martes, 24 de julio de 2018

MICRORRELATO COMO LA VIDA MISMA: LAS GÓNADAS DEL CAJERO

La estética y  contenido de un microrrelato, relato corto o relato largo puede ser variada. Cada autor tiene su propio proceso de creación, pero considero que al margen de los relacionados con la ciencia-ficción y algún que otro género más, en mi caso, suelo mezclar ficción y realidad, sin que sea fácil, en ocasiones, distinguir una de la otra. Incluso, si se trata de relatos góticos, históricos, utópicos o distópicos, siempre suelo mezclar ambas cosas.
Y pueden surgir de la más rasa cotidianidad. Para ejemplo este microrrelato que os inserto a continuación, al que podríamos titular (porque los títulos son muy importantes en los relatos, quizá más que en la novela): Las gónadas del cajero. Así planteado el título quizá no nos diga nada o es posible que nos diga mucho, pero ahí radica el juego imaginativo. Veamos. 


 Resultado de imagen de caja registradora    Estaba yo pagando un artículo en una centro comercial de deportes de esos que ahora surgen por todas partes y que sirven tanto para vestir a un niño al comienzo de curso o ataviar a un deportista cercano a la élite, cuando el cajero, tras accionar varias veces un botón de la caja registradora con pantalla ésta se resistía a abrirse. Harto de intentarlo, le pregunta a un compañero, que qué había que hacer.

- Dale a aceptar -dijo el compañero.

Le dio y la caja registradora que estaba al nivel de sus gónadas se abrió de forma violenta y sin aviso, dando el cajero un respingo para atrás. Y yo testigo excepcional de la escena dije por decir algo ante lo embarazoso de la situación:

-Hay que tener mucho cuidado con lo que se acepta en esta vida.

Ambos reímos. Por suerte, era una persona con buen carácter, porque no olvidemos que esto que cuento ocurre en Granada y nunca se sabe cómo puede ser la reacción...

martes, 10 de julio de 2018

EL TEMPLO ROMÁNICO (MICRORRELATO)


EL TEMPLO ROMÁNICO

Fue extraordinario que en la pequeña aldea, que constaba de ocho o diez casas y una tienda -que era al mismo tiempo bar y bazar-, le dieran la llave de aquel ajado templo del principios del siglo VI ¿Es que no temían que cualquier desequilibrado con un mero cortauñas acabara con aquellos frescos románicos bien conservados adosados a las cuatro paredes? Se ve que no, que en la aldea era todo bondad. Tenían sus datos, su documento de identidad, pero aun así el riesgo existía. Pensaba en ello cuando abría la enorme puerta del espacioso templo perdido en el monte y en el que la tradición situaba el enterramiento de  Pelayo, Rey de Asturias e impulsor de la Reconquista cristiana. El templo, gloria y orgullo de la zona, estaba desprovisto de mobiliario alguno y parecía sostenerse tan sólo con los contrafuertes del ábside.
 Tras dedicar unos pocos minutos a vagabundear por el silencioso y oscuro recinto, desprovisto de claraboya y cristales por los que pudiera penetrar la luz ya mortecina de la tarde, consiguió obtener una respuesta a la pregunta sobre el riesgo de dar la llave a cualquier desconocido, admitiendo que lo difícil no era entrar en aquel sitio misterioso sino salir. Entonces comprendió de golpe que aquellos tranquilos habitantes de la aldea no eran todo bondad, como pensó. Pero lo pensó demasiado tarde.

miércoles, 4 de julio de 2018

CORRIENDO SOBRE LA HISTORIA

En ocasiones corro sobre la historia. Es decir, que mis pasos pisan lugares históricos. Es inevitable y gustoso, sobre todo cuando habitas en una zona con muchos kilates de historia en su zurrón. Es más identificable si corres, por ejemplo, por la Alhambra o por el Albaicín, en el caso de Granada, igual que lo sería correr por la zona de El Escorial en el caso de Madrid o cerca de la Mezquita de Córdoba, los ejemplos son múltiples, pero es menos identificable si corres a través del campo o por el campo a través, que es más correcto decir cuando se trata de correr. Y es lo que he averiguado, no ahora, hace ya tiempo, aunque es la primera vez que lo escribo. Cuento. 
Suelo devorar kilómetros por una zona de vega entre Granada y los pueblos más cercanos a la ciudad, como es el caso de Albolote, Maracena, Atarfe o Pinos Puente, todos ellos con grandes momentos históricos a sus espaldas. En particular, en mis últimos entrenos estoy corriendo por este sitio: 



Y si observáis bien podréis leer: ACEQUIA GORDA, que es el lugar en donde acaba una de mis rutas y desde donde me vuelvo porque el camino se acaba. Pues bien, esto es lo que pasó en este lugar (no exactamente en este lugar porque la Acequia Gorda de Granada es más extensa, pero sí en el angosto perímetro de esta zona tal y como está documentado): 

  'En plena reconquista (1486), en la Vega de Granada y luchando a las órdenes del Duque del Infantado junto con su padre D. Fernando de Arce, murió D. Martín Vázquez de Arce -Doncel de Sigüenza-  luchando en la Acequia Gorda con 25 años de edad. Según el cronista Alonso de Palencia murieron unos 20 de las mesnadas del Duque, pero la matanza inferida a los musulmanes en aquella angostura de Pinos-Puente fue enorme.'

El Doncel de Sigüenza está enterrado en la catedral de este histórico pueblo de la Alcarria de Guadalajara y allí pude tomar esta foto policromada, que es su sepulcro con un valor artístico muy destacado.   



