miércoles, 30 de octubre de 2013

UN CUENTO GÓTICO:LA APUESTA (II)

(Continuación. Pincha aquí si aún no has leído la primera parte) Así, que siendo ya casi la medianoche y en la más absoluta oscuridad del pueblo, enfilaron una larga y embarrada calle, que al poco se convertía en un estrecho camino cuando se superaban las últimas casas del pueblo. Atravesaron varios campos y cruzaron varias acequias, que en ese momento mostraban un caudal inusual a causa de la lluvia de los últimos días, y al final de una de las últimas cuerdas de olivos, ya se podía vislumbrar recortada bajo la tenue luz de la luna la silueta de la negra puerta de hierro del cementerio, coronada en lo alto por una ajada cruz de hierro enmohecido. Tendrían que llegar hasta esa misma puerta y rodear la tapia más septentrional para poder acceder al recinto por una de las más bajas del mismo que se alzaba irregularmente en un vado.
               Entre bromas y algún que otro aullido jocoso, los cuatro amigos despidieron al quinto, mientras que éste con movimientos lentos e inseguros trepaba a la fácil tapia y de un salto que sonó seco y lejano, entró en el interior del cementerio. Todavía se le podía ver volviendo sus asustados ojos hacia sus amigos mientras se adentraba por las estrechos pasillos que dejaban las tumbas entre sí. En una mano llevaba un madero carbonizado para escribir la palabra convenida en los maderos del ataúd y en la otra un hierro puntiagudo, que con ayuda de una piedra clavaría junto a la tumba elegida, según el contenido propuesto de la apuesta. La oscuridad, el lugar, la noche cerrada y la capa volando al viento del infeliz, que se adentraba a pasos inseguros en aquel siniestro lugar, ofrecían a los amigos un espectáculo sin igual. Pero cuando el amigo ya no se percibía, tragado por la oscuridad del sagrado lugar, en dirección al rincón más escondido del mismo para encontrar la tumba propuesta, los amigos, divertidos y satisfechos, se dieron media vuelta y se dirigieron a sus respectivas casas.
               La apuesta concluía con la visita al cementerio a primera hora de la mañana para comprobar que todo se había hecho de acuerdo con lo convenido; que encontrarían la palabra escrita en los vetustos maderos del ataúd y el hierro clavado junto a la tumba.
               A la mañana siguiente, a la hora convenida, el grupo se había citado al rayar el día en la plaza del pueblo para, desde allí, dirigirse al cementerio. Pero el ejecutante de la apuesta no se presentó. Uno de los amigos aludió a que era probable que se hubiera quedado dormido; otro a que el miedo que habría pasado le impedía salir de su casa, de manera que divertidos los cuatro allí citados se dirigieron al cementerio. Saltaron por la misma tapia por la que la noche anterior había saltado su amigo; recorrieron los estrechos pasillos que dejaban entre si las tumbas y tras unos minutos llegaron a la zona de 'los ahorcados'. El lugar en sí, ya era siniestro a plena luz del día, por lo que no podían ni imaginar cómo sería en la noche cerrada. Se dirigieron, no sin temor, a la tumba del Conde de Cubillas y cuando aún no habían llegado, pudieron ver la imagen más horrible que jamás habían visto y que, probablemente, jamás verían.
               Asustados y perplejos a partes iguales encontraron a su amigo en posición fetal con el cuerpo aterido de frío y humedad. Sus desencajados ojos mostraban la misma imagen del terror y sus manos estaban semienterradas en la húmeda tierra, observando con horror que sus dedos habían perdidos sus uñas, las cuáles, ensangrentadas, se mostraban clavadas en la tierra. Su amigo estaba muerto y ahora una pregunta tediosa iba tomando forma en la mente de cada uno de ellos. Horrorizados y con la mirada ausente, miraron a la tumba abierta del Conde de Cubillas, en cuyo extremo afloraban dos maderos viejos y sucios. En uno de ellos estaba escrita con carbón negruzco la palabra 'maldito', que había sido la propuesta, y junto al cuerpo de su amigo pudieron ver el hierro clavado en la tierra.
               Pero volvamos a la película de los hechos, al momento de la noche anterior, en el que los cuatro amigos veían al desafortunado penetrar entre los estrechos pasillos del cementerio, perdiéndolo poco a poco de vista, porque ninguna explicación oficial u oficiosa podrá ser tan esclarecedora sobre lo que realmente ocurrió en aquella soledad tan ominosa y terrible que la propia narración de los hechos.

               Cuando el amigo volvió la cabeza ya no pudo contemplar a sus cuatro amigos. Por tanto, comprendió que ya no había vuelta atrás. Se sintió el ser más solitario del mundo. Así que sabedor que tenía una misión que cumplir y que quería cumplirla cuanto antes, se dirigió hacia la zona de las tumba de 'los ahorcados'. La imagen que penetró por sus asustados ojos era terrible: una miríada de viejas y decrépitas tumbas desperdigadas a lo largo y ancho de un terreno irregular, protegidas cada una de ellas por una irregular valla de puntiagudos y oxidados hierros, que actuaban a modo de penitencia de quienes habían dispuesto de su vida sin permiso del Altísimo. Cuando los ojos se acostumbraron a la oscuridad, pudo ver en un extremo  la tumba del Conde de Cubillas a la que se dirigió raudo y decidido. Era una tumba imponente, propia de alguien adinerado e importante, a pesar de que se encontraba en un estado desastroso, creando ese aspecto aún más desasosiego. Entró en ella por el amplio espacio que dejaban los hierros abiertos y rotos de la valla y, a través de un amplio espacio abierto en la propia lápida, penetró en el hoyo en cuyo interior se esparcían las decrépitas maderas del ataúd. Intentó no fijar la vista en aquella espeluznante  oscuridad, pero no pudo evitar contemplar las deshilachadas y amarillentas sábanas de la mortaja. Tal y como estaba previsto, escribió la palabra 'maldito' en uno de los maderos con el carbón que llevaba en la mano izquierda y, sin demora, salió al exterior para disponerse a clavar el hierro en la parte más blanda de la tierra que rodeaba la tumba. Cogió un trozo de lápida y comenzó a golpear el hierro, el cual no encontró apenas resistencia en la tierra. Los golpes del trozo de mármol de la lápida contra el hierro en aquel lugar silencioso y a esa hora de la noche sonaban a crimen secreto y eso le inquietó aún más, pero intentó quitarse de encima esos pensamientos y acabar cuanto antes. Así que cuando se aseguró que el hierro estaba totalmente clavado en la tierra, se incorporó para salir de allí lo más pronto posible con la sensación de haber cumplido su deber pero aún temblando de miedo, el cual no había desaparecido ni un segundo desde que entró en el recinto. Todo lo contrario.
               Entonces fue cuando ocurrió lo más inesperado. Comprobó como el impulsó que había tomado para incorporarse fue baldío porque algo o alguien le asía la capa y no le dejaba avanzar ni un centímetro. Su mente se le nubló y sus piernas se quedaron sin fuerzas. Gritó todo lo que pudo y suplicó que le soltaran, pero sus súplicas no obtuvieron respuesta favorable. Sin tener valor suficiente para volver la vista y comprobar qué estaba ocurriendo, intentó deshacerse de la capa, pero atribulado como estaba, tan sólo conseguía asegurar aún el más nudo adosado al cuello hasta el punto de casi ahogarle. Sabía que no tenía apenas otros recursos que seguir suplicando. Sollozó hasta quedarse apenas sin voz, mientras que notaba que sus mejillas se bañaban del suave tacto templado de sus propias lágrimas. Igual sensación sintió en la entrepierna; y humillado y derrotado se dio por vencido. Se arrojó al suelo vencido y en posición fetal percibió la humedad de la tierra en su vientre y cómo la ya de por sí cerrada oscuridad fue apagándose aún más, hasta perder el conocimiento por completo. Aún pudo sentir su corazón latir endiablado, pero los párpados cayeron ya de forma estrepitosa y la conciencia, tan turbada unos minutos antes, dio paso a la inconsciencia.
              
                 'Junto al cuerpo de su amigo pudieron ver el hierro clavado en la tierra'. En ese lugar habíamos dejado el horrible descubrimiento de sus amigos para pasar a narrar los hechos que verdaderamente ocurrieron. Así que esos perplejos amigos, tan atribulados como estaban, no podían imaginar que aún les quedaba por ver algo que les situó en el terreno de la incomprensión o, tal vez, de la culpa.
               Probablemente, a cada uno de ellos, a pesar de que jamás lo manifestaron durante el resto de sus vidas, les hubiera gustado haber explicado que lo que le ocurrió a su amigo fue un suceso paranormal, algo inexplicable, pero que pudiera estar relacionado con el castigo infringido por la violación indebida de aquel lugar, tal y como prohibían la iglesia y el ayuntamiento. Sin embargo, lo que les inundó de torrenciales sentimientos de culpabilidad durante todas sus vidas fue comprobar cómo su desgraciado amigo, actuando con la razón perdida por el miedo a aquel lugar y el de aparecer como un cobarde  a los ojos de sus amigos, no se percató de que el puntiagudo hierro que, con tanta facilidad había penetrado en la húmeda tierra, también estaba atrapando y enterrando de manera irreversible un trozo de su propia capa, cuya negra textura iba mezclándose con la del lodo de manera implacable.      

lunes, 28 de octubre de 2013

UN CUENTO GÓTICO: LA APUESTA (I)




Lo prometido es siempre deuda. Había dos cuentos góticos programados. El primero fue publicado hace unos días; por tanto, ahora publico el segundo. Pero éste es mas largo. Por tanto, lo dividiremos en dos entradas consecutivas.


