domingo, 31 de agosto de 2014

CUATRO REYES, CUATRO CABEZAS

Leo con asombro y mucha indignación que el rey viene a pasearse y de camino ver gratis total al partido inaugural de la selección española de baloncesto. Viene a Granada, que es una ciudad a la que siempre gustar venir y mucho más si te traen gratis -gratis para él, sí, pero con los impuestos de todos los españoles- y de camino comes a cuerpo de ídem y acabados los fastos, tan ricamente te devuelven a tu palacio o donde diablos viva ahora el rey.
Porque se no se trata del rey actual, sino del rey padre. 
Pero en qué quedamos, ¿en que ahora tenemos dos reyes y dos reinas? O sea, que somos el país pobre de la Europa rica con monarquías con mas reyes, a excepción de la muy monárquica Gran Bretaña. Es decir, cuatro presupuestos distintos y diferenciados. O sea, en palabras más llanas: mucho más gasto que con anterioridad. 
Más gasto, sí, sí hacemos pequeñas aritméticas: los reyes viejos mantienen sus sueldos como antes y todos los gastos de representación y nadie nos ha dicho que se hayan ido de Zarzuela (al menos yo no lo sé); los reyes nuevos doblan su sueldo y asignación, más gastos de representación al pasar de la categoría de príncipes a reyes; y para colmo sus descendientes -o alguna de ellas, no lo sé- pasan a la categoría de princesitas, con las asignaciones correspondientes. Mucho trabajo de guillotina para los revolucionarios franceses si estuviéramos en 'La France' de 1789. 
Qué tomadura de pelo para este paupérrimo país, exento ya no sólo de riqueza y recursos económicos sino de moral y ética alguna. Qué manera de abusar del pueblo llano, que obviamente alguna parte de culpa tendrá cuando admite a bocanadas todo este tipo de abuso y atropellos. Qué vergonzosa forma de ofrecer privilegios a quien no se los merece porque levita sobre ellos la sombra de la corrupción y la opacidad y para colmo no han sido votados.
Me pregunto cómo podremos librarnos de tanto parásito. Porque cuando más parece que se inician nuevas iniciativas para descolgar de la poltrona a tanto vividor, más se ahonda en proporcionarle privilegios. Pasamos de tener dos reyes  a cuatro y todo se hace sin el más mínimo pudor, además de con el cinismo bien diseñado por el gobierno y los medios de comunicación rastreros de hacernos creer que todo eso es para diseñar unas instituciones más modernas, flexibles y que conlleven menos gasto. Pero ¿a quién creen que engañan con tantas monsergas? Lo único que tienen es el poder, no la razón ni la verdad.  
Es tanta la vergüenza que da todo esto que sospecho que la única de combatir este abuso continuado sólo deja margen para dos posibilidades, a lo sumo tres: 

1) Irse para siempre de este país de mierda.
2) Votar a opciones totalmente contrarias a las actuales.
3) Utilizar la vía de la violencia, totalmente justificada cuando se trata de derribar abusos y componendas lesivas para la ciudadanía. De hecho, esa violencia dada en las grandes revoluciones es la que permitió que a día de hoy el orden mundial no sea tan perverso como lo hubiera sido de no haberse producidos éstas, principalmente la Francesa.

sábado, 30 de agosto de 2014

MÚSICA: Ska-P (España, 1994-Actualidad)

Viendo vídeos de conciertos en Youtube  me topo con los multitudinarios conciertos del grupo español Ska-P, que yo creía había desaparecido. El grupo se fundó en 1994 y, al parecer, desaparecieron un par de años, pero volvieron a juntarse en 2007. 
Me he dedicado un buen rato a ver su trayectoria en los últimos años y me ha impresionado la aceptación que tienen tanto en Europa como en América Latina, mucho más que en España. Y todo eso me ha hecho pensar. 
Resulta que aquí ningún medio oficial se hace eco de este grupo porque sus letras son corrosivas contra el poder, la corrupción, el mamoneo y las injusticias sociales. Además, abominan de la tauromaquia y otros elementos arraigados de la España oficial y, claro, eso no gusta a casi nadie. No se casan con nadie. En cambio, nos meten a las Sakhiras, los Sanz y los Iglesias hasta en la sopa, hasta el punto que uno piensa que, definitivamente, nos toman el pelo de forma descarada, mientras nadie tiene la dignidad de informar que un grupo español modesto surgido en Vallecas está llenando estadios por medio mundo sin más apoyo que el de su numeroso público. Es tan vergonzosa y manipulada la información oficial en España que abochorna.   Pero resulta que sus conciertos son multitudinarios allá por donde van, al nivel de muchas de las más bandas más consagradas del rock y del heavy metal internacional. De largo, el grupo español que más gente aglutina fuera de nuestras fronteras. Es algo increíble. Llenan estadios y enormes recintos festivaleros en Rusia, Inglaterra, Francia, Alemania...Igual que lo hacen en México, Argentina, Venezuela o a cualquier país que vayan. Incluso, se han permitido el lujo de rechazar una nominación a los premios 'Grammy' de -creo- 2013, porque consideran que ellos no tienen nada que ver con ese tipo de premios. 
Su música, como recordamos, es muy divertida y dinámica, pero me pregunto cómo aglutinan a tanta gente en Europa cantando en español. Y, además, no se cortan. En uno de los conciertos que he visto en vídeo, ante miles de personas en una ciudad alemana, gesticularon contra la política de la Merkel y que dijeron algo así: 'A ver qué va a hacer esta señora con los pobrecitos españoles que trabajan aquí'. Supongo que no les entendieron porque como ellos mismos afirman, mucha gente va a sus conciertos atraídos por su música tan divertida y su original puesta en escena. 
Claro, que en América Latina si les entienden y al hacerlo disfrutan con sus letras, las cuales suelen ser de corte revolucionario. De ahí que no sea extraño que sientan pasión por ellos en Venezuela y demás países de similar esquema político. De hecho, fueron los invitados especiales en un festival homenaje a Hugo Chaves que se celebro en Caracas. 
Os invito a que os paséis por Youtube y comprobéis lo que escribo, porque además su música es genial. Como anticipo os inserto el corte del concierto que dieron en Alemania en 2013:        

