lunes, 29 de septiembre de 2014

SER TORO EN ESPAÑA (UNA REFLEXIÓN ANTIAURINA)

Soy antitaurino y seré tajante desde el principio: las corridas de toros me parecen una abominación y una involución humana. Algo vergonzoso.
Lo digo con tanta convicción que no me retractaría ni aunque me encontrara en la situación del tío del grabado. Para mí tengo que este espectáculo de violencia y sangre es una de las asignaturas pendientes más escandalosas de la supuesta civilización humana.
            Ajusticiar a un animal me parece una salvajada, pero hacerlo en público ante vítores y aplausos me parece demencial, algo que ya no encaja –si es que alguna vez ha encajado- en los tiempos actuales. En ese caso no sé bien si me preocupa más el asesinato del toro o el jolgorio por ese motivo.   
            Puedo admitir, por ejemplo, –aunque no comprenda ni comparta- que el personal sufra esa especie de síndrome de Stendhal ante un paso de Semana Santa, pero jamás podré comprender ni compartir que ese síndrome se produzca ante la condena gratuita a la que se somete al animal.
            Estoy convencido que la desecha  España no dejará de ser lo que siempre ha sido si siguen existiendo las corridas de toros que, además, se están quedando cada vez más aisladas tras el casi total rechazo y erradicación de esas fiestas salvajes de pueblo que consisten en hacer sufrir infinitamente o asesinar a un animal, ya sea una cabra, un gallo o un toro. No en vano el asesinato anual de toros en Tordesillas ya va camino de convertirse en un debate nacional e, incluso, internacional. Ese es el camino.
            De ahí que, en su día, viera con muy buenos ojos la iniciativa que tuvo hace unos años el Parlamento de Cataluña de eliminar las corridas de toros de su territorio por mucho que quieran los taurinos hacernos creer que lo que se quiere conseguir con esa iniciativa es rechazar sutilmente la pertenencia de Cataluña a España, dando a entender que España es lo que es gracias a que existe la fiesta taurina, algo inconsistente, perverso y manipulado. Pero aunque así fuera, el fin justifica los medios en este caso.
            En España somos muchos (y se nos escucha poco) los que consideramos que por encima de la tradición y la fiesta está el derecho del animal y tarde o temprano será la fuerza emergente de las nuevas leyes la que eliminará esta aberración de nuestras vidas. No puede ser de otra forma. No debe ser de otra forma. No es posible promulgar cada vez más normas (algunas de ellas penales) contrarias al maltrato animal –doméstico o salvaje- y mantener como legal ese maltrato institucional del que participa y gusta tanto mandatario público, que con su apoyo y presencia oficializa algo que cada vez menos personas admitimos. Además –y eso resulta escandaloso- se destina dinero público, dinero recaudado con los tributos, para apoyar y fomentar esa orgía de sangre en que se convierten las plazas de toros.     
            Estamos sin duda ante una hipocresía de magnitud histórica. Una sociedad que lanza mensajes de protección animal y buen rollito ecológico pero que machaca y fomenta la violencia extrema contra los toros y por añadidura contra los caballos que también reciben su parte en este desquiciado espectáculo. Y esa forma de actuar no puede ser otra cosa que producto de una esquizofrenia preocupante.
            Pero tampoco vale afirmar que las corridas de toros son tradición cultural porque ésta no puede sostenerse si se alimenta de una práctica denigrante. La tradición puede ser cultura, sabiduría, arte o buenas costumbres, es decir, todo aquello que sublima y enriquece el alma humana pero no la aniquilación de animales, porque si cometemos el error de apoyarnos en esa pretendida tradición, aún a día de hoy podríamos asistir a aquellos vergonzosos Autos de Fe -como ya he mantenido en otros artículos- que se sintetizaban con el ajusticiamiento público de seres humanos cada fin de semana de hace algunos siglos en las plazas más céntricas de las ciudades ante la algarabía del pueblo, que seguramente contaba con un sector discretamente crítico.
            En nuestra era moderna, otras tipos de plazas siguen siendo las protagonistas de estos nuevos Autos de Fe. Incluso se ofrece el perdón al animal, ahora más conocido como indulto. Sólo falta que el animal haga penitencia.

                 

domingo, 28 de septiembre de 2014

CINE: A PROPÓSITO DE LLEWYN DAVIS (USA, 2013)


Una nueva película de los Hermanos Coen siempre es una buena noticia. Otra cosa muy distinta es que estos enormes cineasta -guionistas, directores, productores..-, de talento repartido, acierten siempre. Aunque en justicia hay que decir que un 'Fargo' y un 'El gran Lebowski' no sale todos los años, ni tan siquiera cada cinco años. Pero siempre hacen películas especiales, muy originales en cuanto al guión, dirección y temática elegida. 

Disfruté mucho con la anterior, el remake de 'Valor de ley' de igual título, hasta el punto de inclinarme más por el remake que por la original. En ese sentido algo tuvo que ver que el protagonista fuera uno de mis actores predilectos: Jeff Bridges; igualmente me cautivó la anterior a ésta: 'Quemar después de leer', pero siempre me quedaré con una de mis películas predilectas, tanto de los Coen como del cine en general: 'El gran Lebowski'. Pero aún no me he atrevido a ver 'Crueldad intolerable', que según dicen, es una de las cagadas de los hermanos. 
Esta última: 'A propósito de Llewyn Davis', también se apunta al grupo de películas interesantes de los hermanos de Minnesota, o al menos a mí me lo parece. 
Desigual en su ritmo, es una película con momentos muy brillantes y contada como 'road movie', siendo la canción folk norteamericana la que sirva de tapiz; una canción, que bien podría compararse con la canción de cantautor en nuestro contexto cultural español. Una película sobre perdedores que intentan sobrevivir en un mundo musical despiadado a principios de los años 60. 
Proverbial la actuación de su protagonista, el guatamalteco Oscar Isaac, actor que a mi me gustó -y así lo manifesté en su día- en 'Ágora', el filme de Amenábar. Un actor no demasiado conocido ni demasiado llamado a interpretar papeles importantes -tal vez por su origen, no lo sé-, pero que actual con mucha convicción. Los Coen, que es gente de cine con olfato, no han dudado en llamarle para contar la historia de un músico de canción folk, ya que en la vida real, Isaac, es también músico y, lógicamente, eso evita el engorro de actuar en 'playback', que es algo que por bien que se haga siempre resulta algo artificioso (que se lo digan a Penélope -perdón, Pen-, Cruz imitando cantar con la voz de la granadina Estrella Morente en 'Volver', de Almodovar). 
En fin. Comentaba sobre la última película de los Coen que contaba con un ritmo desigual. O al menos, a mí me lo ha parecido. Proverbial en su primera media hora, pierde algo de interés posteriormente, para volver a interesar hacia el final. Pero es tan sólo una apreciación personal. No obstante esa apreciación, nada le quita mérito a esta buena película en la que los gatos -ya lo verán- tienen bastante protagonismo. Que no sólo el escrito Murakami está obsesionado con estos felinos.
Por tanto, si os convence el cine de los Coen, no podéis perderos su última película.  