LA APUESTA (I)


Consideremos como hipótesis inicial, antes que nada, que a aquella pequeña población no había llegado aún el devenir de la modernidad. Por tanto, no existían las múltiples opciones ociosas con los que cuenta la civilización actual. Pero no pensemos tampoco que nos encontramos perdidos en un lugar de la historia demasiado remoto. Tan sólo que la industria del ocio, la televisión, Internet, los juegos electrónicos y las múltiples opciones que hacen que los individuos programen sus veladas, aún estaban por venir. Es más, tampoco existía el sistema tan consabido hoy día del transporte motorizado, por lo que las callejuelas de los pueblos como aquél eran estrechas y deshechas por las inclemencias del tiempo invernal. La frontera entre la calzada y las aceras era inexistente y las primeras luces eléctricas públicas tan sólo se veían muy de cuando en cuando en las capitales de provincia. Por tanto, si a lo ya descrito añadimos que las mínimas luces de las faroles públicas no eran más que una mínima llama de luz alimentada por gas que la niebla tragaba en los días de invierno,  ya tendremos el escenario adecuado para imaginar con más precisión la historia que narramos a continuación.
               Como se decía al principio, el escenario no es otro que una pequeña población de interior, alejada de la capital y rodeada básicamente de olivos. Ese esquema podría responder muy bien a alguno de los pueblos andaluces. Por tanto, podríamos admitir como factible que nos encontramos en un pueblo andaluz en una época ni lejana ni cercana.
               Si existiera la posibilidad y pudiéramos contemplar a aquella población a vista de pájaro en el momento exacto de la historia que pasamos a narrar, encontraríamos un pueblo oscuro en plena estación invernal; no llueve en ese momento, pero ha llovido, por lo que la lluvia recién caída y el frío hacen que la mayoría de la humilde gente que vive en esa población esté ahora en su modesta morada, arracimados en torno a una pequeña mesa camilla, en cuyo interior laten las brasas de un brasero de carbón de encina recién hecho. O, incluso, es posible que algunos vecinos ya se encuentre en la cama a la espera que les visite, traidor como siempre, Morfeo.
               No obstante, no todos los vecinos son de esa opinión. De hecho, en la parte central de esa población vista hipotéticamente a vista de pájaro se aprecian una ventana algo más iluminadas que las demás. Se trata de la taberna del pueblo. La única taberna del pueblo. Y en este momento, siendo ya noche cerrada, se encuentra en su interior  un nutrido grupo de  amigos. Como es fácil deducir, se trata de hombres jóvenes que aún no consideran como atractiva la opción de encerrarse en sus casas. Así que hablan y ríen en torno a una mesa iluminada por una consumida vela, mientras consumen entre todos una generosa jarra de vino. No parecen aburrirse, pero de todos es sabido que necesitan nuevos estímulos para que la noche siga siendo amena ya que dependen tan sólo de su propia inventiva, de la ocurrencia de las palabras, de los gestos, de los chistes bien contados, de las anécdotas interesantes.., no hay muchas más opciones de diversión. Por tanto, uno de ellos, el que parece que lleva la voz cantante en el grupo, propone una apuesta. Los demás, se preguntan ansiosos sobre qué tipo de apuesta se le habrá ocurrido en esta ocasión a quien siempre las propone.
               -Quiero apostarme con vosotros una visita al cementerio esta misma noche -dice ante el estupor de los demás-.
               Todos en su fuero interior desaprueban la apuesta, pero nadie se atreve a decirlo públicamente. Son jóvenes y osados y les gustan los retos, así que todos aceptan.
               -La apuesta consistirá en una especie de competición. Cada noche, uno de nosotros se dirigirá al cementerio y tendrá que llevar a cabo varias acciones -dice con indisimulado entusiasmo-. La perderá el que no la lleve a cabo de acuerdo con las reglas propuestas.
               Nadie articula ningún comentario ni hace aún pregunta alguna, así que el especialista en apuestas sigue hablando ante la concentrada atención de todos ellos, que muestran seriedad en sus rostros.
               -Habrá que dirigirse hacia la zona de los ahorcados que, como sabéis, está repleta de antiguas tumbas valladas, muchas de las cuales están abiertas debido a su antigüedad y la erosión producida por las fuertes lluvias y vientos, así como por la falta de mantenimiento -dice de corrido como si el plan ya estuviera en su mente desde hacía días-. Ya sabéis que a los ojos de todos los vecinos del pueblo son tumbas malditas.  
               -Pero ya sabes que la iglesia y el ayuntamiento prohíben que se visite esa zona, por tratarse de personas que han ofendido a Dios, disponiendo de su propia vida.
               -Sí, y eso es lo realmente emocionante. Además, propongo, que se visite la tumba del Conde de Cubillas...-dijo desafiante-
               Cuando pronunció ese nombre, los rostros de sus amigos, apenas iluminado por la tenue vela, se tornaron lívidos e inquietos. Se miraron entre ellos.
               -No podemos hacer eso. Ya sabes que esa tumba está...-dijo con ansiedad uno de ellos, sin que llegara a acabar la frase-.
               Hubo un silencio incómodo en el grupo y en ese momento una ráfaga de viento golpeó la ventana a la que mirando todos con ojos asustados.
               -No podemos negarnos a una apuesta -dijo otro de los amigos-. Eso sería como traicionarnos a nosotros mismos. Jamás hemos dejado de cumplir una apuesta.
               Esa aseveración contundente no obtuvo réplica alguna, por lo que de forma tácita todos ya estaban admitiendo internamente que la apuesta iba a culminarse.
               -De acuerdo -dijo el especialista en apuestas-. Tan sólo queda designar quién irá esta misma noche.
               Le pidieron al tabernero que cogiera cinco mondadientes -porque ese era el número de amigos que allí se congregaban- y que a continuación le recortará a cada uno un trozo, procurando que ninguno de ellos tuvieran la misma longitud, para a continuación igualarlos al mismo nivel por la parte visible, guardando la parte recortada de estos en el puño de su mano derecha, de manera que nadie pudiera adivinar cuál de ellos era el más largo o el más corto. La mala suerte haría que uno de ellos escogiera el mondadientes más corto. Ese sería el que tendría que ir la primera noche al cementerio, penetrar en la tumba abierta del Conde de Cubillas, cuyos restos llevaban allí enterrados treinta años, escribir una palabra convenida en las decrépitas tablas del ataúd y, finalmente, clavar un hierro junto a la tumba como pruebas fehacientes que el apostante había estado allí. Los demás, le acompañarían hasta las mismas tapias del cementerio para asegurar que el elegido entraba en el interior del mismo y una vez asegurados que así era, dejarían a éste sólo con su siniestra misión.
               Y así se hizo, tal y como estaba programado. El destino quiso que el mondadientes más corto lo sacara el más joven de los amigos del que todos sabían -aunque no decían- que era el más renqueante y menos osado del grupo, tal y como ya había mostrado en otras estrafalarias apuestas que el especialista proponía. Eso produjo más que una broma pesada por parte de los demás miembros del grupo, pero así eran las apuestas: osadas y sin vuelta atrás. (Continuará...Pinchad aquí para leer la segunda parte)
              

domingo, 27 de octubre de 2013

LA BELLEZA CONVULSIVA (IDEAL 27/10/2013)



Como ya había comentado en una entrada anterior, esta fotografía que hice de Plaza Nueva con la Torre de La Vela al fondo mi inspiró un artículo en el que comencé a trabajar en seguida y que quería denominar 'La belleza convulsiva'. 

