domingo, 27 de septiembre de 2009

LONDRES: UNA VISIÓN



A pesar de estar situada en el mismo continente, compartir una idea occidental del mundo y no existir excesiva distancia, a pesar de la globalización que casi todo lo está igualando, Reino Unido y España son distintas. Pero no sólo Reino Unido es distinta a España, lo es en general a los demás países. Es algo que para nada es fortuito. De hecho, sostengo que esos elementos de distinción con el resto del mundo se quieren seguir fomentando desde la antigua y pérfida Albión.
Cuando paseas por las calles de Londres, visitas sus parques, sus museos, sus edificios icónicos, comprendes que los habitantes de este gran país, crisol de diversos sentimientos nacionalistas, quieren ser distintos.
Obviamente, comprenden que sus tradiciones, su moneda propia, su empeño en conducir al contrario que el resto del mundo, sus exclusivos taxis y autobuses, sus museos, comprenden, decía, que todos esos valores cada vez se están convirtiendo más en símbolos turísticos que en señas propias de identidad, pero aún así ningún británico estaría dispuesto a admitir que eso es así, a pesar de que desde fuera, quienes les visitamos, cada vez contemplamos con más claridad que hasta su monarquía es más un elemento publicitario tradicional que una institución que atesora más de 1000 años ininterrumplidos a excepción de los doce años de republicanismo liderados por Cromwell, cuya altiva estatua preside una de las principales entradas a "The Houses of Parliament", que alberga las cámaras de los Lores y Comunes, órganos legislativos de Reino Unido. No pude evitar establecer una correlación con la hipotética presencia de una estatua de mi admirado Manuel Azaña en la entrada al Congreso de los Diputados o al Senado de España. Esa quizá sea una de las grandezas democráticas que ostenta Reino Unido.
Pero nos atrae Reino Unido a pesar de sus diferencias; o tal vez por eso mismo.
Todos los países de este mundo pueden -y deben- de aprender de todos los países de este mundo. Parecerá la frase una cacofonía, pero tiene pleno sentido. Por ejemplo, nuestro país es admirado por nuestro sol, nuestra forma de vida más distendida, por nuestras playas y, probablemente, por la capacidad de aunar voluntades democráticas tras una dictadura larga y tediosa. Además, también se valora la modernidad de nuestras ciudades y la última puesta en escena de deportistas, artistas e intelectuales. Pero, obviamente, carecemos de otras cosas que, particularmente yo envidio de otros países. Pero para Reino Unido el devenir de los nuevos tiempos, cuando la tradición ya casi no se mantiene por si sola, cuando las cosas ya no son lo que eran, una sociedad antigua, curtida y miles de vericuetos históricos, decía, que para este país ese devenir significa sacar el cuello y salir a flote, llamando indistintamente tradición o turismo a las cosas que atesoran ¿ No lo hacemos también en España? Si aquellos lugares que eran exclusivos ya se han convertido en comunes por mor de esa globalización, de la influencia de Internet o por la fiebre viajera, ya no tiene sentido otra cosa que seguir haciendo de la tradición, de las costumbres, una suerte de nuevas formas de mostrar al mundo de lo que disponemos, de lo que detenta cada sociedad. Y eso es algo que te confunde sobremanera cuando pisas tierras británicas.
De hecho, cada nación vende mejor aquello por lo que se le conoce y valora.
De Alemania valoro la constancia y la seriedad profesional genérica - y obviamente no estoy diciendo que aquí no se posea-, y de Reino Unido me complace su puntualidad y educación.
Obviamente hablamos de valores generales. Valores que sospechas se quieren seguir detentando, al menos como titulares que resumen una sociedad o una cultura, que otra cosa distinta es la puesta en escena, que en el día a día es muy similar en casi todas partes, porque en casi todas partes compartimos cuatro o cinco cosas comunes que nos atañen.
En Londres he observado que se respeta al individuo por el simple hecho de serlo, sin que eso forme parte de ninguna atracción turística. Es una esencia propia. Con ello no me estoy refiriendo al trato que puedan dispensar las instituciones británicas al individuo, si bien de éstas se extrae la esencia más primigenia de esa forma de entender la convivencia. En un país de nuevos ricos como es España todo al que se le cruce la oportunidad se lanza al abordaje y gestiona la corruptela amparándose en una forma de hacer política. Y eso es lo que vende al electorado. Sin embargo, en Reino Unido esa etapa -si es que la sufrieron- la tienen más que superada. Es una sociedad democrática antigua y mil años de esa forma de entender las instituciones y la convivencia dejan un poso que se convierte en tradición y ésta en orgullo. No diré que no existan casos de corrupción, pero los niveles de ésta son tan públicos, perseguidos y de bajo nivel que cualquier chorizada de cualquier concejalillo de urbanismo de España sonrojaría al mayor corruptor de esta sociedad tan avanzada. De hecho, no hace muchos meses salió a la luz pública las chorizadas de conservadores y laboristas desviando fondos para su avío personal y cómo en pocos días todo fue restituido y disculpado, al tiempo que proliferaron las dimisiones.
Pero cuando hablaba de educación me refería básicamente a las relaciones entre las personas, a las relaciones ciudadanas existentes en el día a día. Existe respeto y, por lo tanto, existe educación, valores ambos que no son tan frecuentes en España, a pesar de que la ciudadanía en esta megaciudad se mueve a una rapidez impresionante. Una rapidez que difícilmente hace presagiar buenos modales. Pero éstos están presente en todo momento, incluida la increíble limpieza de sus calles, estaciones, plazas y parques. No en vano la limpieza es una de las exteriorizaciones más palpables de buena educación ¿Verdad?
