lunes, 27 de enero de 2014

RELATO: UN MENSAJE DESCONOCIDO (INICIO)

      Cuando ya se había rebasado la medianoche del día de Nochebuena, comenzaron a entrar en mi móvil mensajes de felicitación. Amigos y gente conocida, por lo general. Pero, de entre todos los mensajes recibidos, uno me silba aún la cabeza a pesar de que han transcurrido ya cinco días y ya estamos a punto de comenzar el nuevo año.
            Venía escrito en una letra extraña, distinta a la de los demás y el número que lo enviaba, a pesar de que era convencional, no se encontraba en mi agenda. Sencillamente es un número de alguien conocido que no tengo en la agenda, me dije. Y con esa frase dejé de dedicarle más tiempo al supuesto enigma. Pero no lo olvidé.
            'Hola muy apreciado amigo, donde quiera que estés, te deseo muchas felicidades para el nuevo año 1914, de todo corazón. Ojalá nos podamos ver más en el nuevo año.'. Sin lugar a dudas, un error. Un mensaje escrito rápido en mitad de una celebración y con un teléfono de teclado diminuto. Pero un error extraño, eso sí. Hubiera sido mucho más lógico haberse equivocado en la última cifra e, incluso, en la penúltima, pero ¿en las dos primeras cifras? Es decir, un error que retrotraía cien años el cómputo temporal.
            No sabía con seguridad si lo que realmente me intrigaba era la procedencia desconocida del mensaje o ese error en las dos  primeras cifras, aunque me inclino más por esta segunda opción. Posteriormente, cuando trascurrieron los días el asunto fue creciendo en mi mente hasta convertirse en una obsesión.
            No hacía más que leerlo una y otra vez, buscar en mi agenda por si estuviera el número por algún lugar, hurgar en los mensajes recibidos que aún conservaba el teléfono e, incluso, iniciar una meticulosa consulta en la agenda del teléfono móvil que tuve con anterioridad y que aún conservaba. Pero nada. Todo intento fue infructuoso.
            Finalmente hice lo que solemos hacer cuando tenemos una llamada perdida o un mensaje innominado: llamar a ese teléfono. En el primer intento no hubo respuesta, a pesar de que dio señal de llamada; en el segundo intento, saltó un contestador automático de la operadora, en el que, por supuesto, no dejé mensaje alguno; en la tercera llamada, la misma voz de la operadora me indicaba que no había ninguna línea en el servicio con esa numeración. El intervalo temporal entre la primera y la tercera llamada, tan sólo fue de cinco minutos. Jamás había asistido a circunstancias tan diferentes cuando llamaba a un número en tan poco margen de tiempo.
            Al cabo de dos horas, volví a llamar de nuevo y en esta ocasión me atendió una voz femenina:
          -Hola -dije a modo de saludo-, me llamo Miguel Ángel Gonzálbez y tengo un mensaje de este teléfono...
            -Con quién quiere hablar -me dijo la voz femenina, interrumpiéndome sin miramiento alguno-.
            -Es eso lo que pretendo averiguar..¿Con quién estoy hablando?
            -Está hablando con la funeraria Salmoral.
            Esa respuesta me inquietó mucho, pero aún así, pedí disculpas y colgué.
            ¿La funeraria Salmoral?
            No me era familiar en absoluto. O, al menos, no constaba que hubiera ninguna que respondiera a ese nombre en la ciudad. Busqué en Google.
            En el buscador no aparecía ninguna funeraria de la ciudad que respondiera a ese nombre, pero sí había una con ese nombre en un perdido pueblo de Toledo.
            ¿Qué relación había entre se mensaje recibido en mi móvil y ese perdido pueblo de Toledo?
            Lejos de que ese último dato me tranquilizara, me perturbó aún más. Ya sólo vivía para aquel asunto. Iba a trabajar como cada mañana, pero a los pocos minutos de comenzar el trabajo ya estaba planificando en el bloc de notas que siempre llevaba conmigo la siguiente tarea para intentar averiguar este enigma; me enganchaba a ver alguna de mis series norteamericanas favoritas y a los pocos minutos perdía el hilo de la historia porque la mente se llenaba de preguntas e interrogantes sobre la procedencia del mensaje. Así que decidí llamar de nuevo a la funeraria. Pero en esta ocasión no contestó nadie. Lo volveré a intentar más tarde, me dije.
            Y así lo hice. En esta nueva ocasión -la enésima ya- sí contestaron.
            -¿Funeraria Salmoral? -pregunté con decisión-
            -No. Se ha equivocado de número.
            -Disculpe, pero no es posible. Llamé hace unos días y.....
        -¿Cree usted que no sé qué sitio es éste al que usted llama? -preguntó con tono molesto pero muy educado la voz masculina al otro lado del teléfono-
            -No quería decir eso. Es que....verá. Este número que he marcado correspondía hace unos días a la Funeraria Salmoral de Orgaz, en la provincia de Toledo. ¿Estoy llamando también a un teléfono de esta localidad?
            -En efecto.
            -Por tanto, supongo que el abonado habrá cambiado de número hace pocos días y le han podido adjudicar su número a usted -esgrimí como teoría muy probable-
            -No es posible eso que usted me está diciendo. Yo llevo con este número más de quince años.
            -De acuerdo. ¿Me permite que le enumere la cifra para comprobar si he podido equivocarme?
            -Sí, de acuerdo. Adelante.
            Le enumeré la cifra, tal y como habíamos acordado.
           -Sí, el teléfono que usted ha enumerado es el mío. No se ha equivocado -contestó con exquisita amabilidad mi interlocutor-
            -Pues no lo entiendo. En todo caso, disculpe las molestias.
            -No importa, son cosas que pasan. Adiós.
       Cuando colgué el teléfono todo daba vueltas a mi alrededor. Me sentía como embriagado y mi estómago comenzó a tensarse como un arco. ¿Qué estaba ocurriendo? Me sentí bloqueado y sin capacidad alguna de acción. Sencillamente no sabía qué pasos seguir dando. Llamar de nuevo era absurdo. Es más, podría complicarse aún más el asunto. Podría pasar que ese número correspondiera a otra nueva persona. Las opciones que me quedaban eran pocas y tampoco quería contárselo a mis más allegados porque seguramente lo atribuirían a mi calenturienta imaginación, que es lo que siempre solían decir cuando les planteaba algún asunto que se salía de lo normal.

