lunes, 28 de junio de 2010

DE ANIMALES, DE RUTAS Y OTROS ASUNTOS


Finalmente, como dije, no tuve la desgracia de que ningún ofidio se cruzara en mi camino como sí le ocurrió a mi amigo Paco.
Pero sí se cruzo una ardilla por el poblado bosque de pinos que rodea el Pantano del Cubillas camino de Caparacena, circunstancia ésta muy curiosa que jamás había presenciado, a pesar de las decenas de ocasiones en las que he hecho esa ruta.


Por suerte hasta ahora en todas las rutas que he hecho corriendo he tenido la dicha de encontrarme con animales agradables a excepción de aquel perro peluche salvaje que me cerraba el paso a la entrada de Caparacena, incluyendo entre esos agradables animales a aquel bulldog francés que a pesar de su cara de pocos amigos y sus colmillos asomándole por encima de su labio superior, optó, ante mi asombro, por efectuar graciosos saltitos jugetones a mi alrededor.
En otra ocasión, subiendo al Torreón se cruzaron dos libres, animal bello donde los haya, dada su presteza en avanzar y su lado salvaje, que apenas recuerda a nuestro conejo común. Aunque ni recordar quiero a aquella rata negruzca de acequía que, quizá, más asustada que yo una tarde de verano por la Vega corría con aspavientos en mi misma dirección, temiendo seriamente ser mordido por el roedor.


La ruta de veinte kilómetros en bicicleta del sábado a mediodía me dejó unas sensaciones magníficas. Una ruta exenta de cuestas duras y en la que me congracie de manera importante con los pedales. Con una bicicleta que cambiaba las marchas de manera milimétrica cuando accionaba la palanca de cambios y unos neumáticos que se defendían de manera resuelta ante los duros baches de los caminos.
Normalmente cuando no supero los 30 kilómetros de recorrido en bicicleta me siento cómodo, pero comienzo a tener problemas de resistencia cuando supero los 40 kilómetros. En las primeras salidas del verano pasado solía hacer rutas cercanas a los 50 kilómetros, y a pesar de ir bien a nivel aeróbico, que es la herencia que ofrece el correr, el pedaleo cada vez era menos armónico. Por tanto, la mejor opción es no superar la treintena y esperar la mejora poco a poco.
De ahí que en la tarde de ayer domingo me sintiera con fuerzas para hacer 12 kilómetros corriendo. En principio, con dos claros riesgos en mi contra: uno, el rodaje por encima de los nueve kilómetros tras el parón por lesión que pudiera hacer resentir el problema muscular; dos, la hora de la salida, que bien podría considerarse "la hora de los ofidios". Por suerte, esos dos riesgos pasaron a la historia sin salir a escena.
Efectivamente, decidí salir a las 18,30, con casi 33 grados de temperatura. Opté por hacer la ruta de Fuente Vaqueros, sabiendo que de necesitarlo allí encontraría una buena fuente de agua para refrescarme (no en vano Fuente Vaqueros siempre ha sido el pueblo del agua). Y así fue. Gracias a esa hidratación en el séptimo kilómetro de la ruta pude afrontar con garantías los cinco kilómetros restantes ante un sol plomizo y veraniego. Por suerte, en los últimos tres kilómetros una nube amplia ocultó el sol y dejó que por los cuatro puntos cardinales de la Vega se iniciara un agradable viento fresco. No obstante, las pulsaciones se dispararon muy por encima de lo habitual en esta ruta debido a dos causas principales: la falta de rodaje y el abundante calor.

5 comentarios:

  1. La bici, sin mucho entrenamiento específico, destroza. Sobre todo, si tienes al viento como enemigo.

    Anda que no.

    A mí me dan repelús las culebrillas, por chicas que sean!!!!

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. Hola José Antonio:
    Ya veo los entrenos en bici pese al calor sofocante del verano que comienza. A mi, una vez, me mordió un pastor alemán, y llevo una buena señal por encima del tobillo.
    Cuidado con los animales!
    Saludos

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  4. Sin embargo, Álter, estarás conmigo en que más fundidos nos sentimos con la naturaleza a medida que vemos bichos más raros. Un lujo.

    Ramón, ya sabes a cuidarte de tu lesión. En tres semanas estás a punto.
    Lo peor de los perros, me temo que son sus amos.

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  5. Amigo, a los que acostumbramos correr por el campo, es raro que no tengamos aventuras con los animales. Yo desde Javalíes, pasando por lagartos ocelados y zorros...Un abrazo

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Sin tu comentario, todo esto tiene mucho menos sentido. Es cómo escribir en el desierto.

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