miércoles, 24 de octubre de 2018

RELATOS Y ARTÍCULOS DE VIAJES (EBOOK)


La literatura de viajes se caracteriza por un elemento fundamental: el autor convierte en literatura lo que observa. Por eso, resulta tan atractiva. En este libro, el autor nos acerca a distintas ciudades y lugares de España y Europa, y nos cuenta en tercera persona, a modo de relato, sus impresiones, anécdotas, vicisitudes, reflexiones..., todo aquello que jamás podremos leer en una guía o página de viajes de Internet. Se trata de la visión del viajero que busca convertir su experiencia en literatura. Por tanto, el lector, podrá disfrutar a través de sus relatos de todo aquello que ofrecen las ciudades y lugares que solo es posible ver a través de la observación y las palabras. Es por ello por lo que el relato de viaje como género literario gana cada vez más adeptos y resulta tan interesante. Además, cuenta con la particularidad de poder guiar al futuro viajero por lugares que no conoce, complementado de manera literaria lo que ya tiene previsto visitar; o bien, descubrir cosas nuevas de lugares que ya ha visitado, pero que es posible que no haya advertido. O incluso, viajar con la imaginación a través de los relatos mismos. Esa es la magia de la palabra escrita, la cual vinculada al viaje en sí, se convierte en algo único. 

Circunscribiéndonos al contenido del libro, el lector podrá encontrar en él relatos de lo más variopinto, contenido y extensión. Y eso es así, porque no hay dos lugares ni dos viajes iguales. Cada cual tendrá su propia personalidad. Es por eso, por lo que el autor de este libro está convencido de que es el lugar o la ciudad que se visita lo que determina si se ha de escribir sobre ello o no. Viajará a La Mancha quijotesca, pero después lo hará al desierto de Tabernas o a la Cádiz milenaria; o bien visitará a través del texto la mágica Irlanda o penetrará en las atiborradas pero correctas calles londinenses, o bien se perderá en la Roma eterna para después visitar cuatro ciudades de la Baviera alemana. Pero no serán solo esos lugares los que visitará, serán muchos más.
El libro se complementa con artículos relacionados con viajes que el autor ha publicado en prensa y en revistas. Asimismo, el lector podrá leer un relato de un viaje muy especial relacionado con la figura de Colón, un viaje iniciático desde Santa Fé a través de la Vega de Granada, tras exponer su proyecto del Nuevo Mundo a los Reyes Católicos, los cuales se encuentran a la espera de tomar Granada al último reino nazarí de la península ibérica. Este relato pertenece a su libro "Conversación en la taberna y 41 relatos".



LOS RELATOS DE LAS LAS CIUDADES Y LUGARES QUE APARECEN EN ESTE LIBRO SON:



ESPAÑA: CÁDIZ, CABO DE TRAFALGAR, SANCTI PETRI, TABERNAS, TOLEDO ALMUÑECAR, MADRID, BARCELONA, LA MANCHA



EUROPA: ALEMANIA (Cuatro ciudades bávaras: Múnich, Núremberg, Würzburg y Rothenburg), Berlín 
IRLANDA Dublín, Acantilados de Moher,
INGLATERRA: Londres,
PORTUGAL: Lisboa, Oporto, Coimbra, El Algarve, Valença Ponte do Lima, Do Minho, Viana do Castelo, Braganza, Évora, Elvas, ITALIA: Roma, Florencia y Bolonia. 

