domingo, 30 de noviembre de 2008

NUEVA ENTRADA PROYECTO FLORENS: LA PRIMERA CARRERA DE X.


Bueno amigos, ya tenía ganas de incluir en este nuevo blog una entrada del Proyecto Florens, que como sabéis los más antiguos del lugar es un proyecto a cuatro manos con mi buen amigo Jesús Lens y que compartimos a través de nuestras dos bitácoras.
También los más antiguos del lugar, os acordaréis de X. Aquel tipo que sin nada que ver con el mundo del correr, totalmente alejado de hábito deportivo alguno, aficionado a los bares y nada dado a llevar una vida sana, un buen día, influido por el frutero del barrio, decide correr. Claro, toda esa metamorfosis produce un cambio, además de en él, en su vida, como pudimos comprobar en su X quería correr que publiqué en el fenecido Diario de un Corredor, y que podéis consultar para refrescar la memoria, o sencillamente si jamás llegasteis a leerlo.

Ahora os dejo con esta nueva entrega del Proyecto Florens, que consisten en nuevas peripecias en el arriesgado camino de nuestro X hacia la búsqueda de la idoneidad atlética.


LA PRIMERA CARRERA DE X

(o X tiene un problema)

Cuando llegó a casa tras hacer por primera vez 15 kilómetros de manera ininterrumpida no podía afirmar si estaba pletórico de felicidad o si por el contrario su debilidad le producía alucinaciones. Sin capacidad para resolver esa duda, y por si la solución se hacia esperar, casi instintivamente abrió la nevera y seleccionó la cerveza más fría. Curiosamente la mejor opción al tacto consistió en una sugestiva Voll-Damm, doble malta, su preferida, que se encontraba junto a una estimulante 1925, que comenzaba ya a mostrar síntomas helados a tenor del envolvente vapor frío que suele adherirse a su vidrio verde y envejecido. Tomó un sorbo largo e inmediatamente sintió un sudor frío, acompañado de una ligera sensación de flaqueza en sus piernas. Intentó restar importancia a esos síntomas y se sentó ante el reciente ordenador que había comprado, principalmente para poder conectarse a Internet y visitar páginas relacionadas con el correr y blogs de corredores. Pero se sintió mal nada más sentarse. Conchi, que seguía sin asumir que X se dedicara a perder el tiempo de aquella manera, primero corriendo y posteriormente sentándose ante el ordenador horas y horas, que además había costado una pasta, sufría -según sus propias palabras- directamente todo aquel radical cambio de vida que había experimentado su esposo desde que comenzó a correr, hasta el punto de percibir que se estaba desorientando el aparentemente estable y tácito equilibrio que existía entre ellos antes de iniciar X su nueva vida. Estaba realmente desesperada y se sentía francamente desgraciada por ser víctima de bromas y sarcasmos de familia y amigos. Y todo por aquel incomprensible capricho de su X. No podía evitar pensar que lo había perdido. Para siempre. Mientras pensaba en ello, comprobó cómo pasó su esposo raudo por el pasillo en dirección al cuarto de baño. X, lógicamente, intentó no quejarse de nada que pudiera perturbar aún más las opacas entendederas de su esposa que, curiosamente, apenas se enfadaba cuando llegaba a casa pedo perdido, a altas horas, del bar de Camilo, en compañía de sus amigotes, es más, aquellas situaciones le hacían una gracia infinita y lo comentaba con sorna, asomándole cierto orgullo de satisfacción cuando se lo contaba a sus amigas a la mañana siguiente mientras tomaban café y fumaban un cigarro. Añoraba aquella época, cuando X aún era normal. Sin embargo, desde que corría le arrebataba siempre un monumental enfado. Hábito incomprensible de todo punto ya que su esposo además había dejado 10 kilos y todo el mundo –incluida su madre, mujer de amplias proporciones- sostenía que parecía mucho más joven, y eso no podía significar otra cosa que un asunto de faldas. Mientras, X sabía que su mujer se había convertido en su mayor enemiga. Mucho más que Luís, su mejor amigo, que reticente como un burro, probablemente pudiendo más la gratitud y la amistad, había llegado a admitir que X le acompañara al bar de Camilo, aunque no probara ni un solo combinado, y se conformara tan sólo con aquélla cerveza de cristal verde, que casi costaba como el cubata. Sólo cerveza. Luís, salía como siempre pedo perdido, aferrado a sus cuitas, aullando sus frustraciones, apoyándose en el ya delgado hombro de X, y todo el mundo tan contento. Lo de siempre. Es lo que siempre habían hecho, si bien en el pasado el apoyo tenía que ser mutuo para que se compensara la pérdida de la verticalidad de ambos. Esa había sido su adolescencia en el pueblo y de esos materiales se había configurado la amistad entre ambos, una amistad sincera, pensaba X, pero que ahora se ponía a prueba, de manera definitiva.

X intuía que su existencia le cambiaría enormemente cuando se dedicara a correr de manera regular. Sabía que sus hábitos de toda la vida eran totalmente incompatibles con su nueva actividad. Que su entorno familiar, sus amistades, se resentirían de manera extraordinaria y que en ese camino arduo y espinoso, muchas de las cuestiones que se habían convertido en sólidas murallas de convicción, se derrumbarían como naipes en cuanto se calzara las zapas. Intentaría hasta que fuera posible simultanear algunos de los hábitos antiguos, pero pronto descubriría que serían muy pocos los compatibles. Tarde o temprano habría que asumirlo. Pero era esa su decisión. Probablemente la primera que por sí mismo había tomado en su vida.

De hecho, su primera carrera, sería el siguiente domingo. Una carrera de 13 kilómetros, ante la que se mantenía nervioso e ilusionado como un chiquillo. Una carrera que le había anunciado su mentor en materia atlética, su amigo el frutero, aquel tipo saludable y enjuto que le servía la fruta y siempre mantenía una sonrisa en su rostro. Pero X sabía que aquella carrera sería decisiva en muchos aspectos. Podía ser el comienzo de una nueva vida, al tiempo que, probablemente, el final de otra. Resulta que el día anterior, sábado, se celebraba la boda de Dieguito, el sobrino adorado de su mujer.

Desde hacía varias semanas toda la familia y los amigos, estaban calentando el ambiente: la cena que se iban a dar, las copas que se iban a tomar. Pero, claro, no había que culparles: es lo que habían hecho juntos toda la vida, con él a la cabeza. En todo caso, el culpable único era X. Él era el que realmente había elegido un camino distinto. Los demás, dentro de su error, eran totalmente coherentes con su vida, con su pasado, con su presente y con su futuro. Nada había que objetar en su comportamiento. En todo caso el que había cambiado la trayectoria no era otro que X. Él era el intruso.

Había logrado escabullirse de la grandilocuente despedida de soltero la semana anterior, excusando su asistencia por un fingido catarro, excusa que pudo arruinar amistad y familia, toda vez que cuando salía a entrenar el domingo a las 8 de la mañana, casi se cruza con los invitados de la despedida, que venían canturreando soeces coplillas incomprensibles. Pero aquella boda podía ser para X todo un drama, y lo que es peor: no sabía como evitarlo. Llegado el ágape, intentó guardar las formas, buscando la manera de irse justificadamente a la cama a una hora prudencial, que coincidía plenamente con la hora en la que los amigotes y la familia comenzaban a descorchar champán como aperitivo previo a las copas en la barra de la discoteca al aire libre del restaurante.

Conchi estuvo durante todo el tiempo escoltando literalmente a X, advirtiéndole mientras le pellizcaba en la cintura que no se le ocurriera irse, que era la boda de su sobrino predilecto, no vayas a lucirte como vienes haciendo últimamente.

