martes, 31 de diciembre de 2013

AQUÍ SEGUIMOS Y AQUÍ SEGUIREMOS (UN AÑO MÁS)

Doscientas siete entradas, con esta última. Es decir, a más de media entrada por día. Sin duda, mucha actividad. Mucho que contar, mucho que escribir.
Porque ha sido un año fructífero en cuanto a juntar letras se refiere: entradas de blog, artículos periodísticos, relatos (algunos de ellos finalistas en certámenes y otro premiado) y, sobre todo, muchos proyectos en el disco duro del ordenador. Algunos muy avanzados, otros en ciernes, que espero vean la luz el próximo año.
Y, también, muchos kilómetros en las piernas. Porque, como sabéis, este blog sufrió una catarsis en verano que, incluso, le llevó, incluso, a cambiar de nombre. Pero seguimos corriendo. Y mucho.
Un año en el que las lesiones me han respetado bastante y por eso han sido muchas las pruebas de competición realizadas. Bastantes medias maratones y una incursión en el trail-running -no demasiado técnico- en tierras de Fonelas y una infinidad de pruebas de menos kilometraje, algo que ha sido posible gracias a la dedicación continua al pateo de caminos, calles y carreteras, que han sumado casi 2500 kilómetros. 
Y mucho cine. Y mucha música. Y mucha lectura. Todo eso lo he plasmado aquí de la mejor forma que sé. 
Un año en el que he decidido de forma definitiva dejar de seguir las noticias políticas por considerar que no hay remedio; de dejar de ver los debates en televisión; de dejar de escuchar a la clase política en definitiva. Es grave tomar esta decisión en una llamada democracia, pero así hemos decidido que sea España. Por tanto, las entradas políticas en este blog han ido decayendo de forma alarmante con respecto a años anteriores ya que la ignorancia hacia esta caterva de parásitos es el mejor arma. Incluso, mejor que negarles el voto. 
Un año, además, en el que el país se ha desangrado definitivamente a nivel económico y en el que la progresión en el desempleo ha sido escandalosa, llegando a tener una de las tasas más altas del horriblemente denominado 'primer mundo'. Sin duda, es el reflejo de que las cosas se están haciendo asquerosamente mal y eso mucha gente lo está sufriendo.
Por su parte, ese desangrado general, que se está llevando por delante a las clases medias, las mayoritarias del país, contrasta con el cada vez más acusado privilegio de la clase política, a la que hay que sumar la  clase económica, como suelo llamar a todos estos empresarios que opinan como sacerdotes egipcios de cómo debe ir el país para que ellos sigan inflando sus bolsillos.
De la monarquía mejor no hablar. Ya se descalifica ella sola. 
Un año en el que cada vez gente más brillante surgida de nuestras universidades tiene que hacer el petate y ofrecer sus servicios a la Merkel (metáfora), mientras que el parasitismo social en el país es cada vez es mayor. Un festín al que se intentan sumar quienes vienen de fuera a buscar trabajo, pero que no habiéndolo, siempre encontrarán aquí mejores condiciones que en sus tristes y rotos países. Mientras tanto, la desvergonzada clase política, tan sólo se preocupa por ocultar sus casos de corrupción y procurar que nos les pille en mal lugar si esto acaba por explotar. Sin duda, abandonaran el barco antes que nadie.
Pero, en fin, volvamos a cosas más importantes: nuestras vidas y qué haremos de ellas el próximo año. 
No creo en los propósitos, pero tienen su parte de higiene mental. Por tanto, nada mejor que comenzar el nuevo año corriendo, leyendo, devorando libros, escribiendo, impregnándonos de cultura, viajando, rodeándonos de nuestros seres queridos, visionando buenas películas y series, procurando no perder el puesto de trabajo y, sobre todo, mostrarles el culo (metáfora) a todos los parásitos que nos rodean y la gentuza en general.  Mientras tanto, aquí seguiremos a pesar de todo, a pesar de los pesares, como dijo el poeta. Por lo tanto, buena gente:

FELIZ Y PRÓSPERO AÑO: 

 

