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28 diciembre 2010

NUEVAS HISTORIAS DE X


AMIGOS-AS, VAMOS A REANUDAR LAS HISTORIAS DE X. Ha transcurrido algún tiempo porque uno se diluye en otros escritos y cosas menos prosaicas, pero hay una continuación porque toda historia que empieza tiene que tener un fin. Probablemente no os sea fácil recordar la última entrega que data del mes de mayo, pero recordarla es tan fácil como pinchar en la etiqueta X -en la que están todas las historias- o sencillamente aquí.

Espero que disfrutéis esta entrega tanto como yo la disfruto escribiéndola.


OPERACIÓN: CHICA DE SUS SUEÑOS

Aconteciera lo que aconteciera hace diez años –de lo que poco sabemos-, lo cierto, lo evidente, es que hubo un motivo concreto que hizo a Conchi desistir de correr.

Pero sabemos algo sobre cómo el embrión que generó esa atracción de X hacia Conchi, y cómo Luis, fiel amigo de X, le aconsejo que se olvidara de aquella chica, que no era para él.

Porque Luis, buen observador y conocedor del alma femenina, vislumbró que tras aquel aire de independencia de esa chica que corría asomaba un tenue aire de mujer fatal.

Hasta ese momento tan sólo se trataba de una intuición, ni tan siquiera de una elucubración, pero algo le decía que aquella joven espigada y atlética corría por algo más que por mantenerse física y mentalmente. Corría con cierta rabia y cierto resentimiento. Era lo que inspiraba el movimiento ondeante de su bien nutrida cola que de tan larga le tocaba la parte media de la espalda.

Pero hemos de seguir aún en aquel presente de hace diez años para seguir comprendiendo:

"Cuando se acabó por fin el “hall” de la Facultad, Luis y X seguían visitando a diario la cafetería. A Luis esa visita ya le traía sin cuidado, pero para X era vital y lo hacía por su amigo. Así que tras acabar su enésima chapuza –se les podrían presentar una media de diez al mes-, recogían las herramientas y se dirigían directamente al bar de la cafetería para verla pasar.

Pero Luis, mucho más pragmático y con los pies en el suelo, consideró que esa situación no podía seguir siendo así de manera infinita. Por tanto X -le dijo Luis-, si estás dispuesto a salir con esa chica yo creo que deberías anunciárselo. O al menos insinuárselo. Pero es que tengo miedo a que me rechace, dijo X. Lógicamente, dijo Luis, el asunto no es tan trivial: deberías de buscar una excusa para acercarte a ella. Podrías ponerte a correr. ¿Corre con ella? ¿Tú estás loco? ¿Has visto las zancadas que da?, vociferó X.

¿Has visto las zancada que da?

Ese fue el único argumento que se le ocurría a un tipo que quería conseguir a la chica de sus sueños. Obviamente, razón no le faltaba a X cuando pronunció aquello, pero no podía ser excusa para dejar pasar a la chica que había elegido. Pero había un problema: X, en aquel momento pesaba 105 kgrs., a pesar de no superar el metro ochenta de estatura y mucho nos tememos que su vida transcurría en otra dirección totalmente opuesta la de correr.

Luis, a pesar de su oposición para que saliera con esa chica, sabía que la opción de X no era otra que adelgazar para correr con ella (siempre que ella lo admitiera como compañero de entrenamiento), pero eso implicaba que X ya no podría acompañarlo más a sus sesiones de copas diarias y hasta altas horas de marcha los fines de semana. Pero bueno, un amigo es un amigo. Así que un día se lo dijo de forma rotunda y clara: mañana vas a comenzar a correr. Pero, Luis, que no, que yo no puedo...me canso. Ni media palabra más. Mañana quedamos a las ocho de la tarde, tras el currelo, dijo Luis contundente.

Y fue así como X comenzó a dar sus primeros y torpes pasos. Un tipo con enorme sobrepeso, con las piernas morchillosas y con aspecto totalmente antideportivo intentando correr por un camino, que nada más verlo parecía infinito.

El primer día de entrenamiento fue horrible y a punto estuvieron de sucumbir. Hacer un kilómetro seguido en siete minutos era algo inhumano, algo que debería estar prohibido comentaban ambos en el bar tras su “entrenamiento”.

La noche para ambos fue terrible: tenían agujetas hasta en el DNI como se suele decir. Pero aún así, a la tarde siguiente volvieron a intentarlo y, aunque muy duro, ese kilómetro ya no les resultó tan indigesto. Posteriormente se pusieron a hacer torpes abdominales y en el bar cambiaron el cubata por la cerveza.

06 mayo 2010

NUEVA HISTORIA DE X: LA CHICA DEL CAMPUS


En los capítulos anteriores:

X, es un tipo descuidado, con sobrepeso y unos hábitos poco saludables. Su mundo giran en torno al trabajo y la barra del bar, en compañía de su amigo Luis.

Pero un buen día -quizá aconsejado por el frutero del barrio- decide correr. Decide cambiar.