Ebook disponible en exclusiva en Amazon

viernes, 19 de octubre de 2018

EQUIS QUERÍA CORRER (NOVELA CORTA) SERÁ PUBLICADA

Tras muchas horas de dedicación a mi novela corta Equis quería correr (mi primera novela que verá la luz), será publicada. He valorado mucho cómo hacerlo. Las vías no son demasiadas, sobre todo para un autor desconocido que jamás ha publicado una novela, aunque sí haya publicado otros géneros, que, hay que decirlo, tampoco han sido demasiado conocidos. A saber las vías son más o menos estas: A) envío del manuscrito a una editorial tradicional y prestigiosa, que no leerá porque se acumulan los manuscritos en sus oficinas, a no ser que llegue avalada por un agente, que tampoco es fácil encontrar, ya que estos también están hasta arriba de manuscritos. B) Buscar una editorial pequeña, que apenas tiene distribución física (en realidad casi ninguna) aunque sí la tenga mediante catálogo. A través de esta editorial pequeña se podrá publicar por varias vías, si se presta a ellas: enviar el manuscrito para que lo valoren y una vez valorado y decidan publicarlo, firmar un contrato, casi siempre leonino para el autor, y dejar que ellos lleven a cabo todo el proceso editorial, sin que tú apenas puedas hacer nada (he pasado por ahí o casi); y no poder hacer nada -y eso dependerá mucho del talante de la editorial- significa no poder elegir portada, tipo de maquetación, tamaño del libro, tipo de letra, corrección o precio. Son demasiados requisitos para un resultado que no será nada del otro mundo, porque tampoco la van a distribuir y, al final, todo el proceso de marketing lo tendría que hacer el autor, o sea, yo. Podría admitir algunas de estas cosas, pero hay otras que no. Por ejemplo, el precio. Este suele ser alto, sencillamente, porque al asumir la editorial todo el proceso editorial, intentará rentabilizar los costes y como sabe que no podrá hacerlo a través de miles de ventas lo hará gracias al amplio margen de ganancia que calculará por cada libro vendido. El resultado será que un libro que tiene un coste aproximado de cinco o seis euros lo venderá a quince, dieciséis o dieciocho euros y a esos precios un libro de formato estándar de medidas 15X21 y de unas doscientas cincuenta a trescientas páginas resultará caro, ya que es un precio más propio para un libro de mayor tamaño con tapa dura y de autores conocidos. Por tanto, lo idea es optar por una forma intermedia: asumir yo el proceso editorial, ayudándome de las editoriales honestas que prestan servicios pero que también llevan a cabo un proceso editorial solvente. De esa manera, podré opinar e intervenir en todo el proceso editorial y, lo que es más importante, fijar un precio más que razonable, que para un libro de las características antes anotadas no debería de estar por encima de los diez o doce euros.
Por tanto, dicho esto, este que os escribe desde este lejano rincón digital, va a publicar su primera novela, la cual ya casi he terminado de revisar por tercera vez, una vez leídos los borradores por mis lectores 0 y hechas sus sugerencias. Ya solo queda ese último o primer proceso editorial (depende cómo se mire): la corrección profesional y, posteriormente, todos los demás. 
Dicho también esto, expondré ahora los motivos por los que me ilusiona publicar esta primera novela. Son muchos, pero los trataré de resumir para no hacerme muy pesado (porque si habéis llegado hasta aquí es posible que dejéis ya de leer): el primer y principal es que he trabajado mucho en ella. No saldrá perfecta, porque ningún libro lo es, ni tampoco creo que vaya a ganarse a todos los lectores del planeta, pero es una novela a la que me he dedicado e intentado pulir lo máximo posible como el escultor pule una roca para sacar de ahí una escultura o un pintor da vida a un lienzo. El segundo, está más relacionado con mi proyección como escritor no profesional: necesitaba dar ese salto. Y aunque se trata de una novela corta (dedicaré otro día un post para hablar del proceso creativo que he seguido) que tendrá unas 53 000 palabras, necesitaba comprobar cómo me desenvuelvo en el género largo, más allá del relato corto, que es lo que más he escrito hasta ahora.
Hay más razones, pero las dejaré para otro momento. Tan solo comentarios (si ya habéis llegado hasta aquí, os pido un poco más de paciencia, por favor, que ya acabo), que no pretendo hacer una presentación como las anteriores -para quienes las hayáis vivido-, sino más discreta y con menos aforo. Llevo muy mal el compromiso de que se asista a la presentación de mis libros porque sea yo el autor y me conocéis. Prefiero que asistan cinco lectores que, en realidad, les interese mi libro y lo busque, a que asistan sesenta que lo hagan porque soy yo quien ha escrito el libro. Las presentaciones son pretenciosas y hay demasiadas, pero pueden ser divertidas y  emocionantes, además de un magnifico acto cultural, casi siempre enriquecedor. Por tanto, la haré en una librería, un lugar idóneo para presentar un libro y con poco aforo, muy a la americana. Intentaré que sea antes de que acabe 2018, pero queda aún bastante para culminar el libro y la Navidad está cercana y es mala fecha para presentar libros. Si no es posible, ya me iría al mes de marzo (los primeros meses del año sin realmente grises y oscuros) porque tampoco quiero llegar a la Feria del Libro, que se está convirtiendo también en algo muy pretencioso. 
Pero de todo eso ya hablaré otro día.  