Fue en la conocida batalla de La Higueruela, un hecho histórico fundamental para la posterior toma de Granada por los Reyes Católicos, seis años después, entregada por el último Rey Musulmán, el Nazarí Boabdil llamado 'El Chico'.     

Es curioso. Y creo que interesante, porque ya conocéis los más fieles a este blog y a mis libros mi afición de concebir el correr como algo mucho más amplio que el mero ejercicio; la afición de conectarlo con la historia, la geografía, la literatura, la música...y un largo etcétera como ya hice en mi libro 'Corriendo entre Líneas'.  

domingo, 24 de junio de 2018

RELATO DE VIAJE: BARCELONA (LIBRO: RELATOS Y ARTÍCULOS DE VIAJES. AMAZON)


Barcelona es una ciudad predispuesta para la literatura. Lo venía a decir un lector del blog del viajero, Adán, desde Chile, en un comentario anterior a raíz de un artículo publicado por el viajero en la revista granadina Garnata —ya desaparecida— sobre las ciudades literarias (el cual podrá leer el atento lector en el apartado de artículos de viajes en este mismo libro). Y, precisamente, el viajero venía de visitar esta ciudad en estos días y corroboraba ese hecho que ya había observado con la lectura, no solo en los últimos bestseller de dos narradores catalanes: Carlos Ruiz Zafón e Ildefonso Falcones, sino en esa novela que narra lo que marca un antes y un después de esa Barcelona universal y diversa, que no es otra que la excelente La ciudad de los prodigios del inagotable Eduardo Mendoza. Además, el premio Nobel de literatura, Vargas Llosa, se siente un catalán más porque hizo de Barcelona uno de sus refugios escribidores. Por tanto, mucho de literario ha de tener esta ciudad para que confluyan tantos autores y acontecimientos relacionados con los libros.
Barcelona —igual que ocurre con Madrid—, es una ciudad que se transforma en varias. Porque existen varias ciudades superestructuradas de forma independiente, aunque, al mismo tiempo, conectadas de una forma u otra. La Barcelona futbolera que habita y respira en torno a ese equipo de sueños infinitos nada tendrá en común con esa Barcelona golfa y babélica del Raval; y la medieval presencia del Barrio Gótico y el Born, con la simbólica irrupción de Santa María del Mar que tan amplia e irregular novela inspiró a Ildefonso Falcones, probablemente jamás se den la mano con la Barcelona moderna, próspera y rica de la Diagonal o del entorno de esos edificios vanguardistas simbolizados por la torre Agbar; o, tal vez, esa variopinta y heterogénea mezcla que representa esa montaña (también mágica) de Montjuic que alberga tanto una espléndida muestra de pintura y escultura románica y gótica contenida en su Museo Nacional de Arte de Cataluña como la majestuosidad de su mediático Estadio Olímpico. Todo es inacabable e inabordable en esta ciudad, símbolo del catalanismo.
Esas superestructuras que se contienen en una misma ciudad, lógicamente, dan mucho juego para hacer literatura, porque las ciudades literarias no se nutren solo de calles y plaza pintorescas, históricas o artísticas sino de la variedad que conforman sus gentes y sus relaciones, que son los elementos necesarios que pueden elevar a categoría literaria a una ciudad. Y en todo eso Barcelona —como para muchos en el fútbol— gana por goleada.
El viajero ha comprendido que Barcelona va siempre un paso por delante. Eso es muy evidente cuando se pasea por ella. Porque pocas ciudades ofrecen una modernidad tan avanzada como la Ciudad Condal dentro del territorio español; una modernidad que conecta sobremanera con lo más selecto de las ciudades europeas de nuestro entorno.
Locales dedicados al ocio, revestidos de un diseño desconocido por estos lares, comercios diseñados de la manera más vanguardista, gente vestida de la forma más variopinta que pasea por esa infinita riada de personas llegadas de todo el mundo que son sus Ramblas o un mercado antiguo, como el de La Boquería, transformado en un lugar en el que los productos delicatessen se mezclan con los más tradicionales. Todo es posible en esta Barcelona de principios del siglo XXI, en la que el viajero se ha sentido muy a gusto en las vísperas navideñas, que es cuando la ha visitado.

lunes, 11 de junio de 2018

'ME IRÉ CON EL PRIMER VIENTO', 'REFLEXIONES Y POEMAS NOCTURNOS DE UN CORREDOR', 'EQUIS QUERÍA CORRER'...

He titulado así esta entrada porque hablaré de estos tres proyectos acabados o muy cerca de estarlo. Y de camino, reflexionaré sobre la relación entre acabar proyectos y publicarlos. Que nada tiene que ver una cosa con la otra. Veamos. 


Me iré con el primer viento (poemario) 

Es una obra ya acabada -suponiendo que eso sea posible en el mundo de la literatura-. Se trata de un poemario que se compone de un total de entre setenta y ochenta poemas, no demasiado largos la mayoría. Algunos de ellos están publicados en redes sociales, pero muchos otros no. De este libro siempre he obtenido buenas opiniones del sector de editorial, pero, ojo, hay que tener mucho cuidado y distinguir si se trata de opiniones buenas reales o cantos de sirenas para animarte a publicar, porque la poesía no te la publica ninguna editorial a no ser que seas el mismísimo García Lorca y hayas regresado a la vida. No obstante, jamás había obtenido un informe de lectura y mucho menos de un poemario y este libro lo ha obtenido con una calificación altísima, según la editorial el mejor informe que han obtenido de un poemario. Eso no será decisivo a la hora de publicarlo. No por ahora. 