Este artículo ha sido publicado por el diario Ideal este último domingo. Os dejo con él por si tuvisteis ocasión de leerlo en prensa o, sencillamente, no llega Ideal desde el lugar en el que me seguís: 


LA BELLEZA CONVULSIVA  





         Cuando el peatón llega al final de la calle Elvira y dirige su mirada hacia la izquierda, se enfrenta con la anchura cegadora de Plaza Nueva y comprueba con estrépito de los sentidos que parece estar presidiéndola a lo lejos y en lo alto,  esbelta y sólida, la Torre de la Vela. No es una imagen a la que te acostumbres por mucho que la hayas visto porque determinadas obras arquitectónicas, aunque estén entre nosotros, en el mundo real, parecen sacadas del mundo onírico. Desconozco si los antiguos constructores de la Alhambra llegaron a ser conscientes de la perturbación sensorial que iban a provocar en generaciones futuras, pero si lo fueron, habría que agradecerles eternamente su proverbial visión, porque no demasiadas obras arquitectónicas en el mundo provocan ese estupor emocional y esa convulsión volcánica de los sentidos.
            Y si el peatón que llega hasta Plaza Nueva lo hace por primera vez, poca o ninguna sensibilidad habrá de tener si lo que ve, cuando alza la vista, no le eleva el espíritu y lo transporta a lugares imaginados en los que sólo existe la belleza y los objetos nos tocan, más que ser tocados ellos por nosotros. Una suerte de vivencia de inusual significado emocional que ocurre pocas veces en la vida.
            Se dice que cuando Stendhal visitó Florencia se le disparó el ritmo cardiaco y esa alteración fisiológica -que más bien era sensorial- le indispuso hasta el punto de sentir vértigo, mareos, espasmos, temblores y palpitaciones; tal acumulación de obras arquitectónicas, escultóricas y pictóricas en tan poco espacio físico, en la capital de la Toscana, fueron demasiado para él, un alma sensible como demostró con su buena literatura. Su estupor fue tal que lo que penetraba por sus ojos y se transmitía al cerebro se iba convirtiendo en un elixir tan delicioso a la vez que venenoso que, nublándole los sentidos, se irradiaba hacia la vertiente fisiológica, hasta el punto de provocarle un problema de salud evidente. Porque alguien dotado de una sensibilidad desarrollada puede llegar a sentir que todo le da vueltas cuando se rodea de tanta belleza artística y así lo debió entender André Breton cuando escribió que 'la belleza será convulsiva o no será'.
            Algo muy similar produce esa visión de la Alhambra y su entorno en la mayoría de las personas. Recordemos en ese sentido las palabras del expresidente Bill Clinton cuando, zarandeado por la emoción del momento, expuso de manera espontánea la impresión que le produjo el monumento nazarí y su entorno desde el Mirador  de San Nicolás -probablemente la mejor imagen posible de la Alhambra-. La puesta de sol más bella del mundo, vino a decir ante luces y taquígrafos. Luego hubo de matizar sus palabras por la repercusión que tuvieron éstas en Estados Unidos e igualar ese bello atardecer, con el monumento nazarí en primer plano, al del Gran Cañón del Colorado, en Arizona, pero esa segunda opinión de vocación apaciguadora, quizá, ya perteneció al ámbito de lo políticamente correcto de cara a sus conciudadanos y su electorado. Realmente, no exageró el político norteamericano como no lo hacen los miles de visitantes foráneos que le emulan desde entonces.
            Porque hay determinadas obras arquitectónicas que nacen tocadas por una especie de magia y todo en ellas es especial: su ubicación, su construcción, su peculiar arquitectura, su diseño. Un estado de gracia inherente, al igual que ocurre con alguna que otra obra literaria, alguna que otra película, alguna que otra composición musical, alguna que otra escultura o alguna que otra pintura. Y la existencia de ese corto y exclusivo catálogo hace que la breve estancia en este hostil mundo se torne algo más agradable.         

sábado, 26 de octubre de 2013

NO SOPORTO EL CARETO DEL PRÍNCIPE Y OTRAS REFLEXIONES SIMILARES

El viernes conecté la televisión -cosa que pocas veces hago a no ser que sea para ver cine o series en DVD o BD- a ver si podía escuchar el discurso de Antonio Muñoz Molina en los premios Príncipe de Asturias y me topé con que estaba hablando el príncipe ídem. Quite la voz a la tele pero, finalmente, acabé por desconectar la tele toda. 
Y es que como creo haber escrito ya en alguna ocasión, pero no me importa escribirlo una vez más, que para eso están también los blogs, para echar la pota: no soporto ver el careto del príncipe de Asturias. No ya por lo que representa -que también- sino al margen del dichoso cargo, como persona. Intento evitarlo en televisión y en las fotos de los periódicos pero, inevitablemente, quieras o no, acabas encontrando su careto por alguna parte. Entonces, con ansiedad busco el mando a distancia del televisor o paso rápidamente página en el periódico; pero lo peor es el mal humor que experimento de golpe. 
Es algo irracional, lo sé, pero no puedo evitarlo. Por ejemplo, no me gusta ver a una anaconda devorando un ciervo -¡vaya ejemplo!- pero no acabo odiando a la anaconda por ello. Se supone que cumple su función biológica, pero ¿Qué misión cumple este tío que ha vivido toda su vida a costa de nosotros y que además es presuntuoso y pagada de sí mismo? En fin.   
Seguramente, queridos e hipotéticos lectores, os habrá pasado en alguna ocasión: descubrir que alguien con quien no habéis cruzado palabra alguna os cae rematadamente mal. No os gusta su careto, su forma de andar, sus gestos, su sonrisa, su voz, sus modales, su chulería, su falsa modestia, su soberbia, su vanidad, o yo que sé, simplemente hay algo en esa persona que no os gusta y por eso os cae rematadamente mal. Pues eso es lo que a mí me ocurre con este tipo. Y, curiosamente, también me ocurre con su pretenciosa mujer. Ocurre con frecuencia con los personajes públicos, pero también con la gente de la calle.  
Sin embargo -por ejemplo-, y eso me parece preocupante -también por lo que representa- no me cae mal el príncipe Carlos de Inglaterra, a pesar de vivir también del cuento. Es algo que no eliges. 
Igual que con el príncipe británico, me ocurría con Zapatero. Me parecía un político nefasto, ineficaz, poco preparado, infantil, bipolar, o sea, un peligro en toda regla para dirigir un país e, incluso, una comunidad de propietarios. Pero me caía bien. Y volviendo al otro polo -al del principito español-, igual me pasa con otra reata de personajes públicos. Por ejemplo: no soporto el careto de Chaves -no sólo por su antiestético rostro-. Es más, no soporto nada de este tipo que, además, me parece un tipo mediocre, aprovechado, producto de una Andalucía -Andazulía- inculta, paniaguada y subdesarrollada y digno mandatario de un partido hecho a la medida de Andalucía o al revés. Y qué decir de la Maleni, esa tipa que dijo, como si estuviera en un estado de embriaguez, que el aeropuerto de Barajas era muy grande, delante de toda España -y que fue el hazmerreir de tirios y troyanos-,   para justificar su deficiente gestión como ministra de Fomento. También me cae rematadamente mal. La lista es larga, pero esto sería interminable.
Igual ocurre con futbolistas, cantantes, escritores, periodistas y con vecinos. Es algo irracional supongo, pero que está ahí. Por tanto, he de admitir que, por una mera estadística de probalidades,  ese mismo sentimiento lo han de tener otras personas hacia mí. O hacia vosotros estimados lectores; otra cosa muy distinta es que nos guste escucharlo.  No obstante, en ocasiones ocurre que si algún día acabamos hablando con esas personas. Se pueden producir, entonces, sorpresas en el sentido de que nos comienzan a caer bien o nos caen, aún, rematadamente peor. Porque en esto, como en todas las cosas, las apariencias, en más ocasiones de las necesarias, engañan.    

      

viernes, 25 de octubre de 2013

Música Clásica: Meditación de Thaïs, de Jules Massenet

En este vídeo que inserto a continuación impresionan dos cosas: la obra en sí y el espléndido recinto al aire libre repleto de público.
Con la obra interpretada no podemos jamás equivocarnos, ya que se trata de la meditación de Thaïs, un momento sinfónico -el más conocido- de la ópera de igual nombre, del compositor operístico francés Jules Massenet, basada en una novela de Anatole France.
 En esta ocasión la interpretación es a cargo de  la primera violín Janine Jansen. Seguro que os gustará.