X miró a su alrededor y no atisbó al frutero, muy amigo de la familia. Aquel individuo había sido, en opinión de Conchi, el que había creado todo el conflicto, una especie de alcahuete que había logrado que el correr sedujera a su X. Y para colmo su amigo frutero había tenido toda la sangre fría necesaria para no acudir a la boda, excusando cualquier cosa. Sabía que a estas horas ya se encontraba durmiendo, descansando para intentar mañana en la carrera de 13 kilómetros correr por debajo de los 4 minutos y 10 segundos el mil. Qué envidia. Tan evidente era la imagen de sus pensamientos en su rostro que Conchi soltó un fuerte suspiro y se levantó enfadada de la mesa, justo en el momento en el que Luís lo arrastraba literalmente a la barra, mientras comenzaba a tronar una abominable pachanga de canciones populares. La suerte ya estaba echada. Ahora ya daría igual que se quedara o que optara por marcharse. Así que, decididamente se marchó asumiendo todas las consecuencias. ¿Tan fuerte era su determinación?

viernes, 28 de noviembre de 2008

LA LUNA EN EL DINTEL DE LA CUEVA


Tuve ocasión ayer de conversar con un antiguo profesor de Derecho, especializado en cuestiones de Prevención de Riesgos Laborales. Es un asunto que me lleva interesando desde hace tiempo, principalmente en su faceta psicosocial, que es la especialidad que hice y sobre lo que escribí y conferencié, todo ello asociado al mundo jurídico. De esos menesteres también conozco a este profesor, hombre, nada displicente, inteligente, atento e inquieto. Curiosamente es ahora profesor de Mati en la Facultad de Ciencias del Trabajo.
Se acababan de entregar unos premios relacionados con la prevención y halábamos él, Mati y yo sobre la violencia que impera, no sólo en los centros de trabajo, sino también en muchos sectores de la sociedad. No se trataba de una conversación al uso, políticamente correcta, intentando impresionarnos sobre datos relacionados con violencia de género, acoso moral en el trabajo y otras perlas, sino que intentábamos abordar una verdadera realidad. Así que recordé un artículo relacionado con esto que publiqué en Ideal hace un par de años, si no recuerdo mal. El artículo se denominó "La Luna en el dintel de la cueva" y, está mal que yo lo diga, pero refleja una realidad que está ahí pero que no es fácil verla. Me gustaría que le echarais un vistazo y escribáis vuestra opinión sobre un asunto que está más candente que nunca.


LA LUNA EN EL DINTEL DE LA CUEVA

La violencia ha existido siempre pero no siempre ha existido la denuncia. En nuestros días la tendencia es pensar que existe más violencia que antes y se afirma que hay mayor maltrato de género, más violaciones, mayor acoso moral, psicológico o sexual en el trabajo, etc. Sin embargo, para quien suscribe, las formas, la cantidad y la calidad de la violencia siempre han tenido un protagonismo muy parecido a lo largo de la historia, aunque también en este campo las cosas se han sofisticado, y aunque el móvil violento siempre es el mismo, los efectos se incrementan en virtud de esa sofisticación. Es decir, siempre ha existido demasiada violencia. Ahora, insisto, existe una mayor cultura denunciante y al denunciar sale más a la superficie lo que antes, por desconocimiento, falta de apoyo mediático y gubernamental, entre otras cosas, se silenciaba. Es duro pensar que hasta no hace mucho – y aún hoy- la abnegada ama de casa llegaba casi a contemporizar con su esposo cuando éste la maltrataba, en muchos casos, como costumbre cotidiana. Sin embargo, apenas existía denuncia, ni social ni individual. No obstante, a pesar de lo logrado hasta ahora, aún existen situaciones carentes de denuncia debido al miedo, dependencia económica y otros elementos de vasta complejidad.

En el siglo que recién estrenamos va tomando cuerpo otro tipo de violencia que siempre ha estado ahí pero que nunca se ha diagnosticado ni estudiado como hasta ahora. Me refiero al acoso moral y psicológico en el trabajo, plaga moderna –moderna es la denuncia, ya digo- que ya está acaparando interés de muchas partes inmersas en el conflicto laboral.

Como casi siempre, el problema se detecta tarde y en función del número de bajas y cobayas humanas con las que se experimenta. Se observan trastornos psicológicos, tendencias suicidas -e incluso suicidios reales-, cambios de hábitos alimenticios, depresiones, tristeza, violencia en el hogar, etc., y detrás de todo ello se detecta una situación de conflicto laboral. Pero no es un episodio laboral común y típico de cualquier organización, sino que éste adquiere unos tintes éticos y morales. Atentan contra la persona como ser humano, alejándose de su dimensión profesional.

Fue el profesor de la Universidad de Estocolmo, Heinz Leymann, quien convulsionó los cimientos de las organizaciones laborales del mundo occidental al estudiar este fenómeno, al que el mundo anglosajón denomina mobbing o bossing dependiendo de si los acosadores morales son los propios compañeros o el superior jerárquico. De hecho, el término mobbing deriva del campo semántico mob, la palabra inglesa utilizada para referirse a una turba o muchedumbre de personas, así como asediar, mientras que bossing deriva de boss, es decir, jefe. Ambos términos ya nos dan una idea muy gráfica de lo que se quiere denunciar.

Esta forma de violencia existe en todos los ámbitos laborales, pero está muy arraigada en la administración pública, lugar en el que al acceder por oposición pública no es posible despedir o expulsar (aunque también en la administración pública existe mucha precariedad laboral, como en cualquier empresa privada). No obstante, el acoso moral no es patrimonio exclusivo de este ámbito laboral. De hecho, el sector privado está repleto de violencia laboral, aunque es más desconocido por el miedo al despido que existe. De ahí que se utilicen todo tipo de tropelías barriobajeras para que la víctima decida irse por su propia cuenta. En opinión de los expertos, el acosador suele ser una persona envidiosa y limitada, y es cierto que detrás de todo este tipo de acoso existe una solapada incapacidad del superior jerárquico, o bien compañero, hacia el acosado. Se envidia su capacidad, e incluso que piense o lea. Además, suele el agresor incapaz y envidioso ver de muy mal grado que algún subordinado (normalmente la relación es jefe-subordinado) desarrolle otras actividades en su tiempo libre o triunfe y sea brillante en otras disciplinas que él sabe que jamás podrá alcanzar. En pocas palabras: no admite que un subordinado no lo sea siempre.

En la naturaleza animal, el prestigioso etólogo Conrad Lorenz describía como, a la llegada de una gallina nueva o más fuerte al gallinero, las débiles se unían para destruirla. Toda esa conspiración por crear el vacío hasta hacer transparente a la víctima, que no es elegida al azar, está causando cuantiosas bajas laborales que hasta ahora se denominan “por depresión”, en la mayoría de los casos, y está provocando un importante gasto social, cuando a lo mejor el enfermo no es otro que el acosador.

De hecho, cada día son más los profesionales a los que les preocupa el tema e intentan buscar soluciones en el ámbito de la salud laboral, algo a lo que están contribuyendo los sindicatos de trabajadores de manera decisiva. Incluso, son ya bastantes los expertos en organizaciones, sicólogos, y juristas que intentan buscar claves de solución y así se lo están transmitiendo a las autoridades. En esa línea ya existen propuestas de ley en las Cortes Generales y Parlamentos autonómicos para que se ataje legalmente el problema, algo que ya está regulado en países como Suecia, Francia y Bélgica. Incluso la Comisión europea ha prometido la elaboración de un libro blanco de estandarización legal para los países miembros.

