecino, Portugal. He aquí las palabras dedicadas a su peculiar y encantadora capital.


Lisboa

 

Alguien contó al viajero que Lisboa ha sido la única ciudad en la que ha quebrado un McDonald`s. El viajero no tiene datos para confirmar tal rumor, pero da por hecho que si en algún lugar ha podido fracasar la franquicia multinacional norteamericana de la prescindible alimentación no le cabe duda de que ha debido de ser en Lisboa. Y eso es así porque la capital de Portugal tiene otro aíre, es distinta. O al menos lo es en lo que realmente interesa de la ciudad, que es casi todo, si bien será imprescindible visitar todo su centro histórico, sus barrios Alto y Alfama, así como su Castelo de S. Jorge. El resto es nuevo y moderno como cualquier ciudad occidental que se precie, pero siempre interesante. No obstante, nada en ella pierde su sabor portugués y esa modernidad ha sabido implantarse de manera inteligente y ordenada, o al menos, es lo que ha podido deducir el viajero en sus distintas visitas a la ciudad del Tajo (o Tejo).

Porque Lisboa no es tan solo su elevador de Santa Justa ni tan siquiera sus tranvías, es mucho más. No hay duda de que los tranvías que suben hasta las partes altas de la ciudad, hasta las Siete Colinas o el Castelo de S. Jorge ofrecen un sabor especial, pero será pateando cuando el viajero descubrirá una ciudad con muchos matices y a medida que obtenga mejor panorámica (el Castelo de San Jorge le parece un lugar ideal) podrá observar la magnífica ubicación de esta antigua ciudad, enclavada en la desembocadura del Tajo, que es un mar, con el océano Atlántico de fondo.

Un aspecto importante para él es que en esta ciudad no parece existir el estrés. No solo por el carácter apacible y tranquilo del portugués medio, sino por la propia configuración de sus calles y plazas. Un paseo tranquilo por el Chiado es imprescindible, sobre todo considerando que es posible llegar a pie desde este lugar a los lugares más simbólicos de la ciudad, incluido el Barrio Alto, lugar repleto de restaurantes económicos en los que por la noche será posible cenar escuchando un buen fado. Y si el viajero echa de menos esa modernidad a la que antes se hacía referencia, interesante también es lo nuevo, lo moderno, que podrá encontrar en el recinto donde fue celebrada la Exposición Universal de 1998, un vasto espacio repleto de restaurantes y locales de ocio junto al río Tajo. O bien, dirigirse a la otra parte de la ciudad, cerca de la desembocadura del Tajo y visitar su magna Torre de Belém, su Monasterio de Los Jerónimos de Santa María de Belém y no olvidarse jamás de degustar un pastelito de Belém en el sitio original, que es lo que hizo con gran deleite.

Pero de todo, se ha quedado con la impresión de que Lisboa es una especie de reserva espiritual de Europa, a pesar de que siempre ha tenido una amarga sensación de que eso pueda cambiar con la llegada voraz de la modernidad, sin alma. Porque las ciudades tienen alma, eso lo sabemos, pero en ocasiones se vende al diablo por poco precio. Se especula, se destruyen lugares icónicos y bellos…, todo en nombre del progreso y la modernidad. Craso error. El progreso tiene sentido si se conserva lo histórico y bello, lo que perdura. Que Lisboa pueda vencer la llegada de ese pretendido progreso dependerá de muchos factores, pero para él tiene que una ciudad con tanta personalidad jamás puede perder su esencia. Y espera que así sea.