Sin embargo, esos buenos modales no impiden rigurosidad cuando es necesario. Y esa rigurosidad es muy patente en las horas de clausura de museos, comercios y demás lugares abiertos al público. En esos momentos un no significa no, algo extraño para quienes venimos de lugares en los que un no, en ocasiones, dependiendo de amigismo, influencia u otros atributos, se puede convertir en un sí. Ese contraste siempre lo va a percibir un ciudadano con sangre latina. Y esa actitud es algo que te traes en la maleta, que te deja muy buen sabor de boca, a pesar de la incomprensión y enojo inicial (lo dice quien casi sufrió un portazo en las narices en el British Museum, a lo que como buen británico respondí con un I' m sorry).
Reino Unido quiere seguir viviendo de sus símbolos, aquellos que un día fueron la bandera que ondeaba en medio mundo. Tal vez por eso, existe una importante apego a la monarquía, institución consolidada que nada tiene que vez con la mucho más advenediza y oportunista monarquía española.
Con ello no estoy valorando la monarquía británica, nada más lejos de mi intención y sentimiento republicano, pero cuando estás allí y hablas con la gente comprendes que esta institución está en la base de la formación de este país, aunque quizá por ese mismo motivo, y tal como nos informó la guía que nos condujo por las cámaras de los Lores y de los Comunes, la monarquía es aceptada por los británicos, aunque no toleran bien que ejerza un poder excesivo. Existe, por tanto, un perfecto equilibrio institucional, que lleva más de 1000 años funcionando. Nada que ver con las diversas monarquías hispanas y la pléyade de monarcas corruptos que han desvalijado España.
En cuanto al misticismo futbolero que todos conocemos, no es necesario visitar Reino Unido para comprender que es un país volcado en el fútbol en general y en su Premier League en particular. Pero si visitas una clásica taberna inglesa y pides una pinta de Guinnes o London Praide mientras retransmiten un partido de la liga inglesa entiendes que también el fútbol es inherente a sus raíces, algo que comprendes cuando te cuentan que la mayoría de los equipos que actualmente encandilan a millones de aficionados datan de finales del siglo XIX. Comprendes por tanto por qué una megaciudad como Londrés posea cuatro equipos en la Premier -Arsenal, Tothenhan, Fhulan y Chelsea- y otros tantos en la Segunda y Tercera División. Londres respira fútbol por sus poros, como lo hace todo el país. Pero es lógico, si consideramos que los casi 15 millones de habitantes que tiene Londres y su área metropolitana suponen prácticamente el doble de la población de Andalucía, si bien concentrados en no tan vasto territorio como el andaluz. Y eso a la fuerza tiene que definir y moldear el carácter.
En cuanto a su mediático transporte en Londres tiene una doble vertiente mítica: en primer lugar por su tradición y en segundo por tratarse de una megápolis. Hay que tener en cuenta que lo que se denomina el Gran Londres, que cuenta con 33 distristos, posee casi ocho millones de habitantes y es en esa amplia zona en la que se desarrolla gran parte del trajín diario. Pero es que además, el área urbana suma casi un millón y medio más y el área metropolitana otros cinco millones de habitantes más aproximádamente. Por tanto, con estas cifras mareantes no es difícil hacerse una idea del volumen de transporte existente, compuesto por metro, taxi, autobús y distintas líneas de trenes, además de transbordadores que atraviesan de un lado a otro el Thamesis. Y, lógicamente, no podemos olvidar los cinco aeropuertos internacionales, si bien no todos con el mismo nivel de ocupación, desde luego. Por suerte, nuestro vuelo se dirigió a Gatwick (por cierto, gestionado actualmente por una empresa española), el segundo en importancia tras Heathrow, y que "sólo" gestiona 36 millones de usuarios al año.
¿ Y qué decir de los símbolos de transporte de pasajeros de la capital del Imperio ? Hay que ir por partes.
El omnipresente taxi de marca muy británica, Austin, de color negro y en menor medida gris y burdeos siempre estará presente en la retina del viajero. No habrá calle, por pequeña que sea, que no sea cruzada por el típico taxi londinense, conducidos por tipos que necesitan tres años de estudio para mostrar su nivel callejero, de ahí que dirigirse a un taxista inglés dista mucho de la forma de dirigirse a un taxista hispano. Seguramente, quieren mostrar a los cuatro vientos que ellos tuvieron que hacer un complejo examen para obtener su licencia. A la par están los famosos autobuses de dos plantas, que no son todos los que circulan por Londres. De entre éstos, el viajero no debería de perder la oportunidad de subir a una segunda planta de uno de los más clásicos. Y en tercer lugar está el caótico metro, con un sistema de organización muy particular. Un metro obsoleto, necesitado de reformas y que durante el fin de semana suspende líneas y cierra estaciones. Pero eso sí lo comunican insistentemente por megafonía y letreros.
Un conocido me pregunto por Londres, y le respondí que a algunas ciudades puedes ir o no ir, pero hay determinadas ciudades a las que hay que ir como una obligación inherente a la existencia. Seguramente a lo largo de la corta vida de una persona, habrá un puñado de libros que hay que leer (por poner unos cuantos ejemplos, El Quijote, La Iliada y la Odisea, la Biblia), igual que existirán algunas películas que hay ver (Blade runner, Qué bello es vivir, La diligencia, Río Bravo, Ciudadano Kane, no sé...), y algunas ciudades que hay que ver. Y , entre ellas, sospecho que está Londres.