            Pero es que este asunto sí que se sale de lo normal, pero ¿cómo explicarlo?...

Así comienza un relato que comencé a cuento de un mensaje real que recibí en mi móvil la misma noche de Nochebuena.
Y lo que parecía iba a dar para un relato breve, poco a poco se está convirtiendo en un relato corto, y es posible que vaya camino de una novela corta....  



martes, 14 de enero de 2014

ELLA NO SABE (Y LA MONARQUÍA IGNORA)

Ella sólo sabía que el careto que aparecía dibujado en los billetes de diversos colores era el de papá. Y eso no podía ser nada malo. 'Era papá, señoría, y papá siempre nos ha cuidado'. 

También sabía que lo único que tenía que tener en mente era un número de cuatro cifras. Se metía la tarjeta de plástico en un aparato y se pulsaban esas cuatro cifras. Y ya está. No había que hacer nada más. 
Es más, cuando tenía que sufrir el engorro de llevar repetidos los billetes con el rostro de papá en el bolso, bastaba tan sólo con entregarlos a quien, a cambio, te ofrecía el abrigo de visón, el móvil de última generación, la fiesta de cumpleaños de los niños, la estancia del hotel de Malibú, (¿o era Candanchú?, se pregunta).., si bien, en ocasiones el de la agencia decía que ese viaje ya estaba pagado '¿Pagado?', se preguntaba ella. 'Habrá sido papá', se decía. 
Ella no entendía las llamadas que hacía y recibía su atlético y esbelto marido ('Lo quiero, se decía mirando con los ojos vueltos al cielo. Es alto, guapo, listo...'), pero estaba segura que eran llamadas importantes. Luego, ya por la noche, la invitaría como siempre a cenar en un exclusivo restaurante de Barcelona y le contaría que había hecho un gran negocio en Valencia o Mallorca. Eso era lo que más le gustaba a ella. El momento en el que llegaban al restaurante después de una dura jornada, llamaba a la canguro para preguntar por los niños, pedían un exclusivo vino y, alzando, la copa para brindar, la especial luz de la vela y de la felicidad se reflejaba en su rostro, mientras su tierno marido ('qué listo es') le contaba los logros que había conseguido ese día. 
En ocasiones, estaba tentada de preguntarle a su amantísimo esposo si en los billetes que había ganado estaba el rostro de papá, pero le daba vergüenza hacer esa pregunta. Y también le daba algo de miedo hacerla, no vaya a ser que no estuviera como ya le ocurrió en una ocasión. La recuerda perfectamente: estaban ambos en Suiza ('¿O era Suecia?', se pregunta) y su amantísimo le enseñó unos billetes que había ganado en unos negocios días antes y, ante su sorpresa, descubrió que esos no tenían la imagen del careto de papá. No pudo negar que se alarmó, pero no quiso decirlo delante del esposo.
'Pero de todo, lo más, es el palacete que hemos comprado en Barcelona', le contaba a sus íntimas amigas mientras almorzaban en el puerto de Palma. Su marido siempre le decía que ella se lo merecía. Que no era posible que ella viviera en una casa normal siendo quien era y que la familia iba creciendo y necesitaban espacio. '¿Se lo decimos a papá?', preguntó ella emocionada. 'No, cariño, ya le daremos la sorpresa en su momento,' le contestó él. Lógicamente, ante la decisión de su amantísimo poco podía objetar: él era el que entendía de esas cosas de casas ('¿o se llaman inmuebles?', se preguntó). 
'¡Qué bien nos va con nuestras empresas y en la vida!', decía ella una y otra vez. 'No nos merecemos otra cosa', le comentaba él. Siempre tan atento. Y,además, papá era tan bueno. Todos los meses le mandaba un montón de billetes de esos en los que aparece su careto. De todos los colores y tamaños. 'Pero ¿papá- le preguntaba ella-, por qué tienes tantos billetes con tu cara?' Su papá reía socarrón y le acariciaba el pelo, como siempre había hecho. 
No obstante, esa felicidad, que parecía eterna, una mañana se nubló algo. Llamó su asesor por teléfono a su residencia de Whasington y le dijo que el nombre de su marido aparecía en varios periódicos de España. 'Pero eso no puede ser malo, es señal que allí lo quieren. Ha jugado al balonpié o como se llame ese juego', le contestó ella. El asesor, acostumbrado a las respuestas de ella, cambió la estrategia y le dijo con palabras suaves que su marido estaba siendo investigado. 'Es la envidia, le contestó ella algo descorazonada, es la envidia'.
En pocos meses, esas breves noticias fueron agrandándose y aumentando su presencia en los medios. Ella no comprendía nada de lo que estaba pasando, hasta que un buen día, también apareció el nombre de ella en los periódicos. Su abogado, le dijo a los periodistas que ella no sabía nada. 