jueves, 25 de septiembre de 2014

CORRER EN LAS CUATRO ESTACIONES

No sé si a vosotros-as, lectores corredores os ocurre, pero a mí me cuesta arrancar a correr cuando cambia la estación del año. En verano llevo mal el principio del calor; en otoño, percibo la melancolía del final del verano y me cuesta adaptarme a la menor luz y a las tardes más oscuras y solitarias; en invierno, el frío me abofetea la cara sin piedad y me cuesta verme en los caminos gélidos; y en primavera, aunque me cuesta menos correr, las alergias por mínimas que sean y la excesiva luz que penetra de golpe en las pupilas me impiden desacostumbrarme al invierno como debiera.
Sin embargo diré que me gusta correr en todas las estaciones, porque al final me encandila cada paisaje estacional, cada secuencia que voy percibiendo mientras corro. 
Porque en verano, cuando ya voy tomando contacto, me gusta el calor, sumergirme por esos caminos polvorientos de olivos o de vega; o sumergirme en una recta carretera y ver a lo lejos las manchas de agua que el fuerte calor provoca en nuestra falsa visión óptica. 
Porque en otoño, que quizá sea mi mes predilecto para correr, me gusta pisar las hojas caídas y escuchar su crepitar al tiempo que contemplo las alamedas peladas y esqueléticas. Percibir la tenue lluvia que cae en tu cara y ese olor a tierra mojada, que junto al del pan recién el hecho, es lo mejor que nos han ofrecido los dioses para el olfato.
Porque en invierno me gusta enfrentarme a la épica de las tardes oscuras, frías y lluviosas; y observar cómo no se ve un alma mientras corres; y contemplar a las avefrías en la Vega para admirarme de cómo estos grandes pájaros aguantan el frío con estoicidad cartujana. 
Porque en primavera me ilusiona observar el renacimiento de la naturaleza y escuchar los primeros cantos de las pájaros venidos de climas más cálidos y saber que hay más día y mejor temperatura para poder correr. Y volver a reencontrarme con la ropa técnica más ligera. 

La Vega en otoño. Foto de J.A. Flores


Por eso, la otra tarde comprendí que la apatía con la que corría los primeros kilómetros no era más que la adaptación necesaria para comenzar a correr en otoño que, como decía, es quizá la estación en la que más me gusta correr, una vez superado este periodo de adaptación incierto. 
 
  

martes, 23 de septiembre de 2014

MICRORRELATO-FÁBULA (HIPOPÓTAMO): LA MALDITA DIETA.

Dan coloreado
De gaharu.subcultura.es
Desde que llegó a sus manos aquel folleto, Julio no podía quitarse el tema de la cabeza. Desde siempre había soñado con hacer dieta, por lo que encontró en aquella información la excusa perfecta para comenzar. Estaba totalmente convencido, ya que no soportaba verse en la edad adulta con el peso y la falta de forma de sus progenitores. 
Sin embargo, había un problema: aquella dieta mandaba comer sólo carne. ¿Carne? ¿No le habían dicho desde niño que la carne genera estrés nutricional en los de su especie, que los volvía violentos? Pero no había vuelta atrás, su decisión ya estaba tomada.
Al poco tiempo fue fruto de las miradas de sus vecinos y familia. Se le veía realmente estilizado, pero también le observaron un carácter cada vez más agrio y taciturno. Con el paso del tiempo, su delgadez fue a más, pero también su comportamiento fue empeorando y cuando quiso echar marcha atrás ya no pudo. Se había convertido en un violento ser delgado y atlético, que cada vez disfrutaba más de la compañía de los leones.   

domingo, 21 de septiembre de 2014

VIGILAR Y CASTIGAR (IDEAL, 22/9/2014)

Conocer los procesos que llevan a la corrupción de la cosa pública es un asunto complejo. Una tarea de investigación que han de llevar a cabo especialistas de distintas áreas del conocimiento, desde sociólogos hasta juristas, pasando por filósofos, antropólogos y es posible que hasta psiquiatras si se concluye que corromper y corromperse es una especie de enfermedad mental que resulta incurable para algunos.
            De todas maneras, al margen de desviaciones psicológicas o sociológicas, es fundamental tener presente siempre la historia para valorar por qué en determinados países la corrupción está más presente que en otros y tendrá mucho que ver la concepción de lo público y lo privado, así como la forma de entender la economía. En ese sentido, en nuestro país nunca se ha distinguido muy bien lo público de lo privado y ese hecho es siempre un caldo de cultivo idóneo para que aflore la corrupción. Por su parte, en países en los que hay una clara separación entre estas dos vertientes, la corrupción existirá -es una lacra universal-, pero tal vez más en la vertiente privada que en la pública. Lógicamente, mucho tendrá que ver la contundencia de la ley, porque está claro que el género humano varía muy poco de unos lugares a otros y tan sólo el vigilar y castigar de los Estados como detentadores de la violencia legítima será determinante.
            En la España democrática -que es la etapa política en la que la corrupción resulta más abominable- la asociación negocio-Estado, en cualquiera de sus vertientes territoriales, ha estado siempre muy presente, algo muy similar a la conexión negocio-familia de que se nutren las relaciones ilícitas en las distintas mafias transalpinas. Este tipo de conexiones son básicas para que se pueda tejer un entramado corrupto. También son elementos fundamentales la complicidad y el silencio. De hecho, los cuantiosos casos de alta corrupción política y empresarial en España siempre se han abierto por la falla de alguno de estos elementos.
            Otro factor importante, en mi opinión,  para que en España se hayan dado tantos casos de corrupción -aún hay muchos que no se conocen, pero que aflorarán- es el poco apego a la causa estatal -o autonómica o local- que siempre han demostrado los políticos en general y los corruptos en particular. Cuando no interesa la deriva de un país y no se cree en sus instituciones, la única motivación -que también se convierte en ventaja- para formar parte de la élite dirigente son los negocios propios, los del partido y los de la familia, de manera que una vez ostentado un cargo con mucho poder y conociendo que los mecanismos legales son torpes, ineficientes y lentos, el itinerario para enriquecerse es francamente favorable; lo es si la idea de entrada es servir y no robar, mucho más lo será cuando la idea de entrada es sólo robar. De ahí que los mecanismos necesarios que impidan la corrupción no pueden ser de mero maquillaje legal y político sino más mucho más contundentes y estructurales.
            Y esa contundencia -lo decía más arriba- no puede ser otra que el vigilar y castigar de manera contundente, pero para ello es fundamental que la democracia española se sostenga de veras en un verdadero Estado de Derecho, con sus tres robustas patas independientes: un poder legislativo que legisle de manera consecuente, un ejecutivo que ejecute lo legislado y un judicial que juzgue e interprete la ley sin contemplaciones y en plena igualdad. Pero para ello, hay que conocer desde la escuela qué significa el juego democrático. Lo que no puede significar bajo ningún concepto es ser la mercadería en que la han convertido la mayoría de los políticos de este país, el negocio particular de personas que han accedido al poder gracias al voto -eso sí, indirecto- de los ciudadanos.
            Hay políticos y juristas que sostienen que una democracia se ha de forjar a base de tolerancia y leyes lenitivas porque consideran que ese será el elemento diferenciador con los sistemas dictatoriales, pero esa premisa no es siempre válida. Nada impide que un sistema democrático posea normas contundentes que impidan la corrupción. De hecho, éstas serán la mejor garantía para evitar que se asiente. Para buenos ejemplos, contamos con los de determinados países de nuestro entorno, los cuales gozan de mayor recorrido democrático y, por lo general, asisten a bastantes menos casos de corrupción. Eso se debe -entre otras razones ya aludidas- a la contundencia de sus normas y a una más eficaz separación de poderes. En ese sentido, me contaron que en la República de Irlanda se acordó que un importante político acusado de corrupción debía de devolver hasta el último euro de lo sustraído y dejarle sin recursos, al tiempo que decidieron que el Estado no tenía por qué gastar un centavo en él albergándole en la cárcel. No es mala solución si consideramos que en nuestro país las sentencias que resuelven enviar a la cárcel a políticos corruptos son muy pocas -la mayoría resuelven inhabilitación de varios años en cargos públicos, que ya no ejercerán-  y jamás se les exige la devolución de lo robado. Es más, en la jungla política y empresarial corrupta española muchos actores de tramas de alto nivel ya han presupuesto las penas que pueden caerles si son cogidos y han comprendido que siempre es rentable arriesgarse. Mientras tanto, lo robado descansará sin riesgo alguno en algún oscuro paraíso fiscal a la espera de poder ser disfrutado por el hacedor y su familia.             

viernes, 19 de septiembre de 2014

MÚSICA: AMON AMARTH (SUECIA, 1992-ACT.)