martes, 22 de septiembre de 2009

LAS MEDIDAS ANUNCIADAS POR ZAPATERO


Caricatura debida a Juanjo Barón

No voy a criticar a Zapatero en esta entrada. Ya es suficiente con los mensajes anti-aislamiento de su propio partido y las críticas no a todo del PP, pero sí sería interesante analizar y criticar entre todos sus últimas medidas, si es que se pueden denominar de tal forma. Veamos.
De un tiempo a esta parte pareciera que sus medidas anti-crisis son más producto de la improvisación que de una agenda política bien amueblada. Es más, a sus propios miembros de gabinete se les ve intentando coger al vuelo las nuevas ocurrencias de su Presidente y no ha faltado el comentario de algún ministro sugiriendo que determinadas medidas circunscritas a su departamento las ha conocido a través de los medios de comunicación (es lo que vino a decir el Ministro de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho). Luego, todo parece indicar que existe cierta improvisación, algo que el propio diario El País, cercano siempre a la causa socialista, también viene denunciando en las últimas fechas.
El Presidente Zapatero -al que le otorgo buena voluntad- está comentando últimamente en todos los foros y por todos los pasillos que es necesario que los ricos paguen más impuestos para que los más pobres salgan de la penuria económica en la que se encuentran sumergidos. Está tratando de elevar a categoría absoluta determinadas categorías que no son fáciles de descifrar. En primer lugar habría que delimitar quiénes son los ricos y, por su parte, quiénes son los pobres. Y llegados a ese punto he de reconocer que me pierdo ¿Es rico quien gana 60.000 € al año, declarando a Hacienda hasta la última de las antiguas pesetas? Por su parte: ¿es pobre quien declara a Hacienda 12.000 €, declarando tan sólo una pequeña parte de lo que ingresa anualmente? No digo que esos sean los casos más usuales, pero tenemos que tener en cuenta que el concepto rico-pobre lo obtiene Hacienda de la declaración anual que se realiza en el Impuesto de la Renta de las Personas Físicas, en el caso de rendimientos derivados del trabajo. Cuando se trata de Patrimonio, los datos son practicamente inexistentes porque es un Impuesto que apenas se aplica en España, y si se trata de rentas de sociedades, vía Impuesto sobre Sociedades habría que hacer muchas categorías en función de qué tipo de empresa se trate. Por tanto, tratándose del asunto estrella que ha salido a la luz mediática, es decir, las rentas del trabajo, no es fácil establecer divisiones.
Pero es que además, suponiendo que los datos entregados a Hacienda coincidan con la realidad de los ingresos de cada Renta de trabajo, el concepto de rico-pobre tampoco es fácil determinarlo.
Lógicamente en el asunto relacionado con las medidas sociales, la idea que tengamos unos u otros de tales medidas dependerá mucho del concepto ideológico que poseamos sobre el papel más intervencionista o menos intervencionista del Estado. Me mojo y pongo un ejemplo: el cheque bebé. Afirmar, como afirma Zapatero, que está justificada su existencia porque es una medida social, me parece casi surrealista. En primer lugar, un Estado social como es el nuestro, de acuerdo con lo que proclama el artículo 2 de la Constitución de 1978, ha de procurar que el poder público apoye a las personas - esos de las familias me parece interesado- para que puedan llevar a cabo sus actividades sin obstáculos paralizantes. Los padres y madres trabajadores, por el hecho de serlo poco solucionarán en el día a día con los 2500 € que obtienen por cada nacimiento