jueves, 26 de mayo de 2011

MIRANDO A ÓRGIVA



Hay pruebas a las que no puedes acudir a la ligera dada su dificultad. Una de ellas es la del próximo domingo en Órgiva. Diecinueve kilómetros de subida y bajada, repartidos en un cincuenta por ciento aproximadamente, con algunos falsos llanos de por medio. De hecho, se trata de subir a Lanjarón desde Órgiva y volver a Órgiva por la misma ruta que no es otra que la carretera local que une ambas localidades de la Alpujarra granadina.
En esta prueba mucha gente sufre mucho más bajando que subiendo por un motivo básico: el corredor adapta un ritmo voluntario en la subida y puede controlar en todo momento si ir más rápido o ir más lento en función de su estado de forma; sin embargo, la bajada no forma parte de la voluntad ya que es el mismo terreno el que te arrastra y lo hace imprimiendo a las piernas mayor velocidad y, está claro, que esa mayor velocidad es necesario que vaya precedida de un buen estado aeróbico que asuma sin dificutad ese mayor ritmo. Para evitar esa velocidad, es muy común que nos vayamos frenando al no poder aguantar el ritmo natural de bajada, por lo que ocurra una cosa u ocurra la contraria, el corredor acaba siempre pagándolo. De ahí, las enormes pájaras que se producen, principalmente, en la bajada.
A mí me ocurrió en una de las ediciones que he corrido esta prueba, que creo ha sido en dos ocasiones. En aquella ocasión subí con bastante buenas sensaciones, a buen ritmo, pero la bajada se me atragantó de una manera bestial; de hecho a falta de tres kilómetros para llegar a Órgiva ya apenas tenía fuerzas y no podía comprender el porqué de aquella pájara. Posteriormente medité y comprendí el motivo, que es el que acabo de exponer.
Por tanto, mucho cuidado en la bajada y mucha moderación, también, en la subida. Un aviso que se hace especial, principalmente, a quienes corráis esta prueba por primera vez, que es cuando se suele pagar la novatada.
En otro orden de cosas, comenté que no sería hasta el jueves o viernes cuando decidiera tomar la decisión de correr esta prueba, en función de cómo se encontrará el abductor izquierdo. He hecho los deberes y no he corrido desde la prueba de Huétor Tájar, pero sí he estirado la zona.
En la tarde del jueves decidí probar en un circuito ciertamente quebrado y duro, provisto de algunas cuestas y todo ha funcionado perfectamente. De hecho, ni he sentido molestias en la zona afectada.
Además, he puesto especial interés en las subidas y he llegado a la conclusión que subo sin demasiados problemas y en la bajada pienso seguir el consejo técnico de acortar la pisada, es decir, que el pie pise en una linea imaginaria a la altura de las caderas o, bien, que no sea fácil ver los cordones de la zapatilla si miras al suelo. Lo importante es que la bajada imprima cierta rapidez a las piernas pero que la zancada no sea larga.
Y es que hay que hacer todo lo posible para hacer esta prueba que pasa por ser, probablemente, la más vistosa del Circuito, no sólo ya por el entorno sino por su propia puesta en escena y dureza.
Allí nos veremos si todo marcha como ha marchado esta tarde.

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