martes, 2 de octubre de 2018

SEGUNDO CAPÍTULO DE LIBRO "TÚ PUEDES CORRER. COMIENZA A CORRER DESDE CERO" (EBOOK)

CAPÍTULO II: SI YA ESTÁS DECIDIDO, “CASI” PUEDES COMENZAR YA  

1. Si ya has tomado la decisión, ponte en marcha. 


El proceso mental decisorio ya lo has asumido. Ya sólo queda comenzar cuanto antes. En el título del capítulo rezaba el término “casi”, y eso es porque no es conveniente que te lances a los caminos, carreteras o calles, sin más. Y, lógicamente, correr no debería ser lo primero que deberías hacer, sobre todo, si no lo has hecho nunca. Debes de llevar a cabo con anterioridad una serie de cosas que te expondré. Porque, aunque correr pase por ser una actividad natural —y, de hecho, lo es—, debemos de llevar a cabo una serie de ejercicios previos para tonificar la musculatura que vamos a utilizar y que, probablemente, esté mal tonificada si no hemos hecho ejercicio en los últimos tiempos o nunca. De ahí que sea muy conveniente reforzar algo los músculos de las piernas y pies, por lo pronto. Si lo hace el corredor de élite, con más motivo lo deberá hacer quien comienza a dar los primeros pasos. Por tanto, andar, en principio, y reforzar es lo primero que deberemos hacer para iniciar esta aventura sin tempranas lesiones.     

2. Si quieres correr, comienza a andar.  

Sí, puede parecer un sinsentido, pero no lo es. Nadie debería comenzar a correr desde el primer minuto si no lo ha hecho nunca. Tampoco si no lo ha hecho desde los años del instituto o de la universidad. Lógicamente, aquí habrá que tener en cuenta le edad y el estado físico general antes de correr, pero eso tampoco será lo importante a la larga. Lo realmente importante es que es necesaria una mínima adecuación física. En este caso, andar no tiene por qué ser sinónimo de pasear. Es posible que estés acostumbrado a dar largos paseos, ir andando a la oficina o de compras por la ciudad, pero andar de manera concienzuda es otra cosa, en mi opinión. Es dedicar tiempo libre para hacerlo. Andar está dentro de lo que se denomina ejercicio aeróbico, como lo está ir en bicicleta, nada o correr, es decir un ejercicio que se caracteriza por la resistencia necesaria para llevarlo a cabo. Sin embargo, se trata de un ejercicio aeróbico de bajo impacto. No obstante, cuenta con la virtud de servir de base para acceder a otros deportes de base aeróbica de más resistencia y preparación. Entre éstos se cuenta correr. De ahí que sea muy necesario alternar en una primera fase correr y andar, predominando esto último.   