si posteriormente no encuentran facilidades para poder simultanear trabajo y cuidado de los hijos. Es más, esos 2500 € no pueden se otra cosa que una medida electoralista porque, en particular, me parece descabellado que se esté dando ese dinero de los impuestos de todos por el hecho de tener un hijo sin otros ponderables a tener en cuenta como pueda ser la renta, por ejemplo. Resulta obsceno y repugnante escuchar a determinadas mamis y papis decir que con ese dinero se van a comprar un televisor de plasma de 52 pulgadas o costearse una semana de esquí en los Alpes Suizos -son dos casos reales- Luego, ¿se trata ésta de una medida social en todos los casos? Rotundamente no. Por otra parte, la obtención de ese dinero está fomentando un buen número de nacimientos no planificados de deteminadas capas sociales, algo que yo critico abiertamente sea factible hacer con nuestros impuestos (conozco el testimonio real de un trabajador, inmigrante hispanoaméricano, que tras tener el séptimo hijo pretendía ir defendiéndose con esos 2.500 €).
En otro orden de cosas, otra "inteligente" medida es la subida del IVA, que lógicamente provocará que los productos que consumimos sean más caros y que, por tanto, caiga más todavía el consumo, que actualmente está por los suelos. Ante ese tipo de medidas no cabe más remedio que preguntarse sobre qué tipo de personas están manejando esta nave a la deriva que es España.
En mi opinión el partido gobernante ha errado profundamente. Por mor de buscar un buen colchón electoral en determinadas capas sociales, incluidos los inmigrantes (yo siempre he defendido que el gasto social es más elevado en este sector que la riqueza que aportan. Podría ser de otra manera, pero lo triste y lamentable es que la mayoría están instalados -no por culpa de ellos- en la economía sumergida), ha tirado la casa por la ventana. Intenta contentar a quienes creen serán quienes les de su voto en 2012 y no ha reparado que eso ha supuesto enormes gastos en determinadas políticas públicas, hasta el punto que se les ha ido de la mano ese excesivo gasto. Además, la Administración Zapatero está cometiendo un gran error: se ha olvidado de las clases medias, que son las que en realidad sostienen vía impuestos gran parte del presupuesto público. Es más, las medidas dictadas siempre ha perjudicado a las clases medias que en un país desarrollado como España representa un elevado porcentaje de personas, todas ellas contribuyentes. Unido a eso ha caído el ingreso de todas las Administraciones Públicas por el frenazo del ladrillo. Así que de aquellos barros estos lodos, estando el Estado actualmente en bancarrota prácticamente. Lo advirtió Solbes y fue cesado (ahora ya ha dejado la política definitivamente) y lo advierten los más influyentes estudios económicos públicos y privados, nacionales e internacionales. Pero parece que Zapatero a nadie escucha y quienes les acompañan no son otra cosa que comparsas hechas a su medida (escuchar a Chaves cuando defiende estas medidas puede ser uno de los mejores programas de humor del momento. Que no lo pregunten, principalmente, a los andaluces). Y de ahí la soledad del Presidente, que busca regocijo y si es posible glamour en sus encuentros internacionales rodeado de los líderes del momento.
Sin embargo, estoy muy interesado y francamente a favor de otras medidas, distintas a las económicas (por ejemplo la prohibición de fumar en todos los lugares públicos), de nuestro Presidente, que serán comentadas en otra entrada.
Esta es mi opinión, que obviamente no más que eso ¿Qué opináis vosotros-as?

