domingo, 24 de junio de 2018

RELATO DE VIAJE: BARCELONA (LIBRO: RELATOS Y ARTÍCULOS DE VIAJES. AMAZON)


Barcelona es una ciudad predispuesta para la literatura. Lo venía a decir un lector del blog del viajero, Adán, desde Chile, en un comentario anterior a raíz de un artículo publicado por el viajero en la revista granadina Garnata —ya desaparecida— sobre las ciudades literarias (el cual podrá leer el atento lector en el apartado de artículos de viajes en este mismo libro). Y, precisamente, el viajero venía de visitar esta ciudad en estos días y corroboraba ese hecho que ya había observado con la lectura, no solo en los últimos bestseller de dos narradores catalanes: Carlos Ruiz Zafón e Ildefonso Falcones, sino en esa novela que narra lo que marca un antes y un después de esa Barcelona universal y diversa, que no es otra que la excelente La ciudad de los prodigios del inagotable Eduardo Mendoza. Además, el premio Nobel de literatura, Vargas Llosa, se siente un catalán más porque hizo de Barcelona uno de sus refugios escribidores. Por tanto, mucho de literario ha de tener esta ciudad para que confluyan tantos autores y acontecimientos relacionados con los libros.
Barcelona —igual que ocurre con Madrid—, es una ciudad que se transforma en varias. Porque existen varias ciudades superestructuradas de forma independiente, aunque, al mismo tiempo, conectadas de una forma u otra. La Barcelona futbolera que habita y respira en torno a ese equipo de sueños infinitos nada tendrá en común con esa Barcelona golfa y babélica del Raval; y la medieval presencia del Barrio Gótico y el Born, con la simbólica irrupción de Santa María del Mar que tan amplia e irregular novela inspiró a Ildefonso Falcones, probablemente jamás se den la mano con la Barcelona moderna, próspera y rica de la Diagonal o del entorno de esos edificios vanguardistas simbolizados por la torre Agbar; o, tal vez, esa variopinta y heterogénea mezcla que representa esa montaña (también mágica) de Montjuic que alberga tanto una espléndida muestra de pintura y escultura románica y gótica contenida en su Museo Nacional de Arte de Cataluña como la majestuosidad de su mediático Estadio Olímpico. Todo es inacabable e inabordable en esta ciudad, símbolo del catalanismo.
Esas superestructuras que se contienen en una misma ciudad, lógicamente, dan mucho juego para hacer literatura, porque las ciudades literarias no se nutren solo de calles y plaza pintorescas, históricas o artísticas sino de la variedad que conforman sus gentes y sus relaciones, que son los elementos necesarios que pueden elevar a categoría literaria a una ciudad. Y en todo eso Barcelona —como para muchos en el fútbol— gana por goleada.
El viajero ha comprendido que Barcelona va siempre un paso por delante. Eso es muy evidente cuando se pasea por ella. Porque pocas ciudades ofrecen una modernidad tan avanzada como la Ciudad Condal dentro del territorio español; una modernidad que conecta sobremanera con lo más selecto de las ciudades europeas de nuestro entorno.
Locales dedicados al ocio, revestidos de un diseño desconocido por estos lares, comercios diseñados de la manera más vanguardista, gente vestida de la forma más variopinta que pasea por esa infinita riada de personas llegadas de todo el mundo que son sus Ramblas o un mercado antiguo, como el de La Boquería, transformado en un lugar en el que los productos delicatessen se mezclan con los más tradicionales. Todo es posible en esta Barcelona de principios del siglo XXI, en la que el viajero se ha sentido muy a gusto en las vísperas navideñas, que es cuando la ha visitado.

1 comentario:

  1. Me gusta mucho Barcelona, espero poder visitarlo algun dia
    Gracias por todos tus consejos.
    Un saludo

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Sin tu comentario, todo esto tiene mucho menos sentido. Es cómo escribir en el desierto.

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