martes, 15 de mayo de 2012

EN LA JUNTA SIGUEN SIN ENTEDER EL QUIJOTE

SANCHO COMO GOBERNADOR DE LA ÍNSULA BARATARIA

¿Qué tipo de pacto de sangre debieron de contraer los mentores de la Junta de Andalucía con sus acólitos de sector público instrumental y los sindicatos plenipotenciarios para que prefieran el desmoronamiento de la Administración oficial a la oficiosa? 
Gran pregunta amigo Sancho, podría ser la respuesta de nuestro D. Quijote a esa perspicaz pregunta, si ese Sancho menesteroso y dado al buen yantar hubiera tenido las suficientes entendederas para hacerla. E incluso, hasta el mismo Quijote, tan dado a las batallas épicas y las acciones honorables, podría haber obtenido otras motivaciones si su noble inclinación no hubiera creído palabra de aquel pendenciero Ginesillo de Pasamonte, tan dado a engañar como a salvar el culo, sin honor ni gloria. 
Buenos argumentos para entender qué ocurre en la Junta de Andalucía, engendro de poder compartido por un voluptuoso dúo de intereses que ha ido medrando por estas tierras como ya lo hizo aquel Ginesillo. En un acto de pensamiento noble y arriesgado, prometió D. Alonso Quijano a aquel Sancho, menesteroso y dado al buen yantar, la Ínsula Barataria y él no demasiado dado a la reflexión, pero sí a todo tipo de oportunidad arrabalera, lo creyó todo a pesar de que es posible que en su fuero interno se barruntara una mínima conciencia de incoherencia y farsa de lo prometido. Pero no importó porque las oportunidades las pintan calvas cuando la mediocridad cabalga sin saber ni cómo ni dónde. El primero hablaba de ideas, de nobles hechos imposibles, de ética y de moral, pero el segundo tan sólo miraba en su alforja si aún quedaba algún mendrugo de pan o un poco de queso rancio. 
Y me ha venido a la cabeza la sabia obra de Cervantes -que anduvo mucho por Andalucía y conoció bien esta tierra-, después de que hoy nos almorzáramos con esas cobardes medidas contra la función pública oficial de nuestros prohombres y promujeres de la Junta. Unas medidas cobardes porque meten la cuchara en el plato frío de la venganza, aniquilando así la capacidad legítima de respuesta de todas esa función pública legal que hizo templar los cimientos de la Junta y llegó hasta las puertas de San Telmo a avergonzar a quien estaba a punto de irse del poder y no lo hizo porque Andalucía, como el país que anduvo el Quijote, es así. 
Si diezmamos a esta caterva de parásitos públicos, se dijeron en los altos pasillos de los palacios de la Junta, los dejamos heridos del ala y de camino potenciamos a los nuestros ¡Ay, los nuestros! Aquellos que fueron de la mano durante treinta años para montar el mayor expolio de una región y que ahora se juran fidelidad eterna, una especie de amor imposible "austeniano", que acaba con la vida de cualquier persona de orden; es la democracia, idiota, es la democracia, diría alguien avezado en pactos e intrigas. 
Y ante tales medidas he visto los ojos lagrimosos de rabia o de incomprensión. Ojos desubicados de sus órbitas que giraban a izquierda y derecha buscando una explicación o algunas palabras sensatas, pero no las encontraban, porque pocas respuestas pueden encontrarse ante la estulticia, como pocas explicaciones pudo dar el bueno de Don Quijote a su escudero Sancho cuando éste comprendió por fin que la Ínsula Barataria fue una ilusión y que jamas existió a no ser  que lo hiciera en la mente idealista de un tipo noble que tuvo el valor de encararse con los molinos sin importar que no fueran gigantes.  
Pero no se trata de dinero, no; se trata de dignidad. El dinero se suple con ésta, pero si a ésta la secuestran no queda nada. Pero eso no pareció importar a Ginesillo de Pasamonte, como parece no importar a la coalición de partidos que ahora gobierna Andalucía. Ya vemos que pocas cosas han cambiado por estos lares.   

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