En ocasiones me han preguntado en la presentación de alguno de mis libros o en una charla impartida (la última vez, en un colegio de Granada) acerca de qué me suelo nutrir para construir historias. Se trata de una buena pregunta, que para mí no siempre es fácil de responder. Comenzaré por el primero de mis libros publicados, Conversación en la taberna y 41 relatos, un volumen integrado por 42 relatos cortos de muy distinta temática. Lógicamente, al tratarse de relatos tan distintos opté por clasificarlos en ocho libros o bloques, idea que gustó a los lectores. No haré aquí un repaso exhaustivo a lo que inspiró cada relato ni cada bloque, pero, por ejemplo, los relatos góticos tomaron referencias de viejas historias contadas por mi abuela paterna cuando yo era niño, pero también de conversaciones góticas o de terror que he escuchado a otras personas o, incluso, relatos completamente inventados, como aquel en el que el protagonista es devorado por su sombra, que surgió cuando observé mi propia sombra bajo la luz de una farola en una noche oscura. Esas historias las conservé en mi mente y muchas de ellas las utilicé, con los aditivos necesarios que todo escritor suele utilizar, para crear varios relatos cortos de esta temática. Es probable que fueran los preferidos de muchos lectores, según me comunicaban. Otro ejemplo: los relatos relacionados con una de mis aficiones favoritas: correr por los caminos, el campo y la vega. Muchos de estos relatos surgieron mientras corría. Correr y crear se llevan bien, porque vas en piloto automático y la mente inventa historias. Siempre ha sido para mí una buena opción para crear historias. Los otros diversos bloques surgieron de maneras diferentes, pero casi todos obedecen a un patrón creativo concreto. Obviamente, con posterioridad, hay que ponerse a escribirlos y es habitual que cuando estás ante una página en blanco salgan cosas muy distintas a como las tienes concebidas en la mente. Sin embargo, mi manera de escribir relatos cortos siempre ha necesitado alguna idea previa antes de sentarme ante al ordenador. Me ocurría igual con los muchos artículos que publiqué en prensa. Sin embargo, la mecánica para escribir novela es distinta, en mi caso. Para estas lo que me va mejor es sentarme previamente a escribirla sin tener un plan demasiado preconcebido, pero eso es ya otra historia que contaré en próximas entradas de este blog.
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MI PROCESO CREATIVO: ALGUNOS APUNTES (I)
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