jueves, 26 de diciembre de 2013

CUATRO CIUDADES BÁVARAS (III): ROTHENBURG



Puerta amurallada de entrada a la ciudad (Foto de J.A. Flores)
     Si nadie te cuenta nada sobre Rothenburg, no habrá forma de imaginarla a pesar de haber llegado ya a su pequeña estación de tren, de presencia tan poderosa en cualquier rincón de Alemania. Una estación correcta, ni nueva ni vieja, y un paisaje a su alrededor que te dice poco.
      Y aunque nada sepas de este lugar de casi once mil habitantes, alguien te filtrará de que se trata, quizá, de la ciudad alemana más visitada por japoneses. Ese dato te podrán en guardia porque sabes que nuestros lejanos vecinos de la tierra del 'Sol naciente', eligen los rincones del planeta, por muy lejanos que estén, en función de su atractivo fotografiable. Por tanto, te dices, debo estar ante una ciudad verdaderamente singular.
               Y lo estás.
               Nosotros ya íbamos arengados por su singularidad, pero eso no fue suficiente. Es una ciudad que ya has soñado y, quizá, no lo sepas. Una ciudad que ya has visto en tu imaginación o en alguna película o te la has imaginado leyendo algún cuento medieval. Pero nada será comparable a ese elixir que correrá por tus sentidos cuando alcances a verla con tus propios ojos. Lógicamente, hizo mucho el hecho de verla totalmente ataviada de adornos navideños, pero según nos contó nuestra acreditada 'cicerone', AL, también en primavera es una ciudad-espectáculo. Probablemente lo sea todo el año.
Una ciudad que pareciera detenida en el tiempo (Foto J.A. Flores)
               La mayor parte de la ciudad -es posible que toda-, está dentro de una antigua fortificación, que conserva sus murallas y su exquisita puerta de entrada, que también existe en la parte suburbial de la ciudad. Ambas puertas -ignoro si habrá una tercera- son tanto de entrada como de salida y poder imaginarse, en tiempos ancestrales, el acceso o la salida de los carruajes medievales tirados por caballos pecherones propios de Baviera, es tarea fácil. Incluso, por muy poco desarrollada que esté la imaginación de visitante de ojos asombrados.
               Quiso el destino -o su belleza- que no fuera destruida por los países aliados durante la liberación de la Segunda Guerra Mundial. Es un privilegio que sólo ofrece la belleza. Pero también mucho habrá que deber a sus gestores, los cuales han sabido conservar la ciudad, hasta el punto de parecer detenida en el tiempo.   
               Por tanto, sumergirse en ella es vivir como en una especie de cuento; como vivir dentro de una ciudad de juguete y durante toda la visita no dejas de preguntarte del momento de tu vida en el que ya has visto o has creído ver esta ciudad, aunque fuera en visión onírica. Lógicamente, no es tarea fácil saberlo, como nunca lo es acordarte de todo lo que has soñado.
En Rothenburg, cualquier rincón es pintoresco
(Foto de J.A. Flores)
       Una vez traspasada la puerta amurallada de entrada, presidida por dos coquetos tejados terminados en punta, que te recuerdan a los que coronan muchos de los edificios del Madrid de los Austrias mayores, una empedrada calle repleta de comercios elegantemente ataviados con sus productos y motivos navideños, te deposita en su curiosa plaza central, la cual está presidida por un enorme árbol navideño natural, repleto de pequeñas guirnaldas de diversos colores. Además, para la ocasión, la plaza también está repleta de pequeños puestos navideños, en los que se venden artículos y productos de la época y se dispensan salchichas cocinadas al estilo bávaro, licores y el siempre presente vino caliente, que tan bien sienta a los helados cuerpos e impresionados espíritus de los visitantes.
         La plaza mayor o principal, enclavada en una leve pendiente, no es circular pero tampoco rectangular. Se podría decir que no tiene una forma geométrica definida. Era ocasión única para llevar a cabo el ritual que cientos de personas a esas horas están llevando a cabo: tomar un vino caliente y alguno de esos fuertes licores bávaros. Y con esas pintorescas jarras decorativas -que pueden ser adquiridas o recuperar el dinero que se deja a tipo de fianza- comenzamos un deambular por todas y cada una de las calles que surgen desde esta misma plaza. En esos momentos, no son las piernas las que caminan: es la imaginación y la infinita capacidad de asombro. Todo lo que vemos nos atrapa. Te detienes ante el escaparate de una repostería y cuando quieras pensarlo ya estás dentro del comercio comprando alguno de sus exquisitos dulces en forma de bola; te detienes ante el escaparate de motivos navideños y cuando quieras pensarlo ya estás dentro guiado por tus sentidos y tus ojos, asombrándote con todo lo que ves: figuras de madera de todo tipo, adornos de belenes y árboles navideños inimaginables e infinitos, relojes cucús de todos los tamaños y formas....nada parece faltar en las abigarradas y decoradas tiendas. Pero, aún así, todavía no sospechas de lo que te vas a encontrar a continuación, algo que supera con creces a todo lo que has visto hasta ahora en cuanto a motivos navideños. Se trata de la fastuosa tienda museo 'Käthe Wohlfahrt'. Advirtamos que el disfrute de este sitio conlleva poseer, al menos, unos gramos de espíritu navideño. Y si esos se poseen, dejarte llevar por sus laberínticos pasillos, perfecta e inimaginablemente decorados, puede ser una de tus mejores experiencias navideñas. Un pasillo conduce a una sala enorme; y de esa sala enorme salen nuevos pasillos que conducirán a otro gran espacio en el que podrás contemplar un árbol de navidad gigantesco, condimentado con todos los motivos y luces navideñas posibles junto al cual se señorea un trineo a escala real repleto de regalos, en el que se sienta una figura de Papá Noel a escala natural y es arrastrado por renos que parecieran labor de taxidermista.
Foto de J.A. Flores
      Por tanto, a estas alturas del recorrido ya te encontrarás tan atrapado y embebido por el espíritu navideño que te planteas quedarte a vivir allí. Hasta ese momento, creía que este tipo de cosas tan sólo se veían en las películas navideñas hollywoodienses de alto coste que inundan nuestras pantallas en esta fecha.
      Cuando salimos de aquel sitio, aún con los ojos repletos de la infinita plasticidad que acabamos de ver, nos aguarda el espectáculo de la noche navideña en las empedradas y coquetas calles de Rothenburg. Y, entonces, se abre ante nosotros una nueva ciudad. Las luces de las calles, las guirnaldas de sus árboles y la exquisitez de sus comercios, nos invitan a patear de nuevo los lugares que ya habíamos visto de a pleno  luz del día, sin que a ninguno se nos ocurriera ni tan siquiera referirnos al momento de despedirnos de ese mágico pueblo de la Baviera alemana.
    Pero había que hacerlo si queríamos llegar a buena hora para apurar nuestras últimas horas en Würzburg y dar buena cuenta de una inolvidable última cena. Así que cuando salíamos por el arco por el que habíamos entrada unas horas antes, el instinto te decía que era mejor que no miraras atrás, como suele ocurrir en las sentidas despedidas.

               Una vez en el tren comprendimos que la ciudad ya iba a formar parte de nuestros recuerdos más selectos. Probablemente, para el resto de nuestras vidas.     

martes, 24 de diciembre de 2013

LA MAÑANABUENA Y LOS CUENTOS DE NAVIDAD

Años atrás -cuando este blog introducía crónicas sobre el noble deporte de correr-, aludíamos al sano ejercicio de trotar en una mañana como ésta, en la mañana de Nochebuena. Y a esa acción le denominé Mañanabuena. He corrido sólo y he corrido en grupo, y en todos los casos he disfrutado haciéndolo. Además, por lo general, si uno de mis cuentos de Navidad ha sido seleccionado en el especial que publica el periódico Ideal, también he solido aderezar la entrada de ese día con él. Y de todo salía una crónica especial.
Hace unos meses -por decisión propia- este blog ya no dedica crónicas y entradas a correr, a excepción de lo que escribo en el margen derecho sobre carreras y entrenamientos, pero eso no quiere decir que no siga existiendo la Mañanabuena. Sí, sigue existiendo. Y, aunque este año, la ruta la deba hacer en bicicleta por propia prescripción facultativa, habrá disfrute por los campos de la Vega, que en este día tienen una impronta especial. Esa era y es la esencia de la llamada Mañanabuena. 
Porque es vital para interpretar estas fechas seguir con las tradiciones deportivas, en este caso....y con los cuentos navideños, porque uno de ellos vuelve a aparecer publicado hoy, en el especial que el diario Ideal publica cada día de Nochebuena.  Por si no tenéis cerca la publicación en papel, ahí va: 


CENA DE NAVIDAD EN DOS BREVES ACTOS 


Primer Acto

           Nada más asomar la cabeza en el amplio hall de la casa ya se aprecia ese agradable olor que vaticina una cocina a pleno rendimiento; incluso, la temperatura es ya bastante alta en toda la vivienda debido a los elevados grados de los fogones. Una elevación que se va agravando por la cada vez mayor presencia de miembros de la familia que,  para celebrar la Nochebuena, se reunirán,  al menos, una vez al año. Curiosamente muchos de los hermanos, cuñados y sobrinos apenas se han visto a lo largo de los trescientos sesenta y cuatro días anteriores; y no sería exagerado afirmar que sobre una hipótesis teórica todos estos parientes tienen pocas cosas en común, pero la tradición es la tradición. Al menos, mientras vivan los progenitores.  Lo haremos por ellos, es la frase más utilizada por todos.
        Preparadas las viandas, comienza la cena para trece personas, entre adultos y niños; y con ella asoman con cuenta gotas las primeras conversaciones, que a simple vista podrían parecer forzadas, según observaría un testigo imparcial. 