Amon Amarth es un banda de Death metal melódico procedente de la ciudad sueca de Tumba. Su nombre significa 'Monte del destino', en Sindarin, una de las lenguas élficas de la Tierra Media, que creó Tolkien para su magna obra ' El Señor de los Anillos'.  
A pesar de cultivar el Death no introducen teclado en su formación, que está compuesta de dos guitarras -un principal-, guitarra bajo y batería. La voz es independiente y es con mucha frecuencia gutural. Ya hice una reseñas de ellos hace tiempo y afirmaba que el Death no era uno de los estilos metaleros que más me gustaba, pero he de decir que con esta banda he aprendido a comprender este estilo y ya está entre mis predilectos (soy muy abierto a escuchar todas las tendencias).
Su estética es muy nórdica, muy tipo 'viking', porque casi todas las bandas nórdicas tienen afición a este tipo de estética, que es una forma de reivindicar su pasado más oscuro. Ese pueblo nórdico con mala fama cuyas tradiciones, religión y forma de vida, está a mitad de camino entre la realidad y la leyenda (en ese aspecto, impagable la documentada serie 'Vikings'). 
Han publicado nueve trabajos de estudio, el último en 2013 y sus directos son muy demandados. Suelen, como casi todos los grupos de este tipo de música y estética, decorar sus escenarios con motivos de su cultura ancestral, pero no son tan rocambolescos y espectaculares como otros de su cuerda y estilo. 
Por tanto, el éxito de su directo está en su buen hacer. Es un grupo que a mí me gusta, básicamente por el buen equilibrio entre instrumentos y voz. Poseer dos guitarras es una magnífica opción que ofrece mucho juego en el escenario y este grupo explota muy bien ese aspecto. Además, el bajo se puede dedicar a su función propia, que es algo mucho más difícil cuando hay una sola guitarra como es el caso, no sé, de Warcry en España (no significa que Warcry cultive el Death melódico), por poner un ejemplo. 
También valoro la voz que no es demasiado gutural -demasiado cansa-. El vocalista de esta banda, Johan Hegg, la tiene bastante equilibrada y gutural, como decía. Además, se compenetra muy bien con los instrumentos, creando un buen equilibrio natural. 
Si os gusta este música u os estáis iniciando en ella, os sugiero que escuchéis el vídeo que inserto para comprobar las magníficas melodías de las guitarras, que son el alma del grupo y el perfecto acompañamiento de bajo y batería, no creando confusión ni discordancia la voz.
Este vídeo corresponde a una de sus últimas actuaciones, en el Wacken de 2014.

martes, 16 de septiembre de 2014

LA SALVAJADA DEL TORO DE LA VEGA DE TORDESILLAS

He estado dos veces en Tordesillas. Me gusta este pueblo; me gustan sus históricas calles, sus históricos monumentos y tiene una de las plazas mayores más coquetas y bonitas de España.
Además Tordesillas forma parte de la historia de España con mayúsculas. No en vano en este pueblo vallisoletano se firmó en dos palacios, conocidos como 'Casas de el Tratado' -aún ambos en pie- el conocido como 'Tratado de Tordesillas', el 7 de junio de 1494,  que supuso el fin oficial de las hostilidades entre el Reino de Castilla y Aragón y Portugal en el Atlántico y en el Nuevo Mundo, recién descubierto por Colón. Para tal fin se trazó un meridiano imaginario en alguna zona del Atlántico que pusiera paz a los dos países protagonistas en las nuevas tierras. 
Además, Tordesillas goza de infinidad de monumentos religiosos y civiles que quitan el hipo, declarados oficialmente como Patrimonio Nacional.  
Pero ocurre que no todo el monte orégano como se suele decir y es bastante habitual que pueblos que han sido cultos o que han contribuido de forma decisiva a la formación de los Estados sean indolentes en otros aspectos. Tradiciones dicen sus defensores, pero no es sostenible una tradición si para preservarla han de torturarse animales. Lógicamente, me refiero al tema estrella de estos días 'El Toro de la Vega', una salvajada propia de otros tiempos que de forma incomprensible es el acto central de las fiestas de este histórico pueblo. 
Es tan repugnante que cuando la visitamos por última vez, hace dos años creo recordar, y nos sumergimos en su Plaza Mayor, cada vez más concentrada de 'peñas', ciudadanos y visitantes, percibía que todo aquello me estaba sentando cada vez peor. Nos pareció excepcional el ambiente, la puesta en escena de las fiestas, sus terrazas, sus barras, el pueblo todo, pero sabía que esa misma tarde se iba a celebrar esa animalada y eso me hizo -nos hizo- sentirnos cada vez peor.
Tanto es así que cuando llegué a Granada envíe un correo electrónico a la Delegación del Gobierno de la Junta de Castilla y León en Valladolid, pero no me hicieron ni puto caso. Y eso que lo razoné lo mejor que pude para que no pareciera un cabreo espontáneo de un ciudadano. Unos años antes escribí otro al Ayuntamiento de San Sebastían con relación a la explotación de un pony en una atracción en el Monte Igeldo y al menos me contestaron que estaban en ello, pero que se trataba de un espacio privado y tal.
En la queja a la Junta de Castilla y León, venía a decir más o menos lo que aquí cuento: que si no está justificada una tradición si se tortura a un animal, que si en los tiempos en los que estamos esto no tiene lógica y atenta contra todas las leyes positivas y naturales...en fin que eché la pota de la forma más elegantemente posible, pero ya digo, ni caso.
Para entonces, muchas asociaciones en defensa de los animales ya se estaban moviendo y todo parecía indicar que aquellas movilizaciones iban a ir 'in crescendo'. Así ha sido.
Porque cuando escribo esta entrada -noche del 16 de septiembre-, la noticia es que ha habido enfrentamientos entre partidarios y nos partidarios, con algún herido incluido. 
Lo más lamentable de todo esto es que los políticos no son capaces de coger el toro por los cuernos -nunca mejor dicho- y poner fin a esta barbarie. Pero, claro, no olvidemos que estamos en el país de las corridas de toros y que eso es oficial en este país. De hecho, acabo de firmar una petición a la UE para que se controlen las subvenciones agrícolas que se dan a determinadas CCAA y al Estado porque, al parecer, parte de esas subvenciones sirven para financiar espectáculos taurinos. Subvenciones que no sólo salen de esos fondos sino del bolsillo de todos nosotros, dóciles pagadores de impuestos. Es decir que con mis impuestos sostengo no sólo a los Borbones sino las corridas de toros. En realidad, si se piensa en frío dan ganas de pasar a la acción y dejarse de palabras. 
En fin, que me desvío, decía, que en este país es oficial matar toros en una plaza bajo el aplauso de reyes, políticos, personal y medios de comunicación púbicos y privados, pero es ilegal matar una perdiz en el monte si no es periodo de caza. Lógicamente, no estoy diciendo que me parezca bien matar una perdiz porque odio la caza en cualquiera de sus manifestaciones, pero pongo el ejemplo para ilustrar la hipocresía social y legal que existe en este país en cuanto al asunto de los animales. 
Volviendo al Toro de la Vega, confío que esta mal llamada tradición acabe pasando a la historia en breve como han pasado otras fiestas y tradiciones que se sostenían y sostienen aún en el linchamiento y asesinato de un animal. No se trata más que de sentido común. Porque si se afirma que las tradiciones han de continuar, tal como hacen algunos políticos y responsables, no estaría nada mal que hubiera seguido la tradición de cortar cabezas que se inició en la Revolución Francesa. Seguramente que esa tradición a muchos políticos y monarcas no les parece tan preservable. 
Tradición también fue -como escribí en algún sitio- la celebración de los Autos de Fe en las plazas públicas de todas las ciudades españolas entre los siglos XV y principios del XVIII. Por tanto, de seguir alimentándolas -porque las tradiciones hay que preservarlas dicen algunos-, todavía sería posible ver arder a alguien en cualquier plaza pública. 