Lo que, en teoría, debiera haber sido motivo de gozo de su mujer, Conchi, se va convirtiendo poco a poco en un problema. La razón: ella no ve con buenos ojos que X corra. Tampoco está convencido de ello su amigo Luis, principalmente, porque no quiere perder al amigo de barra.

La obsesión de X por correr llega a su punto más alto, cuando sin avisar se ausenta de la celebración de la boda del sobrino preferido de Conchi, renuncia a una completa noche de fiesta: tenía su primera prueba a la mañana siguiente.

La situación con Conchi cada vez es más tensa, cuando de pronto su amigo Luis cambia de registro y decide apoyarle en su propósito de correr. Es más, se ofrece para hablar con Conchi. Tras momentos de discusión tensa, estando ya cerca la Navidad, contra todo pronóstico X, Conchi y Luis hacen las paces y deciden pasar la Nochebuena juntos como antaño.

Sin embargo, las cosas aún están lejos de ir bien porque pronto se descubre que la aversión de Conchi a correr tiene relación con circunstancias oscuras del pasado. Precisamente ella era una gran corredora hasta que un día, de forma tajante, dejo de correr.

La historia completa se encuentra en la pestaña llamada X, a la derecha del blog.

Este es el nuevo capítulo:



LA CHICA DEL CAMPUS


Como sabemos, en casa de X y Conchi la convivencia se encontraba mermada en los últimos tiempos. Y lo más sorprendente es que la causa desencadenante no parecía tan nociva como posteriormente se demostró.

Correr. Algo tan aparentemente sencillo e intrascendente había provocado una amplia fisura en las vidas de ese aparente normal matrimonio. Sencillamente, un buen día, X, había decidido comenzar a correr y por lo que luego hemos ido sabiendo, esa sencilla acción significaba para la vida ambos mucho más de lo que inicialmente se pensaba.

X ya había comprendido. Tarde, pero por fin había comprendido. Y recordado.

Había comprendido que la acción de correr en esa casa significaba algo más que una mera actividad física. Y había comprendido que era incomprensible que hubiese olvidado todo aquello. Ese pensamiento le resultaba insoportable y se avergonzaba por ello. Y había recordado que como ocurría en la vida de todas las personas hubo un pasado. Un pasado, que en el caso de Conchi, tenía un contenido complejo. Un contenido que, además, tenía el correr como trasfondo. Eso lo supo X posteriormente, mucho después de conocer a aquella chica espigada y delgada que corría todos los días por el campus y que ahora atesoraba bastantes más kilos.

Sí, Conchi tenía toda la razón. Cuando se conocieron –principalmente, gracias al tesón de X-, Conchi corría. Conchi era corredora. Correr era su pasión. Su vida. Hasta que ocurrió aquello.

Pero para comprenderlo todo hemos de remontarnos diez años atrás.



Una chica alta y delgada pasa todas las mañanas corriendo por el Campus universitario. Tiene unas piernas largas y afiladas y su forma de correr es jovial y atlética.

Lo primero que sorprendió a X el primer día que la vio fue su saludable delgadez y su halo de mujer independiente y sofisticada. Totalmente inaccesible para él.

Quiso la casualidad o el destino que X y su amigo Luis recibieran el encargo de reformar el “hall” de entrada de la Facultad de Derecho. Para ellos fue su primera y única incursión en la Universidad.

Cuando acababan su jornada de mañana, a eso de las dos de la tarde, aprovechaban los buenos precios de la cafetería de la facultad y almorzaban el menú que ofrecían cada día, el mismo que tomaban los estudiantes. Posteriormente, salían a la terraza de la facultad a tomar un café, minutos antes de reemprender su faena que les tendrían ocupados hasta las cinco de la tarde. A una hora muy intempestiva para correr, un poco antes de las tres de la tarde, pasaba corriendo todos los días aquella chica espigada ante las miradas atentas de X y Luis.

Esta escena se repetía cada día de manera invariable y le hizo recordar a X una película que había visto hacía tiempo en la que aparecía una marmota y cuyo nombre no recordaba.

A los diez días de participar pasivamente en aquella escena repetitiva X y Luis ya sentían que conocían a aquella chica como si de una amiga se tratara. Pero X jamás, en su fuero interno, sentía esa amistad a la que se refería Luis (ya parece nuestra amiga, dijo Luis): sentía algo más. Sin embargo, ese sentimiento formaría parte de un secreto que jamás saldría al exterior, que es el material del que están fabricados los secretos. Pero un día no pudo guardar por más tiempo el secreto y se lo contó a Luis, que era una forma de seguir manteniendo el secreto ya que se trataba de su mejor amigo y confidente.

Cuando Luis supo que el sentimiento de X hacia aquella chica era más profundo no hizo aspavientos de sorpresa: ya lo sabía. Cómo que lo sabias. No hacía falta más que ver tu cara cuando la miras. A ti también te agrada y no por eso tendría yo que imaginar que tu sentimiento era más profundo. Es cierto X, pero te conozco demasiado. Ajá. Ahora bien, te aconsejo que te olvides, esa chica no es para ti.

