sábado, 30 de abril de 2011

LOS BLOGS


Esta tarde mientras hacía mi ruta de 16 kms. por una verdísima Vega, bajo un buen aguacero, en algún momento de la ruta, en uno de esos momentos que experimentamos los corredores en el que las piernas van sueltas y sin esfuerzo, la respiración tranquila y la mente despierta, pensaba en el papel de los blogs, que es un fenómeno que se inició no hace muchos años y que está captando cada vez más lectores y asiduos escritores. ¿Pero de qué material están hechos los blogs para que encuentren tanta aceptación? Sin lugar a dudas, el blog, en su esencia, es un experimento personal pero jamás puede caer en la tentación de ser personalista.
Escuchaba hace unos días en televisión que uno de los más excelsos blogueros fue alguien que jamás supo de la existencia de los blog ni de nada que tenga que ver con la informática. Me refiero a Josep Plá, ese original escritor catalán que escribió "El cuaderno gris". Precisamente en este obra -su obra cumbre- Plá, escribió una especie de diario minucioso, utilizando una deliciosa prosa que bien podría haber sido el precursor de los blog. Escribió sus vivencias personales, sus opiniones, sus ideas, su visión del mundo, pero jamás cometió el desatino de escribir sobre personalismos que probablemente no interesaran a nadie. Esa es, en mi opinión, la esencia de los blog.
Los blogueros, en más ocasiones de las aconsejadas, confundimos escribir en primera persona con escribir de la propia persona. Pero no es exactamente lo mismo. Es más, podría ser diametralmente opuesto. Lógicamente, en una bitácora personal uno describe el mundo -o algún aspecto del mundo- tal y como lo ve y lo vive, pero no ha de describir su vida porque eso sería otra cosa y seguramente no interesaría a nadie.
Por ejemplo, yo en mi blog he hablado de amigos y he comentado algunas circunstancias: si hemos corrido, básicamente, porque este blog se dedica en gran parte a este deporte; pero jamás se me ocurriría escribir -por ejemplo a mi amigos Paco o Emilio- algo referente a mis relaciones más personales con estos amigos, porque para eso está el teléfono, el correo electrónico o, sencillamente, los encuentros personales. Es así como lo entiendo. Todo lo demás me parece exhibicionismo o despropósito.
En esencia, lo que escribo en el blog lo escribo porque considero que está bien. Si corro y disfruto lo cuento porque me parece una experiencia exportable; si leo un libro y me gusta, lo comunico porque la calidad literaria debe ser reproducida; si valoro una película opino sobre ella y será tan sólo una opinión personal; si escribo un artículo y lo publico en el periódico lo trasladó también a la bitácora porque forma parte de mi creación y pensamiento. Son vivencias, ideas, impresiones, opiniones que experimento, que lanzo al espacio virtual, pero nada más. No tienen más importancia que la tiene. De hecho, los blogueros somos millones y es imposible leer a millones; de ahí que la mejor manera de no mirarnos el ombligo es alejarse del exhibicionismo y la desnudez personal. Para eso está la prensa rosa, que ya tiene sus acólitos. La vida de cada persona es lo más privado que existe y violentar esa privaticidad lo más pernicioso.
Además, pretender pensar que porque te lean cien o doscientas personas a diario, tus opiniones son dogma de fe me parece un grave error y caer en esa autocomplacencia es el mayor de los defectos del bloguero y la mejor forma de claudicar. Un bloguero no llega ni a ser una micra de polvo en el universo virtual.
Cada bloguero ha de tener un cometido, un rol. Cada uno tiene que saber y responsabilizarse de lo que escribe y saber por qué lo hace.
En mi caso concreto -que es el que más conozco- no sé exactamente si lo que escribo goza de mayor o menor aceptación, a pesar de que los comentarios, cuando los hay, te puedan dar una idea, pero si sé porque escribo un blog. Muy sencillo: me apasiona escribir. Tengo hábito de escribir. Nada más.