    

jueves, 28 de agosto de 2014

OJOS QUE BRILLAN EN LA NOCHE

Esto del correr y sus recursos es una fuente inagotable. Podrás llevar años pateando caminos, carreteras, calles y veredas y toda esas experiencias acumuladas siempre dejará margen para otras nuevas. Nuevos dispositivos, nuevas rutas, nuevas formas de correr, nuevos retos... Quizá esa sea la razón de que este deporte cada día gane más adeptos, aunque siempre será minoría, si entendemos el correr como una actividad de dedicación constante, como algo tan integrado en tu vida que, en un sentido hipotético, si algún te dijeran que ya no vas a poder practicarla  más, aquélla perdería algo de sentido.
Y es que la experiencia de hoy ha sido única y nueva: por primera vez he corrido en campo a través por la noche.
Lógicamente, lo había hecho por la ciudad, con luz artificial de las farolas y los escaparates, pero jamás lo había hecho con esto: 


Exacto, se trata de un frontal. Sabía de su existencia por ojeadas de páginas web o revistas especializas en trail running pero jamás pensaba que acabaría teniendo uno. 
La historia surge a raíz de inscribirme en la prueba de montaña de treinta kilómetros que, si nada se tercia, correré el próximo sábado en la localidad de Colomera. 
Leí que la organización aconsejaba llevarlo y sabiendo como sé que no soy un especialista en este tipo de pruebas y que mi crono ser irá más allá de las tres horas, y resultando que la prueba sale a las seis de la tarde y que a las nueve en estas fechas ya está el sol puesto, no sería extraño que, incluso yendo todo bien, se me haga de noche en los últimos cinco o seis kilómetros. 
Y no me gustaría aparecer en la prensa al día siguiente como el corredor que se perdió en la noche cerrada en algún lugar de los Montes Orientales. Sí, eso daría para una buena entrada y es posible que para un artículo en prensa, pero prefiero apartar de mí ese cáliz.
Así que me compré este modelo de entrada, si bien avalado por una marca líder en el sector como es  la francesa Petzl. 
Y como suelo ser meticuloso a la hora de poner en práctica los artilugios que adquiero, esta tarde de miércoles he esperado a que llegara la puesta de sol y he comenzado a correr por un conocido camino de la Vega de Pinos Puente pasadas las nueve de la noche. La idea no era otra que cayera el manto negro de la noche en mitad de la ruta y poner en práctica la luz del aparato. En definitiva, probar cómo se corre por la noche con un aparato como éste en la frente. 

OJOS QUE BRILLAN EN LA NOCHE 

Con varios individuos de dos especies me he cruzado, los cuales tienen un elemento en común que desconocía: les brillan los ojos en la noche cerrada. Se trata de los siempre presentes perros y de las aves de la noche. Al principio me inquieté un poco, pero enseguida me acostumbré a ese brillo algo inquietante.
Todos sabemos que la noche tiene criaturas que no tiene el día; o bien, las mismas, pero que mutan de alguna manera. Los pájaros durante el día pasan bastante desapercibidos, por la noche no. Por su parte, a los perros abandonados, que lamentablemente hay muchos en la Vega, se les ve muy ufanos andando en grupo por las veredas y no parece que necesiten el artilugio que yo portaba en la frente. Por suerte, ambas especies han respetado el extraño paso de un individuo adosado a una luz entre azul y blanquecina. 

UNA FAMILIAR SOMBRA INQUIETANTE 

Junto a los numerosos maizales mi propia sombra, negruzca y alargada, me ha acompañado durante casi todo el trayecto. No por ser familiar deja de ser menos inquietante. Porque todo lo que se percibe en la soledad nocturna tiene algo de gótico.
Como algo de gótica es la presencia de los murciélagos. Atraídos por luz del foco se acercan o se cruzan, pero inmediatamente cuando detectan movimiento viran su trayectoria de manera dramática e increíble. Mientras devoraba kilómetros en la noche, con las únicas referencias de que sabía por donde iba por conocer de antemano la ruta, me vinieron a la mente recuerdos de las noches de verano de mi infancia, en las que atrapábamos a estos bichos con el sólo objeto de maravillarnos de su cara, que no era de pájaro sino de roedor. 

¿ME HABRÉ PERDIDO? 

