lunes, 1 de agosto de 2011

CULMINACIÓN

El pasado sábado, día 30 de julio, fue liquidado ese último asalto consistente en la tirada larga, que si es imprescindible para afrontar el maratón, mucho más si se trata del ultrafondo.
Los 32 kilómetros previstos, se convirtieron en 30,5 debido a ajustes técnicos de última hora (la necesidad de cambiar la ruta de los últimos 10 kms., para buscar una fuente de agua porque sospechaba -como así fue- que la que portaba en la correa de hidratación iba a ser insuficiente).
Treinta kilómetros y medio hechos al ritmo previsto de entre 5'15 y 5'20 el mil; finalmente el ritmo quedó en 5'17, un ritmo muy llevadero y cómodo que posibilitara acostumbrar piernas y psicología al gran kilometraje.
Con ese ritmo hubiera podido haber acabado un maratón en 3 horas 45 minutos, aproximádamente, lo que no estaría nada mal, sobre todo sin haber hecho un entrenamiento específico para tal fin. Por tanto, está claro que si salgo vivo de la prueba del domingo próximo, lo próximo será preparar un maratón para acabarlo por debajo de las tres horas y media. Hay que comenzar a buscar en el calendario.

SENSACIONES POS TEST

Los cuatro grandes entrenamientos planteados han sido llevados a cabo: subida desde La Hoya de la Mora hasta el Veleta, la subida a Moclín, la subida desde el Dornajo y la tirada de 30 kilómetros. Pero no nos engañemos, estos entrenamientos no han sido más que test. Unos test imprescindibles para comprobar en qué estado de forma me encontraba, pero que nada tienen que ver con la prueba final. Igual que cuando estudiaba en la Universidad aprobar tres cursos nada tenía que ver con acabar la licenciatura, ni cuando opositaba saberme la mitad de los temas nada tenía que ver con aprobar la oposición. Son elementos distintos, diferentes, que nada homologan y nada aseguran.
Pero era todo lo que podía hacer para afrontar la prueba con las máximas garantías dada la poca premura con la que comencé a prepararme (no olvidemos que fue una revelación). Es cierto que esos cuatro test me han infundido ánimo, pero la verdad verdadera se encuentra aún por descubrir, desparramada y dormitando aún por esos cincuenta kilómetros de asfalto, latente en sus subidas, en sus curvas, en esas dificultades de más del diez por ciento de dificultad, en el calor, en la hartura de los kilómetros, en el dolor de los pies, en la debilidad de la mente, en ese preguntarte una y mil veces: ¿qué hago yo aquí?
Pero llegarán las una o las dos del mediodía día siete de agosto y todo sufrimiento será olvidado aunque el cuerpo recuerde durante días las secuelas del esfuerzo; y me preguntarán por todas partes si fue capaz de llegar a meta; y escribiré aquí ese sobreesfuerzo...pero todo eso será después del sufrimiento voluntario.
Tengo claro que a esta prueba no hay que ir con miedo pero sí con mucho respeto e intentar no pensar en operaciones aritméticas para averiguar los kilómetros que restan. Pero, principalmente, tener mucha suerte ese día: que las piernas estén ligeras, que no te aborde ninguna pájara, que la musculatura resista, que la mente no te traicione. Se han de dar muchos ingredientes y coincidencias para que todo salga a pedir de boca. Todo lo demás vendrá sin ser llamado. Como suelen llegar las cosas importantes.

2 comentarios:

  1. Desde la experiencia que tengo en ultrafondo, ultratrail y demás ultraSS esto es una cuestión de coco y de preparación física y creo que en ambas vas preparado.
    Así que a correr y 6-7 horas después cuando llegues arriba te darás cuenta de lo que has logrado y de que pronto, tendrás que buscar el siguiente desafío. Eso es estar vivo y sentir.Luego unas birrass y a disfrutar.

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  2. Gracias Alfredo, tu opinión me infunde ánimos porque, como sabrás, los días previos uno se encuentra más perdido que un indio en cuanto a sus posibilidades.
    Como bien dices, más inquietud me produce el siguiente desafío, que me conozco.
    Por cierto, acabo de leer Lanzarote, como podrás ver en el margen derecho.
    Novela ácida donde las haya.

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Sin tu comentario, todo esto tiene mucho menos sentido. Es cómo escribir en el desierto.

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