lunes, 16 de noviembre de 2009

CARTA A ROBERTO


RENATO NATALE



ROBERTO SAVIANO



PEPPINO DIANA

Pudiste elegir el camino de la tranquilidad más absoluta, arrebatado por tus libros, tus escritos, tu música y tu perspicacia en la observación. Obtener de la inquietud una recompensa liviana que sirviera tan sólo a tus propósitos más íntimos, sin ambiciones concretas. Pero elegiste el compromiso.
Un compromiso que acabará por honrarte, a pesar de que a día de hora los frutos recogidos no sean más que amargos. Pero así eres.
Cuando los demás en el pueblo se volcaban en sus asuntos vulgares y facinerosos tu recorrías con tu Vespa los rincones y lugares más controvertidos, allí donde el crimen y el dolor se daban la mano. Llegabas con la respiración entrecortada, con un corazón a punto de ser expulsado de su caja torácica, cargado de adrenalina que luego transformabas en notas que guardabas en una especie de zurrón y que con el tiempo se convirtió en la novela que podría ser perfectamente tu lápida. Tu te lo has buscado, lechón.
Has de saber que personas como tú dais miedo al resto de la sociedad porque no obedecéis a ningún tipo de esquema. De hecho, vais por libre. Personas como tú ya no existen. Probablemente existieron en algún tiempo remoto y en la literatura, pero ahora no. Ya no.
Hubo un tal Quijote, nacido de la imaginación de un escritor que intentó arrastrar su yo, probablemente, allá donde sabía que no llegaría. Inventó una historia hilarante y muy triste: se dedicaba a enmendar entuertos y luchar por causas perdidas. Pero, ya digo, eso ocurrió en la literatura. Porque la vida es otra cosa, principalmente en tu Nápoles, allá donde el Estado tiene una débil presencia y el asesinato y la extorsión es la mejor forma de fomentar la convivencia.
Naciste en un lugar equivocado, amigo. Y por eso denuncias. Y por eso, ante la tumba de uno de tus cineastas favoritos, Pier Paolo Pasolini, clavas las uñas en la carne de tu mano y exclamas un "yo sé" acusador, sacralizado de rabia y de orgullo. Pero olvidas que estás en la soledad más absoluta y no sabes si tus órganos y tu estómago aguantarán el envite que te aguarda.
No obstante, acabas finalmente por publicar un libro con el que darás la vuelta a medio mundo, exponiéndote cada vez más a esa fuerza invisible que seguramente te intentará soplar en el cogote.
Cuando eras adolescente supiste de un tal Renato Natale, alcalde comunista de Casal di Principe, que luchó a muerte contra los clanes, jugándose el pellejo cada día. Y lloraste con el asesinato de aquel cura de pluma afilada, Don Peppino Diana. Probablemente por aquellos años no sabías que el tercer mártir serías tú y ya te estabas convirtiendo en él.
Ahora tu domicilio es inexistente y ningún poder legal debería dejarte al libre albedrío de aquellos a quienes denuncias.
En gran parte, Roberto, me recuerdas al personaje que interpretaba Kevin Costner en "Bailando con lobos". Y aquel general que se orinó cuando conoció el valor de aquel soldado al penetrar voluntariamente en territorio comanche, no puede ser otro que todos nosotros.

3 comentarios:

  1. Es la primera vez que entro en este blog, precisamente buscando información de Roberto Saviano, y creeme que tras leer esta prosa tan estilizada y emotiva poco más he buscado. Enhorabuena. De veras.

    Santi

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  2. Gracias Santi, espero haya sido útil la información.
    El gesto de Roberto Saviano le honra enormemente. Es muy importante que en este mundo sigan existiendo personas comprometidas aún a sabiendas que se juegan la vida. Saludos.

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Sin tu comentario, todo esto tiene mucho menos sentido. Es cómo escribir en el desierto.

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