Hubo un momento en que lo pensé. Tenía mis referencias claras porque conozco muy bien la zona. Pero el día es el día y la noche es la noche y son muchos los caminos que en la Vega salen a izquierda y derecha. 
Así que hubo un momento en que me asaltó la duda. Tenía la referencia de las luces de los pueblos de alrededor (Zujaira, Casanueva, Pinos Puente, Valderrubio), pero aún así la perdía, merced a unos altos álamos. Miré el GPS y calculé los kilómetros y sopesé que ya debería de estar en un punto en el que aún no estaba. Nada se veía a mi alrededor, a no ser los treinta metros aproximados que ilumina el frontal. Al poco, cuando salí de la influencia de los árboles atisbé el puente iluminado del paso de la vía del ferrocarril a la salida de Casanueva y eso me tranquilizó, a pesar de que no me había turbado en absoluto por esa hipotética desorientación. Y eso era porque me encontraba muy a gusto y feliz corriendo en la noche cerrada.

EN LA NOCHE LOS KILÓMETROS SON MUY OTROS 

Son los mismos que haces durante el día, pero al mismo tiempo muy otros. Se perciben de otra manera. Sin referencias. Algo muy similar -con las obvias diferencias- a cuando conduces de día o de noche. De día percibes en su verdadera magnitud paisajes y poblaciones; de noche el paisaje te lo tienes que imaginar y las poblaciones son contornos que construyen su iluminación artificial. 
Así, cuando corres de noche los kilómetros van pasando de otra manera, sin referencias. Es como si ignoraras por completo lo que llevas corrido y lo que queda por correr. Y si la noche es silenciosa, fresca, tranquila y tu te encuentras físicamente bien corriendo, la experiencia es única y en exclusiva vivencial. 
Cuando acabé bien pasadas las diez, aún en el coche me encontraba con la venturosa noche sobre mi cabeza. Comer la fruta que siempre como, estirar, cambiarme de ropa, beber isotónico, todo esos ritos se convierten en algo muy distinto al ejecutarlos de noche bajo el impresionante decorado de las estrellas, que en campo abierto adquieren otra dimensión.   
Algo muy parecido a cuando comienzas a correr y percibes que tu cuerpo y tu mente han llegado a ese punto en que todo es armonía. 
               


domingo, 24 de agosto de 2014

EN OCASIONES VEO RUTAS

Acostumbro a reencontrarme con caminos y veredas por las que habitualmente corro. Las hago en coche, en moto, en bici e, incluso, cuando no he podido correr, andando. Las observo desde otra óptica distinta pero las reconozco. Es un juego emocionante comprobar que por ahí has pasado un día antes o hace una semana. En lugares recónditos y de poco tránsito he podido reconocer mis pisadas y eso añade más emoción a la cosa.
En ocasiones, las recorro de forma intencionada para comprobar desde otro punto de vista la inclinación, la distancia u otros factores, pero en otras me he topado con ellas de forma casi involuntaria y al verlas de pronto me ha costado reconocerlas. 
Cuando observo esas rutas, que bien pueden ser carreteras locales o comarcales, caminos agrarios, veredas o, incluso, caminos entre olivos, siempre las percibo mucho más duras que cuando corro por ellas. Seguramente se deba a la perspectiva con las que las observo. Cuando penetras en ellas corriendo no tienes esa perspectiva que sí te ofrece verlas a bordo de algún vehículo. Sencillamente cuando corres te adentras en esas rutas sin pensar demasiado en la dificultad. A mí me vale percibirlas de manera fragmentada; es decir, jamás me obsesiono por la distancia de una ruta, todo lo más -como no podría ser de otra forma- planifico el entrenamiento y sé la distancia y la dificultad que voy a recorrer, pero no acostumbro a introducir pensamientos negativos en mi mente del tipo: es demasiada distancia, no voy a poder hacerla entera, me voy a cansar demasiado, me va a coger el calor -o la lluvia o el frío- en la ruta...nada de eso me planteo, sencillamente doy el primer paso y ya está. 
También hay que decir que uno ya tiene sus tablas y sabe perfectamente el rendimiento que va a dar; sabe que ya ha hecho esas rutas o similares y que las ha acabado bien. Además, hay que decir que siempre hay que tener un gramo en el bolsillo de atrevimiento, osadía y de cierta locura. Si no fuera así, no seríamos esforzados corredores.

De eso se trataba cuando el domingo a mediodía cogía la moto y me sumergía por carreteras locales para atisbar la parte final -que no conocía, como no conozco nada de la ruta- de la dura prueba que espero correr el próximo sábado. Una de las escasas partes por las que puede penetrar un vehículo de motor. Entré por el pequeño pueblo de Olivares y llegué hasta este bonito e histórico pueblo de la comarca de Los Montes Orientales (Granada), cuya dirección de su castillo árabe se puede leer en las señales informativas,  localidad  en la que comenzará y acabará la ruta de treinta kilómetros: 