jueves, 28 de abril de 2011

CARRERAS, LECTURAS Y OTRAS MENUDENCIAS


Bien, pasados ya los fastos que te dejan bloqueado y recuperado ya de las últimas declaraciones de José Mourinho y Pep Guardiola volvemos a la actividad algo dejada por mor de otras actividades -algunas no tan prosaicas- con las que se enreda uno.
Recapitulemos.
Como un vil cobarde, desvelé el bulo del pádel en los momentos de menor actividad del blog por causa de las vacaciones, ocurriendo lo que ya barruntaba: el desvelo del bulo ha pasado sin pena ni gloria, me temo. Pero, en fin, no importa porque se trataba tan sólo de una broma virtual aunque reconozco que el día que decida jugar al pádel me pasará como le pasó a Pedro con el lobo.
En cuanto a la actividad que nos ocupa tantas horas, que no es otra que destrozar zapatillas por esos caminos de Dios, sigue siendo intensa y continua.
Semana Santa ha sido testigo de una buena acumulación de kilómetros sin importar que ora fuera la lluvia ora el sol quienes me acompañaran por esos caminos. Y la lluvia siempre bienvenida para este corredor que disfruta bajo ella -debe ser una fijación infantil- me acompañó en un par de salidas. Una lluvia suave, nada borrascosa que iba pugnando por ocupas espacios en el rostro en dura pugna con el sudor. Ya sabéis a lo que me refiero cuando se experimentan esas sensaciones sin par.



Pero también muchas horas de lectura. Lectura intensa y variopinta. Uno se dispersa con muchos libros pero es algo inevitable. Lógicamente, intento no simultanear libros que aborden temáticas similares. Por ejemplo, jamás leo al mismo tiempo dos novelas. Pero sí me gusta simultanear novelas con ensayos e introducir de por medio algunas de las revistas a las que estoy suscrito o compro mensualmente en el kiosco. Entiendo que esa mecánica lectora no me dispersa demasiado aunque, lógicamente, los libros comenzados se prolonguen más en el tiempo. Pero toda esa ansia lectora se deben a un causa poderosa: no puedo escapar el embrujo que me produce ver en los anaqueles un libro recién comprado y puedo asegurar que el ritmo de compra de libros es alto, aunque no caprichoso.
Por ejemplo, en estos días aprovechando los descuentos del Día del Libro compré dos títulos que me interesan por motivos bien distintos: la novela "La Prueba", de Carmen Gurruchaga, ganadora del I Premio Abogados de Novela 2010 y "Memorias de un preso" de Mario Conde, que lo que cuenta un ser tan fuera de serie para lo bueno y para lo malo no puede pasarse por alto (además, es la antesala de la continuación memorística, que apareció en las librerías hace poco). Pero ambos títulos aún duermen en sus anaqueles porque tras acabar la excelente novela de Eduardo Mendoza "Riña de gatos", ambientada en los meses previos al estallido de la Guerra Civil española y ganadora del premio Planeta de 2010, comencé inmediatamente la última novela del premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, "El sueño del celta", pero sigo enredado con la Historia de España, la magna obra de Tolkien y aún dejo tiempo para otras lecturas que nada tienen que ver con el ocio.
Por tanto, mi nula afición a la Semana Santa y mi innata aversión a las aglomeraciones ha servido para dedicar muchas horas a correr a la lectura, al buen cine, del cual jamás prescindo, y la obsesiva idea de descubrir nuevos grupos de Heavy Metal y escuchar a los ya consagrados. ¡Menos mal que "dejé" el pádel!
En los próximos días mucho habrá que decir sobre muchas cosas. Tiempo habrá para volver a tratar sobre esta especie de mafia que gobierna nuestras tierras andaluzas y el aluvión de escándalos diarios sobre comisionistas, eres y otras granujadas. Pero tiempo habrá también de ver cómo está el panorama de carreras en las próximas semanas, que se presentan apasionantes.

lunes, 18 de abril de 2011

NUEVA SEMANA DE PASIÓN

Bien, ahora que estamos en época de perdón y estamos pocos es hora de revelar que no existe pasión alguna por el padel.

Sin duda ha sido divertido sumergirse virtualmente en un deporte que jamás he practicado. Divertido en el sentido de indagar por la red acerca de materiales, marcas y nociones elementales del juego. Lo que demuestra que una mentira bien construida nunca alcanzará la categoría de verdad.

