miércoles, 29 de octubre de 2008

CORRIENDO ENTRE LA LLUVIA


Hace unos días, la lluvia nos cogió corriendo. A Manolo, a Abel y a mí. Esa misma noche –no recuerdo en que blog- Manolo se refería a lo que escribía un periodista deportivo, apellidado Segurola, sobre el resumen de lo que era un partido de fútbol: veintidós jugadores ante un balón, campo embarrado, lluvia pertinaz....algo que realmente emociona y pone la guinda al deporte. Eso lo viví en campos más modestos y embarrados, sin césped, y percibía todo aquello con un protagonismo heroico, con un sentimiento épico que dotaba de sentido a aquello que hacíamos en el campo. Era portero y buscaba balones imposibles en charcos infinitos y todo ese caos me motivaba más que jugar ante el sol y en un campo seco y ordenado.
Así que recordé todo aquello y celebré leer lo comentado por Pedreira, porque era así como nos sentíamos la otra tarde, escoltados a ambos márgenes por viejos y sufridos olivos. Además, impusimos un ritmo a tren, sólido, pétreo, constante, mientras las gotas caían en nuestros rostros sin que hubiera ya posibilidad de saber si era sudor o era lluvia. Porque la lluvia y correr comparten lazos inexorables. Pertenecen al ámbito de lo ancestral que hay en el individuo, a ese recuerdo primigenio de una época en el que las cosas aún no tenían nombre y se miraban a los ojos las bestias, el hombre y la naturaleza, sin que existieran aún jerarquía en el orden de las cosas. Por eso el correr ante la naturaleza viva nos hace tan dichosos y completos.

Mientras avanzábamos por los caminos lluviosos, contemplábamos que todo transcurría como en un calidoscopio, secuencias que pasaban ante nuestros ojos, cerros que aparecían y desaparecían, campos que se ensanchaban o menguaban al tiempo que el agua chapoteaba en nuestros pies con ese sonido sordo y al mismo tiempo cercano que nos ofrece la lluvia. Sabíamos hacía donde íbamos pero no hacia donde nos dirigíamos porque podría ocurrir que no se encontrara jamás el momento de tener que detenerse. La tarde era gris y oscura y la lluvia no golpeaba con violencia, por tanto, sabíamos que los dioses no nos arrojaban sus lágrimas con inquina alguna, como cuando confabularon contra Ulises para que no volviera a Ítaca; en todo caso, lloraban de dicha, como dicen que lloran quienes no pueden soportar tanta alegría.
Creí percibir que mis compañeros de ruta, en silencio, no aceptaron de buen grado la observación que hice de volver de nuevo hacia el Pantano del Cubillas. Nos encontrábamos en algún lugar de la misteriosa ruta que siempre ha sido para mí esa carretera local de Caparacena y la tarde iba extendiendo su negro manto. A la izquierda se ufanaba soberbia la sierra oscura que preside gran parte del camino, y los árboles que componen el misterioso bosque de las estribaciones de la sierra eran las misma descripción del misterio. Entonces al mirar hacia ese bosque recordé una secuencia de hace muchos años. Solía ir a esa zona cuando llovía –así de raro era, decían mis amigos-; salía del coche y sacaba a un perro pekinés que por entonces tenía, para que jugara en libertad, mientras ajustaba a tope el volumen del reproductor para escuchar la Misa de Réquiem de Mozart. Los pocos agricultores que pasaban por la zona, miran con cierta desconfianza, aunque en el fondo yo sabía que ellos también estaban allí, buscando excusas relacionadas con sus hazas y siembras, para contemplar aquellos parajes. En eso estábamos igualados.Por eso, la otra tarde se agolparon de golpe esos sentimientos que fueron magnificados por nuestra actividad atlética.
Cuando, a nuestro pesar, terminada la ruta, ya cómodamente en casa sentía cierta inquietud al pensar que no podía ser posible que correr diera tanto a cambio de tan poco, en este mundo tan deshumanizado que no parece querer ni saber apreciar las pequeñas cosas.

16 comentarios:

  1. Entre el cambio de hora, que me pone más tristón, estas entradas y que yo ayer también disfruté de la lluvia y el frio, me vas a poner tierno José Antonio

    ResponderEliminar
  2. Totalmente de acuerdo. Aprovechasteis bien esa clemente lluvia. CUando viene y se está corriendo, una maravilla. Ahora bien, no siempre los dioses son tan blanditos.
    Ayer me infligieron el castigo más duro imaginable. Fue Eolo, en concreto. Virgen santa! Tormentas de arena, latigazos de agua, una pared literal de viento en nuestras fauces... SIn embargo, 3 guerreros luchando con arresto y decisión, con una sonrisa esbozada, mientras las olas rompían con brutalidad a nuestra vera. Increíble. Un compañero incluso cayó dos veces... A la vuelta, sorprendentemente, todo cesó. No digo los ritmos que llevamos en dicha vuelta. Sólo diré que fue el momento en que más sentí la primera escena de Carros de Fuego. 3 tíos riendo mientras corren por el mar. Épico y mágico.
    Perdón por el tostón.
    SALUDOS

    ResponderEliminar
  3. José Antonio me parece magistral esta entrada tuya. En los post como este se ve al corredor José Antonio, magnífico...nunca he dejado de correr por la lluvia (mi mejor marca en marathon fue bajo ella), todo lo contrario ¡¡me gusta!!.
    Esa foto es buena, ustedes corriendo bajo la lluvia mientras dos transeúntes con sus paragüas y gabardinas...
    Saludos

    ResponderEliminar
  4. Cuando los elementos se conjuran contra el corredor, el deporte se convierte en una mezcla de épica y mística.