Desde ese día X se encontraba como ensimismado. Su aspecto era melancólico y no daba palo al agua. De hecho, el “hall” de la Facultad se pudo terminar gracias a Luis.

11 marzo 2010

CONCHI: LOS ORÍGENES


Bueno, energúmenos, ¿brindamos?

Aquellas palabras de Conchi en la celebración de Nochebuena se le quedaron a X grabadas en su mente y ahora se agitaban entre sus neuronas como un torbellino, claras y dolorosas al mismo tiempo. Comprendió en aquel momento que ya nada sería igual.

Tenía la cerveza fría en su mano izquierda mientras que con la derecha se automasajeaba el gemelo derecho algo dolorido tras su entrenamiento, pero en realidad esa acción la hacía mecánicamente porque tenía la mente en pensamientos más graves.

En ocasiones el ser humano se aferra al presente e intenta borrar el pasado de un plumazo. Pero el ser humano es más estúpido de lo que se podría pensar: no es posible borrar el pasado por el mero hecho de decidirlo.

Éste siempre se revela. Siempre emerge. Y se sobrepone. Surge de las cenizas como el Ave Fénix y todo lo que hagamos en falso para eliminarlo tan sólo servirá para dotarlo de más energía y más actualidad. Así somos, así funcionamos.

Los años disipados. Los años de simulación que habían emprendido él y Conchi tras un pacto tácito de nada habían servido. Para colmo él había cometido el más grave de los errores: comenzar a correr.

Correr. Esa palabra y esa acción que tanto había significado en el pasado de ambos. Que tanto había significado en el pasado de Conchi. Esa palabra maldita.

Pero si el hombre es estúpido por propia naturaleza el más estúpido de los hombres era X.

Trás ese pacto tácito en su matrimonio, cuya cláusula principal era la evitación del término correr, X podría haberse dedicado a cualquier afición. A jugar a los dardos. A jugar al padel. A pedalear. A...cualquier actividad. Incluso a seguir acodado en la barra con su amigo Luis. Cuanta razón tenía Conchi por intentar que Luis y él siguieran acodados a esa barra, mientras ella interpretaba el papel de maruja de forma admirable ¿Pero es que X era tan verdaderamente idiota como para no recordar lo que había provocado la actividad de correr en el pasado de Conchi? ¿Era tan sumamente estúpido como para no reparar en el sufrimiento que le provocó a su mujer en el pasado ese deporte? ¿Cómo es que no había reparado en todo eso ?

En esos momentos X hubiera preferido no haber nacido. No es lícito haber nacido y ser tan sumamente idiota.

Conchi sufrió con y en el correr. Y yo y Luis éramos unos perfectos energúmenos, como acertadamente dijo ella, pensó X.

Aquella chica menuda que pasaba corriendo todos los días junto a la puerta del bar Campus, justo al lado de la universidad, nos llamaba la atención a Luis y a mí. Acodados en aquel bar -siempre acodados a alguna barra-. Luis y yo destacábamos su figura fibrosa y nos maravillábamos entre risas que esa chica siempre pasara por allí corriendo. Lloviera, nevara, hiciera calor, siempre pasaba, mientras nosotros dos con nuestro mono de trabajo bebíamos hasta atragantarnos mientras nos mezclábamos con aquel ambiente universitario que tanto nos atraía y del que tan lejos estábamos. Ese era nuestro ritual diario.

Y en medio de aquel ritual siempre pasaba por allí corriendo esa chica, que meses más tarde supimos respondía al nombre de "Con" (era el nombre que utilizaban sus amigas cuando hablaban con ella).

"Con" era de un mundo muy distinto al nuestro y yo en mi fuero interno la percibía más lejos aún, al tiempo que deseaba conocerla cada vez con más interés. Hasta que aquél sentimiento se fue convirtiendo casi en obsesión.

01 marzo 2010

LAS HISTORIAS DE X

EN OCASIONES ALGUIEN ME HA PREGUNTADO, DÓNDE Y CÓMO COMENZÓ X. HACE TIEMPO QUE LO HIZO EN DIARIO DE UN CORREDOR, DENTRO DE AQUEL ILUSIONANTE PROYECTO FLORENS, CON MI AMIGO Y ÁLTER JESUS LENS. POSTERIORMENTE LA IRRUPCIÓN DE ESTE BLOG COGIÓ EL TESTIGO COMO HISTORIAS DE X, POR ENTREGAS. POR TANTO, ESTAS ENTREGAS Y LA HISTORIA DE X ESTÁ UN POCO DISPERSA. BUENO, EN REALIDAD SÓLO ESTÁ DISPERSA LA ENTREGA INICIAL.
DE AHÍ QUE DECIDA PONER ORDEN, PRINCIPALMENTE PARA AQUELLOS QUE NO CONOCEN LOS PRIMEROS CAPÍTULOS:

LA PRIMERA ENTREGA LA PODÉIS LEER PINCHANDO AQUÍ: X, QUERÍA CORRER
LAS SIGUIENTES ENTREGAS (7 EN TOTAL HASTA AHORA), LAS PODÉIS LEER PINCHANDO EN LA ETIQUETA X, PARA LO QUE DEBÉIS TENER EN CUENTA QUE LAS MÁS ANTIGUAS ESTÁN LAS ÚLTIMAS.

