lunes, 28 de abril de 2014

LOS PARAÍSOS PERDIDOS


Con Mario, Paco, Paquillo y Francisco. Mucho 'pinero' junto.
Es probable que si no fuera por la importancia simbólica de la prueba que corrí el pasado domingo, no hubiera considerado escribir esta entrada. Pero tiene mucha importancia. Personal, claro.
Compruebo -porque así lo reflejo en la parte derecha de este blog- que la última vez que competí fue el día 10 de noviembre del año pasado, es decir, casi seis meses han transcurrido desde que pateé a buen ritmo los llanos de Antequera en esa fría mañana del segundo domingo de noviembre del año pasado. Se trataba de la última Media Maratón de la milenaria ciudad de los dolmenes y los molletes.
Desde entonces han pasado muchas cosas desde el punto de vista deportivo, casi todas negativas. En un mes, pasé de casi romper mi marca personal en la distancia a verme postrado por los incontables problemas musculares en ambos gemelos. Suspendí la última prueba de competición que quería hacer en 2013, que no era otra que la retomada Subida al Conjuro de Motril que tanta ilusión me hacía, y suspendí por completo los entrenamientos. No sabía qué diablos me pasaba. Probaba correr tras un par de semanas de descanso y volvía a caer con más estruendo si cabe en la misma lesión. La desesperación estaba ya rebosando.
Así que retomé la antigua idea de tratarme el problema vascular en ambas piernas. Consideré como una hipótesis que los diversos problemas vasculares se podían deber a ese problema. Total, me dije, si no puedo correr, ahora es el momento de actuar. De esa manera pasé por la consulta médica en la segunda semana de marzo y a los pocos días ya había sido intervenido.
Son esos días en los que ves muy lejanos los días de trono y gloria deportiva; aquellos en los que te podías plantear correr cualquier tipo de competición y entrenar bien siempre que te diera la gana. Lejanos pero no perdidos. Los paraísos perdidos siempre están a la vuelta de la esquina, me dije, aunque en ocasiones cueste verlos.
La recuperación fue otra travesía en el desierto, la cual ya no me inquietaba ni sorprendía. ¿Qué podía suponer un mes más o menos tras tantos postrado? Me ayudaba de la inestimable ayuda de la MBT, las largas caminatas y un fuerte optimismo y esperanza. Y así hasta ayer, en el que volví a retomar la competición. Por eso aludía al principio a la importancia simbólica de la prueba.
Una prueba que no tenía pensado correr, pero hablé con mi amigo Paco y entre su inactividad última y la mía -ambas por distintos motivos-, acabé animado a participar, inscribiéndonos in-extremis en una prueba que va a camino en convertirse en la más señera del atletismo local. Me refiero a la prueba del Padre Marcelino que ya ha entrado en su octava edición.
La idea no era competir, lógicamente. Ni tan siquiera conmigo mismo, que es como yo suelo competir siempre. La idea no era otra ver si se confirmaba la recuperación apuntada ya en los últimos entrenos, aguantar lo mejor posible el envite de los diez kilómetros por las calles más céntricas de Granada y al mismo tiempo retomar también esa idea antigua de correr juntos una prueba Paco y yo. 
Y casi lo conseguimos. O al menos, lo conseguimos hasta bien superada la mitad de la prueba. Paco percibió molestias en la pierna izquierda al paso por la mitad de la calle Recogidas, a falta de tres kilómetros y medio para acabar y a partir de ahí me sorprendí a mi mismo corriendo a ritmos similares a los que frecuentaba antes de la lesión y operación.
Si esos primeros seis kilómetros y medio fueron una delicia, corriendo y disfrutando de la compañía, del deporte, la buena mañana y la ciudad, los últimos tres y medio fueron un encuentro con las buenas sensaciones de antaño y con la esperanza de una mejoría anunciada.    

