15 agosto 2020

EL RITO DEL QUINCE DE AGOSTO

Anoche, mientras veía un reportaje dedicado a la trayectoria de Martín Fiz, tal vez el mejor maratoniano patrio, junto a Abel Antón, no tenía nada claro que pudiera cumplir el rito de correr –siempre el quince de agosto, como cumplo el de correr en Nochebuena y en Nochevieja. Estaba aún semipostrado por decisión propia para esperar que bajara el dolor y alguna inflamación de mi Talón de Aquiles (valga el doble sentido del término), por lo que había decidido un parón de tres semanas, porque sé que es suficiente para volver a iniciar la actividad atlética. Pero la mala fortuna, o la buena, hizo que estuviera de por medio en ese parón voluntario el quince de agosto o, tal vez, el subconsciente fue acumulando las imágenes del documental de Martín Fiz y poco a poco se fue creando en el lugar en el que se genera la voluntad la idea de ir a correr. Aún así, no hice preparativos algunos, que es lo que hago habitualmente cuando tengo programado correr a la mañana siguiente. Decidí sin más dedicarme a leer en mi terraza y el frío de las noches agosteñas del sur aconsejó que me fuera a la cama, donde continué leyendo. Hasta ese momento, la fabrica de la voluntad aún no había acabado su producto y me dormí sin la advertencia subconsciente de que tenía que irme a correr.

Pero llegó la luz de la mañana y di el primer paso en el suelo al saltar de la cama. Comprobé que, como todas las mañanas, al estar la sangre de la zona dañada aún dormida, el dolor afloró, pero no tanto como para que desdeñara salir a correr. Además, me encontraba muy bien. Se supone que había descansado lo suficiente. 

Así que hice lo que siempre hago: tomarme un café solo con cuatro almendras naturales, que tan bien me van para las fuerzas de la carrera y nada impiden la digestión. Busqué un pantalón muy corto, de competición y –curiosamente– al meter la mano en la balda del armario donde tengo sin orden toda la ropa técnica apareció la camiseta técnica de tirantes Joma que me obsequiaron en el Maratón de Sevilla de 2009 en el que pudimos ver a Abel Antón corriendo porque él ganó allí su segundo campeonato del mundo de Maratón. Es posible que el destino, en ocasiones, sea así de juguetón.

Por lo tanto, complacido por mi buen estado y por la casualidad, me fui a correr diez deliciosos kilómetros, para lo cual elegí camino blando –aunque pedregoso– de vega y zapatilla Scott Kinabalu, ultrarreforzada, de trail. No me apetecía jugar a los dados.

Comprobé enseguida que, a pesar de ser aún las diez de la mañana,  no se trataba de una mañana agosteña. El calor no golpeaba como si lo ha hecho hace unos días. Supe enseguida que se trataría de un entrenamiento de quince de agosto muy atípico porque el calor no me azotaría con tanto descaro la cara ni las piernas, a pesar de que calor hacía, cómo no, me dije, si estamos en agosto. Comprobé también que a pesar del parón de dos semanas no había perdido ritmo; en todo caso, apareció un pequeño atisbo de debilidad muscular en las piernas, pero es algo normal, porque es de común conocimiento entre nosotros que el músculo es fuerte, sí, pero también dado a comodidades y se suele desinflar a la menor oportunidad que se lo permites.


Por lo tanto, cuando enfilé este maravilloso camino de vega, cuya vista parcial se aprecia en la fotografía, rodeado de silencio, paz y naturaleza, además de esa presencia permanente de la historia del lugar, junto a la Acequia Gorda, tan dada a épicas históricas en esta tierra granadina, comprendí que todo se confabuló para que pudiera cumplir ese rito del quince de agosto. 

Porque pasan los años y cada vez es menos posible hacer apuestas con el destino, pero reconforta que pasen pudiéndolo cumplir. 


4 comentarios:

  1. Aunque yo no soy muy de hacer deporte, salvo el de caminar, no he podido aguantar la tentación de escribir sobre esta publicación. Y es que yo, cuando escribes de deporte, llevo mis pensamientos sobre el tema a un estadio digamos "superior". O, por llamarlo de alguna manera "filosófico". Y es que para ti correr es parte de tu vida. Y cuando tienes que hacer un sacrificio para poder correr, para ti no supone realmente un sacrificio. El ejemplo lo tienes en que hoy has salido a correr, a pesar de no estar del todo en forma. El documental de Martín Fiz que viste, seguro que contribuyó en parte a que no te lo pensaras dos veces para salir a correr. Pero yo creo que es sobre todo la fuerza de voluntad lo que te ha hecho que salgas a correr sin pensártelo dos veces. Quizás, esa camiseta de del maratón que corriste junto a Abel Antón en Sevilla en el año 2009, tenga su pedazo de culpa de que hayas salido con ganas de devorar cientos de metros corriendo. Sí, tocayo, el destino es caprichoso en muchas ocasiones. Un abrazo tocayo.

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    1. Así es José Antonio. El ritual va más allá del deporte. Es una especie de asunto espiritual conmigo mismo, con el tiempo y la memoria. Un abrazo.

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  2. Amigo es estupendo que año tras años, esos días sean claves para ti y celebrarlo con una ruta por tu Vega haciendo kilómetros. Cómo bien dices, pasan almanaques y parece que ya no se sabe que va a pasar, pero me alegra saber que éste 15 de agosto también has disfrutado de tu ritual. Agosto es un mes estupendo para todo, para leer, sestear, ver cine, etc...es como un adelanto de lo que será nuestro retiro del mundo laboral. Seguro que cuando llegue no nos vamos a aburrir. Un abrazo

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    1. Doblemente satisfecho, Paco, porque además del cumplimiento del rito, salir a correr el 15 de agosto ha supuesto para mí talón de Aquiles una mejora incomprensible. Será porque lo espiritual, lo puro se transmite a lo físico de manera directa. Un abrazo, amigo.

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Sin tu comentario, todo esto tiene mucho menos sentido. Es cómo escribir en el desierto.

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