jueves, 24 de octubre de 2013

LA SENTENCIA DEL TEDH DE ESTRASBURGO Y LA DOCTRINA PAROT

No quiero enrollarme con el asunto que está ocupando estos días los titulares de los medios, por lo que intentaré ser conciso y claro en esta entrada (son tipos de entradas que me había propuesto eliminar del blog, pero esto es muy fuerte). Me refiero al asunto de la sentencia de la Gran Sala del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de  Estrasburgo , que ha tumbado la doctrina Parot.
La conocida como doctrina Parot se debe una sentencia del Tribunal Supremo de 2006 en la que venía a decir que los beneficios carcelarios (estudios, trabajos, etc.) se aplicarán a cada una de las penas de forma individualizada y no sobre el computo global de las mismas. Es decir, que si un individuo -por ejemplo, Parot, que viene a huevo el caso) acumula varias penas como consecuencia de varios delitos, los beneficios se les computará por cada uno de las penas, y no sobre el total de las mismas. Ocurre que el Código Penal de 1973 establecía que la prisión máxima será de 30 años y lo que querían los abogados de Parot es que esos beneficios se dedujeran sobre ese total y el Tribunal Supremo no accede a lo solicitado por éstos, estableciendo que esos beneficios se aplicarían, como antes señalaba, por cada uno de los delitos, de forma individualizada. Eso supone que el individuo en cuestión no se beneficiaría por lo que dice el Código Penal de 1973 (30 años, máximo, que se quedaría en menos si deducimos los beneficios penitenciarios), toda vez que la suma de los delitos es mayor y esos beneficios no interactuarían sobre el total sino sobre los delitos tomados individualmente. Además, le da carácter retroactivo. Hay mucha diferencia.
Pues bien, eso es lo que ha tumbado el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo, cuyas sentencias son de obligado cumplimiento en materia de derechos humanos  para los países miembros de la Unión Europea, porque así lo hemos querido los países que somos miembros por voluntad propia. 
Dicho esto, lo que aquí hay, en mi opinión, es -de nuevo- una colosal metedura de pata de los políticos que nos han gobernado desde que comenzó el periodo democrático. Debieron de hacer reformas legales penales para que este tipo de sentencias no se dieran y nos la hicieron por miedo a espantar a los socios vascos con los que estaban obligados a gobernar cuando no tuvieran mayoría absoluta, que es lo que realmente ha ocurrido en la mayoría de las legislaturas, ya que siempre ha habido que tirar de PNV para gobernar; y el PNV, lógicamente, es contrario a la doctrina Parot. Eso es lo que hay. Por tanto, no es posible demonizar la sentencia del TEDH de Estrasburgo toda vez que lo que ha hecho es aplicar la legislación española y tumbar una doctrina del Tribunal Supremo español - y la modificación que hizo de ésta el Tribunal Constitucional español en 2008-, sencillamente porque estos dos tribunales españoles están por debajo en jerarquía al de Estrasburgo en materia de derechos humanos.
Y, lógicamente, mucha razón tienen las asociaciones de familiares de víctimas del terrorismo y familiares de víctimas de otros grandes delincuentes -violadores, pederastas, asesinos confesos, etc- cuando despotrican contra la cobardía de los políticos españoles, que pensando tan sólo en su culo, les importa una mierda lo que ocurra con los que verdaderamente sufren. Definitivamente, tendrían que haber sido contundentes en cuanto a reformas legales penales para este tipo de delincuentes, tal como han hecho la mayoría de los países democráticos de nuestro entorno. Países que no se verán sorprendidos por sentencias de este tipo del TEDH porque han hecho sus deberes a nivel legislativo. Pero en España esos deberes no se han hecho. Ni esos ni otros. ¿Qué vamos a esperar de un país en el que el mismísimo Jefe del Estado es totalmente irresponsable de los posibles delitos que pudiera cometer? Así nos va; y así nos irá en el futuro.   

lunes, 21 de octubre de 2013

UN CUENTO GÓTICO: UNA VISITA A MEDIANOCHE.

Como perjuraba en la entrada de la semana pasada, aquí llega el primero de los  dos cuentos góticos previstos:


UNA VISITA A MEDIANOCHE


    En teoría, se no trataba de otra cosa que de un funeral más. Una persona había muerto. Padre y esposo muy apreciado en la localidad, en la que había vivido toda su vida. Ese dato había sido decisivo para que el velatorio pudiera considerarse como muy concurrido y el entierro multitudinario en esa pequeña localidad en la que todo el mundo se conocía. 
En una época en la que la muerte era aún más extraña y misteriosa que ahora y no existía apenas divertimento alguno y la electricidad apenas llegaba a las humildes casas, la única compañía en aquella noche de dolor para la familia del finado no era otra que la que se ofrecían unos a otros, así como la de algunos allegados y vecinos, que era costumbre acompañaran a los dolidos en esa velada de dolor.
      La noche era lluviosa y muy oscura, no en vano era invierno cerrado. Febrero para más señas. Y las calles, además de oscuras y vacías, estaban embarradas por la pertinaz y constante agua que había caído durante todo el día, así que el silencio de las humildes casas en la noche cerrada tan sólo era interrumpido por el ruido de los ajados canalones que no cesaban de depositar agua a la calzada.
      El entierro de aquel padre y esposo querídisimo, tras dos días y una noche completa de velatorio, había estado pasado por agua. Los hombres que portaban sobre sus hombros el ataúd desde la iglesia al cementerio iban completamente empapados y el mismo hoyo en el que recibiría cristiana sepultura el finado se había llenado hasta su mitad de agua y haría falta achicarlo cuando se procediera a depositar el féretro. Pero eso no era problema aquella tarde cerrada de oscuras nubes, toda vez que por aquellos años no era costumbre enterrar a los fallecidos en ese preciso instante. Los operarios municipales encargados del cementerio abrían el hoyo en cuanto se les notificaba el fallecimiento y en uno de sus lados se amontonaba la tierra sacada, al tiempo que se cruzaban de lado a lado unas resistentes tablas sobre la superficie del hoyo. Sobre estas tablas se depositaba el ataúd, el cual permanecía a la intemperie toda la noche a la espera que los enterradores acudieran por la mañana temprano a enterrarlo. Esa costumbre que parecía estar basada en la tradición, en realidad, tenía una razón médico-científica, toda vez que las autoridades médicas no confiaban demasiado de que la certificación oficial de la muerte fuera totalmente infalible. Así que la prudencia médica se convirtió en tradición y toda familia exigía que su finado permaneciera a la intemperie toda la noche, además, de los dos días y una noche completa de velatorio previas. Todas las medidas eran pocas ante la abundancia de casos en los que, pasado el tiempo legal, se habrían tumbas para que contuviesen cadáveres y en ocasiones se apreciaba cómo el supuesto fallecido había cambiado de postura y sus uñas se encontraban incrustadas en los podridos trozos de madera del ataúd.
     Mientras tanto, la noche cerrada transcurría lenta, dolorosa y pesada en aquella humilde morada de la que horas antes había salido para siempre el cuerpo del buen padre fallecido a los ojos de todos. Un pequeño grupo se arremolinaba en torno a la mesa camilla ubicada en mitad de un pequeño cuarto tristemente iluminado: la viuda, las dos hijas y el hijo del matrimonio. Además, les acompañaban dos familiares cercanos: la hermana menor del fallecido y la hermana mayor de la viuda. Algunas vecinas habían estado dando compañía a los dolientes pero era ya tarde y se habían ido a casa. Nadie hablaba en el grupo. Con las cabezas cabizbajas se podían escuchar suspiros apagados y de vez en cuando  algunas de las hijas se interesaba por el apetito de la madre, la cual desautorizaba toda iniciativa de traer alimentos. El silencio era absoluto tanto en la casa como en la calle, toda vez que aún no habían llegado a aquella humilde localidad los vehículos a motor. Todo lo más, el ruido seco y farragoso que provocaban las ruedas de madera de algún carro, que se dirigiera a su cuadra arrastrado por mulas, al aplastar los guijarros de la calle o los torpes pasos de algún vecino noctámbulo que tras pasar la velada en la taberna se dirigiera zigzageante a su domicilio.
      Entonces alguien toco en la puerta. Los allí reunidos en torno a la mesa camilla alzaron sus cabizbajas cabezas y comenzaron a mirarse entre ellos. Las últimas vecinas ya se habían despedido definitivamente y aquella forma de aporrear la puerta no se correspondía con la forma de aporrear que tenía ninguna de ellas. Además, ya se acercaba la medianoche y la hija mayor ya había propuesto que se retiraran todos a dormir. Pero volvieron a aporrear la puerta. Esta vez de manera más contundente. Las miradas cruzadas entre los miembros de la familia ya no eran de sorpresa sino de inquietud. E incluso de nerviosismo. Nadie quería decirlo pero todos lo pensaban: esa forma de aporrear con contundencia era propia del amado padre y esposo: dos toques rápidos, duros y secos. Hasta que finalmente, eso que todos pensaban lo acabó por decir el hijo: 'Es la misma forma de tocar que tenía padre'. 'No digas tonterías hijo mío', dijo la viuda, a pesar de que todos estaban de acuerdo con lo que el hijo había dicho. Incluso la propia viuda.
       Escucharon aporrear la puerta por tercera vez. Ya no había escusa posible para dilatar la apertura de la puerta. Sin embargo, no parecía que hubiera ánimo en ninguno de los reunidos en torno a la mesa de camilla para levantarse, andar los escasos metros de pasillo y abrir la puerta. Finalmente, el hijo se ofreció a hacerlo, tal vez, por ser el más osado al decir alto y claro que aquella forma de tocar era propia de su padre recién fallecido.
         Se levantó fatigosamente y se dirigió hacia la puerta preguntando quién era, pero al otro lado de la puerta nadie contestaba. Así que el joven sumido en un mar de dudas optó por abrir. Las mujeres, aún sentadas en torno a la mesa camilla, escucharon el ruido seco de las viejas bisagras de la puerta de madera y a continuación un golpe seco confundido con un pequeño alarido. Cuando se levantaron y acudieron hacia la puerta alarmadas por aquel extraño alarido se toparon con una escena dantesca que jamás pudieron borrar de su mente mientras vivieron.
         En teoría, abrió la puerta alguien que estaba vivo y encontró al otro lado a alguien que en teoría estaba muerto. Pero cambiaron las tornas porque lo que encontraron las mujeres de la familia fue justo al contrario: el vivo estaba ahora muerto y el muerto estaba ahora vivo.
     Las autoridades emitieron un informe oficial explicando lo sucedido y esa explicación, al parecer, dejó dormir y vivir en paz al pueblo y a la familia: 'Cuando el hijo menor de la familia abrió la puerta se encontró con la figura de su padre vestido con la ropa de su mortaja y al no poder soportar la sorpresa o el terror, falleció de un ataque cardíaco. El padre, por su parte, supuesto fallecido, había recobrado el conocimiento tras haber permanecido en coma varios días y descubrió que se encontraba dentro de un ataúd.           Cuando abrió los ojos sólo encontró a su alrededor negrura y silencio y la lógica confusión no le permitió saber en ese momento dónde se encontraba. Por fortuna el féretro se encontraba abierto y a la intemperie y pudo salir sin apenas dificultad de él. En su tribulación no reparó en lo inoportuno de presentarse directamente en su domicilio, cuando lo que hubiera procedido es haber acudido al puesto de la Guardia Civil de la localidad para comunicar su nueva situación'. 
     Tampoco estaban al tanto de esa nueva situación los dos enterradores que, al rayar el alba, acudieron según estaba previsto a enterrar el cadáver y tampoco podrán olvidar ya jamás el haber encontrado el ataúd vacío y con la tapa casi partida por la mitad. Hay quien cuenta que ninguno de los dos pudieron ya dedicarse más a esa profesión y que jamás aceptaron como racional la teoría que esgrimió el informe de las autoridades.          