Esta mañana ella se ha levantado triste. El día no tenía la luz que los días anteriores. Los periódicos dicen que le han imputado y que tiene que ir a un juzgado de Palma, pero ella no sabe bien qué significa eso. Está hecha un lío.'A ver si esta noche me lo explica mi amantísimo en nuestro restaurante favorito, como ha hecho siempre', se dice.  

                                                                                                          

                                                                                              Por: José Antonio Flores Vera

domingo, 12 de enero de 2014

CINE: LA DUDA (USA, 2008)

'La Duda' es una película que va camino de tener seis años, pero a mí me parece tan genial como el primer día. Una de esas películas que cuentan con todos los ingredientes para integrarla dentro del gran cine: guión, dirección, interpretaciones, fotografía, diálogos, temática, ambiente...En mi opinión lo tiene prácticamente todo. Cuando la vi por primera vez el año de su estreno comprendí que estaba ante un futuro clásico y estuve buscando el BD, hasta que por fin en una generosa oferta lo localicé y adquirí, porque sabía que la fotografía del inglés Roger Deakins en alta definición iba a ser un espectáculo. No me equivoqué. También es excelente en 5.1 DTS.
De 'La Duda' se puede escribir mucho, ya que cada aspecto de la película, tanto los técnicos como los artísticos y literarios, merecen un capítulo aparte. Pero, mucho mejor es referirme al conjunto, a ese estado de gracia en el que nacen muy determinadas películas. Un estado de gracia que pasa por una conjunción tanto de actores como de guionistas o el mismísimo director.
Parte importante de ese mérito en esta película se debe a su director, el norteamericano John  Patrich Shanley, que también es el guionista. De hecho, se ha basado en su propia obra literaria, ganadora de un Pulitzter y de un premio Toni de teatro. De hecho, el mismo nos cuenta que 'La Duda' refleja el ambiente del colegio en el que él estudió en 1964 en la ciudad de New York y que, decidió irse a ese mismo lugar a grabar la película. Por tanto, estamos ante una obra que sin ser biográfica, nace con conocimiento de causa, si bien poco se refirió a si lo que centra la temática del film pudo ser real o no, a pesar de que no es un asunto nuevo, ya que esa 'duda' en la que se centra esta película ha salido a la luz pública y no pocos escándalos ha tenido que tragarse el Vaticano en lo que se refiere a la pederastia y la homosexualidad en el credo.
No obstante, yo diría, que ni tan siquiera ese tema tan crucial es el centro neurálgico de la ´rama aunque, indudablemente, lo parezca. El centro en sí está en esa 'duda' que levita en el ambiente y que crea dos posiciones antagónicas, que son de poder y de ego, dicho sea. Asimismo, refleja dos formas antagónicas de entender la iglesia. El espectador, siempre podrá decantarse por alguna de las partes, que es lo que parece pretender la película en sí. 
En fin, muchos matices que podrían rellenas páginas y páginas y el siempre certero deseo de poder verla repetidamente, pudiendo descubrir siempre más matices, que es algo muy propio de las obras maestras.  