Reflexiones y poemas nocturnos de un corredor (verso y prosa) 

Este proyecto comenzó hace unos meses estando lesionado. No podía correr, así que por la noche rememoraba sensaciones y comencé a escribirlas en la tablet, influido por un pequeño libro que me prestaron (habrá que dar la razón a J.J. Benitez y pensar que no existen las casualidades) y que abordaba el correr en forma de prosa y con fotos. Así que decidí escribir 42, que son los kilómetros que tiene un maratón, que no contarán con más de 200 palabras cada una, calculo. Unos meses antes había acabado el poemario y extraje los poemas relacionados con correr (siete en total; unos 200 versos) que conformaban un capítulo independiente, con la idea de algún día escribir un libro de poemas integrado tan solo por versos sobre correr, que aunque parezca una frikada, a veces me salen. Así que vi la oportunidad perfecta de integrar esas reflexiones y los poemas y de ahí el título; y como quería que hubiera fotos en blanco y negro con temática sobre correr, comencé a seleccionar algunas que tenía tomadas y comencé, también, a tomar otras. El resultado final es un libro de unas 100 páginas, que me gustaría se tratara de una pequeña joya que pueda leer tanto el corredor como el no corredor. Este libro, al igual que el anterior, no admite tan solo versión digital, así que habrá que buscar la ocasión para publicarlo en papel, a pesar de que es un producto por el que pocas editoriales apuestan. 

Equis quería correr (novela corta)   

Hablo de esta novela porque, contra todo pronóstico, de las tres comenzadas y un esbozo de una cuarta, es la que está más cerca de concluirse. No será una novela larga. En fase de borrador está en unas 40 000 palabras, por lo que es posible que acabe en ésas o, tal vez, en unas tres o cuatro mil más, depende mucho del desarrollo que le dé a la historia. En un libro estandar 15x21 podría estar en torno a las 200 páginas. No estoy muy seguro cómo se publicará. Es probable que tan solo en Amazon, con versión digital y papel, porque no merece la pena enviarla a una editorial grande para que la evalúen -que no lo harán si eres desconocido- y apostar por las editoriales pequeñas es una temeridad porque no la distribuyen, no la promocionan y cuesta un mundo recuperar los derechos, es decir que se muere, como ya me ha ocurrido con algún que otro libro. Lo que no está claro es que el título final de la novela sea éste ni que el personaje acabe por llamarse Equis, que es el nombre provisional que ahora tiene. Haría una encuesta.        


viernes, 8 de junio de 2018

LIBROS: LA TIENDA. AUTOR: PEDRO RUIZ-CABELLO FERNÁNDEZ


Autor: ISBN: 978-84-948785-4-1Categoría: Editorial: Atlantis

15,00

SINOPSIS:



JOSÉ, UN MODESTO TENDERO DE UN PUEBLO PEQUEÑO, CONOCE EN SU EDAD ADULTA A ENCARNITA, UNA JOVEN DE DIECINUEVE AÑOS, DE LA QUE SE ENAMORA PERDIDAMENTE. LA PASIÓN QUE SIENTE POR ELLA LO ARREBATA, LO LLEVA A SOÑAR Y A PADECER TERRIBLES DESENGAÑOS CUANDO LA REALIDAD LO DECEPCIONA. ES UN AMOR IMPOSIBLE QUE LO ATRAPA Y QUE ACABA CONVIRTIÉNDOSE EN UNA OBSESIÓN. POR LA TIENDA PASAN MUCHAS PERSONAS: ES UN LUGAR DE ENCUENTRO. JOSÉ SE VE PRESIONADO POR LA SOCIEDAD EN LA QUE VIVE, REGIDA POR ANTIGUAS CONVENCIONES. SUS SALIDAS POR LOS ALREDEDORES LE PERMITEN DESAHOGAR SU ESPÍRITU, HASTA EL PUNTO DE QUE LOS PAISAJES COBRAN UNA GRAN IMPORTANCIA EN LA HISTORIA. HAY MOMENTOS DRAMÁTICOS EN LOS QUE JOSÉ SE DESESPERA; INSTANTES EN LOS QUE, IMPULSADO POR EL AMOR, EXPERIMENTA UN PROFUNDO GOZO. LA NOVELA PODÍA ACABAR DE DIFERENTES MANERAS, PERO AL FINAL DA UN GIRO QUE CONFIERE UN NUEVO SENTIDO A TODO LO QUE HA OCURRIDO EN ELLA.


COMENTARIO: 