domingo, 20 de octubre de 2013

PLENO EN CINE

Hay fines de semana en los que aciertas con la selección de películas que programas para visualizar en tu reproductor de  BD o DVD. Uno de ésos ha sido éste. Algunas aconsejadas, otras intuidas, otras esperando su turno, otras improvisadas...Es toda una suerte que de las cuatro o seis -a veces más, depende de la agenda- que llego a ver entre el viernes y el domingo, haya habido pleno, que es algo que no ocurre siempre. Cada una con sus características; cada una con su estilo y su temática, pero todas excelentes en su género. Pero no voy a escribir sobre todas porque necesitaría tres o cuatro entradas (hablaré de todas poco a poco). Ahora glosaré tan sólo dos de las que me han parecido más sobresalientes. 
Comenzaré con la última que ha protagonizado Mel Gibson, 'Vacaciones en el infierno'. Un film sobresaliente, un Mel Gibson estelar, con más edad, pero el mismo que solía gustarnos en las 'Arma letal', las 'Mad Max', 'Braveheart' o 'El Patriota'. Un tío que en el ámbito privado -que es lo que a mí menos me interesa de un actor o actriz-, al parecer, deja mucho que desear, pero que se transforma como actor en algunas películas. Ese será el Mel Gibson que veremos en 'Vacaciones en el infierno'. Una película muy bien dirigida -por un novato llamado Adrain Grunberg-, y provista de un excelente guión -escrito a seis manos, entre ellas las del propio director y el mismísimo Gibson-. Además, es una película que cuenta con una excelente fotografía -desagradable, por la temática que elige- y una portentosa banda sonora. Pero lo que más fascina de la película es la puesta en escena y la forma de la narración en primera persona por el propio protagonista, el 'gringo' protagonizado por Gibson. Definitivamente, es una película distinta que se disfruta mucho porque no aburre un ápice. No dejéis de advertir el cartel de un anuncio de una marca de bourbon en una sucia tasca del 'pueblito' que hace alusión al 'borbón', con foto del rey vestido de militarote y todo.

Otra de las películas vistas este fin de semana que me ha sorprendido gratamente es 'Amor y letras' (mucho más coherente el título original 'Liberal arts'). Siempre caigo en la trampa de los títulos que le dan a las películas en español y, una vez más, ésta también me ha despistado en ese sentido; hasta el punto de, casi, desechar verla. Pero, para mi gusto, 'Amor y letras' es una buena película dirigida y protagonizada por un tipo interesante, Josh Radnor, que también es escritor. Y esa impronta se nota porque no en vano es también el guionista. Es decir, que él mismo, en primera persona, ha puesto en marcha un proyecto muy personal y ha convertido a esta película en lo que podría ser con el tiempo un clásico y en una película de autor. Muy agradable de ver y con una clara vocación hacia el ámbito intelectual en el que tiene cabida tanto la música clásica como la buena literatura -excelente la escena en la que se ridiculiza la literatura de usar y tirar de las sagas vampirescas (ya sabemos todos de qué tipo de saga se trata), para acabar concluyendo que es mejor para la salud psíquica devorar esta literatura de supermercado que no acabar tus días dando alaridos como un letraherido-. Además, en esta película se reflexiona -y bien- sobre los distintos estadios de nuestra edad. En ese sentido, me pareció magnífica la escena e la aritmética de la edad. Excelente también la fotografía. En especial, el excelso 'campus' de la Universidad Estatal de Ohio, en la ciudad de Columbus, lugar en el que se rueda la mayor parte de la película. Y posee, además, una banda sonora deliciosa en la que la música clásica tiene un papel preponderante.  
No diré que se vea este film de manera obligatoria porque en cine, como en todo, cada cual tiene sus gustos, pero yo aconsejo que si se quiere disfrutar de un cine bien hecho, divertido y nada ñoño, hay que verla. Estuvo en la sección oficial de la Seminci de 2012 de Valladolid.

viernes, 18 de octubre de 2013

MÚSICA: MY DYING BRIDE (UK 1990- Actualidad)

Esta banda británica representa a la perfección el Metal Doom actual. Muy cercana a Paradise Lost y a los primeros discos de Anathema -que no a los últimos-. Además, su estética y su música tiene muchos registros de la veterana Cathedral, más conocida pero creada tan sólo un año antes, también en Inglaterra.   
Su música es oscura, cultivando géneros metálicos adscritos a un mismo tronco común pero no iguales entre ellos: Death -que fueron poco a poco olvidando- metal gótico y, finalmente, doom metal que es en el que, al  parecer, se encuentran más cómodos. 
My Dying Bride es una banda de culto y minoritaria a mi entender, a pesar de que llevan en escena de manera de forma inimterrumpida la friolera de veintitrés años, a lo largo de los cuales han pasado por ella  diversos miembros, unos fijos, otros ocasionales. Y como suele ocurrir en la mayoría de las bandas, cuentas con un líder carismático. En este caso, se trata de su cantante, Aaron Stainthorpe, que permanece en la banda desde sus orígenes y que necesita a ésta tanto como ésta a él. 
Es una banda que hace un metal oscuro que me gusta mucho ya que, como suele ser habitual en este tipo de grupos británicos, cuidan mucho el sonido tanto de estudio como en directo. 
Utilizan voz independiente -que casi siempre es oscura, melancólica, triste y romántica y otras gutural-, guitarra, bajo, batería y teclados. En ocasiones, el violín, que suele tocar el mismo instrumentalista que se dedica al teclado (actualmente, Shaun Macgowan). Es destacable la enorme armonía que hay entre todos los instrumentos. Todos cumplen a la perfección con su cometido. En ocasiones, pareciera que el bajo se impone a la guitarra rítmica, pero a los pocos segundos es al revés; igual que en ocasiones crees percibir que los teclados son más importantes que la batería, pero ésta siempre prevalece con golpes muy presentes y enérgicas. Además, cuando acuden con violín es admirable descubrir que los sonidos que le arrebatan van en clara concordancia con la música que cultivan. Hay que escucharles bien para comprobar que se trata de una excelente banda.    

Esta actuación, en Polonia, es reciente: 


   

jueves, 17 de octubre de 2013

GRANADA, EN SU ESENCIA.