sábado, 11 de enero de 2014

MÚSICA: RIVERSIDE (POL. 2001-ACT)

Riverside es una banda polaca que cultiva el rock y el metal progresivo, existiendo una fina línea en la transición de un estilo a otro. Y eso se debe al virtuosismo  de sus músicos. 
Funcionan desde 2001 pero debieron esperar hasta 2007 para que su música comenzara a triunfar de forma importante. Y lo hizo con su tercer álbum de estudio denominado 'Rapid Eye Movement', que les sirvió para que la mítica 'Dream Theater' les llamara como teloneros en su gira europea, algo que es coherente por la similitud -no identidad- de estilos de ambas bandas.
Ambas tienen en común un enorme esmero en cada uno de los instrumentos que interpretan. Y ese esmero lo es tanto en estudio como en directo, que no es algo que sea común a todas las bandas. Y, lógicamente, ese empeño se aprecia en sus trabajos. Nada mejor que escucharlos en un buen equipo y con buenos auriculares Hi-FI, para saber de lo que estamos hablando.
De manera similar a Dream Theather, Riverside utilizan los siguientes instrumentos: batería, guitarra acústica, guitarra principal, bajo y teclados. También son muy dados a la percusión y a los muy cuidados arreglos. La voz de su cantante, Mariusz Duda, es más grave que la de James LaBrie (es posible que mejor cantante) y a diferencia de éste, aquél suele cantar acompañado de bajo o, incluso, de guitarra, asunto ese que siempre ha sido la asignatura pendiente del cantante de Dream.
Lógicamente, me queda mucho por escuchar de esta banda polaca pero lo que ya he escuchado (principalmente, su último trabajo 'Shrine of New Generation Slaves') me parece excelente, tanto por la mezcla de sonidos como por la versatilidad musical.
Inserto dos vídeos de YouTube: el primero de una actuación en directo de excelente calidad y el segundo un vídeo estático de su último disco. Aconsejo que se escuchen un buen rato para captar su calidad y disfrutar de esta música. Y eso sí, no os conforméis tan sólo con la mínima calidad sonora del ordenador. 









miércoles, 8 de enero de 2014

CINE: EL MEJOR PADRE DEL MUNDO (USA, 2009)

Con ese título -que es bastante fiel a su título original- , muy propio de típica película llorona de la factoría Disney, era fácil que me pasara desapercibida, pero como uno ya conoce que no siempre el título hace honor a la película -y viceversa-, me aventuré y busqué información, y al ver que no estaba en absoluto mal valorada, decidí finalmente verla. De hecho, es la primera película que he visto este año.
Y, realmente, no me he arrepentido de hacerlo, ya que se trata de una película que atesora calidad y cuenta con un guión bastante original. De hecho, su temática no ha sido demasiada trillada en el cine y resulta mucho más más irreverente de lo que aparenta a simple vista.
Además, siempre es un buen referente que la encabece algún intérprete al que le tengamos el debido respeto y, en este sentido, Robin Williams, ya ha demostrado que es muy capaz de dar un excelente nivel en papeles complicados y complejos. 
Esta película norteamericana de 2009, realmente se disfruta y te deja pegado al sillón. Consigue entretener al espectador al mismo tiempo que consigue que la historia avance de forma fluida pero efectiva. Una versión del fracaso y del éxito que, a pesar, de estar muy presente en la sociedad americana, no lo tenemos tan lejano en la europea. Personas que deciden dar un paso en su vida, aprovechar una oportunidad que se le ha dado y que, finalmente, su ética, su moral o su percepción de la vida, les dictará cuál será el punto y final de la historia. 
Yo creo que no os defraudará.     

