domingo, 14 de junio de 2009

II MEDIA MARATÓN DE MONTAÑA LA CALAHORRA-PUERTO DE LA RAGUA (14/06/2009)


Dos amigos corredores, quien esto suscribe y Victor (arriba)
Pedro, Gregorio y Mario (abajo). Unos minutos antes de la salida.



Dos imágenes de la subida: la primera muestra una de las múltiples rampas que hemos de subir, por la parte del parque natural. La segunda, la carretera de alta montaña nevada.

El escritor norteamericano Tobias Wolff afirma que "estamos hechos para persistir. Así es cómo descubrimos quiénes somos". Una frase repleta de sentido horas después de haber traspasado la línea de llegada en la estación de invierno de La Ragua.
Una prueba de 21 kilómetros largos en esta ocasión, según los GPS, que es imposible si se programa fríamente. De ahí que las palabras del escritor norteamericano tenga pleno sentido.
Porque se trata de persistir constantemente para intentar llegar a esa altísima meta en el mismo corazón del Puerto de La Ragua, una zona repleta de nieve muchos meses del año y que lleva dos años esperando que poco más de doscientos "inconscientes" corredores decidan visitarla, sin necesidad de emplear vehículo de motor alguno, por estas fechas.

Un proverbio chino atribuía la responsabilidad de un segundo engaño al receptor. Y aunque aquí nadie sale engañado desde La Calahorra, podría ser perfectamente aplicable la interpretación de ese proverbio. En 2008, esos doscientos y pico corredores fuimos a buscar sensaciones por un recorrido que sólo conocíamos sobre el papel. Y muchos cantábamos a los cuatro vientos que no íbamos a repetir. Por tanto, como receptores de esa segunda vez, no cabe pensar más que nuestra memoria es efímera como las hojas caducas de los árboles en otoño.
Volví a perjurar que no volvía, y lo hice en esta ocasión en la llegada, en voz alta y clara, ante un nutrido número de corredores y voluntarios, algo de lo que es testigo mi buen y ponderado amigo Gregorio, del que en pocos días sabremos su parecer de esta prueba. Pero a continuación indiqué que como había sido Concejal, me era perfectamente atribuible la frase mundana: "mientes más que un concejal".

Ahora sentado ante el portátil, cómodamente en casa, con el aire acondicionado adecuado, tras unas buenas viandas, un sueño reparador y la satisfacción que ofrece el deber cumplido, observo que la memoria se me difumina, aunque no quisiera dejar de recordar ese prolongado sufrimiento experimentado en las rampas de la carretera de alta montaña. Sé que eso se olvidará, como se olvida un dolor de muelas o el martillazo en un dedo, porque es lógico que el dolor se olvide, ya que de lo contrario no sería posible vivir. Pero, al menos, me gustaría que esa imagen de sufrimiento, corriendo en unas condiciones altimétricas imposibles, deje un mínimo poso y me haga más prudente, algo que valoro difícil, visto lo visto.