  Segundo Acto

        Rompe el hielo la madre y abuela. Mujer de bastante edad, la experiencia le ha enseñado que es ante una buena mesa donde pueden ocurrir las mejores y las peores cosas. Consciente de ello comienza a hablar nada más sentarse todos a la mesa para dar buena cuenta de las viandas.
        -Bueno, ¿qué tal vuestras vacaciones de Navidad? -hace la pregunta genéricamente a grandes y pequeños, sobre todo para romper el hielo que ya se está empezando a formar-.
      Los niños son los primeros en contestar con respuestas simples, llanas y directas, que es patrimonio que aún conservan éstos: ¡ya no tenemos cole hasta enero! es la frase más utilizada; pero los adultos siguen guardando silencio. Así que la madre y abuela cambia la estrategia, sabedora de que la mayoría de sus descendientes y respectivas parejas apenas se han saludado.
       -¿Y qué tal el trabajo? -pregunta, ya  dirigiéndose a los adultos-.
      -¿Qué trabajo mamá? ¿No sabes que lo perdí hace nueve meses? -contesta secamente el hijo mayor ante la inquisitiva mirada de su esposa-.
     -Pero los demás sí lo conservamos. Siempre piensas que las preguntas solo van dirigidas a ti -le reprende con dureza el segundo de los hermanos-.
     -Sí, claro que lo conservas. No todos pudimos disfrutar de tus privilegios -se defiende el hermano mayor-.
      -¿A qué privilegios te refieres? -le pregunta molesta la esposa del segundo de los hermanos-.
     -Nadie ignora en esta casa que, al enfermar nuestro padre,  yo me tuve que quedar atendiendo el pequeño negocio familiar para que tu querido esposo pudiera continuar su carrera de Veterinaria -contraataca a la cuñada el mayor de los hermanos-.
     -Sí, claro. Yo no tuve que joderme, quedándome en casa a cuidar de papá cuando tuvo la trombosis cerebral -apuntó dolida la hermana, la menor de la familia, dolida por el vacio que se le estaba insuflando-. Por si no os acordáis tuve que dejar la carrera de Derecho en segundo, ya que el cerebrito tenía que acabar su carrera de Veterinaria -añadió, con un claro deje de ironía despectiva-.
   -Que yo tenga más inteligencia que vosotros dos juntos, no es culpa mía -dijo con malicia y mordacidad el veterinario-. Jamás pudisteis aceptar eso. 
    -Siempre has sido un miserable, un engreído y un mal educado -terció de nuevo el hermano mayor-.
  -No te permito ese tono....-dijo a su vez el segundo de los hermanos, haciendo ademán de levantarse de la silla-.
    -¿Vas a agredirle, en vez de estarle agradecido? -le preguntó amenazante la esposa del hermano mayor-.
     -Te dije que era mejor no venir a cenar esta noche -le reprendió el joven esposo a su esposa, la hermana menor-.
     -No hubiera sido mala idea, de todas formas nadie te hubiera echado en falta -le arrojó con intencionada maldad la esposa del segundo hermano, que jamás tragó al joven esposo de su cuñada, desconocemos por qué-.     
    El padre que no podía articular palabra desde que sufriera la trombosis cerebral, comenzó a emitir dolientes gemidos y a hacer grandes aspavientos con ambos brazos, hasta el punto de volcar la sopera. Tal era su enfado ante el espectáculo que estaba presenciando desde su posición inválida. Mientras tanto, la madre, que con tanta ilusión había preparado la cena para la reunión familiar de Nochebuena, no pudo evitar abandonar la mesa llorando, dejando caer la silla al suelo con estruendo al levantarse enérgicamente.
          No ajenos a la situación, los niños perdieron progresivamente el interés por sus juegos y la sopa dejó de pintar en el aire sus anárquicos hilillos de vapor que presagiaban un exquisito y cremoso sabor.
          Mientras tanto, en la tele, el aspirante a ángel de primera clase, Clarence, saltaba desde el nevado puente a las heladas y turbulentas aguas del río, emulándole inmediatamente un atormentado George Bailey.


          En la calle ya se escuchaban con nitidez telúrica las secas y torvas detonaciones de los petardos.   
  
Y nada mejor que condimentar esta extensa entrada con una de las obras de música clásica de impresión navideña que más me gusta -y espero que también a vosotros, estimados lectores-. Se trata de la Pastoral de Corelli, sublime movimiento perteneciente al Concierto de Navidad del compositor italiano de música barroca.
Feliz Navidad a todos. 

 

viernes, 20 de diciembre de 2013

ACTO DE ENTREGA PREMIOS 'CONCURSO DE RELATO CORTO SAGA DE TOGAS' (ALMERÍA, 20/12/2013)



Hago un alto en estas cuatro crónicas -ya hay publicadas dos- sobre cuatro ciudades bávaras para reseñar brevemente el acto de entrega de premios del Concurso de Relato Corto 'Sala de Togas', convocado por el Colegio de Abogados de Almería, dentro de los actos conmemorativos del 25 aniversario de la revista colegial.
Y hasta allí nos hemos desplazado, en esta última mañana de otoño, que ha resultado ser fría, si bien en la capital del poniente el rigor de las temperaturas no es tan estricto.
Unos sencillos pero sentidos actos, rodeado del mundo judicial de Almería, con cuyos miembros he podido compartir un buen rato tomando unas cervezas y viandas, hablando de literatura, de derecho, de nuestras ciudades y de lo acertado del diseño del trofeo de los relatos ganadores, así como de la publicación -en enero- de los libros que recogerán los trabajos de los ganadores y de los diez finalistas, tanto en relato como en poesía.
Comentarios sobre mi relato y sobre otros galardonados y breves pero interesantes conversaciones con otros autores -relato y poesía- que también acudían a recoger su premio. Pero sobre todo, comprobar cómo esta revista jurídica y el colegio de abogados en sí, apuestan desde siempre por la literatura. De hecho, varios colegiados históricos han destacado con la pluma, tal y como comentaba el director. 

Satisfechos los organizadores y el jurado por la buena acogida de los concursos literarios, con obras venidas desde quince países y de todos los rincones de España; y satisfecho quien esto suscribe por ver que lo que uno modestamente escribe en la soledad del teclado y el flexo acaba teniendo vida propia de la que participan otras personas.

jueves, 19 de diciembre de 2013

CUATRO CIUDADES BÁVARAS (II): WÜRZBURG


La fortaleza de Marienberg (Foto de J.A. Flores)