NOTA:

No dejéis de: votar en la encuesta y tampoco dejéis de leer el comentario sobre la nueva zapa. En lineas generales: NO DEJÉIS DE MIRAR A LA DERECHA DEL ORDENADOR, que también hay mucho contenido.   

martes, 7 de enero de 2014

CUATRO CIUDADES BÁVARAS (y IV): MÚNICH

Sede BMW (Foto de J.A. Flores)
     Múnich era nuestro último destino en este recorrido por tierras bávaras. La gran ciudad del sur de Alemania, próspera y avanzada, nos recibía en una tarde nublada.
       Su multitudinaria estación central, en la que confluyen todo tipo de transporte públicos por ferrocarril, no paraba de vomitar todo tipo de trenes, de larga distancia, de corta distancia, de distancia local..., todo mezclado y en apariencia caótica, aunque en la práctica totalmente ordenado y eficiente, como suelen ser los transportes en este país.
       La HBF -estación central de ferrocarriles- a las una de la tarde es un hervidero de personas que parecen atropellarse a lo largo y ancho del amplio hall de la estación, repleto de puestos de comida rápida y tiendas de todo tipo. Unos buscan los trenes de larga distancia, pero los más se internan en largos pasillos para buscar el transporte de cercanías y el metro. Nosotros, en cambio, tan sólo buscamos la salida a la calle porque sabemos que muy cerca está el hotel en el que nos íbamos a hospedar. Según mis cálculos, no estaba a más de diez minutos a pie.
                A pesar de quedar aún tres horas de luz -el manto de la noche se despliega hacia las dieciséis horas-, parece más tarde, porque siempre parece más tarde en Alemania. Largas calles y avenidas se inician desde la puerta principal de la estación y, en breve, localizamos la calle que nos conduciría a nuestro hotel.
             No son calles bonitas. Pareciera que todo lo bonito y suntuoso en Múnich se reserve para las zonas centrales de la ciudad, tal y como pudimos comprobar horas después. Ese dato no es muy distinto a lo que suele ser habitual en cualquier ciudad grande de Europa. Pronto llegamos al hotel.
               -¿Han visitado antes Alemania? -nos pregunta el recepcionista en un perfecto español-.
             -Sí, es la segunda vez que venimos a Alemania. Conocemos Berlin -le contestamos-.
                   -Pues entonces, sólo han estado una vez: Baviera no es Alemania -nos contesta entre jocoso y serio-. Múnich es a Alemania lo que Barcelona a España. No nos consideramos muy alemanes -concluye-.
                  -Yo pensaba que aquí existía más unidad; al menos es lo que parece de puertas para afuera' -le comento sorprendido-.   
                 -Sí, es lo que parece, pero no.
               Que el recepcionista alemán hable un perfecto español nos iba a venir de perlas, nos dijimos.
Puerta entrada campo de concentración de Dachau (Foto de
 J.A. Flores)
      Como antes decía, la noche cae muy pronto en Múnich y mucha actividad cae a partir de las cinco de la tarde, por lo que las opciones de visitar el mítico campo de concentración de Dachau no iban a ser muchas, así que era el momento de coger un tren de cercanías y dirigirse a la no muy lejana localidad de Dachau para visitar su campo de concentración.
         
      Visitar un campo de concentración o de exterminio Nazi en Alemania es algo que no a todo el mundo apetece, pero nuestra visita contemplaba esa opción, una vez conocida la intrahistoria nazi de Núremberg. Y, efectivamente, no es nada agradable comprobar cómo no hace muchos años -una gota de agua en el océano de la historia de la humanidad, pero una gota que cambió muchos destinos-, la barbarie asolo esta parte del mundo. Y, sabedores, de que el pueblo alemán y sus autoridades colaboran de forma decisiva para mostrar los datos, lugares y símbolos de esta barbarie de la forma más objetiva posible, nadie debería desaprovecha la oportunidad de visitar los lugares pertenecientes a la historia del nacionalsocialismo.
Hornos crematorios de Dachau (Foto de J.A. Flores)
      No describiré el campo de concentración de Dachau, pero sí diré que una vez dentro uno se siente desolado y herido. Demasiado trozos históricos de barbarie en tan poco tiempo de visita te dejan perplejo, atribulado y con muchas preguntas en tu mente. Pero es lo que ocurrió y como tal hay que mostrarlo. Precisamente para intentar que todo lo que ocurrió en estos lugares no se vuelva a repetir.
              