Unos días antes, aún con muchas dudas en mente sobre si debía correr o no esta prueba, arrastré a Mario a que se inscribiera y ambos lo hicimos justo cuando sonaba la campana. Días antes había observado cómo todo el entrenamiento que barruntaba para hacer esta prueba se iba haciendo añicos: no participé en la subida a Lanjarón, en la prueba de Órgiva, que es siempre una buena piedra de toque; no subí con Mario al Llano de La Perdiz, que siempre es un entrenamiento exigente; y para colmo dejé para la última semana un par de subidas al Torreón de Albolote, para no ir con lo puesto. Para colmo, el pasado viernes, dos días antes de esta prueba, tomé una decisión de lo más arriesgada: correr 14 kilómetros por la Vega de Pinos Puente, que me dejaron unas piernas muy cansadas, sin posibilidad de recuperación total.
Esas piernas cansadas que ya me ofrecían los primeros síntomas en la estrecha vereda que conduce a la carretera local de Aldeire, apenas recién iniciada la prueba de esta mañana. Unas piernas que me restaban la frescura deseada para afrontar con garantías las primeras rampas de ese bosque del entorno de Sierra Nevada que nos acogía con su rumor de naturaleza y sus arroyos cristalinos.
Y, con esas malas sensaciones, comencé la prueba. Totalmente asustado ante lo que me esperaba. Mucho más asustado por mi estado de cansancio que por el duro terreno que había por delante.
En esas condiciones de cansancio y falta de frescura, no es de extrañar que los casi 14 kilómetros anteriores a la entrada a la carretera de alta montaña se convirtieran en muy duros. Mucho más duros de lo que recordaba del año anterior.
En su momento, escribí en Diario de un corredor que esos primeros 13 kilómetros largos son bastante asumibles para un corredor que esté entrenado, pero no ha sido esa la sensación que he tenido hoy. En puridad, esta mañana, esas rampas rotas, probablemente por torrenteras de agua y nieve, me han hecho sufrir más de lo que recordaba, pudiendo haber perdido entre tres y cuatro minutos hasta la salida a la carretera con respecto al año pasado. Y es que no sentía frescura en las piernas y si falta esa frescura la respiración es más torpe y asimétrica. Sufrí. Pero ese sufrimiento -pensaba- no será comparable con el que aguardaba en los últimos siete kilómetros. Así de desolador era mi estado mental y físico en ese momento. Por tanto, era preferible no pensar y seguir alargando la zancada lo que se pudiera.
Con la salida a la carretera volví a experimentar que comenzaba otra carrera. Cambiaba la posición ergonómica de los corredores, se ajustaban gafas, camisetas, pantalones, gorras... y comenzábamos a asumir esas primeras rampas.
Para muchos corredores, esas primeras rampas son infernales. Sin embargo, para mí no eran más que el "hall" del infierno, porque éste se encontraba -qué paradoja- algo más arriba. Honestamente hablando, estas primeras rampas, en las dos ediciones de esta carrera, las he interpretado bien. Al menos, hasta el kilómetro 16. Por desgracia no es posible afirmar que entre el comienzo de la carretera -casi en el kilómetro 14 de carrera- hasta el 16, nos estemos refiriendo a un terreno benigno. En absoluto: se trata de un terrreno infernal, como decía, si bien, en mi opinión, los kilómetros que siguen al 16, hasta el 21, son la boca del infierno. No existe un milímetro de terreno suave, ni falso llano alguno. Tampoco lo hay entre los kilómetros 14 a 16, pero la acumulación de kilómetros a esa altura ya se va haciendo cada vez más patentes en las piernas, el corazón y la mente.
Y es cuando no piensas en otra cosa que en abandonar. Piensas en frases épicas como la de Dani: no hay dolor. O bien, intentas buscar la lógica de la subida. Una lógica que procuras hacerla fácil: un paso tras de otro. Pero son ecuaciones demasiado simples para tan arduo terreno. De manera que observas de pronto que se trata de una carrera con un gran componente de fuerza psicológica. Te dices que es probable que tus piernas, tus pulmones y tu corazón aguante, pero ¿y tu mente? ¿ Aguantará ésta el embite? ¿Sabrá interpretar este año lo que no supo interpretar el año pasado? ¿Has procurado entrenarla al tiempo que has entrenado el resto del cuerpo? Grandes dudas y grandes interrogantes. Difícil tarea de concreción en circunstancias tan adversas y con tan poco tiempo para pensar.
En mi opinión, la falta de solución a ese complejo galimatías es lo que hace que el corredor se detenga. Y mi gran preocupación en ese momento ya no eran las piernas cansadas -algo que a esas alturas ya me importaba poco-, ni el reproche por no haber entrenado con más antelación para esta prueba, no. Ahora el problema estaba en buscar un apoyo mental que me permitiera seguir corriendo.