(Foto de J.A. Flores) 

domingo, 17 de agosto de 2014

DEL CIVISMO Y LA EDUCACIÓN

España, como sabemos, es una país donde la educación y civismo están a niveles bajísimos. Escribo esto mientras que por la ventana de mi estudio entra un ruido ensordecedor de los cuatro parquecitos -vaya invento del demonio- que el ayuntamiento o las constructoras han colocado en mi calle aglutinados en un espacio corto, a pesar de que la calle es larga y podrían haberse colocado de manera más salpicada. Pero en fin, pedir sensatez a esta alturas es inútil.  Justo enfrente, al lado de uno de ellos, hay un bar que tiene varias mesas en la puerta. Los padres se toman su bebida mientras que sus hijos se desgañitan el gaznate gritando lo más fuerte posible, sin que reciban ni la más mínima reprimenda y sin importar que haya personas que quieren estar tranquilos en sus casas o tengan que madrugar para trabajar (¡por Dios es que ninguna de esta gente le apetece llevar a cabo una actividad silenciosa y satisfactoria como, por ejemplo, leer un buen libro!) . Total es la calle y ésta no es de nadie, como dijo del dinero público aquella política analfabeta. 
El pasado fin de semana estaba en un chalet de unos familiares, en una bucólica urbanización a las afueras de Granada y dos casas más abajo había unos individuos con una verdadera discoteca montada que impedía que se pudiera ni tan siquiera hablar. Me ofrecí a hablar con ellos y, sí, desconectaron la música, pero me cuentan que hoy han vuelto a ponerla más alta si cabe.
Hace algún tiempo, le recriminé a un conductor su incorrecta maniobra -a mí también me la recriminan cuando la hago, lógicamente- y el individuo se ofendió tanto por mi llamada de atención que estuvo un buen rato echándome sapos y culebras con su claxon y, seguramente con su boca. Me pregunté que hubiera ocurrido si la maniobra incorrecta la hago yo.
Esta mañana me encontraba en Fonelas, tras correr su segundo trail y un individuo literalmente nos arrolló a unos cuantos al abalanzarse a coger un refresco o agua o lo que fuera. 
En fin, son sólo cuatro casos vivenciales, pero podría tirar de neuronas y encontrar muchos más recientes, que esto es una plaga. Y me temo que de esa vorágine incívica se salva poca gente porque pareciera que se tratara de una enfermedad contagiosa.
¿A qué se debe, pues, que seamos tan mal educados en este país? ¿A la escuela? ¿A la telebasura? ¿A la falta de cultura? ¿A la deficiente educación de determinados padres para con sus hijos? ¿La falta de respeto hacia los semejantes? Puede ser que se deba a un poco de cada cosa. Pero ocurre que cuando ese hábito se implanta en un país es muy difícil erradicarlo. Lógicamente, no quiero decir que todos los individuos sean o seamos unos mal educados, que esto, como sabemos, va por barrios, niveles educativos, expectativas y no funciona igual en todos los lugares de España. 
He viajado por todo el país y no todas las regiones y ciudades tienen el mismo nivel de mala educación. Por ejemplo, en Granada, que es donde habito, cuesta Dios y ayuda a que un coche se detenga en paso cebra; sin embargo, en otros lugares de Andalucía, como es la ciudad de Cádiz, me sorprendió en su día que se detuvieran hasta los carricoches cuando una persona pisa la raya blanca o amarilla de un paso de cebra.
En el País Vasco, detecté que los padres están mucho más pendientes del comportamiento de sus hijos, más pendientes de que no molesten a los demás. Lógicamente, no se puede generalizar, pero sí fue una impresión contrastada. En cambio, en Andalucía, existe mucha más permisividad en ese aspecto. Lógicamente, lo que unas regiones tienen a favor otras lo tienen en contra. Y viceversa.
Constaté también, ya que me refiero a niveles de educación por regiones, que en Castilla-León se habla bajo en los restaurantes y bares, pero no en otras regiones. O que en los restaurantes asturianos sus dueños y empleados son mucho más francos que en otros lugares de España. Por ejemplo, no te hacen esperar si saben que no habrá una mesa libre en un buen rato (y si la va a haber tampoco te mienten). Diez minutos allí, son diez minutos; en Andalucía, por ejemplo, esos diez minutos puede ser hasta una hora. 
Detecté en Valencia que la gente, a pesar de ser servicial, habla muy fuerte en la calle y nos le importa gritar si es necesario (¡Oye, nens!), pero en otros sitios como Galicia casi te cuesta escuchar lo que te dicen cuando preguntas por una dirección. 
Y si saltamos nuestras fronteras (lo de saltar es una decir, que no está ahora el horno para bollos en Ceuta y Melilla), me sorprendió la extrema educación que demuestran los habitantes de Londres. El 'excuse me' y el 'I'am sorry' surge de sus labios de una manera tan espontánea que cuesta comprenderlo, sobre todo, cuando provienes de España. Un pequeño roce, una indecisión de por dónde tirar en una acera, lo más mínimo, se contempla como una obligación de pedir disculpas o perdón, aunque también conlleva el mensaje subliminal de guardar las distancias, que es algo muy británico. Aún así, esa actitud me parece adecuada.
Recuerdo que en un mismo día, en el aeropuerto de Gatwick, a pesar de su caos y su enorme gentío, todo el mundo respetaba el paso de los otros; al llegar a Málaga, sin embargo, me sentí arrollado, incluso, por esos turistas británicos que se tuestan en la Costa del Sol. 
En Dublín, advertí que no existe especial cuidado de hablar bajo por las calles. Y sí es en fin de semana, siempre escucharás los alaridos de los muchos alcohólicos desenfrenados que encuentras por las calles. Sin embargo, son verdaderamente cálidos y educados en sus pintorescos pubs y es habitual que se dirijan a ti si entienden que pueden ayudarte.
En Portugal, por ejemplo, se conduce como el culo, pero con el tiempo observas que no se hace por fastidiar al otro, simplemente, conducen mal. En ese sentido recuerdo una anécdota. Nos habíamos perdido en Lisboa y preguntamos por la salida a la autovía que conducía a Oporto. El individuo al que preguntamos, lejos de indicarnos, nos dijo que le siguiéramos, que él iba a salir a la autovía. Una vez encontrada la autovía le di las gracias con la mano y descubrí casi conmocionado que ese mismo individuo me estaba adelantando en la misma pista de salida a la autovía, de un sólo carril. Había sido amable en indicarme la salida y grosero en la maniobra automovilística.                               