   Acabo de leer esta novela corta de Pedro Ruiz-Cabello Fernández. Siempre intento atrapar la sensación primaria que experimento cuando acabo de leer un libro, con independencia de qué tipo de libro se trate. Obviamente, si se trata de un libro de ficción, como es el caso que comento, esa sensación primaria pasa por tener una idea de enriquecimiento, de satisfacción, que no siempre se consigue; una sensación que buscamos cuando acabamos de ver una buena película, observado una obra de arte pictórico o escultórico o, como en el caso, la lectura de un libro. En el caso de La tienda, la última novela del escritor de Atarfe (Granada), la sensación ha sido de fresco enriquecimiento y, sobre todo, de haber experimentado el viaje lector de asistir a la construcción de una historia sencilla pero compleja al mismo tiempo, como complejo es siempre el amor y, sobre todo, el proceso de enamoramiento. 
   En la presentación de esta novela, hace tan poco unas pocas semanas, se aludió con bastante énfasis al amor, al proceso de enamoramiento, el cual está presente a lo largo de la novela. Y es así porque el autor disecciona con la precisión de un cirujano todo ese proceso en la persona ficticia del personaje principal de la novela, José, un modesto tendero de pueblo, que como se puede leer en la sinopsis, el amor hacia una joven lo arrebata hasta el punto de convertirse en el centro de su vida. No obstante, el autor, que posee un lenguaje poético muy identificable y que vuelca en sus novelas, no elabora un único mosaico en el que la figura del amor sea el único componente, sino que también centra su trama en enriquecedoras conversaciones con clientes, vecinos y amigos que visitan su tienda de manera habitual, aludiendo en esas ricas conversaciones a otros temas importantes de la existencia y vida del ser humano, que visto desde la óptica local de un pueblo pequeño consigue plasmar algunos de los grandes temas que han interesado desde siempre a la humanidad a través de esas meras conversaciones tan frecuentes en las antiguas tiendas y tabernas de barrio y de las que hemos sido testigos muchos de nosotros, entre ellos, quien suscribe al haberse criado en una taberna de pueblo y haber tenido la ocasión de escuchar discursos y conversaciones de toda índole, a pesar de ser pronunciados por personas que, en muchas ocasiones, no sabían ni leer ni escribir. 
   Otro aspecto importante en la literatura de Pedro Ruiz-Cabello es la descripción literaria del paisaje, algo que él mismo ha destacado en más de una ocasión cuando le ha tocado hablar de sus libros, cuya inspiración siempre ha dicho le llega de uno de sus escritores predilectos, Gabriel Miró, un gran paisajista literario.
   La novela se lee con emoción y enorme interés. Cuenta además con una estructura sólida y bien definida a través de un pequeño elenco de personajes secundarios corales que acompañan al lector en toda la historia y con los que éste acaba conviviendo a través de esas breves pero exhaustivas conversaciones. Personajes como D. Ángel, Alfonso, Andrés o el propio Antoñito, sobrino de José, que asiste con interés a algunas de las conversaciones que allí se refieren. 
   Como ya se ha aludido de pasada, una virtud de la literatura de Pedro Ruiz-Cabello es saber trasladar al lenguaje literario universal el lenguaje y trama local del pueblo que a él le inspira, que no es otro que el suyo propio, en el que ha nacido y reside a pesar de que él jamás hace alusión al nombre del mismo, aspecto que quien este comenta valora como algo muy acertado, porque de esa forma el lector podrá trasladar a su propio terreno todos esos elementos comunes que forman parte de las novelas del autor.
   Por tanto, opino sin andamiajes que La tienda es una novela mayor, una novela que cuenta con los ingredientes necesarios para serlo y llegar a un amplio público lector, sobre todo a aquel que se mueve con soltura en los grandes temas de la literatura universal. 

lunes, 4 de junio de 2018

UN GORRIÓN EN LA FAMILIA Y OTRAS REFLEXIONES

Resultado de imagen de GORRION PEQUEÑOAdquirí la costumbre este pasado invierno -muy duro en Granada- de alimentar en mi amplia terraza a gorriones. Eran mayoría de éstos los que venían, pero también llegó alguna que otra paloma y algún que otro tipo de pájaro de mayor tamaño. Y esa costumbre diaria hizo que alguna hembra de gorrión se quedara a anidar en un tejado pequeño que cubre uno de los elementos de la terraza. Lo advertí por el inarmónico piar del o los guacharros, que iban aumentando su sonido y su armonía a medida que crecían con gran rapidez. Desconozco si sobreviven todos los que nacieron aunque me temo que eso es difícil que ocurra, pero sí pude ver a alguno de ellos ya crecidito que ha hecho del pequeño tejado su hogar y de vez en cuando sale de su nido o espacio habilitado para comprobar si puede volar. Desconozco también si el que veo es siempre el mismo o son distintos, pero también le he dispensado alimento. El resultado final es que ahí siguen buscando la forma de alimentarse o buscando la forma para atreverse a echar a volar, a pesar de la altura considerable que hay. Como es lógico, no seré yo el que les meta prisa. Esta es su casa y lo saben. 
Lo curioso es que he faltado unos días de casa y al regresar lo primero que escuché es su anárquico piar. Esbocé una sonrisa porque no me acordaba que los dejé ahí cuando partí. Algo similar a cuando uno o varios miembros de una familia se van una temporada de casa pero quedan uno o varios miembros en el hogar. De ahí que no haya tenido la sensación que la casa haya quedado vacía y sola.

Por un mundo más respetuoso con los animales

En este mundo en el que vivimos, los humanos solemos ignorar demasiado a las distintas especies de animales que nos rodean. No se trata de que las ignoremos en el sentido de dejarlas vivir, que sería lo justo, sino que esa ignorancia viene referida a un desdén mayúsculo hacia ellas que se convierte en el germen del uso violento que ejercemos contra éstas, ya sea para utilizarlas como comida, diversión, usar sus pieles o sus plumas o, sencillamente, despreciándolas por considerarlas inferiores. No existe una empatía humana generalizada hacia esas muchas especies que conviven con y entre nosotros, en la mayoría de los casos ofreciéndonos múltiples opciones que mejoran nuestra calidad de vida porque son aún más necesarias que nosotros mismos para el equilibrio medioambental. En realidad, vemos a las demás especies como seres vivos que están a nuestro servicio, actitud que adquirimos culturalmente desde la infancia porque así está asentado en nuestra sociedad e, incluso, en nuestras religiones. Sin embargo, a poco que observemos encontraremos en todas y cada una de ellas virtudes y habilidades plausibles que nosotros no poseemos. Nosotros poseemos una supuesta inteligencia, no siempre bien empleada, pero en otros aspectos somos inferiores. No tenemos la visión del águila ni el oído del perro ni la agilidad de los felinos ni la audacia de los reptiles ni la fuerza del elefante o del caballo, pero eso lo pasamos por alto porque consideramos que con tener una inteligencia superior ya es más que suficiente.
Hemos de cambiar nuestra mentalidad y tender a una línea antiespecista que sirva para igualar las virtudes y también los defectos que tenemos entre sí las distintas especies. Es la única forma de llegar al respeto hacia todos los animales que pueblan el planeta.              

