23 agosto 2020

99 DÍAS QUE PODRÍAN CAMBIAR EL MUNDO (DE PRÓXIMA PUBLICACIÓN): OCTOGÉSIMO OCTAVO DÍA


Amigos, inserto aquí el aparece en mi diario como octogésimo octavo día de mi libro 99 días que podrían cambiar el mundo. Espero que lo disfrutéis:



Veo una película y consigo no ver los anuncios gracias a la facilidad que ofrecen las modernas plataformas de televisión a través de la red. Pero en un intermedio me descuido y comienza un avance informativo y todo me parece de otra realidad distinta a la mía. Veo al presidente del Gobierno de España hablando con una mascarilla y la impronta distópica de estos meses que creía ya olvidada vuelve a surgir. No sé de qué está hablando porque he suprimido el sonido, pero parece estar convenciendo a sus colegas en el Congreso. Me cuesta comprender todo lo que me rodea, tal vez porque he perdido el hábito de seguir las noticias, incluso de leer los periódicos. No sé a qué ritmo va el mundo, tan solo percibo el ritmo de las cosas que hago cada día sin necesidad de asomarme apenas a la calle. Este periodo me ha enseñado muchas cosas o, al menos, yo he intentado aprender, y lo que he aprendido sobre el comportamiento de las personas no es nada positivo, en general. He asistido o he conocido casos muy puntuales de gente honestísima que ha sabido ver con sentido común las cosas y ha actuado en consecuencia, pero me sorprende que sean tan pocos. Por el contrario, he visto hordas en los supermercados en los primeros días de confinamiento y personas ansiosas haciendo cola para coger una mesa en alguna terraza de un bar como si se tratara de algo imprescindible en sus vidas, u otros incumpliendo las distintas normas que dictaban las autoridades en las distintas etapas. Nada de eso me ha gustado. Todo lo contrario, ha creado en mí un fuerte desánimo sobre la condición humana al haber comprendido que estamos mal diseñados como seres humanos o simplemente como seres vivos. Sin lugar a duda el reino animal se ha comportando con mucha más sensatez: han ocupado espacios que no ocupaban en años por la presencia humana; han poblado los campos compenetrándose con el medio ambiente; han llegado desde altar mar para pasearse junto a puertos y playas; han bajado elevados riscos para conocer cómo vivimos en nuestras cómodas ciudades; han volado desde grandes distancias para posarse en nuestros árboles urbanos…Son tantas las cosas sensatas que han hecho los animales durante nuestro confinamiento que solo de ellos he aprendido.

4 comentarios:

  1. Estimado amigo, me da la impresión que este libro es "otra cosa" o mejor dicho, es diferente a lo que has escrito hasta ahora. Vamos a ver a un José Antonio en profundidad, muy maduro en sus reflexiones y que nos va a sorprender por su singular forma de ver la vida, las personas y este mundo absurdo, insensible e insolidario. Yo, ya te lo adelanto, estas reflexiones son las que siento, pero que me es difícil de sacar y más de expresar con palabras. Así que lo voy a disfrutar muchísimo. Enhorabuena amigo. Un abrazo

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    1. Amigo Paco, vas bien encaminado y solo te ha bastado un par de muestras para captar la filosofía de este libro. Hay reflexiones sinceras,descritas en caliente como debe ser en un diario y, sí, una visión no demasiada optimista del mundo. Y también algo sobre correr, que es nuestra forma de interpretar el mundo. Un fuerte abrazo.

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  2. Tocayo, ese día de tu vivencia durante los 99 días con los que describes tu "sentir" durante el estado de alarma, es el preludio de un libro que nos va a invitar a, al menos "pensar". A poner los cimientos para luego, "hacer lo correcto". Pero eso es tan difícil tocayo. Así es, parece que las normas están para desobedecerlas. Lo suficiente es que existan, como para que se incumplan. En ese tiempo que por fuerza le hemos cedido, los animales han ocupado lugares que les habíamos usurpado. Ver a unos patitos, con mamá pata en cabeza, cruzando una carretera, o incluso flotando majestuosamente en una piscina privada; entre otros muchos animales que han ocupado espacios que antes les teníamos vetados; es algo maravilloso. Ya se sabe, siempre se ha sabido, que el ser "humano" va por su cuenta. No respecta normas. No respeta al prójimo. Por no respetar, no respeta ni al propio sentido común; que ya es no respetar. Eso sí, el ser "humano" es muy "sociable" por naturaleza. Si por sociable entendemos, en el caso de una parte de los jóvenes, salir, beber y fumar, en muchos casos, para que simplemente no los vean como "bichos" raros. Y en el caso de todas las personas en general, salir a los restaurantes, hacer colas en las carreteras para ir a la playa, reunirse con familiares y amigos, para darse esos "cariñitos", con abrazos y besos, de los que puede que en algunos casos se adolezca... Y todo lo que sea salir de la casa para estar con unos y con otros, de una forma, en gran parte de los casos, yo creo que un poco superficial. Más que estar con los "otros", yo diría que, para estar con la multitud. Quizás, y seguro que me equivoco, porque las personas no somos en muchos casos tan "profundas" como creemos. Creo que tu libro va a ser una buena radiografía de lo que has "experimentado" durante esos 100 días menos uno. Ya sabes, tocayo, que no es fácil hacer "sentir" a los demás lo que uno siente.

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    1. Gran comentario tocayo. Para enmarcar. Aglutina muy bien la filosofía de este libro que se que leerás a pequeñas dosis, que es como aconsejo leerlo. Mucho tendremos que comentar sobre él en nuestros grandes soliloquios digitales. Un fuerte abrazo.

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Sin tu comentario, todo esto tiene mucho menos sentido. Es cómo escribir en el desierto.

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