           

lunes, 15 de septiembre de 2014

EL TEATRO ROMANO DE CARTAGENA

Foto de J.A. Flores

















Si hubiera que destacar algo extraordinario en los últimos lustros en materia de arqueología, ese algo sería el caso del Teatro Romano de Cartagena. 
La ciudad portuaria vivió hasta 1988 sin nociones concretas de la existencia del teatro, a pesar de que estudiosos de la historia de Roma y la arqueología antigua barruntaban la posibilidad que existiera al ser Carthago Nova una de las ciudades más importantes de la España romana en el periodo anterior y posterior a la supuesta irrupción en el mundo de Jesucristo. Existía mucha lógica para pensar de esa forma, básicamente porque esta ciudad de antecedentes íberos fue la elegida por las huestes de la civilización púnica para implantar en la antigua Hispania la capital de su imperio ubicado inicialmente en el norte de África -actual Túnez-, el cual fue destruido por el más avanzado y poderoso ejército romano dirigido por Escipión, llamado el Africano, dando lugar a lo que se conoció como las Segundas Guerras Púnicas. Pero, en fin, esa es otra historia, si bien no ajena a lo que ocurrió con este majestuoso Teatro Romano de Cartagena. 
Decía, que la ciudad vivió hasta 1988 sin nociones de su existencia. Ese mismo año, unas prospecciones arqueológicas en el solar de la Casa-Palacio de la Condesa Peralta pusieron sobre la pista a los arqueólogos, gracias a la existencia de estructuras arqueológicas divididas en capas que sugerían mucha importancia. Dos años más tarde, se encontraron los primeros restos del Teatro Romano, el cual pudimos recorrer hace unos días.
La gran pregunta que se hicieron los expertos y que nos hacemos todos es cómo un elemento arqueológico tan enorme -tenía capacidad para 7000 espectadores- y en lugar tan céntrico y alto del centro de la ciudad ha podido estar escondido durante tantos siglos. La razón, una vez explicada y leída, es más fácil de comprender. 
Foto de J.A. Flores
Construido a finales del Siglo I a. C., fue abandonado a medida que las sucesivas civilizaciones fueron apoderándose de la antigua ciudad de Cartagena. Ni bizantinos, ni visigodos, ni árabes, ni cristianos hicieron gran cosa para mantenerlo a vista de todos, más bien al contrario. Bizancio construyó en su solar un mercado y los árabes un barrio. Y una vez expulsados éstos y tomado el control por los cristianos, el Teatro Romano sirvió de solar parcial para la construcción de la conocida como Catedral Vieja. Bajo sus muros y bajo las humildes casas de un barrio de casas pequeñas y modestas estuvo durante siglos sumergido esta gran obra arquitectónica y así ha sido hasta hace poco. ¿Curioso, no?
Por suerte, a día de hoy se ha podido recuperar y restaurar casi por completo, aprovechándose asimismo el Palacio Pascual de Riquelme y un corredor arqueológico bajo la Iglesia de Santa María -la Catedral Vieja- para unir el Museo del Teatro Romano, diseñado por Rafael Moneo, y el Teatro en sí. 
Todo un descubrimiento que no pudimos disfrutar en nuestra primera visita en 2007 a esta magnífica ciudad portuaria de la Comunidad murciana. Por aquel entonces, el Teatro estaba en pleno proceso de restauración y el Museo aún no estaba construido y por eso mismo la ciudad era muy distinta a la que hemos descubierto. Tendrán que decirlo sus moradores, pero la ciudad ha evolucionado gracias, entre otros aspectos, a la apertura del Teatro Romano, al que acompañan maravilllas arqueológicas romanas y púnicas, como son, entre otras, el fastuoso barrio del foro romano molinete y el resto de la muralla púnica, respectivamente. 

Curiosamente, tenía muchas ganas de visitar este Teatro Romano desde que vi hace un par de años la película de Alex de la Iglesia -una de las peores que el buen director vasco ha dirigido-, 'La chispa de la vida'. Y es que ésta se filmó durante la construcción del Museo del Teatro y la restauración del Teatro Romano, debiendo de hacerlo de noche y de madrugada para no entorpecer las obras. 
¿Recordáis al humorista José Mota unido a una tabla por la cabeza por medio de un clavo, sin poderse mover, robando todo el protagonismo de la inauguración al encolerizado alcalde, protagonizado por el desaparecido Juan Luis Galiardo?       

domingo, 14 de septiembre de 2014

CINE: CRÓNICAS DIPLOMÁTICAS (FR, 2013)


Esta comedia política francesa navega muy bien por la pantalla siguiendo las máximas de Heráclito. Ese podría ser un digno resumen de esta excelente comedia de casi dos horas. Inteligente y tratada con fino humor, su director,  el francés Bertrand Tavernier, dirige una muy completa película en clave crítica y ácido humor sobre la alta clase política francesa de la mano de un Ministro de Exteriores, cargo fundamental en la política francesa dada la presencia de Francia en el antiguo mundo colonial. Una crítica ácida que también es extrapolable a cualquier alta clase política de los países poderosos del primer mundo, tan divididos en mantener su poder, sus colonias y sus chanchullos a la vez que de aparentar ser los guardianes de la paz mundial. 

Me ha gustado esta película porque es ocurrente, inteligente, irónica y desenvuelta. Alejada de topismos propios de películas de este tipo, también es desenfadada. Contemplándola uno puede imaginarse en clave de humor las venturosos castillos de naipes que han de llevar a cabo los caóticos gabinetes de los ministros, en este caso del Ministro de Exteriores francés. 
Cuando uno se enfrenta a una película francesa, le pueda pasar de todo. Desde que se trate de una película muy retroalimentada y encantada de haberse conocido así misma, hasta encontrar un pequeño tesoro o algo muy original que no haya visto nunca. Eso es lo que tiene el cine francés: enorme cine -del que disfruto enormemente- pero al mismo tiempo cargado de esa especie de chauvinismo que caracteriza a los vecinos del norte. Pero quizá también en esa dualidad radique su genio, su calidad. 
De ahí que cuando en la tarde del domingo me acomodé en mi salón una vez bajadas las persianas y corridas las cortinas, no sabía con qué tipo de película me iba a encontrar. Tan sólo contaba con lo que me había contado, Juan Carlos, un compañero de trabajo y amigo con el suelo coincidir en gustos cinematográficos. Lógicamente, eso me infundió confianza. 
Así que a medida que iban pasando los fotogramas, me percaté que me encontraba ante una excelente película cuyo argumento giraba en torno a las peripecias del ministro y su gabinete, tirando del hilo argumental el protagonista encargado del lenguaje en los discursos. Un tipo que jamás parece acertar, no porque no ponga empeño y saber, sino porque es imposible acertar con la visión de la política que tiene el peculiar ministro, algo que ya saben los veteranos y veteranas del gabinete. Como trasfondo, como antes decía, las máximas peculiares del filósofo presocrático griego Heráclito. 
Un ministro que no lee lo que le escriben, a lo sumo la primera línea, en la que espera encontrar una interpretación de una máxima de su filósofo favorito. Si no es así, ese discurso se inutiliza rápidamente. 
Mucho disfrute, por tanto, en esta comedia francesa, de la que no hay que perder comba en cuanto a sus diálogos y situaciones. Muy aconsejable, desde mi punto de vista, claro. 

