domingo, 2 de enero de 2011

PRIMER DÍA SIN HUMO




Acababa de hacer 13 kilómetros cuando decidí no perderme el espectáculo de entrar en un bar de toda la vida y comprobar qué aspecto tendría un bar libre de humo y al mismo tiempo cómo reaccionarían los fumadores, hoy, primer día sin tabaco, tal vez la única acción encomiable del gobierno Zapatero (claro está, desde mi punto de vista).
Así que elegí un bar de Pinos Puente, de esos en los que los parroquianos pasan las horas fumando, bebiendo y viendo el fútbol si es que lo hay -y de hecho, lo hay casi a todas horas-.
Uno de los pocos bares al que suelo acudir, pero que a punto he estado de dejarlo en más de una ocasión por mor de esas nubes de humo que levitan entre su techo y su barra. Poco a poco - y reconozco que me gustan los bares- me he ido autodesterrando de todos los bares que me han gustado por culpa del tabaco y, desde hace cinco años (cuando entró la anterior, chapucera y parcial ley antitabaco), he tenido cafeterías de referencia para poder tomar un café a media mañana sin tener que estar pendiente de quien me echa el humo. Pero bares, en el término más exacto de la palabra no he llegado a encontrar ninguno.
No se piense que no he entrado a bares en los que su denominador común era el humo, pero siempre lo he hecho a disgusto y por no aguar a la fiesta a la gente que me acompañaba en ese momento. Pero una vez en ellos e intentado estar lo menos posible, elevándose mi mal humor a medida que se elevaba el humo y comprobaba cómo los fumadores les importaba un bledo la dirección que tomara el humo de su cigarrillo.
Pero por fin ha llegado el día en el que el humo en los bares ya ha pasado a la historia, como ya pasó en los centros de trabajo.
Siempre he sido antitabaco pero jamás antifumadores. Considero que la libertad consiste en hacer lo que cada uno le venga en gana. El que fuma en lugares cerrados no respeta, pero nada se le podía objetar si una ley no lo prohibía porque pedir un respeto voluntario quizá sea demasiado pedir en esta imperfecta sociedad. El verdadero infractor es el que fuma a sabiendas que no se puede. El que lo hace en los ascensores y el que lo hace en los baños públicos, por poner dos solos ejemplos.
Por eso hoy estoy ilusionado. Porque lo he comprobado ocularmente en ese bar de Pinos Puente. He comprobado cómo se respetaba escrupulosamente la norma y los fumadores y fumadoras salían a la calle para poder ahogar su vicio. Como lo hacen en Inglaterra o en Italia o en Irlanda. Y también he comprobado cómo en nuestro país los ciudadanos de a pie suelen respetar las normas. Seguramente más que quienes las hacen.
Pero en fin, sin duda, se ha hecho justicia. Tarde, pero justicia al fin y al cabo.

5 comentarios:

  1. Por fin la Ley Antitabáco como debio ser desde un principio.

    Buena entrada...y

    FELIZ AÑO NUEVO 2011

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  2. Más pronto que tarde nos daremos cuenta que estábamos muy atrasados en este asunto de la ley sobre el tabaco. Desde luego que este ha sido todo un adelanto de "reyes".
    Y es cierto que el personal nicotinómano a regañadientes está cumpliendo y respetando los fueros de esta ley.

    Que alegría; y Feliz año!

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  3. Estamos todos de enhorabuena -sobre todo los corredores-. Ramón, Pedro, que este año cumpláis vuestros deseos, atléticos o no.
    Saludos.

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  4. Maria Dolores G.C4 de enero de 2011, 22:26

    Para mí también La Ley Antitabaco ha sido todo un regalo de Reyes anticipado.
    Lo que resulta tan normal para cualquier persona como tomar café en un bar, para mí, es todo un acontecimiento porque soy asmática y el humo del tabaco me provoca asfixia y a veces llego a marearme por falta de aire, así que, ahora podré tomar café donde quiera.
    Enhorabuena a todos los que no soportamos el humo.

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  5. Es quizás lo mejor (por no decir lo único bueno) que ha hecho este gobierno desde que empezó la legislatura, hace casi tres años.

    Le diré a los dueños de restaurantes y cafeterías, que yo también soy asmático y por tanto, era muy reticente a pisar dichos espacios llenos de humo y porquería.
    El mismo día 2 de enero, comí y tomé café, y me sentí más agusto que nunca.

    Un abrazo y feliz año.

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Sin tu comentario, todo esto tiene mucho menos sentido. Es cómo escribir en el desierto.

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