3. Adecuación física necesaria 

Pero hablemos de la adecuación física mínima para comenzar a correr. Ésta debería de comenzar por un chequeo, aunque sea básico (el sistema sanitario público lo podrá llevar a cabo sin problema alguno). No es necesario que ese chequeo sea exhaustivo, al menos al principio. Basta con que sea ordinario, siendo el propio médico de familia quien te lo puede tramitar. Piensa que los primeros meses la actividad, como decía, será de bajo impacto. Ahora bien, si con anterioridad has tenido alguna crisis cardiaca o cualquier otra enfermedad importante, no debes dar un paso hasta que no lo diga tu médico, porque siempre hay que ser prudente cuando se trata de afecciones graves relacionadas con el corazón, pulmones u otros órganos que tengan relación con el ejercicio. Incluso para gente que ha sufrido un infarto, será el propio médico especialista quien le aconseje un ejercicio moderado. Por tanto, no debe de haber problema inicialmente. Distinto será cuando alcancemos un nivel superior o nos propongamos llevar a cabo alguna competición, que exija un mayor esfuerzo. La importancia del chequeo viene dada, no porque no podamos comenzar la actividad aeróbica (que será de bajísimo impacto en un principio, insisto), sino porque es posible que padezcamos de alguna dolencia cardiaca que no conozcamos, si bien no es algo habitual. Además, se da la circunstancia que muchas personas que acceden al deporte por primera vez arrastran un hábito de vida totalmente alejado de éste. Es posible que sean fumadores, tengan malos hábitos alimenticios y sobrepeso. O sencillamente, posean un tren muscular inferior y abdominal poco desarrollados y necesiten reforzar determinadas zonas musculares. También es importante contar con algo de flexibilidad en los primeros pasos.  La buena noticia es que nuestro cuerpo y organismo poseen recursos más que suficientes de adaptabilidad, por lo que unas pocas sesiones —no es necesario apuntarse a un gimnasio, aunque también es una buena opción— en casa serán más que suficientes para comenzar a andar rápido y alternar andar con correr en poco tiempo.    Por tanto, mi consejo particular es que comiences a andar cada día una hora, a ritmo de paseo. Aquí lo importante no es tan sólo esa hora de ejercicio, sino ir creando un hábito. Sí es posible, arrebata una hora a tu tiempo libre y que esa hora sea la misma cada día. 

4. Cumplir con ese hábito a diario  

Como decía, de lo que se trata es de ir fabricando el hábito. Ser consciente de que esa hora la vas a dedicar a andar. Lógicamente, habrá días en los que no puedas salir a la misma hora o, incluso, que no puedas salir a ninguna. Pero procura que esos motivos que, en potencia, te pueden impedir salir a andar sean derogables. Que se trate de obligaciones personales, familiares, laborales, etc., que puedan esperar. Es necesario ser un pelín egoísta cuando inicias una actividad física, por lo general, solitaria. Es la única manera de cumplir el compromiso que te has fijado. A medida que lo vayas cumpliendo, te sentirás mejor contigo mismo, al tiempo que irás percibiendo que el organismo y la mente te piden esa hora de paseo, hasta el punto que te sentirás algo frustrado si algún día no has podido cumplir con tu actividad, mucho más si no has cumplido por motivos efímeros e injustificables. Repito, es así como se fabrica el hábito. Una vez conseguido, cuando llegue el momento de correr, te será mucho más fácil. 

5. Ponte en marcha, no esperes al fin de semana 

Es habitual que cuando se trata de actividad física nos fijemos el horizonte del fin de semana. Pero desde mi punto de vista es un error. Me explico. El fin de semana lo solemos asociar a ocio derivado del mayor tiempo libre. Y no diré que andar no lo sea, pero es importante que no lo consideremos así. Tampoco hemos de considerarlo una obligación, sino algo que debemos hacer, como comer, asearse, ir al baño…De ahí que sea muy importante integrarlo en el día a día y no dejarlo para el fin de semana. Porque si conseguimos integrarlo en el día a día, se creará en nuestra mente un hábito diario, mientras que sí solo andamos —o corremos— el fin de semana nos estamos diciendo que lo hacemos porque durante la semana no tenemos tiempo libre, que en definitiva no es más que procrastrinar. Hay que intentar que eso no ocurra. El fin de semana, ha de servir para redoblar nuestro esfuerzo diario, si cabe.  Todo eso tendrá más sentido cuando nos convirtamos en corredores habituales. Comprenderemos que no es necesario correr cada día, pero sí que es conveniente no correr solo el fin de semana. Insisto, la idea es integrar esta actividad en el día a día. No conozco mejor forma de crear hábito. 

6. ¿Cómo comenzar a andar?   