jueves, 11 de septiembre de 2014

CINE: 'LA VIDA INESPERADA' (ESP, 2014)

Había escrito en el margen derecho unas breves palabras en la sección dedicada al cine 'Me gustó...', pero tenía interés en alargar unas cuantas palabras más sobre ella. Más que nada porque me ha parecido una película interesante a la par que incierta. Es como si algo fallara en ella y que de no haber fallado, la podría haber convertido en una película mucho mayor. 
No soy experto en cine -sólo opino sobre lo qué me parece la película que veo-, pero, ya digo, la sensación que tienes cuando acabas de verla es como si algo hubiera fallado en ella. Tal vez la dirección, tal vez el guión, no lo sé...Porque lo que me queda totalmente claro es que no ha fallado el descomunal esfuerzo interpretativo de su protagonista principal, el bueno de Javier Cámara que como le ocurre al buen vino, con los años va avanzando enteros en este difícil mundo de la interpretación. Excelente actor para la comedia y excelente actor para el drama. También ha estado a buen nivel el trabajo del coprotagonista, el más joven y menos experimentado Raúl Arévalo, un actor muy dotado también para la comedia, como ya ha demostrado en varias películas, destacando por encima de todos su papel en la magnífica 'Primos', de Daniel Sánchez Arévalo.
El guión de Elvira Lindo, sobre el papel es muy interesante porque ha sabido atrapar bien el espíritu de la ciudad de New York, gracias a sus largas temporadas pasadas allí junto a su pareja, el escritor Muñoz Molina. En ese sentido, hubo momentos en la película en los cuales contemplé cierto paralelismo con lo que nos cuenta el escritor ubetense en el magnífico libro de viajes 'Ventanas de Manhattan'. De hecho, los créditos iniciales de la película se acompañan de imágenes de ventanas de edificios neoyorkinos, siempre ausentes de cortinas, que es algo a lo que se alude en el transcurso de la película como podrá comprobar el espectador. Decía que el guión es interesante: vida precaria de españoles en la Gran Manzana persiguiendo sueños que son muy duros de conseguir.  Y es también excelente la ambientación y la fotografía. Luego, es bastante probable que la dirección de Jorge Torregrossa no haya logrado conectarnos con el film. A excepción de los últimos veinte minutos finales -los más intenso e interesantes-, donde se trasluce de manera clara lo que pretende contarnos. Los ochenta minutos anteriores, aunque divertidos, se debaten entre la comedia y ese a punto de concluir en algo pero que no llega a concluir. 
Consideré como hipótesis bastante aceptable, una vez vista la peli, que se consigue transmitir lo que se quiere transmitir gracias al descomunal esfuerzo interpretativo de Javier Cámara, pero no tanto a la mano de la dirección. Pero, claro, es tan sólo una sensación, más que una opinión. 
De todas formas, es una película que gusta ver (no diré que sea una película que guste volver a ver, que de ésas no hay demasiadas) porque nos divierte y nos introduce en una ciudad como si se tratara de una visita que nos mostrara una persona observadora y cualificada, y en se sentido se aprecia muy mucho la mano de Elvira Lindo, la guionista. De hecho, para hacer creíble que estamos en Nueva York -como estamos- ha sido muy acertada la introducción de dos desconocidas actrices norteamericanas y no cuesta nada leer la traducción en pantalla para quienes, como yo, pillamos pocas palabras del idioma de Shakespeare.         

domingo, 7 de septiembre de 2014

LIBROS: 'LOS DETECTIVES SALVAJES' DE ROBERTO BOLAÑO

Este verano ha sido -está siendo- muy intenso en cuanto a lecturas. Y entre ellas, algunas asignaturas pendientes, esas que sabes que no has de demorar más para sumergirte en sus páginas. 
En ese sentido, mucho escuché y leí sobre la calidad de 'Los detectives salvajes' del desaparecido Roberto Bolaño, así que me dije que, a pesar de sus más de seiscientas páginas, era hora de comenzar por la primera. 
Cuando me enfrento a un libro o a una película, intento no leer demasiado sobre lo que les ha parecido a otros, por tanto, quienes consideren que leyendo esta entrada se verán influenciados por la futura lectura de esta obra, pueden optar por no continuar leyendo, aunque diré en mi descargo -como ya saben los más antiguos del lugar- que jamás destripo un libro o espoleo el argumento de una película, todo lo más comento y opino sin intentar entrar en argumento alguno -alguno no siempre lo consigo-. Pero eso sí, daré mi opinión. 
Y mi opinión sobre 'Los detectives salvajes' es ambigua, porque ambigua es la obra. En principio, hay que decir que escapa a la concepción argumental de lo que entendemos por novela moderna, algo que jamás se ha superado desde 'Madame Bovay'. No encontramos 'En los detectives salvajes' los mismos esquemas y tópicos de una novela moderna. Existe una estructura original, que yo no había leído hasta ahora. Y probablemente en esa estructura tan original radique la fama y aprecio que tiene esta novela tanto en el mundo hispano como en el anglosajón de Estados Unidos. 
Ahora bien, hay que decir que a quien guste de la novela bien estructurada, esa que conlleva un encabezado, un cuerpo y una culminación, 'Los detectives..' le sabrá a algo distinto, ya que no se trata de una historia propiamente dicha, sino de muchas historias que penetran en lo más hondo de lo existencial literario si es que se me permite acuñar ese término. Pero esas historias son siempre una. O mejor dicho, historias en una en torno a unos cuantos personajes del mundillo literario de México D.F.
He de decir que no estoy muy seguro de afirmar si me ha gustado o no esta obra de Bolaño. La he disfrutado en ocasiones y en otras no tanto, aunque a decir verdad, no me ha aburrido nunca. 
Gente que se mueve por el terreno literario poético de México D.F., y que describe una época y unos paisajes concretos. Vida de poetas y gente bohemia que se prodiga desde la capital mexicana a otras ciudades de distintos países, siguiendo un movimiento poético ficticio denominado 'real visceralismo', cuya creadora en la novela es Cesárea Tinajero, una búsqueda que adquiere elementos surealistas y también muy realistas en ocasiones, pero no estoy seguro de saber en qué dirección nos quiere llevar el escritor chileno. 
Supongo que nos quiere mostrar vivencias propias y de su generación, algo muy encorsetado en una época y en unos lugares concretos, pero que difícilmente puede extenderse hacia la universalidad, entre otras cosas, porque se tratan presumiblemente de sus vivencias personales. Por tanto, el sustrato que saqué de la lectura es literario en parte, pero no demasiado más. Eso no significa que no considere interesante la novela, pero me hubiera conformado con menos páginas que me dejaran más tiempo para leer otras cosas que me parecen más interesantes. Por ejemplo, las más de mil páginas de que se compone la trilogía de Torrente Ballester 'Los gozos y las sombras', magna obra a la que estoy ahora dedicando mi tiempo en alternancia con la 'Justicia desahuciada' del expedientado juez del caso Blesa y Banco de Miami, el granadino Elpidio José Silva, que no es que sea una lectura con la que uno disfrute, como se hace con una buena novela, pero que cuenta algo muy turbio de la última turbia realidad española.       

jueves, 4 de septiembre de 2014

REFLEXIONES POS 'HUELLA DEL BÚHO'.