domingo, 20 de septiembre de 2009

POR FIN, CAMPEONES DE EUROPA

Increíble. España, actual campeona del mundo y subcampeona olímpica, ha arrasado en el Eurobasket de Polonia. Porque no se trata tan sólo de ganar, se trata de arrasar.
Aquella selección que guardábamos en la retina, que se hundía ante la antigua Yugoslavia, que no sabía ganar a Italia en las finales, que se descomponía ante Francia o Rusia, ahora no tiene rival en Europa.
Y, desde luego, no se trata de una frase hecha. No tiene rival porque solventa sus finales con más de veinte puntos de diferencia y eso en baloncesto es mucho margen.
Pero, es que además se trata de un grupo de amigos. Como decía tras el partido Pau Gasol, un grupo repleto de humanidad, que se divierte jugando. Afables como ellos solos en el trato personal -ya podrían aprender sus primos hermanos, los futbolistas siempre tan por encima-, se transforman cuando salen a la cancha, hasta el punto de poder presenciar el autentico temor que producen en sus rivales, los cuales se descomponen cuando comienzan a entrar las canastas desde todos los francos de la cancha.
A Pau Gasol sólo ha sido posible detenerlo en zona con una lluvia de faltas personales y Felipe Reyes se ha convertido en dueño y señor de los rebotes. Pero es que además, uno de los históricos puntos flacos del baloncesto español ha funcionado: los triples.
La selección española actual está haciendo historia. No es fácil que confluyan tan completos jugadores en un periodo histórico corto. Lo importante será que el trabajo de la cantera se esté llevando a cabo con seriedad. Imagino que sí, a tenor de la puesta en escena de Ricky Rubio (su baloncesto es de otra galaxia) .
Definitivamente hay que decirlo: el único rival que puede frenar a España está al otro lado del charco, ese que, como bien dice Andrés Gómez, todos tenemos en la cabeza.

jueves, 10 de septiembre de 2009

PABELLÓN DE REPOSO

Cuando Hans Castorp visita de forma - en apariencia - efímera a su primo Joachim Ziemssen, alojado en el Sanatorio Berghof, en un lugar recóndito de los Alpes suizos, en absoluto alberga en su mente la más remota posibilidad de quedarse allí más de los días necesarios para que esa visita mantenga la frontera necesaria entre la persona enferma y la persona sana. Es más, la supremacía del sano se dibuja inmediatamente en el rostro del joven Castorp, al que aguardan grandes oportunidades en el mundo de los sanos y sólo le depararía pesimismo y frustración el mundo de los enfermos, existente en ese pabellón de reposo.

El escritor alemán Tomas Mann.

Pero la vida no es siempre como la concebimos sobre el papel. De hecho la frontera entre el enfermo real y el imaginario es mucho menos robusta de lo que imaginamos.
Aficionado como soy a la literatura y la estrecha relación que siempre establezco entre ésta y nuestro deporte del correr, no he tenido más remedio que acordarme de esa excelente novela de Tomas Mann para buscar una correlación entre ese frontera que hay entre lo real y lo imaginario, aplicado a nuestro mal: las siempre temidas lesiones.
He leído atentamente vuestros comentarios de las últimas entradas y he establecido una enorme cohesión entre ellos y la obra a la que aludo.
Por ejemplo, Paco Montoro lleva desde principio de año aquejado de una lesión en el isquiotibial derecho, que seguro comenzó para él como una simple molestia hasta que uno se da cuenta que es mucho más que eso. En mi misma línea actual, Paco de "Devorando kilómetros", se encuentra aquejado de ese maldito talón de Aquiles que es para nosotros los corredores como un ogro que nos atrapa y a veces hasta nos devora. Igualmente, Alejandro, ciclista y corredor a tiempo compartido, no encuentra aún cura para su rodilla. Y, obviamente, quien estosuscribe, aquejado durante algunos periodos de pequeñas microroturas, ahora sí puede hablar de una lesión importante en el talón de Aquiles izquierdo.
A todo esto, Mario, siempre conciso y acertado, como miembro del mundo de los sanos comentó con razón que es peor la lesión mental que la física. Y, precisamente, esa frase fue la que me trajo "La montaña mágica" a la mente.
Si Castorp bajo ningún concepto deseaba mezclarse con aquella gente aquejada de problemas respiratorios, el destino que se interpuso ante él consiguió albergarle el beneficio de la duda, sin que poco a poco le fuera importando postrarse ante una enfermedad que en principio no padecía, por mor de buscar otros apetitos culinarios, intelectuales y amorosos. Otra forma de vida que le cautivaba allí arriba.
Y me pregunto yo ahora ¿no será algo parecido a lo que nos ocurre a los lesionados de largo periodo ?
Lógicamente no queremos seguir estando lesionados, pero encontramos en nuestro estado nuevas formas de interpretar el deporte. E incluso la vida.
Por ejemplo, mi caso: me he incorporado al ciclismo de forma espontánea, algo que probablemente no hubiera ocurrido si mi talón de Aquiles no se hubiera resentido.
Y, lógicamente, uno comprende el mensaje venido del mundo de los sanos: de Alfredo, de Javi, de Antonio, de Jesús, de Gregorio, de Vicente, de Trapatroles y de tantos otros amigos, que obviamente lectores como son, se han podido acordar de la novela del escritor alemán e intentan evitar que quienes nos vamos encontrando a gusto en esos Alpes suizos nos neguemos a regresar al mundo real de los sanos.
Seguramente pensaréis que lo mío es pecar de una imaginación excesiva, no lo niego, pero ¿no es la imaginación y la literatura, junto al correr, lo que nos hacer mejores personas?