Muchos de vosotros sospechabais del bulo, pero mucha gente también ha habido que ha confesado su creencia en mi nueva pasión deportiva.

Pero ¿qué sería del mundo de los blog si no cambiamos el registro de vez en cuando? ¿Si no dinamizamos los contenidos, para no caer en el hartazgo mio y vuestro?

Sin duda, hay que dinamizar e intentar no repetirse, algo que cuesta cuando ya llevas más de cinco años administrando un blog y ese blog, a pesar de heterogeneo y asistemático tiene un vínculo directo con un tema, en este caso la carrera, correr.

A lo largo de este último lustro, he visto nacer muchos blogs y he visto caer también muchos. Además, otros muchos tienen etapas de estacionamiento y otros tras abandonar han vuelto a renacer. Incluso está mi caso: liquidar un blog e inmediatamente sustituirlo por otro de contenido más amplio; o incluso, administrar dos blogs de manera simultánea.

De cualquier manera, hay una premisa muy clara: crear un blog es muy fácil, pero mantenerlo no lo es tanto. De ahí que haya que dinamizar, crear, revolucionar, alterar...

Y esa fue la razón de introducir el pádel. Pensé en otro deporte, pero colegí que era demasiado rebuscado y casi desconocido. No recuerdo el nombre, pero se práctica por la carretera, a bordo de una especie de patineta impulsada por una vela. Ese cambio hubiera sido demasiado drástico y, por lo tanto, increíble. Sin embargo, el pádel es mucho más creíble y está extendido por nuestras ciudades y pueblos, sin pocos problemas para encontrar pista y material deportivo.

Curiosamente "me aficioné al pádel" cuando más estaba disfrutando de la carrera, tras dejar atrás con bastante éxito las últimas dolencias en la zona del calcáneo del pie izquierdo. Disfrutando mucho a mi aire, perdiéndome por esos increíbles caminos de la Vega y Caparacena e incluso compitiendo con ilusión en la última prueba del "Memorial Padre Marcelino" a la que acudí -aclaré a muchos corredores que habían leído el bulo en el blog- "porque ya estaba inscrito".

Así que sigo en la rutina, sin dejar de volver a esos caminos que tan buenas sensaciones me ofrecen. De hecho ayer, cuando eran más de las dos de la tarde y con un calor destacado para estas fechas, me perdía por el soleado y primaveral camino que une Caparacena con Pinos Puente, ante muchas muestras de efervescencia humana dando buena cuenta de carnes y chorizos braseados en los numerosos cortijos del recorrido; me perdía, decía, sin más intención de correr sin ataduras y sin crono, dejando que mis piernas me llevaran al ritmo por ellas elegido. Observando todo ese verdor del campo y disfrutando del bienestar que producían los kilómetros a un ritmo fácil de 4'50'' el mil según el Forer. Una prueba más de la feliz unión que existe entre este deporte y este esforzado corredor y una nueva oportunidad para ratificar la alianza que me une a este deporte.

Muchas gracias por vuestra animosa y sincera participación en esta "farsa" de la que espero hayáis disfrutado tanto como yo.

Nos vemos en los caminos.

jueves, 14 de abril de 2011

NADA HA CAMBIADO


"Todo el que gobierna en cualquier región de este nuestro país.(...) es un salteador de caminos"

Esta frase podría ser de total aplicación a nuestros días, sin embargo no lo es. La descubrí leyendo el ensayo histórico denominado "Al-Andalus, siglos XI-XV", debido a Mª Jesús Viguera Molins, que es Catedrática de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Complutense de Madrid.
La frase fue pronunciada en el siglo XI, en la primera etapa de las taifas, por Ibn Hazm, insigne jurista que clamaba por el abuso impositivo de los gobernantes. Intencionadamente he eliminado de la frase original "Al-Andalus" tras "nuestro país" para que se pudiera apreciar que muy pocas cosas han cambiado en los gobiernos de esta ajada tierra tras el transcurso de diez siglos.
¿Habrán leído esta frase los dirigentes de la Junta de Andalucía? Deberían.

domingo, 10 de abril de 2011

V CARRERA POPULAR MEMORIAL PADRE MARCELINO (10/4/2011)


El estar enganchado a la pala y al pañuelo en la frente no me ha impedido correr en la mañana del domingo en la ya casi clásica prueba en memoria del Padre Marcelino, en la capital granadina. Entre otras cosas porque estaba inscrito días ha.
Pero al margen de confirmar la excelente organización de esta prueba un año más -de la que, insisto, deberían aprender muchos ayuntamientos- haré una crónica personal, de aquellas clásicas con las que me inicié hace ya algunos años en aquel mítico Diario de un Corredor. Ese tipo de crónicas que inciden sobre sensaciones, pasos kilométricos, es decir, visión de la prueba desde los propios ojos del corredor.