Había bebido durante la carrera y había digerido perfectamente el gel para aumentar esa carencia de energía. Por tanto, si quería no volver a detenerme no había más opción que arrojar al vacío los interrogantes relacionados con el físico y centrarme en los relacionados con la psicología, con la voluntad de seguir corriendo, con el interés en llegar a meta sin detenerme.
La solapa de la gorra técnica Adidas me facilitaba no mirar extensamente las rampas que continuaban, así que la única preocupación sería mirar al suelo y buscar esa solución psicológica que me permitiera seguir. A esas alturas, ya digo, ya había olvidado, piernas y pulmones.
Enfrascado en esas cuitas iban asomando muy lentamente los carteles kilométricos. Alzas la vista y te encuentras el 18. Un ligero cálculo mental te indique que estás a tres kilómetros. Obviamente, a esas alturas no sabes que esta carrera ha constado de unos cuatrocientos metro más, información en este momento no precisa y deseable.
Sabes que tres kilómetros por esta carretera de alta montaña, nada tienen que ver, ni tan siquiera con subidas "más normales", pero eliminas inmediatamente ese pensamiento negativo para no entrar en obstáculos psicológicos. Así que sigues tu lento paso acumulando metros, hasta que aparece el kilómetro 19. Esos dos últimos kilómetros, son tremendamente duros. No observas otra cosa que curvas y más rampas. El sol está presente pero no te aflige en esas alturas. Además un viento a veces excesivo te aporta el frescor necesario. Pareciera nacido del espíritu de la nieve y que intentara resistirse a abandonar esos lares. Es un mal viento, pero sopesas que estando en el infierno como estás probablemente se trate de un benigno presagio.
Cuando llegas al kilómetro 20 confluyen en mi mente sentimientos ambivalentes: sabes que estás a poco más de un kilómetro, pero también sabes que ese kilómetro en estas pruebas se convierte en eterno y, sin lugar a duda, la mente que sigue influenciada por el diablo -no olvidemos que estamos en el epicentro del infierno- puede hacerte una mala pasada. Y vuelves a pensar en detenerte. Pero en este momento ni sería oportuno, ni congruente. Además, piensas en el después y en la batería de autoreproches que te devorarían el alma.
Pedro, amigo y seguidor de este blog, desde bastantes kilómetros atrás, tal vez consciente de que iba sufriendo, no paraba de animarme. Admirable su disposición, toda vez que él, sin duda, también debía ir tocado.
Cuando pasas por el cartel del kilómetro 21, comprendes inmediatamente que lo que restan no son 97 metros, pero ya ves el arco de llegada. En ese momento soy consciente que esperaba ese momento desde el año anterior, un momento que no pude saborear como hubiera deseado, toda vez que cuando lo visioné venía andando. Esa era la espina que me devoró durante días y que quería quitarme. Esa espina por la que me preguntó Víctor en la plaza de La Calahorra: ¿Te has quitado esa espina, José Antonio? La llegada en esta prueba es muy motivante. Sales del terreno de carretera y entras en una pequeña vaguada de tierra. Ahí está ese arco. Pedro iba unos metros más adelantado, mira para atrás y me hace señas de alzar juntar nuestras manos en la entrada, a cuyo gesto respondo.
Y una anécdota en la misma entrada. Nada más llegar, me dirijo a la parte posterior de un coche de la Guardia Civil - que por cierto ha hecho un excelente trabajo, junto al resto de otros cuerpos como Policía Local y Protección Civil, así como el numeroso grupo de voluntarios-, buscando sombra y apoyo, justo en el momento en el que llega un árbitro aludiendo que había entrado como una moto y no había podido tomar nota del dorsal ¿Entré como una moto? Tal vez por las ganas de llegar. Finalmente, un tiempo empleado de 2 horas, 10 minutos y algunos segundos, según mi cronómetro. Dos minutos menos que el año anterior, a pesar de haber corrido sobre cuatrocientos metros más. Satisfecho, pues.
Casi toda la plana mayor Verde ha corrido esta prueba, en tiempos coherentes con la forma de cada uno de ellos. Y el debú de Mario, que sé repetirá. Y las mejores palabras para Gregorio, que ha vuelto a subir al cajón como local. Increíble la marca de mi amigo Jose -Oliver-, que ha entrado el séptimo en la general. Y, lógicamente, saludar de nuevo a todos los amigos con los que tuve la ocasión de intercambiar unas palabras antes, durante y después de la prueba.

