19 julio 2020

CINE: DÍAS SIN HUELLA (EEUU, 1945)


Me cuesta creerlo, pero hay que admitir mi error histórico: hasta hace poco no había visto Días sin huella. Será porque el cine clásico siempre está ahí, como la Alhambra: siempre podrás verla.
Y es que el cine de calidad hay que verlo, y lo antes posible, porque luego vendrán días en los que querrás volver a ver esa película e integrarla en tu vida para siempre y a más esperes menos oportunidades tendrás de volver a verla.
Y sí, Días sin huella es una de esas películas imprescindibles para comprender muchas cosas que nos ocurren a los seres humanos, por ejemplo, la enfermedad del alcohol, que no es física sino perteneciente al negociado del alma. 
Mientras la veía no dejaba de sorprenderme la desnudez inquietante de su argumento, la brillantez de lo expuesto y me decía que el cine moderno ha llegado a un punto de comercialización en el que ya es imposible que muestre estos productos. Lo muestran películas europeas, asiáticas y africanas; y alguna extraña y rara indie norteamericana, pero raramente o nunca el cine de Hollywood, y si bien esta extraordinaria película pertenece a una época ya lejana, no debemos olvidar que corría el año 1945 cuando se rodó y se trataban de otros tiempos, de otra forma de concebir el cine y la vida. De ahí que surgieran esas maravillosas películas en esa década, en la anterior y también, en parte, en la posterior. Tal vez a partir de ahí dejaron de tener cabida este tipo de películas.
Y por eso se trata de un clásico imperecedero. 
Actualmente vivimos en una época demasiado poco dada a lo politicamente incorrecto y aunque es cierto que Hollywood produce cada año películas de apariencia incorrecta las suele maquillar en comedias u otro género o subgénero que procure despistar y que se manifieste el verdadero mensaje. Sin embargo, si ves Días sin huella comprobarás que todo lo que se expone ahí es franco y dramático, opresivo si cabe. Pocas películas podrán narrar con mano firme como lo hace la película de Willy Wilder el drama del alcohol y cómo puede afectar a la vida no solo del alcohólico sino de quienes le quieren y rodean. Curiosamente, dirigida por un director muy entregado a la comedia, que ha sabido como pocos enervar el drama que conlleva esta película, que no solo aborda la adicción al alcohol, sino también el fracaso, la frustración y, sobre todo, esa falta de huella a la que cada persona debe de agarrarse cada día para seguir viviendo, ese especie de leitmotiv que permita responderse cada mañana para qué existir. La frustación en este caso atenaza a un escritor, pero nada impide que también la pueda sufrir cualquier ser viviente con un mínimo de lucidez –o ambición, nunca se sabe–, en esta experiencia errática que supone vivir cada día. 

4 comentarios:

  1. Amigo José Antonio, el arranque de la película es tremendamente espectacular. La botella colgada fuera en la ventana creo recordar....y es que Wilder es un grande. El cine negro Perdición, el de periodismo con Kirk Douglas de protagonista El gran carnaval, El apartamento....sus guiones con I.A Diarmond eran originales. En fin, nunca se había tratado el alcoholismo así, después vino otra, Días de vino y rosa....buenísima con el actor fetiche de Wilder Jack Lemmond y la estupenda Lee Remick pero dirigida por Blake Edwards. Un buen acierto en verla, y ya me ha picado el gusanillo para verla también. Un abrazo. PacoM.

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    1. Amigo Paco, Willy Wilder sabía interpretar el alma humana muy bien a través de sus películas, ya fueran comedias o dramas. Y pocas han plasmado el alcoholismo como esta. De las contemporáneas, Living Las Vegas también lo reflejó bien, pero nada que ver con Días sin huella. Días de vino y rosas, como comentas, es también muy esclarecedora sobre el drama del alcohol. Un abrazo.

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  2. Yo no soy un cinéfilo, ni mucho menos, tocayo. Pero leyéndote me dan ganas de convertirme, al menos en un cinefilillo. O al menos ens alguien que encuentre tiempo para ver películas con cierta frecuencia.

    En la película que nos ocupa. Es decir, en la película que recomiendas en tu publicación aparece un problema tan serio como el alcoholismo. Esto es, no poder pasar sin líquido tan preciado en ningún momento del día. Vicio que puede echar a perder, no sólo a la persona alcohólica, sino incluso a su entorno. En este caso la "enfermedad" afecta a un escritor. Pero, como bien dices, le puede afectar a cualquier persona. Toda persona puede caer en dicho vicio.

    Los tiempos que corren actualmente no tienen nada que ver con los tiempos de hace unos años, o de hace unas décadas. Y por tanto creo aún más interesante, si cabe, ver películas de esta época; y ver cómo hemos evolucionado en la forma de ver cosas como el vicio del alcohol.

    Publicación como esta animan, al menos a mí, me hace interesarme poco a poco, por algo como el cine.

    Ya sabes tocayo, a seguir escribiendo acerca de cosas tan importantes como el cine. Yo veré esta película cuanto pueda. No sólo por entretenimiento, sino porque es una buena forma de abordar asuntos tan "peliagudos".

    Un abrazo tocayo.

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    1. Lo imprescindible del cine clásico es que es inaugural. Todo lo hecho después bebe (nunca mejor dicho en este caso) de él. Era cine artesanal pero también muy comprometida y claro en lo que pretende contar. Has de ver esta peli tocayo. Abrazos.

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Sin tu comentario, todo esto tiene mucho menos sentido. Es cómo escribir en el desierto.