LOS PROLEGÓMENOS

Este año me desplacé a la prueba en moto -como el año pasado- porque de otra forma es imposible, por dos motivos: Uno: muchas calles cortadas en los alrededor del Centro Comercial Arabial, sede de Hipercor y el Corte Inglés, que es donde están las instalaciones del colegio de los Agustinos, organizador de la prueba; dos: la imposibilidad de aparcar el coche ante la masiva afluencia de corredores, miembros de la comunidad educativa y familiares de unos y otros.
Sin embargo, el año pasado también fui en moto y no llegué a tiempo: me estaba acabando de poner el último imperdible del dorsal cuando dieron la salida. Una persona normal puede tardar en ponerse el imperdible entre dos y cuatro minutos. En mi caso, hay que triplicar ese margen temporal. Eso es algo que sé desde que comencé a competir. Lo mismo que sé que desde que comienzo a ponerme el dorsal hasta que acabo me habré pinchado un promedio de seis veces.
Así que el año anterior me quedé sin correr, lo que sirvió para asistir a magnífico espectáculo de la llegada del atleta negro, de no sé de qué país africano, que llegó en total soledad a la meta, en algo menos de treinta minutos.
Sobre ese asunto comentábamos mi buen amigo, el periodista de Ideal Manolo Pedreira, y yo mientras calentábamos charlando. Veíamos al atleta negro africano que corría en esta edición -desconozco si había dos, como el año anterior, o si era el mismo o no lo era-y nos admiramos de su porte, de su escaso cuerpo fibroso y comenté a Pedreira que esta gente ha nacido con una genética especial para correr, al margen de las horas de esfuerzo que dedican, no en vano es su profesión. Su morfología, la delgadez de sus piernas, todo su físico, es una máquina perfecta para correr. Así lo pude comprobar el año pasado. El resto de los mortales corremos -supongo que más de un noventa y ocho por ciento de los que estábamos allí esta mañana- porque no gusta, porque nos sienta bien y porque nos mantiene en forma, al tiempo que retrasamos las leyes de la gravedad del irremediable paso del tiempo; pero la genética nada tiene que ver con todo eso. Es algo parecido a cuando el balón está en los pies de Messi, las notas musicales en la garganta de Plácido Domingo o la pluma entre los dedos de Vargas Llosa. Desde luego que existe una predisposición hacía la maestría, algo que se acompaña desde la cuna, si no antes. Luego vendrá el esfuerzo, el trabajo y la dedicación, pero eso es ya otra cosa.

