lunes, 15 de marzo de 2010

EL PROBLEMA DE LA CLASE POLÍTICA


Según la última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el ciudadano considera que la clase política se ha convertido en un problema. Sólo superan la inquietud del personal -lógicamente- la crisis y el desempleo.
Y es que ese sentimiento es algo lógico, obvio y hasta contrastable. Basta ver el volumen de corrupción, prebendismo, privilegios y otros enredos que se trae entre manos esta clase patricia, amigos del buen yantar y el mejor vivir como dijera aquel periodista. Haciéndolo, además, del esfuerzo de los ciudadanos que, paradójicamente, son los que les sostenemos en la poltrona.
Pero si eso se convierte en un problema general, mundial, que afecta tanto al primer mundo como al tercero (por cierto ¿cuál será el segundo mundo?) en países latinos, como es el caso de España e Italia, ya no se se trata tan sólo de un problema, sino de un "cáncer" que arrastramos desde siempre.
Ayer escuche decir a Pérez Reverte en Página 2 que España siempre ha sido un país enfermo y que nada ha cambiado a lo largo de la historia. Textualmente bautizó a Fernando VII -no lo olvidemos: antecesor de nuestros borbones- como un "hijo de puta" y a la clase política como una sarta de sinvergüenzas. Nada ha cambiado amigos, nada ha cambiado. Ni creo que nada vaya a cambiar. Al contrario.
Desde una monarquía inútil, que nada aporta ya a los intereses del Estado, pero sí a los suyos propios, pasando por una clase dirigente más pendientes de negocietes propios, de amigos, de parientes e hijos hasta una ciudadanía que comete a diario pequeñas corrupciones en cuanto se rodea del más mínimo poder, por muy vago y efímero que éste sea -algún día escribiré largo y tendido sobre eso- nuestra inmensa piel de toro está cubierta de una corrupción preocupante.
Preocupante porque no se trata tan sólo de que el dirigente sea de dicha condición personal (y hay que ser de una condición muy determinada para escalar en la selva política, creedme), sino que tal y como está diseñado el propio sistema todo lo que rodea al poder o al individuo mismo como ser dominante acaba imbuido por corruptelas y prebendas.
En mi opinión, no hay remedio y la abstención electoral cada vez será más importante.

1 comentario:

Sin tu comentario, todo esto tiene mucho menos sentido. Es cómo escribir en el desierto.

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