Era muy temprano, en esa hora en la que las ciudades parecen estar dibujándose,  y me sentía bien paseando por enésima vez por la parte de Granada que más me emociona: la Carrera del Darro, también llamado Dauro. Un afluente del Genil que se desliza a través de la ladera de la fortaleza roja, adentrándose en la ciudad ya de forma subterránea. Pero en esta zona -que es en la que se esconde- se percibe descubierto, siempre con agua; y si el peatón decide ir subiendo por la Carrera sin despegar la vista del río irá poco a poco entrando en un mundo onírico y mágico. Llegará hasta el Paseo de los Tristes y la anchura y la luz le cegarán, pero a los pocos segundos alzará la vista y verá las torres nazaríes a su derecha emergiendo de forma imponente y poética al mismo tiempo; y mirando a la Alhambra de frente, el Albaicín. No existe sensibilidad humanan por muy oscura que sea que no se revuelva  ante vistas son tan hermosas, en las que el genio del hombre y la gracia de la naturaleza y el entorno se han dado la mano para la eternidad. 

miércoles, 16 de octubre de 2013

LA TRADICIÓN ORAL (O EL ARTE DE CONTAR HISTORIAS)

La tradición oral es anterior a la escritura. El hombre aprendió a hablar antes que a escribir, por lo que la literatura no es más que la plasmación de la tradición oral, de la buena tradición oral; esa que tiene como esencia el arte de contar historias, que es un arte bello como otro cualquiera y que en su día fue uno de los pocos conocidos junto a la pintura. Porque el hombre también aprendió a pintar antes que a escribir y la prueba está en las diversas pinturas encontradas en las cavernas rupestres a lo largo y ancho de todo el mundo. 
Particularmente, siempre me ha interesado la tradición oral, el arte de contar historias, el cual se ha ido perdiendo de generación en generación por culpa de la irrupción de las nuevas formas de comunicación.  
La televisión tomó el relevo de la radio e Internet y los medios de difusión digital e informática han ido desplazando a la televisión progresivamente, a pesar de que aún coexisten en una difícil convivencia radio, televisión, Internet  y las últimas tecnologías que están irrumpiendo con fuerza. Pero a excepción de la radio, ninguno favorece la tradición oral. La televisión, en sus orígenes, es posible que sí la favoreciera, pero los contenidos se han ido vulgarizando de tal forma que ya no es posible que sirva para tal fin, excepto en honradas ocasiones. 
Sin embargo, la literatura sí que es heredera directa de la tradición oral. Podríamos considerarla como la plasmación de ésta. De hecho, grandes obras de la literatura mundial han tenido su antesala en la tradición oral y de todos es sabido que en la antigua Grecia había filósofos, como es el caso de Platón, que jamás escribieron una línea y sus enseñanzas eran totalmente orales. 
Viene toda esta reflexión a cuento de la publicación en este blog de dos cuentos -valga la repetición-. Dos cuentos que insertaré la próxima semana y que tienen su origen en la tradición oral. 
Mi abuela paterna, persona muy inteligente que aprendió a leer y escribir por su cuenta, era una persona que dominaba la tradición oral. Era una excelente contadora de historias y sucesos que ella había vivido o había escuchado. Fueron muchas las horas en las que yo me deleitaba oyéndola contar historias. Y, entre éstas, aunque ella no lo supiera, había muchas historias góticas y de terror. En particular, dos se me quedaron en la memoria; dos historias góticas pero que, según contaba ella, habían sucedido en el pueblo en el que ella nació. Dos historias reales.
Esas dos historias serán dos cuentos breves que publicaré la semana que viene. Obviamente serán enriquecidas con detalles y palabras, así como novedosas descripciones, pero conservarán su esencia. Dos historias de terror que sucedieron en un lugar concreto y un día concreto y que pudieron ser explicadas como ocurre con la mayoría de las historias de terror que a priori no parecen tener explicación. La primera historia que publicaré se denomina: 'Una visita a medianoche'; y la segunda:  'La apuesta'       

martes, 15 de octubre de 2013

RELATO: EL PASTOR ALEMÁN

Aquella aciaga tarde, L., iba corriendo por la ruta que hacía, al menos, una vez a la semana. Normalmente corría por allí en soledad. Le gustaba esa soledad mítica del corredor. Escuchar su propia respiración y el crepitar de las hojas secas que tras caer de los árboles, alfombraban el camino. Era otoño y los pinares iban adquiriendo un color rojizo que acentuaba aún más el débil sol otoñal. Pero aquella tarde no iba sólo. Le acompañaba V., que siempre había querido hacer esa ruta de la que tanto le había hablado L. 
Era un entrenamiento normal. Un ritmo medio bajo; una distancia corta. No más de 10 kilómetros. Un entrenamiento lúdico. Se trataba de ir disfrutando de aquella naturaleza tan especial mientras corrían. Atravesar el ajado puente del sempiterno río y adentrarse en el camino que pasa cerca del cortijo en el que siempre está alerta un perro. El perro del cortijo como ya lo conocía L., e, incluso, V., por habérselo escuchado tanto a aquél. 
El perro ladraba cuando pasaba L. corriendo, pero cada vez fue ahogando más su ladrido, hasta el punto que un buen día dejó de ladrar a su paso. Lo veía venir en lontananza y se acercaba a la verja, pero cuando parecía que iba a comenzar a ladrar, en vez de ello, tan sólo se limitaba a mirarlo fijamente. 
A L. aquella mirada le parecía, últimamente, triste. Es más, le pareció que movía el rabo de forma imperceptible. Se extrañó de esa nueva actitud de aquel bravo 'Pastor Alemán', una raza que, por lo general, no se amedranta ante nada. Pero consideró como probable que el fiero animal ya se había acostumbrado a su presencia y su olfato le decía que aquel individuo que pasaba por allí corriendo bajo el sol, la lluvia o la nieve, no mostraba ningún peligro. Instinto animal, supuso. 
Y es eso lo que más o menos le venía explicando a su amigo V. cuando faltaban pocos metros para pasar junto al cortijo. Por eso le sorprendió escuchar los ladridos del perro desde mucho antes que se acercaran a la verja. Consideró que su cambio de actitud podría deberse a que no iba sólo. Así que, distraídos como iban ambos corredores con aquellas cuitas no repararon en que aquel día, por la razón que fuere, la verja estaba entreabierta y cuando quisieron reparar en esa circunstancia el Pastor Alemán ya se encontraba delante de ellos, cerrándoles el camino. L. dijo a V. que no temiera, que el perro le conocía y que probablemente no fuera más que una pose. Aminoraron la velocidad (a los perros lo que más les inquieta es ver a una persona corriendo) pero el perro no parecía tranquilizarse. Comenzó a ladrar con mucho nerviosismo y alargando el rabo adoptó una posición que parecía de ataque, tensando la cerviz. Entonces ocurrió lo que nadie deseaba ni esperaba: el Pastor Alemán se abalanzó primero sobre V. al cual derribó al suelo. L., se quedó petrificado sin saber qué hacer. Sabía que en breve el perro, cuando considerara que ya había abatido y herido a su amigo, se abalanzaría sobre él. Correr en ese momento no era lo más adecuado. Además, eso supondría dejar cobardemente a su amigo expuesto a los continuos ataques del perro. Observó con horror cómo su amigo V., ya con la cara cubierta de sangre, manoteaba y gritaba sin que pudiera zafarse del animal, mientras que petrificado como estaba y con los ojos cerrados, L., contaba los segundos que le quedaban para encontrarse en la misma situación que su amigo. Algo tenía que hacer. Así que sacó fuerzas de flaqueza y rabia de dónde no había nada y golpeó al Pastor Alemán en el lomo al tiempo que comenzó a gritarle. Sin saber por qué -en esos momentos la mente muestra un comportamiento extraño- pronunció el nombre del cachorro de Pastor Alemán -de raza  idéntica a la de aquel macho maduro- que le regaló un amigo. Se sorprendió de aquella reacción porque aquel perro ya llevaba desaparecido siete años y desde entonces no lo había vuelto a ver. Pero para su sorpresa, el Pastor Alemán al escuchar el nombre detuvo por completo su ataque y se dirigió de forma sumisa con el rabo entre las piernas hacia L. Éste no daba crédito a lo que veía. Aquel perro era otro. Si segundos antes se mostraba ante sus ojos como un perro predador, ahora parecía el más pacífico e inofensivo de los canes. Su amigo V., desde el suelo, al comprobar que el perro se dirigía a L., gritó a éste que huyera, pero nada indicaba que aquel perro tuviera en su mente atacar de nuevo. 
El Pastor Alemán a cada paso que daba en dirección a L, más se arrastraba por el suelo, hasta el punto que cuando llegó a su posición, ya parecía el perro más servir del mundo, expuesto a soportar el castigo que se le quisiera infringir. De esa forma sumisa, metió la cabeza entre las temblorosas piernas de L., y éste por instinto lo acarició en la cabeza al tiempo que observaba lo familiar que le era la chapa sujeta al collar del perro. Con el corazón casi saltándole emboscado en confusos sentimientos, leyó la inscripción de la ajada chapa: 'Mi nombre es Dinky y si me has encontrado, por favor, llama a mi dueño L. al teléfono 655 555 555'. 

domingo, 13 de octubre de 2013

CINE: MAMÁ (CAN, 2013)