LA PRUEBA DE 10 KMS. HOMOLOGADOS

El pasado jueves hice series por la Vega de Pinos Puente. Troté durante cuatro kilómetros para calentar y me dispuse a hacer series. Cuando acabé las tres de mil metros y la única que hice de dos mil ya sabía que no iba a bajar la marca de hace unos años en esta misma prueba, que bordeó los 42 minutos, a pesar de que aquella tuvo algo menos dificultad aunque sí una copiosa lluvia. Lo supe con seguridad porque la serie más rápida de mil la hice en unos pobres cuatro minutos y porque en la de dos mil -a pesar de disfrutar haciéndola- no bajé de los 8 minutos y 35 segundos. No estoy para más, me dije.
Así que trás unos ligeros cálculos y suponiendo que no hincara el pico demasiado estaba convencido que hoy correría entre los 43 y los 44 minutos.
Y sí, desfallecí, pero ya quedaba poco para acabar. Pasado el kilómetro siete y medio sentí que me estaba quedando sin fuerzas. Es cierto que había superado algún terreno difícil, aunque corto, pero esa quizá no sea la explicación más importante. Sencillamente: me ha costado aguantar el ritmo de 4'22''. Corroboró que no estaba para más.
Tras una salida lenta por la aglomeración de corredores, fijé el paso del kilómetro dos en 8'29'', es decir, seis segundos menos que la serie de dos mil que hice el pasado jueves. En principio, teniendo en cuenta que el primer kilómetro necesitó 4'30'', dada la aglomeración de corredores, el segundo bordeo los 4', e incluso, es probable que algún segundo menos. Era un buen augurio. Rodaba fácil y el terreno aún no era muy complicado. Pero se complicó en la subida hacia la Antigua Carretera de Málaga, desde el Camino de las Vacas. Un tramo, particularmente odiado por los corredores que corremos la Media Maratón de Granada. No se trata de una subida salvaje ni mucho menos, ni se reproducen aquí las rampas de Alhama. Nada de eso. Lo que ocurre es que rompe el ritmo, el cual se vuelve a romper por esa especie de realenga para superar la vía del tren, denominada Zarabanda, en dirección a Villarejo para enfilar el comienzo del Camino de Ronda. Los desechos de la subida anterior más esa pequeña dificultad última hacen que el ritmo del corredor se rompa. En mi caso, si por el Camino de las Vacas rodaba con poca dificultad a 3'53'', no conseguí bajar de 4'40'' hasta el Estadio de la Juventud, cuando llevaba más de trescientos metros totalmente llanos por el Camino de Ronda. Ese tiempo perdido, al final siempre se aprecia y todo dependerá de la facilidad que se tenga para recuperar. En lo que se refiere a mi caso particular he de decir que esos incidentes orográficos me dejaron algo tocado y sólo pude recuperar algo en el último tramo del accidentado Camino de Ronda, antes de doblar hacia Virgen Blanca y entrar de nuevo en la calle Arabial.
Y justo cuando rodaba cerca de Hipercor -o quizá un poco antes- en torno al kilómetro ocho, perdí fuelle. Así que decidí mantener los 4'28- 4'30, que sí eran llevaderos, y no aventurarme a los 4' - 4'05.
El paso por el barrio de las antiguas instalaciones de Sander, morada de mi paisano Mario -al que por cierto alcancé al final de Arabial, pero luego se me fue unos metros, sin poder ya seguirle-, por el paso de este barrio, decía, me quedé casi colgado en una ligera cuesta antes de afrontar el último kilómetro que nos conducía a la meta.
En ese último kilómetro intenté aumentar el ritmo -algo que conseguí en parte-, pero preferí perder unos cuantos segundos que agonizar en la llegada. Sencillamente no tenía ni piernas, ni pulmones, ni psicología para rodar más rápido, así que me conformé llegando a meta -marcando el Forer en ese momento 4'15''- dejándome llevar por la amplia recta cuando ya se atisbaba el alto arco de la llegada.
Cuando, al llegar, observé que el cronómetro oficial me daba una marca inferior a los 44 minutos consideré que la prueba había salido tal y como la barruntaba mientras hacía las series en la primaveral Vega de Pinos Puente.
Precisamente en el momento que escribo la crónica la organización me indica a través de SMS que mi tiempo ha sido de 43'40'', a un ritmo de 4,22'', quedándome en el puesto 147. Unos tiempos muy coherentes con mi estado general, ahora que mis desvelos se sustancian en otro deporte de matices totalmente distintos.

NOTA: CORRIJO ALGUNAS IMPRECISIONES, POR SI YA LA HUBIERAIS LEÍDO.