Lógicamente, no se trata aquí de enseñar a andar. Nada de eso. Nacemos con ese atributo genético. Se trata de ayudar a lanzarse a los caminos, las calles, los parques o por donde decidas hacerlo. Ponte algo cómodo y da el primer paso. Siempre me ha gustado distinguir la obligación de andar con la voluntariedad de andar. Por lo general, cada día andamos por obligación: para desplazarnos al trabajo si está cerca de casa, para coger el autobús, para ir de compras, para hacer alguna gestión…Por lo general, al tratarse de una obligación más no reparamos en ello. Nos desplazamos sin más, sencillamente, porque hay que hacerlo. Otra cosa muy distinta es andar de manera voluntaria. Programar esa hora a la que me refería anteriormente. Dejar todo y ponerse algo cómodo y lanzarse a andar. Es de esa manera como mejor se aprovecha el ejercicio, básicamente por un motivo: activamos la mente para esa actividad y todo se focaliza en ella. Todos los órganos se conectan de manera armónica para poder llevar a cabo esa hora de ejercicio. Ya no se trata de una obligación, sino de una actividad voluntaria. Y eso significa que cada paso que damos obtiene la máxima atención de nuestra mente, transmitiendo ésta esa atención a los órganos que intervienen en ese ejercicio: corazón, pulmones, piernas, pies… Por tanto, es en ese momento en el que hay que vestir algo que nos vincule con el deporte —un chándal, por ejemplo— y comenzar a dar los primeros pasos, conscientes de que vamos a estar una hora andando. Siempre he considerado que el primer paso motivacional para comenzar un deporte es vestirse con la ropa adecuada. Da confianza y, ya digo, mucha motivación. Prueba y verás que llevo razón.       

7. Sigue andando, pero prueba ya a correr un poco 

 Igual que ocurre con andar, también nacemos sabiendo correr. Sin embargo, es más fácil olvidarse de correr que de andar. Por una sencilla razón: se anda a diario, por poco que sea; correr, no. Por tanto, con el paso de los años perdemos el hábito y eso hace que perdamos también la flexibilidad y la técnica imprescindible para hacerlo. Y como resulta que cuando lo intentamos — normalmente, cuando no tenemos más remedio—, nos resulta desagradable y fatigoso, deseamos no volver a hacerlo. Pero es tan sólo una apreciación mental. Correr es otra cosa muy distinta. Siempre aconsejo que se corra algo cuando ya se llevan varias semanas andando. Pero ¿qué significa correr algo? Un buen principio podría ser el siguiente (no te voy a exponer un planing, que por lo general se acaban abandonando y no es ese el propósito de este libro): 

-Anda durante treinta minutos y corre durante cinco minutos. Posteriormente, anda quince minutos más y corre otros cinco minutos. Los últimos cinco que te quedan para completar esa hora diaria, hazlos andando. 

Esto lo puedes hacer cada dos días después de llevar tres semanas andando. 

No te aconsejo que incrementes por ahora el tiempo dedicado a andar ni a correr. Soy de los que piensan que los hábitos tardan mucho en ganarse y muy poco en perderse. Además, el mayor enemigo del hábito que va camino de afianzarse es el desencanto, la apatía o la falta de motivación. Por ese motivo, me parece muy importante ser muy conservador al principio. No ocurre nada si hacemos esos intervalos andar-correr durante un par de meses. Ya habrá tiempo para incrementar todo eso.  

Conozco a mucha gente que sin haberlo hecho nunca, o haberlo hecho en su juventud solamente, ha comenzado a correr a los pocos días de andar. Por lo general, han abandonado mucho más antes de lo previsto al haberse precipitado y obtener como respuesta malas sensaciones del organismo.  Andar y correr son parientes cercanos, pero no hermanos. Cuando andamos siempre tendremos apoyado un pie en el suelo, cuando corremos, por poco que elevemos los pies, no suele ser habitual. Ese esfuerzo conlleva que se activen músculos y arterias que no se activan cuando andamos. De ahí que sea muy importante comenzar a correr solo cuando se tenga una mínima idoneidad. Correr durante cinco minutos después de llevar andando varias semanas o meses no será un problema, pero será muy distinto correr durante veinte o treinta minutos. Para ese fin hay que tener paciencia y cierto bagaje físico.  Y hábito. Sin embargo, la buena noticia es que se consigue antes de que lo piensas. 


















EBOOK: RELATOS Y ARTÍCULOS DE VIAJES: ROTHENBURG

Si nadie le cuenta al hipotético lector nada sobre el pueblo de Rothenburg no habrá forma de imaginarlo a pesar de haber llegado...