TAN SÓLO ESA ACLARACIÓN. AHORA PODÉIS SEGUIR LEYENDO, SI OS PLACE, LAS HISTORIAS DE X, QUE ME GUSTARÍA FUERA UN CLÁSICO ENTRE NOSOTROS LOS CORREDORES.
SALUDOS AMIGOS-AS.

27 febrero 2010

CONVERSACIONES Y BRINDIS

Habían transcurrido casi dos meses desde aquella inolvidable cena de Nochebuena, en la que X, Conchi y Luis confraternaron como antaño y brindaron por las diferencias y el futuro.
X, acababa de llegar de correr sus dieciocho kilómetros sabatinos. Se duchó y se sentó tranquilamente a leer mientras degustaba una Voll-Damm muy fría. Miró a su alrededor y no pudo evitar recordar la última Nochebuena en compañía de Conchi y Luis.

Sigamos, por tanto, el recuerdo de X y veamos cómo transcurrió aquella cena de Nochebuena que dejamos anunciada en la historia anterior:

Contagiado por ese ambiente navideño y fraternal, envalentonado y deseoso de que las rencillas con su mujer por mor del correr fueran cosa del pasado, X dijo: Luis, Conchi, ¿nos vamos los tres a correr mañana, día de Navidad? Silencio sepulcral. Miradas exentas de complicidad. Casi tensión.

Vamos X, nos estarás hablando en serio, espetó Luis. Conchi guardó un grave silencio.

Comprendió X en pocos segundos que todo seguía atascado. Que nada había cambiado. Intentó cambiar de tema. Pero mucho nos tememos que ya era tarde.

Pero ¿qué había pasado? Minutos antes todo eran buenas palabras, abrazos, brindis, y en pocos segundos el ambiente se había vuelto turbio, ya digo, casi tenso.

Luis y X miraron a Conchi, que, cabizbaja, parecía estar pensando. Ambos amigos expectantes: X, confiado en un nuevo ataque de furia de su corajuda mujer; Luis, deseoso de que no hubiera más rupturas que, además, siempre le pillaban en medio.

Conchi, con ademán teatral y consciente de la expectación que había creado en los dos alzó la cabeza lentamente y con mirada dura y fría, comenzó a hacer amago de dirigirse a ambos. Luis, intentó levantarse para salir del salón, en la que sólo existía el monologo de la televisión. Luis, permanece sentado en tu sitio, dijo Conchi. Yo, yo...iba al servicio, mintió Luis. X, se estaba comenzando a arrepentir de su repentina propuesta.

Me gustaría hablaros a los dos, dijo Conchi con gravedad.

¿Hablarnos a los dos?, pensó Luis.

Pero ¿Por qué a los dos?. dijo Luis al fín.

Porque a los dos os afecta lo que os voy a decir.

Conchi.., dijo X. Calla X, dijo Conchi.

Escuchad. No penséis que soy estúpida. Que soy tan sumamente infantil como para que la desfachatez de un gordo que comienza a correr tras una vida ociosa y glotona y su palmero amigo, de igual condición, puedan provocar en mí una hecatombe personal de magnitudes inimaginables. Me conocéis. Es cierto, que desde hace algún tiempo, vale, desde hace bastante años, parezco y actúo como una maruja.

Conchi, por favor.

Calla X. Sé lo que pensáis de mí. Pero también sé que olvidáis fácilmente. Sobre todo tú X, que eres la persona con la que he compartido mis últimos diez años. Olvidas dónde y cómo me conociste. Y tú Luis, olvidas lo orgulloso que estabas de que tu querido amigo conociera a alguien con tantos valores.

Por supuesto que no lo olvido Conchi.

Bien. Pues, sinceramente, esperaba mucho más de vosotros. Esperaba que mi negativa a que X corriera pudierais comprenderla. Pero veo que no. Veo que os habéis dejado arrastrar por mis últimos años de mísera existencia en esta mierda de pueblo. Veo que no os habéis enterado de nada. Que no recordáis nada. Que...

Conchi, nosotros...

Vosotros sois...un par de energúmenos con menos cerebro que un mosquito. Parece mentira. Parece mentira que no recordéis mi antigua relación con el correr. Sí, esa actividad de la que os reíais acodados en la barra de aquel cutre bar cuando yo me lo tomaba tan en serio y corría todos los días. Correr era mi vida, la esencia de mi existencia...hasta que pasó aquello.

X y Luis no pudieron decir nada. Ambos se quedaron mirando al suelo, como lamentándose de lo que habían olvidado del pasado de Conchi.

Eran las cuatro de la madrugada. La televisión no paraba de escupir estupideces y ¡Qué bello es vivir! ya había terminado.