domingo, 3 de junio de 2018

UNA CUESTIÓN DE PESO



Para los corredores siempre hay una cuestión de peso en su mente. Al peso físico me refiero. Es lógico que sea así. No sólo porque les parece más estético estar delgados —que quizá sea la cuestión más superficial— si se dedican a correr habitualmente, sino porque un menor peso siempre posibilitará que puedan correr mejor y castigar menos la musculatura de sus miembros inferiores. Pero no todo el mundo tiene una predisposición genética a perder peso con facilidad y a estar siempre delgado, ni siquiera los corredores habituales. Por lo general, la mayoría de la gente aumenta de peso con la edad por una razón muy sencilla: por poco que se coma, siempre se ingieren más calorías que las que realmente gastamos al necesitar el organismo menos energía para subsistir y existir un mayor número de aparatos eléctricos y electrónicos, así como artilugios de todo tipo que, sí, hacen nuestra existencia más cómoda, pero también contribuyen a que nos movamos menos. Todo lo positivo también tiene algo de negativo. Un ejemplo muy sencillo: el mando a distancia que tienen todos los aparatos del tipo que sean hace muy cómoda nuestra vida, pero tiene el inconveniente de evitar la movilidad necesaria para conectar, desconectar o graduar el aparato que controla. Podrá parecer poco significativo, pero sí lo es, sobre todo si consideramos que se trata de una actividad —inactividad en este caso— diaria. Además, se da la circunstancia que la comida que consumimos cada vez está menos elaborada y es más insana, así como provista de elementos químicos y grasas saturadas o transgénicas que no convienen nada a nuestro organismo. Es innegable que con el paso de los años alcanzamos un mayor estatus económico “o al menos era lo habitual antes de la pertinaz crisis”, y eso hace que nuestra vida sea más hedonista, sedentaria y cómoda. Y esa vida hedonista, invariablemente, siempre tiene un fiel aliado: el cuerno de la abundancia, repleto de viandas y bebida; más de las que podemos y debemos permitirnos. Así que todo esto sumado produce consecuencias catastróficas. Hay que añadir también un factor nutricional, porque no se trata solo de lo mucho o poco que se coma sino del tipo de productos que se consuman, ya que todas las calorías no son iguales. De hecho, las más caloríficas suelen estar más unidas al placer culinario y los menos a la vida más ascética y ordenada, que suele exigir sacrificios añadidos. Los corredores, a pesar de que gastan más calorías que la media, no son de otro planeta —bueno, algunos sí— y sucumben también a esa vida cómoda, a esa comida basura y a esa bebida azucarada que se encuentra por todas partes, hasta el punto de que tienen que hacer un verdadero esfuerzo para abstenerse. El corredor en ciernes, ese que va adquiriendo el hábito de correr, no es consciente al principio de los hábitos culinarios que ha tenido antes de iniciarse en el deporte. Comprueba —y comprueban— que va perdiendo peso, pero aún no es capaz de asimilar por completo si se debe a esa afición de devorar kilómetros por caminos o al cambio de hábito alimenticio; o a ambas cosas. Sabe que se siente mejor y que cada vez ignora más esa comida basura que antes le encandilaba. Se podría decir que es un proceso casi natural, como si fuera el propio organismo el que rechazara comer ese tipo de alimentos que nada le aportan. Comprueba asimismo que, si por alguna circunstancia deja de correr durante cierto tiempo, es posible que vuelva otra vez a ese picoteo tan peligroso y, en consecuencia, se dispare de nuevo la báscula. Eso hace que decida volver a correr si cabe con más intensidad. Es como una especie de círculo vicioso. Sí, es cierto que para la población en general está delgado, pero es posible que no lo suficiente para el intramundo que gira en torno al corredor. Lee y se documenta, para acabar llegando a la conclusión que la única manera de poder acercarse a su peso forma es controlar también la alimentación. No hay fórmulas mágicas. Particularmente, mucha gente me pregunta si los corredores hacemos dietas específicas y les contesto que por lo general no; es más, no es conveniente porque, en mi opinión, todas las dietas adolecen de defectos y evitan que ingieras algún alimento básico para nuestro organismo. Lo que hacemos —les digo— es comer de manera sana, evitando atiborrarse y, sobre todo, evitando determinados tipos de alimentos “frituras, grasas saturadas y transgénicas, golosinas, frutos secos en abundancia, alcohol en cantidades altas, bollería industrial, comida basura, el tapeo... etc.”. Lógicamente, cuando les enumeras toda esa retahíla de alimentos prohibitivos la mayoría considera que, en su caso, es misión imposible; pero yo les digo que en absoluto es necesario el consumo de todos esos alimentos perjudiciales, que lo único que provocan es mal alimentarte y hacer que ganes peso. He de decir al hilo de esto, que casi me escandaliza los alimentos que habitualmente comen algunas personas que, además, no hacen ejercicio físico alguno. Por lo que respecta a mi caso particular —que en absoluto soy un purista de la alimentación—, no me supone ningún esfuerzo añadido apartarme de estos productos, pero he decir que tampoco los desdeño si se tercian en determinadas ocasiones. No hay que hacer tabú de ellos. Conviene pecar un poco para no pecar siempre. Por ejemplo, nunca los desdeño cuando viajo por placer porque siempre me intereso por la gastronomía del lugar, sea la que sea, y si ésta incluye alimentos de los denominados “no deseados”, jamás los rechazo porque sé que no me voy a atiborrar ni van a estar presentes en mi dieta diaria, a lo sumo unos cuantos días. Hay que admitir que no siempre se coge peso porque se tenga más grasa. Puede ser que sea porque se tenga más músculo, pero la sensación de delgadez siempre pasa por tener la menor grasa posible. Así que me dije que había que ponerse manos a la obra y fue el pasado junio “de hace unos cuantos años” cuando comencé a reflexionar y a documentarme. Comprendí que había un principio muy básico —exageradamente básico diría yo— al que se referían desde grandes maestros de la nutrición académica, como es el caso de Grande Covián, hasta grandes atletas profesionales, como es el caso del campeón mundial de maratón Martín Fiz: hay que gastar más calorías que las que se ingieren. Pero, a pesar de ser un axioma de fácil construcción, no es tan fácil llevarlo a la práctica, ya que es muy importante que los corredores ingieran los nutrientes y los oligoelementos necesarios para que su dura actividad física no acabe por enfermarles. Así que creí haber dado con la tecla para bajar de peso: disminuir más la ingesta de hidratos de carbono, principalmente, en la cena; alejarme, por completo del tapeo a mediodía los siete día de la semana —lógicamente, advirtiéndoselo antes a los amigos y compas de oficina—, estabilizar el consumo de proteínas —sin que sea necesario llegar a la, en mi opinión, malsana dieta Dukan, como después indicaré—, aumentar el consumo de fruta, eliminar carnes que no sean magras (escrito con anterioridad a que el autor se hiciera vegetariano),  eliminar todo el alcohol de las bebidas espirituosas y no atiborrarme de ninguna comida por poco calórica que sea. Por suerte, hace años, había eliminado de la dieta normal todos esos alimentos basura que antes enumeraba. Lo que he decidido no hacer, porque por ahora no es necesario, es eliminar la cerveza. Cada día proliferan más estudios rigurosos en los que se deduce que la relación entre el correr y la cerveza es amigable ¿Llegaré a ese menor peso propuesto con este plan? Estimo que sí. Al menos voy camino de ello. Pero, aconsejo, que cada uno adapte y adopte su propio sistema, el que le vaya bien, sin agobios ni obsesiones. No olvidemos que cada cual es dueño de una genética, una fisonomía y unas necesidades distintas. Y, si es posible, siempre es conveniente estar bien aconsejado por profesionales, tanto endocrinos como dietistas, si se trata de llevar a cabo algún cambio serio en la alimentación.  