En la plaza de La Calahorra, con un calor de órdago, una vez nos bajó el autobús de la organización, comentaba con varios amigos que nada más que por esa cerveza Cruzcampo, fresquísima, merecía la pena subir a La Ragua. Por tanto, si hay cerveza, podríamos dejar lugar a la duda para valorar si vuelvo a "subir" el próximo año. Pero antes hay que olvidar.

18 comentarios:

  1. Eres un genio narrando esas sensaciones que se viven en estos momentos que yo llamo "límite".

    Espero que ese exconcejal haga lo propio y haya mentido al igual que hice yo en cuanto crucé la meta.

    No sabes cuánto me alegro de que hoy te hayas sobrepuesto a ese pequeño bache que tuviste con tu ausencia a la última prueba de Órgiva.

    Estoy intentando enviarte por correo las fotos pero Gmail me dice que está más cansado que nosotros tras esta locura.

    Un abrazo.

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  2. Enhorabuena, por la carrera y por la narración Creo que te has sacado la espina, y como tantas veces decimos, son estas carreras las que nos hacen crecer.

    Debería haber ido. Encima, me suspendieron la entrevista por la que me quedé!!!

    En fin. El año que viene nos vemos todos arriba!!!

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  3. Tú lo has dicho. Yo lo tengo claro, aquí lo que prima es la mente por encima de todo. Cabeza, pundonor, dientes apretados...coraje imprescindible para no sucumbir ante este monstruo llamado Puerto de la Ragua. Cuando subía, allá por el km 16, con el sonido constante de las chicharras, con el sol abrasándome los hombros, iba solo, llevaba delante unos 3 o 4 corredores y a unos 200 metros, otros tantos detrás, iba en terreno de nadie. La sensación de ahogo y vacío es letal, pero miré al asfalto y me dije que no iba a caminar ni un solo paso. Por ello el regusto que me ha quedado es muy dulce. He sufrido lo justo, aunque lo justo es un mundo.
    Enhorabuena, porque te has sacado la espina, has sufrido más, has hecho menos tiempo y la has acabado con todos lostemores previos que tenías. Para sentirse orgulloso.

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  4. Carrera dura, dura. Muy buena esa comparación con un infierno, pero como todo lo oscuro ejerce una atracción enorme sobre los corredores curiosos.

    Este año sufrí menos que el anterior y si el año pasado dije que no la haría de nuevo este año digo que el que viene repito, hay que curtirse.

    Un abrazo

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  5. Jose Antonio, recuerdo esa lucha mental que cuentas, recuerdo incluso como me paso un corredor andando! mientras yo corría...hasta que decidí acabar con esas rampas de una vez! Desde luego primero como bien dices hay que olvidar...fue un infierno, pero ya has vuelto de el dos veces!!enhorabuena!

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  6. Enhorabuena por la carrera, ¡qué arrestos!; y gracias por regalarnos esta crónica: es eso lo que hay en La Ragua, y a eso vamos a La Calahorra. Tu irrupción en "el infierno" colosal. Volveremos, sin duda alguna.

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  7. José Antonio, enhorabuena por ese magnífico reto que has superado.
    Sin lugar a dudas, son éstos los sufrimientos que te hacen más grande, más fuerte y más feliz. Lograr metas al alcance de cualquiera no nos satisface, solo aquello que se nos antoja cuasi-imposible, es lo que nos atrae y desafía la mente y el cuerpo.
    Has vencido a La Ragua, aunque en tus venas se ha metido para siempre SU ESPÍRITU....jejeje
    Saludos!!

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  8. Hola. Soy uno de los voluntarios de los avituallamientos. Quiero felicitar a todos por vuestra participación en la conquista de la ragua II. Si volvéis a retar a la ragua, estaré allí sosteniendo el agua y siendo testigo privilegiado de vuestra lucha.

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  9. Gracias Grego, fuíste testigo que dije alto y bien claro que no iría más, jeje..pero claro, fuí Concejal.