Por tanto hay que estar al acecho, ya que es en el ámbito laboral donde se puede dar la mayor gama de perversidades del hombre hacia el hombre (el hombre lobo para el hombre, asentó Hobbes), sencillamente por su espacio temporal de convivencia forzada, encuentro y desencuentro personal, interés económico e incluso sexual, pero también es cierto que podría ser idílicamente el lugar adecuado de comprensión y buena convivencia, pero eso sería quizá hablar de un mundo distinto. Mientras tanto, es la dignidad la que, en momentos extremos, nunca debe ser arrebatada y nada mejor que una figura retórica para defender este argumento, citada por el profesor José M. Prieto. Se trata de la frase que exclamó el anacoreta cuando comprobó que el bandolero le había robado, en su cueva, un mendrugo de pan y una manta raída, sus únicas posesiones:

“Dejada por el ladrón,

La luna,

En el dintel de la cueva”.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

CITA CON BAUDALAIRE


Reconozco que esta iniciativa poética de cada miércoles me está viniendo de perlas para acudir a poesía que hacía tiempo no leía. Así que os aseguro que seguiréis siendo "torturados" los miércoles, de manera que para que la tortura sea lo más benigna posible, alteraré algún poema propio, tirando de disco duro (por cierto, bonito título para un poemario virtual) con la recuperación de algún poema de autores que me dijeron mucho en su momento y, lógicamente, me siguen diciendo.
Hoy plasmaré un poema de Charles Baudalaire, un poeta francés maldito del siglo XIX -que haría las delicias, si lo leyeran, de seguidores más radicales del black metal, y que tuvo una efímera vida, como buen poeta maldito-. De su obra más conocida "Las flores del mal", extraigo el siguiente poema:

LA FUENTE DE SANGRE

A veces me parece que mi sangre, a raudales,
Se escapa con los rítmicos sollozos de una fuente.
La oigo muy bien correr con su lento murmullo,
Pero en vano me palpo para encontrar la herida.

De la ciudad a través, como por un cercado
Se extiende, convirtiendo el empedrado en islas,
Aplacando la sed de toda criatura
Y tiñendo de rojo a la Naturaleza.

Yo he podido a menudo a vinos traicioneros
Que al terror que me aferra adormezcan; el vino
Vuelve el mirar más claro y más fino el oído.

En el amor, un sueño sin conciencia he buscado;
Mas para mí el amor es un hecho punzante
Hecho para que abreven esas putas crueles.

MANUAL PARA VIAJEROS POR ESPAÑA Y LECTORES EN CASA




He leído en una revista literaria un artículo de esta colección de libros, Manual para viajeros por España y lectores en casa escritos por el escritor y viajero británico, Richard Ford, que en 1830 llegó a Sevilla y fijó su residencia en la ciudad del Guadalquivir para viajar por España a caballo a lo largo de tres años. El resultado fue esta magna obra de siete volúmenes, que ahora edita Turner.
Me ha fascinado -como me fascina la literatura de viajes o el recuerdo del pasado visto desde el presente- descubrir la existencia de esta obra, que comienza a reeditarse, tras su primera edición en 1845.
Dotado de una prosa exquisita este viajero y escritor inglés nos ofrece perlas increíbles como ésta: "El rudo agricultor gallego, el industrioso artesano fabril de Barcelona y el alegre y voluptuoso andaluz son tan esencialmente diferentes entre sí como los diversos tipos de una misma fiesta de disfraces". Y tras leer este texto, uno llega a la conclusión de que no hemos cambiado mucho. O esta otra perla: " En España se consiguen la mayor parte de las cosas por medio del buen humor, una sonrisa, una broma, un refrán, un puro o un soborno, el cual, aunque último recurso, no es nunca, ni mucho menos, el menor de estos, y en seguida se podrá comprobar que ablanda el corazón más duro y suaviza las dificultades, después de que los más cívicos discursos hayan sido usados en vano, porque más ablanda dinero que palabra de caballero". Impresionante.
Leer nuestra propia historia desde el prisma de un culto escritor inglés dotado de esa magnifica prosa ha sido una de las satisfacciones del día. Y es que todo está en los libros.







Y continuando hablando de libros, ha caído en mis manos la novela histórica, reciente ganadora del VII premio de novela "Ciudad de Torrevieja", un certamen que presume por ser uno de los más prestigiosos en cuanto a este tipo de literatura, además de ser uno de los mejores dotados. Su autor, Juan Gómez-Jurado, es un joven escritor madrileño, del que conocía sus dos primeras novelas: Espía de Dios y Contrato con Dios. Una novela que promete y que espero hincarle el diente en cuanto organice mejor la conciliación de mi tiempo con una más incisiva lectura. Por lo pronto, duerme en los anaqueles, junto a otras pendientes de abrir.

domingo, 23 de noviembre de 2008

FUNNY GAMES (JUEGOS DIVERTIDOS), de Michael Haneke


El pasado viernes tuvimos ocasión de ver en casa una película, producida en 1997, que nos dejó perplejos. Ocurre mucho con la magnífica colección con que nos está obsequiando el diario Público, pero en esta ocasión a esa perplejidad habría que sumarle algunos calificativos más. De hecho, el gran Carlos Boyero dijo de ella que "me desasosiega, me da miedo y me repugna...", pero no porque esté la película exenta de calidad, que el mismo crítico y cinéfilo valoraba como talentosa.
Es una película que juega en todo momento con el espectador. Pero no al estilo de "El golpe" o "The Game", En estas dos que cito existe un permanente juego de acertijos, en muchos momentos cruzados, toda una exposición de imaginación constante que siempre engaña al que está al otro lado de la pantalla. Pero acaba la película y queda un agradable buen sabor de boca, una sonrisa cómplice de satisfacción al comprobar que el guión ha superado nuestra inventiva en todo momento. Sin embargo en Funny Games no ocurre eso. En ningún momento el guión ni las escenas tratan de argumentar un juego sano y jocoso, no, el juego es altamente perverso y no apto para almas sensibles o huidizas. Tal y como expresa también Boyero, Haneke tiene un especial talento, pero entregado al morbo que ofrecen las situaciones límites, esas que no habría que insinuar, ni tan siquiera traspasar. Ni en película, quizá.
Cuando acabamos de ver la película no nos quedó muy claro si la decisión de haberla visto fue acertada. Valoramos en todo momento la buena hechura de la misma, la credibilidad tan a flor de piel que asustaba más que el guión en sí, y las interpretaciones, pero nos quedó una duda patente, permanente, sobre si estos asuntos podrían estar en la realidad o no. Y, claro, eso nos lleno de inquietud y de un recuerdo lacerante.
¿ Aconsejo verla ? No lo tengo claro. Si la idea es verla para contemplar un cine distinto, -austriaco en este caso, con un remake norteamericano en 2007-, vale; ahora bien, si verla podría suponer engendrar ese recuerdo lacerante, hacerlo sería cuestión del criterio personal de cada uno.

jueves, 20 de noviembre de 2008

UN ENTRENAMIENTO DE ALTURA


¿ A quién no le apetecería correr por este entorno? En el centro con patio circular, a modo de gran claustro, el Palacio de Carlos V.