martes, 15 de mayo de 2018

LA MADUREZ DEL ESCRITOR INDIE

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Es común que quienes dedicamos gran parte de nuestro tiempo libre a escribir (porque no somos profesionales y hay que compartirlo con un trabajo remunerado que nos posibilite pagar las facturas) vayamos atravesando etapas, muy necesarias para hacernos como escritores. Es algo que lo solemos comentar entre nosotros, bien cuando hablamos en el plano físico como en el virtual, mucho más común en la actualidad. Esas etapas han de darse de manera progresiva y sería inútil forzarlas o tergiversarlas. Son etapas de madurez, de autocrítica, de perfeccionamiento, de solidez... Etapas que son, en ocasiones, inacabables e inabarcables, dado que la literatura es un arte -como todo arte- que no deja de exigir perfección. Una de éstas es el perfeccionamiento, mejoramiento y corrección de tus propios textos, al tiempo que la necesaria autocrítica, que siempre será positiva porque ayuda a crecer.
Cuando comenzamos a escribir y a publicar somos ingenuos. Nos vence la ilusión y falta de paciencia por publicar; porque hoy día ya no es necesario hacerlo con una editorial que acepte nuestra obra. Sin embargo, ahí radica el principal problema y la trampa más temible. Hemos de partir de la base que tampoco se asegura la perfección en la expresión lingüística, semántica, ortotipográfica y de estilo publicando con una editorial tradicional potente y prestigiosa, pero sí es seguro que el producto final será mejor o, al menos, más cuidado. A sensu contrario, publicar por tu cuenta, gracias a las múltiples posibilidades que ofrece hoy día la era digital y editorial, tiene sus riesgos. De ahí que no sea igual autopublicarse que autoeditarse. Es completamente comprensible que la mayoría de quienes publicamos optemos por estas dos vías, pero para evitar esos riesgos y problemas a los que me refería, cada vez es más necesario acercarse a la autoedición cuidada y profesional y apartarse de la autopublicación que casi nunca cuenta con las garantías y profesionalidad exigida a un producto decente, que en este caso será tu propio libro y por ende, tu propia carrera como escritor. En la parte intermedia, existen gran cantidad de pretendidas editoriales que ofrecen sus servicios de autopublicación, pero pocas apuestas por servicios de autoedición de calidad. A todo este proceso se ha dado en llamar autor indie, que es un autor que se convierte en dueño de todo el proceso creativo y editorial, radicando en varias o todas esas fases de ese proceso su principal problema y error. 
Si una editorial solvente, una vez entregado el manuscrito del escritor al que desea publicar, necesitar atravesar todas esas fases desde que se entrega el manuscrito al editor, ¿por qué un autor indie no ha de asumirlas todas de igual manera? Efectivamente, en ambos casos hay que asumirlas todas y cada una de ellas, la única diferencia está en que en el primer caso será la propia editorial la que las asumirá, aunque no todas las editoriales las cumplen todas a rajatabla, y en el segundo, en el caso del autor autoeditado, deberá de asumirlas él mismo, para lo cual se aconseja que lo haga contratando los servicios de profesionales adecuados que le corrijan la obra, la diseñen la portada, le maqueten el texto y le impriman los libros. Luego, llegará la labor más correosa y, tal vez, difícil, como es la promoción de sus propios libros, aspecto éste que bien llevado y trabajado da resultados excelentes, según vemos en muchos casos, gracias, sobre todo, a la innovación actual de las plataformas digitales como Amazon, que se ha convertido en la librería virtual más grande del planeta. Sobre esto habría mucho de qué hablar y exigiría nuevos artículos, que poco a poco irán llegando. Baste plasmar en éste esos elementos básicos que establecen de manera diferenciada la forma de edición. Y que sirva también lo aquí explicado como argumento válido de lo que apuntaba al principio sobre esa etapa de madurez a la que vamos llegando los que ya tenemos más de un libro publicado, una etapa de madurez que hace que te conviertas en un autor indie serio autoeditado en vez de un autor desorientado autopublicado. Porque el problema hoy día no es que que el mercado editorial profesional tradicional no desee publicar a escritores no conocidos o nada mediáticos, sino que muchos de los conocidos y mediáticos cada vez tienen menos cabida en ese sector editorial tradicional, mientras que otros prefieren seguir siendo indies porque les va mejor que siendo publicados por esas prestigiosas editoriales, que exigen muchos sacrificios y ofrecen por lo general, pocos emolumentos y satisfacciones.                 