El puente de Carlos (Foto de J.A.
 Flores)
        Cuando llegamos a Würzburg -ubicada a unos cien kilómetros al noroeste de Núremberg-, ya en noche cerrada, nos encontramos ante una ciudad solitaria. Una estación de tren propia de una ciudad media de unos ciento treinta mil habitantes -contando todo su término- conduce a la avenida principal, en la que afloran múltiples comercios y algunas grandes superficies.
            La calle está partida por las vías del tranvía en sentido doble y es utilizada indistintamente por vehículos privados y las sempiternas bicicletas. A lo lejos se aprecian altas torres de múltiples iglesias.
            -Esta ciudad tiene muchas iglesias -nos dice A.L-.
        No podría afirmarse que me pareciera una ciudad triste ni que el frío fuera considerable en ese momento para tratarse de una ciudad ubicada en el noroeste del länd de Baviera, en la región de la Baja Franconia.
       Un posterior callejeo por la ciudad nos abre una ciudad mucho más amplia, dotada de esplendoroso alumbrad navideño, el cual contrasta con la soledad de la ciudad. Los puestos del mercadillo navideño, silentes y ya clausurados, no nos ofrecen argumentos para creer en su alegría.
            Pero, posteriormente, el romántico puente de Carlos sobre el río Meno, el cual desembocará en el Rin, nos sorprende por su belleza y nos invita a unas vistas nocturnas protagonizadas por la fortaleza de Marienberg, que se corona orgullosa a la izquierda y un cauce fluvial amplio y caudaloso.
            El resultado del agradable callejeo por el centro de la ciudad nos convence de que se trata de una ciudad próspera y que, a pesar de la casi total destrucción infringida por la aviación británica durante la Segunda Guerra Mundial, hoy día conserva ese sabor antiguo propio de esta zona de Alemania. Esa idea permanece en nuestra mente y la corrobora la visita al agradable restaurante en el que tenemos mesa reservada.
         
(Foto de J.A. Flores) 
  El 'Backföfele' está ubicado en un antiguo barracón o amplia cuadra, cuidadosamente restaurado y decorado. No es un restaurante que tengas la oportunidad de ver a diario. Repleto de detalles y esmerada decoración, se adereza con el elegante decorado navideño. Las mesas, repletas de comensales, se ubican arracimadas sin una estructura ordenada, pero al mismo tiempo, exentas de improvisación. Se compone de varios comedores, perfectamente comunicados y dotados cada uno de ellos de una decoración algo distinta, pero encuadrada en una misma categoría de decoración de impronta rústica. Unos espacios cuentan con más iluminación que otros, pero eso tampoco forma parte de la improvisación. A estas alturas del viaje uno comienza a comprender que existe toda una vocación detallista en los restaurantes alemanes.
            Otro elemento a tener en cuenta en la restauración alemana es el buen servicio. Así que en poco tiempo somos atendidos por una camarera que nos indica con amabilidad que no todos los platos están ya disponibles. Son más de la diez de la noche y a esa hora no es fácil que los restaurantes alemanes ofrezcan viandas. Aún así, hay mucho donde escoger: carnes cocinadas de distintas formas, amplias ensaladas, quesos fundidos y guisos diversos. A.L nos va traduciendo la carta y en pocos minutos nuestra pequeña pero coqueta mesa se llena de diversos manjares. Pero siempre la cerveza merece una atención especial. Estamos en Alemania y no es fácil decantarse por alguna: Pilsen, tostada, de trigo, negra...todas las imaginables abundan y de todas las marcas. Así que continúa el festival de cerveza, que ya no acabará en todo el viaje. Un comensal vecino, comprendiendo que absorbíamos todo el encanto del lugar, nos ofrece hacernos una foto. Lógicamente, aceptamos.
   
(Foto de J.A Flores)
            La ciudad, que por la noche la encontramos serena y tranquila, por la mañana es otra. Bajamos a comprar pan recién hecho, que en este país es mucho más que una rutina diaria. La panadería de enfrente de la casa está a rebosar en ese momento, tanto  de clientes como de variedad panificadora. Por mucho que uno haya observado estas fastuosas panaderías que abundan por doquier en cualquier ciudad alemana, jamás podrá acostumbrarse al espléndido espectáculo de las estanterías repletas de panes de todo tipo, tamaño y color. Es algo que forma parte de la cultura alemana y una de las cosas que mayormente disfrutará el viajero que visite este país.
       Las calles a hora temprana ya están repletas de gente que, junto al abundante comercio y incesante paso de los tranvías de atrevido colorido, forman un espectáculo único. El viajero vuelve a tener la misma sensación que ya tuvo en Núremberg: parece una ciudad de juguete. Piensa también que una nueva versión moderna de 'Canción de Navidad' de Charles Dicken, podría encontrar aquí su mejor decorado si se le añade nieve.  

(Foto de J.A. Flores)
     Callejeamos distraídos por la ciudad en busca de sus lugares más emblemáticos y en breve nos topamos con la Residencia de Würzburg, una impresionante mole de estilo barroco, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y cuya función principal fue servir de residencia de los obispos de la ciudad.  No lejos de allí, se encuentra la vistosa catedral de San Kilian de estilo románico, que consta de dos amplias naves. Su concepción es muy sobria, pero elegante. En su puerta principal hay un enorme árbol de Navidad y al fondo de la animada calle, repleta de comercios se atisba el puente de Carlos, formando todo ello una estampa idílica.
            En pleno centro de la ciudad, se encuentra ubicado su  Christkindlesmarkt. Mucho más pequeño que el de Núremberg, se trata de un mercado navideño muy coqueto. Sus puestos guardan una gran armonía entre si y, cada uno de ellos, parece obedecer a una especialización temática. Cerrando el mercado, se ubica un puesto de mayor tamaño que dispensa todo tipo de viandas propias de la gastronomía alemana: salchichas de todos los tamaños, carnes guisadas de distintas formas y el siempre preciso vino caliente propio de estos climas tan extremos.
   El mercado está muy concurrido de ciudadanos de Würzburg y visitantes. Entramos en un pequeño puesto, repleto de motivos navideños y volvemos a sorprendernos de su cuidada decoración. Todo parece tener vida propia.
(Foto de J.A. Flores)
   Comprobamos que los dueños de los distintos comercios que frecuentamos son amables y se desviven por atender. Está claro que este país cuenta con una enorme tradición en cuanto al fomento del pequeño comercio, algo que en España es mucho más difícil de apreciar.
            Una nueva visita al puente de Carlos, en esta ocasión de día, nos convence de que estamos ante una de las ciudades más privilegiadas de Baviera, algo que se debe en gran parte a su prestigiosa universidad pública, una de las más valoradas de todo el país.

            Por la noche, volvemos de nuevo a las andadas gastronómicas y observamos que es muy difícil encontrar mesa si no se ha reservado con antelación. Debemos considerar que nos encontramos en una de las zonas más ricas de Alemania, algo que se aprecia.
        Finalmente, la encontramos en un coqueto restaurante que está atendido por camareras ataviadas con los vestidos tradicionales bávaros. Debemos compartir mesa con una hombre de mediana edad que dice ser austríaco, que resulta ser un tipo agradable y parlanchín. En muchos países europeos es normal que se haya de compartir mesa con personas desconocidas, experiencia que resulta interesante, a pesar de las reticencias iniciales que poseemos los españoles. Lógicamente, siempre se acaba conversando con quienes comparten tu mesa. El comer une mucho y eso suele ser siempre una experiencia agradable como ya expondré en sucesivas crónicas. 
          El restaurante, como ya se ha contado de otros, está provisto también de una cuidada decoración. aderezada por la navideña. Y la alta temperatura, las amplias viandas, la presencia colosal de la cerveza y la vestimenta de las camareras que nos atienden con amabilidad, producen en el viajero y sus acompañantes unas inolvidables sensaciones; y la fuerte convicción de sentirse en lo más esencial y tradicional de la vieja Europa, cuya cultura  ancestral tanto representa para este viajero. 

