jueves, 24 de noviembre de 2011

CORRER COMO FÁRMACO



Aún me pregunto cómo es posible hacer 16 kilómetros –eso sí, a un ritmo suave de 5’02’’ el mil- estando acatarrado y estornudando en plan bestia. Debe ser el oficio. O las ganas. O la motivación. O todo junto.
El caso es que el sábado harto de estar en esa inopia en la que habitas cuando estás renqueante por el catarro, decidí lanzarme a los caminos y en un tiempo nublado y lluvioso diseñé una ruta mental llana y asequible entre Pinos Puente y Valderrubio para volver otra vez al lugar de origen. En total, una ruta agradable de 16 kilómetros, sin un mínimo estornudo y ni un segundo de malestar, que seguramente hubiera sufrido si me quedo al abrigo del hogar. Seguramente el aire limpio y claro de una Vega silenciosa y alegre fueron fármacos eficaces.
Por tanto, contra el abatimiento griposo –siempre que éste no te deje arrastrado por los suelos- ningún antídoto mejor que unos cuantos kilómetros, desafiando la inmovilidad. Probablemente se pueda coger por sorpresa al virus nocivo.
Por cierto, estoy inscrito para Córdoba, algo que presumía imposible hace un par de semanas. Esperaba poder ir a correr esa media maratón a pesar de que no he hecho muchos kilómetros desde la media de Granada, pero nuevos inconvenientes se atisban en el horizonte.

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