lunes, 30 de abril de 2018

RECAPITULANDO PROYECTOS

Esta será una foto típica que irá en el breve libro
 'Reflexiones nocturnas de un corredor",
si bien en blanco y negro
Hola amigos. Actualizo un poco còmo configuraré los próximos meses en cuanto a publicaciones editables. Hay varios proyectos como sabéis, pero totalmente terminado tan solo el poemario 'Me iré con el primer viento', el cual quisiera que viera la luz sobre otoño. Mientras tanto, está ya bastante avanzado otro proyecto singular: 'Reflexiones nocturnas de un corredor' (título provisional). Son ya 33 las reflexiones hechas, por lo que ya solo quedan nueve. Además, incorpora varios poemas dedicados a correr y un total de veinte a treinta imágenes relacionadas con las reflexiones y los poemas, por lo que será una obra breve, de no más de 80 o 90 páginas y que quisiera se interprete como libro de consulta motivadora, sobre todo para corredores, pero también -en ello me esfuerzo- para no corredores. Es probable que esa pequeña obra también esté en la calle este mismo año en una edición con pocos ejemplares.
Por su parte, la novela corta, va a buen ritmo y es posible que esté acabada este mismo año, pero no será probable que vea la luz aún. Los demás proyectos deberán esperar porque son de más largo recorrido, como es el caso de la novela larga 'Donde los hombres íntegros' o esa publicación sobre cuestiones animales que podría integrar relatos, microrrelatos, poemas y reflexiones, que aún no tiene forma ni título. Algunas de estas publicaciones serán tan solo en versión digital, con opción de que pudieran salir en papel a través del servicio de CreateSpace; sin embargo, otras si tendrán su sello editorial, descartando casi por completo enviarlas a editorial alguna tradicional, toda vez que la tardanza es eterna y, casi nunca positiva. Y no lo lo digo porque tenga mala experiencia en ello. Lo poco que he enviado -Corriendo Entre Líneas- ha obtenido respuesta favorable pero hay que valorar bien si merece la pena o no.   


sábado, 21 de abril de 2018

EN BUSCA DE LA FELICIDAD (EE.UU, 2006)

En busca de la felicidad¿Una película para quienes tengan lágrima fácil con un 7,5 en Filmaffinity? No suele ser normal. Sin embargo, el gran portal de cine (mi predilecto) no suele equivocarse, ya que las opiniones y críticas no son solo del público (que ya se sabe lo volubles que somos) sino también de críticos solventes. Por tanto, había que verla. Con Will Smith, que es un tipo creíble incluso cuando no interpreta comedias, como protagonista, algo que, en mi opinión, es una garantía, y lo digo porque me parece un actor potente.   
Así que me dispuse a verla. ¿Y qué vi? Una buena película basada en hechos reales bien contada y muy bien interpretada por el actor norteamericano. Una buena película, en la que has de tener presente en varios momentos que fue una historia real; de lo contrario, no sería difícil considerar que la imaginación del guionista es portentosa. Casi dos horas sin apenas un momento de tensión, a pesar de que no se trate de una película de acción, todo lo contrario. Y, sí, momentos duros en el aspecto sentimental, incluso para quien no sea de lágrima fácil. Porque el sueño americano, si es que existe, cuenta con unos caminos demasiado pedregosos en los que caer una y otra vez es fácil, muy fácil.       

sábado, 14 de abril de 2018

¿QUÉ PASARÁ O NO PASARÁ CON MI POEMARIO 'ME IRÉ CON EL PRIMER VIENTO'?