Bien mirado, pensar en tan sólo participar en la 'Huella del Búho', el Trail Running de Colomera a través de varias localidades de dos municipios de la comarca de Los Montes Orientales, es un descoco. Principalmente para un corredor que viene del running puro, ese que hace deslizar los pies por asfalto, caminos, calles y todo lo más alguna vereda empedrada. Con cuestas, sí, pero cuestas integradas dentro de las rutas habituales de las ciudades, de los caminos...Unas más duras, otras menos, pero siempre al alcance del corredor, que con tan sólo ir adecuando el ritmo a la pendiente va superando sin problemas.
Pero nos gustan los retos. 
Pero, ¿qué hay detrás del reto? Eso dependerá de cada uno. Me aventuraría a sostener que, a excepción de quien participa en estas pruebas para ganar, para abrirse camino en este deporte, el que entrena más de cinco horas diarias para hacer la mejor marca posible o acceder a otro tipo de pruebas más duras y en las que se exige una marca mínima; a excepción de ésos, decía, los que allí estábamos a las seis de la tarde en Colomera, nos movían otro tipo de pasiones y motivaciones. 
Tal vez, la más común a todos fuera el sentirse haciendo algo distinto. Eres corredor -o senderista- y te gusta la montaña. Disfrutas andando o corriendo por veredas recónditas, lugares salvajes en los que apenas se aprecia un atisbo de civilización. Todo naturaleza. Ese móvil y saberte que eres capaz de aguantar treinta kilómetros es más que suficiente para inscribirte en este prueba que, además, al ser en agosto y acabar -para la mayoría- en noche cerrada, le confiere un plus épico. 
Para otros podrá haber otras motivaciones, otras pasiones. 
Dicho esto, he de decir que mi caso no es exactamente ninguno de los descritos. Y digo exactamente porque algo de esos también ahí, aunque sea en pequeñas dosis. Soy corredor y me gustan las grande distancias. Es más, ya he participado en pruebas largas y duras y sé que estoy entrenado para esas distancias y puedo resistir. Sin embargo, aunque me gusta la montaña, no soy el clásico tipo que pierde las mañanas del domingo andando por rutas de montaña. Es más, ni tan siquiera sentí la necesidad de entrenar por ese terreno cuando ya había tomado la decisión de correr en Colomera. Todo lo más, había planificado entrenamientos entre carriles de olivos, la parte más benigna de la prueba de la 'Huella del Búho', precisamente. 
Luego, ¿qué me movió a correr por estas latitudes? Haciendo abstracción que -como decía en la entrada de la crónica- me unen con Colomera lazos afectivos y que la zona de Los Montes Orientales es por mi conocida al ser fronteriza con mi municipio de nacimiento, que es de Vega (algo del municipio tiene elementos comunes con los de los Montes), lugares por los que, incluso, he entrenado, haciendo abstracción de todo eso, decía, había como una especie de llamada en mi interior. Una parte de mi mente decía que no debía hacerla y otra que sí. La que decía que no, razonaba con sensatez: no es tu terreno, no conoces el trail, no se te ha ocurrido entrenar por ningún monte, no sabes subir, no sabes bajar, no tienes unas zapas adecuadas (ahí se equivocó algo la parte de la mente que decía que no: las Brooks Cascadia cumplieron sobradamente, si bien no son las mas adecuadas del todo). La que decía sí no razonaba tanto. De hecho, no razonaba nada. Más que pensar se dejaba atrapar por el impulso, por la ilusión infundada de hacer la prueba. Sin contemplaciones ni consecuencias futuras.
Y como siempre ocurre, ganó la parte mala, la que decía sí.
Pero hube de darle las gracias al final. No me gusta darle las gracias a los malos, pero en esta ocasión tuve que hacerlo. Porque de no haberme guiado por sus cínicos consejos no habría experimentado la sensación que sigo experimentado a cuatro días ya de terminada la prueba. Es más, le estoy dando tanto la razón a la parte de la mente que decía sí que ya casi he decidido participar el año que viene, ¿Qué locura, no? Obviamente, tendré que escuchar aunque sea tan sólo una vez a la parte buena, la que dice no. 
En otras condiciones, en las pruebas de running en las que me prodigo, estaría dándole vueltas a la más que discreta marca que hice, pensando por qué no tiré más en determinada zona o porque fuí tan conservador en otra, pero no ha sido así en este caso. Es más, cuando ya había agotado todas las expectativas de terminar en el tiempo en que terminé (ahora me sonrío ante mi ingenuidad, al haber calculado los tiempos de manera muy similar a cuando los calculo en, por ejemplo, un maratón), es cuando realmente comencé a disfrutar de verás de la prueba. De cada uno de sus tramos e, incluso, de sus avituallamientos en los que no miraba el reloj mientras ingería y comía. Eso fue más o menos a la altura de Moclín. Me encontré con un animoso grupo de corredores conocedores de esta disciplina, pero con una visión de la misma la mar de positiva y gracias a ellos comprendí que si no vas a ganar, lo ideal es disfrutar lo máximo de este tipo de prueba, de sus paisajes, de sus gentes, de todo lo que la rodea. Además, en honor a la verdad, estaba completamente destrozado: los cuádriceps a punto de estallar, las ampollas de ambos pulgares de los pies pugnando en tamaño con los dedos mismos, el estómago con una movimiento similar a un volcán en inminente erupción...Así que lo inteligente en tales condiciones y sabiendo que estaba en un terreno que no era el mío era disfrutar. Y así lo hice.
Me han preguntado familiares, amigos, conocidos y compañeros de trabajo que qué tal. Se han admirado de la 'locura y valentía' de correr en esta prueba, es más, algunos más cercanos han mostrado preocupación (sobre todo mi pareja cuando me vio aparecer por casa con la cara lívida), pero todo eso me ha ratificado aún más en que hice lo correcto, lo que me ilusionaba hacer, lo que decía la parte de la mente que decía sí.
Porque seamos francos, a este tipo de pruebas no te inscribes por gloria, fama, ni para que te admiren más, claro que no, nada de eso es importante. 
Lo que es importante es saber que tu lado de la mente insensata ha ganado a la sensata y que gracias a eso has conseguido rebelarte contra lo razonable y establecido, aunque tan sólo haya sido durante una calurosa tarde de agosto.     

lunes, 1 de septiembre de 2014

III TRAVESÍA 'LA HUELLA DEL BÚHO' -TRAIL RUNNING DE 30 KILÓMETROS- (COLOMERA-TÓZAR-MOCLÍN-OLIVARES-COLOMERA, 30/8/2014)