Permitidme que escriba hoy sobre correr. Porque estoy en un momento dulce. Porque he recobrado ilusión, que algo había perdido, y de ahí el "parón" en la última carrera. Y permitidme que hable de la nueva dinámica del entrenamiento de los miércoles , junto a Mario.
Resulta que la semana pasada Mario y yo hablamos de salir tarde a correr, a esos de
las ocho - las 20 horas-. Una hora que es la única que puede ajustar él para correr por motivos laborales y que a mí no me viene nada mal algún día a la semana, ya que de esa manera no hay que estar vomitando ese día el almuerzo, procurando salir a correr antes de que caiga el manto negro. En cambio el jueves o el viernes, habitualmente, intento adaptar la comida al correr; prefiero comer poco e irme a correr a las cinco de la tarde, antes que atiborrarme de comer y no poder hacer la digestión y, de esa manera, no tener más remedio que salir de noche a trotar por la ciudad, algo que como ya he dicho en bastantes ocasiones no me place. Pero el miércoles es distinto. Porque vas acompañado y porque el recorrido es mágico, perfecto.
El miércoles pasad
o quedamos Mario y yo en la Autopista que conduce a Málaga, junto al barrio de La Chana y, al parecer, la idea era rodear este amplio barrio en el que vivo, algo que él ya había hecho en alguna ocasión. Pero llegué al lugar de encuentro y sin cirugía solté a mi paisano (es de Pinos Puente como yo): Vámonos a la Alhambra. No lo refutó ni un segundo y salimos en dirección a la Avenida de la Constitución, que con su recién estrenado bulevar central ofrece unas condiciones magníficas a los corredores, y cruzamos desbocados las amplias rotondas, aprovechando los segundos que no son invadidas por los coches, a esa hora de la tarde, y pasamos raudos entre los viandantes. Continuamos por Gran Vía, que dada su nueva configuración, con aceras anchas, también ofrece ventajas al corredor, y al final de esta arteria central de Granada, pensando yo que subiríamos por Plaza Nueva hasta la Cuesta Gomérez y de ahí hasta la Alhambra, soltó Mario también sin cirugía: vamos a subir por el Barranco del Abogado, y claro, quien conozca Granada y esa zona sabrá que no es igual subir por la famosa Cuesta Gomérez que subir por el Barranco del Abogado, ya que la subida al monumento a través de ese barrio altísimo de Granada es tremenda, pero la belleza es tan extasiante que se te olvida casi que estás subiendo. Pero las piernas, sin memoria - o con mucha - no olvidan.



Las subidas al Barranco del Abogao se las trae




La bajada por la Cuesta de Gomérez es muy agradable a esas horas


Trás acabar de cruzar el Barrio del Realejo, por la Calle Molinos, comenzamos a subir por la Antequeruela y no contentos, cuando el Hotel Alhambra Palace ya casi lo tocamos, doblamos a la derecha, y trás unos pocos metros más suaves, la subida se empina en la misma proporción que la ciudad va penetrando por los ojos y los sentidos. Finalmente las ascensión culmina en otra ascensión, que es la última parte de la carretera que conocemos como "nuevo acceso a la Alhambra". Y Mario sigue proponiendo subir ante mi mutismo, no sé si por asentimiento o por inanición. Así que seguimos subiendo, rodeando el cementerio al comienzo de la subida al Llano de La Perdiz. A esas alturas y a esas horas el lugar está oscuro y casi desierto, a excepción del trajín que provoca siempre la presencia de dolientes en la puerta del cementerio. Pero quiero destacar el frío. Y quiero destacar el lugar. Y quiero mezclar y que procuréis mezclar en vuestra imaginación ese frío y esa quietud; y la soledad del lugar y el bello misterio que supone ir acercándose a una Alhambra otoñal y misteriosa como nunca, pisando hojas caídas. Porque a la vuelta del cementerio, penetramos en la en monumento nazarí, candidato a maravilla del mundo, a través de la llamada Cuesta de Carruajes, otra cuesta pequeña pero dura en la que Mario aprieta, y entramos en la hermosa plazoleta jalonada por una impresionante mole, dotada de un volumen portentoso: el Palacio de Carlos V, rodeado éste de edificios de arquitectura árabe, que conjugan a la perfección el pasado de Granada, esa forzada fusión entre el mundo árabe y el mundo cristiano. Entramos por un arco árabe y en vistas de que la puerta de salida ya estaba cerrada, dimos la vuelta y bajamos -ahora sí- por la Cuesta de Gomérez, en dirección de nuevo a Gran Vía y Avenida de la Constitución.
Disfrutamos mucho de ese recorrido, acabado a las 21 hora y 20 minutos, pero sufrimos, principalmente porque el ritmo fue alto, tal vez demasiado alto para el propósito de un entrenamiento de más de 16 kilómetros, con importantes subidas.
Pero ayer, nuestro segundo miércoles nazarí, suavizamos algo la marcha y yo decidí ir cómodamente embutido en malla larga y sudadera técnica más gruesa: quería disfrutar del recorrido, del correr y que el frío no me negara esas sensaciones. Y vaya si disfrutamos del recorrido y del correr. En mi opinión, mucho más que el miércoles anterior, porque nos pareció lógico bajar algo el ritmo (que siempre estuvo por debajo de cinco minutos el mil, no obstante) y saborear en todo momento toda esa belleza que va penetrando por los sentidos, al tiempo de gozar de la posibilidad que nos dan nuestras piernas y nuestro corazón: el privilegio de penetrar en el siempre misterioso bosque de la Alhambra a esas horas tan avanzadas de la tarde-noche.
Confío que el miércoles siempre sea alhambrero y confío que el grupo se pueda incrementar paulatinamente, porque nadie debería perderse estas sesiones mágicas, que también se convierte en mañaneras para otros miembros del grupo.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

UNA BOCANADA DE AIRE FRESCO ANTE TANTA ESTULTICIA...



Esa frase del título de esta entrada, es la que se me ocurrió al cuando recibí el SMS de Jesús Lens, pidiéndome que resumiera en una frase los miércoles poéticos del que participamos varios blogs.

Porque la poesía ha de reivindicar ese papel de cordura, frescura, profundidad y calidad ante tanta futilidad, rapidez, frivolidad y estulticia. Porque la poesía tiene que cumplir un papel esencial en la existencia de la persona, y porque es necesario volver a ella, siempre.
De ahí el acierto de mi inquieto Álter de dedicar un precioso reportaje en Ideal a la relación entre los blogs, como instrumento virtual de comunicación y expresión, y las letras, cuya lectura no deberías perderos, tanto en el medio escrito como en el virtual.
Porque hoy es miércoles y hablamos de poesía.
La semana pasada rescaté unos versos de una colección que denominé "La urgencia de los perros", y hoy tiraré de disco duro y rescataré otros versos. Lo prometido es deuda:


Comprendí que la tarde es ilusa.

Y eso me despistó igualmente.

De hecho, todo lo vi bajo sospechoso silencio,

Y como en aquél anuncio, todo se paralizó.

Vi un perro,

No un perro bello,

Ni grande,

Ni fuerte.

Un perro.

Y no sé, es como si algo volará y no volviera,

Como una sensación traslúcida,

Cómo una piel transparente

O una mente abierta,

Sin cabeza.

No sé: algo parecido a la poesia.

martes, 18 de noviembre de 2008

GOMORRA, DE ROBERTO SAVIANO



Roberto Saviano es un joven italiano nacido en Nápoles, cuyo aspecto bien podría pasar por ser el de un "tifossi" de lo más visceral , y que con apenas treinta años ya está metido en líos. Como cualquier persona de su edad sus líos podrían venir de un exceso de familiarismo con la droga, con el alcohol, con las salidas nocturnas o con los coches. Pero no, Roberto Saviano no está mezclado con nada de eso. Su perdición es ser una persona inteligente, inquieta y valiente. Un joven que lejos de naufragar en la ignominia y en el descontento con el sistema sin dar palo al agua, ha dedicado varios años de su vida a escribir un libro. Hasta ahí podríamos catalogar al joven italiano como una persona culta y con inclinaciones intelectuales, pero no se trata de cualquier libro, sino de "Gomorra", un viaje al corazón económico y financiero de la "camorra" -el Sistema- napolitana, una de las ramas mafiosas italianas más salvaje e impredecible.
Tal ha sido su dedicación, que durante años ha investigado sobre el terreno, que no es otro que su propia ciudad, todos los entuertos, los delitos, lo
s asesinatos, los negocios turbios desde la llegada de mercancía al puerto de Nápoles y la compleja red mafiosa que devora la entrañas de las instituciones y la ciudadanía de un Nápoles surrealista, deprimido, sucio y extraordinario. Y ha sido tal el decidido compromiso de Roberto, que no ha dudado en aludir con nombres y apellidos a capos y colaboradores de la comorra napolitana, para lo cual ha utilizado una novela-de no ficción que le ha grangeado los mayores odios y amenazas en su propia cuna. Tanto es así que, finalmente, aconsejado por las autoridades antimafia italianas, se ha visto obligado a huir de la tierra que le vio nacer y refugiarse nadie sabe donde porque de lo contrario bien podría ser pronto considerado un joven cadáver. Se trata del "Salman Rushdie" del siglo XXI, otro escritor más perseguido por la estulticia, el fanatismo y el crimen organizado.