               De regreso a Múnich, nos recibe una ciudad muy distinta. El rotundo manto de la noche ya ha cubierto las calles y plazas y a través del tren se pueden apreciar las infinitas luces que se aprecian a través de las infinitas ventanas de los infinitos edificios de oficinas, fábricas y grandes comercios. Sin lugar a dudas, lo primero que te asalta a la mente es la idea del alto desarrollo económico con el que cuenta esta zona de Alemania. 
Mercado central de Múnich (Foto de J.A. Flores)
     El centro neurálgico, histórico y comercial de Múnich no estaba a más de quince minutos andando del hotel y visitarlo es conocer 'otro Múnich'. Ya describía en entradas anteriores el fervor en estos lugares hacia sus mercados navideños. Tampoco la capital de Baviera es la excepción. Menos pintoresco que el de Núremberg, éste se despliega a lo largo de una enorme extensión entre la Karlplatz y la Marienplatz, compartiendo escenario con la más rabiosa zona comercial de la ciudad. Lógicamente, sobra decirlo, no faltan luces, puestos de todo tipo ni adornos navideños.
               A esa hora de la tarde, siendo ya noche cerrada, esta vasta extensión comercial, en la que confluyen también los más importantes monumentos de la ciudad, está completamente atorada de gente, ávidos de saborear el ambiente navideño y de comprar en sus miles de comercios, a pesar del frío. El pequeño comercio, mucho y variado, compite abiertamente con las grandes superficies y de por medio la Catedral de Múnich y los enormes y cuidadísimos monumentos civiles y religiosos que adornan por doquier toda la zona comercial, presidiendo la Marienplatz el espectacular Altes Rathaus (viejo ayuntamiento), antigua puerta de entrada a la ciudad,  que fue destruido en la Segunda Guerra Mundial y reconstruido en los cincuenta y que contó con un afamado salón gótico, también ahora reconstruido.      
Exterior de la cervecería Hofbräuhaus (Foto de
J.A. Flores)
    No muy lejos de allí se encuentra la afamada cervecería Hofbräuhaus, muy vinculada al ideario nazi. Pero hoy día, se trata de uno de los lugares más visitados de la capital bávara y en la que confluyen, en sus dos enormes salones, el muniqués de raza y el turista asombrado. Nosotros, lógicamente, pertenecíamos a ese segundo grupo, pero la magia del lugar -o su historia- hace que en pocos minutos, una vez estés ya degustando su famosa cerveza y su codillo, te sientas del lugar y así te consideren. No en vano, no es difícil iniciar conversación rápida con naturales del país en esas famosas mesas y bancos corridos en los que, necesariamente, compartirás las viandas con personas desconocidas.
Música bávara y cerveza, dos señas de identidad
de la cervecería (Foto de J.A. Flores)
      Sin embargo, toda esa fraternidad no es forzada. Todo lo contrario: el lugar, las viandas, la bebida y el halo especial del establecimiento pronto provocan buenos lazos de confraternidad, a pesar de la barrera del idioma. Realmente, cuando te despides de este mágico sitio piensas que la humanidad comparte lugares comunes y que, tan sólo, los intereses económicos y políticos hacen que -o quieren hacernos vez- parezcamos distintos e, incluso, enemigos. Pero, sobre el papel, esa ecuación no es tan complicada de resolver, para lo cual reto al lector de esta crónica a comprobarlo por su propia cuenta visitando este famoso templo gastronómico y de la cerveza.
Interior de Hofbräuhaus (foto de J.A. Flores)
     Y si lo hace, comprenderá que todo lo que le han contado sobre -por ejemplo- el carácter reservado teutón no es en absoluto cierto, a pesar de las diferencias culturales que puedan existir, a pesar de que el sentido de humor bávaro no es extrapolable a otras zonas de Alemania, igual que suele ocurrir en las distintas zonas de nuestra desangrada España. 
             
