lunes, 7 de junio de 2010

VUELVO A LA MTB



Por fín, tras muchos meses de zozobra meteorológica y franca dedicación a correr, he podido hacer dos sesiones de bicicleta, que siempre aparece como si se tratara de un particular pabellón de reposo "manniano" muy necesario y útil para mis enésimas lesiones de rodilla para abajo.
Pedalear es complicado. Es duro. Es mecánico. Y entronca con un concepto del deporte muy alejado del correr, por ejemplo, porque a través del ciclismo se activa una máquina y ésta tiene sus propias leyes.
Obviamente, se avanza mucho más deprisa y los caminos, carreteras, senderos que vas atravesando tienen una urgencia superior a cuando los atraviesas corriendo. Y a los hechos me remito.
El sábado, por ejemplo, elegí hacer una ruta similar -aunque más larga- a la que suelo hacer por la Vega de Fuente Vaqueros e intentaba buscar algún parangón entre las sensaciones de atravesar esos caminos de Vega cuando voy corriendo o voy en bicicleta. Pero hay que decir que las sensaciones son distintas, es más, parecieran rutas distintas.
Igualmente el domingo por la tarde buscaba esas similitudes por una ruta idéntica a la que hago corriendo: la ruta que une Pinos Puente con el Pantano del Cubillas, para regresar de nuevo a la localidad granadina. E igualmente, nada parece igual.
Observo que las piernas no están tan habituadas a subir cuestas en bicicleta como sí lo están para subirlas corriendo: en bici sufro mucho más las subidas, probablemente por la falta de costumbre.
Pero sí observo que la resistencia aeróbica conseguida corriendo es totalmente útil para la bicicleta. Lo comprobé cuando en una recta, un ciclista que también iba en MTB, me adelantó con facilidad, mucho más acostumbrado a pedalear que yo, sin duda; sin embargo, unos metros más adelante, en una cuesta de 400 metros no tuve problemas para superarle. Comprobé que su pedaleo no era suficiente para subir a buen ritmo. Sin embargo, mi torpe pedaleo se compensó con mi mayor resistencia aeróbica.

5 comentarios:

Sin tu comentario, todo esto tiene mucho menos sentido. Es cómo escribir en el desierto.

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Si nadie le cuenta al hipotético lector nada sobre el pueblo de Rothenburg no habrá forma de imaginarlo a pesar de haber llegado...