domingo, 13 de mayo de 2018

AUTOR: SALVADOR FREIXEDO (ORENSE, 1923)

Imagen relacionadaEn esta inmersión que, de vez en cuando, hago en la obra de escritores singulares y, por tanto, desconocidos para el gran público hoy le toca el turno a Salvador Freixedo, un gallego universal de Orense que cuenta con ¡95 años! y aún sigue escribiendo, defendiendo y desvelando asuntos que, mucho me temo, no son del gusto de opinadores políticamente correctos, por lo que, de ahí, su lugar remoto antimediático. 
Curiosamente no descubrí a Salvador Freixedo leyendo ninguno de sus libros, sino a través de YouTube, que es algo muy común hoy día, dado el nivel más que mediocre de las televisiones actuales y el poco o nulo eco por parte del stablisment oficial literario a este tipo de autores. De hecho, lo descubrí en un programa de televisión de finales de los gloriosos ochenta presentado por el controvertido y peculiar Fernando Sánchez Dragó y que se llamaba El mundo por montera, un programa de libros de los varios que ha presentado el escritor español en diversas cadenas y al que le debemos mucho en ese aspecto. Lo que le escuché a Salvador Fleixedo me hizo 'buscarlo' en el universal canal de vídeos y, gracias a ello, lo puede ver en diversas charlas, conferencias, simposium, programas de televisión de países hispanoamericanos, programas de radio y un largo etcétera. Es tan profusa la biografía creadora y tan proteica la actividad de este gallego exjesuita que cuesta seguirle el rastro. Uno de los aspectos por los que este escritor no es conocido por el gran público -pero sí por el especializado- es por su faceta vinculada a la investigación "ovnilógica', como gusta llamar a él. Sin embargo, su interés no está en la aparición o avistamientos de naves y seres presumiblemente venidos de otros mundos o dimensiones, aspectos en los que admite fraudes,  sino en la repercusión exopolítica, es decir, en el asunto conspiratorio que nos ocultan gobiernos y ejércitos de las potencias más importantes del mundo. Solo he leído, hasta ahora, textos parciales de este escritor, pero es conocida su capacidad de derribar mitos y cuestiones en apariencia indiscutibles, comenzando por la propia iglesia, la católica, que lo acogió en su seno durante muchos años y a la que renunció -o fue expulsado, no se sabe muy bien- por considerar que se apartaba de su fin principal. Al pertenecer a los jesuitas, la orden más culta y leída, el acervo intelectual forjado en las más prestigiosas universidades del planeta de este autor es enorme, así como su agilidad mental, bastante atípica en una persona que va camino de los cien años. Es tanta que no es fácil seguir sus charlas por el volumen de datos que intercala e ideas que pugnan en su mente por salir.
No obstante, Salvador Fleixedo no siempre se dedicó al asunto conspiratorio relacionado con los OVNIS, nada de eso. En 1957 escribió un libro titulado 40 casos de injusticia social, que fue publicado en la Cuba prerrevolucionario y que le sirvió para ser expulsado del país, en aquel momento gobernado de forma tiránica por Fulgencio Batista. Pero lejos de amedrentarse, siguió con sus publicaciones polémicas, hasta que llegó el momento en el que decidió escribir un libro titulado Mi iglesia duerme, que fue el que provocó su expulsión de la Orden de los Jesuitas en 1968. Ese libro, por supuesto, fue prohibido en la España de Franco y obtuvo muchas controversias en varios países hispanoamericanos. Por tanto, libre de ataduras religiosas, se dedicó a lo que realmente quería, que no era otra cosa que desenmascarar mentiras y engaños de los gobiernos, sobre todo vinculados al tema OVNI, asunto sobre el que demuestra haber investigado sin descanso y gracias a esto, por lo que ha vivido, le ha sido revelado e investigado, se permite el lujo de afirmar que desde los años cuarenta hay varias razas malignas de extraterrestres trabajando con determinados ejércitos potentes, sobre todo con el de Estados Unidos y que esas razas malignas -porque también las hay buenas, opinión que comparte con otros investigadores como Sixto Paz o J.J. Benitez, aunque éstas no establecen acuerdos con los gobiernos ni ejércitos- lo único que buscan es socavar y manipular al humano, al considerar que la Tierra es una granja para ellos. Suele afirmar que si no abrimos los ojos lo conseguirán y que son muchas y malvadas  las políticas de gobiernos y corporaciones para entretenernos con tonterías mientras se apoderan de nuestras vidas. Visto lo visto, no va muy mal encaminado, en mi opinión. 
Estos son los libros que ha publicado hasta ahora (datos de Wikipedia): 