Su novela, muy solicitada ya en todo el mundo, ha merecido una película, dirigida por Matteo Garrone y ganadora del Gran Prix de Cannes 2008, cuyo guión ha sido escrito por el autor italiano.
Así que nada más conocer su historia y su testimonio me dirigí esta mañana a la librería Atlántida de Gran Vía, en el corazón de Granada, y adquirí su libro porque ante apuestas tan sinceras, honestas y valientes uno no puede mirar hacia otro lado, todo lo contrario: admirar a quien parece estar hecho de otro material y que un buen día harto de guardar silencio y presenciarlo a su alrededor decide jugarse la piel.
No sabemos el futuro que aguardará a Roberto Saviano, pero por lo pronto su propósito principal ya ha sido conseguido: comunicar al mundo que su ciudad es un nido de cuervos, con la connivencia oficial, algo que sigue contando allá donde sea preguntado.

domingo, 16 de noviembre de 2008

REENCONTRÁNDOME ( O CASI ) Y EL PROYECTO FLORENS



Hoy estoy satisfecho. O al menos eso creo. Satisfecho por haber encontrado buenas sensaciones corriendo, no por el resto de las cosas que me rodean, claro está, porque como ya escribió mi admirado Felix de Azúa, en "Historia de un idiota contada por sí mismo ( o el contenido de la felicidad)", la felicidad absoluta no existe y sólo se autodenominan felices absolutos los idiotas.
Si ayer me sentía
bien en la ruta de 13 kilómetros en compañía de Abel y Víctor, esta tarde a las 14 horas, sin esperar a cumplir 24 de descanso, decidí retar a la forma física - y mental - y recorrer más de 17 kilómetros entre el Pantano del Cubillas y Pinos Puente, volviendo de nuevo al pantano. Un recorrido que puede ser agónico si no acompañan las fuerzas y duro, en todo caso. Pero se trataba de probar si la recuperación era efectiva tras un año torpón y torticero, a excepción de algunos periodos benignos. Y hay que decirlo el reto ha sido satisfactorio. Adecuando el ritmo a las sensaciones, o viceversa, disfrutando de la esencia del correr sin que importaran otras cosas, olvidándome por completo de futuras competiciones. Correr por correr.
Y, curiosamente,
a lo largo de esa casi hora y media, a un ritmo cómodo de 5 minutos el mil, he podido reflexionar. He intentado deconstruir lo andado hasta ahora, principalmente para buscar respuestas al apagón neurológico del pasado domingo en Santa Fé (lo dijo sabiamente Francis Tovar: eso esconde algo), llegando a la conclusión que los primeros pasos de este correr concienzudo los dí hace tres años aproximádamente y que en aquellos momentos probablemente tenía la cabeza mejor amueblada y las cosas más claras en cuanto a la esencia de lo que era correr. Competí mucho, sí, pero esa acción no era más que la prolongación de un entrenamiento concienzudo. Así que me dije que eran esos pasos los adecuados: anteponiendo el entrenamiento a la competición y viceversa. Uno está en esto para disfrutar, para comprobar que no te estás convirtiendo en un ser sedentario, para demostrarte a tí mismo que el paso de los años podrá alejarte de muchas cosas, pero jamás te alejará del verdadero cordón umbilical que te une con la naturaleza, negándote de plano a convertirte en un ser vegetativo, orondo y achacoso, un "zampabollos", vamos, como dicen en mi pueblo. Y si esa es la esencia, el verdadero móvil, la verdadera razón ¿para qué buscar otras? Así que hoy estoy satisfecho porque sé que las fuerzas no me han abandonado y he vuelto a recuperar la cordura de la que nunca debí alejarme. Correr, correr, correr, sin otras pretensiones; acumular kilómetros, sin otras pretensiones; conectar con la naturaleza, que es la verdadera esencia del ser. También he comprendido que las raíces son importantes. Conectar con los lugares queridos, con las rutas que te motivan y te estimulan. Si es cierto que el asesino siempre vuelve al lugar del crimen, yo como corredor tengo necesidad siempre de volver a mis rutas de siempre. Para sentirme corredor, para sentirme dichoso.
Si estas reflexiones positivas son resultado de las buenas sensaciones que ofrecen el correr, no hay duda que ese es el camino.

PROYECT
O FLORENS



Mi querido vecino virtual y Álter ego a la sazón, ha introducido en su blog pateador una nueva entrada dedicado a nuestro común proyecto. "Hay que seguir siempre adelante alter. Siempre adelante" me comentaba con rotundidad en un correo electrónico reciente. Razón no le falta. Ese proyecto, más allá de lo que en él contemos, obedece a una idea, a una acción común y se va a continuar, no cabe ninguna duda. Feneció mi anterior blog "Diario de un corredor", pero ahora está éste, "Opiniones intempestivas", que es una nueva forma de dar una opinión sobre lo que observo y me rodea, sin que el correr y su mundo hayan tenido salida - acepté el parecer más votado en la encuesta sobre incluir temas de correr en este blog-. No obstante, obedece más a otros asuntos que me preocupan. Y, lógicamente, el proyecto Florens tendrá en él una etiqueta. Para esta "reentré", Jesús ha preparado una tremenda entrada dedicada a una fuerza de la naturaleza: el incombustible Rafa Nadal, el mejor tenista español de todos los tiempos, porque Nadal no es solamente un jugador de tenis, ya que posee un poder mental y un pundonor digno de estudio. Una ambición impresionante. De todo eso trata la nueva entrada del proyecto que si no habéis leído ya en el blog de Jesús Lens, podéis leer en éste. La entrada consta de dos partes. Para leer la primera pinchad aquí, y para leer la segunda aquí. Estoy seguro que disfrutaréis de su lectura.

sábado, 15 de noviembre de 2008

MAFIAS


Hoy y mañana, los 20 países más ricos del planeta, más algunos invitados candidatos a entrar en ese poco prosaico club denominado G-20, se reunen en la capital estadounidense, invitados por un anfitrión que siempre ha estado bajo sospecha de provocar lo que esta cumbre intentará resolver. Y, al parecer, uno de los asuntos que, tímidamente, se quiere abordar es el incomprensible asunto de los paraísos fiscales. Sabemos que éstos esconden el principal objeto resultante de esas viles canalladas que provocan las mafias (ya no existe una sola mafia con mayúscula, una idea romántica de mafia italiana que obedecía de alguna forma a un mínimo código de honor y que ha estado tan tratada en el cine) de todo el mundo: el vil metal. Un dinero que es anónimo y permanece protegido por los gobiernos de esos paraísos. Y, a pesar de la desesperanza que supone confiar en que el político gobierne y no obedezca a otros estímulos crematísticos o de intereses, esperamos que salgan acuerdos que posibiliten que el mundo sea más habitable. Que se eliminen todos los paraísos fiscales y se haga translúcida toda actividad económica debería ser el verdadero asunto a tratar, porque de nada sirve poner puertas al campo si ese campo no se cerca convenientemente. Sobre esto y algunas cosas más habla el artículo que me publica hoy Ideal, y que aparece en toda sus ediciones -Granada, Almería y Jaén-, por si os apetece consultarlo en las ediciones escritas. Si es de vuestro interés el asunto, podéis acceder a él pinchando aquí.

viernes, 14 de noviembre de 2008

LA PERRA DE ALBUÑOL


De los muchos artículos que he escrito y publicado, siempre hay algunos, que por una razón u otra, se queda acomodado en algún lugar de tu mente o de tu corazón. Por diversas razones. Bien porque se escribió en un momento muy especial; bien porque a nivel personal me haya llenado más que otros; o bien, como es el caso del que ahora hablo, porque haya tenido alguna repercusión.