Con Paco, Francisco y Paquillo -hijo del primero-
Con Francisco y Paquillo en la línea de llegada.

miércoles, 23 de abril de 2014

MICRORRELATO-FÁBULA (SERPIENTE): LA DUDA DE EVA

Para Eva fue muy sorprendente ver aquel grabado en su escuela. Había escuchado de sus ancestros aquella historia maldita y antiquísima acerca del paraíso y la manzana, pero jamás la había comprendido.
Y seguía sin hacerlo. Tampoco nadie supo explicarle por qué su familia y ella misma se arrastraban por el suelo mientras las demás especies poseían varios miembros que les posibilitaba andar separando la panza de la tierra. Tenía que averiguar qué pasó en el pasado para que eso fuera así.  
Casualmente esa misma tarde una amiga le propuso ir al cine. Emitían la película 'Noé', protagonizada por ese actor que tanto le gustaba, ¿cómo era su nombre? '¡El que protagonizó 'Gladiator'!', le comentó a su amiga que tampoco recordaba su nombre. 
Tras ver la película y comprobar que en la misma aparecían imágenes en las que las de su especie reptaban en dirección a esa gran arca  huyendo del diluvio comprendió que no todo estaba perdido. Se lo tenía que contar a su familia. 


No os perdáis los anteriores: 

Elefante

Loro

Lobo

lunes, 21 de abril de 2014

PASIÓN EN LOS CAMINOS

Esta Semana Santa, tan alejada para mí de procesiones y pasos, ha sido extraordinariamente deportiva. A pesar de la convalecencia y de lo prematuro aún de comenzar a desarrollar deporte enérgico alguno, todo ha ido extrañamente bien.
Y digo extrañamente bien por lo que contaré a continuación. Si por estas fechas de hace 2014 años se produjo el milagro de los panes y los peces, milagrosa también ha sido para mí la súbita recuperación. O al menos, casi incomprensible. Pero todo puede tener una explicación -menos los milagros-.Veamos.
El pasado domingo probé correr, como expliqué en el lateral derecho de este blog, pero me encontré de bruces con la imposibilidad de hacerlo a partir del kilómetro cinco. De nuevo los sempiternos dolores que vengo arrastrando desde que acabó 2013. Así que fiel a mi filosofía, que es muy rudimentaria, consistente básicamente en tener paciencia, opté por montar en MTB, circunstancia ésta que -es probable- que ha podido ejercer algún tipo de influencia significativa de cara a la recuperación. Dos salidas -jueves y viernes Santos- que acumularon cerca de sesenta kilómetros. Nada de dolor, nada de molestias, todo a pedir de boca.
Un día antes, la doctora de cabera a la que le comenté mi dolencia, más que nada para que me derivara a un especialista, tuvo la virtud de localizar con precisión dónde tenía la rotura fibrilar, en un lugar muy aproximado al que yo suponía. 'Una radiografía no nos dirá nada y las resonancias las ha detenido por ahora el SAS', me dijo. No me sorprendí. De hecho, casi un mes antes ya había tenido yo que costearme una operación vascular porque el SAS no consideraba prioritaria la intervención.'Es probable que en unos veinte días tengamos en este centro -un nuevo centro de salud- un aparato para hacer ecografías y podamos practicar una a ver qué sale. Se verá si no es muy profunca', acabó diciéndome la doctora. De todas formas, la posibilidad de contar con ese aparato no sería inferior a veinte días.
Decía, pues, que envalentonado por los buenos resultados de las dos sesiones de bici y habiendo hecho los deberes con automasaje, crioterapia y Traumeel, el sábado -Santo- decidí probar suerte. Busque este camino de tierra para evitar el asfalto:


Y en este camino decidí comenzar a correr. 
El pasado domingo el dolor reapareció aproximádamente en el kilómetro cinco. En esta ocasión las molestias aparecieron en el kilómetro uno. Malas perspectivas, me dije. Pero eran molestias no dolor. Había esperanza. Así que continúe.
El camino era de tierra y el dolor no aparecía. Seguían las molestias, pero con éstas se puede correr. Con dolor nunca. Cuando volvía a mirar de nuevo el Polar llevaba casi tres kilómetros y el dolor no reaparecía. Seguían, eso sí, las molestias. Lo que no suponía que éstas practicamente desaparecía en el kilómetro cinco, que era el punto fatídico en el que solía recaer. Llegó el seis y también el siete y el dolor no apareció, al tiempo que las molestias casi remitieron por completo. Llegué al coche y quise besarlo pero estaba sucio, así que no lo hice. En su lugar, miré para atrás, observé el largo camino y me congracié con él. Ya casi había olvidado la dicha que supone llegar al coche con el deber cumplido.  
Más envalentonado aún, al día siguiente, domingo -Santo-, a pesar del fuerte aguacero, me fui a este camino:


Un camino de asfalto en esta ocasión para evitar el barro. E hice un total de nueve kilómetros, dos más que el día anterior. Un riesgo, me dije, pero había que probar.
Desde los primeros pasos me concentré en las molestias y en el hipotético dolor. La lluvia hacía un recorrido anárquico por mi rostro y el chubasquero iba rechazando agua como podía, pero no me importaba. Lo importante era comprobar si aparecían esas molestias o ese dolor. Pero nada apareció. No podía ser cierto, me dije. No operan tan rápido las recuperaciones, volví a decirme.
Pasaron los kilómetros: 1,2,3...hasta un total de nueve y el dolor no aparecía ni por asomo. No recé porque nunca lo hago, pero miré al cielo. Tan sólo conseguí que el agua cayera en mis ojos, pero no me importó. Las buenas notician estaban un poco más abajo, muy cerca de la tierra, en los gemelos. Sanos como lechugas.
¿Qué ha podido pasar? Se me ocurren cuatro posibilidades: 

1. Al localizar la microrrotura y trabajar sobre ella, la evolución fue rápida.
2. Al salir con la bici, mejoró el tono muscular y eso conllevó la curación de la microrrotura.
3.La recuperación estaba ya casi completada y yo no lo sabía.
4. La intervención vascular ha posibilitado un mejor riego sanguíneo, que es alimento de dioses para los músculos. (A este opción se suma la doctora que me ha visto hoy).

Por tanto, yo creo que ya si puedo decir que HE VUELTO A LOS CAMINOS.

martes, 15 de abril de 2014

LA SEMANA SANTA: UNA REFLEXIÓN HETERODOXA.

