sábado, 14 de abril de 2012

UN JEFE DE ESTADO CAZADOR Y UNA MONARQUÍA DISPARATADA


Realmente pocas monarquías dan muestras de buena salud psíquica. Debe ser el tributo que se paga por tantos cruces sanguíneos, tanto poder pasado, tanta historia y tanto dinero. Pero de entre todas las modernas, la española, últimamente, viene dando muestras de un sin fin de disparates que van más allá de la mera anécdota. Desde los asuntos turbios de la infanta Cristina y su consorte Urdangarín, hasta las reales excursiones del patriarca a lugares remotos para cazar a inocentes animales o a darse días de placer en los ricos países del Golfo pérsico, pasando por la "normalidad" que ve la reina griega en que un niño de 13 años juegue con una escopeta de perdigones que, como todos sabemos, es algo que vemos a diario en todos los parques públicos de cualquier ciudad.
Los Borbones, esos advenedizos que un buen día fueron llamados a ocupar la silla real española ante la ausencia de dinastías monárquicas en España, siguen campando por nuestra tierra y haciendo más o menos lo que han hecho toda la vida, con ligeras excepciones, es decir, darse a la buena vida y despreocuparse sobremanera de los asuntos del Estado. Pero como en España siempre nos ha ido la marcha, les seguimos adulando, manteniendo y lo haremos por los siglos de los siglos. Que es que no es estamos preparados para la República, que además trae el horror, la miseria, el hambre y la guerra. 
Las redes sociales, los foros de los periódicos, todo bicho viviente en Internet está esta mañana que arde por mor de la nueva caída del borbón que le llevará de nuevo al quirófano para ser operado nuevamente de cadera. En esta ocasión se encontraba en Botsuana cazando elefantes, esos animales terroríficos que aniquilan poblaciones enteras y son un verdadero peligro para la humanidad. De hecho, está demostrado que se comen a los niños y que por las noches destruyen ciudades enteras. 
Me he dedicado parte de la mañana -no porque no tuviera otras cosas más importantes que hacer- a leer los foros de los periódicos con edición digital más representativos de la orbe mediática española. Y sí, están que arden. El País a las una del mediodía -hora en la que estoy escribiendo- llegaba casi a los 1200 comentarios, El Mundo a los 310, El Confidencial a los 130 y ABC, fiel a su costumbre de proteger a toda costa a la Corona, ni tan siquiera había abierto la posibilidad de opinar. Lógicamente, no he leído todos los comentarios pero sí una parte representativa y casi existe unanimidad: rechazo a esta acción del Rey por motivos relacionados con la inmoralidad de la práctica y la situación económica del país. También destacan mucho la incoherencia entre sus palabras y sus hechos. 
Luego, ¿esto significa que en España cada vez hay más republicanos? En absoluto. Pero es probable que los últimos acontecimientos estén abriendo definitivamente los ojos de muchos millones de españoles y exista cada vez mayor animadversión hacia la monarquía, algo a lo que ha contribuido enormemente el fin del pacto de silencio de la mayoría de los medios de comunicación.
El Rey puede hacer con su vida lo que quiera, siempre que cumpla con las obligaciones por las que le pagamos entre todos de nuestro bolsillo, pero está claro que hay acciones que no cuentan con la aprobación de la mayoría de los españoles. Es más, cuentan con su absoluta reprobación, enfado, desde y hasta indignación. 
Las cosas a las que se dedica el Rey incitan siempre a un debate y a un análisis. Por ejemplo, en este asunto de la caza de elefantes -como hace unos años con el de la caza de osos en Hungría-, habría que poner en cuestión varios asuntos. 
Que al Rey le guste matar animales, en principio, podría obtener en los tiempos en los que estamos una clara reprobación (la misma que nos podría producir la amistad de Aznar con Bush o la cara de cerdo que se le está poniendo a González, de oligarca ruso dado a la lujosa vida), pero no es lo importante. Ni siquiera el hecho de que pueda costearse de su bolsillo (obtiene como sueldo anual más de 170.000 € y todos los gastos pagados) una cacería en África, que tiene un coste aproximado, según he leído de cincuenta o sesenta mil euros -todo dependerá del nuevo de cabezas que cace, con un coste individual de entre siete mil y veinte mil euros-.  Los verdaderos interrogantes son sí realmente ese viaje y esas cabezas lo hemos pagado los españoles y si es acertado este tipo de prácticas -con independencia de quién lo pague- en la actual situación en la que está España, a punto de ser intervenida por la Unión de Europea. 
Todos sabemos que los safaris, con independencia de la repugnancia que provocan por la matanza de grandes animales, muchos de ellos en peligro de extinción, es gusto de riquísimos sin ética ni moral y se presume que a un Jefe de Estado esa ética y moral debería de exigírsele. Un cargo público debe apoyarse en gestos y estar en coherencia con el sentir del pueblo que rige y si no lo está se trata de un mal cargo público, sea Jefe del Estado o Concejal de Cultura Alcafrán. Mucho más si la situación de crisis por la que atraviesan muchos millones de españoles que están pasándolas canutas para poder comer a diario o tener un lugar en el que resguardarse (de poder cazar elefantes, ni hablamos). De hecho, fue el mismo monarca el que dijo que debíamos de esforzarnos más y estrecharnos y que perdía el sueño por el paro juvenil. Esta claro que es un gran mentiroso, además de un mal Jefe del Estado. 
Que este tipo de prácticas favorezca la eliminación de la monarquía no es fácil de predecir, pero sí parece claro que cuando existe un cada vez más elevado divorcio entre las instituciones y los ciudadanos, o bien, éstas han dejado de ser útiles,  tienden a mutarse. Que este tipo de acciones de la Monarquía española -muchas y coincidentes en poco tiempo- estén diseñadas por una mano oscura para favorecer su desaparición sería apostar por una teoría de la conspiración poco creíble, pero está claro que de seguir así la institucion monárquica, en España, podría tener los días contados porque pocas fuerzas son más terribles y contundentes que la desaprobación de todo un pueblo, que siempre ha sido el que en última instancia ha derrocado las monarquías.                
  

2 comentarios:

  1. Qué desastre de Casa Real, qué desastre de economía,cuánta corrupción... todo está al revés y lo peor es la incertidumbre de qué pasará...
    ¿puede una sacar algo positivo del presente que estamos viviendo???
    Desolador para nosotros, pero ¿y nuestros hijos y su futuro...?
    Qué impotencia se siente....estamos navegando a la deriva y lo peor esperando el hundimiento.
    Muy buen artículo y con la realidad actual, como siempre J.A.
    Un saludo

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  2. Maria Dolores, muy pocas positivas podemos sacar del momento presente. Está claro que hay un intento de eliminar lo que con tanto trabajo se consiguió.
    Gracias por tu comentario. Saludos.

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Sin tu comentario, todo esto tiene mucho menos sentido. Es cómo escribir en el desierto.

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