          

La Residencia de Würzburg (Foto de J.A. Flores)

lunes, 16 de diciembre de 2013

CUATRO CIUDADES BÁVARAS(I): NÚREMBERG

Núremberg (Foto de J.A. Flores)
         La ciudad bávara de Núremberg está marcada por la historia reciente. Citar a Núremberg, conlleva, necesariamente, referirse al largo proceso que allí tuvo lugar entre el veinte de noviembre de mil novecientos cuarenta y cinco y el uno de octubre de mil novecientos cuarenta y seís contra funcionarios, responsables y colaboradores del régimen nacionalsocialista dirigido por Adolf Hitler.
               El derecho penal internacional no estaba aún asentado, pero aún así las naciones aliadas, vencedoras de la Segunda Guerra Mundial (EEUU, URSS, Gran Bretaña y Francia), decidieron juzgar a quienes infringieron crímenes contra la humanidad, basándose en un documento jurídico denominado la Carta de Londres, que posibilitaba la creación de un Tribunal Militar Internacional, compuesto por avalados juristas de estos cuatro países. Porque, como bien se vino a decir en la introducción argumental, para segurar la futura convivencia, no era posible ignorar este tipo de crímenes.   
               Sin embargo, la segunda ciudad más importante del länder bávaro, es mucho más que eso. Es innegable que su protagonismo, antes, durante y posterior a la Segunda Guerra Mundial le añadió una impronta que antes no poseía, pero también lo es que esta ciudad atesora una historia propia que se remonta al año 1050 (año en el que aparece el nombre de la ciudad citado por primera vez documentalmente) de nuestra era, pero que data desde la existencia del Imperio Romano de Occidente (dato fundamental para comprender el por qué de la elección de esta ciudad como uno de los puntos geográficos fundamentales de la obsesión hitleriana). 
  El hecho de que la ciudad, verdaderamente, florezca a partir del Siglo XI conlleva que su trazado histórico aún conserve el diseño medieval, a pesar de la devastación infringida por la aviación aliada. Sin embargo, el tesón alemán y las grandes sumas invertidas por los aliados, permitieron que resurgiera de sus cenizas basándose en los planos originales del Medievo. Ciudad también marcada por la Reforma Luterana, conserva aún su creencia protestante a la vez que la católica, ambas en perfecta armonía. No en vano el contribuyente alemán auspicia con sus impuestos a ambas confesiones de forma generosa.
Panorámica del Christkindlesmarkt (Foto de J.A. Flores)
               Cuando el viajero contempla Núremberg por primera vez comprende que está ante una ciudad que cuida su pasado, su historia y sus tradiciones. Y si esa visión coincide durante el periodo del Adviento navideño todo puede convertirse en mágico. Eso sí, se ha de estar dotado de un saneado espíritu navideño o, al menos, no estar en conflicto con este periodo. Y si se cumplen esos requisitos básicos, el disfrute de las calles, plazas, monumentos y comercios es máximo. No en vano, su Christkindlesmarkt pasa por ser el más famoso del mundo y uno de los más antiguos que aún permanece. Lógicamente, ayuda que el entorno esté tan cuidado y que posea uno de los cascos históricos peatonales más grandes de Europa.
             Pero pongámonos en situación: el español celebra la Navidad aupado por la tradición. Decora su vivienda, sus espacios comerciales, sus calles y plazas y edificios, pero eso no bastará para comprender la impronta navideña que se respira en cualquier ciudad alemana.
               El español cuida los detalles navideños, nadie lo duda, pero eso no bastará para pugnar con cómo los cuida el ciudadano alemán. Se observa claramente en sus calles, en sus comercios, en sus casas. No sabemos por qué, pero nadie entiende la Navidad como se entiende en Alemania. Pero si la imaginación del hipotético lector de esta crónica -que no haya visitado aún Núremberg en este periodo- tuviera a bien realizar un mayor esfuerzo, nada de éste podrá aún ni acercarse a la impronta navideña que sus sentidos captarán cuando se asome a esta ciudad bávara, imaginación que le servirá para guiarse por las distintas ciudades que irán apareciendo en estas crónicas viajeras. Una Navidad que ya hemos presentido en nuestro subconsciente pero que aún no conocemos; y cuando ya la hemos conocido, sabemos a ciencia cierta que era la que dormitaba en ese subconsciente.
               Pero no se trata tan sólo de la Navidad. Veamos, por ejemplo, sus tabernas y restaurantes. No puede ser fácil resumir cómo son ni, tan siquiera, hacer una somera exposición del servicio que en ellas se recibe. Tan sólo podría decir algo que,  tan sólo de forma atribulada, podría acercarse a una definición torpe: tradición. Tradición en las viandas, en la cerveza, en sus diversas carnes servidas de forma especial. En la propia configuración de las -por lo general- amplias estancias. Pero ya habrá lugar de hablar de estos templos gastronómicos, aprovechando esas visitas a las cuatro ciudades que integrarán estas crónicas.
Casa-Museo de Alberto Durero y
entorno
(Foto de J.A. Flores) 
              
       O, por poner otro ejemplo, la renovada y permanente memoria de uno de sus hijos más dilectos: el pintor y escultor Alberto Durero. De hecho, su casa-museo parece haberse detenido en el tiempo, tanto como el entorno. Y no sería exagerado afirmar que el espíritu de su figura eminente aún transita por las calles  y plazas de su ciudad y que esto se concibe como un orgullo pequeñopatrio para el ciudadano.      
               Definitivamente, una frase vino a la mente de este viajero cuando paseábamos por la ciudad: verdaderamente esta ciudad parece de juguete. Sin duda, una apreciación torpe, que en una exposición más amplia podría significar que pateas por una ciudad recién sacada de un cuento; una ciudad de esas en la que no concibes que haya suciedad, excrementos varios, coches y ni tan siquiera avances modernistas. Una ciudad que podría ser un decorado y, a la vez, una ciudad en sí porque el diseño de sus muchas calles empedradas, sus medievales puentes y edificios y su calmado río Pegnitz, que rompe en dos su casco histórico, así lo manifiestan al cielo. De ahí que saltar de esa ciudad ensoñadora a la terrible realidad que atesora no sea un ejercicio fácil aunque se inevitable.
Palacio de Congresos del Partido Nacionalsocialista
(Foto de J.A. Flores)
  Porque inevitable es conocer la megalomanía nazi de su colosal sede congresual a imagen y semejanza del gran circo romano y su ajada tribuna del Campo Zeppelin. Y es en ese aspecto en el que hay que loar la compleja y meritoria objetividad teutona a la hora de abordar en sus museos tanto la documentación que se baraja de la presencia nazi en la ciudad como la exposición detallada de lo acaecido en los procesos celebrados en su aún vigente Palacio de Justicia. Un chute de historia sin parangón.