  El callejeo por Múnich es más que agradable y los comercios a esas horas de la tarde están a rebosar. Obviamente, ayuda y mucho el hecho de que estemos en el corazón del Adviento, por lo que el consumo unido a la bonanza económica de esta zona de Europa hacen que uno considere -no con cierta crítica- que Europa no se está construyendo al mismo ritmo, por mucho que esa sea la proclama de dirigentes aviesos y cínicos. De hecho, las galerías comerciales repletas de las marcas más lujosas del mundo, así lo atestiguan en esta ciudad que, pasa por ser la ciudad más próspera de Alemania, lo que vendría a significar que también es una de las más prósperas de Europa y del mundo.
(Foto de J.A. Flores)
    Y para demostrarlo, la ciudad muestra con orgullo dos de sus símbolos más emblemáticos: la sede central de la corporación BMW y el majestuoso diseño de su nuevo estadio de fútbol, el Allianz Arena, uno de los más avanzados del mundo. Si la sede de BMW representa a un motor con cuatro cilindros, el estadio de fútbol, sede del Bayern München y el TSV 1860 München , simula a una especie de panal o bien un neumático -cada cual dé su versión-, compuesto en su exterior por casi tres mil paneles romboidales metálicos, capaces de iluminarse con los colores de los dos equipos anfitriones y de la selección alemana. Es, quizá, el mayor símbolo arquitectónico de la ciudad.    
               Múnich y la cerveza forjaron su historia de manera conjunta. De hecho, el nombre de la ciudad deriva del monasterio fundador de la misma, en el que se elaboraba cerveza que posibilitaba el sustento del mismo y la manutención de la empobrecida población circundante. Por tanto, no era lógico dejar esta ciudad sin, al menos, conocer la sede de la 'Oktoberfest', que pone patas arriba a la ciudad. Lógicamente, por las fechas, no era posible disfrutar este fastuoso festival, pero sí el mercado navideño alternativo, totalmente pensado para la gente más joven de la ciudad y sus alrededores. Cientos de puestos, decenas de carpas temáticas: de gastronomía, de productos navideños artesanales, de tejidos artesanales y de todo tipo de productos que uno pueda imaginarse. Y, presidiéndolo todo, los imprescindibles puestos de salchicha al estilo muniqués.
                 Ante la explosión del ordenado y respetuoso gentío y las múltiples posibilidades de consumir, una vez más, el viajero comprende que está en una parte de Europa que va en otra marcha económica y, probablemente, en otra dirección, muy distinta a la que nos dirigimos -por ejemplo- en España. Y comprende también, que la insistencia de las autoridades alemanas en aligerar la deuda persistente de los países más atrasados no es otra cosa que persistir para que la bonanza económica de su país no caiga en saco roto por medio del efecto arrastre. Otros dirán que estamos ante una parte de Europa que ha hecho los deberes, que cuenta con una clase dirigente que no ha despilfarrado tanto como lo han hecho los lideres de otros países, como es el caso de España. Ambas posturas pueden ser ciertas, pero también en ambas posturas hay mecanismos complejos de difícil comprensión. 

lunes, 6 de enero de 2014

UN PROPÓSITO ES UN DESPROPÓSITO (IDEAL 6/1/2014)


Por prioridades, o por aquello de lo caduco de la prensa, interrumpo el artículo sobre la última ciudad bávara -Múnich- (el cual volveré a subir mañana) y   dejo espacio para insertar el artículo que publico hoy en el diario Ideal, de temática muy de primeros de año. ¿Quién no se ha hecho uno o más propósitos al comenzar el nuevo año? ¿Quién no ha llegado al final del año y comprobado con desazón que no lo ha cumplido? De ahí que denomine a este artículo:  

UN PROPÓSITO ES UN DESPROPÓSITO

Por su propia naturaleza, un propósito suele consistir en un despropósito anclado en el tiempo. Y como no hay forma de desanclarlo, nada mejor que esperar a que comience el año para intentar hacerlo. De ahí que ninguno suela cumplirse.
            Ahora que ha comenzado el nuevo el año, todo el mundo se hace propósitos. Y está bien que así sea; al menos, como higiene mental y autocomplacencia. Pero hay que decirlo alto y claro: un propósito siempre nace con vocación de fracaso. Para eso se inventaron.
            De hecho, quien decide cambiar el rumbo de algún aspecto de su vida, ya sea dejar de fumar o comenzar a correr -por referirme a dos de los propósitos más al uso-, lo suele hacer sin importar que el nuevo año asome o que esté ya feneciendo. Es más, ni tan  siquiera se atrevería a llamarles propósitos. Esa denominación engañosa arruinaría la hazaña.
            Curiosamente, al hilo de estos dos propósitos citados, que casi todo el mundo ha acariciado en alguna ocasión, siempre me ha llamado la atención que se incumplan sistemáticamente, sin necesidad de esperar a que amanezca el día dos de enero. Dejar de fumar -o de beber-, curiosamente, se incumple metódicamente al alargarse los fastos de Nochevieja hasta bien entrado el primer día del año; y si eso es así, ¿quién tiene cuerpo para comenzar a correr ese mismo día si, además, no lo ha hecho hasta ahora?
            Los propósitos, por tanto, no son otra cosa que metáforas de nuestra propia existencia y es probable que hasta un resumen de nuestras vidas. Propuestas de llevar a cabo cosas que nacen con vocación de incumplimiento, pero que ofrecen una paz mental y espiritual mucha más casera y barata que el diván del psicoanalista.
            En ocasiones, los propósitos no son más que tendencias comerciales e incluso políticas. Me explico. Muchas de las cosas materiales que queremos para el nuevo año no son producto de nuestra deseo sino de las agresivas campañas de los publicistas, que sabedores de la vulnerabilidad de nuestra psicología la utilizan a su antojo: un coche para el nuevo año, aprender un idioma, un crucero, un nuevo móvil (no hay más que fijarse en los últimos anuncios del viejo año y los primeros del nuevo). E incluso tendencias políticas, decía, sobre todo si el año que se estrena es de elecciones: el propósito de cambiar los cargos políticos de tan nefasta gestión (en ese caso sí que resulta lamentable que los propósitos no se cumplan), a cambio de ofrecernos nuevos que al poco tiempo suelen mostrarse aún más incompetentes, si eso fuera posible.
            Por tanto, haga memoria el hipotético lector acerca de qué propósitos hechos el último día del año han llegado a ser fructíferos. En realidad, pocos o ninguno. En cambio, los nuevos hábitos -que no propósitos- suelen llegar sin preaviso. Sencillamente, un buen día alguien decide dejar de fumar porque comprende que es inútil, insalubre, molesto y costoso; y también un buen día -el verano es ideal para ello- decide comenzar a correr porque comprende que es útil para el organismo y la mente, saludable y agradable, además de barato. Así de fácil.