Fotograma de la película 'Nadie conoce a nadie', basada
 en la novela de Juan Bonilla de igual título.
Lo que ocurre en estas fechas es siempre lo mismo. Mires por donde mires pulula por todas partes la denominada Semana Santa. Y eso se convierte casi en insoportable par quienes no participamos de ella ni entendemos esta manifestación que, con raras excepciones, me parece harto hipócrita. Todo un desfile de lujo, ostentación, avaricia y no se sabe más qué es lo que yo veo en los desfiles procesionales -a los que no asisto, pero que inevitablemente veo en imágenes y fotografías-. Vivo en Andalucía. Respeto a quien manifiesta un sincero sentimiento religioso pero no tanto a los que se escudan en él.
Porque, me pregunto, qué tendrá que ver todo aquel supuesto episodio que comenzó con la detención del tal Jesús hace 2014 años y que le llevó hasta la crucifixión por las huestes romanas, por iniciativa de las judías, con todo este montaje que se lleva a cabo en muchos lugares de España -principalmente en Andalucía-. Yo conozco esa historia del Nuevo Testamento. La he leído, la he visto recreada en películas y considero que es una historia interesante. La redención de un hombre o un hombre-dios o un hombre-iluminado, que acaba removiendo las cimientos de dos civilizaciones en juego: la judía y la imperial Roma, así como iniciando el proceso de otra civilización, digamos, mesiánica y que a la larga se convirtió en la base de la civilización occidental, además de ser puntal básico en la guerra de religiones medievales.
Pues bien, todo eso podríamos considerarlo como algo vital en la historia de la humanidad. Una mentira muy bien contada o una verdad desconocida, no sé qué definición sería la más adecuada. Y como tal no podemos ignorarla. Sirvió para fomentar países, destruir a otros, enervar a reyes y a próceres de la nueva iglesia e, incluso, para hacer fortuna. Pero de ahí a haberse convertido en lo que se ha convertido hay un abismo. Simplificar todo eso en este espectáculo que se monta cada abril me parece verdaderamente triste. Sobre todo si consideramos que muchos de los que participan en este supuesta recreación anual de esa historia de aquel hombre-dios o lo que fuera no se han parado a reflexionar en todo lo que supone todo eso. Se conforman, supongo, con simplificarlo en estos días llamados de 'pasión'. En montar un espectáculo que nada tiene que ver con el sentimiento religioso. 
Lógicamente, no se me escapa que la Semana Santa a estas alturas es más que todo eso. Es una forma de incrementar el turismo, de llenar hoteles y bares, de hacer caja en definitiva. Además, es una forma genial que se han inventado los políticos para rastrear el voto. Lo venía a decir el otro día en un periódico local un dirigente de las cofradías de Granada. Es más, yo en determinada época de mi vida pública como concejal de mi pueblo apoyé, sin participar, que los vecinos de la localidad pudieran llevar a cabo su afición, sentimiento o lo que sea. Y aunque no me crean, jamás pensé que con ello me iba a embolsar votos algunos, entre otras cosas, porque tenía decidido que no iba a hacer de la política carrera profesional alguna. Como así fue. Me movía solamente un afán de servicio público, que tal era mi misión (incluso, de las pocas felicitaciones que recibí -la vida municipal es muy perra- una de ellas fue por ese apoyo desinteresado. Pero eso es otra historia).  
Pero claro, a quienes ni nos va ni nos viene todo eso, no tenemos más remedio que enclaustrarnos en casa, cosa que no viene mal de vez en cuando. Es un enclaustramiento voluntario, claro, y parcial. Sobre todo si lo que pretendes es pasarte por el centro de la ciudad -cualquier ciudad- para pasear, tomar algo o ir cine. Si no participas de este ritual folclórico más vale que te vayas olvidando de ello. Mucho mejor salir al exterior: al campo o yo que sé...a algún lugar donde no se les haya ocurrido sacar alguna procesión, suponiendo que exista. Es la dictadura de las masas. Supongo.
Porque le pasó a un amigo. Iba por el centro de Granada en busca de su vehículo, intentando sortear a gente y pasos. De pronto, intentó cruzar una calle y comprobó cómo un hermano mayor o algo parecido, rigurosamente vestido de traje y corbata negra y gomina le detuvo en su intento.'No puede pasar. Va a pasar dentro de un rato un paso', le dijo. Mi amigo miró a un lado y otro de la calle y no vio paso alguno. Así que hizo caso omiso y deshaciéndose del tipo, el cual ya le había cogido del brazo, le dijo que se metiera la figura de yeso donde le cupiera. Que él tenía que pasar esa calle porque es un lugar público. Algo muy similar a lo que le decía el hermano mayor de una cofradía de Triana al policía que intentaba solucionar un atraco a una entidad bancaria en esa imaginativa película sevillana de 2012, de cuyo título ahora no me acuerdo. Lo pondré cuando me venga a la memoria (si alguien se acuerda, que me lo indique, porfa)*.  
Quizá se trate de una anécdota excesiva la de mi amigo. Pero resulta que éste a los pocos días -quizá como castigo de Dios- resbaló en una calle céntrica con su moto a causa de la cera. Probablemente, la misma cera del paso que decidió no respetar.  

*Me acabo de acordar: 'El mundo es nuestro' (España, 2012)   

lunes, 14 de abril de 2014

EL HOBBIT: LA DESOLACIÓN DE SMAUG (USA, 2013)

El Hobbit: La desolación de Smaug
De cómo se las ha arreglado Peter Jackson para dirigir tres películas de más de dos horas de un libro breve no es tarea fácil de entender, a no ser que no obviemos que en sus películas existe un intencionado estiramiento visual y épico -delicioso, hay que decir-. Podría tratarse de una explicación sencilla, pero no lo es si nos sentamos como es debido a disfrutar cada milímetro de fotograma de sus películas. 