  • 40 casos de injusticia social (1957)
  • Mi iglesia duerme (1968)
  •  Amor, Sexo, Noviazgo, Matrimonio, Hijos: Cinco Realidades en Evolución (1970)
  • Extraterrestres y creencias religiosas (Extraterrestres y religión) (1971)
  • El diabólico inconsciente (Parapsicología y religión) (1973)
  • Visionarios, místicos y contactos extraterrestres (La religión entre la parapsicología y los OVNIS) (1977)
  • Israel, pueblo contacto (1978)
  • 60 casos de OVNIS
  • ¿Por qué agoniza el Cristianismo? (1983)
  • Diccionario sulfúrico
  • Curanderismo y Curaciones por la Fe (1983)
  • ¡Defendámonos de los dioses! (1984)
  • Las apariciones de El Escorial (Las Apariciones Marianas) (1985)
  • Religión, política y microcefália
  • El Cristianismo: un mito más (1986)
  • Los curanderos (1987)
  • La granja humana (Ellos, los dueños invisibles de este planeta) (1988)
  • La amenaza extraterrestre (1989)
  • Interpelación a Jesús de Nazaret (1989)
  • Apariciones religiosas : mito o realidad? ; una explicación a fenómenos como el de Villa Alemana (1989)
  • Los contactados (1991)
  • Los hijos de la Nueva Era (1992)
  • Los OVNIS, ¿una amenaza para la humanidad? (1992)
  • Biografía del fenómeno OVNI (1992)
  • ¿Qué son los OVNIS? (1993)
  • Fenómeno OVNI: Evidencias (1993)
  • En los límites del universo (1994)
  • OVNIS y dioses depredadores (1995)
  • Las religiones que nos separan (1995)
  • Videntes, visionarios y vividores (1998)
  • Un gallego llamado Cristóbal Colón, redescubridor de América (2002)4
  • La Expaña de Z (2010)
  • Teovnilogía (2012)
  • Iglesia, ¡despierta! (2015)
  

lunes, 7 de mayo de 2018

EQUIS QUERÍA CORRER: LA HISTORIA DE UN PROYECTO QUE ACABA EN NOVELA CORTA

Corrían los últimos años de la primera década de este siglo y yo administraba un blog dedicado, en esencia, a todos los aspectos relacionados con el correr, cuando surgió una historia que fui 'entregando' por capítulos y a la que denominé Equis quería correr. Se trató de un título de los denominados espontáneos, pero que tenía mucho que ver con lo que quería contar. Comenzaba así: 'Equis era un tipo gordo, pero sus amigos  y su familia apostarían su hacienda para desmentir que lo era. Y quería correr. No podía hacerlo ahora, pero eso no importaba demasiado. ¿Por qué no podía correr ahora? Por su volumen, por sus pulmones encharcados de humo, por su hígado rehogado en alcohol, por sus desastrosos hábitos alimenticios. Pero correría. Lo sabía.'  Ése era el principio de la historia y posiblemente lo sea. Luego continuó con una trama, que resultó interesante y emocionante para los lectores del blog de entonces, que eran numerosos he de decir (no existían las redes sociales, aún). Pero aquella historia no continúo como no continúo el blog -que se reconvirtió en éste-, a pesar de que ya tenía contenido para un relato medio. Hasta que un buen día tirando de blog (que como siempre digo es la verdadera casa del escritor de estos tiempos), me reencontré con la historia y me dije: ¿por qué no continuarla? Así que la releí con atención para sopesar las posibilidades que podría tener como novela corta (no quería que fuera larga) y a medida que la leía comenzaban a aflorar ideas, situaciones, personajes.. Una historia de encuentros y desencuentros que es la frase de gancho que he introducido en esta portada de reclamo. El caso que la he estado escribiendo casi a diario desde entonces y ya ha alcanzado las 26.000 palabras en versión borrador. O sea, que está a unas 14.000 palabras de concluirla y luego quedará todo ese proceso de relectura, corrección ortotipográfica profesional y, finalmente, su edición, que no tengo ni idea de cómo será, si bien me inclino por ambos formatos: papel y papel. No será nada inmediato, por supuesto; de hecho, le quedan muchas horas de trabajo, pero ya he conseguido crear una sinopsis más que aceptable y construir una estructura y una trama. Por tanto, ya sé lo que ocurrirá y -casi- cómo acabará. Queda terminarla y concluir todos esos laboriosos y complicados procesos posteriores que he comentado hasta que llegue a tus manos, hipotético lector, que, espero que me acompañes en este proceso.       


MICRORRELATO COMO LA VIDA MISMA: LAS GÓNADAS DEL CAJERO

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