viernes, 8 de abril de 2011

CONTINÚA LA PASIÓN


No puedo comenzar esta entrada de otra forma que agradeciendo vuestro interés y palabras (y mucho me temo que un buen grueso de lectores de este blog aún no han leído esa catarsis). Porque comprendo el estupor que os ha producido la noticia. De hecho, yo fui el primero en experimentar ese estupor. Pero es bastante habitual que la iniciación en un deporte te haga experimentar esas nuevas sensaciones.
Ocurre que a lo largo de tu vida deportiva te aventuras a iniciarte en nuevos deportes y unos te enganchan y otros no. Recuerdo en una ocasión cómo tras correr unos cuantos kilómetros con mi amigo Paco - y estando ya la marcha consagrada en el deporte español-, ambos decidimos practicar unos kilómetros de marcha. Seguramente la técnica era desastrosa, pero aquella experiencia nos elevo. Sencillamente, se trataba de algo fantástico. No porfiamos en aquel empeño, pero a punto estuvimos de dedicarnos a ello; al menos nos conjuramos en esa promesa. Y qué decir de mis años de portero de fútbol. Un portero bastante irregular, según la opinión de la mayoría. Para muchos, un portero muy malo; y para otros -entre los que se encontraban técnicos que habían jugado en primer división, todo hay que decirlo- un portero con mucho talento. Sin embargo, poco me importaban aquellas opiniones ya que lo único que pretendía es hacer paradas espectaculares y rodar por los suelos (me motivaban particularmente los embarrados, que el césped por entonces estaba reservado a muy pocos).
Por no hablar de los años de ciclismo en ruta. Fueron los mejores años del ciclismo patrio. Años en los que Perico Delgado bajaba a tumba abierta las rampas del Joux Plane e Indurain subía impertérrito las rampas del Tourmalet sin levantarse de la bicicleta. Años de emoción por ver a estos dos grandes ciclistas encabezar el ciclismo mundial y años de emoción por poder montar día sí día no en una bicicleta y perderme por las carreteras.
El deporte, sin duda, despierta en nosotros las más sanas pasiones. Como lo hizo en su día el correr; y como lo ha hecho ahora el pádel

Y ahí estoy, cargando con esa nueva pasión.
Ayer por la tarde, casi saqué de su casa a mi amigo para proponerle jugar una partida en el selecto centro WeFitnessClub; de hecho, ya había llamado y reservado una hora de pista. Lógicamente, mi amigo, conocedor del veneno del pádel esbozó una socarrona sonrisa cuando fui a recogerlo: qué, que casi ni has podido dormir, me soltó divertido.
Lógicamente, existe una enorme diferencia de nivel. Él es un jugador avanzado y yo un nini que como bien advirtió Alejandro llama a la pala raqueta. Por cierto, hablando de palas y material técnico de este deporte, ayer tras jugar el partido, me dediqué a rastrear por Internet sobre materiales técnicos propios de este deporte y no salía de mi asombro: los precios son altos, altísimos. Seguramente habrá que dar la razón a "Arathon" (en eso, no en la opinión política) de que este deporte bien pudiera estar concebido -o probablemente creado por pijos-; de hecho, lo puso en órbita el inefable Aznar.
Sin embargo, considero que si quieres hacer algo medianamente bien en materia deportiva es conveniente seguir las reglas y comprar cosas de calidad.
En primer lugar, opté por la pala que, obviamente, seleccione para jugadores que se inician. Opté por la marca Bullpadel, módelo Strength, que cuesta la friolera de 85 €. Mejor no hablar de los precios para niveles más avanzados. La ropa técnica está en unos precios muy similares a la utilizada para correr, pero me da la impresión que el calzado técnico es mucho más cara. Aún no me he decidido por ninguna zapatilla en concreto, pero me atrae sobremanera la Asics Gel Resolutión 3 OC, probablemente elegida por tratrarse de Asics.
Y sí, he de volver a dar la razón a Arathon, ni me atreví a beberme a cogote la 1925 que nos tomamos tras el partido. No sin antes ducharme debidamente y cambiarme de ropa (que tiempos aquellos en los que tras correr tomabas unas verdes con la gorra de correr junto a la cerveza y la tapa) para evitar inquisidoras miradas de la múltiple clientela in.
Por cierto, la talla que tienen las Saucony naranjas es la 10,5 UK.
Seguiré contando.