Los tres se quedaron en silencio, el cual rompió Conchi -cómo no-: Bueno, energúmenos, ¿brindamos?

23 diciembre 2009

X, EN NAVIDAD


No había sido fácil la convivencia entre X y Conchi tras aquella conversación que tuvo ésta con Luis.

Aquella conversación –no era posible negarlo- había acabado tensa. Una tensión generada por dos personas que aparentaban simpleza pero que, en realidad, estaban muy dotadas para la persuasión y sí fuera necesario para la manipulación, si bien en ese terreno Conchi podía ganar por goleada.

Habían transcurrido algunos meses, pero conviene conocer qué ocurrió desde que X llegara a casa tras acabar su primera carrera oficial.

X, tras cambiarse y tomarse una cerveza en un bar a la salida del pueblo, intentó armarse de valor. Desde la boda del sobrino de Conchi todo había ido de mal en peor, y para colmo sabía que la intervención de Luis había dejado las cosas más maltrechas todavía. Aún así, de nada le servía postergar el asunto: era su casa y tenía que volver tarde o temprano. Otra cuestión distinta sería conocer qué le repararía el futuro. Mejor dicho: que les repararía el futuro a él y a Conchi.

Ondeando un silencio de mediodía dominguero en la calle, X penetró en el portal de su casa. Al abrir la puerta del piso le pareció contagiarse del aire tenso que aún se respiraba en el interior del edificio. No pronunció el nombre de su mujer como era en él habitual. Tan sólo el leve murmullo de las llaves al dejarse caer en la base del armario del pasillo presagiaba de la llegada de X.

Sabía que Conchi estaba en casa. Pero también sabía que no contestaría.

Su primer contacto con su mujer fue tenso pero respetuoso. Ella parecía enviarle dardos con la mirada, pero en realidad ella tan sólo estaba preparando el terreno para una defensa a ultranza. Desde luego, no estaba dispuesta a renunciar a esa vida que le había ido tan bien en la que un X servil, amorfo e inopinado pasaba desapercibido para la cada vez más planificada y cómoda vida de Conchi. Si alguien consideró en alguna ocasión que esta mujer era de principios simples y básicos estaba muy equivocado.

Mientras tanto, Luis salió aturdido tras la entrevista con Conchi. El amigo de X también jugaba a la teoría de la confusión. De hecho, todo el mundo afirmaría que se trataba de un individuo bastante lerdo, cuyo máximo interés en la vida consistía en estar delante de un vidrio rebosante de coñac y cola. Pero, una vez más, todo el mundo estaba de nuevo equivocado. Y eso era algo que Conchi sabía muy bien. De hecho, las dos personas que franqueaban a X no eran dos angelitos precisamente. Dos personas que aparentaban precisamente lo que no eran. Y ambos lo sabían. Y por eso se temían y respetaban. Siempre había sido así.

Ante ese panorama, la iniciativa emprendida por X consistente en correr podría tratarse perfectamente como una estrategia escapista. Pero no lo iba a tener tan fácil

X en los siguientes meses siguió corriendo. Y siguió adquiriendo ropa técnica, zapatillas, revistas, libros y visitando blogs de corredores. Nada le importaba más que eso.

Por su parte, Conchi, inteligente y sagaz como una gacela observaba de cerca y callaba. Sin duda estaba preparando su estrategia.

En cuanto a Luis, seguía animando a su amigo facilitándole, incluso, el entrenamiento y procurando no hacerle caer en la tentación de la barra del bar.

De esa manera la vida seguía su curso. Y cuando quisieron darse cuenta llegó la Navidad.

Los campos estaban nevados y X seguía corriendo. En casa ya no existía un ambiente tenso, entre otras cosas porque ni siquiera existía ambiente.

Los amigos ya no llamaban, excepto Luis, que procuraba hacerlo cuando no estaba Conchi, y la familia, sin comprenderlo, comenzó a murmurar en cuanto se presentaba ocasión.

Se hablaba de separación, de desamor y de desdicha, pero nada de eso se llegaba a materializar.

Para entonces X ya había corrido cinco pruebas oficiales y había debutado con un tiempo de 1 hora y 45 minutos en una media maratón. Incluso ya no le avergonzaba llevar pantalón corto porque ya no había tanta grasa que ocultar. Su figura había cambiado y su forma de ver la vida también había experimentado un cambio.

Ante tal evidencia, Conchi había decidido no inmiscuirse en la vida de X. Incluso, se había apuntado a un gimnasio.

Pero les gustara más o les gustara menos, al matrimonio se le planteaba un problema inminente: llegaba la Nochebuena y tenían que decidir a qué casa de familiares acudir.

X, ante tal disyuntiva no deseaba hacer papel alguno y prefería que los demás pensaran que la crisis matrimonial estaba muy avanzada. Por su parte Conchi, comprobaba como la losa de la soledad cada vez le aplastaba más, mientras observaba que la felicidad de X siempre estaba ataviada de malla y camiseta técnica. Si tenía algún problema él lo solucionaba corriendo.

