lunes, 9 de agosto de 2010

OCHO DE AGOSTO



Que esta entrada lleve por título "ocho de agosto" tiene una razón de ser: ese fue el fatídico día de 2009 en el que me lesioné de manera importante en la bajada de Tiena a Pinos Puente, cuando las cigarras y los grillos componían sus agudos cánticos celebrando el proceloso calor del estío.
Desde ese día tuve miedo ante la posibilidad de tener que dejar de correr de manera definitiva, pero tras varios rodajes en bicicleta, el trabajo del fisio y la paciencia pude volver a rodar en el mes de octubre, sin molestia alguna en el gemelo izquierdo.
Es probable que llegue un momento en la vida del correr en el que se observe con familiaridad la decadencia; un momento en el que solamente los sueños y los recuerdos podrán volver a hacer esas duras rutas de antaño, aderezado el recuerdo tan sólo por fotografías o, tal vez, con relecturas de entradas de un blog como éste que guarde los archivos convenientemente.
Tan sólo hace un año de aquella lesión -que por imprudencia agravé saliendo a correr a la semana siguiente- y asentado en esa decadencia pareciera que hayan pasado lustros.
El corredor absorbido por esa decadencia y mirando con nostalgia ese tiempo pasado sigue corriendo, pero sabe que ya habrá rutas que sólo podrá hacer en los sueños, y ya se sabe que los sueños, desde que lo dijo Calderón, "sueños son".
Probablemente ese corredor observará en la lejanía esas alturas a las que subía y no encontrará la forma ni el momento de volver a repetir esas "gestas". Mirará con mirada acuosa -como dicen que miraba Azaña a sus colaboradores cuando comprendía que se perdía la República- y sólo contará con la imaginación y, ya digo, con los sueños.
Esos momentos decadentes deben ser terribles, pero en la misma magnitud, pero diametralmente al contrario, esos momentos deben de ser dulces y victoriosos si ese corredor, como el Ave Fénix, resurge de sus cenizas, auspiciado por la fuerza de la ilusión y la voluntad.
Lo que cuento es mitad ficción, pero también mitad realidad.
La noche del sábado pensaba en correr el domingo por la mañana. Como últimamente hago, me inclinaría por un circuito de no más de doce o trece kilómetros aprovechando que el calor aún no sería acuciante. Elegiría probablemente la Vega o, tal vez, la zona de Caparacena. Sin problemas. Pero por un momento desde mi terraza, cuando ya había consensuado conmigo mismo ese circuito alcé los ojos del libro que estaba leyendo y los posé en la figura diminuta e iluminada del Torreón árabe de Albolote que puedo observar en la lejanía, perdido en la negrura misteriosa de la noche. Y lo vi claro. Me dije que, mañana domingo sería ocho de agosto, y que por principios morales debería de "conmemorar" esa lesión de hace justo un año con una ruta épica. Sabía que no estaba en condiciones de subir a Tiena y bajar, recorriendo 21 kilómetros, pero sí podía intentar una subida al Torreón tal y como había hecho hace más de un año -justo el 1 de julio de 2009-, tal y como reseñé en aquella entrada fotográfica.
Así que sin apenas darme cuenta ya había tomado la decisión: el ocho de agosto de 2010, de forma conmemorativa y brindando porque aquella lesión de hacía un año no me retirara de correr, subiría al Torreón, a pesar de que no tenía la confianza suficiente para superar esas dantescas rampas.
Mientras escribo esta entrada, he de reconocer que rezumo satisfacción. No voy a contar esa subida, tan sólo diré que la he completado con éxito sorprendente y con menor esfuerzo del que suponía, algo que se corroboraba perfectamente en las pulsaciones del pulsómetro.
Lógicamente, he escrito mis apellidos junto al Torreón en el suelo polvoriento -que ya estarán borrados- y posteriormente he brindado con una merecida "verde", contemplando de nuevo el Torreón desde mi terraza.

5 comentarios:

  1. Oh!!
    Ya es lunes por allá?? Aún sigue tu día fatídico por acá en Chile xD! Tuviste suerte en seguir corriendo hasta el día de hoy después de haber sufrido esa lesión.

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  2. Ahora a olvidar esa fecha y a disfrutar de las carreras.
    Saludos

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  3. paisano la prudencia nos lleva mas a la euforia que esta misma.

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  4. Disfruta. Yo el pasado 5 de agosto subí solito a Pradollano y ascendí hasta la laguna de las yeguas. 2 horas y 31 minutos. Es lo único que puede contarse, porque lo que se vive allí, solo tu camelback y tus zapatillas y tu tesón, es difícil de narrar.
    Esas pequeñas gestas personales e intransferibles nos hacen felices, me he dado cuenta, sin duda. Pero no estoy para trotes, ando lento, pesado y bastante dolorido en general. A ver si algún día hacemos algo en común, que estoy corriendo solo demasiado.
    Un saludo

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  5. Pues de escandalo Jose Antonio, buena forma de auyentar fantasmas!
    saludos

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Sin tu comentario, todo esto tiene mucho menos sentido. Es cómo escribir en el desierto.

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