sábado, 16 de agosto de 2014

BUEN ENÉSIMO CONCIERTO DE MEDINA AZAHARA

Foto de J.A. Flores
El pasado miércoles, trece de agosto, el grupo Medina Azahara actuó en la ciudad de Maracena con motivo de sus fiestas patronales. Me enteré de casualidad, leyendo Ideal, y me dije que no debía desaprovechar la oportunidad de volver a ver a la veterana banda cordobesa, sobre todo cuando no iba a tardar más de veinte minutos andando desde mi domicilio. Sin embargo, sabía que al ser una actuación gratuita para los habitantes de Maracena y muy barata para los que no lo eran y en plenas fiestas de una ciudad que está ya en casi veinticinco mil habitantes iba a ser una tarea algo estresante. Porque para mí siempre lo es acudir a citar multitudinarias, pero ésta lo sería aún más, supuse.
Es un grupo que ya había visto ya en varias ocasiones -incluso lo contraté cuando yo era Concejal de estas cosas en mi pueblo- y presuponía que nada iba a cambiar demasiado con respecto a actuaciones anteriores. En su contra, los sempiternos temas de siempre, con algunas incorporaciones nuevas lógicamente. A su favor: el buen directo, el emocionante directo, gracias a que atesora buenos músicos solventes, muchos de ellos premiados. Así que saqué fuerzas de flaqueza y me dirigí al buen anfiteatro de esta localidad -un acierto, oye- sitio en el que ya había visto con mis buenos amigos concejales de corporaciones anteriores a célebres artistas, algunos de ellos ya tristemente desaparecidos como es el caso de Carlos Cano.
La sorpresa fue comprobar que la entrada al recinto -con aforo para mas de cuatro mil quinientas personas, rezaba un cartel- no estaba franqueada por taquilla alguna; es decir, que era libre incluso para los foráneos. Luego, pensé, aquí se va a concentrar todo tipo de gente, al ser una actividad gratis total en el primer día de fiestas de la ciudad: personas mayores, que siempre conocen con antelación suficiente la gratuidad de los sitios, olfatos que se afinan cuando se posee una pensión ridícula y, además, se tienen a su cargo un buen número de parentela, que es algo muy común por estas tierras, dado el fuerte paro, la desintegración, etc., etc.; ésos, decía, ya estarían allí desde la puesta de sol. Pugnando en número le iría a rebufo las familias con hijos pequeños, muy abundantes, con sus carrillos de bebé cuatro por cuatro y toda la parafernalia; de cerca, les seguiría grupos de animosos amigos del pueblo que, aunque no les interesara demasiado el grupo, no iban a desaprovechar pasar un buen rato, porque a nadie la amarga un dulce y son las fiestas de mi pueblo y tal; y ya en buen número también, los verdaderos seguidores del grupo, gente venida de otros sitios de la provincia de Granada dispuesta a abonar su entrada, que importándoles un bledo lo que allí se cocía con anterioridad al concierto de su banda favorito, se iban situando en foso del anfiteatro, justo enfrente del escenario, que es donde mejor se escucha el sonido, al tener los altavoces de frente y no haber apenar distorsión. En fin, que entre unos y otros, el aforo estaba al límite, si no superado.
Lógicamente antes, que para eso eran sus fiestas, este foráneo, debió contemplar con un ojo al menos, todo un cuadro flamenco de la escuela de la localidad, supongo; pero lo que ya no esperaba -y juro que tuve que hacer de tripas corazón- era el pregón, pasadas las doce de la noche, que en teoría es cuando debía comenzar su actuación Medina Azahara. Como tampoco esperaba que antes el alcalde socialista de la localidad, con la excusa de presentar al pregonero, una persona mayor que había sido concejal de cultura y que yo conocí hacía ya bastantes años, no tuvo problema alguno en lanzar allí una arenga-mitin: que si esto ya no es pueblo, sino una ciudad; que si estamos acometiendo tal cosa y las de más allá; que todo esto es por vosotros; que disfrutéis de vuestras fiestas, en fin, yo pensé que a esas alturas ya se iba a olvidar de presentar al pregonero. Pero al final lo hizo, porque seguramente su concejal de fiestas ya le estaban dando toquecillos.
Pero, en fin, me dije, debía de admitirlo, yo allí era un foráneo al que habían posibilitado ver gratis total al grupo Medina Azahara, pagado con los impuestos de toda aquella gente que se congregaba allí. Así que me fui a por una 1925 y un pinchito, a la espera de que se fuera preparando el escenario para los cordobeses. Sin embargo, cuando regresé, el pregonero aún estaba ante el micro entonando unas coplillas y recordando cómo eran las fiestas del pueblo en su infancia, que es a lo que aluden casi siempre los pregoneros -eso sí, si son de allí, porque si no lo son siempre dirán que esas fiestas eran sus preferidas-. Me pregunté que qué diría yo si alguna vez -caso harto improbable- me llamaran y yo aceptara -cosa que dudo- dar un pregón en mi pueblo (cuando yo era concejal recuerdo no haber designado jamás a pregonero alguno; lo hacía el alcalde o alguien de la comisión). Posiblemente también hablaría de cómo eran las fiestas de mi pueblo cuando yo era niño, no me iba a poner hablar de la novela 'Los detectives salvajes' de Roberto Bolaño que estoy acabando.
En fin, entretenido como estaba con esos pensamientos tan extraños que a veces me asaltan - y que luego tengo la desfachatez de escribir aquí-, el pregonero se despidió de golpe, tras entonar una última cancioncilla y antes de lo que yo ya creía -mentalizado a que el concierto comenzaría mucho más tarde-, a eso de las doce y media de la noche pasadas, se apagaron las luces del escenario e hizo aparición Medina Azahara. Contemple algunos rostros de la gente mayor que allí permanecía estoicamente sentada con su Fanta de limón en la mesa -ellas- y su cubatilla -ellos, a pesar de tu tensión alta, Paco- y no sé por qué leí en su expresión que les hubiera gustado que hubiera seguido hablando el pregonero, que ahora iban a tener que aguantar a esos melenudos -aunque ya más que maduritos- con esa música estruendosa y tal -¿qué hubiera pasado si el grupo hubiera sido , no sé, Obús?-. Sin embargo, los rostros de los fans del grupo eran todo lo contrario, rostros iluminados e ilusionados.