Como sabemos el día de Nochebuena siempre es especial. Lo es desde que amanece y todo el mundo lo capta.

Esa mañana X, como era en él costumbre cuando el trabajo se lo permitía, se fue a hacer unos kilómetros. Ni siquiera desayunó con Conchi como había hecho en los últimos diez años. Tampoco proveyeron nada para la noche, ni decidieron a qué casa irían.

Por tanto, todo quedó en el aire en una casa que cada vez era más gélida.

Cuando X regresó de hacer 15 kilómetros por un campo helado y cubierto de la escarcha nocturna, sorprendentemente, se encontró a Luis en su casa. Justo en el sillón de enfrente se encontraba una compungida Conchi, que ofreció a Luis Anís de Rute y polvorones de Antequera. Sudoroso y maltrecho X hizo atisbo de sentarse pero con contundencia le dijo a sus principales seres queridos que mejor esperaran a que se duchara.

Cuando salió de la ducha Conchi y Luis aún no se habían cruzado una palabra, por lo que la presencia alegre y jovial de X cogiendo a su mujer y a su amigo de sus respectivos brazos fue como agua de mayo.

-Ahora nos vamos los tres a tomarnos unas copas al bar de la plaza, como colofón a la cena de Nochebuena, la que, por cierto, pasaremos juntos.

Conchi no pudo evitarlo y comenzó a llorar, mientras que Luis descubrió que sus ojos se tornaban cristalinos como la escarcha invernal del campo.

01 octubre 2009

CONVERSACIÓN A PROPÓSITO DE X

Así finalizaba la entrega anterior:

Luis, totalmente al tanto del pensamiento astuto de Conchi, comprendió que no era oportuno dar rodeos sobre su visita, así que soltó: Vengo a hablarte del asunto X. Entonces, de pronto, la tensión fue el único mobiliario que tenía el comedor, lugar en el que tomaron asiento ambos.

CONVERSACIÓN A PROPÓSITO DE X

La relación entre Conchi y Luis siempre fue excelente. Es más, ambos compartían algo muy importante: ser las dos personas más cercanas a X. Quizá por ese motivo, Luis, puso en escena una de sus mayores cualidades: la intuición. E intuyó que su punto de equilibrio personal podría irse al traste si sus amigos acababan distanciándose por mor de esa manía de X por correr, y así se lo dijo a Conchi.

-Pero no es una mera manía, Luis, es algo más profundo. Esa manía de X como tú señalas es mucho más que eso. Se trata de un cambio sustancial en la vida de mi marido. Es algo que comprendí desde la primera vez que prefirió irse a correr a la salida del trabajo, antes de irse al bar contigo.

- No creo que eso tenga mucha importancia, Conchi...

-¿No tiene importancia? -le interrumpió Conchi sin que apenas cambiara el tono de su conversación-.Tiene mucha más importancia de lo que aparenta.

- Recuerda que a X, cuando eráis novios, también le dio por jugar al baloncesto, un deporte, por cierto, que nadie del pueblo comprendía, y se tiraba horas y horas intentando encestar en la canasta del patio de la escuela.

- Pero aquello no fue igual. Era muy joven y le impresionó no sé que triunfo de la selección española. De hecho, se le pasó pronto. Esto es otra cosa.

- Tampoco hay nada de malo en que tu barrigudo X haga deporte de vez en cuando. Yo mismo lo hago -ironizó vulgarmente Luis- practicando el levantamiento de vidrio en barra fija.

-No estoy para bromas, Luis. ¿No comprendes que la afición de X por correr encierra un cambio más profundo en sus valores y sus convicciones personales?

Ante la grave aseveración de Conchi, Luis se quedó perceptiblemente pensativo. Con esas palabras, su amiga había profundizado hasta una zona lejana de su lenta comprensión, hasta el punto que sintió un pequeño escalofrío y por un momento comprendió todo el infierno que estaba pasando aquella mujer sencilla, pero de convicciones profundas.

Había comprendido de golpe que con su negación a la afición de X, Conchi estaba intentando salvar el matrimonio tal y como estaba configurado hasta ahora. De ahí que se preguntara a sí mismo si algo de su persona también podría estar en juego. Si X, estaba cambiando todo el catalogo de valores de su existencia, ¿no podría estar también en peligro su amistad?

Esa reflexión le hizo cambiar el semblante, algo que no pasó desapercibido para Conchi. Ella, a pesar de la gravedad de la conversación, no pudo esbozar una ligerísima sonrisa, casi un gesto de triunfo. Estaba segura que ahora Luis la comprendía completamente y que su amigo zozobraba nadando hacia su terreno.

Sin embargo Luis reaccionó con habilidad y siguió abonado a la "defensa de X". Tampoco ese gesto pasó desapercibido para Conchi. Volvían de nuevo a estar en tablas. Ella contraatacó:

- Posteriormente, con el suceso de la boda de mi sobrino comprendí que la sospecha se convertía en confirmación. Sabes perfectamente que X nunca hubiera actuado así. Es más, siempre ha sido a él a quienes los amigos les habéis confiado todos los ágapes que os montáis.