Resulta que es un artículo que me inspiró la mirada que le observé a una perra -o tal vez un perro- en una fotografía que acompañó a una noticia que publicó el diario Ideal. Siempre he sido muy sensible a la mirada de los perros. He tenido bastantes a lo largo de mi vida y acabé comprendiendo que los ojos, la mirada, es el vehículo de expresión de estos animales. Por eso me cautivó la mirada de esta perra -o perro- y me animé a publicar el artículo en Ideal. Pero además, el artículo circuló muy bien por Internet. Fue publicado en foros de asociaciones de animales o incluso trasladado a páginas web en las que se fomentaba el respeto y la protección animal. Incluso leí en algún lugar que me habían puesto como abogado de alguna asociación animal. Incluso lo envíe a un concurso. No lo ganó pero fue recogido en un libro que recopilaba los artículos finalistas del certámen. Por tanto, hoy me ha venido a la memoria y me apetecía mostrarlo.



LA PERRA DE ALBUÑOL


Desde un primer momento, al ver la fotografía, se me antojo que era una perra, aunque no existe ningún dato objetivo que permita sostener tal afirmación, si acaso la envoltura de la mirada y el abatimiento sostenido en las patas traseras, escondiendo el rabo entre las piernas, aunque admito que estos datos también podrían ser patrimonio genético de un perro.

La fotografía pudimos contemplarla hace unos días en este mismo diario, como imagen gráfica de la noticia que denunciaba el trato denigrante dado a unos canes en la localidad de Albuñol. La noticia es sobrecogedora, pero lo que realmente atenta contra el material de que están fabricados los sentimientos del ser humano es la mirada – sigo manteniendo – de la perra. Estremecedora la mirada casi humana, y si no fuera por los sesudos estudios zoológicos que afirman que los animales no piensan o al menos no lo hacen en los términos con que lo hacemos – en algunos casos- los humanos, me atrevería a afirmar que sus pensamientos están en la órbita de la nostalgia, la tristeza y la desolación, reflexionando apenadamente sobre lo que pudo ser y no ha sido la vida de los cachorros que yacen inertes delante de ella. Cachorros que se me antojan, a tenor de la mirada que les profesa, que eran suyos y ya no son de nadie.

Otro elemento que me subyugó de la foto es la posición sentada del animal que contempla. No existe en sus patas traseras acción alguna, más bien abatimiento, desgana y entrega. Incluso su rabo no existe. Está escondido a la manera que lo esconden los perros que se entregan a su agresor sea animal o humano. Escondido por miedo.

El gesto – definitivamente – de la perra no ofrece batalla a la esperanza y su presencia bien podría considerarse un último homenaje hacía sus cachorros. No existe odio contra nadie ni contra nada, sólo aturdimiento.

De esa foto – cuya alma ha sabido extraer la persona que fotografía y que guardaré - bien podríamos aprender los humanos, porque es una escena de duelo elegante, sin aspavientos, pero con todos los ingredientes necesarios para la tristeza. Es la imagen del dolor, sin duda.

Desconozco si los responsables municipales han solucionado el problema del sufrimiento gratuito infringido a los perros abandonados en este municipio, pero para muchos el problema ya no será otro que el de la conciencia y el recuerdo de la mirada de esa perra, ante los cuerpos sin vida de sus más que probables cachorros.

Esta escena debería de ser una lección que jamás aprendemos. Similar mirada también la hemos contemplado muchas veces en otros animales. Sin ir más lejos, en los toros. En alguna ocasión me ha parecido ver unos ojos similares – aunque más soberbios- en el animal que pocos minutos después, picado, linchado y ensangrentado, va a morir ante cientos de personas, millones si la corrida es retransmitida por televisión. Está el animal solo con su mirada y su miedo ante la efusiva alegría de millones de personas. No sabemos que podrá sentir el animal – hasta ahí no ha llegado aún la zoología-, pero sí sabemos lo que sentimos otros muchos cuando nos toca vivir en un país que hace de su fiesta nacional la lapidación y destrozo de un noble animal.

Por lo tanto, estamos en el país propicio para contemplar la escena de la fotografía y no despotricar de la condición humana.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

DE POESÍA


Hace unas pocas semanas, Jesús Lens, Alter y compañero de trotes y letras, fiel a su constante capacidad creadora, secundó "miércoles poético" virtual (al parecer propuesto por un bloguero cercano) en el que participan varios blogueros, de entre los cuales se encuentran, además de él, su precursor amigos y conocidos, como Alfa, Gregorio y Alberto Bueno, entre otros, que conozco menos, o sencillamente no conozco. Él sabe, y también algunos de vosotros, de mi querencia por la poesía, pero no me incluí en esa iniciativa por no tener la seguridad de poder contribuir cada miércoles debido a la carga laboral que últimamente conllevo. Pero hoy es miércoles y quisiera, aunque sea sólo hoy, colaborar con esa iniciativa. A punto he estado de recuperar aquella "Oda a la Supernova", que fue conocida y bastante popular en el fenecido Diario de un corredor, pero he optado por tirar de disco duro y recuperar algo de lo que tenía escrito anteriormente. Y he elegido este poema, incluido en una colección propia denominada "La urgencia de los perros", de la cual extraje en su día varios poemas y publiqué en alguna que otra revista literaria y en un libro común que encargó en su día una asociación cultural llamada "Granada Histórica", con la colaboración del Ayuntamiento de Granada y que recitamos en una mañana primaveral en el pintoresco Patio del Ayuntamiento de Granada. Por tanto, he ahí esta breve contribución:

LA TRISTEZA DE LAS FACHADAS

Nada podrá eliminar la noche

Los suburbios de la luna,

Y las casas escondidas.

Nada podrá eliminar la pobre impresión,

De las fachadas,

Ni la pobreza del alma,

Ni las mesas humildes

Donde se acumula la vida

Y los ojos.

Nada podrá delimitar lo vacuo de la vida,

De la gente,

Y llegará de nuevo la noche triste

Y la fraternidad pérdida.

Pero estarán unos ojos y un llanto

Y habrá lugares comunes entre nosotros

¿Y adonde iremos entonces,

Si la ciudad es fría?

domingo, 9 de noviembre de 2008

CUANDO EL CORRER SE TORNA EXISTENCIALISTA

Hoy toca hablar de correr. Porque se ha celebrado la prueba de fondo de Santa Fé, población populosa cercana a Granada, en la que dicen las crónicas veraces que acamparon durante días las huestes de los Reyes Católicos para el dar el último y definitivo golpe de gracia a la menguada corona del Reino de Granada, ya decadente y solitaria, que naufragaba y fenecía entre reinos cristianos.

Y allí hemos ido, con muchos amigos, a correr una prueba, en teoría, fácil. Fácil por su distancia y por su terreno. Diez kilómetros llanos transcurridos a lo largo y casi a lo ancho del pueblo.