               

sábado, 14 de diciembre de 2013

MÚSICA CLÁSICA: MONTEVERDI

   Hubo un día en el que descubrí la música de Monteverdi. Probablemente fue por casualidad -algo que es habitual- o bien porque alguien me habló de ella. Uno de esos días en los que tienes la impresión de haber descubierto algo distinto. Porque distinta es la música de este compositor italiano nacido en la segunda mitad del siglo XVI y que pasa por ser al autor más importante en la transición de la música renacentista a la barroca.
   Compositor de operas, música religiosa y coral polifónica, es un referente en estos estilos musicales, de impronta muy cultista, pero también de delicioso disfrute para los oídos. 
  Inserto un vídeo grabado en el Liceu de Barcelona de calidad sonora y de imagen extraordinarias con la interpretación orquestal, operística y coral de una de las obras  (Favola in música) del autor italiano. Hay que verlo y escucharlo para disfrutarlo. 


martes, 10 de diciembre de 2013

ENJUAGUE DE LA MEMORIA

     Todo permanece, pero todo cambia.
     No sé por qué me asaltó esa frase mientras corría por las ignotas tierras que conducen a la comarca granadina de los Montes Orientales, en la que los ríos de cauce amplio y pobre caudal rompen los campos de olivos y pedregales. 
   Conozco esa zona. Conozco esos pueblos, en los que parece que el tiempo se haya detenido. Es tan franca la presencia inmemorial de esas tierras que perturban los sentidos.        Algo que no parece cambiar no puede ser otra cosa que extraño.
    Porque raro te sientes corriendo por allí, a pesar de la moderada frecuencia.  Porque, ya digo, extraño es el terreno. Solitario y como perdido en un lugar remoto. 
    Al pasar por una cabecera del río Velillos, en el lugar en el que se construyó hace mucho tiempo una media luna, recordé que no lejos, hace ya mucho tiempo, enterré a mi perro. Era mi amigo fiel y quise que sus restos acabaran en un lugar en el que él parecía corretear a gusto. Y recordé también que allí siempre hubo un olivo. Actualmente no sé si éste está ya o no, porque no recuerdo el sitio exacto, pero nada parece haber cambiado. 
    Recuerdo también que el capricho del destino dispusiera que cuando me disponía a cavar, torpemente, un hoyo con una ajada pala que me prestó un vecino, aparecieron por aquellos lares -venían de correr- mi amigo Paco y su hermano Antonio, a los cuales les extrañó ver por allí mi coche, aparcado en el borde de la carretera. Reconozco que aquello me supuso un alivio, no sólo por la ayuda física que ambos dispensaron sino también por la espiritual (enterrar a un amigo siempre es duro).
     Un poco más adelante, está el Cortijo de las Dos Hermanas (¿O las Tres Hermanas?). Es un cortijo que siempre me ha gustado. Posee un amplio espacio de terreno y una bonita casa, en la que se celebraban retiradas Nochebuenas, según siempre me ha contado mi amigo Manolo 'El Lobo'. Nunca fui a ninguna, pero siempre quise ir. Pero ya es tarde para ello porque he perdido el contacto con quien sí las frecuentaba, y quizá aún frecuente.
    Un poco más adelante está Búcor, de recuerdo familiar tan próximo. Fue allí donde mi amigo Emilio y yo disfrutamos de una plácida noche de romería, en pleno agosto, sumergidos en abrevadero de mulos, imaginándonos nosotros que se trataba de una piscina. Tuvo culpa el alcohol, pero también nuestra inestables jóvenes cabezas. Una aventura casi nos mete en un problema legal, pero eso es otra historia. Y ya, en breve, aparecerá el famoso Cortijo de Enmedio, famoso por los experimentos de explotación agraria que allí se llevaron a cabo. 
   A partir de ese momento, ya en pleno municipio de Moclín, a lo lejos y misteriosos aparecerán dos pequeños pueblos: Tiena y Olivares. El primero no es fácil atisbarlo porque se encuentra refugiado en la falda de una hermosa sierra y hay que acceder a él a través de una pronunciada cuesta. Pero el segundo es visible ya en algunas curvas. Anclado y misterioso en un lugar de nadie, tiene un aspecto coqueto. Partido en dos por el río Velillos y coronado por la sierra, en cuya altura se asienta el pueblo de Moclín, que da nombre al municipio. Pueblos históricos y remotos, de gran atractivo para distintas civilizaciones, que en ellos dejaron su impronta. No en vano, el Castillo de Moclín, es junto a la Alhambra y el Castillo de la Mota de Alcalá la Real, una de las fortalezas nazaríes más importantes de aquel fastuoso Reino de Granada.
    No son más de diez kilómetros los recorridos, pero pareciera que son el doble. Toca volver. Beber agua en la generosa fuente de Olivares y volver por la misma carretera. 
    Un enjuague de la memoria muy conveniente el vivido el pasado sábado, durante una deportiva mediodía otoñal dotada de una luz clarísima.                   

miércoles, 4 de diciembre de 2013

EL RELATO: 'EL BARRENDERO QUE LEÍA A KANT', PREMIADO.

Se comenta por ahí que las malas noticias casi siempre llegan por teléfono, pero no siempre es así. Prueba de ello es la llamada que recibí la semana pasada: mi relato 'El barrendero que leía a Kant' ha sido premiado en un concurso de relatos.
Se trata del concurso que ha organizado el Colegio de Abogados de Almería con motivo del 25 aniversario de su revista colegial "Sala de Togas", que es así como se llama el certamen. Para tal fin, se está preparando la edición y difusión de un libro que contendrá los tres relatos ganadores (el segundo corresponde al mío) más un tercero 'ex aequo' y diez finalistas más, procedentes de toda España y países hispanoamericanos. Por tanto, satisfecho, he de decir. 
En próximas entradas abordaré con más amplitud esta noticia, así como la publicación del relato en sí. Sólo espero poder estar aquí el día de la entrega de premios, que espero sea a mi vuelta del viaje que tengo/tenemos organizado para empaparnos de la magia de los mercados prenavideños alemanes. 

martes, 3 de diciembre de 2013

MICRORRELATO: DOS PERROS HABLAN.