Cuando acabas un libro, sueles quedarte mirando el borrador y te preguntas: ¿qué hago ahora? Es una pregunta que a medida que más experiencia tienes en la publicación de libros, más te haces. 
Desde fuera, sobre todo para gente que esté al margen de la edición y publicación de libros, la cosa puede ser tan fácil como meter el borrador en un sobre y enviarlo a una editorial importante para que ese borrador se convierta en libro. Tú, autor de la obra, crees en ella (¿quién va a creer más que tú?), entre otras cosas porque has estado muchos meses, quizá años, escribiéndola. Pero ocurre en esto de la creación que, el verdadero camino comienza cuando la obra ya está acabada. Es muy distinto a otras obras y construcciones menos prosaicas. Por ejemplo, tú necesitas reformar tu cuarto de baño y llamas a una empresa o a un albañil. Le cuentas a éste qué es lo que quieres hacer y los materiales que quieres instalar. Éste te ajusta un presupuesto, lo admites y ya está. Desde el punto de vista del albañil, basta con hacer su trabajo de acuerdo con lo encargado y punto. Sin embargo, cuando acabas un libro, una composición musical o un cuadro (a no ser que se trate de algo por encargo, que entonces no decides tú qué  y cómo crear), el verdadero camino comienza cuando has puesto el punto y final en el borrador. Así de perra es la creatividad, aunque es esa también su mayor virtud. Me explico.
Cuando te sientas a escribir un libro, nada ni nadie te impide qué y cómo escribir; es más, nadie te fija un plazo ni tan siquiera las horas que has de dedicarle cada día. Esa es la verdadera virtud de la creatividad libre. Su contrapeso es que publicarlo no es un camino de rosas. Por suerte, cada día está más en alza la autopublicación seria y consecuente (no la chapucera e inconsecuente). La otra opción es la tradicional. Por supuesto que a todos nos gustaría que nuestras obras las publicara una editorial grande, pero no a cualquier precio (al menos, esa es mi opinión). Porque hay un precio. No un precio material, pero sí en cuanto a aspectos que sesgan mucho tanto al autor como a su trabajo. Las editoriales tradicionales son empresas que quieren vender y si no lo hacen con tu libro, te olvidan. De hecho, cada día son más los autores que así lo reconocen y que, por eso, han decidido optar por la autopublicación. A eso hay que añadir los eternos plazos de estas editoriales para contestarte (para decirte que no, en la mayoría de las ocasiones, o ni siquiera contestar), para editar el libro, una vez admitido, para corregirlo, para sugerirte o imponerte cambios, para exigirte que te muevas en la promoción yendo en aquí a allá, para que vendas tu libro porque ellos solos no lo conseguirán, para, al final, dejar tu libro arrinconado en un frío almacén o en el anaquel más apartado de cualquier librería, con el añadido de que no dispones de los derechos de él hasta que pasen cinco años. Y en cuanto a tus derechos de autor, olvídate de enriquecerte, aunque se venda razonablemente bien. Todo lo que cuento se basa en alguna experiencia mía, que no he publicado con grandes editoriales pero sí en edición tradicional, y de lo que le he escuchado a autores que han tenido la decencia de contar la verdad de sus experiencias con editoriales grandes y prestigiosas.
Dicho esto (que es un rollo de mucho cuidado), mi decisión personal es que mi poemario 'Me iré con el primer viento' no será enviado a editorial alguna (lo hice a un par de ellas y lo valoraron muy bien, pero sus propuestas no me convencieron), sino que será autoeditado, muy probablemente en la mayor editorial y librería del mundo, la que está desafiando a todas las demás: Amazon.
¿Para cuando? No lo sé. Supongo que para después del verano.      

martes, 10 de abril de 2018

¿Y TENIENDO YO MÁS VIDA, TENGO MENOS LIBERTAD?

Resultado de imagen de INDIVIDUO MANIPULADO
¿Y teniendo yo más vida, tengo menos libertad?, se pregunta Segismundo en soliloquio de La vida es sueño de Calderón. Me vino esta frase a la cabeza porque, a pesar de estar escrita en 1636 parece repetirse en nuestras democracias occidentales. Esa 'más vida', debería ser la pauta, el elemento clave de nuestra libertad, pero todo parece conspirar para que tengamos menos libertad. 
La supuesta libertad de nuestras modernas democracias parece serla en esencia y cualquier observador la podría atisbar sin apenas esfuerzo -sobre todo si se tratara de un observador que ha vivido alguna dictadura-, sin embargo es una libertad bastante acartonada, como ese atrezzo invisible en el que vivía Truman en aquella inolvidable película, en la que todo el mundo actuaba, menos él. En esta ocasión, todos podríamos ser ese Truman, ese individuo que cree vivir en una libertad infinita, pero un día comprueba que un foco cae de algún lugar del cielo y que la lluvia no es uniforme.
Cada vez más se aprecia en nuestras vidas el control que se ejerce sobre los ciudadanos. En ocasiones, basándose en la seguridad o bien ejerciendo una presión fiscal brutal e injustificada. O bien, dejando al individuo sin amparo alguno, en una organización social que ya no se basa apenas en el reducto de la familia en el sentido que le dio Roma y otras civilizaciones a través de la denominada gens. Hoy día, el individuo queda solo, apartado en un rincón y el Estado tan solo estará interesado en guardar las formas, las apariencias y, en ocasiones, ni siquiera en eso. 
Desde el modelo, cada vez más en desuso, del Estado de Bienestar europeo hasta las economías liberales practicadas por cada vez más países y que tienen el espejo en Estados Unidos, el individuo ya apenas cuenta. Vivíamos en ese reducto de nuestras sociedades acomodadas, olvidando que tarde o temprano otras personas más desfavorecidas se asomarían al jardín de nuestra casa y, al poco, acabarían aporreando nuestra puerta. Se ha vivido de una manera estanca sin considerar que todo eso ocurriría, de manera que ante la avalancha globalizadora de un mundo superpoblado el individuo ha pasado de ser alguien a ser tan solo un número perdido en el universo y, a veces, ni tan siquiera eso. 
Por su parte, los Estados han seguido yendo a lo suyo, que no es otra cosa que ponerse al servicio de las grandes corporaciones, las verdaderas dueñas de todo, y dando la espalda cada vez más al individuo del que le interesa tan solo sus posibilidades estadísticas, demográficas y fiscales. Pocas veces se ha visto como ahora la soez distinción entre élites y pueblo, entre pueblo y chusma, entre chusma y escoria, todos viviendo bajo un mismo techo en una sociedad cada vez más caótica e insegura, en la que las Redes Sociales e Internet interpretan el mundo a su manera, pareciéndose cada vez menos al real. Un mundo virtual plagado de falsificación, noticias falsas y fakes en el que se fabrican y destruyen líderes con un solo movimiento de un mando a distancia o un ratón de ordenador. Si el avance de la civilización era esto, en algo hemos debido equivocarnos