Foto de J.A. Flores

¿Y qué decir del enésimo concierto en directo de Medina Azahara?

Me temí lo peor; temí que a pesar de la emoción que suscita su directo me aburriera como las ostras, escuchando de nuevo las mismas cantinelas de libertad propias de los primeros años de autonomía, antes de que todos supiéramos los artistas que iban a comandarla, antes de que barruntáramos la llegada de los Chaves, los Zarrías, en fin, todos esos que ahora están encausados por el asunto del latrocinio en masa y en cadena de los ERES falsos y que espero que la jueza Alaya y la providencia descubran de una puta vez la verdadera cara de esta gente.
Pero no nos perdamos del objetivo principal de esta entrada. Tras un comienzo normalito, recurriendo a los viejos temas de siempre, comprendí que el grupo, a medida que iba sumando temas al repertorio, estaba haciendo un esfuerzo innovador.
En primer lugar, con la incorporación de un nuevo batería y un nuevo bajo, al que acompañaban la guitarra del incombustuble Paco Ventura, uno de los mejores guitarristas de España, según medios especializados, y el teclado del orondo Manuel Ibañez, seis veces proclamados mejor teclista de España. Me pareció, no obstante, que la voz de Manuel Martinez no era lo preclara y potente que le había escuchado antes, pero poco a poco ésta se fue aclarando. La razón la encontré no ya en la voz -que puede que esté ya más cascada tras tantos años y bolos- sino en el sonido, que poco a poco fue mejorando.
Pues, oye, que aquello se fue animando y ganando en calidad. Porque a pesar de que el grupo cordobés no introducía temas nuevos, sí que la forma de tocarlos y la puesta de escena era francamente atractiva, tanto en instrumentalización, luces, y multimedia. Aquello, en verdad, fue ganando enteros, por lo que me dije que la veterana banda había comprendido que no podía ir por los escenarios de España y también de latinoamérica haciendo siempre lo mismo. Se percibe sin duda la mano de algún productor con ideas modernas y renovadas porque por allí sonaron 'sólos' de todos sus instrumentalistas, alargues de notas musicales, improvisaciones, cierres de temas con elementos distintos a los ya conocidos. Sí, era otra Medina Azahara, a pesar de que seguía siendo la misma.
Por tanto, dos horas de concierto, amenísimo a partir de la última hora y la gente -no sé si los mayores y las mamis con sus hijos en el carrito cuatro por cuatro- solictando otra y otra, algo que esta banda atiende largamente.            

lunes, 4 de agosto de 2014

IRIHS, EL PAÍS DE LOS CELTAS (II)

Zona The Temple (Foto de J.A. Flores)
A poco que observe, el viajero descubre pronto que en Dublín hay mucha vida, animación y posibilidad de empleo. Eso lo aprecia rápidamente. Tan rápido como aprecia que es una ciudad bastante sucia al no existir una concepción diaria de la limpieza, pero al mismo tiempo plagada de grandes avenidas, grandes parques y bonitos puentes sobre el río Liffey, que atraviesa la capital del país. Asimismo comprobará que son abundantes los enormes y bellos edificios neoclásicos. Una ciudad con bastante impronta europea. Y también muy joven, una de las más jóvenes de Europa si consideramos los datos oficiales. Eso hace que la ciudad se vuelque a la calle buscando animación, básicamente a la zona de The Temple, lugar de marcha, diversión y comidas, repletos de pub con música tradicional en vivo. El pub más famoso es el que da nombre al barrio. Cuando te cuentan que en uno de estos sitios puedes pedir tu pinta de  Guinness, O'Hara's, Murphy's, Smithwick's  -hay que intentar probarlas todas, pero eso no es fácil-, entre otras, escuchar la música o contemplar sus danzas y sentirte un irlandés más es totalmente cierto. A eso ayuda que el carácter irlandés lo posibilita al ser sociables y atentos con el de fuera. Porque a pesar de que son gente por lo común bebedora, se suelen portar (bueno, hay excepciones como en todas partes) y los jóvenes parecen apegados a sus tradiciones. De ahí que la convivencia en los pub sea para el irlandés medio una forma de entender la vida y las relaciones sociales. 

