15 julio 2020

UNA PUBLICACIÓN PENDIENTE SOBRE UNA ÉPOCA EXCEPCIONAL

Estoy trabajando en el diario que he escrito cada día que ha durado el Estado de Alarma y sus sucesivas prórrogas. No lo hago con una ilusión torrencial como sí ha ocurrido con otras publicaciones. Me mueve más el testimonio (es posible que para mí mismo, aún no lo sé) que la publicación de esas cincuenta mil palabras de las que consta.
Lo reviso con lentitud casi desesperante, intentando no cambiar nada que modifique la impresión de cada día. Tan solo reviso incoherencias gramaticales y alguna falla ortográfica. Incluso ya he diseñado la portada y el título es completamente nuevo, mucho más impactante que el provisional.
Pero me cuesta acabarlo y sé que aún me costará algo más a medida que me vaya alejando en el tiempo. Por eso quisiera que esté preparado pronto.
Lo que leo aún me es muy familiar, sobre todo lo último. Sin embargo, me parece extraño lo que escribí los primeros días de confinamiento, como si lo hubiera escrito alguien ajeno a mí, como si esos días transcurridos no hace tanto tiempo pertenezcan a otra época lejana o los hubiera escrito alguien que nadie ha conocido.
Y por eso tiene importancia para mí esta publicación.
La situación de los libros, ya sean físicos o digitales, cada vez es más patética y no puedo evitar pensar que llegará el día en el que comprar un libro y leerlo se convierta en algo casi utópico, algo similar a lo que ahora ocurre cuando alguien compra un cedé o un vinilo. Todo el mundo lo mirará como a un extraño preguntándose por qué hace tal cosa pudiendo piratear la música o, en el peor de los casos, escucharla en streaming.
E igual que ocurre con la música, lo que se leerá será mayoritariamente de un género o un par de géneros muy concretos. El resto de lo escrito, como ocurre con el resto de la música que pasa bastante desapercibida, desaparecerá por falta de lectores, como ya está desapareciendo cierta música por falta de oyentes.
Y eso es, quizá, lo que me desanima para seguir corrigiendo este diario porque sé que agonizará en su particular travesía por el desierto, a la espera de que alguien lo encuentre de improviso y lo lea y lo guarde como un testimonio directo de una época muy concreta.


4 comentarios:

  1. Estimado amigo cuando alguien escribe una especie de biografía de un determinado momento, creo que no hay que tener pelos en la lengua. Es cierto que pasado ése tiempo, quizás suene extraño, exagerado o lo que sea. Pero es el momento y así la pero vivió y muchos nos podamos ver identificado. Henry David Thoreau escribió Walden, y es una obra de culto para mi y para una legión de personas. Casi dos años viviendo aislado en una cabaña que él mismo se hizo junto al lago Walden y plasmó sus reflexiones y como veía a las personas desde su cabaña. No encontró a nadie que publicara su libro, y fíjate. Yo ya estoy a la espera de que publiques tu diario, seguro que me voy a sentir muy reflejado en como veias el mundo a través de tu ventana. Un abrazo

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  2. Paco, tu comentario además de profundo es muy certero. Mi mayor propósito es ser fiel a lo que escribí cada día sin censura. Esa es la verdadera esencia del diario. En cuanto esté publicado, yo creo que en unos 20 días, te enviaré una copia porque sé que lo vas a saborear. Por cierto, me voy a hacer con ese libro que indicas, que no he leído. Un abrazo.

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  3. Es normal que ahora veas raro lo que escribiste en esos meses de confinamiento tocayo. En mi opinión no eras tú mismo, como
    creo que en cualquier persona debió de cambiar un poco su esencia, para adaptarse a algo que nunca ha experimentado y, a buena parte de las personas, nos vino en grande por diferentes causas. Porque somos "sociables" por naturaleza. Tenemos que "sentir" el contacto con la gente. No me refiero a que tengamos que depender de los demás para poder vivir, sino a simplemente ver personas a lado nuestro. Por lo menos ese es mi caso. Poder sentir que hay personas a mi alrededor cuando voy a desayunar, cuando camino, etc. "sentir" que haya personas, que no estamos solos. Sin tener que llegar a más. En mi caso fue un poco la desesperación, la claustrofobia de sentirme encerrado lo que me lo hizo pasarlo mal. A lo cual me acostumbré a las pocas semanas.

    Ese diario da testimonio de unos meses en los que hemos pasado por una situación que casi nadie se había planteado, ni tan siquiera en sueños, que fuera algo que pudiera ocurrir. Me quedo con tus últimas palabras de esta publicación "...a la espera de que alguien lo encuentre de improviso y lo lea, y lo guarde como un testimonio directo de una época muy concreta". Por supuesto publicarlo porque creas que no va a agonizar "... en su larga travesía por el desierto...". "Carpe diem", vive el presente tocayo. No pienses en lo que el futuro podrá depararle a los libros. "siente" lo que estás haciendo en estos momentos. Un abrazo tocayo.

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    1. Estimado tocayo, has elegido la frase clave de esta entrada. Un diario perdido en algún remoto lugar digital. Ese sería un buen destino para este diario en el que trabajo para publicarlo en unos veinte días. Por supuesto, tendrás tu copia digital. Un abrazo

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Sin tu comentario, todo esto tiene mucho menos sentido. Es cómo escribir en el desierto.

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