    Una gran entrada que demuestra que correr es más, muchos más que hacer deporte.

    Ayer no debía salir a correr. Pero vi esas nubes, ese viento y la posibilidad de una jornada dantesca... y me eché al camino. Lo que son las cosas, al final, hasta salió el sol. Pero fue un día bonito, gris, con los senderos estrechos de la Bicha mojados, con ese color especial de los árboles...

    Tenemos que seguir disfrutando de todo esto. Gracias, Alter, por recordárnoslo.

    ResponderEliminar
  5. Antonio, algo te noté esta mañana, pero ya sabes que tu exilio granadino conlleva frío y lluvia, jeje. .Saludos.
    Javi, los corredores no podemos espera a que acampe o amaine el viento: tenemos que seguir corriendo. Saludos.

    Paco, muchas gracias por tus bonitas palabras. Recuerdo esa foto tuya en la llegada, increible, y para colmo tu mejor marca. Correr bajo la lluvia hace más, si cabe, al corredor. Para mí siempre ha sido aliada en el fútbol y los ahora corriendo. En esa carrera de la foto nos cayó un buen momento y, curiosamente, es cuando hice mi segunda mejor marca en 10.000. Por cierto, una foto que hizo Antonio. Saludos amigo.

    Álter, me acuerdo de ese paraje de la bicha mojada e, incluso, nevado. Y es que como bien dices, correr es mucho más que hacer deporte, es unirnos a los elementos y a nuestro interior. Todo un lujo amigo.

    ResponderEliminar
  6. Esta hazaña me ha parecido siempre un privilegio de unos pocos, de unos pocos, en unos instantes donde , creía, nos abandonaba la cordura, a ojos de unos mucho, pero... bendita imprudencia.
    Sin duda todo un privilegio, saludos

    ResponderEliminar
  7. Bajé con esa intención a la vía verde, pero no me llovió, pero la entrada al estar en obras estaba llena de barro. Me puse perdido, creo que eso también es de la naturaleza.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  8. Salidas verdes bajo la lluvia. ¡Quién pudiera hacerlo! Esperemos que nuestro encuentro en Atarfe sea vestidos todos de indumentaria deportiva, ya sea con lluvia o despejado.

    Un saludo a ti y al grupo.

    ResponderEliminar
  9. Has hecho una evocación mucho más que reflexiva: has definido tu sentir, tus sentimientos y tus gratos recuerdos bajo el agua naturaleza.

    Saldremos a la lluvia. Ya no hay ningún tipo de excusa.

    Saludos republicanos. Alfa79

    P.D.: por cierto José Antonio, habrás leído o escuchado que han absuelto a los jóvenes gerundenses por quemar fotocopias de la imagen Rey.
    Creo que era una pasada considerar todo eso como un delito.

    ResponderEliminar
  10. Pedro, "bendia imprudencia", bonita frase y "bendita locura", la nuestra, sí señor. Saludos.

    Jesús, ese gesto de intentar ir a la Vía Verde para "perderte" en la lluvía, te clasifica como corredor. ¡ Y ese barro de tantos recuerdos infantiles! Me preguntaba si habías corrido la media de tu ciudad.

    Gregorio, espero que vaya bien tu lesión. Nos veremos en Atarfe, vestidos de corto. El año pasado nos llovieron unas gotas -aunque lo gordo vino una vez acabada la prueba- a ver este año.

    Amigo Toni, tu lo has dicho "ya no hay ningún tipo de excusa". Volver a la lluvía para reencontrarnos con la naturaleza, con nuestro yo, con nuestra esencia. Cada vez más convencido: Saludos Republicanos.

    ResponderEliminar
  11. Jose Antonio, que bien describes todas esas sensaciones y los paisajes. Dan ganas de buscar esa ruta la próxima vez que llueva. Qué cierto es lo de esa comunión correr-lluvia, a mi también me gusta.

    Saludos

    ResponderEliminar
  12. Toni, sí lo escuché a mediodia. Es lógico, es que no había por donde cogerlo. En ocasiones la excesiva protección a la Casa Real hace aguas: se queman símbolos no instituciones ni personas. Curiosamente, en EEUU, donde son tan estrictos para cuestiones nacionales, quemar su bansera no es delito.

    ResponderEliminar
  13. Gracias Victor. Conoces bien la ruta, que pertenece a "tu pueblo", y ya sabes que de por sí es bonita. Con lluvía es excelsa, te lo aseguro. Correr y lluvia..es como si habláramos del origen de todo. Espero nos veamos en Atarfe. Saludos.

    ResponderEliminar
  14. Jose Antonio, me ha encantado tu entrada! a mi me motiva la lluvia, luego no tanto los estornudos..jajaja
    en Atarfe estaremos.saludos

    ResponderEliminar
  15. Gracias Paco, hoy me ha vuelto a llover entrenando. A ver como acabo. Espero nos veamos en Atarfe.

    ResponderEliminar

Sin tu comentario, todo esto tiene mucho menos sentido. Es cómo escribir en el desierto.

EL CUENTO DE NAVIDAD

 Desde que aquel británico de nombre Charles y apellido Dickens nos deleitara con su Canción de Navidad , muchos autores han querido se...