- Es cierto, pero tienes que comprender que X ya tenía un compromiso consigo mismo, que había sacrificado horas de descanso para correr en los últimos meses, que había conseguido hacer retroceder hacia la izquierda la aguja de la báscula, que había gastado dinero en ropa y zapatillas caras, que se había inscrito a una carrera oficial.

-Precisamente todo lo que estás comentando es lo que realmente me preocupa. Todos esos preparativos, esfuerzo, gasto. Todo ese nuevo giro ¿No comprendes que está atentando contra el vértice de equilibrio de nuestro matrimonio?

En esa afirmación interrogatoria captó Luis algo de egoísmo de Conchi, y ese atributo humano siempre le había parecido una miseria humana. No obstante, no deseaba echárselo en cara a su interlocutora. No por ahora.

- Pero yo creo que es posible buscar un nuevo equilibrio. Es más, nada tiene de malo que alguno de los cónyuges busque otras formas de ilusionarse. Eso es legítimo.

- Y lo dice quien jamás ha sabido comprometerse con una chica.

Fue un golpe bajo, admitió para sí Conchi. Miró casi de reojo a su amigo pero este hábilmente encajó el golpe o bien lo pasó por alto. Optó por buscar una defensa neutral.

- No es necesario estar comprometido con nadie para comprender que una persona sigue siendo persona incluso en pareja. Lo contrario sería sumisión.

Ante ese inteligente comentario Conchi no tuvo más remedio que abrir otra vía de argumentación.

- Yo pienso que es lógico que dos personas que se quieren y viven juntas deberían hablar antes de poner en peligro la relación.

- Sí, es cierto Conchi, pero X nos comentó a tí y a mí que pensaba dedicarse a correr en su tiempo libre.

- Sí, es cierto. Ahora bien, correr de vez en cuando es una cosa y correr casi a diario, comprar ropa y zapatillas, apuntarse a carreras, comprar revistas, visitar esas cosas que llaman blogs de corredores, es otra. Es más, tampoco es normal que el resto del tiempo esté siempre hablando con el frutero.

-O sea Conchi -resumió duramente Luis- que no estás en absoluto de acuerdo en que X siga corriendo.

- No lo estoy. No, con la dedicación actual.

Luis ya no dijo nada más. No necesitaba seguir hablando. Comprendió perfectamente que Conchi estaba luchando por seguir aferrada al tipo de vida placentera y sin sobresaltos que había tenido hasta ahora en compañía de X. Teniendo a su lado un X sumiso, dedicado al trabajo y a buen recaudo en el bar en su tiempo libre la vida para ella era muy fácil. De esa manera ella podría seguir optando por una vida contemplativa, sin innecesarias miras.

La amenaza de cambio que se vertía sobre su cabeza no estaba dispuesta a asumirla.

Pensando en todo eso, Luis salió de la casa con la desazón de quien fracasa en una empresa noble. Por tanto, ahora tenía otro problema: cómo explicar a X que Conchi continuaba inamovible.

08 junio 2009

X, EN LÍNEA DE LLEGADA


'Entonces, como si de un momento mágico se tratara, se escuchó un disparo sordo y a continuación una enorme marabunta de corredores, enfilando una misma dirección. No había vuelta atrás.'

No había vuelta atrás. No había vuelta atrás. Esas eran las palabras que no dejaban de revolotear en la mente de X. Con la bolsa del corredor en la mano, en esos precisos momentos, no sabía quién era. Mientras se dirigía a tomar una cerveza muy fresca al "ambigú" montado para la ocasión, no sabía quién era. Mientras andaba con los músculos de las piernas entumecidos por el esfuerzo no sabía quien era....
Pero tampoco quería saberlo. Porque estaba asistiendo al alumbramiento de una nueva persona, ésa que se había ido fraguando en las semanas anteriores. Y sentía una extraña soledad placentera. Una soledad que no le era propicia para gobernar el mundo si en sus manos estuviera, pero suficiente para gobernarse a si mismo. Sentía que su pasado no existía, que era una quimera.
Conchi, Conchi. Había perdido los rasgos de su cara, y esa sensación repentina le entristeció sobremanera. Sin embargo, tampoco eso le preocupaba ahora porque era un asunto que pertenecía al mundo pero no a su Isla Barataria particular, ese reino por sí mismo gobernable. Conchi, Conchi ¿ Quién era ? ¿ Y quién era Luis ? En definitiva, quién era él en ese momento.
De pronto, aún inmerso en sus reflexiones casi existencialistas una mano se posó en su hombro. Con la mirada turbia de sudor y esfuerzo reconstruyó una figura, un individuo que posaba su mano en su hombro. Pero no era un individuo vestido con pantalón corto. Tampoco un individuo fibroso. Ni poseía aspecto alguno de haber corrido durante diez kilómetros. ¡ Luis ! ¿ Luis? No podía ser.