lunes, 2 de abril de 2018

JESÚS DE NAZARET, de Franco Zeffirelli (UK,1977)

La imagen puede contener: una o varias personas y texto   Quiso la casualidad o la providencia que la primera película que viera sobre la figura de Jesús de Nazaret fuera la versión de Zeffirelli y yo, que no soy un católico practicante, ya me enganché a ella de manera permanente, a pesar del buen número de versiones que el cine internacional nos ha dado sobre la máxima figura del cristianismo. No recuerdo si había leído antes o después El Nuevo Testamento, pero fuere como fuere comprendí que era la más fiel al mismo, sin entrar aquí en disquisición alguna sobre si el libro sagrado es real o ficticio, que es algo que me preocupa mucho menos. En todo caso, disfruté tanto con la lectura del libro como con el visionado de la película. Y lo sigo haciendo -con la visión de la película me refiero, que al Nuevo Testamento ya no he vuelto-. La tuve en formato VHS y la veía cada Semana Santa (reconozco que soy un poco clásico en la concepción del cine y sus épocas. Me ocurre igual en Navidad). Y aprendí con ella. No en vano cuenta con escritores acreditados como autores del guión, como es el caso del británico Anthony Burgess, y un elenco de actores que podría quitar el hipo al cinéfilo más empedernido, gente que ha hecho grandes cosas en el cine, como son los casos, entre otros, de James Mason, Peter Ustinov, Anthony Quinn, Laurence Olivier, Chistopher Plummer, Ralph Richarson, Ian Holm, Ian McShane o nuestro actor más internacional, Fernando Rey. Pero de todos, a pesar de que es un actor que posteriormente no ha llegado a ser conocido por el gran público, yo destacaría a Robert Powell, en la figura del protagonista, Jesús de Nazaret. Quizá uno de los grandes aciertos de esta película es haber contado con un actor con un físico que encarna la figura de Jesús tal y como nos ha sido transmitido a nivel iconoclasta o en pintura. Una imagen muy cercana a la que cualquier persona de este mundo, creyente o no, puede perfectamente tener en su mente. Muy creíble, ése sería el término más acertado. 
Una película que recrea la historia bíblica con enorme precisión, desde el nacimiento del profeta hasta su cruxificación y en la que cada protagonista asimila su rol a la perfección. Ayuda y mucho a crear ese ambiente la magnífica BSO de Maurice Jarre, que a mi me parece la más adecuada para este tipo de película. Además cuenta con unos diálogos muy precisos y un doblaje al español perfecto (no conozco cómo resultará en su versión original). 
Desde siempre había visto la versión corta, pero el año pasado vi en un centro comercial la versión extendida en formato BD y no pude resistirme a hacerme con una copia en la que se añaden más de dos horas nunca vistas anteriormente en el cine, por lo que esta Semana Santa, a pesar de haber visionado de nuevo la película que habitualmente veo sobre la figura de Jesús de Nazaret, he tenido la impresión de haber visto otra, ya que su metraje total es de casi seis horas y media, las cuales repartidas en tres funciones: Jueves, Viernes y Sábados Santos, se hace muy llevadera.       




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Si nadie le cuenta al hipotético lector nada sobre el pueblo de Rothenburg no habrá forma de imaginarlo a pesar de haber llegado...