            Y ni tan siquiera ha denominado propósitos a esos cambios de hábitos ni ha tenido que esperar a que comience el nuevo año. 

jueves, 2 de enero de 2014

MUCHO QUE HACER

Comienza el nuevo el año. Y con él, bien guardado en la mente, en notas, en apuntes, mucho que escribir aquí. Pero iremos por partes. No obstante, diré lo más novedoso, para lo cual es necesario un pequeño prólogo.
Iba el día uno de enero corriendo feliz entre olivos. Como se puede fácilmente suponer, no había un alma. Ni tan siquiera había nadie recogiendo aceituna (algo normal en día festivo tan señalado). Hasta los pájaros -que suelen ser muchos, y de diversos tamaños, en zona de olivos- parecían estar todavía dormitando la noche de resaca. Incluso uno de ellos pió de manera desaforada a mi paso: ambos nos asustamos. Seguramente, no esperaba encontrarse con nadie.
 El día estaba algo nublado -a pesar de que  había amanecido con sol-, pero la temperatura era buena. De hecho, utilicé para correr un pantalón técnico corto de verano -un Adidas negro- y una única capa como camiseta técnica -una Brooks negra-. Un poco de aire, a veces frío, pero se soportaba bien. Iba a gusto, ya digo.
Por tanto, heme allí por aquellos solitarios parajes, disfrutando del silencio y de mis pasos por aquellas hermosas veredas, cuando me pregunté a mí mismo -creo que hasta en voz alta-: ¿Por qué no puedo contar estas buenas experiencias en el blog, como siempre he hecho? ¿Por qué no contar estas buenas sensaciones y estos puros sentimientos? ¿Por qué no relatar algo que forma parte de mi existencia de manera tan decisiva? Vale, no vas a ser desleal a tu palabra cuando manifestaste públicamente que no hablarás de correr en el blog,  que había que dejar espacio para otros asuntos, me dije a modo de respuesta, pero una cosa es hablar de correr y otra hablar de experiencias y sensaciones, que en definitiva, es de lo que se trata. Y si corres de forma habitual y disfrutas con ello, seguí diciéndome a modo de justificación, por qué no contarlo, por qué no literaturizarlo.
Y así es como surgió la idea de volver a escribir sobre correr, aunque eso no signifique que el blog vaya a estar dedicado básicamente a este deporte (como fue en su origen). Correr forma parte de mis días y, es probable, que sea una de las cosas a las que más tiempo dedique en mi tiempo libre, luego ¿por qué no hablar de ello?
A los pocos kilómetros de esa reflexión, comenzó a dolerme de nuevo la parte superior del soleo derecho, pero eso es otra historia.
Así que volverá a haber entradas sobre correr, con la matización -he de decir- que tan sólo en lo que se refiere a las buenas sensaciones que uno experimenta -cuando las experimenta- y/o anécdotas y hechos dignos de contar, algo muy similar a lo que escribo cuando me subyuga una película o me emociona un grupo de esos raros que a mí me gustar escuchar. Y, aunque parezca, una tontería, porque es lo que siempre he hecho, eso renueva la ilusión. Pero iremos por partes, porque primero hay que acabar el ciclo de las cuatro ciudades bávaras. La última, Múnich, será la protagonista de la siguiente entrada; y, posteriormente, hablaré de la primera película que he visto este año en DVD/BD, que me ha gustado y sorprendido.
Ya sabéis, no es mala idea pasarse por aquí si os apetece algo de lectura y tranquilidad tras el alboroto colectivo de estas fechas que ya están llegando a su fin. Y nada pasa si comentáis algo, que siempre es la salsa que condimenta los blogs.

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Si nadie le cuenta al hipotético lector nada sobre el pueblo de Rothenburg no habrá forma de imaginarlo a pesar de haber llegado...