jueves, 7 de abril de 2011

CAMBIAR KILÓMETROS POR RAQUETA

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Sinceramente, ni yo mismo doy crédito a la decisión que he tomado: dejo de correr. Todo lo dicho aquí sobre este deporte lo mantengo: las sensaciones, el buen estado físico que proporciona, la paz mental y espiritual...pero todo eso se convierte en un mero buen recuerdo cuando te adentras en otro deporte que te llena más.
Hasta ahora he alternado el correr con algo de bicicleta y no quería explorar otros deportes más del fútbol del que pendí -y estuve federado- durante bastantes años.
Pero resulta que un amigo apasionado del pádel -deporte en el que está federado y participa en competiciones por toda Andalucía- me sacó el compromiso de que jugáramos una partida.
Que no, que temo por mis articulaciones; que temo lesionarme y no poder correr; que las uñas de los pies se ennegrecen porque están mal desde hace muchos años; que a mi sólo me gusta correr...
Ante todas esas escusas, mi amigo, que me conoce y sabe de mi curiosidad por los deportes, sonreía de forma socarrona. Así que casi sin darme cuenta me encontraba en una excelente y moderna pista de pádel de césped artificial, vistiendo una excelente camiseta de competición y empuñando una atractiva raqueta, algo más pequeña y compacta que una de tenis, con una pala exenta de cuerda y con un color que la hacía realmente atractiva. Desde ese momento mi amigo y yo sabíamos que estaba ya perdido y que ese deporte me iba a dar muchas satisfacciones.
Y, efectivamente, desde ese día no me pude quitar de la cabeza esa hora de partido, esas sensaciones cuando se alcanza una pelota, esos intentos por golpear la pelota con la raqueta, esa rapidez de juego, esa movilidad, ese sudor resultado del esfuerzo, todos esos materiales técnicos...
Cuando salimos de las instalaciones y mientras tomábamos unas verdes, le confesé a mi amigo que todo el tiempo disponible lo quería dedicar a ese deporte. ¿Y tus carreras? me preguntó mi amigo. Me va a costar dejarlas, le contesté, pero no me puedo dedicar a ambas cosas.
Cuando llegué a casa abrí el armario y observé todas las camisetas técnicas, pantalones técnicos, calcetines, zapatillas y he de decir que sentí tristeza ¡Cuántas horas invertidas en ese deporte! ¡Cuántas buenas sensaciones! ¡Cuántos buenos recuerdos! Pero tenía que decidir.
Por tanto, ya he formulado mi baja en el club y probablemente introduzca toda esa ropa técnica y las últimas zapatillas técnicas en Ebay, que puedan servir a otros. Mientras tanto, ya no paro de buscar ropa técnica y una buena raqueta para jugar al pádel -mientras tanto me la presta mi amigo federado-; e incluso ya estoy haciendo gestiones para federarme en este apasionado deporte, porque según me confesó mi amigo no se me da nada mal, de hecho soy zocato.
Ha sido tan intensa la catarsis que ni sabía cómo escribir esta entrada; de hecho, he tardado días en hacerlo, algo en mí bastante extraño.
Y es que la vida te lleva por derroteros inimaginables. Un creyente diría que los caminos del Señor son insondables...

viernes, 1 de abril de 2011

2XU


¡Vaya semana! Hube de esperar a ayer, jueves, para poder descargar la carga kilométrica de Baza. Rodaje, por cierto, que fue placentero como pocos. Trotando por una Vega limpida, primaveral y silenciosa a un ritmo inicial de 5'40'' -y hasta de 6' en algunos tramos- el mil. Sin prisas, con complacencia, observando los primeros almendros en flor y la clara y diáfana luz del horizonte. Una delicia.

En total trece kilómetros y medio en duermevela, pensados para descargar básicamente, pero iluminándolos en el último kilómetro a mucho menos de 4' el mil, que había que despabilar un poco.

Hoy habrá calidad, algo que no me gusta pero que es necesario para afrontar las próximas carreras rápidas. Elegiré una plácido y no muy duro camino de la Vega, sin duda.

Por cierto, una nueva prenda puebla mi atiborrado armario. Se trata de las muy afamadas pantorrilleras "Compressión Calf guard 2XU", que vienen precedidas por su prestigio australiano y que han llegado raudas desde una tienda deportiva de Alcalá de Henares (excelente servicio). Todo es poco para evitar menos lesiones y más calidad en los entrenos y las carreras.

EBOOK: RELATOS Y ARTÍCULOS DE VIAJES: ROTHENBURG

Si nadie le cuenta al hipotético lector nada sobre el pueblo de Rothenburg no habrá forma de imaginarlo a pesar de haber llegado...