Os dejo con esa reflexión por si queréis comentarla, mientras me escapo unos días del país de los brotes verdes, para buscar aire nuevo, - como un particular Hans Cartolp corredor- en el norte de la vieja Europa. Un fraternal saludo.

domingo, 6 de septiembre de 2009

GRACIAS, VOLUNTAD



Una de las zonas más difíciles de la ruta de ayer, el trayecto entre Zujaira y Casanueva. (PINCHAD PARA VER MEJOR)

En algún lugar leí que la voluntad no es hacer las cosas con esfuerzo y tesón sino hacer lo que ya parece prácticamente imposible de llevar a cabo. Y esa fue la frase que me vino a la mente mientras estiraba tras hacer con esfuerzo y sufrimiento los mismos 13 kilómetros que hice por última vez, el pasado 15 de agosto, en compañía de Abel, cuando la Vega se encontraba adormecida en la larga letanía de agosto y la luz era apabullante, incluso más allá de playas y litoral.
Aquel día - tan sólo siete días más tarde desde que me "rompiera" en la bajada de Tiena- terminé prácticamente cojo y cojeando anduve toda la semana. El talón de Aquiles de la pierna izquierda se había rebelado de manera contundente y poco, o nada, apostaba por seguir corriendo. Fue la semana en la que medité la necesidad de adquirir la bicicleta, que estoy incorporando como plan de entrenamiento semanal.
Pero ayer corrí.
Si bien ya no sabía si era corredor. Busqué retirarme a los cuarteles de invierno como corredor, a pesar de estar en pleno verano. Mis días como corredor los veía liquidados, y tan sólo podía entrever como en un ensoñamiento esos primeros seis meses del año en los que corrí el Maratón de Sevilla, la subida a la Ragua y bastantes más carreras, algunas de ellas muy satisfactorias en cuanto a sensaciones y tiempos.
Intentaba buscar un nexo de unión entre aquel corredor de los primeros siete meses del año y el corredor que bajando de Tiena comprendió que algo no funcionaba ya bien.
Pero ayer, cinco de septiembre, volví a correr 13 kilómetros por una de las rutas que más me motivan.
Tras 21 días de parón obligado, por la mente pasan muchas ideas. Nunca fuí pesimista pero sabía que mi puesta en escena ya no podía ser la misma; es más, incluso cabría la posibilidad de que ni tan siquiera pudiera ya ser.
Pero pudo ser.
Tal vez demasiados kilómetros para el reencuentro con los caminos. Nos ocurre a los maratonianos que muchos kilómetros nos parecen pocos. Acostumbrados a correr grandes distancias, nos es fácil autoconvencernos que debemos hacer menos cuando estamos en un periodo recuperatorio.
Sabía que la función aeróbica no iba a estar deteriorada y que, incluso en esos días de parón, pocos días había faltado a mi cita con los estiramientos, la flexibilidad y los abdominales. Además, en ese intervalo, hubo una aceptable etapa ciclista de entre 40 y 45 kilómetros. El peso seguía estable y no había desconectado con el ejercicio. Pero correr es otra cosa.
No obstante, en el entreno de ayer la única preocupación que tenía en mente era el comportamiento del Aquiles izquierdo, sin valorar el sobreesfuerzo que debí de hacer en algunas zonas de rampas o la dificultad de los últimos kilómetros.
Pero el Aquiles se portó bien. Hoy tengo algo de dolor -no excesivo-, pero durante el entrenamiento no existió tal dolor. Alguna molestia sí que hubo, pero sin apenas trascendencia.
Esa sensación, lógicamente, me dio alas. Pensé que si mi máxima prioridad era que el Aquiles se comportara, todo lo demás me parecía insignificante y salvable. Incluso, el fuerte punzamiento en el soleo derecho que apareció en el kilómetro 11 y que creía ya superado.
Soy consciente que la situación del Aquiles me apartará de grandes gestas -suponiendo que alguna vez las haya llevado a cabo- en esto del correr. Comprendo que a duras penas podré acabar una media maratón, y mucho menos un maratón o una subida tipo Ragua.
Sin embargo, sé que podré seguir corriendo. Tal vez no con la regularidad deseada -de ahí la alternancia ciclista-, pero podré seguir corriendo. Seguir corriendo como actividad placentera, como actividad de mantenimiento, e incluso compitiendo en distancias cortas. Pero me temo que no podré ir más allá.
Por eso hablaba al principio de la voluntad. Porque ayer fue la voluntad de querer correr la que me hizo vestirme de corto, a pesar de que en un primer momento tanto la ropa técnica y las zapatillas, otrora tan familiares, me parecían extrañas. Como si fueran propiedad de otra persona.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

