domingo, 29 de abril de 2012

QUE LA LLUVIA Y EL SUDOR SE CONFUNDAN EN TU ROSTRO



Un consejo: no desaprovechéis la oportunidad de correr bajo la lluvia. Es algo inigualable. Que la lluvia y el sudor se confundan en el rostro. Seguramente ya lo sabéis. Porque lo habéis experimentado. Luego estaréis conmigo en que es una experiencia inigualable.  
Y si es posible, para que todo sea perfecto, hacedlo por el campo; hacedlo por lugares en los que el silencio reine y el tráfico sea inexistente; hacedlo por lugares en los que vuestros ojos puedan ver como caen las gotas sobre los árboles y como se arrulla la yerba por la presión del agua; hacedlo por lugares en los que los pájaros que no hayan emigrado a climas más cálidos canten y confundan su cantar con el inigualable sonido de la lluvia; hacedlo donde el aroma que penetre por vuestro olfato sea el de la tierra recién mojada; hacedlo por lugares en los que podáis chapotear en los charcos. 
Y percibiréis cómo la mezcla del agua de lluvia y el sudor os inspiran sentimientos épicos; percibiréis cómo la cadencia de los pasos que pisan firmes sobre el asfalto mojado parecen conectar con la mente; percibiréis cómo al poco tiempo querréis despojados del gorro para que las gotas de agua impacten directamente en la cabeza.
Miraréis en la distancia y sentiréis paz alrededor, como si un buen Dios, por fin, ya estuviera congraciado con el mundo que ha creado.
No desaprovechéis ese sentimiento, para que con el paso de los años, como ya dijo el poeta, no echéis de menos esa experiencia. Para que cuando las piernas o el alma ya no puedan con la vida podáis, sin embargo, acudir al recuerdo para poder decir: yo estuve corriendo bajo esa lluvia; yo me congracie con la naturaleza; yo quise ser partícipe de ella; yo fui vital un día. 
Por todo eso, no dudéis en salir a correr cuando llueva; cuando la pereza que ofrece la mesa camilla se apodere de la voluntad no claudiquéis, calzaros las mejores zapas, poneros el mejor chubasquero e introduciros en medio del manto de agua. Vuestros recuerdos del futuro os lo agradecerán.  
Por eso, esta tarde cuando llovía a cántaros y la voluntad comenzaba a resquebrajarse y las gotas golpeaban con estruendo en los cristales, no lo dude ni un segundo más y cogí mis mejores zapas y  mejor chubasquero y me fui a correr. 
Probablemente hoy no haré nada muy útil, pero me podré ir a la cama con esa sensación única de sentirme vital y decidido. Porque llegará el tiempo en el que eso sólo sea posible reproducirlo con el recuerdo.     

2 comentarios:

  1. A mí me gusta particularmente correr bajo la lluvia. Ayer, tras ir de espectador a la carrera del Padre Marcelino, bajo un gran aguacero, al volver a casa me calcé las Supernova y a correr. La lluvia golpeaba racheada con gran virulencia, pero no había ni un alma por los caminos. Magnífico.
    Pero aún mejor fue cuando hace un par de semanas salí de Cumbres Verdes para ir al Canal de la Espartera... No hay palabras para definir colores, olores y sensaciones. Te recomiendo, casi te obligaría, a que pruebes ese recorrido. Es perfecto porque es un gran medidor de tu estado de forma (es exigente, pero no te mata) y espectacular.

    Saludos

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  2. Javi, me place que a ti también te guste mojarte -lo sabía porque en alguna ocasión nos ha llovido corriendo- ya que de esa manera uno se siente algo menos friki.
    Esa ruta no tendré más remedio que hacerla porque todos me habláis maravillas de ella, pero supongo que tendré que estar algo más fino.
    Saludos.

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Sin tu comentario, todo esto tiene mucho menos sentido. Es cómo escribir en el desierto.

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