Pero también ha de quedar claro que cuando vemos las películas tolkianas de Jackson, nos introducimos completamente en el universo tolkiano porque -y lo he escrito ya en bastantes ocasiones- pocos directores de cine podrían entender mejor este universo que el director neozelandés. 
Dicho esto, he de decir que he vuelto a disfrutar como un enano de las montañas de esta segunda entrega de El Hobbit. Podrá ser más brillante o menos que la saga anillesca -aunque creo que están en similar línea-, pero está claro que seguimos sumergidos en el mismo espíritu de la Tierra Media. Y con eso basta. 
'La desolación de Smaug', me ha parecido de mayor belleza visual que 'Un viaje inesperado', así como más cercana al universo de la trilogía de los Anillos. También ha servido para dar cohesión argumental al 'El Señor de los Anillos', que como sabemos es posterior a 'El Hobbit' dentro de la producción literaria fantástica de J.R.R. Tolkien. Pero no ha ocurrido así cuando se ha llevado al cine. Los motivos los desconocemos, como desconocemos el intrincado mundo de la industria del cine de Hollywood. Probablemente, no se trate más que de una casualidad o, tal vez, de planteamientos de tipo comercial.
Fuere lo que fuere, lo que importa es que ya podemos disfrutarlo casi todo, a pesar de que habrá que esperar hasta finales de año para vez la tercera y definitiva entrega del libro más emblemático del escrito británico.
Me sigo preguntando si alguien se atreverá llevar al cine 'El Silmarillion', que es el origen de todo, como nunca se cansó de repetir Tolkien por mucho que casi nadie pareciera escucharle; de hecho el autor jamás pudo ver esa obra publicada (lo hizo su hijo Christopher, una vez fallecido su padre), después de dedicarse toda su vida a escribirla, pero sobre todo a reescribirla. Apuesto a que no.   

sábado, 12 de abril de 2014

UN COMENTARIO DE FÚTBOL (IDEAL 10/4/2014)

Seguramente que hoy no estará muy feliz el hipotético aficionado al que me refiero en este artículo que me publicó el pasado jueves el diario Ideal de Granada. ¿Quién se  iba a esperar la victoria del Granada sobre el Barça?. Si no pudisteis leer en papel, aquí lo reproduzco: 

UN COMENTARIO DE FÚTBOL   



'Para eso hemos pagado doscientos millones', comentó el parroquiano en el bar, feliz de que una de las figuras del Barça marcara un estupendo gol, un comentario bastante usado cuando algún aficionado de raza se congracia con el equipo de fútbol de sus sueños.
            Inicialmente, consideré que se trataba de un comentario ridículo. Ese 'hemos', me dije, no es más que la falsa ilusión de quien considera que su enorme afición al fútbol en general y a un club en particular, le convierte en una especie de socio mayoritario de la entidad. Una especie de nebulosa que le ayuda a sobrellevar mejor la frustración de no poder formar parte de manera más directa de ese gran club, cuando la cruda realidad es que quienes han pagado esos doscientos millones ya han obtenido con creces la rentabilidad que buscaban, amén del enorme nivel económico que adquiere la existencia del susodicho futbolista y la de los mercachifles que le rodean.