    Alter, te echamos de menos. Hubieras sufrido-disfrutado un montón. Lástima lo del chino.

    Javi, esa sensación de soledad que narras, es demoledora. Son momentos propicios para detenerse. Lástima que no pudiéramos seguir hablando de literatura a la sombra y con esa cerveza tan fresquísima.

    Víctor, tú eres el más curioso de nosotros. Tu entrada en el Triatlon así lo atestigua. Yo creo que tras los cientoyuno, la Ragua para tí fue mucho más llevadera.

    Paco, compruebo que a un año vista aún recuerdas esas rampas. Nadie como nosotros sabe cómo se experimenta el sufrimiento, donde el correr y el andar son las dos caras de una misma moneda. Ánimo en tu recuperación.

    Pedro, volveremos. Te ví suelto subiendo, y ya sabes que fuí testigo de excepción porque en los últimos kilómetros iba unos metros detrás de tí. Pocos corredores han crecido tanto en un año. Soberbio. Gracias por todo.

    Gracias Abel. Ese espíritu es burlón y, como bien dices, me temo que esté muy arraigado. Tengo todo un año para quitármelo o pasártelo a tí, jeje. Espero verte en esas rampas el próximo año.

    Amigo voluntario, vuestra labor en el avituallamiento la valoramos los corredores de una manera extraordinaria. Y el domingo vuestra colaboración fue básica. Fue fácil encontrar el botellín de agua, el isotónico o la sandia, gracias a vuestra buena predisposición.
    Agradeceros a todos vuestra desinteresada colaboración.

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  10. enhorabuena primero por la cronicay despues por tu magnifica carrera venciendo por segundo año al puerto de la ragua e incluso limandole algo al crono, doy desde aqui la enhora buena a todos los verdes participantes en la prueba.saludos roberto

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  11. mu descriptiva la crónica, y meritorio lo de ir a trote corriendo todo el trayecto, ya sabes que yo no, que alterne el andar rápido, llegue adelantar algún corredor, y el correr sin descanso. Asi que tengo margen de mejora si me da por el año que viene.

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  12. Muchas gracias Roberto. He leído que el año que viene vas fijo a La Ragua. Lo que me ha extrañado es que no hayas ido éste.
    Nos veremosel domingo.

    Mario, te veo carne de Ragua 2010, jeje. Hablamos para la prueba del domingo, en Dúrcal, creo.

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  13. La verdad es que ir una vez es de ingenuos, ir dos ya es un poco de masoquismo, Pero también de amantes d eeste deporte.

    Hay que enfrentarse a los retos con la misma disposición, a veces salimos mejor o peor parados.

    Un saludo

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  14. Enhorabuena a todos:
    Soy de Cartagena y estaba inscrito para correr. Por motivos laborales, hoy en día afortunado, no he podido estrenarme en Montaña. Me hacía ilusión al ser mis padres de Huéneja.Saludos y espero veros el año próximo.
    Daniel Portero del Club Atletismo Mandarache Cartagena

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  15. Antonio, lo importante es estar ahí cada año.

    Daniel, gracias por visitar este blog. Siendo de la zona, hubiera sido para tí muy motivadora esta carrera. Sin embargo, va camino de consolidarse y podrás participar el próximo año. Eso sí, es muy dura y es conveniente prepararse física y psicológicamente. Saludos.

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  16. COMPAE, simplemente genial "PARA ENMARCAR", no se puede transmitir mejor la inmensa y titánica lucha interna que viviste durante toda la carrera. Se sufre desde la primera linea hasta la llegada a meta. Personalmente pienso que cuando terminas de leer la cronica invitas a la gente a coger las zapatillas y salir corriendo, pero en dirección contraria a la meta.
    Felicidades COMPAE, como en la mayoria de las ocasiones has dado el do de pecho como escritor y como atleta.
    Reciban un fuerte abrazo BUENA GENTE.

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  17. Gracias compae por tus palabras. Un consejo: no hagas nunca esta carrera, jeje. Un abrazo.

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