PRIMERAS CAÍDAS (Y POR SUPUESTO, PRIMERA SALIDA)


Llegó el día. Veladas las armas, armado caballero y bastantes kilómetros por delante.
Mi reto era ir a Pinos Puente -y volver, claro- por dos rutas alternativas. Conocía ambas rutas por haber corrido en ellas, pero eran totalmente inéditas en bicicleta. No olvidemos que yo practicaba bici de carretera cuando aún existían los "escalapies".
Sabía que la función aeróbica no iba a ser un problema, pero estaba por ver cómo funcionarían los pies. Además, existen una serie de elementos nuevos que suceden cuando vas en bicicleta, encontrándose entre los más importantes: la sentada en el sillín, la posición de agarre en el manillar con importante trascendencia para hombros, espalda y brazos. Todo me afectó como no podía ser de otra manera en el primer día de salida.
La ruta de ida transcurrió por la zona del Pantano del Cubillas hasta Caparacena y desde allí a Pinos Puente. Una ruta que inicié -para evitar la autovía- por la localidad de Albolote a través del acceso al Torreón. La llegada a Pinos Puente fue cómoda y rápida y la satisfacción por el primer objetivo cumplido era celebrado interiormente. Además llegaba a mi pueblo de una guisa muy distinta a la de corredor: el casco y las extrañas zapatillas provocan extrañeza en tí también, además de en quienes te observan por primera vez.
La Specialized respondió bien, muy bien. Los cambios de marcha los hace con precisión a pesar de que algún desajuste aflora -algo que ya me advirtieron en la tienda- hasta que la máquina no se acople completamente. El primero - el segundo es el de los pedales como a continuación explicaré con detalle- consiste en un leve rozamiento del freno de disco de la rueda delantera. Además, como comentó Abel, habrá que ir poco a poco ajustando la altura del sillín y manillar hasta ir completamente cómodo.
La vuelta la ejecuté a través de la Vega, siguiendo el curso inverso del Río Genil. Con entrada desde el camino que comienza a espaldas de la Cruz de Granada. Desde allí hasta Pedro Ruíz, cercanías de Santa Fé y Vegas del Genil y finalmente entrada a Granada a través de la zona de PULEVA. Una ida algo más larga que la vuelta y algo más tortuosa: por el calor, por el cansancio, por los baches del camino, un poco por todo. En total, entre 45 y 50 kilómetros, quizá demasiados para un debút.