     

(Foto de J.A. Flores)
  Porque beben hasta extenuarse. No en vano la marca de cerveza más famosa del mundo es de allí y también una de las más famosas de güisqui, el buen Jameson. ¿Y por qué beben tanto?, creo que llegué a preguntar a alguien. Porque es un pueblo que ha sufrido mucho, me contestan. Supongo que también por el clima, supuse internamente. Y no es que el frío sea gélido como lo es en otros lugares de Europa, pero lo hace y, además, está el aire y la sempiterna lluvia. De hecho, no ver un paraguas retorcido y doblado por alguna de las calles de Irlanda es difícil, lo que hace preguntarte el por qué la gente no invierte en buenos paraguas británicos en vez de comprarlos baratos a cualquier proveedor chino, el cual, supongo, se estará poniendo las botas.

    Todo, se ha de suponer, conforma el carácter y los hábitos de los habitantes de los países. De ahí que muchos piensen que en Irlanda la Guinness más que una cerveza es una religión.

     Lo aprecias cuando visitas su 'storehouse', la fábrica original, que hoy es un enorme edificio de siete plantas con el que hacen su agosto el actual titular y detentador de Guinness, el grupo empresarial británico Diageo (es paradójico que la marca-símbolo de un país de sentimiento tan antibritánico la ostente una empresa de ese país). En mi opinión, siete plantas totalmente pensadas para hacer caja con el turismo. Poco más que algún que otro reclamo para turistas y, eso sí, esa degustación de una pinta en su bar 'Gravity' de la última planta, con excelentes vistas a Dublín. Qué menos que se inviten a una pinta por la elevada entrada que cobran. No obstante, hay que decir que tampoco se come mal allí, si bien la comida no es el fuerte de estos países de impronta anglosajona como todos sabemos, adorándose por encima de todo el 'zumo de cebada, lúpulo o malta', a pesar de su alto precio. En ese aspecto uno echa de menos España.

    

     
(Foto de J.A. Flores)
Pero el viajero no debe de olvidar una cosa allá por donde vaya, por muy recóndito que crea estar el lugar visitado: en una sociedad tan hiperinformada y tan globalizada el turismo no es otra cosa que un invento que tiene básicamente dos caras opuestas: ayuda sobremanera a que todo el mundo pueda ver las cosas, pero al mismo tiempo 'prostituye los sitios' y les resta encanto. Otra cosa muy distinta es que el viajero sepa detectar esos otros lugares interesantes, lugares recónditos en los que el acaramelado brazo del turismo pase por alto. Los hay en todas las ciudades. En ésta encontramos alguno, siendo uno de ellos el 'Dublín Writers Museum', porque no en vano esta ciudad está declarada por la Unesco ciudad literaria.
Joyce, Beckett, Wilde, Switf, Yeats, Behan, Shaw y tantos otros. Como bien dicen los propios irlandeses es el país de su tamaño y población con más literatos internacionales. Además, la casualidad quiso que la victoriana ventana de la habitación de nuestro hotel diera a Great George St, la misma calle en cuya casa se inicia el periplo de un día de Bloom el singular y carismático personaje de la novela 'Ulises' y que actualmente acoge el centro de documentación sobre la figura de James Joyce. Son reductos de paz y recogimiento.

          Porque para sumergirse en turismo acaramelado y masivo hay suficientes lugares en Dublín, como suele ser habitual también en cualquier otra ciudad que lo merezca. Uno de estos sitios es, como antes decía, precisamente el que representa uno de los símbolos de este peculiar país: su cerveza Guinness. Pero no es el único: visitar el libro de Kells en la Old Library de la Trinity College es casi tarea imposible dadas las largas colas, a pesar del remanso de paz que suponen algunos lugares de la universidad más antigua de la República de Irlanda. 

          Y es que Guinness está indeleblemente unida a Dublín y a las 'Irlandas'. Es el claro ejemplo de una entidad privada que asume labores de símbolo nacional y público. No comentaré aquí nada de la historia de este cerveza porque hay miles de referencias en Internet, pero sí cómo percibí la visita a ese megaedificio denominado 'Guinness Storehouse' ubicado en la zona del barrio más medieval, el barrio de origen vikingo. Siete plantas de edificio que pasa por ser la atracción turística más importante de Dublín y del resto de la República de Irlanda. Nadie que haya visitado Dublín ha dejado de visitar este lugar, ya que se trata de una visita de las denominadas obligadas en cualquier guía. Otra cosa muy distinta es que cumpla con las expectativas previas que se tengan. 

          Como todos los grandes montajes específicamente pensadas para el turismo de masas el Guinness Storehose se ajusta a esos parámetros. Un lugar pensado como atracción turística con claro ánimo propagandista y crematístico. Eso es algo que aprecias nada más llegar.

          Por sus alrededores ya ves de vuelta a decenas de visitantes con su bolsa de papel de su enorme y cara tienda, y ellos mismos te van mostrando la senda que has de seguir para no perderte. Antigua fábrica de Guinness (la actual está en la zona del puerto de Dublín y puede que repartida por más lugares de Irlanda, no estoy seguro), el lugar recuerda a esas bodegas de rancio realengo que hay tanto en España como en la zona de Oporto. Un lugar que denota que allí hubo industria, pero que ahora todo está reformado y reciclado con ojos puestos en el turismo. Otra cosa es que lo que vayamos a encontrar dentro sea provechoso.