LOS PROLEGÓMENOS 

Correr este trail con nombre tan prosaico y atractivo (La huella del búho) fue una idea que penetró de manera directa en mi cabeza. Y si eso ocurre, pocas cosas puedo hacer ya. Me ocurrió con la Subida al Veleta y con el primer maratón que corrí, el de Madrid.
Porque así funciono a la hora de inscribirme a una prueba extraordinaria. Meditarlo en exceso podría provocar que la razón se imponga al impulso y acabar por no inscribirme; por tanto, no lo medito demasiado. Todo lo más, miro el perfil de la prueba y la dificultad. Y a partir de ahí, la suerte está echada y tan sólo me impedirá no acudir a la cita algo ajeno a mi voluntad, entre otras cosas, una temida lesión.
Así que no tardé demasiado en inscribirme a esta prueba que tiene su punto de salida y de llegada en Colomera, localidad con la que me unen fuertes lazos afectivos. No encontré referencias en Internet y se las pedí por correo electrónico a la organización. Inmediatamente me contestó uno de sus mentores, Julio.
Julio, en un correo muy amplio me hizo un resumen de la prueba y, sobre todo, de sus dificultades y a partir de ahí comencé a coger referencias, también gracias a las indicaciones que me hizo un compañero de trabajo, senderista y corredor, Luis Alberto. 
Posteriormente comencé a ver vídeos de esta ruta, básicamente de gente que los había grabado en MTB o haciendo el sendero y descubrí que las zonas más duras también eran las más espectaculares y bellas. 
Iba a ser mi primer trail propiamente dicho (Fonelas no es un trail en estado puro) y por eso me dije que aquí lo importante era disfrutar de la prueba y acabarla, nada de planteamientos de marcas ni nada por el estilo. Entre otras cosas porque vengo del running y el trail no es mi especialidad. Mientras hacía el recorrido comprendí que aparte de no ser mi especialidad, se trataba de otro tipo de deporte, emparentado con el running pero distinto. De hecho, muchos de los practicantes del mismo vienen de los deportes de montaña, aunque cada vez más llegan desde el running. 
También sabía que no había elegido el mejor año para correr esta prueba. Sin apenas rodaje -comencé a rodar de manera gradual en Semana Santa- ni competición, ya había dado muestras de debilidad en la prueba que se celebró dos semanas antes, el 17 de agosto, en Fonelas. Además, ni se me ocurrió subir monte alguno para ir practicando. Aún así, la suerte ya estaba echada y de poco servía hacer entrenamientos demasiados específicos. Todo lo más, algún que otro test para calibrar la resistencia a lo largo de 30 kilómetros y muchos abdominales, flexibilidad, Compex y ejercicios isométricos de endurecimiento general. En ese sentido, le dí mucha importancia a los abductores, los cuales se me cargaban muy rápidamente en los entrenamientos largos y en las cuestas. Gracias a ese trabajo de flexibilidad y endurecimiento de esa zona, no tuve ningún problema durante la prueba, aunque sí muchos en ambos cuádriceps, básicamente en el izquierdo.      
Así que con bastante mentalización, pero también con cierta ingenuidad me presenté en línea de salida, el sábado, 30 de agosto a las 18 horas, estando el termómetro en ese momento en torno a los 34 grados de temperatura. 

LA PRUEBA


Debo decir que la prueba me pareció mucho más dura de lo que había presupuesto, aunque en realidad, toda preposición no podía ser más que fallida toda vez que jamás había hecho una prueba de estas características. Lo normal es que me hubiera iniciado con una prueba de no más de 15 kilómetros, pero comencé la casa por el tejado, aunque no me arrepiento de ello, a pesar que mientras escribo estas líneas los cuádriceps se siguen rebelando e intento calmar lo máximo posible con crioterapia. 
Como decía, cuando estaba en plena prueba entendí que el trail podría pasar por considerarse otro deporte distinto al running, una especialidad que deriva de éste pero que tiene sus propios contornos, a pesar de que en esta prueba hubo bastante terreno para correr, si bien, con poca continuidad y sensación de ritmo, si bien mis piernas ya no tenían capacidad para apreciar ese detalle. 