LAS CAÍDAS



He caído. En tres ocasiones. Caídas todas ellas cuando estaba detenido. Caídas debidas a la poca pericia o poca regulación de los pedales automáticos.
La primera caída y más aparatosa que ha costado una fabulosa rozadura en el codo izquierdo fue en mi propia calle, a los dos minutos de coger la bicicleta. Me detuve y no tuve tiempo para sacar ambas piernas. Fue casi una caída en cámara lenta. Y como en la novela de García Márquez, "Crónica de una muerte anunciada", segundos antes ya sabía que iba a caer. Luchaba agónicamente por sacar ambos pies pero no hubo tiempo. Caí por el costado derecho y le serví de colchón a la bicicleta. Incluso en el suelo aún seguía con la pierna derecha introducida en el pedal automático. Sin duda, hay que regular esos pedales.
No hubo numerosos testigos a esa hora. Tan sólo un operario de mudanzas. La caprichosa fortuna quiso que esa empresa de mudanzas fuera "Mudanzas Cariño" (una conocida empresa granadina, en concreto de mi pueblo: Pinos Puente). Y digo caprichosa fortuna porque mi maillot refleja el nombre de esa marca. Probablemente el operario hubiera sentido alguna forma de orgullo cuando me vió pasar bien ataviado haciendo publicidad de su empresa. Orgullo que seguramente se tornó desdén ante esa ridícula caída. Así de dual y cambiante es la realidad.
La segunda caída fue ya en Pinos Puente, cuando enfilaba en dirección al camino que está justo a espaldas del Restaurante de Granada, fue la más espectacular y la que más público congregó. En mi fuero interior no tenía previsto ofrecer dos sesiones el mismo día -aún me quedaría otra-, pero la realidad se impuso.
He de decir en mi descargo que una furgoneta de Seur -ya me quejé ante Emilio que allí trabaja- tuvo parte de culpa: en la rotonda de salida a la carretera nacional de Córdoba, la furgoneta se cruzó delante de mí y tuve que frenar en seco y, claro, no me dió tiempo de sacar los pies de los pedales y caí, con el saldo a mi favor, en esta ocasión, de la rodilla derecha desollada.
En ese momento cuatro o cinco vehículos esperaban su turno para salir a la carretera y enfrente está el Restaurante La Cruz de Granada; de manera que esta segunda actuación sí tuvo numeroso público.
Cuando caes de esta forma tan ridícula, lógicamente el sentimiento es ridículo e inmediatamente piensas en lo que pensarán los demás. Gracias a que ayer hubo una caída en masa en la Vuelta Ciclista a España (sin desgracias que lamentar, por suerte) y probablemente todos mis espectadores en ese momento pensaran que son gajes de la bicicleta. Así que se guardo un respetuoso silencio, excepto en un caso. Un hombre que iba de copiloto en un coche al llegar a mi altura preguntó si me había pasado. No, le contesté.
"¿Te ha pasado algo?" preguntó, creyendo yo descubrir en el tono de su pregunta una aseveración en el sentido de que esa caida formaba parte de mi afición. Eso me satisfizo.
Aún quedaba otra caída. Ésta fue unos quince minutos más tarde. En el anejo santaferino de Pedro Ruiz, justo antes de enfilar el camino del río Genil que me conduciría casi en línea recta hasta Granada, como recordarán algunosa amigos de Las Verdes.
Eran más de las 12,30 y necesitaba algún líquido. Así que pasé por un bar de esta pequeña localidad y me detuve en seco. De nuevo no reparé en que tenía que haber sacado antes los pies y volví a caer justo en la puerta del bar.
Esta acción ya se estaba convirtiendo en repetitiva y me acordé de la excelente película "Atrapado en el tiempo".
Curiosamente en esta ocasión no me lastimé porque ya había ensayado a lo largo de la mañana. Es más, fue una caída elegante, casi un amago.
Una caída, ni por asomo tan espectacular como la anterior. De hecho, dos operarios que estaban muy cerca ni siquiera se percataron. Me alegré de ir quedándome sin público.
Pudo haber una cuarta ya en Granada, pero ya iba prevenido. Prevenido y porque pude asirme a una señal de Stop, justo en el momento en que conseguía despegar los pies de los pedales. Lógicamente, hasta llegar a casa, todo fueron precauciones y opté por no dejar que el mecanismo atrapada la zapatilla. Un pedaleo mucho más incómodo pero más seguro.
Con tres funciones ya había cumplido sobremanera.
Lógicamente, habrá que regular esos pedales porque cuando caes es aconsejable levantarse con más fuerza.
Y, por supuesto, acepto con deportividad estos inconvenientes: nada es tan inherente al deporte como cierto riesgo. Esto está en "nuestra nómina".

martes, 1 de septiembre de 2009

TODO PREPARADO



Como todos sabemos, el correr me ha dado la espalda por ahora. Y, claro, no podía quedarme a la espera de que se congraciara conmigo como si se tratara de un dios griego ante la desesperación de Ulises -Odiseo- por volver a casa. Así que ya está el equipo dispuesto y preparado.
Habrá que velar armas esta noche como hiciera D. Quijote, en la noche oscura ante el negro pozo de la venta (en la que hidalgo castellano veía todo un señorial castillo), para lograr ser armado caballero.
En esta ocasión el caballo (si es que al escuálido y abnegado Rocinante se le podía llamar de forma tan generosa) será "la burra" como diría Paco. La misma que soportará mañana mis torpes maniobras por los caminos de la Vega.
El reto es llegar a Pinos Puente, pero todo está en el aire.
La bicicleta ya la conocéis, si bien ahora tenéis en la imagen la original, recién traída de la tienda; además también conocéis la modesta equipación, por lo que ahora en este nueva foto os presento lo que serán mis zapatas técnicas de marca Gaerne, de tan nostálgicos recuerdos de sus primas hermanas y el casco, de marca Catlike, necesario para montar en MTB.
Tal vez demasiada equipación para tan modesto aprendiz de ciclista.

EBOOK: RELATOS Y ARTÍCULOS DE VIAJES: ROTHENBURG

Si nadie le cuenta al hipotético lector nada sobre el pueblo de Rothenburg no habrá forma de imaginarlo a pesar de haber llegado...