viernes, 6 de octubre de 2017

ESTADO, NACIONALISMO Y “MARCA ESPAÑA”

ESTADO, NACIONALISMO Y “MARCA ESPAÑA”


                                                                                        

Resultado de imagen de MARCA ESPAÑAA actor Dani Rovira le ha caído encima toda la rabia carpetovetónica de este desigual país por decir que “pertenecer a un país donde se celebra la tauromaquia da vergüenza”, opinión que, desde luego, comparto. Ni siquiera ha comentado que le avergüenza ser español, sino uno de los múltiples aspectos de este país, tan lleno de contrastes. No lo sé, probablemente se deba a todo ese sentimiento españolista que se está dando como reacción a la pretendida independencia de Cataluña, pero lo cierto es que se aprecia —sobre todo en las redes sociales y en determinados tertulianos— un ambiente reaccionario, casi como queriendo volver a lo que fue este país antes de los Tercios de Flandes. Es decir, todo lo que suene a antiespañol, sin que necesariamente lo sea, provoca una profunda ira en un determinado sector de la población, que entiende que este tipo de opiniones atentan contra el Estado, confundido la parte con el todo. Sin embargo, no es conveniente confundir una opinión con la afrenta a un sentimiento concreto y mucho menos a una construcción teórica o doctrinal. La definición de lo que significa un estado no es nada fácil, mucho menos lo que significa nacionalismo. Para ejemplo, las dificultades que encuentra la propia Real Academia Española (RAE) cuando intenta concretar el concepto estado. De hecho, hace uso nada menos que de cuatro acepciones. En la quinta establece: “País soberano, reconocido como tal en el orden internacional, asentado en un territorio determinado y dotado de órganos de gobierno propios.” Incluso admite en su octava acepción que: “En ciertos países organizados como federación, cada uno de los territorios autónomos que la componen”.  Y no menos dificultades encuentra cuando intenta enunciar el concepto nacionalismo, a pesar de que para este término tan solo utilice dos acepciones. En la primera concreta que es un “Sentimiento fervoroso de pertenencia a una nación y de identificación con su realidad y con su historia”. Por su parte en la segunda concluye que se trata de una “Ideología de un pueblo que, afirmando su naturaleza de nación, aspira a constituirse como Estado”.  Como vemos, tan solo dos acepciones, pero harto complejas, mucho más si las ponemos en relación con las dadas para el concepto estado. Es decir, que estamos ante asuntos muy complejos, usados con demasiada frivolidad y ligereza en la mayoría de los casos. Una frivolidad y ligereza que conducen a la incomprensión y animadversión hacia comentarios como los del actor malagueño. Porque si hablamos de estado y nacionalismo, nos estamos refiriendo a construcciones teóricas, a contenidos políticos y jurídicos, los cuales están sujetos a crítica y susceptibles de ser opinados. Decir que a uno le avergüenza de su país una u otra cosa no es más que mostrar una opinión legítima, ya se trate de la tauromaquia o de la corrupción, y nada tendrá que ver eso con un sentimiento de querencia hacia el país en el que se nace o se reside, del cual se valorarán otras virtudes y cosas. Y, por supuesto, mucho menos tendrá que ver con sentirse más o menos español. Pero ocurre que existen determinados conceptos que van muy unidos a la, digamos, “Marca España”, y uno de ellos es la tauromaquia, algo que a estas alturas nadie debería de considerar serio. España es un país muy diverso y dinámico, en el que tienen cabida múltiples manifestaciones y sentimientos, sin que sea acertado adscribir nada en concreto a su pretendida “marca”, que no es más que una construcción política (e, incluso, comercial) interesada, en mi opinión. Porque si fuera válida la tauromaquia como “marca” de España, también deberíamos de admitir la corrupción, por poner tan solo un ejemplo. 
            En ese sentido hay un caso que siempre me llama la atención, como es la vinculación entre el flamenco y tauromaquia, que no es más que otra conexión un tanto maltrecha e interesada, hasta que un buen día aparecen flamencos y cantaores jóvenes como el conocido como “El niño de Elche”, que es un enorme cantaor en opinión de los críticos, con premios en su haber, y al mismo tiempo es totalmente contrario a la tauromaquia y al maltrato animal. Por tanto, cuando nos referimos a arquetipos todo debe de estar en entredicho, concepto que, volviendo de nuevo a la RAE, necesita de cinco acepciones, cada cual más compleja y difícil de interpretar.      


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