            Sin embargo, a medida que reflexionaba fui comprendiendo ese comentario, hasta llegar a la conclusión de que no estaba exento de sensatez, a pesar de lo ridículo que me pareció cuando lo escuché en ese bar de mi barrio. Y no estaba exento de sensatez porque, en realidad, ese parroquiano lo que estaba diciendo no era otra cosa que él contribuía de manera bastante directa a que esos doscientos millones pudieran ser pagados a ese futbolista estelar al que tantos equipos de renombre pretendían. De hecho, estaba contribuyendo en ese mismo momento mientras consumía dos o tres copas o lo que le diera tiempo a beber en los noventa minutos de partido, al tiempo que, gracias a esas consumiciones, el dueño del modesto bar haría una caja más generosa que cualquier otra tarde sin fútbol, lo que posibilitaría poder pagar la elevada cuota que cobran a los establecimientos de hostelería las cadenas televisivas que se arriesgan a emitir los costosos partidos de pago. Un dinero que, por cierto, en una parte importante va a parar a las arcas de los clubes que juegan en ese momento y que sirve, entre otras cosas conocidas o no, para poder pagar esa cantidad ingente de millones de euros a los que se refería el parroquiano, el cual seguramente seguirá contribuyendo a engrosar las arcas del club de sus amores comprando para él o para sus hijos, camisetas, pantalonetas, medias, botas o balones con la inscripción del nombre y logotipo del club y de su ídolo de tan costoso precio. Es más, ese parroquiano jugará semanalmente una quiniela y es probable que hasta apueste por Internet en muchas de esas páginas que no paran de proliferar y no dudará en pagar los euros que sean necesarios para poder ver a su club cuando venga a jugar a Granada o, incluso, es probable que algún día, cuando se lo pueda permitir, vaya a ver jugar a su equipo en su propio estadio, decisión que le costará un riñón. Por tanto, si sumamos todas esas cantidades y las multiplicamos por los millones de personas que consumen fútbol a diario, no nos parecerá tan descabellado el comentario que hacía ese aficionado con rotundidad. Es más, llegado a un punto nos parecerá un comentario totalmente acertado y consecuente.      

miércoles, 9 de abril de 2014

LIBRO: EL HÉROE DISCRETO (ÚLTIMA NOVELA DE MARIO VARGAS LLOSA)

el heroe discreto-mario vargas llosa-9788420414898No estoy seguro de si el peruano Mario Vargas Llosa es el escritor total, pero sí de que es el narrador total. Podría significar lo mismo, pero no lo es. Un narrador es un escritor, pero no siempre un escritor es un narrador; o al menos, no un buen narrador. Y en ese terreno de la narrativa, el último premio Nobel de habla hispana es todo un maestro, un clásico vivo. 
No he leído todo lo que ha escrito Mario Vargas Llosa, entre otras cosas, porque ha escrito mucho, pero sí he leído bastantes de sus novelas y siempre llego a la conclusión que su maestría narrativa está muy por encima de la media de los autores consagrados en lengua hispana. Tal vez, esa su mejor divisa y la que, probablemente, le ha llevado a ganar el máximo galardón literario internacional. Y es que el autor peruano es por encima de todo un contador de historias. 
Acabo de terminar su última novela: 'El héroe discreto'. Con ella consigue llevarnos a las vidas de dos héroes anónimos, que tanto esfuerzo ha puesto en homenajear; además, también ha querido homenajear de manera muy espléndida el particular lenguaje peruano, al menos, el lenguaje de la calle, básicamente en Piura (doy fe que muchos de las palabras que aparecen en la novela no se encuentran registradas en el diccionario de la RAE).
Una novela que te adentra de manera muy directa y profunda en dos personas anónimas que, por circunstancias ajenas, convierten un determinado periodo de sus vidas en algo épico. Son los héroes anónimos que el escritor quiere remarcar. Una novela que se sitúa a caballo entre Piura -al parecer, la cuarta o quinta ciudad más grande Perú- y la capital del país, Lima, que sirve para analizar, en ocasiones de manera despiadada, el Perú de nuestros días, tanto a nivel económico, social o institucional. Nada escapa a esta aparente sencilla novela.
Porque las novelas de Vargas Llosa -ahí radica, en mi opinión, uno de los aspectos de su grandeza- aparentan una estructura sencilla, pero en realidad esconden siempre una estructura compleja. Una complejidad que se desarrolla de manera diáfana -en la novela a la que me refiero- a través de las muchas descripciones de personas, lugares y situaciones, pero sobre todo a través de los siempre presentes diálogos de los diversos personajes que van apareciendo en la novela.  
Una narración que cuenta con un desenlace imprevisto y que, de alguna manera, redondea perfectamente las dos tramas que se van tejiendo a lo largo de sus casi cuatrocientas páginas.        
    