Esto que ahora relataré podrá parece increíble y ciertamente lo es: yo en una ocasión vi a dos perros hablando. Estaba lejos de ellos, como a cincuenta metros, y lo primero que presencié fue algo muy común: dos perros andando juntos. Podrían ser de esos que, habiendo nacido en la misma camada, han adoptado la costumbre de ir siempre juntos; o bien, podría tratarse de un macho y una hembra, ambos en celo, buscando la oportunidad para aparearse. Me acerqué al observar algo extraño en la actitud de ambos.
Y entonces fue cuando los vi hablar. No les escuché, pero uno movía la boca mirando al otro y ese otro atendía atentamente lo que fuera que el primero dijera. Iban paseando como dos personas, andando al mismo par y la escena era idéntica a la que protagonizan dos personas cuando van paseando y charlando. Así que no pudiendo ocultar mi cada vez más creciente curiosidad me acerqué. Y eso sólo sirvió para corroborar lo que ya sospechaba: los perros se hablaban entre sí. ¿De qué? No lo sé. Ya digo que no pude escuchar nada, ni tan siquiera un ladrido, que se supone que es el lenguaje de los perros. Pero sus respectivos movimientos de boca evidenciaban que articulaban palabras o lo que fuera. Entonces me acordé de lo que se decía en mi casa del perro que teníamos cuando yo era pequeño: tan sólo le falta hablar. 
Al menos estos dos parece haberlo conseguido, me dije. 

domingo, 1 de diciembre de 2013

CINE: EFECTOS SECUNDARIOS (USA, 2013)

'Efectos Secundarios" es una película juguetona (es decir, que juega con los planteamientos apriorísticos del espectador), pero muy seria, tanto en la temática que aborda como en su hechura. Una película cuidada tanto en la fotografía como en los diálogos, su director, Steven Soderbergh, también ha querido cuidar la presencia de la actriz principal, Rooney Mara -que ya nos convención en la saga Milennium USA- , de enigmática presencia. 
Cuenta esta película con una particularidad que no es fácil encontrar en todos los filmes de impronta juguetona: la seriedad del planteamiento. Y esa seriedad te aborda y atrapa desde el principio, entre otras cosas, porque el tema de la depresión como temática central no es un asunto con el que se deba de jugar de cualquier manera. Y eso parece tenerlo muy claro tanto el director como el guionista. Sería terrible que un tema tan tremendo fuera abordado con impronta comedística; de ahí el riesgo que supone jugar con el espectador. 
Vale, es algo que ha funcionado muy bien en películas míticas como 'El golpe' o 'The Game', pero todos sabemos que en éstas está de fondo el divertimento y no otra cosa. 
En 'El Golpe', pillos intentan engañar a pillos; y en 'The Game' la avaricia y el dinero hacen su jugada. Nada que objetar. Pero no funciona así con asuntos tan tremebundos como la depresión. Y es ahí -desde mi punto de vista- donde radica la calidad de esta película, al margen de la que tienen las interpretaciones -excelente Jude Law-, la fotografía o los diálogos, como citaba al principio. 
Considero, por tanto, que estamos ante una de las mejores películas realizadas en 2013 -siempre desde mi punto de vista-, que, por supuesto, hay que ver.              

viernes, 29 de noviembre de 2013

MÚSICA CLÁSICA: JOSEPH HAYDN (SINFONÍA Nº 94 en G Mayor -Suprise- )

La música clásica es atemporal; de ahí su éxito. Pero si hay algún periodo del año en el que sea muy agradable escucharla es éste. Por tanto, cada sábado de diciembre -si no tercia nada que merezca la pena más- introduciré un corte de algunos compositores que me gusten -y espero que vosotros-as- también-. Comenzaré por Haydn, el compositor austriaco nacido en el siglo XVIII y al que se le considera creador de la sinfonía. Además, mentor de Mozart, según se dice,  y uno de los pocos músico que Mozart llegó a admirar. 
Su obra más conocida es 'La creación', pero a mi particularmente me gustan mucho sus sinfonías, porque ponen en juego la mayor parte de los instrumentos de una orquesta y está dotada de enorme vitalidad y musicalidad. La que inserto, es la  94 en G Mayor -Suprise-, interpretada en este caso por la Orquesta St. Cecilia. No la más conocida del compositor, pero muy estimulante.  




   

miércoles, 27 de noviembre de 2013

EL DINERO DEL FÚTBOL Y LA SELECCIÓN (IDEAL, 27/11/2013)

He hecho la cuenta por encima y creo que con este ya son cinco los artículos que he publicado en Ideal con relación al fútbol, es decir, protestando y quejándome sobre los privilegios y oscuridad de este opio del pueblo o el reactualizado 'Panem et circenses'. 
Nada tengo contra el fútbol. He jugado muchos años, incluso federado, y me parece un noble deporte, pero no lo que le rodea; no con los privilegios y los oscuros e interesados personajes que lo manejan.
Porque si España está jodida y se está metiendo en cintura a tantos sectores, ¿Por qué el fútbol sigue con esas ínfulas? 
Un artículo que establece un paralelismo con la España rica que fuimos y lo que es ahora, con referencia también a la selección. 
Por si por lo que sea no has podido leerlo en papel, aquí lo reproduzco completo:   



EL DINERO DEL FÚTBOL Y LA SELECCIÓN


          

          Cada día me interesa menos el fútbol, porque la nebulosa que circunda a su alrededor es poco menos que nauseabunda por mor de la excesiva entrega al dinero que, además, cuenta con el beneplácito del gobierno, el cual temeroso de provocar una descomunal protesta e, incluso, una subversión ciudadana, prefiere dejarlo estar y no someterlo a rigores presupuestarios, fiscales o, sencillamente, contables, como sí ha hecho con otros sectores del espectáculo más minoritarios y silentes. Pero eso no es una acción de un gobierno serio. Un gobierno serio tiene que intervenir en el dinero poco claro del fútbol profesional y despejar de una vez por todas las dudas que se generan en torno a este monumental negocio, por lo general, poco transparente.
            Un gobierno serio (¿cuándo tendremos un gobierno serio?) tiene que hacer lo que hacen algunos gobiernos europeos, es decir, imponer que las cuentas de los clubes españoles estén totalmente claras y saneadas para evitar que no tengan esas deudas dantescas a la Hacienda Pública y a la Seguridad Social que tienen la mayoría de los clubes profesionales, mientras que los jugadores cobran cantidades insultantes a la vista del resto de los ciudadanos. Nada tengo que objetar a eso. Si las cuentas fueran transparentes y los clubes se financiaran correctamente a través de lo que pagan el espectador en directo o el televisivo nada objetaría, porque lo mucho que cobren otros no debe ser preocupación de los que no tenemos ese privilegio. Pero todos sabemos que eso no funciona así. Los clubes prefieren hacen fichajes millonarios antes que saldar sus deudas públicas o privadas y un gobierno serio no debería permitirlo.
            Dicho esto, contemplemos el lamentable espectáculo pesetero (esa palabra no debería perderse de nuestro léxico costumbrista, a pesar del euro) que últimamente está montando la selección española y que hace que vaya dejando trozos de su bien ganado prestigio por países sin importancia futbolística. Una selección entregada al becerro del oro gracias a la política que, en mi opinión, dicta el personaje que preside la Federación Española de Fútbol, un tipo que parece estar obsesionado con el dinero y el poder y que  contagia todo eso a directivos, técnicos y jugadores (el dinero es la enfermedad que más rápidamente se contagia). Porque, de qué otra forma se pueda entender que sin sentido, sin lógica y sin ganas, en el momento del año en el que estamos, jugadores ya de por sí riquísimos se planten en países africanos pobrísimos a perder partidos y/o mostrar un lamentable espectáculo. Eso sólo se puede entender si la pretensión no es otra que exprimir al máximo esa máquina de hacer fortuna en que se ha convertido la mejor selección nacional de todos los tiempos. Es algo similar a lo que nos pasaba a los españoles años atrás. Como éramos ricos, no importaba el futuro. Vivir el presente, ganar pasta sin control y gastarla sin mesura era lo importante. Porque el sol no permitía ver los nubarrones que indeleblemente se iban formando en el horizonte.