          Para este viajero no lo fue. Muestras estandarizadas de elaboración de cerveza -con grandes colas en los lugares más simbólicos- y mucha publicidad en torno al fundador de la marca, Sir Arthur Guinness. A lo sumo -siempre en mi opinión, claro está-, como antes decía, lo más apreciable es la pinta de cerveza Guinness que regalan con la cara entrada en el bar Gravity, que ocupa toda la séptima planta y que posea diáfanas vistas a la ciudad de Dublín. Eso sí, si no te importa degustar esa buena pinta con varios cientos de personas. En realidad te sientes guiri en este lugar, pero supongo que así debe ser.

          De ahí que en nuestros viajes siempre intentemos alternar estas necesarias visitas turísticas con las hechas a lugares de la ciudad alejadas del turismo que es donde realmente se aprecia el pulso real de la ciudad. Nada me parece más grato que patear un barrio alejado del turismo de una ciudad que no conoces. Contemplar sus calles, sus casas, sus gentes, su cotidianidad. Nada me parece más grato que poder tomar una cerveza o saborear un plato en uno de esos lugares anónimos. Siempre intentamos buscar espacios para ese fin. En algunos lugares es más viable que en otros, pero en el caso de Dublín, gracias a sus múltiples pub, poder saborear una buena pinta alejado del turismo rodeado de naturales es harto posible, y he de decir que una de las mejores experiencias.

          La República de Irlanda es un país católico, pero esta confesión religiosa no ostenta demasiado poder. Eso es algo muy visible en sus templos. Al contrario de lo que ocurre en otros países católicos como España o Italia, sus templos no son lugares en los que se exhiba la fuerza de la iglesia católica, al contrario, de lo que se pueda suponer no existen demasiados símbolos religiosos como suele ser habitual por estos lares. De hecho, la Catedral más antigua de Dublin, la denominada Christ Church, está consagrada a la religión anglicana y por sus pasillos es fácil ver a mujeres sacerdotisas, que es algo que choca a los ojos del viajero en un país católico. Cuenta con la cripta más grande tanto de Irlanda como de las Islas Británicas y en la misma hay espacio suficiente para la coqueta tienda de recuerdo, una pequeña cafetería y una colección de trajes de los Tudor, entre otras cosas. Me pregunté cuántas horas de luz verían al días los abnegados empleados y empleadas de esta cripta.       

          Por su parte, la vecina catedral nacional, la Catedral de St. Patrick, está consagrada al catolicismo y a falta de motivos religiosos -los hay, pero escasos-, encontramos un sin número de tumbas, placas y estatuas de héroes y personajes que han desempeñado un papel importante en la historia del país. Desde militares que han dado la vida por Irlanda hasta escritores, como es el caso de Jonathan Swift, en cuyo lugar está enterrado, ya que autor de 'Los viajes de Gulliver'  fue deán de esta catedral entre 1713 y 1745.

         

      
Ruinas del monasterio cisterciense
de Monasterboice,  (Foto de J.A. Flores)

  Pero siempre debemos tener en cuenta que Irlanda debe ser valorada principalmente por su limpida y verde zona rural, la cual conforma gran parte de la isla.

          Alejados de Dublín y su entorno, el viajero no va a volver a ver ciudades tan grandes y tan cosmopolitas. Si omitimos Belfast y el norte de Irlanda, de soberanía británica, la República de Irlanda cuenta con pocas ciudades de importancia poblacional: en el oeste encontramos Galway y Limerick y en el sur Cork, como ciudades con mayor entidad al margen de Dublín. El resto de la isla lo conforman ciudades de menor entidad y multitud de pequeños núcleos rurales en los que estriba el mayor encanto de este país, un encanto que intentan acrecentar con el idioma gaélico o irlandés que lees en todas las indicaciones públicas, a pesar de que es hablado por poquísima gente -algo similar a lo que pueda ocurrir en las provincias vascas con su idioma propio-. Lugares unidos por estrechas carreteras, totalmente respetuosas con el entorno, en las que no es fácil que dos vehículos de gran tamaño -autobuses, camiones- puedan cruzarse sin dejarse recuerdos en sus respectivos chapados. En uno de esos entornos bucólicos se encuentran los acantilados de Moher, no lejos de Galway.

          El viajero, lógicamente, no querrá salir del país sin ver una de las maravillas naturales del mundo, que es a su vez uno de los símbolos de Irlanda, pero a cambio deberá de hacerlo rodeado de cientos de congéneres. No habrá opción. Lugar privilegiado, en nuestra sociedad tan globalizada, significa lugar muy visitado. El turismo de masas, ése del que todos formamos partes, lo afea todo, pero al mismo tiempo ese mismo turismo presiona en el sentido de que estos lugares puedan ser visitados gracias al buen acondicionamiento. Se trata de una dualidad que hay que asumir.

          Estando allí y pensando en lo que ahora escribo, intenté imaginarme aquello con los ojos de los primeros pobladores, con los ojos de quienes pudieron disfrutar de todo esto con anterioridad a la llegada del turismo.                

                         

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Si nadie le cuenta al hipotético lector nada sobre el pueblo de Rothenburg no habrá forma de imaginarlo a pesar de haber llegado...