Aún fuerte y confíado, sin planteamientos existencialistas. (Cortesía de Granada Fotos de Fondo).


Pero el correr se ha tornado existencialista. Existen determinadas actividades que realiza el ser humano a las que más vale no preguntarle su porqué. Actividades a las que es mejor no mirar a la cara y escrutarles con raciocinio porque pertenecen a otro mundo: al físico o al de las sensaciones, pero no al de la razón. Y mi principal error ha sido interrogar a este extraño ser en que se convierte un cuerpo, unas extremidades y un corazón, en misteriosa y perfecta conjunción, para llevar a cabo una actividad que no pertenece al mundo de las ideas y sí al de la acción.

Puedo jurar y perjurar que en los últimos años no he leído “La nausea” de Jean Paul Sartre, que el existencialismo no ha sido lectura de referencias en los últimos tiempos. Sí, he tenido un año nefasto desde el punto de vista atlético que se ha ido cobarde y traidor entre lesiones, baja forma y dolencias múltiples, un año que ha ido creando un poso sórdido que ha culminado en el inesperado suceso de hoy.


Dos kilómetros antes de detenerme, junto a Jesús Lens, cuando la mente aún no había dictado su veredicto, si bien ya lo estaba barruntando.(Foto cortesía de Meli).


Un corredor se detiene por lo general cuando acusa alguna lesión, alguna enfermedad o pierde la motivación por correr, pero por pocas cosas más. Y, sin embargo, esta mañana cuando transcurría el kilómetro siete y doscientos metros, aproximadamente, corriendo en ese momento a una media aproximada de 4,15 el kilómetro, la mente ejecutó una orden a todo ese conglomerado orgánico que se asocia misteriosamente para ponerse en marcha para correr: párate. Esa fue la orden. Seca, dura, exigente, sin discusión. Y todo mi ser se paró inmediatamente. Para más abundar, la mente lejos de arrepentirse durante unos segundos y emitir la orden contraria para comenzar de nuevo a correr, pareció esbozar una sonrisa, que probablemente era la que llevaba dibujada en ese momento en la cara. Un espectador preguntó en ese momento: ¿Te has lesionado? No, que va, respondí, casi alegre. Porque no había lesión alguna, al menos no había lesión física, pero sí es posible que hubiera otro tipo de lesión. Párate. Párate era la voz que reverberaba en ese momento, fría, ejecutoria, sin un atisbo de duda.

Una decisión descarnada, gélida como el metal, inexplicable como el misterio de la vida y tan transcendente para mí como pudiera ser un texto filosófico. Una decisión que te deja con la duda sobre el motivo y la razón de esa decisión salomónica.

A priori, pude encontrar una razón, mientras andaba taciturno por las solitarias calles en dirección a la zona de meta: comprobaba que no podía ir durante mucho más tiempo a 4,15 y decidí que no quería ir el resto de los tres kilómetros que restaban a 4,25. Absurda decisión, diréis muchos, sobre todo considerando que a 4,25 también habría motivos para estar satisfecho. Sin embargo, la explicación no es tan fácil. Ojala lo fuera.

La razón principal pudiera estar relacionada con aspectos de más trascendencia. Por ejemplo, haber perdido el espíritu de la competición o no saber cómo administrar esos tres últimos kilómetros. No saber el porqué de correr. Un vacío ontológico que no es fácil explicarlo fácilmente con las palabras. Sencillamente que el cuerpo y la mente conjuran en tu contra y ante eso nada puedes hacer, excepto una cosa: detenerse.

Lo que ocurrirá a partir de ahora no lo sé. No sé con exactitud si la competición ya ha acabado para mí totalmente o, si por el contrario, no es más que una etapa agotada que conlleva en su fuero interno un reinvento en la acción de correr. Como bien me decía al final, Francis Tovar, una autoridad en esto del correr: eso puede obedecer a alguna causa. Y esa causa es la que habré de buscar en los próximos días.

viernes, 7 de noviembre de 2008

+ LIBROS + LIBRES




Corría el año 1997 y yo era Concejal de Cultura de Pinos Puente, mi pueblo, así que intenté revitalizar la biblioteca municipal. Cuando llegué al Ayuntamiento ésta se encontraba en el mismo Ayuntamiento y eso me parecía violento para el ciudadano, joven o no, que se dirigiera a la misma a buscar un libro, así que aprovechando que el recinto del Teatro Municipal contaba con un edificio aledaño, no dudé en
trasladarla a aquel lugar, mucho más relacionado con la cultura, con el beneplácito de la bibliotecaria, que observando su reacción me hizo comprender que aquel cambio lo esperaba desde hacia años. De manera que fomentamos con ocasión de la nueva biblioteca una semana dedicada al libro, coincidiendo con el día del libro anual. Y el lema que elegí fue el que da título a este entrada el cual venía como reclamo en una colección literaria que estaba en por entonces comprando. Pero, ¿por qué adopté ese lema? Porque ha sido siempre lo que he pensado: si hay un libro cerca siempre me he sentido más libre, en todos los sentidos.
Si las circunstancias concretas del día a día no me ofrecen el elixir de libertad que mi mente exige intento penetrar en el mundo de los libros. O bien visito una librería o adquiero una revista dedicada a la literatura, teniendo siempre como telón de fondo las páginas de algún libro en permanente apertura. Porque nada es igual si nos enfrentamos a un texto. Porque todo está en los libros y nada escapa a ellos. Son la síntesis más perfecta del idilio de la persona con la vida. Un idilio se compone de momentos dulces y amargos como la lectura: exquisito elixir de diversas componentes.
Kafka dijo que
si un libro no produce el efecto de un martillazo en la cabeza no se trata de un buen libro. Pero también los hay que producen el efecto de un punzón en el corazón o el agrio sabor de una fruta podrida. Sin embargo, todos esos efectos no producen ningún rechazo en el buen lector, es más, le ayudan a serlo más y mejor.



Si necesitara extasiarme con el mundo podría adiestrar el arte de la observación, pero al querer ser participe de ese mundo, de sus excesos, de sus defectos, de sus virtudes, necesito leer historias o pensamientos o poesía. Todo está contenidos en los libros.
Un ejemplo muy vivo de lo manifestado se resume en el acto de adquirir el último libro. Toda esa sensación de libertad que produce buscar y encontrar un autor o una obra concreta, sabiendo que probablemente no la leerás en algún tiempo, pero que se depositará en tus anaqueles a la espera de su turno.
Un acto de libertad que al ser primigenio y personal se convierte en uno de los más auténticos que soy capaz de ejercer a lo largo de un día. Al eliminar estos actos anulamos al ser y su capacidad para seguir siéndolo.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

OBAMA, CIUDADANO AMERICANO.