            Pero se ve que en este país siempre hemos sido así. Es más, estoy convencido que si volviéramos a entrar en la fiebre del ladrillo, volveríamos a repetir el mismo esquema económico que nos ha llevado al desastre. Si perdimos un imperio, lo podemos perder todo. Mucho más el prestigio futbolístico mundial, que no es más que una escaramuza de la ilusión.       

  

martes, 26 de noviembre de 2013

LA MELANCOLÍA DEL OTOÑO

Esta tarde-noche, mientras paseaba por el centro de Granada, me he acordado de la melancolía portuguesa. Siempre consideré que una buena forma de morir en la nostalgia es pasear por una calle de Lisboa en otoño y a una hora tardía. Nada hay más melancólico que eso. 
Y si, durante tu andar solitario, consigues ver pasar un decrépito tranvía vacío que refleje su luz mortecina de pobre neón en la acera, ya conseguirás tener el plano perfecto para que la melancolía rebase tu piel y se extienda como una hiedra por tu cuerpo hasta que consiga acabar contigo súbitamente. Sin duda, es una buena forma de dejar este mundo. Al menos, es una buena forma poética.
Pero no ocurre de ese modo en el sur de España, aunque el otoño es melancólico en cualquier lugar del mundo. De hecho, las hojas caídas que alfombran las calles y  plazas muestran un tapiz de por sí melancólico y deja una leve sensación de sueños pretéritos. Pero en absoluto es Granada una ciudad melancólica. Todo lo contrario: es una ciudad de luz, la cual rebosa, incluso en las noches oscuras. Pero el frío, los escaparates clausurados, los bares semivacios y los pasos lentos hacen que cualquier ciudad lo sea.
Por eso me ha venido Lisboa al pensamiento. Una ciudad seria y de impronta británica, en la que todo es silencio, tanto como el sordo rumor de sus tranvías y en la que la luz del Tajo es insuficiente para eliminar su melancolía. Es más, una de las pocas ciudades en la que llegó a quebrar  un Macdonal. 
Como lo es Évora, la capital del Alentejo y ciudad más importante de la antigua Lusitania romana y en la que descubrí, no sin estupor de los sentidos, que una primorosa primavera puede ser un triste otoño. 
Pero, insisto, Granada no es así. La luz se quedó para siempre desde que fuera iluminada por esforzadas antorchas de su pasado nazarí. Una ciudad que no necesita un gran río que la ilumine. Basta con el blanco lumínico de la Sierra.
Pero la melancolía es un atributo del otoño y por eso me ha venido Lisboa a la mente esta tarde, mientras paseaba -paseábamos- por una hermosa Granada.

lunes, 25 de noviembre de 2013

CINCO REFLEXIONES PRENAVIDEÑAS

I
   La Navidad, esa entelequia. Esa frase corta me asaltó cuando presencié las voluminosas y cegadoras luces de Navidad en el Corte Inglés del centro de Granada. Un espectáculo visual, sin duda, que incita al consumo.  Supongo que debe ser así, me dije. Porque la ilusión vende. La de los niños, por supuesto, esa que hace que los padres se arrasquen el bolsillo; pero también la de los mayores que, al menos, se retrotraen en el tiempo y se ven niños.  
   Luces solitarias, que a estas alturas de noviembre aún no vienen acompañadas por las públicas, las propias del ayuntamiento. Éste las conectará dos semanas más tarde. En tiempos de crisis unos necesitan que la luz propicie mayor consume y otros necesitan que la factura de la luz sea menor.     En realidad es triste suponer que las luces van a cambiar algo la perspectiva de la gente en tiempo de crisis. O, al menos, de la mayoría de la gente, la que padece los estragos violentos de recortes de nóminas o la sencilla eliminación de ésta. Sin embargo, otros siguen paseándose en su suntuoso coche por el centro de la ciudad, dejando que las abrasadoras luces se reflejen en los impolutos brillos del capó, como si se tratara de un fiel espejo. Es así como funciona el mundo. Supongo. 

II

    Sin embargo, hubo un tiempo -hace pocos años- en el que todo era distinto: nadie se sentía víctima de crisis alguna. La ciudad poblada de grúas y las hormigoneras móviles sin detenerse durante las veinticuatro horas. Caras rebosantes de felicidad fatua y pieles de zorro o de visón en los nada elegantes cuellos de señoras de mediana edad, no hechos para estos menesteres. Grandes puros, grandes y suntuosos coches, grandes barrigas repletas de codillo, grandes de todo. Era otro tiempo. Pero ya pasó. 
    Recuerdo aquellos años con inquietud. Me asfixiaba en la calle ante tanta estulticia, ante tanta exhibición vacua. Había algo que no comprendía, pero años después lo comprendí -todos lo comprendimos- cuando se desmontaron esas grúas y se detuvieron esas hormigoneras móviles.

III

   ¿Dónde está ese dinero? ¿A dónde se fue? Pareciera que haya desaparecido por el arte de birlibirloque, como eliminado por un fuerte ácido sulfúrico altamente corrosivo, mucho más fuerte que el utilizado por Walter White en Breaking Bad. 
    Debió irse hacia alguna parte. Al parecer, los bancos no lo tienen o lo tienen y lo han desviado a otros lugares emergentes; tampoco, los constructores -o al menos eso mantienen-; tampoco, el gobierno. Parafraseando a lo que dijera Guillermo de Baskerville (¿Dónde están los libros? ): ¿Dónde está el dinero? 

IV

    El Corte Inglés tiene clara nostalgia de esa época de gasto descontrolado. El paradigma de las clases medias y medias altas tiene nostalgia. Es lógico. Y, quizá, por eso conecta sus luces, fiel y puntual, como siempre. Para que parezca que nada ocurre, que todo sigue igual. Pero nada sigue igual. 

V

Cuando llegó el día anunciado y el mayor y más conocido centro comercial de la ciudad no encendió sus luces navideñas, casi todo el mundo sintió indiferencia. No hubiera sido así en años anteriores, pero ese año que ya se iba evaporando no había sido en absoluto el mejor de todos".
Así es como comienza un cuento de Navidad que escribí. Un presagio de lo que podría pasar pero que, finalmente, no ha pasado. Quizá, por suerte.
  

EBOOK: RELATOS Y ARTÍCULOS DE VIAJES: ROTHENBURG

Si nadie le cuenta al hipotético lector nada sobre el pueblo de Rothenburg no habrá forma de imaginarlo a pesar de haber llegado...