Algunos gramos de locura

En una prueba de trail no viene nada mal que las dificultades principales se encuentren en los primeros diez kilómetros. En 'La Huella del Búho', la cota más alta se encuentra en el seis, aproximádamente, pero en absoluto es la más complicada. Efectivamente, se sube hasta los 1168 metros -según mi GPS- , pero no hay que olvidar que Colomera se encuentra a 877. A través de un amplio camino se va subiendo hasta llegar a un especie de roquedal en el que se va asciendo como se puede -a paso rápido siempre es más llevadero al ser una zona demasiado técnica-, buscando la dirección de Tózar, localidad a la que se accede a través de un mar de olivos. La breve subida a Tózar también se complica, básicamente por el fuerte calor. A la entrada de la localidad hay un amplio avituallamiento en el que el líquido asume la mayor parte de lo ingerido para recuperar lo perdido en esos primeros diez kilómetros. Advierto que allí está también la Cruz Roja y les pido dos apósitos al comprobar que ambos dedos pulgares del píe ya comenzaban a mostrar síntomas de ampollas. No disponen de ellos y eso me frustra ya que tendré que sufrirlas en los próximos veinte kilómetros. La frustración, más que nada, viene motivada por mi poca prudencia al haber envuelto mis uñas color obsidiana con dos tiras de esparadrapo, el cual me está provocando esas ampollas. Una imprudencia total que ya es tarde para remediar. Cuando enfilo el amplio camino de tierra, que llegará kilómetros más tarde al río Velillos, advierto que no tengo apenas 'puch', algo parecido a lo que ya percibí en Fonelas. Pero advertir eso cuando faltan aún veinte kilómetros, muchos de ellos de los de mayor mucha dureza, no era más que flagelar innecesariamente el ánimo. Así que me centré como pude en correr intentando dejar la mente en blanco.  
Desde Tózar hasta el Castillo de Moclín la prueba cambia de cariz, tanto en belleza como en dificultad, básicamente a partir de la Fuente de la Corcuera, lugar paradisíaco donde los haya, una vez superado el magnífico entorno del desfiladero que a través de un puente colgante y un camino artificial de madera adherido al mismo atraviesa el río Velillos -también conocido como Colomera y Frailes a medida que pasa por otras localidades-. En la Fuente de la Corcuera está situado otro avituallamiento bien surtido.
Subir desde la Fuente de la Corcuera hasta el Castillo de Moclín es un fuerte correctivo para las piernas -lo fueron para mis cuádriceps- porque se asciende con sensación de verticalidad por una senda en cuya derecha, hasta el mirador, se ha construido una pequeña barrera, que en realidad es una cuerda para que, a quienes les falle las piernas, puedan ayudarse a subir. Eso da una imagen de lo que supone esta subida. Lógicamente, en ese lugar correr es casi imposible -lo fue al menos para mí- y las piernas me irán comunicando progresivamente que también lo será en terrenos de cuestas menos duros que encontraremos a continuación. La dureza de esa subida la preveía de manera nítida, ya que el bonito descenso desde Tózar al río Velillos, con la vista de frente al otro lado del río de las enormes rocas que albergan las pinturas rupestres de la zona, no significaba otra cosa que el ascenso desde el río hasta el Castillo a lo largo de dos kilómetros iba a ser terrible ya que en tan corta distancia -unos dos kilómetros- hay una altimetría de más de trescientos metros.
De todas formas, vuelvo a significar que la belleza de esta zona está a la par que su dureza, o viceversa. Porque llegar al entorno de Castillo de Moclín, que supone haber hecho algo más de la mitad del recorrido, es toda una experiencia. 
Por las primeras calles de Moclín, aledañas al Castillo, ya se puede correr, básicamente porque se desciende. No obstante, que nadie piense que correr incluso bajando es fácil en ese momento. Duelen todas las articulaciones debido al fuerte test al que se ha expuesto la musculatura inferior en la subida. Esos mismos cuádriceps y las rodillas, fundidos en la subida, ahora deben de dar todo lo que puedan en la bajada, pero activando a la vez otros grupos musculares dormidos. En esos momentos, uno quisiera seguir andando, por lo que al llegar a la coqueta plaza de Moclín, uno encuentra la escusa perfecta al encontrarse en la misma un pequeño avituallamiento. Un animoso grupo de británicos, residentes en la localidad, anima desde la terraza del bar de la plaza. Se agradece ver algo de humanidad, porque uno viene desde bastante rato sin verla, a excepción de los corredores que de manera muy aislada nos vamos encontrando por las veredas. En ese punto me agrupo con un viejo conocido de este blog, Alejandro -al cual ya había saludado en el avituallamiento de la Fuente de la Corcuera- , y con sus animosos amigos. La filosofía de este grupo para este tipo de pruebas, de las que ya tienen experiencia, me vino de perlas para asumir los últimos aproximados 13 kilómetros de la ruta.
La bajada a la localidad de Olivares, desde mi opinión, tampoco es sencilla debido a su fuerte inclinación. A estas alturas de la prueba y con tanto desgaste en las piernas, tanto subir como bajar significa dolor, incluso llanear, algo que yo no suponía aunque me lo advirtieron. Esta bajada es bonita y está muy bien cuidada. Bajar a trote con una buena conversación y con la puesta de sol inminente redime todo el sufrimiento anterior, si bien el único pensamiento que tengo en la mente es llegar a meta. 
En la plaza del centro de Olivares ya quedan minutos para la total puesta de sol. Hay otro avituallamiento. Será el penúltimo. Allí nos detenemos y tomamos isotónico, agua, naranja y plátanos. Todo lo absorbimos y devoramos con fruición. En ese momento no sabía bien hacía donde nos desviarían. Consideré como probable la carretera que une con el Cortijo del Berbe Alto, en dirección a Colomera, pero la organización opta por dirigirnos hacía las empinadas calles de Olivares hasta el denominado Barrio Alto. Sin duda se trata una ruta acertada en la que destila la naturaleza que disfrutan los moradores de las últimas casas. Ya ha caído la noche y todo es paz y silencio. Tan sólo se escuchan nuestros pasos y nuestra conversación así como las silenciosa presencia de algunos vecinos en las puertas de sus viviendas. 
Acabada la última vivienda penetramos en un carril entre olivos desde el que se aprecia con nitidez las luces de Pinos Puente, Granada y los pueblos cercanos a la capital. En medio, se impone como una enigmática sombra el picacho del Piorno que parece vigilar la localidad pinera. Conectamos los frontales y se van agrupando corredores que van por delante y por detrás. Algunos no llevan frontal y les viene bien la luz de los que sí los llevamos. Las balizas de señalización de la ruta, que durante toda la ruta hemos ido descubriendo adosadas a las ramas de árboles y ramas, ahora sólo visibles gracias a las fuerte tiras flourescentes que cuelgan de los olivos y que destilan un fuerte color rojo o verde, que en la oscuridad de la noche son muy perceptibles.  
Al final del sinuoso carril de olivos, perdido en el manto oscuro de la noche se encuentra el último avituallamiento en el que nos detenemos con tranquilidad para beber agua y absorber el zumo de los trozos de naranja porque las fuerzas ya son escasas. Llego a la conclusión definitiva que los geles de hidratos no van con mi estómago, el cuál comienza a revolverse. La pequeña carretera que está justo en ese punto ya nos llevará directamente a Colomera. Nos dicen que quedan menos de cinco kilómetros. 
Pero tampoco éstos son fáciles a estas alturas. Las 'cuestecillas' que nos dicen los voluntarios del avituallamiento con las piernas desechas -y en mi caso, como decía, también con el estómago revuelto de tan mezcla de gel, naranja, plátano y líquido, algo de lo que me deshice en la localidad de la manera más directa y regurgitante - se convierten en verdaderos puertos. En estos momentos, quienes ya llevan más de un trail a sus espaldas aconsejan mucha prudencia para evitar que las dificultades del terreno impidan llegar a meta. Por suerte les hago caso porque ya en el carril previo había percibido que el cuádriceps izquierdo se me había engarrotado de manera bestial. El lactato acumulado evitaba un correcto riego sanguíneo. 
Por tanto, hacemos esos cinco kilómetros como podemos, comprobando cómo se producen situaciones curiosas: en las subidas de las rampas unos andan y son adelantados por otros que corren, pero a los pocos metros ocurre a la inversa. El racimo de corredores que vamos por esa oscura carretera bien podría confundirse con una procesión trágica.  Todas las medidas son pocas para evitar el desgaste que provocan las cuestas por mínimas que sean. Hago caso de mis acompañantes y opto por subir la mayoría de las rampas a paso rápido, algo que me sorprende, porque a mí siempre me ha gustado subir corriendo las cuestas. Pero esta prueba es otra historia y es lo que hay que hacer si no es posible hacer otra cosa mucho más imprudente. En esos momentos, ya cada cual es soberano responsable de la administración de sus escasas fuerzas y el cuidador máximo de los deteriorados músculos. 
Por suerte, los últimos dos kilómetros hasta Colomera son más suaves, incluso en descenso en el último kilómetro. Así que nos lanzamos al trote más propio del running hasta llegar a las primeras casas de la localidad. En ese empeño el grupo inicial con el que vengo desde Moclín se desintegra un poco -alguno avanza, otros se quedan- y me acompaña en ese afán final un viejo conocido de mi antiguo club de atletismo, el incombustible Fernando Medina, el cuál me dice: 'Hay que llegar corriendo bien Jose'. 'Fernando va a ser así porque no hay cuesta...', le respondo. Con él llego a meta y cumplo el objetivo que me había planteado: acabar lo mejor posible mi primer trail en estado puro.   
Por tanto, hechi mi primer trail de importancia, con una marca más que discreta, aunque eso no era importante para mí en esta prueba.       
¿Arrepentido? En absoluto. ¿Repetirlo? Ahora toca descansar y recuperarse. Nada más. ¿Aconsejo hacer la prueba? No suelo aconsejar cuando se trata de pruebas de este tipo. Depende de la forma de cada uno. También se puede hacer como senderista, ya que no hay hora establecida de finalización. Luego, leí que los senderistas más rezagados llegaron a Colomera pasadas las 1 de la madrugada. 

(REVISADA)

DATOS BÁSICOS: 


Acceso a Colomera: carretera en mal estado en algunos tramos pero correcta. Carretera de monte, con abundantes curvas a partir del acceso al Centro Penitenciario. A 25 minutos en coche desde Granada
Aparcamiento: al no ser una prueba mayoritaria, sin problemas.   
Kilómetros oficiales de la prueba: 30 kms. Reales: 28.5 aprox.  
Dificultad técnica: Muy alta. Extraordinarios parajes.
Numero de participantes: 247 llegados entre corredores y senderistas, de los -al parecer- 300 inscritos.  
Tipo de corredor: Especialistas en trail, corredores de running avanzados. 
Organización:  Muy Buena. Muy pendientes de los participantes en todo momento.
Avituallamiento: Excelente. Compuesto de agua, isotónico, cola, plátano, naranja, almendras, dulces, mini sandwich. 
Señalización y balización: Básica, pero muy efectiva. 
Predisposición de los voluntarios: Excelente. Buen número de éstos, tanto en salida y meta como en los avituallamientos. 
Fuerzas de seguridad y civil: No demasiada presencia al no transcurrir por carreteras con tráfico. Se advierte Guardia Civil, Policía Local, Protección Civil y Cruz Roja. Suficiente.
Bolsa del corredor: Camiseta técnica. Acertados logotipos y grabados tanto en pecho como en espalda. Bolsa algo corta.
Atención al corredor en meta tras la prueba: Bocadillo y cerveza. Duchas en polideportivo municipal.

Como colofón a esta crónica, inserto un vídeo de la prueba alojado en YouTube que me parece fantástico. Resume con acierto en poco más de dos minutos lo épico de la prueba. El texto de la narración en off también es fantástico. Su autor, Álvaro Ballesteros. 




   

                            
       

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