Hoy, con motivo de la victoria de Barack Obama, he podido recordar algunas cosas que en los últimos años conocí a través de conversaciones directas con ciudadanos norteamericanos o amigos, familiares y conocidos que han vivido durante algún tiempo en este enorme país.
Por ejemplo, hace unos años, conocí a una pareja norteamericana, naturales de Boston, amigos d
e una vecina de mi anterior residencia. Ellos adoraban Granada y querían casarse en esta ciudad, en un carmen albaicinero. Así que mi vecina me pidió un favor muy especial: "Jose, tú que has sido concejal y tienes alguna experiencia en matrimonios civiles, ¿por qué no casas simbólicamente a mis amigos americanos?" Y yo, que adolezco de muchos defectos, siendo uno de ellos la facilidad de arrojarme a nuevos retos, le dije: "díme el día y la hora". Así que celebramos esa boda "civil" simbólica en el sín igual Carmen "Aben Humeya" del Albaicín, rodeados de muy pocos españoles y bastantes americanos. De manera que esa noche, en la cena, en los postres y en las copas, teniendo por testigo el sin par monumento nazarí, pude hablar con bastantes ciudadanos estadounidenses invitados a aquella boda, muchos de los cuales me parecieron personas excepcionales. Entre ellos había, desde trabajadores hasta profesores universitarios, pasando por policías de Chicago. Personas inteligentes, cálidas, consecuentes y muy volcadas con su patria. Personas que necesitaban trabajar y mucho para poder sobrevivir en un sociedad predadora, impositiva fiscalmente y cara como ella sóla. Y, claro, hablamos de su sociedad, de sus políticos, de su economía, de su hegemonía internacional. Cuando salí de aquel excepcional lugar, ya clareando el día, mientras bajábamos aquellas sinuosas y empinadas cuestas albaicineras pensaba en aquellas conversaciones y llegaba a la conclusión que Estados Unidos no es el país que nos pintan, ni en muchos casos tienen los políticos que merecen.
Al poco tiempo conocí a Antonio, hermano de mi vecina. Antonio llevaba años vivi
endo en Estados Unidos donde impartía clases en una Universidad del Estado de Nueva Orleans. Vivía con su pareja, un varón de aspecto inequívocamente norteamericano, de un metro noventa y ciento treinta kilos de peso, al que siempre sorprendía con una Coca-Cola en la mano y que no hablaba una palabra de español. Formaban una pareja bien avenida pero en su país, en su estado, no podían contraer matrimonio, pero en España pronto sería posible, si bien al no ser uno de ellos español y no tener su residencia en España, tampoco les iba a ser viable. Así que mi vecina volvió a abusar de nuestra amistad y me embarcó en otro "casamiento", muy excepcional en este caso ya que se trataba de una boda entre personas del mismo sexo, a meses de aprobarse en España la ley que permite el matrimonio de personas del mismo sexo, al amparo del Código Civil y el artículo 32 de la Constitución. Obviamente esa boda no tenía carácter legal, tan sólo dotada de simbolismo y valor emocional para los contrayentes y sus respectivas familias. Así que de nuevo fue protagonista el mismo carmen albaicinero y nuevamente nos vimos rodeados de ciudadanos estadounidenses con los que charlamos de manera amplía y distendida bajo la luz de aquella increíble luna de agosto granadino. Y volvimos a conocer detalles muy concretos sobre los valores sociales y políticos de aquellas nobles personas y de los desasistidos que estuvieron por la Administración Bush con motivo de la calamidad provocada por el Katrina, ya que la mayoría residían en Nueva Orleans. Conocí aquel día que el padre del novio americano, un tipo que se había hecho a sí mismo y jamás había salido de su país, abrazó durante todo el acto una sonrisa emocionada al ver cómo su hijo contraía matrimonio simbólico con otro hombre, alejándose de esa imagen retrograda que se nos ofrece sobre la norteamérica profunda, mientras su esposa no dejaba de sonreír y dispararnos fotos con sus máquina Polaroid toda la noche. Y volví a ratificarme en la idea de que los ciudadanos de ese país no son como nos los pintan. O al menos, no todos.



Hoy ha ganado Obama las elecciones a la Presidencia de Estados Unidos. Ha ganado un negro. Un negro de padre negro y madre blanca, la síntesis de la historia estadounidense del último siglo. Un país al que aún le cuesta asimilar otro color que no sea el blanco tendrá un Presidente negro y ese salto histórico se ha debido a que el 52 por ciento de los estadounidenses han depositado en él la confianza, hastiados y diezmados por la ultra liberal e inhumana política llevada a cabo por el aún Presidente electo. Se ha abierto de esa forma una nueva época en el país más importante del mundo y por tanto en todo el planeta.
Así que ha sido preciso que ocurra esto para que yo comprenda plenamente lo que ya barruntaba hace unos años mientras bajaba con Mati y mis vecinos las empinadas calles del Albaicín.

martes, 4 de noviembre de 2008

REPRESENTANTES QUE NADA REPRESENTAN


Al parecer se confirma: Sus Señorías hacen poco por ganarse el sueldo. La noticia está dando la vuelta estos días en los distintos medios de comunicación a raíz, al parecer, de un control interno que ha hecho el PP, pero era un secreto a voces.
Esta mañana veía en un diario una fotografía dantesca: una diputada hablando en el hemiciclo y, a lo sumo, siete diputados escuchando de los 350 cincuenta de los que se compone el Congreso. Triste imagen, sin duda y flaco favor a la democracia y a uno de los principales poderes del Estado: el legislativo.
El español medio tiene la convicción que diputados, senadores, concejales, parlamentarios autonómicos, presidentes de gobierno y demás especie, hacen poco o nada. Vamos, que viven del cuento y les mantenemos con nuestros impuestos. Y, claro, cuando esa idea habita en el ideario colectivo es muy difícil dar marcha atrás. Sin embargo, no siempre es bueno generalizar.
Es cierto que las sesiones plenarias de los distintos órganos colegiados, pongamos por caso el Congreso de los Diputados, es una parte más del funcionamiento de esta a Cámara -algo similar ocurre en el Senado-, pero existen otros mecanismos de funcionamiento como son las diversas comisiones, además de la Diputación Permanente, que está de "guardia" en periodos vacacionales. Y, sí, existen Señorías que se curran sus emolumentos y sus dietas, pero otros y otras no. Los que sí curran, hacen preguntas e interpelaciones, presentan mociones, ponen en aprietos al gobierno, se reunen con colectivos y ciudadanos y tienen un denominador común: tienen vocación política y de servicio público, pero ¿cuántos y cuántas hay de ésos y de ésas? Sinceramente, creo que pocos. Una gran mayoría están ahí por motivos menos prosaicos; en ocasiones porque los pone el partido para equilibrar las guerras intestinas; en otras ocasiones por asuntos relacionados con la paridad, y claro, por esos huecos se cuelan más de un golfo y más de una golfa. Personas que sin oficio ni beneficio en más ocasiones de las debidas, se agarran a las ubres públicas y aguantan hasta que les echen porque cobran más y hacen menos que en sus respectivos trabajos tediosos; además disponen de coche oficial, viajes gratis, entradas a espectáculos, comidas a cero euros, y para colmo salen en periódicos y son valorados en su pueblo como seres extraordinarios, por tanto ¿algunos de nosotros renunciaríamos a todas estas posibilidades si nuestro partido -suponiendo que lo tengamos- nos lo pidiera?. El problema es que son llamadas personas que no tienen vocación pública ni política, intrusos que ni les va ni les viene eso de representar la soberanía popular, pero ¿qué importa eso? Lo importante, como diría D.Jordi es la pela.
Pero es triste que el panorama de representantes de este tipo sea tan numeroso, lo que demuestra que contamos con un país muy dado a la vagancia institucional. Además, en publicaciones aparecidas en estos días, los altos cargos, entre los que se encuentran los diputados, deberían de no compatibilizar su función con otro tipo de trabajos, pero eso también, al parecer, se incumple en más ocasiones de las debidas. Diputados y senadores han de dedicarse en exclusiva a su función de representatividad pero son víctimas de la nostalgia y se siguen aferrando a sus antiguos puestos o despachos, algo que podemos hacer extensivo a otros ámbitos de representación institucional, ya sea local o autonómica, en los casos que estén dedicados en exclusiva a su responsabilidad pública. Y es que, es posible, que tengamos lo que nos merecemos. Insisto, ya lo dijo D.Jordi: la pela es la pela. Y España es España.

EBOOK: RELATOS Y ARTÍCULOS DE VIAJES: ROTHENBURG

Si nadie le cuenta al hipotético lector nada sobre el pueblo de Rothenburg no habrá forma de imaginarlo a pesar de haber llegado...