La película hispano-canadiense 'Mamá' (2013) tiene su punto. En mi opinión, no se trata de una película que provoque irracional terror estilo 'Exorcista' (pocas o ninguna la superan), pero hay una historia, la cual tampoco es excesivamente novedosa o que no se haya visto ya en alguna que otra película. No obstante, la mano productora de Guillermo del Toro se nota. Y el reparto. 
Y hablando de reparto, no se pierdan la excepcional actuación del 'fantasma' de la foto de abajo (que en realidad es 'Mamá', una fantasma), porque para nuestra sorpresa se trata de un joven actor español, que apenas ha debido ser caracterizado (bueno, sí, vale, en la cara y los efectos especiales) porque, en realidad, así de anoréxico es su cuerpo. Es sorprendente verle en una imagen real. Sin duda, los del casting no han tenido que calentarse mucho la chola porque este tipo es ideal para este tipo de papeles. 
En cuanto a la película, me hago varias preguntas inquietantes: ¿Es divertido el terror? ¿Nos lo pasamos bien, o sencillamente estamos deseando que acabe si hay excesivo miedo? No sabría qué contestar. En esta película pasé un buen rato, luego, es probable que el terror no fuera excesivo. Tiene sus 'sustos', sus 'repullos', pero no provoca el terror que, por ejemplo, a mí particularmente me produjo 'La mujer de negro' o 'Los otros'. Es más, puedes llegar a reírte en alguna ocasión. E, incluso, a compadecerte de esta mamá desgraciada que no descansa desde que le birlaron su bebé y regresa de la ultratumba. No en vano, la quinta entrega de 'Scary Movie' (¡cómo me divierte esta saga!) la ha elegido junto a 'El cisne negro' y 'El origen del Planeta de los Simios'. Por algo será. 
No obstante, aunque no estemos ante una gran película, estamos -eso sí- ante una película bien realizada que nada pasa por ver. A no ser que seamos excesivamente miedosos.            

viernes, 11 de octubre de 2013

PLAZA NUEVA Y LA TORRE DE LA VELA


Cuando el peatón llega al final de la calle Elvira y dobla su mirada a la izquierda, se enfrenta con la anchura ornamental de Plaza Nueva y comprueba con estrépito de los sentidos que presidiendo la plaza se alza esbelta y sólida la Torre de la Vela. No es una imagen a la que te acostumbres por mucho que la hayas visto porque determinados paisajes arquitectónicos, aunque estén entre nosotros, en el mundo real, parecen sacados de un mundo onírico. (Comienzo de un artículo en el que estoy trabajando, inspirado por esa fotografía). Fotografía de J. Antonio Flores

miércoles, 9 de octubre de 2013

MÚSICA: THE MISKOLC EXPERIENCE, DE THERION

Como ya sabéis los más antiguos de este lugar siempre que he tenido ocasión he hablado de Therion, una banda sueca muy heterogénea que cultiva el metal, pero que se atreve también con otros contenidos, o al menos, le gusta acompañarse de otro tipo de músicos. En su último disco 'Le fleur du mar' se han atrevido, incluso, a versionar éxitos pop de Francia de los años 60 y 70. Y, asimismo, fue una de las primeras bandas de metal que iniciaron experiencias musicales conjuntas con sinfónicas consagradas. De hecho, la música clásica está muy presente en su trayectoria musical. 
Lo que os mostraré a continuación es una prueba de ello. Se trata de su actuación en el festival de ópera 'The Miskolc' en Hungría (2007), que grabaron en CD y DVD. Y en este festival consiguen sacar adelante un trabajo doble fantástico dedicado en en su primera parte a grandes compositores de ópera, versionando operas de Verdi, Wagner, Mozart, Dvorak y Saint-Saens.
Ese tipo de cosas lo pueden hacer pocas bandas (Rage entre ellas) porque se exige una puesta en escena muy compleja, arriesgada y ambiciosa. Pero se da la circunstancia que Therion es una banda que está integrada por muchos buenos músicos, los cuáles se van intercambiando en función de qué tipo de concierto tengan programado. Si se trata de un festival tipo Wacken aparecen con sus miembros más aguerridos y metálicos. Pero si se trata de una actuación tipo 'Miskolc' aparecen con sus miembros más introducidos en el universo de la música clásica; o bien, van mezclando ambos géneros y entonces aparecen en escena todos, incluso los de voces guturales. 
Y todo se debe a la forma de ver la música y el metal que tiene su líder y creador,  Cristofer Johnsson, un tipo muy inquieto y con una visión global de la música. 
Aquí inserto el comienzo del festival anunciado, que cuenta para esta ocasión con Lori Lewis, una norteamericana provista de una voz soprano-lírica que, últimamente, se está convirtiendo en fija tanto en los conciertos que Therion ofrece acompañados de alguna orquesta sinfónica como cuando actúan aferrados a sus raíces metálicas como es el caso del Gothic Live de Polonia. No os perdáis esta excelente actuación: 

    

martes, 8 de octubre de 2013

RELATO BREVE: LA DESPEDIDA

Cuando Roberto miró para atrás comprendió que no tenía que haberlo hecho. Fueron tantos los recuerdos que se agolparon de pronto en su mente que tendría que haber evitado que afloraran. Pero no pudo evitarlo. Se dijo que tan sólo lo haría una vez: echaría un pequeño vistazo y, luego, no volvería a mirar de nuevo. 
Pero bastó con esa sola mirada breve para que el torrente salvaje de los recuerdos se le agolpara de pronto en las sienes y las hicieran casi estallar. En ese momento no quiso mostrar ningún tipo de debilidad porque siempre había odiado mostrar sus sentimientos en público. No por el hecho de haber nacido hombre, nada de eso. Tan sólo se trataba de una simple convicción estética. Cuando era pequeño había visto a mucha gente exponer ridículamente sus emociones en público y siempre había visto todo eso con desagrado. Principalmente, siempre le había parecido poco estético mostrar esos sentimientos en los cementerios. Era comprensible llorar a lo que se marcha, a lo que se marchita, a lo que ya jamás se va a volver a ver, a no ser que se haga en el lenguaje onírico, pero de ahí a montar un espectáculo delante de conocidos y desconocidos había un abismo. Y él, precisamente, se encontraba en ese momento en un cementerio; y fue en ese lugar, cuando ya salía hacia el exterior, en el que había osado mirar atrás no pudiendo evitar soltar alguna lágrima. Habían sido tantas las horas juntos. Tantas las aventuras y las desventuras. Tantos los viajes realizados en su compañía. Tantas las visitas al taller...,para acabar siendo desguazado en aquel triste cementerio de coches a la salida de la ciudad. 

lunes, 7 de octubre de 2013

'FUNCIÓNFLAUTA' (IDEAL, 7/10/2013)

'Perroflauta',  'Yayoflauta'...¿quién no ha escuchado estos términos? Términos que se usan de manera diaria en el periodo de crisis. Pero van surgiendo nuevas derivaciones. Una que escuché a un compañero de trabajo y que me pareció muy representativa es 'Funcioflautas', para hacer alusión a las serias dificultades económicas por las que atraviesan determinados colectivos de funcionarios que ven que sus sueldos en vez de aumentar o mantenerse, bajan cada año, pero no sus obligaciones económicas ya de por sí paupérrimas. Así que me pareció interesante escribir un artículo de nombre genérico: 'Funciónplauta', el cuál ha salido publicado en Ideal en la edición de 7 de octubre de 2013. Por si no lo habéis leído en papel aquí tenéis su versión digital.    


FUNCIÓNPLAUTA 


Enferma tiene que estar una sociedad cuando aplaude los veinte kilos de euros anuales de Cristiano y vitorea a Messi en la puerta de los juzgados cuando acaba de declarar por presunto delito fiscal, al tiempo que raja contra los mil quinientos euros de sueldo de un policía. Podría tratarse de una burda simplificación, es cierto, pero a grandes rasgos así funcionamos en este país.
               Hay que decirlo claro: probablemente seamos el país democrático que más machaca a su función pública, la cual inspira en el imaginario colectivo una especie de rechazo por la fijeza del puesto y el sueldo fijo. Una fijeza del puesto cada vez más debilitada y un sueldo fijo progresivamente mermado hasta el punto que ya hay quien denomina a la función pública como 'funciónflauta', como bien me decía Eduardo, un compañero de trabajo, la otra mañana. Una denominación que deja a las claras las penurias económicas por las que atraviesan un enorme porcentaje de funcionarios de nivel medio y bajo tras años de estudio, para poder justificar que hay sectores en la sociedad que aún están peor. O sea, una especie de redentores modernos.
               Analizar de dónde viene esa aversión a los servidores públicos en este país no es tarea fácil. Probablemente de cuando el funcionario no era más que un protegido del político de turno, un recomendado, un cesante. Pero desde aquellos tiempos hasta ahora muchas cosas han cambiado a pesar de que ese imaginario colectivo aún sigue muy vivo.
               Gran parte de culpa de la persistencia de esa idea global la tiene el político que entró con la democracia. Y, particularmente, el de los últimos diez o quince años. De hecho, la función pública en España -cuesta creerlo- se comenzó a fomentar en serio en el tardofranquismo y bastaron un par de legislaturas democráticas para que comenzará a hacerse  añicos. Se confundió el servicio público, por medio de un sistema bien estructurado de igualdad,  mérito y capacidad, por el del pretendido servicio público basado en el clientelismo. Es decir, se vuelve de nuevo a los años en los que la función pública no era más que el capricho de políticos descerebrados e inmorales.  Políticos que confunden gobernar con apropiarse de lo que gobiernan; ser elegidos en las urnas con ser dioses.  Y en su endiosamiento no comprenden que hacen un flaco favor a la función pública como concepto, haciendo abstracción de las personas que la integran. La prostituyen y luego la arrojan a la basura sin que lleguen a comprender que lo que están haciendo es debilitar uno de los pilares más sólidos del Estado y de la democracia. Precisamente su solidez deriva de las ideas de los revolucionarios franceses al comprender que tras remover los cimientos políticos del país necesitaban la presencia permanente de un ente que preservara y continuara esos valores (la muy lúcida pregunta-metáfora de ¿quién ha de abrir la puerta del ministerio cada mañana?). Pero todo eso está siendo olvidado. Y por políticos demócratas, precisamente.