lunes, 7 de abril de 2014

CINE: EL MAYORDOMO (USA, 2013)

No negaré que he disfrutado con esta película basada en hechos reales (si es que la ficción pudiera emular a la realidad; o al revés). Esperaba menos de ella. Es más, cuando comprobé su larga duración pensé en postergarla, básicamente porque cuando la elegimos para verla -el sábado- acostumbramos a ver varias películas, o bien, películas-series; o viceversa y una película larga puede dar al traste con lo que pretendes ver a continuación. Pero tan buen sabor de boca quedé con esta película que para nada se me hizo larga y dio lugar para seguir viendo la formidable serie 'The Killing'.
El mayordomo más famoso de los últimos tiempos -aunque para mí siempre será el primero Stevens, el perfecto mayordomo genialmente interpretado por Anthony Hopkins, en 'Lo que queda del día'-, no hubiera sido tal si no es por el espectacular homenaje que le brinda el director y guionista Lee Daniels. Y gracias a ese acertado homenaje, hemos podido percatarnos con más cercanía de la intrahistoria estadounidense a lo largo de treinta y cuatro vitales años de la historia de este 'gran país'. Un mayordomo que en la vida real sirvió a ocho presidentes, si bien tan sólo tendremos ocasión de ver la interpretación de cinco de ellos (Eisenhower, interpretado por Robin Williams; Kennedy, interpretado por James Marsden; Johnson, interpretado por Liev Schreiber; Nixon, interpretado por John Cusack y Reagan, interpretado por Alan Rickman -el de parecido más creíble-). Pero no se agota ahí el fenomenal elenco de actores conocidos o de actores-músicos conocidos, como es el caso del también 'mayordomo', Lenny Kravitz, muy frecuente últimamente en el cine o la esporádica aparición de Maríah Carey. Por no citar la sorprendente interpretación de la presentadora-estrella norteamericana Opra Winfrey en el difícil papel de esposa del mayordomo, de cuya interpretación se han encargado el ya veterano y acreditado actor negro Forest Whitaker, que tanto nos gustó en la película de 2006 'El último rey de Escocia'. Pero hay muchos más actores y actrices conocidos. En realidad, la producción no ha regateado en cuanto a la valía y nombre de los interpretes para llevar a cabo una película que quedará mucho tiempo en la retina de quien decida verla. 
Una película que, además, posee una pedagogía más que aceptable sobre el transcurrir de la historia dramática de la población negra en Estados Unidos, desde que inician su peculiar lucha por la igualdad en los años cincuenta. Asistimos al asesinato de Martin Luther King y al de Kennedy, y aunque ambos fueran cometidos de forma vil y, probablemente, por causas bien distintas, no son tan desiguales los personajes históricos en cuanto a su lucha a favor de los seres humanos, obviando los matices del color de la piel. Todo eso está perfectamente retratado en la historia de este peculiar mayordomo, que lo único que busca es un lugar entre los blancos para poder sacar adelante a su familia y alejarse de todas esas penurias y momentos dramáticos que hubo de pasar en su infancia y juventud en una plantación de algodón. Un negro que es bien tratado por los blancos, entre otras cosas, porque jamás se sale de su guión de negro; otra cosa muy distinta hubiera sido haber ejercido de negro reivindicativo desde el principio de su carrera de mayordomo en la Casa Blanca, dicotomía ésta que se expresa muy bien a través del pensamiento de su hijo mayor. 
Me quedo con ganas de seguir escribiendo sobre esta estupenda película, pero no mea arriesgaré a 'espolear' ese rico argumento que nos ofrece esta película. Tan sólo una cosa: no dudéis en verla y podréis sacar vuestras propias conclusiones que, con independencia de las que sean, en ningún momento llegaréis al aburrimiento a lo largo de sus dos horas largas de metraje.