- Cuando nos cruzamos, percibí tu soledad, y a pesar de la resistencia de Conchi, decidí verte correr.
-¿Verme correr ? ¿Quieres decir que llevas aquí una hora y pico?
- Sí, y me ha divertido mucho verte de esa pinta. Pero, oye, no tienes mal estilo.
- ¿Y ahora qué?
- Bueno, Conchi, seguramente, perderá un esposo y al amigo del esposo. - X, no pudo evitar un semblante serio, algo que captó Luis inmediatamente -. Venga, no te lo tomes tan a pecho, se le pasará.
- Oye, tengo una idea: ¿Porqué no comienzas a correr conmigo?
- Eh¡, eh¡ una cosa es que haya decidido acompañarte en tu "debú" y otra es que yo vaya a hacer el indio por ahí contigo.

Ambos amigos sonrieron y se fueron a por una segunda cerveza, convencido X, que su amigo tarde o temprano acabaría por calzarse unas zapas. Pero primero tenía que desgajarlo de la barra del bar.
Recién pedida la segunda cerveza apareció el frutero, dispuesto a echar más leña al fuego.

-¡ Hombre, Luis, tú por aquí! Oye, sabes que te veo buena pinta para correr.
- ¡Venga, venga! que pareciera que estáis confabulados.
- No, en serio. Podrías intentarlo.
- Este no corre ni para coger el autobús -soltó X.
- ¿Que os apostáis?

A medida que se fueron apagando los rumores de la barabunta de corredores y cada cual se dirigía a su vehículo para cambiarse, X, iba asumiendo su nueva realidad. Aquella primera carrera oficial le había impactado tanto que ya no deseaba cambiar de vida. Pero su vida estaba vinculada a un pasado, a unas personas. Al menos, una de ellas, ahora se encontraba junto a él, y eso le agradaba de forma extraordinaria. Pero Luis se iría a casa y el tendría que irse....a la suya. Debía volver a su antigua realidad. O mejor dicho, mezclar ambas realidades y no sabía cómo hacerlo.
Durante el camino, ambos amigos fueron preparando la estrategia. Abrazando nuevos argumentos y rechazándolos inmediatamente. Pero una cosa estaba clara para ambos: X, debía dar la cara. Otra cosa muy distinta es que, en el futuro, su matrimonio pudiera hacer aguas, algo que sería contrario a toda estadística sobre rupturas conyugales. Éstas estaban repletas de matrimonios rotos por desavenencias, falta de entendimiento, desamor, malos tratos, infidelidades u otros elementos pertenecientes a alma humana, pero probablemente pocas causas, o tal vez ninguna, por motivos relacionados con el atletismo, si bien ese podría no ser el mal de fondo del problema. Se trataba básicamente que su esposa asumiera o no asumiera su nueva faceta, porque en puridad ¿qué perjuicio le aportaba a ella esa nueva actividad de X? Esa era la pregunta básica, a su entender.
Decidieron finalmente que Luis preparada la avanzadilla. Que entrara en su casa y charlara con Conchi, argumentando que su esposo se encontraba de camino, según le había comentado por teléfono, porque ambos habían acordado que Conchi nada debería saber del encuentro de ambos. Debería de parecer más bien que Luis había tomado la iniciativa de hablar con ella por su cuenta y riesgo.

LUIS CONVERSA CON CONCHI

Luis se encomendó a una ardua tarea. Pero esa era la esencia de la amistad. Para Conchi sería difícil de encajar que uno de sus aliados sociales contra la nueva ocupación de su esposo, ahora pareciera haberse pasado al otro bando. Pero Luis no era un tipo tonto. Jamás lo había sido.
Recordaba X que, cuando niños, él era siempre el que mejores soluciones daba a las meteduras de pata de los demás. Si cometían una travesura que podía costarle un castigo consistente en una semana sin salir a la calle, Luis siempre aparecía con una solución adecuada. Además, era un tipo conversador y buen negociador. Seguro que dejaba el pabellón alto, aunque en el otro lado tuviera enfrente nada más y nada menos que a Conchi.

Tocaron en el timbre de la casa de X a las 14 horas de aquel inusual domingo. En casa, como se presumía, sólamente estaba Conchi, que al abrir la puerta encontró a un Luis recién duchado y fresco, como si la noche anterior hubiera sido dedicada a un confortable sueño, así que a ésta le extraño ese buen aspecto. Hola Luis, pasa, dijo la mujer de X dirigiéndose a su interlocutor con la familiaridad acostumbrada de a quien veía a diario salir y entrar en esa casa.
Lógicamente, Conchi, que era astuta, comprendió que aquella visita sorpresa debía obedecer a un fin, mínimamente importante. No obstante, dejó que Luis hablara, tras ofrecerle una cerveza que éste aceptó de muy buen grado.
Y Luis, totalmente al tanto del pensamiento astuto de Conchi, comprendió que no era oportuno dar rodeos sobre su visita, así que soltó: Vengo a hablarte del asunto X. Entonces, de pronto, la tensión fue el único mobiliario que tenía el comedor, lugar en el que tomaron asiento ambos.

MATADEROS DE CRISTAL

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