               De forma paralela a esa ceguera  de la clase política la sociedad, azuzada por ésta, amplifica ese desdén y lo eleva a categoría de plaga, al no comprender que la función pública real como concepto -no esa que ha entrado por la puerta de atrás del clientelismo-, es el valor más sólido de su vida diaria. El maestro, el médico, el policía, el funcionario de los juzgados y de la administración, el guardia civil de la carretera, el operario del ayuntamiento, el cartero, el inspector de Hacienda, el de Trabajo, el juez, ....Mucho más fácil: comiencen a contar desde que se levantan hasta que se acuestan el número de funcionarios que le atienden de manera gratuita a usted y a su familia (ya verá cómo en esa lista no aparecerá ningún asesor político) y a continuación compárenlos con los servicios que le ofrecen Cristiano y Messi. O, incluso, con los que les ofrecen esos políticos que les gobiernan. Y luego, me lo cuentan.    

jueves, 3 de octubre de 2013

EL PUEBLO MACHACA A LOS BORBONES

Venía el otro día en un autobús urbano y unas mujeres de edad madura que, por lo que deduje, se dedicaban a tareas de limpieza comenzaron a machacar al rey y a toda la Casa Real. Me sorprendió y agudicé el oído. No me podía perder lo que decían porque en raras ocasiones esto ocurre entre gente llana y trabajadora, que por falta de información, miedo a la crítica o, qué se yo, abducidos, quizá, como están con tanta tele tonta palmera de los borbones, jamás se les ha ocurrido pronunciar una mala palabra sobre ellos. 

Hablaban con espontaneidad, mezclando las criticas con las gracias de sus nietos o las penurias de sus hijos e hijas. Y al escucharlas me pregunté si el pueblo llano ya estaba comenzando a abrir los ojos. Entonces aludieron al asunto de la enésima operación de cadera y criticaron con dureza que se haya operado en un hospital privado y 'con los dineros de todos', dijeron. Luego vinieron los reproches a las 'bribonás del yerno' o lo bien que vivía él y su familia a costa de los demás, y 'mira nosotras como estamos, sin un duro pa'na'. Y fue ahí cuando comencé a perder el interés. O sea, que estaban criticando al rey porque a ellas les gustaría estar en su lugar, pero no por un sentido democrático, o al menos ético. No, nada de eso. La crítica era porque vivía muy bien (y ellas vivían muy mal). Reconozco que ahí me enfríe. Había picado como una mosca y me ilusioné pensando que el pueblo ya había captado la verdadera razón de ser y de existir de la corona. Pero no era así.
Y caí entonces en la cuenta del por qué la escasez de crítica en los años anteriores del pelotazo urbanística. No sé sí era el caso de esas señores, pero en esos años mucha gente llana vivía muy bien, casi tan bien como los mismos borbones. Mucha gente se había hecho de oro especulando con la construcción desenfrenada. Más o menos todo el mundo sacaba tajada. Unos vendiendo terrenos baldíos a precio de oro para que otro especulador aún mayor pudiera construir. Ese otro construyendo y vendiendo pisos o casas a precios disparatados sin que fuera necesario que arriesgará ni un euro, toda vez que el banco -que daba más de lo que se le pedía- avalaba la promoción y luego conseguía magras hipotecas. Alrededor de toda esa construcción todo el mundo cercano a ese sector se ponía las botas: las empresas de materiales no dando abasto, las tiendas de muebles sin stock, los fontaneros y pintores con lista de espera y, mientras, las Administraciones Públicas a través de sus haciendas ingresando cantidades ingentes vía tributaria. Además, como la economía era tan boyante, se vendían más coches que nunca y había más viajes al Caribe por persona que nunca. Los restaurantes siempre estaban llenos y encontrar una plaza de hotel en una playa por muy cutre que fuera era misión imposible. En toda esa orgía económica, casi todo el mundo pillaba algo, incluso, los funcionarios recogían migajas: al menos, no les bajaban el sueldo. Y las notarías  y los registradores de la propiedad tenían que incrementar sus plantillas porque no se amontonaban en los despachos las escrituras de compraventa.
Por su parte, los gobiernos -central, autonómicos y locales- gastaban sin miedo. Hacían aeropuertos e instalaciones deportivas o culturales sin reparar en su coste ni en lo que costaría mantener todo eso. Y, claro, en ese despelote económica la Casa Real, tan dada a gastar tan generosamente lo que es de los demás, no paraba de viajar, trincar, disparar con pólvora de ídem o hacer con el dinero público, que generosamente les asignaba el erario, lo que les daba la gana, sin necesidad de justificar ni un euro. Por tanto, en ese panorama no existía crítica por aquello de que todo el mundo estaba contento con su vida. A lo más, éramos cuatro los que criticábamos la incomprensión de la mayoría que afirmaba que lo que se llevaba la Casa Real era el chocolate del loro (frase típica donde las haya). Pero ahora el loro ha crecido de forma descomunal a los ojos de los españoles y ya parece que nadie quiere que se le dé ni una onza más a ese pájaro charlatán. 
No obstante, a servidor le gustaría que la crítica a la monarquía y no viniera por esa vía. Porque se trata de una vía en cierto modo interesada y egoísta. Le gustaría que viniera por la vía de la reflexión y a través de la crítica meditada y serena que tuviera como argumento serio el valor y el por qué  de la monarquía en un Estado que se considera democrático. Una monarquía que, además, no es nada transparente, como sí lo son las de nuestro entorno europeo. 
Y por ese motivo perdí tan pronto el interés en el discurso de esas mujeres del autobús. 
      

CINE: OBLIVION (USA, 2013)

Partiendo de la base que cada vez me cuesta más divertirme con una película (estoy volcado en las series, muchas más imaginativas y de mayor calidad, por lo general) he visto 'Oblivion'. Había decidido ya no verla (más de lo mismo, exterminación del planeta, máquinas infernales....), pero mi amigo Juan Carlos la había visto y me dijo que merecía la pena. Y, aunque, es un poco más de lo mismo, tal y como suponía, hay que darle la razón a Juan Carlos cuando decía que merecía la pena. Me fió de él.
Una enorme visualidad y un gran sonido, buena banda sonora, amén de determinados efectos originales y una excelente interpretación de Tom Cruise, gran actor donde los haya. Sin él, tal vez, la película hubiera hecho aguas. Encomiable el esfuerzo del pequeño (pequeño de estatura, pero grande en talento) actor norteamericano. Su trabajo para sostener y dar credibilidad a algo que tenemos la sensación de haber visto ya es destacable. Además, resulta excesivamente larga, porque lo que quiere contar se puede contar en mucho menos tiempo, pero me imagino que este tipo de superproducciones necesitan gran metraje para amortizar todo el ingente gasto tanto de atrezzo como de efectos digitales. De ahí sus 126 minutos. 
Intentan su director y guionista sorprendernos con un final sorprendentes -valga la redundancia-, pero para mí que no lo consiguen demasiado. No obstante, sí que encierra algo de sorpresa y giro ese final, pero nada del otro mundo. Así que quien pretende ver en esta película algo equiparable a los grandes clásicos de la ciencia ficción, en mi opinión, no lo conseguirá, pero en cambio pasará un rato entretenido de sábado o domingo mientras se toma un güisqui, un gin-tonic, un ron con coca, un té, un café o lo que quiera que gusten ustedes tomar mientras ven una película.       

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Si nadie le cuenta al hipotético lector nada sobre el pueblo de Rothenburg no habrá forma de imaginarlo a pesar de haber llegado...