sábado, 5 de abril de 2014

DOS IMÁGENES DE GRANADA QUE NO HAY QUE PERDERSE

Hay una zona alta- el mirador más alto- en Granada que se llama S. Miguel Alto. Tiene la particularidad de poderse observar desde allí, de manera inmejorable, tanto el conjunto de la Alhambra y el Generalife -además del Palacio de Carlos V-, como todo el Albayzín. Además, se observa también una vista franca de la ciudad de Granada, la Vega y muchos de sus pueblos, presidida esta comarca a su derecha por el promontorio que forman los picachos de Sierra Elvira, lugar donde se hallaba la mítica ciudad de Ilbira. Además, nos encontramos con la sorpresa de ver dos tramos importantes de la muralla nazarí que, lamentablemente, no está bien conservada y se encuentra aderezada por un par de horribles repetidores de RTVE.  Foto de J.A. Flores.

  
Y si giramos la vista a la izquierda, vamos a poder observar este espacio natural de toda esa dehesa que rodea la Abadía del Sacromente, y al fondo la cegadora nieve de Sierra Nevada. Pocos lugares hay tan bellos como éstos. Foto de J.A. Flores

jueves, 3 de abril de 2014

PRIMERAS TENUES LÍNEAS DE LUZ

Fotografía de J.A. Flores









Hoy he comenzado ya a ver penetrar las primeras tenues líneas de luz en el oscuro bosque en el que me hallaba. Deportivamente hablando. 

Casi dos semanas han transcurrido ya desde que me 'arreglaran' el problema vascular que podría ser el que estuviera detrás de los diversos problemas en los gemelos. No se sabrá hasta que comience a patear caminos, cosa que en breve podría hacer, según el médico, pero que aguardaré hasta el uno de mayo probablemente. Mientras tanto, seguirán las caminatas y volveré a los lomos de la MTB. 
Está siendo una necesaria travesía por el desierto, pero ya atisbo los primeros oasis a lo lejos. Espero que no sea una alucinación.
En todo este tiempo, es decir, todos estos meses desde que comenzó el año no he perdido un ápice de ilusión y he aguardado con paciencia el momento para comenzar. La ilusión sólo se mantiene si sabes que algún día volverás a correr, sabiendo que lo que te pasa no es irreversible. 
He caminado, he subido en bici y he contactado con los mismos lugares por los que habitualmente suelo correr. Ha sido un ejercicio de disciplina, pero debo reconocer que en ocasiones me han parecido extraños, distintos a los que observaba cuando los recorría. 
Y es que la mente es acomodaticia. Puedes estar toda una vida haciendo algo, hasta el punto que forma parte de tus días, y en pocos meses puedes encontrar extraño lo que hacías con tanta naturalidad. Algo así me ha pasado en ocasiones, si bien eso no es sinónimo a perder la ilusión.
Ésta siempre se ha mantenido. Hay unas zapatillas sin entrenar; hay una camiseta técnica sin entrenar y jamás me han parecido artículos extraños, sólo silentes, puntualmente, silentes. 
Probablemente para quien no tenga el hábito de correr en sus vidas, le podría parecer exagerado todo esto que escribo, pero no tanto para quién lo tenga. Correr es algo que trasciende al mero ejercicio físico. Pasamos por una calle, un camino o una carretera, vemos a alguien corriendo y nos parece la escena más cotidiana del mundo, pero quienes corremos sabemos que la cabeza del corredor en esos momentos es toda una amalgama de sentimientos, de sensaciones.
Porque correr es algo que trasciende a lo meramente teórico también. Se entrecruza en esta actividad toda una filosofía de vida y todo nuestro ser es como un diapasón de melodías. 
Cuando andaba el otro día bajo la lluvia por un lugar de la Vega, me imaginaba corriendo y no lo conseguía. El camino se desdibujaba a lo lejos y se perdía entre las alamedas y no podía comprender que en muchas ocasiones yo mismo lo había atravesado sin apenas esfuerzo. No podía creer que eso fuera mérito mío. 
Por eso es tan necesario volver a empezar.   

EBOOK: RELATOS Y ARTÍCULOS DE VIAJES: ROTHENBURG

Si nadie le cuenta al hipotético lector nada sobre el pueblo de Rothenburg no habrá forma de imaginarlo a pesar de haber llegado...